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17 agosto 2021

Que vienen los Pies Negros y otras triviales reflexiones peninsulares

 En su última versión, durante el pasado mes vacacional en la península, los Pedalistas han pasado a ser los "Pies Negros".  

Naoko. o sillón japo que se nos oculta
Ya no queda nadie en el divlog que sepa o recuerde dónde nacieron Los Pedalistas -creo que aquel divague, de los primeros, solo lo leyó una tal Diva porque le iba en el sueldo (al fin y al cabo, fue de ella esta idea del divlog)-, pero en un punto de las pasadas vacaciones nuestros héroes fueron degradados (qué mal queda en castellano, dejémoslo en demoted o downgraded) a "Pies Negros". Ni que decir tiene que fue cosa de la nombradora oficial, Fashion, que tras constatar que en Vetusta "íbamos por casa siempre descalzos, medio desnudos, con el pelo revuelto, hechos unos hippies", nos bautizó así y comenzó las preparaciones para nuestro aterrizaje en su casa la semana siguiente. Lo que viene siendo ya un clásico: cubrir un sillón dicen japonés, dicen de Habitat, dicen tan bonito, dicen tan cómodo,  con la primera tela que pillan, dicen que para evitar tener que tapizarlo luego. Yo solo puedo dar fe de lo último, porque jamás lo he visto: ni cuando no existían los Pies Negros. 

Sí, esto es Donosti

Los Pedalistas nacieron viajando, y este mes de vacaciones ha sido todo lo contrario: hacía muchísimos años que no pasaba un mes (32 noches!) seguidas en la península. Habrá gente que opinará que haber dormido en cinco camas diferentes en este mes no significa exactamente estar estáticos; aunque acostumbrados a ser nómadas de una o un par de noches, esto ha sido inusual. Pero he demostrado algo a mis compas: cuando en el pasado he planteado si podríamos alguna vez pasar un mes de vacaciones en un lugar, sin movernos, El Peda siempre aseguraba que él sí -con esa estoicidad suya, o de los vascos-, pero que yo no - con ese hedonismo o culoinquieto de los de ningún sitio. Que yo, una vez visto lo que hay que ver, querría "siguienteee!!!". Pero estas semanas se ha constatado que con libros y un teclado podría hacerme un hueco en cualquier sitio.  Con vistas ya sería la pera. 

La Zurriola-neopreno o batamanta necesarios

En este mes que hemos pasado haciendo una especie de parábola torcida del noroeste peninsular, hemos vivido casi las cuatro estaciones. Nunca nadie imaginó que allá abajo, en el mes de julio, una tuviera que ir con jersey a la playa, pero esas cosas pasaron mismamente en la Zurriola, donde la gente pasea a gran velocidad playa arriba, playa abajo. Este es un fenómeno que no se observa tanto en la Costa Brava, pongamos. En playas de ambas costas he leído y me he bañado, con olas altas de esas de saltar, y con aguas frescas, que no frías, como dice el querido Oso, "si no hay que romper el hielo para entrar, no es fría". 

La hipotermia viene a ser ya un clásico de los viajes, cuando se hacían (cuéntanos algo que no hayamos leído antes, Di), pero la novedad de este verano ha sido, -agárrense-, Comer (la mayúscula no es una errata).  Entiendo que soy rara avis: no viajo para comer, sino viceversa. Entiendo que haya gente que haga "foodie destinations" y "turismo gastronómico": viven para comer, no comen para vivir. Pero el tiempo es limitado, y aún más de viaje, y quien quiera usarlo en buscar dónde comer, aúpa; yo prefiero otras cosas. Una vez asumida esta anomalía -son hordas estos foodies, gourmets o palizas-del-buen-comer, como se llamen-, he de contar que no se puede explicar cómo y cuánto hemos comido este mes. En primer lugar: no hay comida como la de esa península, en ningún sitio del mundo. Punto, no hay debate (una vez, recién llegada a la isla un indio -que luego nos enseñó a hacer arroz- me dijo "los pakistaníes son los mejores cocineros del mundo" y yo: plonkkk, mandíbula al suelo). Además, es la comida de la infancia, -las madres, las yayas,- con la que nada puede competir,  pero luego es el País Vasco y mi suegra, esos monstruos.  Y por último, los Jekes, esos pesados cuñados -en el mal plan de la palabra- foodies o gourmets o palizas-del-comer, que se conocen todos los restaurantes y chiringuitos de la zona que sea.  Corolario: todos nos hemos vuelto con un par de kilos más (hasta el Peda, pese a sus carreras diarias, 22 kms su récord) pero el consenso ha sido que nos dejaron en el aeropuerto mucho mejor de lo que nos encontraron - creo que porque estamos supermorenos, pese al SPF50. Mucho me temo que en la isla no nos costará demasiado volver a nuestro estado basal decrépito. 

Mi bici de la uni: eclecticismo o confusión
Pasar por Vetusta siempre implica cierto grado de regresión: a mí me gusta la de Navidades cuando volvemos a la adolescencia por los antros de la ciudad con los Sospechosos Habituales. Esta vez, pandemia mediante, no hubo noches y Vetusta-sin-nuit pierde mucho, admitámoslo. Solo pudimos quedar con el mayor Sospechoso Habitual en Cálamo y en terraza; pero volveremos. Otro gran momento regresivo fue la mañana que con Fashion desempolvamos las bicis y nos lanzamos al desierto -eso es, al fin y al cabo, salir de Vetusta-, puro western. Siguiendo fiel a otra constante de mis viajes -la falta de preparación-, aquí no decepcionamos: ciclistas con sus licras, cascos ergonómicos y gafas de sol oakley psicodélicas nos saludaban pese a nuestra pésima presentación: vaqueros cortos deshilachados, camiseta pija -culpemos a Fashion- y gafas de sol Gucci. [Oh, y días más tarde, subiendo a lago a 2250 ms, todos con sus Quechuas y "nosotras con linos", Fashion dixit]. Y último inciso: enfrentarme a la confusión ideológico-estética que representa mi bici de la facultad (en imagen): ¿Pegatinas de Insumisión, Muerte al capital, Tokio y Candanchú en la misma barra?

 Y por último, no puedo concluir este párrafo sentimental sin incluir una pequeña foto que solo Fashion entenderá, así que ahí va el contexto:  

Fashion me odia
Platja d'Aro, 1977: no me pregunten cómo se permitía la explotación de cachorros de león y de guiris para foto-oportunidad. Yo no tuve nada que ver; tal vez pongan el dedo acusador sobre los padres de la niña Di, que consideraron "una buena idea en ese momento" contribuir al abuso animal a la vez que poner a su hija en riesgo con la bestia, dos en uno. El caso es que Servicios Sociales no tuvieron nada que decir y esa foto ha quedado para la posteridad y, lo que es más grave, como prueba irrefutable para Fashion de que los segundos hijos nunca gozan de los mismos privilegios. La pobre Fashion llora por los pasillos porque ella, que siempre quiso abrazar a Simba, no pudo (¿tal vez, como es joven, ya se había abolido esta práctica?). Cuando puede, me lo recuerda, verde de envidia, y este mes he sacado un momentín para hacer una foto de la foto, que ya podrá ser accedida online en cualquier momento, no solo cuando estamos en casa de mis padres. Va por ti, Fashion! Si hoy en día dejaran pasear a los leones por la playa, tu hermana te pagaría una foto, clavel!

Barcelona, I love u
Por dar una (otra) alegría a Fashion (entiendan, la pobre nunca tuvo ni foto con leoncito ni coche de pedales, como la que firma) estoy escribiendo este divague, yo no quería. Ella insistió mucho en un resumen, por aquello de las risas: han sido tantas, para que no se olvidaran. Como todo el mundo sabe que mi capacidad de síntesis es inexistente,  me declaro incapaz. Pero aquí estoy, intentándolo, porque soy buena (y de hecho, plantéate, sis, que igual es por eso que tengo también fotos en ponies, y tuve una barca hinchable y... bueno, haré más fotos al album la próxima y tal vez haga hasta un distintivo: "hermanas mayores"). Plantéate que yo exudo bondad, mientras tú, a la menor, sacas el guardil que llevas dentro: anotar la breve aparición del agente de la benemérita que late en ti preguntando "¿todo bien?" en tono amenazante (claro, "solo quería ayudar") a un hombre parado con líquido tal vez anticongelante sobre su capó en una carretera perdida de montaña- y el pobre diablo cuadrándose, todo sonrisas y asentimiento. O cuando comentaste las pobres habilidades musicales de la orquesta del Snack la noche anterior, y detrás, el manager (en serio, ¿esa gente tiene manager?). O tus broncas con los taxistas que se meten al carril-bici en Barna: "vengayá!". O tu abuso constante de los invitados, que habían de ir a Jespac, y bajar a tirar la basura. Y tus cenas, que no acaban nunca. 

Y, en serio, ya termino, pero no puedo dejar pasar un par de hitos: Conversaciones con Mini, alguien imagina preguntar a tus padres el equivalente "what is your body count?" (sí, es lo que estáis imaginando). El Peda que se lleva, una vez más sus patéticas flip flops al bosque y, como ya ocurrió en la jungla, se vuelven a romper. El maldito licor Carmelitano (esta botella siempre la he visto en mi casa, no sé quién la trajo y permanecía cerrada -al probarlo, se entiende-desde mi infancia, tenía un sello de impuestos por CUATRO pesetas). Las jarras de sangría en la montaña, al mejor estilo guiri -y nosotros sin Alka-Seltzer. Los "trifásicos" (qué nombre más gracioso) concepto por mí desconocido (he de volver a la península?). La "Cervesería DNI", en breve traspaso a Jekes como "Guacamolería DNI". 

Y aún me quedan las librerías de Barcelona, que dejo para otro día que para eso se creó nuevo distintivo, y las calas en la Costa Brava,  y la belleza de la Cerdanya, que mejor se resume en imágenes, con nuevo baño en el Salt del Molí, epítome del agua frrresca-frrresca, Oso, que no fría, porque aunque al salir una luzca labios morados, para entrar, ciertamente no hubo que romper el hielo.

Tras la poza "fresca"

PS. Postales de Di, with love:


Iglesias románicas por un tubo

La Cerdanya: qué luz


Bon día, nubes 

Talltendre, conversaciones con payés

2250 msnm, y nosotras "con linos"




Concepto bardeviejos, Barna



Casitas de playa, Badalona

Banksy estuvo aquí

En carril-bici a Badalona

Cala en Costa Brava

Algún día os turraré con este libro



13 agosto 2021

"Los errantes" de Olga Tokarczuk: El objetivo del viaje es siempre otro viajero

Aviso para divagantes: el presente se me ha ido de las manos. Lo empecé en vacaciones y ahora, aterrizada en una isla inicialmente tormentosa pero en la que ahora brilla el sol, simplemente no sé enderezar el timón. Pero lo bien que me lo he pasado escribiéndolo. Así lo empecé: 

 La parte central de mi mes de vacaciones -julio- la pasé leyendo "Los errantes", premio Man Booker International 2018, de la escritora polaca Olga Tokarczuk, Nobel de literatura 2019, con traducción de Jenniger Croft. El tìtulo en el idioma del imperio es "Flights" y mi edición de Fitzcarraldo: una tapa sobria azul con el título en blanco, como todos (o su imagen especular) en esta editorial. Sin mapas ni dibujos en la tapa ni foto de la autora en la solapa: edición super-sobria, pero que tiene algo que cada vez considero más fundamental: varias (cinco! un festival) páginas en blanco al final del libro para hacer anotaciones. No puedo soportar los libros que terminan sin ni una sola página en blanco para respirar. 

Eso sí, hay mapas y dibujos intercalados durante el libro que no están relacionados en principio con el texto: ríos del mundo, plano de Nueva York, de Jesuralén, los viajes de Ulises. Decir que el libro es una "cartografía" ("nada cura la melancolía como mirar mapas"- ¿será por eso que algunos tenemos mapamundis colgados en alguna habitación de nuestra casa?) sería repetir lo que han dicho todos los que lo han intentado vender o los reseñistas que no he leído, así que lo ahorraré, porque aquí escribimos divagues, no recensiones ni reseñas ni trabajos de literatura de 2BUP (aunque a veces lo parezca); aquí hacemos miradas (de ombligo) sobre lo que supuso /supone el libro para nosotras (¿por qué estoy escribiendo con el yo mayestático? ya parezco Induráin).

"Tres Preguntas Viajeras: ¿De dónde eres? ¿De dónde vienes? ¿Adónde vas? La primera marca el eje vertical, las dos restantes, los ejes horizontales. Gracias a esta configuración logran crear una especie de sistema de coordenadas, y una vez situados todos en el mapa, se duermen apaciblemente".


Y mi contexto de lectura ha sido curioso, porque si el libro ante todo habla de la movilidad, del particular estado mental que esta crea en el viaje, ahí he estado yo, moviéndome y a la vez quieta, viajando aunque sin salirme de meridiano ni paralelo -  justo lo había terminado cuando crucé el de Greenwich de Vetusta a Barcelona. "La sincronía del viaje", dice la autora, es un concepto en la psicología dl viaje: por qué estaba yo leyendo ese libro justo en ese momento, o qué magia que cayera entonces en mis manos. Nota aparte sobre el meridiano (quien lo haya cruzado de noche por la autopista sabrá que es bonito; de día y en el AVE, como fue el caso, no hay arco que te lo recuerde). Resulta que ocurrió un "fenómeno extraño", tal vez paranormal, seguro que relacionado con este cruce de líneas imaginarias: mi teléfono se volvió loco y de repente, me situó en Shanghai. Así que me desperté al día siguiente en la condal y mi móvil estaba de viaje, por su cuenta, un montón de horas antes. Por supuesto, era una señal. Cuando volví a la isla, constaté que va por libre, y esta vez se negó a cambiarse a GMT (Greenwich Mean Time, ya sabéis, aquí al lado se hace el tiempo), y nuevamente tuve que hacerlo manualmente. Veremos dónde nos lleva esta historia. 

Pero divago: también viajé con "Flights" a través de las estaciones del año: desde el fresco tirando a frío en el norte a calor sahariano en Vetusta, lo que contribuyó a tirarme en un sofá de terraza y leer y leer. Y mientras, helados-por-un-tubo y globitos de agua y nota aparte-2, o nuevo aviso:  al comenzar a escribir este divague, encontré una página donde la gente iba subiendo citas. Algunas son irresistibles (quien logre llegar a ellas, lo confirmará), así que me he visto obligada a pegarlas y he perdido el control. 

Venga, empiezo.

Mi primera impresión al comenzar "Los errantes" fue, literalmente, deslumbramiento. Wow, guau, uala, o como se diga ahora. Y esta es una de las mejores sensaciones de la vida, que, cuando me ocurre, me siento con la necesidad de compartir lo que sea con quien sea  ("Un viejo conocido me ha dicho que no le gusta viajar solo. Aduce que cuando ve algo extraordinario, nuevo, bello, desea tanto compartirlo con alguien que se siente infeliz si no tiene con quién hacerlo. En mi opinión, no tiene madera de peregrino": ¿No tengo madera de peregrina, no estoy hecha, por mi necesidad de compartir, para viajar sola?).

La razón principal del uala es que el tema subyacente, El Viaje. [Otra nota, esta autoconfesión: ya en la página 78 la autora dice que "solo hay dos libros de viajes que una necesita leer en la vida". Obviamente, cuando uno de ellos no es otro es Moby Dick ya me tiene, para siempre, haga lo que haga en las siguientes 300 páginas]. Vale, es uno de mis temas, aunque, ¿no es tema de casi todo el mundo? ¿Quién, aunque no viaje, no ha soñado con hacerlo? ¿Quién, aunque no le guste viajar, no ha fantaseado con huir hacia adelante? El moverse literalmente no implica en todo caso viajar: hay gente que habrá viajado más con el cine, la literatura (
Balas de paja

"la gente que viaja a Marruecos con una peli de Bertolucci, a Dublín con Joyce"
) o con cartas, auto-notas ("esas notas que fueron escritas casi seguro como memorándum, más que para los ojos de otra persona, una ve en ellas la crónica de un tipo de viaje a una tierra desconocida y un intento de esbozar su mapa"), o con su cabeza ("más que navegador, hubiera preferido ser cartógrafo o astrónomo, alguien que alcanza más allá del espacio disponible para nuestros ojos y nuestros barcos") o con internet ("que es un fraude... te hace caer en una suerte de trance, de hipnosis... pretendiendo que tras esa pantalla plana hay un cosmos"), que muchos que se mueven como ovejas siguiendo al paraguas del guía para ver esas cosas que cada vez me interesan menos. Uno de los momentos que recordaré de estas vacaciones es una conversación con un payés en la que nos contaba cosas que en principio no nos tendrían que interesar  ("como si el objetivo del viaje no fuera sino otro viajero"),en un pueblo a 1500ms donde las vistas eran para morirse (y donde me subí a una bala de paja para ver el valle aún mejor). Aunque, como dice Tokarczuk, ya no se hacen fotos de esa maravilla de vistas, sino de los detalles. El mundo "a lo grande" es aburrido. A no ser que lo tengas delante. 

Como digo, las primeras treinta páginas son un tour de force en las que piensas "si las 400 son así, dejo de escribir ya para siempre". Hay escritores que te animan a escribir; hay otros al lado de los cuales te sientes tan pequenia, tan patética, tan sin objetivo, que no hay otra opción que prometerte no tocar un teclado nunca más. En este comienzo bestial, Tokarczuk habla de ríos, de que sus padres no eran del "tipo de asentarse" ("tejer es un arte de pueblos asentados"), de esa gente cuyos viajes "permanencen en la órbita metafísica del hogar, que no son verdaderos viajeros porque se van para volver, y que se sienten aliviados al volver, como si fuera un obligación que tenían que acometer", de que cuando te quedas bastante tiempo en un lugar empiezas a "echar raíces" y cómo ella no ha sabido nunca cómo germinar, incapaz de extrarer nutrición del suelo, cómo su energía deriva del movimiento.  

Olga Tokarczuk
"No era para mí. A todas luces yo carecía de ese gen que hace que en cuanto se detiene uno en un lugar por un tiempo más o menos largo, enseguida eche raíces. Lo he intentado muchas veces, pero mis raíces nunca fueron lo suficientemente profundas, y me tumbaba la primera racha de viento. Tampoco he sabido germinar, desprovista de esa capacidad vegetal. No me nutro de la savia de la tierra, soy lo contrario de Anteo. Mi energía es generada por el movimiento: el vaivén de los autobuses, el traqueteo de los trenes, el rugido de los motores de avión, el balanceo de los ferrys".

Y entonces, zas, psicología -Tokarczuk estudió psicología, terminó en la literatura. [Se nota que conoce al psicólogo clásico William James: "nuestra vida será aquello a lo que hemos prestado atención" cuando dice "uno se convierte en lo que uno participa. En otras palabras, soy lo que miro"]Pero no psicología en el plan palizas que el lector está pensando: comienza por una crítica filosófica al método, a la imposibilidad o más bien fatuidad de todo eso:


"En la facultad nos enseñaban que el mundo puede ser descrito, incluso explicado, con respuestas simples a preguntas inteligentes. Que el mundo es inerte y necesita ser explicado públicamente-si es posible con diagramas. 
Nos exigían experimentos. Formular hipótesis. Verificaciones. Se nos introducía en los arcanos de la estadística, creyendo que con su ayuda se podía describir a la perfección todas las reglas que gobernaban el mundo: que un noventa por cien era más relevante que un cinco por cien.

Pero hoy sé algo a ciencia cierta: quien busque un orden, que evite la psicología. Más vale que opte por la fisiología o la teología, así tendrá al menos una base sólida, ya sea en la materia o en el espíritu; no tropezará con la psique. La psique es un objeto de estudio muy resbaladizo".

Una provocadora: Teología. A menudo me pregunto cómo se enseña eso aún en las universidades, ¿Imaginamos acaso una cátedra de astrología? Aunque quien sabe lo que llegaremos a ver en este mundo de estupidez, en qué viaje nos llevarán esos embriones de negacionistas y demás iluminados si se les deja. Yo diría que, quien busque orden o un nivel superior de certidumbre o ciencia pura, que se estude Físicas o Exactas. La Fisiología aún no está a ese nivel, aunque es lo que un día tal vez dé respuestas a los mecanismos psicológicos (mecanismos de defensa) que describe luego:

"Si no fuera por la racionalización, la sublimación, la represión y los demás trucos con que nos dejamos hacer a nosotros mismos, si se pudiese mirar al mundo sin protección alguna, valiente y honradamente, se nos partiría el corazón.

Lo que aprendimos en la facultad es que estamos hechos de defensas, escudos y armaduras, que somos ciudades cuya arquitectura se limita a murallas, torres y fortificaciones: un país de búnkeres".

Es todo un ejercicio observar los mecanismos de defensa de los demás. Mecanismos de los que ellos en muchos casos no son conscientes. El autoengaño es desenfrenado  veces.  Los nuestros, las propias defensas, algunas las conocemos, pero obviamente no nuestro autoengaño, esto es lo que tal vez nos dejaría en bragas, haría daño y se está mejor en el búnker. "Borro de mis mapas todo lo que me hiere. Los lugares donde tropecé, caí, fui golpeada, humillada, ofendida, ya no aparecen, han dejado de existir". Pero es todo fisiología, tío Sigmund: tus mecanismos ya pronto estarán obsoletos. 

Sobre escribir, tengo que pegar este párrafo. Son tal vez cosas mías y con los años me he ido calmando, pero siempre me han podido las metáforas dramáticas, con sangre, vísceras y cuchillos que abren en canal. Supongo que viene de la tradición judeocristiana, el amor como enfermedad, un estado que rompe tu homeostasis y te parte en dos y de ese desasosiego solo se puede salir malamente. Son cosas mías, tal vez tuyas, o tal vez tú, lector, has madurado y "moved on" que dicen los ingleses, en cuyo caso, sáltate el párrafo: "Todo aquel que en algún momento haya intentado escribir una novela sabe lo duro que es este trabajo, sin duda una de las peores formas de autoempleo. Hay que quedarse permanentemente encerrado en uno mismo, en una celda individual, completamente a solas. 

Es una psicosis controlada, una paranoia obsesiva esposada para trabajar, completamente carente de las plumas, los bullicios y las máscaras venecianas que normalmente asociaríamos con ella, vestida en cambio con un delantal de carnicero y botas de goma, con un cuchillo de eviscerar en la mano. Apenas se puede ver desde ese sótano de escritor los pies de los que pasan, escuchar el golpeteo de sus tacones. De vez en cuando alguien se detiene, se inclina y mira a través de la ventana, y luego vislumbras un rostro humano, tal vez incluso intercambias algunas palabras. Pero, en última instancia, la mente está tan ocupada con su propio acto, una obra representada por el yo para el yo en un gabinete apresurado e improvisado de curiosidades poblado por el autor y el personaje, el narrador y el lector, la persona que describe y la persona descrita, que los pies, los zapatos, los tacones y las caras se convierten, tarde o temprano, en meros componentes de ese acto ".

Y esta frase: "ni la derrota ni el gran éxito te llevan a escribir"

Retomo el divague, y me doy cuenta de que tal vez esté de alguna manera (inconscientemente, arghh) emulando la fragmentariedad de "Los errantes"- diría "la novela", pero no tengo claro que lo sea. Tal vez es un blog: imagino a Tokarczuk sentándose a escribir divagues (o posts, o entradas, dice la gente): un día le sale de diez líneas, sobre los trenes nocturnos, "trenes para cobardes". Otro día, veinte páginas, sobre la desesperación de un hombre cuya pareja e hijo pequeño desaparecen como por arte de magia en una isla croata. Y así va tejiendo un blog que un buen día cierra, envía al editor, y él acepta y voilá, le ha salido esta nivola. No hay viaje del héroe, no hay noche oscura del alma, no hay punto de inflexión. Pero no importa: (casi) todo te envuelve, te perturba, te hace "viajar los mares dentro de ti misma", viajar desde tu metro cuadrado de existencia. 


Yo no voy a hablar de las distintas historias (divagues) que toca: para qué, están en la contratapa. Solo quiero escribir, como llevo haciendo desde hace ya unos días, del viaje, de mapas, y ahora de anatomía. Sin haber leído, estoy casi segura que los sesudos interpretarán el rollo anatómico como "un viaje interior", nuestro cuerpo como la última frontera, esas cosas. La autora ya habla de los anatomistas como "dibujantes de mapas". Si en psicología huyo de las interpretaciones, ¿por qué no en estas pequeñas comidas de coco que nadie lee? (hola darling, si estás ahí ;)) Me lanzo: ¿Por qué no la autora ha escrito páginas y páginas sobre anatomistas del SXVII, personas disecadas, sobre mecanismos de conservación de cadáveres, plastinización y demás, porque le interesaba leer sobre el tema, y por lo tanto luego asumirlo, hacerlo suyo dándole su mirada y su voz, y luego compartirlo? No es ese exactamente el proceso pre-escritura de ciertas entradas de blog? Lo que quiero decir es que tal vez el proceso haya sido el inverso: no que ella haya pensado "la metáfora del cuerpo, voy a leer sobre la plastinización" ("
escribir es plastinizar, sumergir palabras y frases en formaldehído") sino que ha leído y ya tal. 

Me planteo las reacciones de variados lectores a la parte anatómica de "Los errantes". Entusiasta por el grupo atraído por lo morboso (como ella misma, que reconoce en algún punto: "me atrae todo lo defectuoso, imperfecto, roto. Me interesan las formas amorfas, los errores en la obra de la Creación, los callejones sin salida") pero, ¿el resto? Yo pertenezco a un tercer grupo: ya en la infancia del divlog conté ("Y cuando no recuerdas, significa que nunca pasó") mis aventuras por las salas de disección -siempre en semisótanos sórdidos- de la univetusta en el divague "Impresionable" No es que disfrutara estudiando anatomía -llega un punto en que decides que el grado de detalle requerido es superior a tu interés, te resistes a que tu disco duro se llene de esos datos- pero leyendo sobre este tema de esta manera me ha interesado. He recordado aquellas clases en las que la profesora, hermana e hija de anatomistas de esa gran -ehem- institución se pasaba las clases dibujando con tiza en la pizarra, comenzando por un puntito y terminando con enormes embriones o lo que fuera. Tokarczuk habla de un anatomista que no sabía dibujar y cuyo método de trabajo consistía en notas hiper-detalladas, que cuando las relee, todo vuelve a aparecer delante de sus ojos, aunque "Dibujar no es nunca reproducir-para ver, tienes que saber cómo mirar, y tienes que saber qué estas mirando", el anatomista como dibujador de mapas. El grupo de lectores no morboso y sin horas en el semisótano, estos capítulos/entradasdeblog, ¿cómo los encontrará? ¿El haber tenido que meter el dedo por el conducto inguinal te hace más interesante la autodisección de la pierna de Philip Verheyen? ¿El dato "la lengua es el músculo más fuerte de todo el cuerpo" -falso, por cierto, la lengua es un conglomerado de ocho músculos- evoca lo mismo en quien no la ha visto rodeada de flechas que nombran en un atlas? 

Pero volvamos al viaje, el tiempo circular que vivimos los sedentarios versus el lineal de los nómadas. Sinestesia espacio-temporal, cómo no recordar esa elipse que me persigue. Imposible no pensar en la rueda donde corre el ratón, huyendo de nada, hacia ningún sitio. Anhelar la visión del nómada, sin final ("el deseo indica dirección, no destino"): punto de vista que he experimentado algunas veces y que es desconcertante, para lo bueno y para lo malo: cuando viajé seis meses sin billete de vuelta, cuando decidí no mirar más al fin de la pandemia. Este pasado mes de vacaciones, las primeras semanas "no veía" el final en mi mapa mental, y me gustaba más. "Nuestro sentido del espacio proviene de nuestra habilidad para movernos; nuestro sentido del tiempo del flujo de los cambios". ¿Y qué pasa con el tiempo cuando subimos en un avión en un día a una hora y llegamos a un destino en el que es el mismo día, la misma hora? Pero la autora lo cuenta mucho más bonito: 

"los pueblos sedentarios, agrarios, prefieren los placeres del tiempo circular en que todo suceso vuelve necesariamente a su inicio, un retorno en bucle al embrión para repetir el proceso de crecimiento y muerte. En cambio, los nómadas, los mercaderes, al emprender viaje, se vieron obligados a inventar otro tipo de tiempo, más acorde con el hecho de viajar. Es un tiempo lineal, más útil, porque permite medir el proceso de ir acercándose al destino y llevar la cuenta del beneficio. Cada momento es diferente y nunca se repetirá, por lo que anima a correr riesgos y tomarlo todo a manos llenas, a no desperdiciar ningún instante. Pero, en el fondo, fue un descubrimiento amargo: cuando el cambio en el tiempo es irreversible, la pérdida y el duelo se convierten en algo cotidiano".

Más fragmentos, más piezas de puzzle: la oscuridad, la materia oscura, que sabemos que existe por cálculos matemáticos, pero a la que no podemos acceder con los instrumentos que tenemos. "La cegadora blancura de los inviernos. La blancura y los límites afilados de la luz en el exilio. Semejante blancura existe para crear un armazón para la oscuridad, de la que hay más". Y la noche: siempre en algún sitio es de noche y tal vez adentranos en ella es un viaje que podermos realizar cada día, porque verdaderamente es otro país, otro continente. Me ha encantado lo que propone la autora: viajar por las noches circunvalando el planeta con los canales de la tele-solo imagino este ejercicio enmedio de la noche misma, probablmente en un hotel de paso, en el que estoy sola:

"La noche no termina nunca, extiende siempre su poder sobre alguna parte del mundo. Se la puede seguir con un mando a distancia, se puede buscar emisoras que trabajan en las zonas de sombra, en la cóncava parte oscura de la palma de la mano que sostiene la Tierra, para, hora tras hora, desplazarse hacia el oeste, país tras país".

Y llegada a este punto, lo bonito -si no predecible- sería decir que aquí concluyo mi viaje, o que en esta playa te dejo varada o varado, divagante que te has atado al mástil para no escuchar los cantos de las sirenas y abandonar.  Pero solo hasta el próximo porque, si el objetivo del viaje es siempre otro viajero, el objetivo de todo divague eres siempre tú.



28 julio 2021

Viajando vía librerías: Mercenarias, escherianas, paradisíacas.


Librero que selecciona estas dos tapas,
librero que respeto (Cálamo)
En este segundo extraño verano pandémico hay muchas cosas que no he podido hacer, pero sí un obligado de todo viaje que se precie: visitar librerías. Sin embargo, la otra mañana, en dos del centro de Vetusta me escandalicé: mesas y mesas de libros de tapas duras enormes -cuando los abres descubres que con fuente 16-, colores brillantes, plena actualidad. Una de ellas ha cambiado de local: antiguamente, era un lugar poco funcional, con pasillos enrevesados, mezzanine estrecha, libros en cada esquina y varios pisos subterráneos de difícil acceso, pero en ese laberinto, aparte de esta sección de "mesas de actualidad" también había colecciones enteras por editorial. Ahora, esto no existe: hay una sección "clásicos" donde están Homero, Calderón y "La Celestina" (me planteo si en las librerías españolas no han oído nunca hablar de una sección que en las librerías inglesas llaman "Modern Classics" donde están todos esos libros que nos encanta leer, desde "El cuento de la criada" hasta "La conjura de los necios" pasando por "Matar a un ruiseñor"). Hay la obligada sección "alfabetizada" donde no encuentro na-da. Digamos que la "s", por ejemplo (donde yo buscaba una recomendación del Náufrago Ro, Juan José Saer) se extendía en una estantería sin llegar a la largura de mi brazo. Por supuesto, no estaba Saer. En fin, que salí muy cabreada de estos dos sitios que me parecieron un templete del consumo más.

Como otra manera de viajar, empecé a recordar librerías donde fui feliz y se me ocurrió abrir un nuevo distintivo en el divlog, "bibliofilia", y seguir con esta misión mía plasta de recopilar librerías, así que he viajado por el divlog -onanismus máximum- creando el distintivo. No es nada original (lo de las librerías): todos estamos hartos de ver en diferentes webs o semanales de periódicos "las diez librerías que no te puedes perder": siempre hay una en Oporto que creo que será la razón que algún día me llevará a la ciudad que desemboca el Duero. Luego hay otras en las que he estado, pero era pre-blog, luego no tienen entrada, y hacerlas de memoria desde el 2008, por ejemplo, igual me cueste: aquí estoy pensando en una de las más monas que he estado nunca, Atlantis, en Oia en Santorini. Si no fuera por la gente, sería mi número uno, con Mini de 4 meses colgada el baby-bjork. Haciendo una búsqueda de la palabra "librería" en el blog salen muchas entradas: Dominicanen en Maastrich, Left Bank Books en Seatle, Powell's en Portland, City Lights en San Francisco, la Henry Miller Library en Big Sur, La Central en Barcelona
Cálamo, en Vetusta
, Podpisnie Izdaniya en San Petersburgo, Barter Books en Alnwick, Northumberland (donde encontraron el famoso "Keep Calm & Carry on") en la que no he estado, como tampoco en la mítica 84 Charing Cross Road que da nombre al libro, porque ya no existe. Hay muchas maravillosas en Londinium, y es imperdonable no haberles dedicado divagues a algunas de ellas como John Sandoe Books, o Word on the water, la librería en un barco de canal (la última vez que estuve fue con la divaganta Marisa), o la librería más grande de Europa, la maravillosa Waterstone's Picadilly. De la que sí he divagado es de una de mis favoritas, Waterstone's Gower Street- pese a ser una cadena, siento debilidad por Waterstone's-o la independiente Librería en Spitafields.


Pero por fin pasados unos días me reconcilié un poco con Vetusta en Cálamo, una librería llena de los libros que querría leer, en contraposición a todos esos libros de famosuelos televisivos y bestsellers escritos con la caja registradora en mente. Hubo que salir a meter la cabeza debajo de una fuente en la plaza (el único método para soportar los rigores africanos vestústicos) pero fue uno de esos ratos chulos que también la pandemia nos había quitado.

Dujiangyan Zhongshuge en Chengdu

M.C. Escher
Casi a la vez, Arturito, uno de los neoconfus, me llevó de la mano de viaje a otra librería, esta en China (nota: en el grupo "neoconfucianismo" somos todos peninsulares pero Arturo y JA hablan chino). Está en Chengdu, donde JA vivió varios años. Se llama Dujiangyan Zhongshuge y, aunque solo tiene dos pisos, parece una catedral: tiene el techo de espejo y el suelo de baldosas negras, luego los reflejos junto con que las estanterías tienen forma de "C", crea una ilusión como de un cuadro de M.C. Escher.





Librería china: Blade-runner?

Quiero ir

Me recuerda al relato de Borges "La biblioteca de Babel" que está en "Ficciones" y que yo pensaba que tenía aquí en Vetusta, junto a "El Aleph". Sin embargo, oh destino! no lo he encontrado en mi sección "alfabetizada". Sí, yo ordeno por idioma, ensayo/novela, y dentro de ello, alfabetizada (aún no tengo "modern classics", pero no soy una librería, os recuerdo). Hay otro tema, otro dolor del emigrante, que es tener tus libros desperdigados por las Vetustas y Londinium: dónde estarán mis Borges? (autor con el q no he conectado en mi juventud, ya lo he dicho, pero que le querría dar otra oportunidad ahora que voy tirando a tortuga sabia). Solo encuentro uno de poesía suya que no recuerdo haber comprado. En todo caso, incluyo la tapa de Erik Desmaziéres, solo porque me encanta:



Y para cerrar el círculo de este divague escándalo-deleite-de vuelta al horror, me encuentro con un artículo titulado "Libros para presumir que no hace falta leer"sobre un nuevo concepto llamado la "bookishness", que en su lado positivo consiste en esa bibliofilia que compartimos y en su lado cutre, en mostrar mentiras, esta vez sobre libros. 

Segundo verano pandémico: viajando con librerías y libros a modo de piedras pasalera en río de montaña que espero, finalmente, poder pisar este finde...

26 julio 2021

Serial 33: No saber escribir sobre el único ámbito de mi vida en el que manejo el Mindfulness.

En el segundo día de curso no aparece ningún Jack, y los profes son todos ancianos venerables que nos aburren con sus "casos especiales", temas de competencia, responsabilidad penal y libre albedrío. Flashbacks de charlas con Cook; cosas que contarle si algún día me dejan volver a su planta. Dinámicas de grupo, hacer de expertos y todas esas cosas que los ingleses llaman "aprendizaje de adultos" - también conocido como escuchar opiniones que ni te van ni te vienen, tú quieres la del experto. En cada sesión de descanso nos reímos con el grupo que se ha formado, un grupo con autoconciencia de ser los guays del curso. Por supuesto, al terminar, hemos de ejercer nuestra condición de molones e irnos al pub, a cenar y a lo que surja. Que estando en esta parte de Londres, es Koko.

Koko

El que yo no haya oído hablar de esta sala mítica, a Wences le parece un escándalo, aunque las chicas de Birmingham tampoco la conocen. Koko está en Mornington Crescent y es la última encarnación de lo que fue el Teatro de Candem, que abrió en 1900. Luego pasó a ser cine, cerró en la Segunda Guerra Mundial y en 1945, lo rescató la BBC como estudio. En el 77, se abrió como sala de conciertos y fue un centro del punk: aquí tocaron The Clash y The Jam. En los 80, pasó a llamarse Candem Palace y tocó Madonna por primera vez en UK y bueno, todo el mundo desde los Stones hasta Iron Maiden. Esto me lo explica uno de los chicos, que toca la batería en un grupo, y que ha quedado con el bajo y el cantante luego en Koko. La noche promete.

 Lo confirmo pasadas unas horas en uno de esos momentos que se acaba en el baño, donde la luz del fluorescente te saca un poco del estado en el que te encuentras. Frente al espejo -un par de chicas se están arreglando el maquillaje; algo que nunca he entendido, a estas horas todos los gatos somos pardos-, me doy cuenta de que estoy pasando una de las mejores noches en mucho tiempo. Bueno, menuda sorpresa, dirá un observador externo: llevas meses viviendo en Banderley, pero es que además, Koko es un lugar con una vibración especial. Bailar en lo que fue la platea de un teatro espectacular, con los palcos, donde podrían estar Oscar Wilde o Tennyson, girando a tu alrededor. Y pasa como en las mejores noches de clubbing: aquellas en las que una especie de muelle te une y te separa de tus amigos, pero nunca estás sola. Bailas con desconocidos, pides copas para gente que no verás más, ellos te las traen a ti y llegas a una especie de estado ideal en el que por un rato, crees en la fraternidad y que la gente es, en líneas generales, buena. Wences, como era predecible, es la bomba en una discoteca, baila muy bien y con él terminamos saltando, gritando y jaleando al DJ cuando pone algo que nos gusta. Entonces, en el momento en que crees  que la noche que no puede mejorar, ahí está: Jack Buchanan.

Si tuviera que rodar este momento, lo haría en forma de una de esas escenas en las que se abre un pasillo de gente y él avanza iluminado por un cañón de luz, en cámara lenta, con su pastelada sonando de fondo - esto último indispensable para asegurar que todos entienden que el tono es irónico. El fantasma de Wilde que nos observa ya empezó a mostrar que era todo menos "guays" mostrarse demasiado "earnest", demasiado comprometido y desde luego vivimos en la era de la pretensión de la frescura: ante todo hay que ser cool, y el mostrar ciertos sentimientos o el esforzarse por gustar es anatema de lo cool.  En realidad, de repente le tengo delante y, por primera vez en la noche, las luces intermitentes me empiezan a molestar, la gente nos empuja y la música está demasiado alta. Está sonriendo y me planteo de nuevo que las personas más guapas siempre vienen de la mezcla -su padre es de origen caribeño, su madre japonesa, creo que dijo. Tiene los ojos algo orientales, con pestañas enormes y una boca que no es de este mundo.  

 Dice algo pero no se oye nada y yo asiento sonriendo, como si hubiera entendido - este es mi estado basal en discotecas ya en mi idioma, no entremos en inglés. Así que me acerco a su oído para decirle algo, él al mío -sigo sin entenderle-, y así seguimos un rato, a saber qué decimos, da igual. Por el lenguaje corporal intuyo que ha ofrecido -y yo he debido aceptar- una bebida. Mientras le veo perderse entre la gente me planteo la siguiente idea enloquecida: ¿alguien antes habrá tenido una intrusión de “La Regenta” en Koko,? Sospecho que debo ser la primera y culparé a la conversación con Wences en el desayuno esta mañana (¿en serio? ¿Esta mañana o hace una vida?). El cura, el galán trasnochado, el marido... todos esos tíos alrededor de esa pobre mujer a la que eligen, ordenan, desean, usan. Pero ha pasado un siglo y yo no soy Ana Ozores, luego me acerco a la barra donde está esperando Jack mientras llego a una única posible conclusión: “YOLO, you only live once". Me planto ahí enfrente y vuelve a decirme algo que me hace cosquillas en el oído, pero no he venido a este jueguecito ahora. La siguiente ocasión que se separa para mantener un breve contacto visual todo asentimiento y sonrisas, esperando que yo pase a contestarle en este baile ridículo de proximidad y sudor y qué bien huele, lo hago: pongo mis manos en su cuello, acerco su cara a la mía, y abro mis labios sobre los suyos.

 El observador externo de antes podría describir a lo que eso parece con el sustantivo “beso”, si es lo suficientemente psicópata añadiendo una retahíla de adjetivos (describir es destruir). Pero sería engañoso: aquello no tiene nada que ver con ningún beso que yo haya dado antes. Esos labios son saltar en un castillo hinchable de colores, masticar sandía helada, comer algodón dulce, morder marshmallows-que en mi infancia se llamaban jamones, un nombre mucho mejor. Son seda, son sábanas de hilo recién planchadas, son nata montada. Y es imposible no morder, que es ya otro nivel. Él hace un movimiento monísimo como de “ouch”, ay, pero los dos sabemos que eso no duele, así que reincido. Pero alguien que pasa nos da un empujón, y sigue habiendo mucho ruido, y láser intermitente, y por ahí vienen algunos del grupo guay.

 Lo siguiente es la calle, las 3 de la mañana, andar sin rumbo en particular, con aquel ir desacompasados de cuando no estás acostumbrada a caminar al lado de alguien, cuando aún no se ha pillado el paso mutuo. Hablar como si fuéramos otras personas de los de hace un rato, como si aquello no hubiera pasado. "You must remember this, a kiss is still a kiss" - me temo que se me ha pegado una canción, a la vez que se me está bajando el pedo. Mis mejillas están de repente frías, nos chocamos de vez en cuando, hay luna llena. Hablar de la noche, y de Banderley, y de Londres, y que quiero ir a Parliament Hill, en Hampstead Heath, tal vez mañana, antes del tren.

La Pérgola de Hampstead

 "Ya es mañana: vamos", dice Jack, y a mí me parece la mejor frase de la historia. A kiss´ still a kiss, a sigh is just a sigh”. Ya es mañana, y seguimos cuesta arriba y Jack está ahora hablando de la Pérgola de Hampstead, donde vamos primero: una especie de jardín mirador bestial que se construyó un tal Lord Leverhulme en 1904 cerca de su mansión, para hacer allí fiestas de verano. El tipo había hecho su fortuna vendiendo jabón y se trajo la piedra de la extensión de la Northern Line del metro que se estaba construyendo entonces. Entre que murió y la Segunda Guerra Mundial, la Pérgola quedó abandonada y se transformó en un sitio encantado: las enredaderas treparon por las columnas, los arbustos se rebelaron, y poco a poco la vegetación fue cerrando lo que eran miradores y caminitos, y el musgo a cubrir los bancos de piedra para pasar a ser un sitio de opulencia decadente. Sin el brillo y grandiosidad de la época de las fiestas georgianas, hoy sigue teniendo las vistas y ha ganado en misterio, en atmósfera inquietante y en carácter.

 Mientras me va contando todo esto me planteo si las coincidencias existen: este chico no me conoce de nada, no sabe lo mío con lo gótico, con lo raro, con los sitios abandonados. Claro que sabe que vivo en Banderley, igual ha atado cabos. Cuando llegamos, el sitio es aún más fantasmagórico de lo que esperaba. “Moonlight and love songs: never out of date”, sigue en mi cabeza la misma banda sonora. La luna llena ha borrado las estrellas (¿habrá estrellas en Banderley este verano?). Madre mía, me encanta este sitio, muchas gracias por haberme traído. Caminamos en una parte del mirador que es un pasillo de columnas de piedra con jazmines como techo. Me paro en la balaustrada y lo vuelvo a hacer. Esta vez no dice “ouch”.

La ola de Kaganawa o mi mente

 
Nunca he sido buena en eso del Mindfulness, la atención plena. Me interesa mucho por sus beneficios en salud mental y lo que parece son efectos más que visibles en el cerebro. Pero no puedo, aún no he podido, desarrollar la habilidad de enfocar mi atención en lo que quiera que está ocurriendo en el momento presente, sin juzgarlo. Lo he intentado: aquellas sesiones en las que has de centrarte en la sensación de respirar por la nariz, o en los movimientos del abdomen, adentro, afuera, inspira y espira. Sobre todo, no trates de controlar tu respiración, simplemente sé consciente de tu proceso natural, de su ritmo. Si durante esto la mente se va por otros derroteros, solo nota pasivamente que lo ha hecho, que tus ideas se han desviado, y acéptalo, sin críticas, mientras que vuelves a enfocarte en la respiración. Otra técnica, el escanear tu cuerpo, consiste en poner la atención en varias áreas y notar las sensaciones que le ocurren en el momento. Aquí y ahora. Siente las plantas de tus pies, cada uno de los puntos que están en contacto con el suelo. Puedes fijarte en sonidos, sabores, olores que pasan en el presente. Ante todo, vuelve, si tu mente se va. Céntrate en un instrumento cuando escuchas un concierto, párate a sentir la textura, el olor, el sabor, el color de lo que comes. Siente la temperatura del agua cuando te duchas, huele el gel, siente la espuma sobre tu cuerpo. Siente el viento en tu cara al caminar, el sonido de tus pasos, los músculos de tus piernas. En fin, que soy terrible en esto porque centrarme en esos procesos me aburre, soy una adicta de las palabras y mi mente divaga, y entonces la tengo que recoger como si fuera un perro pastor a las ovejas, o con aquella técnica tan bonita del lago. Cerremos los ojos y veamos un lago en calma, plano. Si viene una de esas traicioneras ideas -pongamos que añado al cuadro abetos y un embarcadero- has de visualizarlas como una olita y tu tarea es domarla para que vuelva a la línea del lago inmóvil. Pero ¿cómo hacer eso cuando mi cabeza es constante marejada y además, lo que me gustan son las olas tipo la de Kanagawa?

 ¿Que nunca he sido buena en eso del Mindfulness? Lo retiro. Ni una sola idea se filtra en mi cabeza, ni una sola ola hace una crestita en el lago mientras me concentro en la boca, los labios, la lengua de Jack. Y en que esto no pare nunca, así en bucle, pero entonces me dice de nuevo cosas al oído que, he de admitir, la mitad no entiendo -así es la vida de la emigrante- y yo contesto, por supuesto, yesss, complementado por alguna cosa de esas que me han funcionado bien antes en castellano, y que no me molesto en traducir porque ya dice Yolanda que a los ingleses les pone mucho este acento. Efectivamente, las palabras mágicas nunca han requerido ser traducidas: lo siguiente creo -aunque ya es dificil discernir entre tanta mindfulness y la escasa afluencia de sangre a mi cerebro- que es que estamos sobre un banco de piedra lleno de hiedra y que esos labios van de mi cuello empezando a bajar hacia el esternón, poco a poco abriéndose camino hacia el sur y aquí me auto-congratulo: lo mío es meditación-trascendental-pura, nivel Dalai lama. Nunca he sabido cómo hacer lo del lago o lo del puntito luminoso ese, que has de visualizar entrando por tu frente y expandiéndose en tu cerebro; sin embargo, podría concentrarme en las cartas de navegación de loqueseaquemeestáhaciendoestehombre una vida. Y aunque hay algo más que hiedra porque algo me pincha en un lado, qué importa, lo siguiente soy yo cogiéndole de la cabeza -pura imagen de la avaricia- y dirigiéndole, como si eso fuera necesario.

 A toro pasado, cuando se está a muchas millas, la desazón al constatar que este es justamente el tipo el cosas sobre las que una no sabe escribir. Y lo que duele. Porque si se escribe para no olvidar, para atrapar el instante, para volver-y-volver, este es uno de los momentos que sé querría tener en mi montaña de diarios, notas, diagramas, mindmaps, para siempre. Pero debería asumir que, a partir de aquí solo quedará una proyección de diapositivas épica, de aquellas de clase a oscuras, con sus clack clack, y calidad claramente onírica: Jack mirándome con una mezcla de cara divertida y sorpresa cuando le pongo en contra de una de las columnas del Lord aquel -que tuvieron que ser concebidas para esto, fijo- y me subo a esos brazos que seguro se machacan con pesas más severas que mi cuerpecito -principalmente, porque durante todo este tiempo no debe regir la ley de la gravedad: levito.

 Bajamos la ladera agarrados, por fin acompasados: él sigue impecable, como si yo no le hubiera pasado por encima como un fenómeno meteorológico. Llevo la melena revuelta -me acabo de soltar el moño de emergencia que me he hecho con ese coletero que siempre hay que llevar en la muñeca- y debo tener el rímel corrido, dándome ese aspecto de adicta al opio en el Shanghai de los años 40. Dejamos la cara salvaje oeste por la cara este de la Heath, y nos sentamos en el césped: está amaneciendo. 

-Espectro de hoja, espectro de pájaro / Rodeo los árboles retorcidos. Soy demasiado feliz”, cita Jack, y termina: “Esto es Parliament Hill”. Me acuerdo de Will, que me dio el poema y de repente todo Banderley cae sobre mí. En unas horas, el tren de vuelta me sacará de este cuento: cuando llegue allí, pensaré que ha sido un sueño.

 -¿No me vas a pedir mi dirección, o el teléfono? - aquí Jack me devuelve al mundo de la gente normal.

 -No pensaba - contesto. "Treat them mean, have them keen", aprendí hace poco el dicho inglés, pero la verdad es que siempre he sido así. 

 -Te daba la oportunidad de tomar la iniciativa; ya veo que te gusta.

 Le cantaría el verso de la canción que toca Sam, la que llevo pegada desde que salí de Koko-"It's still the same old story/A fight for love and glory"-, o le diría lo de Rick, pero vale de referencias, de juegos de palabras, de Lo Cool. Sonrío.

- "Querría pedirte otra cosa".