19 de septiembre de 2018

"El secreto" ("The secret history") de Donna Tart: Toda la Grecia clásica, y la has dejado escapar!

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"The secret history" (literalmente, "La historia secreta") se ha quedado en su edición castellana como "El secreto". Definitivamente en la novela hay un secreto ("son nuestros secretos los que nos definen, no la cara que enseniamos al mundo"), pero me pregunto, queridos traductores o editores o vendedores, si la palabra "historia" quizás añadía significado, ya que, además de querer decir "relato, cuento", también puede aludir a la "Historia" como disciplina. Y resulta que los protagonistas son estudiantes de Clásicas, que viven -o tratan de vivir, ese es uno de los temas- en otro momento de la Historia. Solo doy ideas. 

Y antes de empezar, terminemos con esta piedrita clavada de las traducciones-traiciones con lo que comenta uno de los personajes que le recomienda a otro una traducción de La Divina Comedia. "Singleton es el mejor si no sabes italiano, bastante literal, pero pierdes toda la terza rima, claro. Para esto has de leer el original. En la gran poesía la música a menudo te llega incluso aunque no sepas del idioma. Yo amé a Dante apasionadamente antes de saber un palabra de italiano". 


Pero divago; empecemos. Se trata de otra novela de campus (a las que en el divlog somos bastante fans-si son buenas, quiero decir... de esto hablaremos), y aquí de nuevo un recuerdo para "Posession" de AS Byatt,   "On beauty" de Zadie Smith,  "Stoner" de John Williams, "The Human Stainde Philip Roth "Disgrace" (al menos al principio) de Coetzee. 

Aquí el campus no es otro que la Universidad de Vermont (Noreste de los EE.UU., tocando Canadá) que representa tal vez lo salvaje. Todo bosques, el verde que hay que mantener bajo control o inundará los caminos y los tejados. Todo brumas, a orillas de uno de los grandes lagos, niebla al amanecer. Todo blanco, nieve, hielo, escarcha. Incomunicación. Todo como hace 25 anios. 

Y es que la novela fue publicada en 1992, cuando lo verde, las brumas, lo blanco eran lo mismo que hoy, pero la comunicación era otro planeta: no había internet como hoy la conocemos, ni teléfonos móviles (de hecho los protagonistas pasan bastante tiempo "bajando a la cabina"), y esto aún, a día de hoy, aumenta esa sensación de desconexión... algo que la autora no planeó claro. 

Un pequeño grupo de estudiantes  están matriculados en tal vez la disciplina más elitista en el mundo anglosajón: Clásicas. Esto es curioso porque en la península, los matriculados en esta carrera son un grupúsculo de excéntricos cuyo reino no es de este mundo. Y sé de lo que hablo: mi hermanita Fashion estudió Clásicas. Pero cuando llegué al Reino Unido, noté que había una veneración por los licenciados en estos estudios que no se quedaba en mera admiración intelectual: esta gente entraban en los programas de postgraduados de las mejores empresas, y luego se los rifaban para trabajos bien pagados no, lo siguiente. Así que hacer Clásicas en anglosaxolandia significa en general que vienes de muy buena familia. Y esto es lo que pasa con los cinco estudiantes (cinco!) que estaban matriculados en estos estudios en Vermont: una panda de pijos, acostumbrados a ser servidos. 

La novela comienza, sin embargo, presentándonos al "outsider" (el que viene de fuera), Richard Papen, un tipo de clase media-baja, de muy lejos (del sol! de California), y la verdad bastante mediocre, que acaba en Clásicas sin verdadera pasión. Tartt usa el cliché narrativo ("Nihil sub sole novum") de introducir en un grupo en cierta homeostasis al extraño, el que no pertenece, pero que aspira a. Y con este elemento -que será el narrador- compartiremos perplejidad ante las excentricidades del grupo, formado por una banda de cuatro chicos y una chica. En serio, Tartt? la Pitufina? hay que poner "al gay", "al negro" y a "la chica"? (gran pereza). Pero tal vez esté refiriéndose a que las mujeres para los griegos eran criaturas menores, y esto queda reflejado en las bases de la lengua también: en gramática griega, uno de los primeros axiomas es que "los hombres tienen amigos, las mujeres parientes y los animales, a los de su especie". Uno es el frío que atrae a todos, otro, sí, el gay (que lleva quevedos-"pince-nez", en serio? hay una escena de sexo en la que sigue con sus quevedos... ahí casi se me cae el libro de la mano), otro un atolondrado rudo y desagradable, otro bebe. Las Spice girls, vamos. 

Estos chicos tiene distintos niveles de fortuna familiar, pero vamos, ninguno necesitará luego currar para vivir. Esta es precisamente una de las reflexiones finales del narrador: la crisis introducida en la novela tendrá como consecuencia que ninguno terminará sus estudios, pero solo a él le importa: él lo necesita para vivir. Pero cuando los empieza a conocer, nos dice "son una ilusión tan convincente, que pese a saber de su falsedad, uno quería seguir creyéndolo". 


El último elemento también arquetípico de este tipo de narraciones es el profesor inspiracional. Cómo olvidar a  Robin Williams en "El club de los poetas muertos": "Subid a las mesas, a ver cómo se ve el mundo desde ahí", les decía. Yo siempre quise tener un profe así y lo más parecido -vicariamente porque ni siquiera fue mío sino de Fashion- podría haber sido Antonio Aramayona, que ya lo conté aquí. El profe de la pandapijos es un superculto, refinado,  carismático y transgresor Julian. Un senior que da las clases en su oficina-que está decorada con muchísimo gusto- y que dice siempre frases para subrayar. Un hombre para el que estudiar clásicas no es un trabajo, es "el más glorioso tipo de juego". Un profesor que les estimula a pensar, a cruzar el límite "lo que es inconcebible, es irrealizable" ("what is unthinkable, is undoable"). Un tipo para el que la estética es mucho más importante que la ética, y que le importa menos "la amabilidad por sí misma que el gesto de la amabilidad." Un seductor que consigue que todos le amen por cómo los adula, veladamente, haciéndoles creer que son otra persona, llena de posibilidades. Un Aníbal Lecter sin el hígado con habas, pero con el Chianti, obsesionado con la belleza.

Ah!!! cómo nos ilumina Julian con frases como estas sobre la Grande Bellezza:

"El genio romano y tal vez su problema fue la obsesión con el orden. Uno lo ve en su arquitectura, su literatura, sus leyes-esta fiera negación de la oscuridad, la irracionalidad, el caos. Es fácil ver porqué los romanos, tan tolerantes de todas las religiones extranjeras persiguieron a los cristianos sin piedad: qué absurdo pensar que un delincuente común había resucitado de entre los muertos, qué terrible que sus seguidores lo celebran bebiéndose su sangre. Lo ilógico de ello les asustaba. (...) Los griegos eran diferentes, tenían una pasión por el orden y la simetría, como los romanos, pero sabían lo tonto que era negar el mundo invisible, los viejos dioses. Emoción, oscuridad, barbarismo. (...) Las cosas sangrientas y más terribles son a veces las más bellas. Es una idea muy griega y muy profunda. La belleza es terror. Temblamos ante todo lo que llamamos bello. Y ¿Hay algo más terrorífico y bello, para almas como las griegas o las nuestras, que perder por completo el control?"

"Si tenemos un alma lo bastante fuerte, podemos arrancarnos el velo y contemplar cara a cara la desnuda y terrible belleza; Dejar que el dios nos consuma, nos devore, nos quiebre los huesos. Y luego nos escupa renacidos".

"-La muerte es la madre de la belleza (... ).
-Y ¿Qué es la belleza?
-El terror".

"La belleza raramente es suave o consoladora. Más bien al contrario. La genuina belleza siempre es sobrecogedora".

"La belleza es dura" (Beauty is harsh)


Es como volver a leer a Oscar Wilde, el horror de la belleza, pero también habla del "pur", la palabra que contiene para él el secreto, la brillante, terrible claridad del griego clásico:

Pur: that one word contains for me the secret, the bright, terrible clarity of ancient Greek. How can I make you see it, this strange harsh light which pervades Homer’s landscapes and illumines the dialogues of Plato, an alien light, inarticulable in our common tongue? Our shared language is a language of the intricate, the peculiar, the home of pumpkins and ragamuffins and bodkins and beer, the tongue of Ahab and Falstaff and Mrs Gamp; and while I find it entirely suitable for reflections such as these, it fails me utterly when I attempt to describe in it what I love about Greek, that language innocent of all quirks and cranks; a language obsessed with action, and with the joy of seeing action multiply from action, action marching relentlessly ahead and with yet more actions filing in from either side fall into neat step at the rear, in a long straight rank of cause and effect toward what will be inevitable, the only possible end.”
Del "pur" y de algunas otras cosas, que no quieres olvidar porque siempre son útiles para soltar en una cena, cuando los quesos:

"La psicología es solo otra palabra para lo que los antiguos llamaban destino"

"Los fantasmas existen. Eso lo sabe todo el mundo. Y nosotros creemos en ellos tanto como Homero. Lo que pasa es que ahora los llamamos de otra forma. Recuerdos. El inconsciente".

“De algún modo el presente se había contraído convirtiéndose en un lugar más pequeño y mucho menos interesante. Tal vez era eso lo que ocurría cuando la gente se hacía mayor.”

"Si la mente moderna es caprichosa y divagante, la mente clásica es intolerante, segura, implacable".

Donna Tartt, Divagantes


La mente moderna es divagante, darlings!! Esta frase me hizo sonreir. Y tal vez el divagante ahora esté sopesando que este libro parece interesante, ya que combina griego clásico, y un secreto (que se desvela en la primera página-es un asesinato), y tenga la tentación de leerlo. Aquí es donde entro yo, a salvaros.



Porque estas citas también me animarían a leerlo (la recomendación me llegó por mi libro aquel de literatura), pero la realidad es que este no es, en absoluto, el espíritu de la novela. Tartt nos cuenta demasiado las andanzas de este grupo de diletantes con el que es dificil empatizar. Ninios ricos que, inspirados por el profesor, quieren vivir en otra época, y que pasan los fines de semana en la mansión de uno de ellos en las montanias, o vacaciones en Roma para enfrentarse a la Bellezza, que beben y fuman sin parar, y que, cuando no tienen suficiente con ponerse túnicas, necesitan experimentar una bacanal, y la cosita se les va de las manos. La mayor parte de la novela se pasa en contar hechos, uno tras otro, en lugar de ideas. Tal vez el extranio pase superficilamente por el problema del remordimiento, pero no desde luego los demás. Al leer echaba de menos a Lionel Shriver y su meter el dedo en la llaga en Kevin.


"El secreto" tenía el potencial para haber sido un gran libro. Para mí, mucha más Grecia y menos "bajo a la cabina, me tomo un whiskazo, subo a ver a mi amigo, que me mira desde sus quevedos" hubiera sido fundamental. Llega un punto en el que no quieres pasar un segundo más con esta banda de privilegiados, que sabes que son inmunes a todo, incluyendo al sistema judicial. Tartt era la mejor amiga de Brett Ellis y creo que se apoyaban mutuamente mientras escribían, ella esta novela y él "American Psycho". Patrick Bateman me aburrió inmensamente y algo parecido pasó con el grupito de Tartt. Pero el problema es que la autora tenía el destino, Homero, la Bellezza, lo inconcebible, las bacanal, y toda la Grecia clásica... y lo dejó pasar!







10 de septiembre de 2018

"Los filántropos en harapos" de Robert Tressel: un clásico del socialismo británico

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"The ragged trousered philantropists" ("Los filántropos en harapos") del irlandés Robert Tressel (nacido Noonan) es un clásico del socialismo británico, escrito en los primeros años del SXX (Tressel murió en 1911) y publicado, casi por casualidad, en 1914. 

Tressel vivió parte de su vida en Sudáfrica, donde trabajó como rotulista, y finalmente se mudó a Hastings, en la costa sur de Inglaterra, que es la ciudad de provincias donde transcurren las desventuras que narra la novela, pero disfrazada con el nombre de Mugsborough. Mugsborough es una maqueta de la sociedad de la época eduardiana en Inglaterra.

Arriba y abajo

Tressel comienza presentándonos a los personajes principales (aunque hay muchos más, la novela, de 619 páginas, es enciclopédica): una cuadrilla de trabajadores que están pintando una mansión, su encargado (Hunter, al que llaman "Misery"), el dueño de la compañía (Rushton), y el gordo dueño de la casona que pintan y de medio pueblo (Sweater). Si los nombres Hunter, Rushton y Sweater (cazador, "el que mete prisa", "el que hace sudar" pensáis que no han sido elegidos al azar, lleváis razón: no, los nombres nos guían sobre la personalidad de los protagonistas, y no solo los patronos. En la cuadrilla de trabajadores también hay un tal Slyme (slime significa baba), un tal Crass (grosero, insensible), pero también mi héroe y figura principal de la novela, Frank Owen, cuyo apellido está inspirado en el de Robert Owen, una de las figuras fundacionales del socialismo británico del SXIX.

Hace muuuucho tiempo, en un país muuuuy lejano
No, no es un cuento de hadas. Desde el comienzo de la novela, una no puede quitarse de la cabeza cuándo fue escrita. Es inevitable pensar, mil veces, que este hombre estaba escribiendo antes de las Guerras Mundiales, de la Revolución Rusa. En el UK, el Partido Laborista nació a partir del movimiento sindicalista de finales del SXIX, y superó al Partido Liberal (que era la oposición al Conservador) en los anios 20. 

Han pasado más de 100 años desde que Tressel escribió el libro y, en serio que hemos aprendido tan poco? Muchos de los personajes representan a gente que conozco, en 2018... gente que explota, gente explotada pero que va a la suya, gente con miedo, gente "neutral" ("no se puede ser neutral: o ayudas o molestas"), gente con morro. 

Cultura política: qué es eso?
La novela sigue la vida, o mejor dicho, el malvivir, de este grupo de trabajadores  que, en su mayoría, carecen de espíritu crítico: simplemente bajan la cabeza y siguen adelante. Qué les vas a pedir, justo les da para sobrevivir (Maslow, una vez más)  Pero hay uno de ellos, Frank Owen, que tiene las mismas ropas andrajosas que los demás, pero hay algo que lo diferencia de ellos: cierta cultura política, que a saber dónde la ha adquirido (en un punto se dice que ahorra para poder comprarse libros). 

Durante toda la novela, Owen intenta persuadir a sus compañeros de que viven en la miseria, mientras que los otros se benefician de su trabajo. Owen les explica la manera cómo sus jefes, desde el encargado hasta el dueño de la empresa, hacen su dinero sin trabajar, a costa de ellos. Tras la Revolución Industrial, que ocurrió en Inglaterra unos 30 anios antes que en el continente, unos pocos (que eran los que antes tenían las tierras, en todo caso) se hicieron con la propiedad de la maquinaria y la usaron para beneficiarse ellos mismos en lugar de a la comunidad. Los trabajadores más cualificados, según se expandía la maquinaria, desparecieron, y algunos se hicieron intermediarios, (o sea, tampoco producían nada). Mientras lees la novela desarrollas un sexto sentido sobre qué trabajos realmente producen algo, o cuales son intermediarios, y consisten en vivir de los demás. El resto se ríen, le hacen burla, y le tachan de soñador, en el mejor de los casos



Hacer trampas para hacer beneficio
Durante la lectura me he identificado mucho con la tensión entre el trabajador que tiene orgullo por su trabajo, que quiere hacer algo bien, con detalle (es mi caso, en mi trabajo), y como los jefes lo que quieren es atajos, para que abaraten la producción. Les presionan para que, en este caso, no lijen perfectamente ni preparen bien la superficie antes de la mano de pintura (lo que en mi trabajo tiene otros equivalentes, sugeridos y medio impuestos por los gerentes de mi institución). El único incentivo del sistema, tal como está montado, es hacer trampas. El incentivo no es hacer bien trabajo, sino hacer beneficio. Es el mercado, idiota. Qué asco. 



Este tomar atajos por supuesto no tiene solo como consecuencia una chapuza mayor o menor. En muchos trabajos implica riesgos, accidentes, y muerte. Por supuesto, nadie se sorprenderá de que haya un accidente laboral, y que en ese momento, "ah, tendríais que haber avisado que no era seguro", cuando la amenaza de echarles estaba ahí, para cualquiera que lo hiciera. Los pobres viven bajo el estado o del terror... si les pillan descansando, o siendo lentos, o haciendo bien su trabajo los echan porque ahí afuera hay un ejército de parados. O bien "es el alcohol", cuando se sabe que no hubo las precauciones necesarias. 

La situación de los trabajadores: pobreza
En estas charlas, Owen habla mucho de la pobreza, de lo que significa ser pobres y de porqué todos ellos lo son. Desesperadamente pobres, porque no tienen lo básico para vivir, porque cuando no hay trabajo literalmente sufren meses de hambruna, porque pasan frío, y enfermedad. 

Después de haber aprendido un oficio, y 20 años de trabajo, un hombre mira atrás y todo lo que tiene es un sueldo básico para comprar el "fuel que mantiene la máquina humana funcionando". No hay más. Máquina que seguirá funcionando para que se enriquezcan los otros. 

Así hasta enfermar, que será el momento en el que se los quitarán de encima, y cuando no puedan pagar el alquiler acaben en la "workhouse", aquella institución para pobres de necesidad que tan bien describió Dicken en Oliver Twist, y que intentó describir la que firma tras la visita de lo que había sido una en Lambeth (y ahora era el museo del cine). 

Así que todo esto para qué?
Hay algunos trozos muy tristes: no solo nos describen sus penurias, sino las de sus hijos, y es imposible no plantearse para qué. Para qué seguir malcomiendo para ir a sus trabajos, para que seguir dándoles hijos que sirvan a sus mocosos. 

Al principio de la novela nos cuentan de un caso que reportan como algo recurrente en los periódicos de "otro" hombre que ha matado a su familia y luego se ha suicidado. El mismo Owen lo sopesa en algún punto,  tal es la desesperación, cuando se pone enfermo. Hay que recordar que el National Health Service (Servicio Nacional de Salud) no llegó hasta después de la Segunda Guerra Mundial, y entonces todo lo que había eran contribuciones voluntarias que los trabajadores hacían para el hospital (y aún así, eran tratados como "pacientes gratuitos", recibiendo peores cuidados). 

Es el sistema, idiota
Owen les dice todo esto y sus compañeros todo lo que le contestan una y otra vez es  "tú harías lo mismo que ellos si estuvieras en su posición", pero Owen siempre contesta con lo que viene siendo su análisis del problema: "es el sistema lo que está mal, claro que mucha gente en esa situación haría lo mismo, pero lo que está mal es el sistema que permite estas desigualdades". 

Esto sigue pasando exactamente hoy en día: hay mucha gente a la que le gusta este sistema, aunque no estén particularmente favorecidos por él. E igual que estos harapientos, no quieren cambiarlo... parece que les va bien así? El título de la novela es irónico: para Tressel estos trabajadores son "filántropos" en el sentido de que mantienen a las clases dominantes sin rechistar. Este desprecio de Tressel por los pobres que se niegan, con uñas y dientes, a desarrollar un mínimo de descontento, de rebeldía, que rechazan unirse para luchar por sus derechos, recorre la novela. 

En el fondo es el mismo patrón que tenemos ahora con las clases más desfavorecidas votando a Trump, a los tories en el UK o al PP en España. Lo que choca es que ahora, incluso muchos pobres tienen algo que perder, pero en la Inglaterra de principios de SXX, queda claro que la situación es desesperada. "El que hubiera hecho dinero en los negocios probaba su capacidad intelectual" pensaban los pobres, y esto les lleva a votarle cuando se presenta a las elecciones locales. 

Todos reciben
Pero no son solo los trabajadores individualistas los que son criticados sin piedad por Tressel: creo que ninguna institución queda libre de su desprecio. En este pequeño laboratorio que es Musgborough vemos perfectamente cómo las influencias y el dinero manejan todo.  La desconfianza en la policía o el ejército es la misma que la de Orwell: los perros del poder se les echarán encima a la primera de cambio, para defender los intereses de la clase dominante, para proteger la propiedad de los que la han ganado sin trabajar. Irónicamente, esto lo habrán pagado con sus impuestos, junto con otras muchas cosas que no podrán disfrutar: caminos por los que no van a ir, pues no tienen ni carro ni adonde ir, y parques a los que no van a pasar su tiempo de ocio, porque no lo tienen.  La prensa, igual que la mayoría hoy en día, está al servicio de los cuatro ricos de Musghborough ("The Obscurer", llama Tressel al periódico).

El clero y todos los que siguen la religión son vapuleados especialmente. Tressel habla de la hipocresía infinita de la gente que apoya un sistema que es todo lo contrario de lo que predicó Jesucristo, pero se siguen llamando "cristianos". En una conversación Owen le espeta a uno de los trabajadores religiosos el cómo puede estar defendiendo el egoísmo, a menos que ahora cristiano signifique mentiroso e hipócrita. A lo que el tipo no contesta y Tressel añade, malvadamente: "probablemente el que ser un verdadero creyente le ayudó a llevar este insulto con mansedumbre y humildad".


Pero los que están en las asociaciones caritativas (las señoras de), son tan gentiles que han creado unos tickets de comida para darles a estos miserables, que cumplen un objetivo trino: así no se lo gastan en vino, así se lavan la conciencia, y así el de la tienda da salida los productos caducados. Encantador. Tressel explica muy bien como la "caridad" no ayuda, sino que perpetúa el sistema, trata el síntoma pero ignora la enfermedad:  esta gente lo que quiere es trabajar por un sueldo digno, no las migajas que los humillan. 

Pero no son esclavos!!! Tienen la libertad de irse!!!
La comparación de las circunstancias de estos trabajadores y el esclavismo es inevitable. Estos pobres no son la propiedad de Sweater, son simplemente alquilados, así que no merece la pena cuidarlos: se procede a trabajar incluso cuando las condiciones de seguridad no son las adecuadas, o si están enfermos, porque si cae uno, se reemplaza por otro. Y no hay que ir tan lejos: los patronos tratan mejor a sus caballos que a sus congéneres. 

Pero eso sí, el trabajador está por encima del esclavo o del caballo en que tiene la bendición impagable de la Libertad, con mayúsculas. Si no le gustan las condiciones del trabajo, las puedes rechazar, sin problema, e irse a morir de hambre por su cuenta. Tiene opciones, señores! Puede someterse o suicidarse, comer el polvo o no comer nada. Les suena este discurso? Ultimamente lo he oído hasta sobre la prostitución, parece que hay  gente que elige estas cosas. 

Hay una escena que no podré quitarme de la cabeza: cuando tiene a unos cuantos trabajadores acarreando una terrible carga y un rico le dice a otro, "para esto no usas los caballo?" y él se ríe diciendo, "para qué, si tenemos los burros que lo hacen contentos". Yo no sé al lector: a mí esto me hace hervir la sangre. Y aún hay otra escena, al final del libro, que me lleva directamente a la desesperación: cuando Sweater (el obeso dueño de medio pueblo) gana las elecciones por los Tories, los pobres que le han votado, jubilosos y para celebrarlo, quitan a los caballos del carruaje y tiran ellos mismo. Los burros de carga, felices de serlo.  Esa imagen se quedará conmigo. 

Deberían haber aprendido que este servilismo hacia los patrones no sirve de nada. Uno de ellos, particularmente odioso, Crass, cuando visita el obeso está todo el rato "señor esto, señor aquello", yéndole detrás, moviendo las manos como quien se las lava, para obtener una propina, una limosna que le dé. El leer cómo este le ignora, con gruñidos si hay suerte, y luego además no le da nada es doloroso.

Tristemente, conceptos de ayer, de hoy y de siempre
Como he dicho,lo verdaderamente terrorífico de la novela es ver cosas que no han cambiado. Una piensa que tal vez 100 años no sean suficientes para un cambio de paradigma? No interesa el socialismo pero sí la Bandera, la Nación, el Rey... qué enorme pereza. También se habla de la inmigración, del miedo al que viene de allende los mares a quitarnos el trabajo. De "socializar las pérdidas y privatizar las ganancias". Suena?

Tressel es un visionario, nos cuenta situaciones que son precursoras de, por ejemplo, el terrorífico trabajo en una cadena. El rico al que le construyen la mansión tiene una serie de negocios, y uno de ellos es una fábrica de ropa, donde emplea a chicas jóvenes doce horas al día, que se especializan cada una en una parte de la prenda: una las mangas, otra los botones. Así que cada una es muy rápida y puede hacer una sola cosa, y las sacas de allí no pueden hacer nada. 

Y la culpa de todo la tiene el alcohol, dicen una y otra vez (particularmente doloroso cuando lo dice un tipo que tenía acciones en una fábrica de cerveza), cuando esta gente acaba en el alcohol desde la desperación, pero aún así, cómo culpar al alcohol por tener a la mayoría de la población viviendo en el umbral de la vida y la muerte? 

La esperanza del vida de los pobres el 20 años menor que la de los ricos: ay, otra cosa que no ha cambiado. 



Análisis de Tressel: por qué? 
Es difícil durante la novela ver un mínimo de compasión por parte de Treseel hacia esta masa aborregada. En un punto, nos sugiere que la autoestima de estos hombres es negativa, la inferioridad social la tienen taladrada en su mente desde la infancia. Cuando Owen les propone escribir a un periódico sobre sus problemas dicen "cómo uno de los nuestros va a hacer eso?" Uno de los nuestros ("the likes of us"), es una expresión que se repite durante toda la novela y nos da una idea de lo poco que se quieren, de lo poco que creen que merecen ("las cosas buenas no son para nosotros"). 


Pub que me encontré en Tunbridge Wells
 que se llama casi como el libro

En esos momentos dan mucha pena y quieres abrazarles, incluso al odioso Crass, pero luego describe cuánto admiran a los ricos y a sus cosas: es patético ver cómo se apelotonan alrededor del coche del rico cuando llega, o admiran las joyas, o... esto aún ocurre hoy en día. Mucho más. Yo cuando veo que hay programas para enseñar las casas de los ricos, o sus coches y yates me subo por las paredes. A mí estos programas solo me llevan lógicamente a la revolución violenta, a tomar el palacio de invierno. Pero la gente lo que quiere es ser como ellos. Y no, lector, yo no querría ser como ellos. Yo de verdad lo que creo es que este sistema no funciona. 


Corolario
La derecha trata a la masa como idiotas, la izquierda intenta razonar. Quién gana? Está claro: "no quieren bibliotecas, quieren circo", dice uno de los ricos que han entendido perfectamente cómo manipular. Panen et circensis, una vez más. Tienen lo que han votado: qué terror leer esto en 2018. 

Y tantas cosas más que no puedo contar en un divague. Este libro hay que leerlo: todo el mundo. No solo los que quieren bibliotecas, también los que creen que solo quieren circo, los que creen que son clase media y no llegan a fin de mes, los niños en los colegios. Siempre ha habido Sweaters y Rushtons, pero no siempre los habrá. Porque el que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo, y la vida de la mayoría es aún una condena. 

8 de septiembre de 2018

"El centro cederá" , el docu sobre Joan Didion

6 divagues
"The centre will not hold" ("El centro cederá"): seguimos en el mismo poema de Yeats que da título al relato y luego al libro de Didion sobre el que llevo divagando la última semana, "Slouching towards Bethlehem". 

La terraza se la hizo Indiana Jones
"El centro cederá" es el documental que sobre la escritora filmó su sobrino,  Griffin Dunne el año pasado. Verlo nada más haber leído sus artículos es un total dejá-vu, porque hay trozos que son literalmente párrafos de aquellos que yo había subrayado: sobre Nueva York, sobre John Wayne, sobre escribir, sobre tener un cuaderno de notas. También habla de su vida, su relación con el también escritor John Dunne y sobre la hija que adoptaron juntos, Quintana Roo (como el estado mexicano). Su matrimonio no es que fuera un jardín de rosas siempre, supongo que como todos los matrimonios, pero se querían, y su hija bebía demasiado, la parte oscura de un ser atormentado, pero con una zona luminosa que adoraba Joan. 

Su vida era la típica de escritores: en un punto alquilan una casa en una playa medio desierta en Malibú, donde les visitan músicos, escritores, actores... quién era el carpintero que les hizo la terraza de madera, las escaleras a la playa? Harrison Ford! Y así todo. Ella tenía manías de escritora: cuando un escrito no iba para adelante lo metía en el congelador. Con Dunne, se editaban el uno al otro, se leían y releían. Ver las paredes forradas de libros es una gozada. 

"El año del pensamiento mágico" es el libro que escribió tras la muerte inesperada de Dunne, de un infarto. Al poco tiempo murió Quintana, y finalmente, aunque le costó mucho, escribió "Noches azules". No he leído ninguno de los dos... me da miedo.

Ver a Didion en el documental ha sido para mí un poco como enamorarse. He colgado fotos en los pasados divagues para que cualquiera vea la belleza y el porte de esta mujer. Pero es su vivacidad lo que trasciende, ser guapa no es suficiente: tiene unos de los ojos más expresivos que he visto (y eso que frecuentemente se los esconde tras gafas oscuras). En el documental, en concreto en la entrevista actual que le hace su sobrino, vemos hablar a Joan, y quedo atrapada en su campo magnético.


Su cara es otra, parece que se ha deformado alrededor de la boca, que ahora es enorme. su cuerpo es el de una anoréxica: un esqueleto. Sus manos... podría escribir un divague sobre sus manos. Son unas manos que me recuerdan a personas muy mayores a las quiero, manos llenas de tendones y de huesos, y de venas enormes muy oscuras, manos muy, tal vez demasiado expresivas. Didion las pone frecuentemente frente a ella, como una actriz de teatro... usa muchísimo su cuerpo para expresarse, y es el cuerpo de una ancianísima, a ratos medio espástica, que superficialemente parece que se va a romper, que lo que diga no vaya a tener mucho sentido. Pero entonces, dice cosas como "oro" (cuando le pregunta qué supuso encontrar como periodista a una ninia de 5 anios tomando ácido cuando visitó a los hippies en San Francisco). El contenido de lo que dice es tan agudo, tan profundo, tan verdad... es increíble cómo funciona su cabeza. El cuerpo le está fallando, tan castigado como ha estado por la vida pero el cerebro... es una maldición o una bendición seguir teniendo esa clarividencia cuando el cuerpo no acompania? La gran pregunta. 

El centro cederá, las cosas se desmoronan.  Siempre. Y terminas el documental queriendo cogerle las manos. 


3 de septiembre de 2018

"Sobre tener un blog", inspirado en "Sobre tener un cuaderno de notas" de Joan Didion"

21 divagues



El otro día, divagando sobre el libro de Joan Didion "Slouching towards Bethlehem" me di cuenta de que lo que quería escribir el artículo titulado "Sobre tener un cuaderno de notas" no iba en aquel divague-recensión del libro. Y eso que mis divagues no son análisis, sino más bien simples ejercicios narcisistas en los que hablo de ese libro enmarcándolos claramente en el momento vital por el que yo esté pasando. 

Por supuesto esto nos lleva a para qué escribo, porque no pretendo hacer críticas que se pudieran presentar como un trabajo de fin de curso. Lo que busco es pensar, aclararme (esto ya lo conté aquí, en un divague bisoño titulado "De tiranías varias: bloguear y trainspotting" hace 8 años, en el blog embrionario) y así encontrarme a mí misma, no me engaño. Lo sé, es una mirada de ombligo egocéntrica, como el que hace sus máquinas frente a un espejo en el gimnasio, ni más ni menos. Pero es que no me encuentro sola en esto: es precisamente lo que dice Didion en su artículo, lo que escribimos los que llevamos "un cuaderno de notas" (que hoy podría ser un blog), lo hacemos para nosotros, y sobre nosotros, sin ninguna duda. Orwell también decía algo parecido en su genial "Por qué escribo":“All writers are vain, selfish, and lazy, and at the very bottom of their motives there lies a mystery". 


Desde luego, hay algo más: pocas cosas hacen más ilusión que a alguien le dé por comentar y te diga que le has animado a leer un libro, o ver una peli, o visitar una ciudad... el deseo de compartir algo que te ha hecho feliz es humano, y cuanto más desarrollado lo tengas, yo creo que más capacidad de felicidad tienes. O el querer transmitir una idea, esto también es orwelliano: "I write it because there is some lie that I want to expose, some fact to which I want to draw attention, and my initial concern is to get a hearing.”


Didion describe lo del cuaderno de notas no como un interés autobiográfico detallado... eso sería aburrido. Una vez conocí a un hombre que llevaba, durante los últimos 45 años de su vida escribiendo en cuadernos cuadriculados una letra por día: G, F, B (Good, Fair, Bad), sobre si sus días habían sido buenos, regulares o malos. Sería un tostón anotar "me levanto, voy a lavarme los dientes, hoy el cielo está soleado" (por eso tal vez siento ansiedad por aburrir con mis diarios de viaje, que sí que son eso, diarios, pero que considero "necesarios" porque los viajes son situaciones excepcionales, y desde que empecé a viajar llevaba un cuaderno para escribir cada noche). Pues bien: el blog (o cuaderno de notas) no es para recordar lo que hacías cada día, sino para recordar quién eras: aquella extraña de 15 años, no era yo, quién era? Y Didion hablan de la Joan de 17 que no la intimida, pero la de 23 es más inquietante. Esto es chocante y cualquiera que se haya leído, en cartas o escritos del pasado lo habrá experimentado, la perplejidad (en  mi caso vergüenza ajena) de la persona que eras. Yo no sé cómo me llevaría con la de 17, pero me darían ganas de abrazar a la de 19 y decirle que tranquila, que todo irá bien, y darle un par de tortas a la de 29. Esas conversaciones en tu mente pasan a ser excruciantes si tienes a esas chicas delante de ti con sus escritos... a mí hasta me empieza a dar pavor ir a hace 8 años, los comienzos del blog.


Didion habla de estos especímenes que necesitan escribir, lo califica de compulsión no-entendible por los que no la tienen, y supone que esto empieza en la cuna. No sé desde cuándo, pero yo siempre me recuerdo escribiendo. Al principio en unos diarios con candado que me regalaban de pequeña, cuadernos de espirales de los campamentos, de los viajes... a saber dónde estará todo eso. Y me encantaban las redacciones del colegio. Desde pequenia, me he inventado historias en la cama para dormirme, que siguen una noche tras otra, como un serial. 


"Niños que al parecer sufrieron al nacer cierto presentimiento de pérdida", dice Didion de los que escribimos. No queremos perder la memoria, no queremos perder a la niña Di, no queremos olvidarnos, pero tampoco que que nos olviden. A veces he pensado que este blog es una carta larguísima para mi hija, y tal vez para mis nietas, y las que vengan detrás. Tal vez no les interese, pero lo que daría yo por tener una versión de blog de mi tatarabuela, que entonces dejaría de ser una desconocida para mí, como de hecho lo es. Precisamente mientras preparo este divague me llega una carta de mi viejo amigo J, y me incluye este texto de un libro que ha estado leyendo "Un final para Benjamin Walter" de Alex Chico:

"Por eso escribes, para consignar un olvido. Esa es la terrible paradoja a la que tienes que enfrentarte. La escritura se convierte en la constatación de una ausencia. La prueba de que algo se ha perdido por el camino. Tú no eres más que un pequeño eslabón en la larga marcha de la desmemoria. Un cuadro minúsculo dentro de otro cuadro" . 

Guau. Las casualidades no existen, que decía Sabato.


Nos olvidamos de todo. Nos olvidamos del amor y de las traiciones igualmente, de lo que susurramos y lo que gritamos, y de quienes éramos. Es increíble, yo a veces no recuerdo en absoluto cosas "importantes" que pasaron, lugares donde fui, gente con la que pasé tiempo, con la que estudié o trabajé.  J., al que conocí en un campamento en Galicia cuando tenía 16, me habla de gente y de anécdotas que protagonicé, y tengo un blanco. No recuerdo nombres, ni caras. No recuerdo libros, ni divagues que he escrito. Me quiere sonar que escribí sobre algo y he de hacer una búsqueda en mi propio blog. Otras cosas las recuerdo muy bien, tengo conversaciones grabadas a fuego, conversaciones que no parecen importantes, "aquella persona que hace 20 años que no veo dijo esta frase en tal lugar", por qué? Hay cosas que no quiero olvidar: el otro día reí muchísimo con uno de mis legendarios despistes o meteduras de pata, y ayer, lo intenté contar en una cena de amigos y se había ido. Solo recordaba la risa y aún sigo buscando su instigador. Y si lo encuentro, lo escribiré... no te me escaparás esta vez. 

Una vez establecido que no hay otra opción para los que escribimos, para qué más lo hacemos? Otro de mis amigos, Santi Gascón, dice que él escribe "para que le quieran". Lord Byron decía que "si no escribo para vaciar mi mente, me vuelvo loco". DeLillo que los escritores escriben "para salvarse a sí mismos, para sobrevivir como individuos". Cortázar no lo tenía muy claro: "Siempre he escrito sin saber demasiado por qué lo hago, movido un poco por el azar, por una serie de casualidades". Por desesperación, como Bolanio. Pero hoy para terminar, me voy a quedar con el prefacio de Truman Capote en "Música para camaleones":


“Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse. [...] La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal".

Noble, pero implacable amo.





30 de agosto de 2018

"Slouching towards Bethlehem" ("Los que sueñan el sueño dorado"") de Joan Didion

8 divagues
"Arrastrarse hacia Belén" ("Slouching towards Bethlehem"-el título es un verso de un poema de Yeats) es un libro que recoge artículos que la escritora Joan Didion fue publicando en distintos medios durante la década de los 60, y que fue publicado en 1968. Mientras todo estaba pasando en el lado de acá, en París, ella llevaba una década escribiendo en el lado de allá sobre la fractura de América y otro verso del mismo poema, "things fall apart; the centre cannot hold" ("las cosas se desmoronan; el centro no se sujeta") da una idea de los grandes temas del libro. 

Se divide en tres partes: 1. "Estilos de vida en la tierra dorada", cuyo primer capítulo "Los que sueñan el sueño dorado" da título al libro en castellano (lo encuentro extraño, pero eso me dicen mis contactos -Mo- e internet), publicado por Mondadori. 2. "Personal" (que contiene los inmensísimos "Sobre tener un cuaderno de notas", "Sobre el amor propio", "Sobre volver a casa") y 3. "Siete lugares de la mente" (me apasionan "La costa de la desesperación", "El cuaderno de Los Angeles" y "Adios a todo eso"). 

Por dónde empezar. Si os contara que este libro estaba en mi estantería probablemente desde hace unos 15 años... hace tiempo compramos una de esas colecciones de "clásicos de los 60", que incluía libros de Kerouac, Mailler, Miller, Burroughs, Ballard. Una de esas colecciones que no he leído- una confesión: hay muchos, demasiados libros en mi estantería que no he leído, que parecían "una buena idea en ese momento", y que algún día espero leer, no sé cuándo, en la jubilación? Pues este Didion estaba ahí, con su extraño título, escondido entre todos los hombres "importantes", y en el que me fijé al principio del verano yendo a buscar otra cosa. No había leído nada de ella, y sé que Mo la había recomendado. Así que lo saqué de la caja de los 60 y pasó a mi habitación. 

Lo leí al volver de Grecia y, solo con el prefacio, quedé deslumbrada. Cuando eso pasa, te puedes poner a dar saltitos de ilusión porque seguro que va a significar horas y libros futuros en muy buena compañía. No estás con la duda, como el libro anterior que leí de si te gusta este autor, de vamos a darle unas páginas más. Desde la primera, lo sabes. Y eso no pasa tan frecuentemente. 

1. "Estilos de vida en la tierra dorada"
La primera parte me atrapa además porque es California, el Mojave, el desierto, el Santa Ana, serpientes de cascabel (rattlesnakes), el final de la Ruta 66. Me transporta al verano de 2014, los Pedalistas por allá, o a la lectura de Lucía Berlin. El primer artículo, la historia de una de esas mujeres que se creen al pie de la letra todas las promesas del Sueño de la Tierra Dorada, el sueño americano, y les sale rana. Aquí el futuro siempre parece bueno porque nadie recuerda el pasado, aquí donde una persona de cada 38 vive en un tráiler.  "Cada voz parece un grito. Es la estación del divorcio y el suicidio". Ella quería ver el mundo "y supongo que lo encontró". En contra de lo que piensa Tolstoi, para Didion "los matrimonios infelices se parecen unos a otros" y en esta historia no solo han llegado a "la tregua tradicional, en el punto en el que tantos se resignan a cortar tanto las pérdidas como la esperanza". Se hace un artículo sobre ella porque acaba pasando la raya, cargándose al marido, y termina en una cárcel que, dice Didion, está llena de mujeres que, como ella, de alguna manera entendieron mal la promesa de la tierra prometida. Bueno, los extraños casos en los que son ellas las que matan parece que hay que justificarlos, cómo esta mujer que parece tenerlo todo hace esto. Será el Santa Ana (el viento que enloquece, que también aparece en otro capítulo), será el champán, será el color de tus ojos verdes ciencia ficción. Qué será será. 


En esta primera parte hay capítulos dedicados a John Wayne (por mucho que me aproxime a su edad, este hombre siempre será para mí "un viejo"), a Joan Baez (qué pedrada, todo va de "sentimientos", sus ideas políticas son "vagas" pero ella siente mucho), gente que se toma tantos paracetamoles hasta un punto "a este lado del suicidio". Me gusta tanto esta frase: es visual. Veo la línea, y a partir de aquí, como en todos los espectros, algo pasa, en este caso la muerte, pero estás a un pelo, estás en este lado de la precaria frontera entre la vida y la muerte. 

Capítulo de probable autista rígidamente comprometido con una inmutable compleja doctrina de alguna rama del comunismo más oscuro (a los que Didion comprende, "estoy cómoda con estos que viven fuera en lugar de dentro, aquellos para los que la sensación de horror es tan aguda que acaban en compromisos extremos y destinados al fracaso (...) aprecio los elaborados caminos con los que la gente intenta llenar el vacío". Igual está sicótico, tal es el nivel de amenazas que ve en todo. 

Y el de Howard Hugues, el millonario de la peli de Scorsese, con DiCaprio. Los americanos han hecho de este tipo un ídolo, pero más bien un placer culpable, privado, que no se puede admitir.  Es un héroe no-oficial: "la enorme divergencia entre lo que decimos que queremos y lo que queremos, entre lo que oficialmente admiramos y secretamente deseamos, entre la gente con la que nos casamos y la gente que amamos". Didion sospecha que la vida es verdaderamente un escenario. 

Casarse en Las Vegas, casarse en absurdo. "No hay tiempo en las Vegas, no hay día ni hay noche, no hay pasado ni hay futuro". Qué perfecta confirmación de mi idea de esta ciudad, así es como la imagino, con sus luces de neón, DeNiro  en la mesa del casino, yo de Marilyn, tú de Elvis, todo ahí parado como en aquellas pelis. Ya era así en el 67, cuando Didion escribió este artículo. 

Y por fin, el último que da título al libro (al menos en inglés) "Arrastrarse hacia Belén" es el más largo y nos cuenta la vida de diversos hippies metidos en drogas y en hippismo general en San Francisco en la época. Eran los jóvenes de la América fracturada de la que habla Didion en estos artículos emigrando allí y siendo la parte visible de la herida. Los que nos cuenta Didion: un panda todo el día colgados, aburridos, aburrientes. 

2. "Personal" 
Los artículos van mejorando a medida que avanza el libro y ya he decidido que de "Sobre tener un cuaderno de notas" tengo que hacer un divague separado. Es que soy yo, Didion, me estás contando a mí, petal, y aún no había nacido. 

"Sobre el amor propio" (self-respect, se dice en inglés, y me pregunto si estoy traduciendo bien, el matiz), tan lleno de verdad, porque cómo negar que el peor engaño es el autoenganio, que el amor propio (o auto-respecto) no tiene que ver con la aprobación de otros, a los que podemos engaña con relativa facilidad, ni con la reputación, algo con lo que la gente con coraje no necesita para vivir. La gente con auto-respeto tienen el coraje de asumir sus errores. No tenerse auto-respeto es ser la audiencia de un documental sobre uno mismo con todos tus fallos. Didion piensa que el autorespeto es una cuestión de voluntad, que hay que educarlo... no lo tengo tan claro. 

"Sobre volver a casa" es otro de esos en los que me identifico plenamente con Didion: la relación compleja con su familia. Esas llamadas telefónicas que no dejaron de terminar en lágrimas hasta pasados los 30. Lo que supone volver a casa y volver a la adolescencia. El matrimonio es la traición clásica.

3. "Siete lugares de la mente" 
Y por último, estos siete lugares de la mente que todos tenemos, siete lugares, o tal vez más o menos. "La costa de la desesperación", o la exhibición no de las maneras bonitas de gastar el dinero, sino de lo duramente que el dinero se hace, escaleras de mármol para mostrar a mujeres (migrañosas) guapas. 

"Guaymas, Sonora", que me lleva a ese lugar de mi mente llamado Bolaño y México, y las rutas que una ha de comerse por tierra, porque volar es "missing the point". 

"El cuaderno de Los Angeles" y el Santa Ana, el viento que hace las delicias de los siquiatras con aspiraciones antropológicas (o viceversa, ah  no, que los antropólogos no reconocen la psiquiatría). 

Y por último, "Adiós a todo eso", como el perfecto final para el libro, adiós, adiós, dormir dormir... una de las cartas de amor más bonitas que he leído para una ciudad. Didion vivió de muy joven, cuando comenzaba a escribir, en Nueva York, y describe exactamente lo que es "no es país (en este caso, ciudad) para viejos", ese algo que comparte del todo Londinium. Y aún añade, NY es una ciudad para los más ricos y los más pobres, no hay intermedio. Ay Joan, el mundo es ahora ese escenario, qué hemos hecho. En NY se llora en Navidades, y se pasan en el teléfono intentando encotnrar un vuelo. En NY podías perder las tardes porque tenías todas las tardes del mundo por delante. En NY se está de paso, no se considera el futuro, todo el mundo sabe que volverá a donde sea. Y así le pasó a Didion: en este artículo que cierra este libro maravilloso explica como su cuerpo -sabio-dijo basta, y se deprimió, y probó el sabor de la desesperación. Y tuvo que volver a la tierra dorada. Lo que nos lleva, círculo completo, al principio del libro. Los que suenian con la tierra dorada. 


1 de agosto de 2018

En negación: hay que volver a Londinium (Sp19)

6 divagues
01.08.18 (miércoles)
Ahora en serio: este es el último día de vacaciones. Lo que pasa es que gran parte del día no lo parece, ya que nuestro vuelo a Londinium es a las 21:35, con lo que pasamos todo el día turisteando. Parece imposible (se llama "negación") que, en 24 horas, vayamos a estar en el trabajo, con esa gente. Quienes sois? No os conozco.
Así que, qué mejor manera de pasar el día que volver a Pelion, a un par de pueblos cercanos a Volos que no habíamos explorado? Planeamos esto mientras desayunamos, porque en el hotel de la familia detalista hay por supuesto todo un señor desayuno incluido. La fauna de los clientes es interesante: una familia rarísima con tres hijas o hijos todos tatuados y con piercings agresivos. A las 1000 nos vamos a dar el último baño de las vacaciones, en otra de las playas y se está genial. Nos secamos en uno de los muelles de madera que separan las playas y a las 1200 dejamos la habitación, rumbo a Pelion.

Nuestra primera parada es con el centauro que vimos desde el coche el primer día. Los centauros, esos seres mitológicos mitad caballo, mitad hombre, vivían en Pelion, entre otros lugares, y me dice Mini que salen en Harry Potter. Nada nuevo bajo el sol.



Pasamos por Portaria (14 kms este de Volos), pero primero vamos a Makrinitsa (3 kms de Portaria), que se ve como una nevada de casitas blancas entre el verde de la montaña.






Makrinitsa es un pueblo perfecto: casas blancas de arquitectura típica, algunas colgadas de la montaña, 6 iglesias, un monasterio, fuentes por todos lados.













En la obligada platía con el plátano gigante esta la iglesia de Ayios Ioannis, con un mármol muy chulo en la puerta. Este lugar es, como siempre mágico, aunque hemos estado en otros pueblos de Pelion menos turísticos (aquí incluso vemos españoles de los que bajan del crucero!).


El plátano tiene una casita en su tronco hueco!







Las vistas, por supuesto, espectaculares. 



Bajamos a Portaria, mucho calor, y tenemos que ir a aparcar al quinto pino. Luego risas para bajar de ese pino a la plaza del plátano que seguro tiene que existir, pero a saber dónde. Nos metemos por caminitos de piedra en medio del bosque, pasamos por un hotel fantasma con al piscina vacía, por un edificio enorme derruido que pienso que tal vez fue una Montaña Mágica griega, donde venían los tuberculosos a tomar las aguas, por fuentes enfriando sandías, por unas puertas de jardín oxidadas con gato inquietante a la puerta y, por fin... damos con la plaza.

Maneras de enfriar la sandía, estilo Pelion

En la plaza la camarera que nos sirve los fredos nos cuenta que estudió cinco meses de castellano, y lo que le gusta nuestra cultura, y que nos tenemos que cambiar a esa otra zona de la plaza que hace menos calor. Al terminar tu fredo, siempre te ponen agua, que aquí puedes rellenar tú misma de la fuente.






No queremos, pero parece que hay que ir bajando hacia el aeropuerto, por muy tarde que salga el vuelo. Pensamos ir por una medio autopista, pero nos confundimos en un cruce y vamos por la carretera (muy buena) frente al mar. Llevamos desde Pelion buscando una panadería, sin éxito, pero por aquí encontramos La Madre de Todas las Panaderías en un pueblo y compramos un montón de material (que luego nos irá muy bien).

Un final de vacaciones sin emoción no debe ser lo mismo. Efectivamente, nos perdemos. Una vez más, échale la culpa no al Boogie, sino al maldito Googlemaps. Tira por aquí, seguro que parece por ahí, debe haber un puente que pasa por debajo de la carretera esta, y, de repente, me veo en medio de campos de maíz, en los EE.UU. El mapa asegura que ahí está el aeropuerto, y en un punto logramos ver la torre de control, pero seguimos en los campos de maíz, con tractores, y allá al fondo hay una valla, y unas puertas, y menos mal que están abiertas... acabamos llegando al aeropuerto de Volos no sé cómo, chorreando adrenalina eso sí lo sé. Devolver el coche , que siempre es otra fuente de estrés, es ahora juego de niños: todo en orden. 

Una vez en el aeropuerto, asearnos, rehacer las maletas, enfrentarnos con al pantalla que anuncia que el vuelo viene con retraso (en serio? empiezo a sospechar que soy yo, porque últimamente menuda racha). Pasamos a sala de embarque. Nos hacen tirar agua que traíamos de las fuentes de Pelion para inmediatamente tener que comprar una botella dentro (he dicho alguna vez cuánto me exaspera esto? Por cierto, dicen que han descubierto algo por lo que esta pesadilla de los líquidos va a terminar-permanezcan a la escucha). Leemos, miramos a la fauna que vuelve a Londinium, damos cuenta de todas las viandas de la panadería. Porque el vuelo sigue retrasado, y al final salimos a las 23:35. 

Son 3 horas de vuelo a Londinium, pero afortunadamente, como en Grecia son 2 horas menos aterrizamos en Gatwick a las 00:30, hora local. Por supuesto, Gatwick esta petado y somos felices de haber reservado un taxi que nos deja en casa a las 2:00 am (no olvidar que para nuestros cuerpos son las 4:00 am, de un día que empezó con baño, subida a Pelion, los chicos del maíz-Mini lleva un lío de qué día es).

Y a las 9:00 am del jueves hay que presentarse en ese sitio llamado trabajo (esto lo ahorraré, solo una pista: me pongo las lentillas del revés, en ambos ojos). Y entonces me doy cuenta que el día que volábamos a Grecia, hace ahora eones, nos levantamos a las 2 am para ir al aeropuerto, tras unas pocas horas de sueño, tras haber trabajado todo el día. Hoy, me encamino al trabajo, tras acostarme a las 2 am (debatible-a las 4!), tras unas pocas horas de sueño...

Y mientras cruzo Brixton pienso en las vistas desde Pelion...