10 de diciembre de 2019

Serial. Diez.

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Era un mujer de 75 anios, delgada, todo fibra. De lo que se llama "petite", una muñequita. Llevaba el pelo corto, estiloso, gafas metálicas, sujetadas con una cadena. Violet Rubí fue mi primera paciente en Banderley. 

Había llegado para ingresar en medio de la noche, hacía un mes. Uno de los enfermeros me contó que Violet era un vieja conocida-valga el juego de palabras. Siempre llegaba a la planta en la circunstancias similares: para qué taxi o ambulancia, si puedes llegar en coche de policía. Detenida. Violet tenía un diagnóstico establecido de Trastorno Bipolar. Cuando entraba en la fase alta, dejaba a veces de tomarse el Litio, con esa sensación de "todo lo puedo" que luego he visto tantas veces, a través de los años en otros pacientes. Eso, o el rechazar medicación porque "lo quiero intentar yo solo". Pobrecitos: como si este juego cruel de neurotransmisores dislocados tuviera algo que ver con el "querer". Esto es algo que te pasa, una mala lotería que le puede tocar a cualquiera, igual que algunos tienen un tiroides hipofuncionante, y a otros se les empiezan a reproducir las células de un tejido como locas. Nada que ver con tu voluntad, con tu fuerza, contigo. Pero aún así, nos empecinamos en hacer responsable a los enfermos mentales de sus comportamientos, como si fuera la culpa del ciego el haber perdido la vista. El estigma que hay detrás de esto hace que se me caiga el alma a los pies. Y bueno, a Violet aún le había tocado el estigma menor: dentro de las psicosis, el trastorno bipolar es de lo mejorcito, en comparación con un diagnóstico de esquizofrenia. Hay estudios muy claros sobre el sobrediagnóstico de esta última enfermedad en inmigrantes, y gente pobre. Si estás loco y eres burgués, tienes más posibilidades de acabar con bipolar. Además, Virginia Woolf, Van Gogh, Sylvia Plath, Edgar Allan Poe, Stephen Fry... todo mucho más artístico y  glamuroso.  

Hace un mes, siguió el enfermero, la encontraron en una plaza de Whitby, en tirantes, farfullando sin sentido, loca. Cuando se fue todo el mundo, seguía allí, con los borrachos y los mendigos, y se quiso meter en la fuente, y sus gritos despertaron al vecindario: vamos, lo de siempre. Y entonces los rituales repetidos de la poli deteniéndola con la Sección 136, y vuelta a Banderley. Este es un hospital de distrito, y algunos de los enfermos crónicos son casi parte del decorado, todo el mundo los conoce.  Mi labor en mi primer día de trabajo real, consistía en hacerle el examen del estado mental, que se llama, para ver si el tratamiento estaba funcionando, hablar con el equipo de enfermería sobre sus observaciones y, por fin, consultar con Cook.  Y familiarizarme con las secciones de la Mental Health Act  1983 (Ley de Salud Mental), algo que en la península de la que vengo habían remotamente hablar. Allí llegaba el forense, malhumorado y con manchas de sol y sombra en la camisa, firmaba la detención, y se iba, a rematar la noche. 

Violet estaba en su habitación cuando entré a presentarme. "Dra Calleja", repitió. En aquella época y en Banderley no podíamos lograr el acercamiento al paciente ni parecer mínimamente humanos con algo tan sencillo como dándoles nuestro nombre de pila. A mí esto me molestaba mucho, ser siempre la Dra Calleja (Calleha, ni que decir tiene que la jota desapareció en esa tristeza aspirada). "Sí, Sra Rubí, lo dice muy bien", y tras mentir la sugerencia de pasar a hacer la entrevista a la galería acristalada, en la que me gustaría poder decir que había sol, pero era otro día nublado del norte. Aún así, teníamos la inmensidad de las praderas delante, pared de piedra con florituras góticas-se incluyen gárgolas-en el lateral. Banderley era un festín para los ojos. 

Violet me siguió y se sentó muy cerca del extremo del sofá, como si se fuera a levantar en cualquier momento.  Sus manos eran expresivas incluso en los extraños momentos en que no gesticulaba: recorridas de inmensas venas azules, todo tendón y hueso, y con anillos enormes en cada dedo. También llevaba collares, y pendientes de brillantes. "Esto no es nada", comenzó, tras registrar mi mirada de neofita del gremio, contrastando los libros de texto con lo que tiene delante de los ojos. Porque sí, los libros hablan de los enfermos bipolares en fase maniaca eligiendo ropas muy coloridas, o provocativas, o inapropriadas, y joyas o bisutería enorme, árboles de Navidad andantes. Cuando Violet se deja de tomar el estabilizador del estado de ánimo, se viste con lentejuelas o brillantina (tops de fiesta de hace mil años) y se pone todas la joyas que encuentra por casa.  Paró para cogerme la mano porque quería que entendiera que sus joyas eran todas "reales" -regalos de su marido durante su largo tiempo juntos:  oro, diamantes e incluso, como su apellido, tenía un juego de pendientes y anillo de rubíes. 

Aún recuerdo su historia porque me llegó, ahora sé que por una serie de factores personales, culturales y ciertamente relacionados con que yo acababa de aterrizar en este país. Violet había sido un ama de casa a la que apasionaba la lectura, casada con un hombre de negocios con mucho dinero. Habían tenido una vida muy feliz y dos hijas. De repente, en cuestión de un par de años, su vida tal como era se derrumbó: sus hijas se fueron de casa, ambas con trabajos importantes ("highfliers", las definió, que vuelan alto-siempre me ha gustado esa palabra, sobre todo, admitámoslo, describiendo a mujeres), y su marido murió súbitamente. De un día para otro, toda su identidad se desmoronó. Cayó en depresiones severísimas en las que, me contó, no se suicidó por un pequeño perro que tenía. Pasado un tiempo, se empezó a sentir en el "techo del mundo", con una euforia, y unas ganas de hacer cosas inusuales. Cuando comenzaba con esta fase, era como una adicción: le encantaba. Iniciaba mil proyectos-que no terminaba-, la energía era inagotable, por tanto no dormía, ni comía, ni podía parar de hablar, o reír, pero su humor no es que fuera predominantemente feliz, sino irritable. Podía llegar incluso a dar un puñetazo-"y con esto, duele", me dijo  mirando de reojo los anillos- al primero que en la calle se interpusiera en su camino. Violet-y esto es lo que me dejó boquiabierta en aquella época-no tenía ninguna expectativa de que sus hijas estuvieran allí por ella. Tenía claro que ellas estaban atendiendo a sus ambiciosas vidas profesionales (ninguna había querido tener hijos por su carrera, sabias mujeres que no se tragaron el "lo puedes tener todo" a menos que tengas uno de esos pocos hombres verdaderamente feministas que hay por ahí), y no podían dejar de correr en su rueda-de-raótn personal por a su madre. Violet solo vivía por ese perro de aguas, que en este momento cuidaba una vecina. 

Leyendo la historia de este ingreso, vi que cuando llegó Violet presentaba con ideas delirantes sobre sus contactos con la reina y con alucinaciones auditivas en las que voces le decían que ella tenía poderes, como leer las mentes. Cuando vi a Violet por primera vez aquel día, todos los síntomas psicóticos, de desconexión con la realidad, ya estaban bajo control con la medicación. Seguía sin dormir bien, y le subí la dosis de Zopiclona. Estaba desesperada por irse a casa, por su perro, y le dije que si seguía así, enseguida le daríamos el alta. Esto fue un lanzarme a la piscina total, porque aún no había discutido el caso con el equipo y no tenía ni idea de la opinión de Cook. Cuando me despedí, supe que volvería a hablar con ella siempre que pudiera, con la excusa de hacerle un estado mental: me había enganchado a su energía. Pero sin engañarme, cuando los neurotransmisores de esta pobre mujer deciden el bajón, lo único que le para para matarse es un perro.

Ya debía hacer un rato que se había ido, y yo seguía en la galería, disociando, con la mirada perdida en lo verde. El busca -que aquí se llamaba bleep (blip): el inglés es el idioma de las onomatopeyas- me devolvió al mundo. En aquella época sin móviles, tenías que encontrar un teléfono, marcar la extensión de la pantallita. 

-Hola? Dra Calleja?

-Hola, me preguntas si soy la Dra Calleja? Porque yo busco a la Dra Calleja

-Ah, no perdón, yo soy la Dra Calleja -por qué terminé la frase en interrogación, en serio. Puedo ayudarle?

De repente, una carcajada.

-Hola Mariona, soy Isabel Archer, perdona... te estaba tomando el pelo. Morgana me ha hablado de ti y me ha dado tu busca. Quedamos para comer?

-Ah, Isabel... sí, perdona... sí, sí, encantada... son solo las 12, a qué hora quedamos? 

-Ahora, te va bien? En 10 minutos en la cantina?


Comer a las 12 todavía pertenecía en mi mente al soporífero mundo del bebé. Baby-lunch, y luego siesta. Pero parece que aquí esto era lo normal, a juzgar por la cantidad de gente esperando con sus bandejas en la cantina. Yo me había llevado un sandwich, pero lo dejé en la mochila y cogí una bandeja como el resto. Cuando estaba eligiendo una patata asada con atún y coleslaw, quien supuse era Isabel hacía señas desde una mesa. No era difícil distinguirme, me dijo luego, con la descripción de Morgana: aunque algunas veces me han dicho que tengo más pinta de eslava que de mediterránea, pese al pelo oscuro, piel tan blanca, y ojos grises, lo cierto es que el pichi de dominatrix (esto lo aprendí varias noches después, en Serotonina, tras varias Guinness) me hacía reconocible. 

Por mi parte, Isabel Archer no iba vestida de época, como el personaje de James, pero poca gente puede ajustarse más al perfil de librera: gafas de pasta rojas, ningún sentido de la moda o de la  combinación de vestuario, y aquí incluyo chalecos tricotados por ella misma-sí, así de falta de introspección. Isabel sonreía mucho porque por fin iba a tener a alguien con quien hablar de libros en Banderley. Nuestra conversación, muy agradable pero, como con todo el mundo desde que llegué a este castillo encantado, la sensación de que algo se me estaba ocultando. Algo misterioso, o tal vez terrible, o tal vez simplemente que tenía que ganarme poco a poco.

Isabel, como yo, era una fanática de las Bronte y, tras un debate animado sobre si nos quedábamos con Healthcliff o con Rochester como favorito héroe byroniano (ella Heathcliff, yo Rochester), decidimos, en el siguiente fin de semana que las dos estuviéramos libres, ir  a visitar la casa natal de las hermanas en Haworth. Le conté lo que me había pasado en Whitby, y que tenía un contacto, Lucy, que hacía paseos de Drácula. Isabel dio palmaditas, también deberíamos ir a aquello, ahora que además se acercaba Halloween! Y ya llevada por una falsa exaltación de la amistad, la acababa de conocer, por Dios: "Oh, y por qué no fundar un club de lectura? Pondremos anuncios en el corcho de Serotonina cuanto antes y..." Isabel dejó de sonreír, carraspeó, molesta y entonces, de repente, se compuso: "oh, sí, qué gran idea!"

Y entonces, sonó mi blip. 

2 de diciembre de 2019

Dora Maar: Fotografía y surrealismo

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Siempre me hace gracia cómo los artistas, autores, filósofos de una época estaban todos interrelacionados... Oh, haber vivido en París en los locos años 20! Como en aquella peli de Woody Allen de 2011 ("Midnight in Paris") en la que su (como siempre apuesto) alter-ego se encuentra con Cocteau, Scott Fitzgerald, Josephine Bakers, Hemingway, Gertrude Stein,  Dalí, Man Ray, Buñuel, Degas, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Picasso... Y precisamente conectada con Picasso estaba Dora Maar (née Henriette Théodora Markovitch), la fotógrafa sobre la que hoy vamos a divagar. 

El domingo, como buenos feligreses laicos (siempre lo digo, antes se iba a misa, hoy a la Tate o al Prado, o donde sea), estuvimos en la exposición de la Tate Modern dedicada a Maar, y hoy solo quiero colgar algunas de sus fotos, las que me gustaron. 

 

 Maar no necesitaba hacer nada de esto, porque venía de una familia burguesa: podría haber vivido de las rentas. Las mujeres que en esa época salían de ese cascarón, chapeau. Además de fotos bonitas como las de arriba, también hacía colaboraciones para revistas de moda... esta en particular me llena de ternura: "mídete para corregir tus fallos". Y pensar que algunos quieren que volvamos allá.


 En 1933, sin ser mandada por ningún periódico se fue sola a la Costa Brava y hay una serie de fotos que reflejan la pobreza de la época en cualquier parte de la piel de toro (si era así allí, imaginemos en Jaén). Estas fotos son, por razones obvias, las que más me tocaron de toda la exposición. Bajo el título de "Barcelona" encontramos mujeres que piden limosna, niños haciendo el pino con las típicas zapatillas de cáñamo, y las que hoy ha definido Mini, al contárselo a una amiga como "tristes": unos ciegos tocando un organillo, para ganarse la vida en la calle. Si se ha quedado aunque sea con eso, bien vale haber ido a esta misa laica. 


Fueron sus convicciones políticas de izquierdas en esa época, con 25 años, las que motivaron estas fotos, o las de Londinium, o las de "La Zone" en París. Má tarde, Maar abrazó el surrealismo, literalmente. Poetas como Breton y Eluard querían transformar la experiencia humana del mundo, rechazando lo racional y optando por el inconsciente. Esta sala y sus fotos son tal vez las que menos me hayan llegado aunque sean las más famosas.                                                                                                        “Average artists copy their peers, but the true great artistic gesture lies in the shamelessness of stealing and getting away with it.”

En 1935 Maar conoció a Picasso, en la que él luego diría fue la peor época de su vida: no había pintado nada en meses. Ella le enseñó técnicas fotográficas, como el cliché verre y él la animó a que volviera a pintar (de nuevo, esta última sala de pinturas me interesa menos que las fotos).

De Mayo a Junio de 1937, Maar documentó con fotos la progresión del Gernika (comisionada en el proyecto por Cahiers d'art). Se ha especulado que la lámpara eléctrica del Gernika está inspirada en una de sus luces que Picasso usaba para iluminar el lienzo. Hago unas cuantas fotos en la proyección de la evolución del Gernika. Es un cuadro que, pese a tener colgado en el salón de mi casa-como todo buen progre de los 70-, nunca me canso de mirar, y de descubrir cosas nuevas. Ver las fotos de Maar me ha dado una perspectiva fresca: por qué el toro tiene una cara más amable al principio?

 Al salir de la exposición, Mini, como siempre, tiene que ir a dibujar en los ordenadores en la sala interactiva. Tras dejar tu arte sobre una especie de tablet gigante,  se proyecta en la pared. Cada vez se hace más mayor para esta sala, donde dominan los niños de 5 años. El Peda y yo nos sentamos en los sofás con nuestros libros, pero al rato nos damos cuenta de que ya tiene 11 años, se puede quedar un rato pintando sola. Así que pasamos a la tienda del edificio nuevo, donde me engancho a un libro ilustrado de "Art Deco en el Reino Unido": impresionante. Pensar en los edificios que ya he visitado (Granada de Mitchan, por ejemplo) y los que me quedan. 

A la vuelta, cruzando de nuevo el puente que separa la Gran Turbina nos encontramos con la escultura inmensa de Kara Walker "Fons Americanus". Se trata de una fuente así a lo Fontana de Trevi, de 13 metros de altura, inspirada en la Victoria Memorial enfrente del Palacio de Buckingham. Dice la explicación que "explora las historias interconectadas de África, América y Europa" y parece que el agua se refiere al "comercio transatlántico de esclavos". Siempre me plantea dudas que te tengan que explicar cosas así ante una obra de arte (cómo olvidar la famosa expo de Damien Hirst, y su inefable catálogo). Pero vamos, nada que decir, ya que la fuente no es precisamente una celebración del Imperio Británico, y todo esto es bienvenido en estos días de Brexit y -cerramos el círculo que iniciamos con Maar- surrealismo

God save the fukin surrealism






27 de noviembre de 2019

Serial. Nueve.

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Anoche salimos de Serotonina mucho antes de lo que hubiera querido Yolanda. Qué grande, bautizar a un bar con nombre de neurotransmisor. Oh Serotonina, allí me iba a pasar horas y horas de mi tiempo libre en Banderley;  yo, que no era particularmente de bares ni del bebercio. Aquí aprendería muchas cosas, la primera que los ingleses beben a otro nivel; sur de Europa, diletantes! Y los irlandeses!... de ahí que Yolanda nunca se quisiera ir. Cualquiera de mis amigos fiesteros peninsulares aquí pasaría por un aficionado. Oh, las famosas rondas donde la pintas de cerveza aparecían y desaparecían, y vuelta a aparecer, menos para mí, que me acababa juntando con tres, Mariona la esponja. En estos años me he llegado a plantear si, como los orientales, tengo problemas con la enzima alcohol deshidrogenasa, que transforma el etanol en el tóxico acetaldehído, que sienta fatal. No es que me ponga roja como un tomate como los asiáticos del este, pero sí que llegado un momento, mi estómago no responde, se cierra, dice basta. Aunque, cartas boca arriba, también hubo noches "memorables", así llamadas precisamente porque aunque lo que quieres es olvidarlas, el personal insiste en magnificarlas, corregirlas, ampliarlas y, en una palabra, imprimir la leyenda. Nunca logré disfrutar de la Guinness, castigo que estando tan al norte y teniendo como amiga a Yolanda, era algo casi imposible de evitar. Pero fui, a mi pesar, leyenda. Más sobre esto en algún punto de Serial (donde esperamos que por fin haya pasado algo). 

Hoy tengo que llegar muy pronto a la planta, a ver si logro hacerme un hueco bajo el ala de Cook. No que quiera convertirme en uno de sus estúpidos castratti, pero estaría bien, como reto de hoy, que no me mande a casa a la media hora. Para ello, llegar una hora antes de la que estipula el contrato que firmé y, sobre todo, desterrar para siempre los vaqueros. Frente al armario considero entonces, mis limitadas posibilidades: tengo los inefables 501 en todos los colores... seguro que el viejo Cook no reconoce que son vaqueros, si voy con los negros. Aún así, hoy no me atrevo a probar, y me decido por una falda. Pero, el espejito mágico dictamina: demasiado corta. Saco la petite robe noire, el vestidito negro tan esencial en todo armario según Christian Dior: pero dónde vas, a una fiesta? Otra falda: pareces una colegiala. Un pichi: sin comentarios. Se ha hecho una montaña encima de la cama, estoy en esa odiosa situación del "no tengo nada que ponerme". Y no solo eso, además estoy atrapada a decenas de kms de la tienda más cercana, que sin duda será "Saldos La Dalia", en Whitby. Me tengo que ir ya y estoy en bragas. Literal y metafóricamente. 

No hay nadie en la cocina y el cielo, tozudo, no piensa en amanecerse (me gusta aquí este uso del reflexivo, seguro voces divergentes). Me costará aún unas semanas darme cuenta de que no es nada personal, que en estas latitudes simplemente es casi siempre de noche al final del otoño, y en invierno. Porque aunque de hecho salga el sol, los días son tan encapotados y oscuros, que sinceramente da igual. Vamos, es casi peor, llegas a añorar las noches de 6 meses de los polos, porque por lo menos ahí no tienen la esperanza de vaya a amanecer (y porque, seamos realistas, no hemos vivido en los polos). Aquí, todos los días, la estúpida ilusión; y todos los días, tortazo. Los días negros, las noches blancas. Dovstoieski. Lo que sea. Mientras me como los Weetabix con el ultimo culo de leche y sin fresas (juraría que dejé una barquilla aquí) apoyada en la encimera, se confirma en el reflejo del ventanal que por fin me he puesto el pichi negro con camisa blanca: soy la Mrs Honey de Matilda, o la Srta. Rottelmeiher. 

Un ruido en el pasillo me hace componerme: es Morgana. No la he visto desde la fiesta  sorpresa, pero Yolanda me ha hablado de ella. Mi conclusión (a compartir con nadie,  nadie por aquí conoce a Sabina): Morgana es la prota de "19 días y 500 noches",  siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga, y la falda muy corta. Una mujer de rompe y rasga, como quiera que eso se diga en inglés. Y efectivamente, ahí la tenemos, con el eye-liner perfectamente dibujado, que yo he desechado por las horas intempestivas, un vestido como el negro, que yo he desechado por festivo, y unos tacones asesinos, que yo he desechado por feminismo.  Todo lo que tú hagas en Banderley -me digo- Morgana lo habrá hecho antes, y con estiletos. Qué bien huele, es como siempre la interacción química de la piel con el perfume, ese algo puramente biológico que lo convierte en algo mucho más interesante en quien tiene las feromonas adecuadas.  O de Lancome?  No creo.

- Perdona? - Esta soy yo, haciendo el idiota, porque me lleva hablando un rato mientras yo hago de perfumista. 

- No, te preguntaba si hay leche...

- Eh, ah, no, me he terminado la poca que quedaba-y miro al bol entre mis manos, que me incrimina-... cómo va lo de la leche en la casa? 

Me mira como si fuera un escarabajo extraño. Ya me dijeron que la cestita metálica que hay a la izquierda de la puerta, en la calle, es donde el lechero deja las botellas de leche cada día. Son de cristal, tan vintage que seguro son las mismas que usaban en la Segunda Guerra Mundial. El primero que sale de la casa ha de subirlas, no cuesta tanto, algunos siempre alegan prisa, las dejan ahí y el conflicto es por la noche el tema principal de la cena. 

- Ah, sí... creo que recuerdo eso de la noche de la fiesta, pero no he vuelto a ver a nadie de la casa y aquella noche...

- No importa, yo te iré explicando, un momento- y desaparece, volviendo enseguida con tres botellas.- Ya... quieres un té? 

- Voy con algo de prisa - Sueno a excusa.

- Pero si  los las 7:30... 

- Ya, pero ayer aparecí en la planta a las 8:30, media hora antes de lo que pensaba, y Cook ya llevaba por lo visto media hora de reunión con el equipo y...

- Ah, vale. Cierto. Estás con Cook. Entonces sí... vete cuando creas. Claro que un día él llegará a las 11, y otro día a las 6. Nunca puedes saber con él.

- Trabajaste con él? 

- Ermmm... no. Pero he oído historias... ya te contaré. 

- Historias?

- Sí, no sé, a ver, historias, mejor llámalo un ambiente denso en esa planta: entre él y Harding consiguen que... 

Plop, ha saltado la tetera, que también parece vintage, un pequeño electrodoméstico soviético, con todas las pegatinas típicas de las instituciones "comprobación eléctrica pasada en tal fecha", y Morgana se está poniendo el té. No sé si es muy guapa, pero es de aquellas que lo intenta tanto, y que tiene tanta confianza, que consigue venderte la moto. De la fiesta aquella me llega un recuerdo, que en Banderley llaman intrusión: sus padres son de una familia rica de Kerala, pero ella es ya segunda generación. No tiene acento indio y es más inglesa-si pensamos en el vino blanco-que las que aquí. Pelazo impresionante, con movimiento y vida propia. 

- Qué perfume llevas? 

Antes de terminar la frase me doy cuenta de lo inapropiado, por personal, de la pregunta.  En qué estoy pensando. No fue ayer mismo cuando aquel paciente, Mr. Wood, me dijo que le gustaba como olía yo? Ay, y sentí como si el tal Mr Wood me estuviese oliendo de arriba abajo: "Una mujer debe ponerse unas gotas de perfume donde quiere ser besada", la frase Coco Chanel se filtra así sin permiso (intrusión, en Banderley), y entonces, qué lío, Mr Wood recorriendo mi cuerpo, imagen potente donde las haya para esas horas de la mañana. Cuando bajo de este momento semierótico-disociativo, Morgana, como el dinosaurio, todavía está ahí. Y afortunadamente, a ella le ha debido parecer una pregunta inofensiva. 

- Oh, se llama "Retrato de una dama", de Dominique Ropion... 

- Te sienta muy bien. 

Madre mía, sigo cavando en mi agujero. Y continúo, explicándole que precisamente cualquier otra persona con ese perfume no haría el mismo click. La pobre me sonríe, qué amable, y sigue tendiéndome una mano, como si yo pudiera ya salir del pozo:

- No es muy conocido...

- Ah no -risita nerviosa, me odio- solo conozco la novela. Nanosegundo incómodo, pero ella me rescata de nuevo:

- Buf, yo ni idea de literatura: solo leo psiquiatría y... el Vogue.

Con la cuchara señala la pila de revistas en la esquina de la sala. Hace una especie de mini-disertación sobre "por sus suscripciones les conoceréis": Sandip revista de criquet, Richard, de rugby y... de repente se para en seco, como cambiando de tema:

- Te tengo que presentar a Isabel, Isabel Archer: está en la casa de Edimburgo y lo ha leído todo. Escribe poesía y dice que está trabajando en psiquiatría solo para conocer al género humano, para poder escribir mejor- Hay inflexión en la voz, en "género humano", drama, drama.

- Estas de broma, no se llama Isabel Archer.... -me mira incrédula mientras asiente, no entiende-. Isabel Archer es el personaje principal de "Retrato de una dama"-le digo, como protestando. Morgana se echa a reír.

- No he leído a Henry James, así que no tenía ni idea. Ella se llama Isabel Archer, en serio. Y tampoco bromeo cuando te digo que con ese pichi, hoy vas a triunfar. 

Por segunda vez esta mañana, no sé dónde meterme. Era mi absoluta única opción, estoy dispuesta a iniciar una disertación autocrítica (y eso que acababa de llegar, hoy en día tengo un máster porque esta es una habilidad imprescindible en esta isla). Pero parece que Morgana no está de coña, y desde la superioridad que le da ser la residente más estilosa de Banderley, me lo creo: mi atuendo hoy tiene un pase. 

- Ese rollo colegiala católica le va a poner mucho a Cook. Claro que cuidado con el ama de llaves de El Resplandor... -Y con esto da un salto, deja su taza en el lavaplatos y concluye- Pasa un buen día, me voy a nadar!

Mientras cruzo la pradera hacia Banderley-C me planteo, pero acaso había ama de llaves en El Resplandor?  Yo solo recuerdo a las niñas del pasillo. Y tengo miedo.  Pero mi paso es firme, porque Morgana me lo ha dicho: hoy voy a triunfar. 

24 de noviembre de 2019

Fuera de Serial.

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Serial es exactamente eso, una historia que empecé hace un año, serializada. Está escrito sin planificar, y mi mentora en la distancia ELENA RIUS me lleva diciendo todo este tiempo que así no puede ser. Lleva toda la razón. Uno de los principales problemas es que lo escribo muy poco- pese a lo bien que me lo paso haciéndolo- porque es mucho más fácil para mí escribir una entrada cualquiera del blog, por no hablar de una crónica de viaje, que Serial. Total que entre la vida, los viajes y todo se retrasa, y luego pasa como ahora, que ya no me acuerdo ni de dónde iba. Como sospecho que esto me va a pasar más veces, voy a hacer un resumen que usaré en el futuro.  Ahí vamos.

Serial va de una chica española que va a UK a terminar su formación y trabajar. Ha estudiado medicina y se va a especializar en psiquiatría. Aunque lo parezca, Serial no es autobiográfico, si eso se puede decir alguna vez de algo de lo que escribimos (porque se escribe desde la biografía, vivida en primera o tercera persona, o soñada, o lo que sea). 

Capítulo 1-Viaje en bus nocturno de la prota (Mariona Calleja) de Londinium (donde ha llegado desde la península) a Whitby. Allí ha de esperar un tiempo a que salga un bus local a Danby. Localización temporal: estamos en Diwali (segunda quincena de Octubre). 

Capítulo 2- Haciendo tiempo en Whitby, Mariona sube a la Abadía, hoy en ruinas. Allí conoce a una gótica llamada Lucy fascinada con Drácula, y a su perro. Lucy, morbosa de lo oscuro, se impresiona con que Mariona vaya a vivir a Banderley, un hospital psiquiátrico en medio de la nada. Banderley es una "institución total", un campus donde conviven pacientes y personal. 

Capítulo 3- Mariona llega a Danby, el pueblo más cercano a Banderley, y espera en un pub, donde un ser misterioso (Faggin, con Inverness Coat) la va a  buscar. Por la noche llega a Banderley, que es un edificio victoriano como de película de terror. Allí la espera la temible enfermera jefa Sister Harding.

Capítulo 4- Mariona se despierta en su habitación y este capítulo es descriptivo: el edificio donde vive, uno más de los pequeños edificios de 2 plantas que hay esparcidos en medio de  praderas enormes, donde que comparte con otros residentes. Este es un día laborable, así que está sola, se da un baño, pasa un rato en la cocina/sala comunitaria del edificio. Entra SANDIP, un companiero indio con pocas habilidades sociales. 

Capítulo 5- Mariona va a Banderley-Central (Banderley-C), que es el edificio principal por el que entró la primera noche. Allí conoce a YOLANDA, residente de psiquiatría forense, irlandesa, y muy vital. También conoce otros sitios de Bancerley-C como la tienda del pakistaní (JAFAR), donde se compra un tubo de medio kilo de helado Haagen Daz.

Capítulo 6- Cuando vuelve a casa con el helado, otros residentes le han organizado una fiesta de bienvenida sorpresa. Entran más personajes que conoce por la noche. Este capítulo ocurre a la mañana siguiente cuando recuerda vagamente lo que pasó por la noche.  Mariona va a la maravillosa biblioteca en Banderley-C. Concepto psiquiátrico: Jaspers sobre diagnóstico.

Fuera de Serial: Aquí hago el primer "divague" de Serial, porque ha habido un vacío de meses, y tengo que refrescar mi memoria, y la de los divagantes. Así que me salgo y cuento lo que ha pasado antes, aunque no tan sistemáticamente como hoy. 

Capítulo 7- Primer día de trabajo. Va a su planta (Kraepelin), donde vuelve a estar la Sister Harding que le da miedo otra vez, y conoce a otros miembros del equipo. Entra CRAIG un fisio buenorro. Luego va a la oficina del psiquiatra jefe, Dr COOK, que es un matón que está reunido con sus juniors. 

Capítulo 8- Mariona queda con YOLANDA en Serotonina, el bar que regentan los psiquiatras residentes que está en lo que fue una caballeriza. En este capítulo le cuenta la humillación con COOK , que la somete a un interrogatorio teórico que Mariona pasa bien. Aún así la manda a casa porque dice que ha llegado tarde. Conceptos psiquiátricos: Neurotransmisores en esquizofrenia. Traducción de "delusion". El "ate". 

Este es el segundo (ojalá último, porque implicaría que no ha habido más lagunas) "Fuera de Serial", y mientras lo escribía, me he dado cuenta que tal vez sea un poco como esa estructura que ELENA me dijo desde el principio que debería seguir, y una especie de esquema para mí misma de personajes, acción y divagaciones de cada episodio/capítulo. Pero mirando hacia atrás, cuando lo que Elena sugiere es hacia adelante... Ahora me pregunto si llamarlos capítulos como he hecho es adecuado, y tal vez episodios sería más acertado. No lo sé. También se me está ocurriendo que mantener un diario del proceso de escribir al lado del relato, un "Fuera de Serial" pueda ser interesante. Seguro que alguien ya habrá escrito un libro donde hay trozos en los que el autor habla de su proceso, no sé. No hay nada nuevo bajo el sol. Lo que sea. 

Una última reflexión: recibo muy poco feedback de Serial, por razones obvias, pero comentaré un par. ELENA habló de la importancia de seguir manteniendo una "voz", cosa que me encantó, sobre todo viniendo de ella, porque qué es de la escritura si simplemente nos da datos contando una historia, pero no "oímos" a la autora. El segundo es Fashion, que opina que es muy lento, y que no pasa nada. Y siempre le digo, "sí, sí, enseguida pasará", pero el caso es que cuando termino cada episodio, me doy cuenta de que "nada" de lo que ella querría, ha pasado.

Total, que seguimos con este experimento que es "Serial". Si llegas aquí por primera vez, tómate unas coronitas y lee los 8 episodios, y engánchate: necesitamos muchos conejillos de indias, digo muchas voces críticas! :)

Muxus

di



20 de noviembre de 2019

Que Greta Thunberg llora

5 divagues
Campania de salud pública británica de los 50
En la península de los años 70, había una fórmula, presuntamente indicada para disuadir a los más pequeños de cualquier acción reprobable, que era "que el niño Jesús llora". Sí, todo muy tronado: "si le pegas a tu hermanito, el Niño Jesús llora", "si le pegas fuego a las cortinas otra vez, el Niño Jesús llora". Pero todos hemos visto los anuncios de la Sección Femenina. 

Bien, pues yo estoy usando esta técnica con Mini, con una pequeña variación. Sale el Niño Jesús, entra Greta Thunberg. Cuando se deja la luz encendida: "Mini, que Greta Thunberg llora". Cuando está bajo la ducha demasiado rato: "Mini, que Greta Thunberg llora". Cuando cuelga un TikTok, pega fuego a un parque, loquesea: "Mini, que Greta Thunberg llora". Hay gente que dice que los niños no entienden la ironía, pero aseguro que la mía, tras anios de exposición a estas salvajadas, tiene ya un máster y ni eleva la ceja.

Pero es que esto de la ecología no para de darme sorpresas. Yo ya he contado alguna vez que soy no solo fanática, sino visionaria en esto de la ecología (batalla contra el consumo, want-not-waste-not, las botellas de plástico-que el aeropuerto de Vetusta tiene una fuente gracias a mis emails y tal). Vale, hay alguna pequeña disonancia cognitiva ahí, pero estamos trabajando en ello: estoy esperando la "transmutación" para superar el tema transporte y que se prohíban los cerdos para dejar de comer ibérico. Plásticos, vertederos, gases de vaca, lo sabemos todo de su maldad; pero lo que no esperaba es el artículo que leí el otro día.

Ahora resulta que mandar un email mata al planeta. Enviar un whastapp. Una foto en Instagram. No digamos divagar. Y ya el colmo es mandar videos pesados. Cada mensaje que enviamos da la vuelta al mundo pasando por tropecientas "granjas de datos" haciendo sucesivas copias, y ocupando espacio. Dicen que ver una peli en streaming media hora consume la misma energía que conducir un coche 4 millas. Estas granjas (la del sur del UK está en Slough) consumen muchísima energía y, lo que casi es peor, producen un calor de la leche. Piensa en tu portátil sobre las piernas, cómo se pone; pues esto elevado a n. Así que las ponen en el Artico y tal, para que por lo menos se refresquen solas. 

Con estas ideas perturbándome severo llamo a Fashion, y le doy pormenores de la situación. "Un whastapp contamina?, espeta, Ya no vamos a poder mandar la berenjena?" Divagantes, no quiero saber a quién manda productos de la huerta, a mí solo me manda corazones o el emoji que babea. 

Pero al día siguiente, una hija de unos amigos de mis padres me pone un whatsapp con una buena noticia familiar. Tras la felicitación, se lo comunico a Fashion -por whatsapp-, y le pregunto si quiere el teléfono para felicitarla en vivo. Eso sí, aviso, tendrá que sufrir sus diarios estados de whastapp: absolutamente todos los días del anio pone un estado de esos de frase motivacional, con flores, o atardeceres. "Si lloras porque has perdido el sol, las estrellas y tal" o "el amor es paciente, bondadoso y más". Todos los días. Yo me pregunto de dónde saca este material, que está currado. Erróneamente, para el fin equivocado, pero currado. Y resulta que Fashion no quiere el teléfono, gracias, porque ya tiene el de su marido, que parece que cuelga TRES frases motivacionales al día. 

-En serio?, le digo, pero se las pasan de una a otro?
-Claro-contesta-venga a mandárselas entre ellos y calentando los servidores del Ártico. 

Soluciones que aporta Fashion: una frase al final de cada email como esas de "No imprimas este mensaje", pues "No contestes ni mucho menos reenvíes este mensaje", o bien "Cada vez que mandas una berenjena, un oso polar pierde su islote de hielo". "Con cada Instagram, se derrite un iglú". Y sobre todo, Greta Thunberg llora. 

18 de noviembre de 2019

El camino del exceso conduce a la sabiduría

5 divagues
"El camino del exceso conduce a la sabiduría": esta frase fue mi primer contacto con William Blake en aquella película de béisbol ochentera, "Los búfalos de Durham" (Ron Shelton, 1988). Se la dice el personaje de Susan Sarandon, una profe de literatura que chorrea citas célebres a Kevin Costner, "El Perdedor" sabio y también leído. 

"The road of excess leads to the palace of wisdom...
You never know what is enough 
until you know what is more than enough." 
(Proverbs of Hell)

Decir que esta frase fue mi primer contacto es un poco pretencioso, porque desde entonces no es que haya leído nada de Blake (aunque aseguro haber sacado la frase de mi chistera varias veces-si las recordara, seguro que haría un divague más interesante que este). Más bien me he limitado a admirarme de alguna de sus otras citas y poco más. 

"He who desires, but acts not, breeds pestilence".

Ghost of a Flea
Sin embargo, ayer me adentré a la exposición que sobre él ha montado la Tate Britain, ya que además de  poeta, Blake era pintor e impresor.  En todos los panfletos, guías, revistas describen a Blake como "visionario", y como no tengo educación artística no conozco exactamente de qué manera lo ha sido. Lo que sí queda claro es que Blake sufría de algún tipo de trastorno mental, manifestado por síntomas como alucinaciones, que él llamaba visiones: empezó a ver algún fantasma en su casa de Hercules Road, en Lambeth, y este en concreto ("The Ghost of a Flea") da muchísimo miedo.  

Art can never exist without naked beauty displayed.

La exposición está llena de alegorías y temática religiosa perturbadora; mucha serpiente rodeando a Eva, tentando, arrastrándose. Una no puede dejar de pensar en cómo el status quo imperante afecta a la enfermedad mental, y en épocas de profunda religiosidad era el tema pecado, culpa, infierno, paraíso, lo imperante en las ideas delirantes y alucinaciones, o en épocas de guerra fría lo eran los espías y los microfilms, y ahora lo serán los algoritmos, los microchips insertados para robar ideas del cerebro. 


Without Contraries is no progression. Attraction and Repulsion,
Reason and Energy, Love and Hate are necessary to Human existence.
From these contraries spring what the religious call Good & Evil.
Good is the passive that obeys Reason. Evil is the active springing
from Energy. Good is Heaven. Evil is Hell.


Hay muchísima gente en las salas: para algunos cuadros hay que hacer casi fila. Me pregunto lo que estarán pensando los asistentes. Salgo con la sensación de que tengo que leer más sobre Blake, de su contexto (la Revolución Francesa iba a pasar durante su vida), de su relación con Catherine, su mujer (al final de la guía hablan de su "extraordinaria colaboración", que "ella le terminaba algunos cuadros", y me planteo si será otro de esos casos de los que ya estamos aburridos en el arte, la literatura y todos los ámbitos, en los que ellas ocupan un segundo plano, inmerecido), de su irreverencia ("La pregunta en Inglaterra no es is hombre tiene talento y genio-sino si es pasivo y amable y un asno virtuoso") y de las hipótesis sobre su enfermedad mental (esquizofrenia? depresión?).

Al salir, camino por la orilla norte del río hasta el puente de Lambeth, que termina a la izquierda en el Palacio del mismo nombre, y a la izquierda aquel edificio donde vivían los protas de "Mach point", la peli de Woody Allen.  Ese edificio siempre me pone los pelos de punta porque en él hace anios un pobre hombre que sufrió un episodio psicótico mató sin ser él: nada más leerlo en la prensa supe que ese hombre estaba enfermo. Tal vez como Blake.  Paso por los "Old Paradise Gardens" (Jardines del Viejo Paraíso) que están detrás, y me parece que la temática blakeiana me persigue. Este espacio de césped y algún árbol fue donados por el arzobispo del Palacio de Lambeth, como cementerio para la Iglesia de St Mary, que está al lado. Todavía están las lápidas en hilera alrededor. Va a anochecer pronto, y como soy una drama queen, -y voy un poco pronto para recoger a Mini-, me siento en una de piedras con nombres irreconocibles, que hoy parece un banco. Está húmeda, y todo el parque es musgo, silencio y soledad. Solo falta un cuervo que se pose en alguna de las tumbas. 

Al llamar a la casa de la amiga de Mini, me abre su abuela, Judy, una seniora encantadora que, cuando le digo que vengo de la exposición de Blake, me pregunta si soy artista. Ella me cuenta su vida en diez minutos: creció de Uganda porque su padre era cirujano, ha vivido ya casada en Nairobi, trabajó como maestra. Y cuando vienen las ninias, les recita  de memoria un poema de Blake, que inmediatamente les pasa a explicar: "significa que, en la vida...". Yo no puedo parar de sonreír  y cuando termina le pido a su nieta que me lo escriba más tarde y se lo mande a Mini. Mientras nos ponemos los abrigos, Judy se ha ido al salón y ha estado escribiendo algo. Cuando nos despide, me da la poesía (Eternity, se titula) escrita de su punio y letra, preciosa por cierto. Gracias, Judy. Por las pequenias cosas de la vida. 



Eternidad
Quien se encadena a una alegría
malogrará la vida elevada
Pero quien besa la alegría en su efímero aleteo
vive en el alba de la eternidad.



15 de noviembre de 2019

Joan Margarit: Un regalo

9 divagues
Joan Margarit, Premio Cervantes. Qué dificil elegir un poema de su libro Joana, uno de los regalos más especiales que siempre guardaré. 

Por fin, "Les quatre de la matinada": pura crudeza, aullido que recorre todo el libro.  

Les quatre de la matinada
Udola el primer gos, i de seguida
hi ha un eco des d’un pati
i altres sonen alhora en un lladruc
ronc i sense cap ritme.
Borden, alçat el morro cap al cel.
Gossos, des d’on veniu?
Quin demà evoca aquest lladruc nocturn?
Aquesta nit us sento
bordant el somni de la meva filla
des del jaç, rodejats pels excrements
amb que marqueu el vostre territori
de cantonades, patis, carrerons.
Talment com jo estic fent amb els poemes,
des d’on udolo, udolo,
i marco el territori de la mort.


Las cuatro de la madrugada
Aúlla el primer perro, y enseguida
hay un eco en un patio, otros resuenan
a la vez en un único ladrido,
bronco y sin ritmo alguno.
Ladran, con sus hocicos hacia el cielo.
¿De dónde venís, perros? ¿Qué mañana
evocan los ladridos de la noche?
Oigo como ladráis al sueño de mi hija
desde el jergón, rodeados de excrementos
con los que señaláis un territorio
de callejones, patios, descampados.
Tal como vengo haciendo
con mis poemas, desde donde aúllo
y marco el territorio de la muerte.


Joan Margarit