24 de marzo de 2019

Y otra mani en contra del Brexit...

4 divagues
Y como siempre, la reportera destacada de d&d, en primera línea, retransmitiendo para todos los divagantes... 


Necesitamos inmigrantes para diluir los genes de esta panda

Mi jersey de la mani: al llegar a Hyde Park ya se habían caído dos...
Pasaba por ahí...



Intraducible...

Quienes luchan separados son vencidos juntos
Mini leyendo en la mani


Me encontré a Theresa!

El "Eton Mess" es un postre superrico a base de fresas y nata.
El juego de palabras aquí va con el lío (mess) en el que nos han metido esta panda de alumnos de Eton...

Versión de... "se han hecho de la piii un lío"
Y más juegos de palabras: Starlux de ternera, de pollo... y los británicos el tonto del pueblo del que todos se ríen
Que J... el Brexit



Brex-mierda

El mejor acuerdo es... QUEDARSE


17 de marzo de 2019

Seis años desde aquel "Writer's block"

21 divagues
Casa de Iris, en Céret
De verdad que no pensaba escribir nada. Es una especie de norma que me he inventado hasta que no me quite de en medio el mogollón vital que tengo. Me digo: "Di, no, el blog no, que has de terminar X". O bien, "tía, ni te lo plantees, qué me dices de meterte con Y?" o, tal vez "Hija mía, aún no has hecho Z, ya te vale". Pensaba que es justo lo opuesto al "writer's block", al famoso bloqueo del bloguero, que por supuesto he pasado alguna vez. Pero en el anti-bloqueo se te ocurren mil cosas que escribir, y no te dejas. 

Entonces, procastinando una de esas cosas importantes que debo hacer, me ha dado por buscar aquel divague, del que recuerdo perfectamente la foto (el ventanuco de la habitación que dormimos en la casa de Barichara de Bernardo), el de "Writer's Block" y entonces, oh, ha pasado una de esas magias: aquello lo escribí tal día como hoy, 17 de Marzo, Día de San Patrick, santo patrón de Irlanda, los pubs llenos de gente vestidos de verde, con gorros enormes y tréboles, de 2013. Hace exactamente seis años. Así que como dice Sábato que las casualidades no existen, he decidido que eso era una senial y debía escribir aunque fuera cuatro líneas. Porque sí, es posible, no tienes que escribir "A la recherche du temps perdú" cada vez, Di, me digo, mira los divagues del pasado, es posible escribir dos párrafos.  Dos párrafos para decir que esta vez, igual que aquella, escribo porque alguien al otro lado dijo que esto estaba demasiado tranquilo. 

Dos párrafos y otra ventana abierta, siempre metáfora de la esperanza de que la pesadilla termine y pueda de nuevo volver a escribir. 

Quiero volver a escribir. 

10 de marzo de 2019

"Quiero todo esto", de José Agustín Goytisolo

17 divagues
Quiero todo esto
 
Quiero ser informado sobre lo que ocurre
al más alto nivel
Quiero ver a la gente uno por uno
Quiero que me amnistíen por todo lo que pienso hacer
       de ahora en adelante
Quiero entrar en los cines sin pagar
Quiero que una persona de fiar escoja mis camisas
       y nunca se equivoque
Quiero un informe sobre el comportamiento sexual
       de los sexólogos
Quiero que los cocineros no sean obscenos
Quiero que ordenen llevar camisa azul a todos
       los que en su día la llevaron
Quiero que no me den gato por liebre
Quiero que el socialismo vaya sin más
       directamente al grano
Quiero aprender inglés en 15 días
Quiero saber con precisión exacta la verdadera
       forma del universo
Quiero que los croissants siempre estén calentitos
       y sabrosos
Quiero misas de culo y en latín
Quiero saber si el papel higiénico de la Real Academia
limpia fija y da esplendor
Quiero ser la Madre Abadesa
Quiero que se prohiban los canalones y la plusvalía
Quiero que el Imperio Romano no siga decayendo
       de este modo
Quiero que fichen a la policía
Quiero comer Potitos Bledine
Quiero el control de la natalidad con carácter retroactivo
Quiero que se sepa que el presidente de U.S.A. barre
para su casa de una manera descarada
Quiero amor
Quiero lanzarme en plancha y rematar marcando
       el sexto gol al Real Madrid
Quiero que Manolo no se quede calvo
Quiero saber si alguien me está robando los calzoncillos
Quiero entablar un juicio
Quiero volver a merendar en la terraza con mis primas
 y Tía Catalina
Quiero que me homologuen en Ohio
Quiero que alguien me nombre su Delegado en el Exterior
Quiero que Reus sea puerto de mar
Quiero que me devuelvan  la gabardina que me quitaron
       el diecisite de Noviembre de 1949 en el Cine Carretas
Quiero que dios exista
Quiero que los Catedráticos de Estética no sean tan feos
Quiero ser de derechas
Quiero jugar al mus
Quiero que no menoscaben mi integridad
Quiero tener aparcamiento reservado dondequiera que vaya
Quiero bailar el rock
Quiero que le salga un sarpullido al Santo Padre
Quiero una mantita en la barriga a la hora de la siesta
Quiero que se firmen todos los acuerdos
Quiero destituir a Bing Crosby de un modo fulminante
Quiero fugarme con la morterada
Quiero comer centollo con Julia y con la Ton
Quiero triunfar como una bestia
Quiero que no se me invite otra vez a disolverme
       pacíficamente
Quiero que emplumen a San Valentín
Quiero que Cataluña llegue hasta el Tirol
Quiero un felpudo igual que el del vecino
Quiero considerar seriamente la posibilidad de que 
me expulsen de cualquier país
Quiero unas garantías mínimas
Quiero que se suprima la circulación periférica
Quiero que en las cajas de quesitos hayan más quesitos
Quiero ir a las islas Filipinas
Quiero que se elimienen las condiciones objetivas ya que
por culpa de ellas todo sale mal
Quiero que no se tiren más a nuestras mujeres
Quiero tirarme a alguien
Quiero controlar el gasto Público partida por partida
Quiero ser bueno
Quiero que se me paguen daños y perjuicios
Quiero que cada pueblo tenga el gobierno que no se merezca
Quiero que no me avergüencen más en las autopistas
Quiero que no haya clase obrera
Quiero que trasladen las Fallas de Valencia
Quiero que no vuelvan los buenos tiempos
Quiero revolcarme en la alfombra del Hotel des Templaires
Quiero ser hábilmente interrogado para cantarlo todo
a la primera friega
Quiero sardinas en escabeche y pan tosatado con aceite y sal
Quiero ascender por méritos de guerra
Quiero que se me incapacite legalmente para no ser ya nunca
responsable de nada
Quiero que no me maten la ilusión
Quiero que no vuelvan a salir goteras en el techo
Quiero que todo el mundo cobre más
Quiero que no se me hinche la barriga
Quiero que me convenzan
Quiero un poco de caridad cristiana
Quiero que todos pasen por el tubo
Quiero un nuevo cepillo de dientes

Quiero todo esto
yo no puedo seguir viviendo así:
es una decisión irrevocable

José Agustín  Goytisolo, 1983
Como uno de mis desiderátums del 8 era "quiero ser valiente", aquí cuelgo hoy el original Quiero de José Agustín Goytisolo).

8 de marzo de 2019

Quiero (mujeres trabajadoras)

10 divagues
"Sáltatelo hasta la parte en la que la princesa llega
a lo más alto en la escalera corporativa"
Quiero que dejen de decir que son femeninas,   
                     no feministas
Quiero decirle "fuck you" en su cara
                 a ese imbécil
                 del trabajo              
Quiero sentir el pánico y la emoción de
                 nadar con ballenas
Quiero que mi hija estudie lo que quiera,
                 no "algo con salidas"
Quiero gritar al mundo que el chocolate
                tiene flavonoides y
                es una supercomida
Quiero volar, además 
               de soñar que vuelo
Quiero que todas las niñas crezcan 
               con la absoluta convicción de que 
               ellas pueden
Quiero ser paciente, 
                                    más paciente, 
                                                             menos impaciente
Quiero comer cualquier cosa 
                      que cocina mi madre.
                      Cualquier.Cosa.
Quiero que ninguna mujer se quede en casa
Quiero que, cuando hablamos, mis amigas 
                  que están lejos
                  sigan estando cerca
Quiero bañarme en una poza de montaña
Quiero reirme tanto que llore,
                 y las cosquillitas detrás del esternón
Quiero ir en bici a todos los sitios,
                 y que siempre sea cuesta abajo
                 y sin frenos como en La Graciosa, Mini
Quiero romper esquemas,
Quiero que todas seamos
                feministas salvajes
Quiero que mi hermana abra un blog, o un canal
               de youtube para reirme
Quiero gritar, en esta semana de afonía,
                 si es posible desde un acantilado
Quiero que salgamos todas a las calles,
                 y a las fábricas
                 y a los hospitales
                 y a las oficinas
Quiero comer fresas con nata, y chocolate
                derretido por encima (por los flavonoides, claro)
Quiero estar con la Yaya otra vez
Quiero el momento en el que Mini lea 
                Virginia Woolf
                Martin Gaite
                George Eliott
                Ana María Mature
                Joan Didion y
                las Bronte               
Quiero ser valiente
Quiero volver a tomar la leche con Cola-Cao
                justo como la hacía la Yaya,
Quiero que la Seguridad Social no se hunda pero
Quiero que los nacionalismos se hundan
                en el fondo de una sima
Quiero seguir hablando con mi suegra de libros
                por muchos años
Quiero viajar a lugares remotos y sin prisa,
                y escribirlo cada noche
Quiero hablar con la Colina, y con Vicenta, y con Lorenza
                saber quienes eran
Quiero hacer fotos para que digas
                qué buen ángulo, no se me hubiera ocurrido
Quiero que los divagantes estén 
                siempre aquí
Quiero recordar que Mini hoy me leyó en alto a Mary Shelley: 
               "Beware, for I am fearless 
                 and therefore powerful"
Quiero que nunca jamás haya una mujer
                 dependiente de un hombre
Quiero que entendamos que hay que hacerlo
                 juntas
Quiero derrotar al individualismo porque 
                 ya lo decía Tácito, "quienes luchan por separado
                 son vencidos juntos"         
Quiero vivir con menos
Quiero mirar las estrellas 
              en el desierto
Quiero comer croquetas de mi suegra
Quiero hacer importante divulgación: donde se consume más chocolate
              hay más Premio Nobel
              por metro cuadrado
Quiero salud, quiero amor,
             y lo suficiente para una vida digna
             para tod@s
Quiero dar patadas en el culo a todos los niñios
            que osen ser desagradables con las niñas
Quiero cantar "Libre" a toda vela
Quiero que ninguna chica se enamore
             de un pavo  20 años mayor
Quiero que mi hermana reciba una oferta
             que no pueda rechazar
Quiero lanzar una lanza o tirar una lanza, o lanzar una jabalina 
              o como se diga romper una lanza
Quiero bailar eso inconfesable 
              con mis amigas en la playa de noche
Quiero negarlo todo
Quiero sobredosis de endorfinas
Quiero luchar contra los elementos
Quiero volver a Itaca, donde
              ni que decir tiene
              me bañaré en pelotas. 


Quiero todo esto
yo no puedo seguir viviendo así:
es una decisión irrevocable.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

(Pequeñísimo homenaje a José Agustín  Goytisolo,
 va para todas las mujeres trabajadoras)




3 de marzo de 2019

Serial. Seis.

18 divagues
Cuando el pajarito de siempre me despertó, yo no sabía, por descontado, dónde estaba, ni la hora -por unos instantes no supe que existía el tiempo-, ni -más preocupante-quién era. Tras esfuerzos sobrehumanos, unas cuantas neuronas estiraron sus axones desesperadamente hacia alguna dendrita -todo muy oxidado- para concluir: estás de resaca. Oh. Metí mi cabeza bajo la almohada y la noche anterior, o hace un rato, empezó a desplegarse, como un origami de falda de mil plisados.

Mark. Joy. Will. Marla. Morgana. Richard. Greg. Nombres random, aleatorios, nos damos la mano. Aquí no se dan dos besos, ni tres como los pesados de los franceses. Nunca me han gustado esos dos besos al aire, así que bien. Bienvenida!, sonrisas, toma una cerveza. Y vienen más, de otras Casas, la azul, la roja. Y más cerveza, risas, más cerveza, las pizzas ya están listas, gritos, más cerveza, es de aquí, es una Ale local, alguno con ese interés me explica, más gente, más caras, la Casa verde, "¿quién dijo que hay una nueva?". Música, gente cantando himnos pop generacionales we-are-the-champions-my-friends, más cerveza, y carcajadas, y empezamos a tocarnos, cogidos por la cintura, casi diría que lo que tocamos es la exaltación de la amistad, esa que tantas veces antes, con gente de la facultad que luego no te saludaba al día siguiente, pero aquí exaltación con gente que no habías visto en tu vida. Y que luego, quién sabe, te apuñalarían con la misma sonrisa de hoy. 

Han pasado solo unas horas y las caras se pasean como proyecciones aquí -pongo las yemas de los dedos a los lados de la nariz-,  detrás de los ojos. Que me queman, como el estómago. Sandip no estaba, quién era aquel otro que hablaba tanto, también de amarillo, y aquella chica india con lazo azul, y había uno guapo de rojo que olvídate, Mariona, no queremos líos, rebonina unos meses, recuerda lo que dejaste, tal vez de lo que huyes. Y Yolanda, que se pasó un rato, también de azul, yo-la-vi-primero, y bebió como una burra, y nos abrazamos y prometimos amistad eterna, mientras todos estos nuevos amigos que de repente me amaban me avisaban de las "firmas" donde estaban los mejores supervisores, "firma" que aprendí no es un garabato, sino el equipo que forma un psiquiatra y sus Minions. Y eso que en aquella época, "Despicable Me" no se había estrenado. Pero los villanos ya existían, y según mis compañeros de pedal, Banderley era una macroplaca de Petri para su cultivo. Un atractor de malvados! Un imán de psicópatas! Todos reíamos pero yo, incluso borracha, tuve ese momento -que nunca admití- de inquietud. No hay nada más serio que el humor. Aquel de la esquina parece un cabrón. La que flirtea con el guapo me ha pegado un barrido, de arriba abajo. Eiii Mariona, para, que estás parana. Pero no es paranoia si de verdad te persiguen.

Hay más fragmentos de las conversaciones que empiezan a filtrarse, como instrusiones, mientras me lavo los dientes, me "ducho" (el hilo que sale por el estetoscopio me niego a llamarlo ducha), me visto. ¿De qué parte de España eres? ¿Quieres unirte a la banda? ¿Sabes hacer paella? ¿Por qué los españoles siempre habláis de política? ¿En qué rota de guardias vas a estar? ¿Quieres hacer investigación? ¿Quieres unirte al equipo de remo? ¿Sabes hacer tortilla? ¿Eres del Companion o del Oxford? ¿Cuándo empiezas a trabajar? Madre mía, ¿vas a estar en la "firma" de Cook?

Hoy era mi último día de aclimatación. Quién me iba a decir que me lo iba a pasar de resaca- mi plan había sido pasarlo estudiando en la biblioteca. Al día siguiente empezaba mi primer trabajo, en otro idioma: dónde quedaba todo el conocimiento que me había aprendido de los libros? Se me había olvidado todo, o esa era la impresión. Blanco total. En la península usaban el sistema americano de clasificación, aquí el internacional, estas cosas me preocupaban. Luego, leyendo a Jaspers, entre otras cosas, aprendería a ser una escéptica, "Cuando diseñamos un sistema diagnóstico, sólo podemos hacerlo si renunciamos a algo desde el principio y asumimos que tenemos que trazar la línea donde no lo hay. Por tanto, una clasificación sólo tiene un valor provisional. Es una ficción que seguirá ahí hasta que la sustituya otra más apta con el tiempo" pero me faltaban muchas horas de biblioteca, de Karl Popper y de charla con algunos de aquellos con los que me había emborrachado.

La biblioteca estaba en Banderley Central, pero también en la Casa teníamos una sala de lectura, a la que se accedía desde un lateral del Mess. Era una habitación agradable, luminosa de amarilla, y por los ventanales a los que me estaba acostumbrando este lugar. Pero en aquella época, cuando solo había unos pocos ordenadores para búsquedas muy específicas en Banderley-C, estas salas se reducían a unas cuantas mesas con libros a los lados, y algunas revistas del gremio. Vamos, lo que era la biblio de mi facultad, por ejemplo: con qué medios aprendíamos entonces, la memoria y los belorcios de Escolar, aquellos libros de recortables para aprender anatomía. No creo que por las tardes se pudiera hacer mucho allí, a no ser que te enchufaras al Walkman, siempre sin pilas, porque al lado estaba el Mess, con la tele, la chimenea y la gente entrando y saliendo para meterse algo en el microcondas, tomarse un té, despotricar contra su consultant o el psicólogo de turno, abrir un paquete que les llegaba de sus madres de ultramar. Y no terminaba con el día, por las noches te podias encontrar de todo y tener las mejores conversaciones en el Mess, porque las guardias es lo que tienen-y esto lo aprendí enseguida-: nunca he tenido un hambre más atroz que a las 4 am, al volver de una de las salas tras horas haciendo ingresos o lo que tocase. En esos momentos, creo que me hubiera comido hasta las pizzas congeladas.

En vaqueros y camiseta de manga larga me planté en el Mess, que seguiría siendo los restos de un tsunami hasta que pasara el pobre limpiador, le di a la tostadora y a la tetera simultáneamente, y al abrir uno de los armarios encontré la Solución: Alka Setlzer "for the morning after the night before", que gran eslógan. Fssss. Nadie se había levantado todavía. El sonido de una campana: era domingo, alguien debía llamar a misa, a qué misa, ayer alguien me habló de Kali, la diosa hindú de la destrucción, y otro se rió de su observación del Ramandán, cerveza en mano. 

Entonces, la biblioteca de Banderley-C pareció una buena idea en ese momento. Me obligaba a salir, la cantina estaba cerca, podía comprar algún sandwich en Jafar (ya había bautizado así, como al genio de Aladdin al pobre hombre que regentaba la tienda), y además no tendría que encarar al limpiador, con el desastre que era el Mess. Cogí uno de los chubasqueros amarillos que colgaban en la entrada, y mientras avanzaba por la pradera, recordaba que me contaron que todos se visten de "su color de casa" cuando viene alguien nuevo, para que todo sea más fácil. No es que yo tuviera el amarillo como el color estrella de mi armario, donde reinan el negro, el blanco, el azul marino, pero con el concepto chubasquero va bien. Me sentí bien en Drummond, esa era la casa Amarilla, no? Dios, ese Alka-Seltzer hace maravillas. 

La biblioteca estaba en el ala norte del edificio y, solamente de tocar el pomo de la puerta, me sentí invadida por la magia. Crujió como se espera de una puerta oscura tallada de tres metros, y automáticamente me deslicé por la grieta, como si fuera Alicia cayéndome por el agujero. Y si esto fuera un guión, aquí añadiría "entra música épica", y una cámara volaría desde el techo forrado de vigas de madera, con óleos entre medio, como si fuera una capilla, rapelando por las paredes forradas de libros, con sus escaleras, hasta llegar a los escritorios, cada uno con su lámpara verde de banquero y su superficie forrada de cuero. Solo me faltaba la Bestia-cuida con lo que deseas, no se vaya a cumplir-, yo estaba dando vueltas sobre mí misma con la misma cara de boba que la Bella. Cuando por fin me calmé, elegí uno de los escritorios en hilera, saqué mis libros, mis folios llenos de anotaciones, y me puse a repasar. Mañana empezaba mi carrera profesional, en la firma del Dr Cook, sin saber que un tal Capitán Cook había circunvalado por primera vez Nueva Zelanda, lo que me hubiera ayudado mucho más que saber qué antipsicótico es antagonista dopaminérgico. Eso y haber conocido a los Minions, esos simpáticos seres amarillos que sirven, a veces patosamente, a los más terribles villanos.


~~~Continuará, pero Serial empezó aquí~~~

20 de febrero de 2019

"Me encantan las pollas" / "Amo a Dick" de Chris Kraus: Mucho más que un juego de palabras.

30 divagues
"I love Dick" la novela experimental de Chris Kraus, publicada en los EE.UU. en 1997, fue por primera vez publicada en el Reino Unido en 2015. Yo hacía un tiempo que la veía en los montones de libros que montan las librerías (juego de palabras, yeah) bajo el epígrafe de "cult classics", con compañeros algunos tan maravillosos como "Fight Club", "American Psycho" (este no), "Brief interviews with hideous men"  o "Portnoy´s complaint". Un libro de culto, del que nadie me había hablado. 
   

En todo este edificio espectacular está la librería
Hace un par de domingos, tras una exposición sobre "Arquitectura y Bienestar" en la Wellcome Collection, de la que -ay, lo sé-, no divagué -ay, la vida se me come a veces-, terminamos tomando un té en una de mis librerías favoritas de Londinium: la que la cadena Waterstone´s tiene en Gower Street, en los dominios del UCL (University College London). Está en un edificio maravilloso, como de castillo de brujas, con sus torretas y todo. Por dentro, es un laberinto de pasillos forrados de libros, con un par de recesos semicirculares interiores donde fuera están las torretas, con sus cojines para sentarte a mirar libros. Es una de esas librerías donde una tiene que comprar siempre, porque si un día la cerraran, el mundo sería un lugar peor. 

Así que, en uno de esos pasillos está el montón de los "libros de culto", y de nuevo ahí me está mirando este libro de tapas negras con su ambiguo título en verde y rosa: "I love Dick". Ambiguo porque puede tratar de alguien que ama a un señor llamado Dick o, teniendo en cuenta que "dick" es también una manera callejera de llamar al pene, voilá: me encantan las pollas. La autora es Chris Kraus, y no es que me llame el juego de palabras, pero al leer la contraportada y los comentarios de crític@s del Guardian, Newyorker, etc definiéndola como "la novela más importante sobre feminismo escrita en los últimos 20 años" pienso, venga, vamos a ver de qué va esto. 
Torreta de Rapuntzel

Lo primero, sería un error conceptualizar esta novela como un "triángulo amoroso", aunque de eso parezca inicialmente que va la trama, y de hecho me pregunto cómo habrán logrado llevar esto a la pantalla, porque veo que hay una serie. Porque el supuesto triángulo es la percha donde colgar algo entre crítica cultural, filosofía performativa y ficción teórica. El marido de Kraus lo califica de "un nuevo género", entre la ficción, la filosofía y el reality-pero recordemos que en 1997, el reality no era lo que es, los teléfonos móviles eran ladrillos no cámaras donde fotografiar para compartir hasta lo que comemos, no existían las redes sociales y, muy importante, y no había pasado #Metoo. Era otra era, otro planeta, me atrevo a decir que otros cerebros, que estaban cableados de manera diferente.

Empezaré anotando que llamaré a esta novela experimental "la cosa", porque no es un roman á clef (ficción basada en realidad, con nombres cambiados- Nota parcialmente aparte: "Serial" tampoco es un roman á clef!!), sino que los personajes existen, aunque queda la duda de cuánto de lo que se cuenta ocurrió de hecho o en las cabezas de los personajes. El detonante, el encuentro en un bar es de lo que más seguros podemos estar. Ahí vamos.

La cosa comienza en un bar de sushi de Pasadena, Los Angeles, donde están los tres protagonistas. Lotringer, un catedrático que enseña Proust de 56 años.  Dick, un colega, crítico cultural inglés de 46 ("cuando eres adolescente, eliges a tus amigos por quienes son, no por sus circunstancias, que es lo que ocurre cuando eres adulto"). Y la mujer de Lotringer, Kraus, de 39, artista, judía ("los gentiles interpretan el continuo gritarse unos a los otros como hostilidad"), y directora de cine experimental. Kraus se autodefine como "no intelectual" mientras escucha la conversación (dos pavos reales enseñando el colorido de su plumaje, digo yo; "¿no es la Academia un asedio de los muertos por parte de gente que están demasiado fumados o asustados para enfrentarse a los vivos?", dice Kraus) sobre últimas tendencias en teoría crítica postmoderna, mientras considera que no se sabe expresar en lenguaje teórico, luego nadie espera mucho de ella, y está acostumbrada a tener muchas de estas conversaciones complejas ella sola en su cabeza. Por ejemplo, considera que, como artista, los escritos de Dick le parecen desesperadamente ingenuos, pero a la vez se reconoce como amante de cierto "arte malo", al que compara con la atracción de Jane Eyre por Mr Rochester. Mientras discurren estas dos conversaciones -la en voz alta entre los pavos y la mental en su cabeza-  Kraus nota que Dick la mira más de lo que la convención social estima apropriado. Vaya, que está flirteando. La tarde concluye con ambos yendo a dormir a casa de Dick por problemas en las carreteras, y por la mañana al depertar, Dick ha salido.
Dentro de la torre

Cuando se separan, Kraus le cuenta el flirteo a su marido, y le plantea que lo que ha pasado entre ella y Dick ha sido un "polvo conceptual" (Conceptual Fuck). Kraus nos cuenta que ella y Lotringer ya no tienen sexo, y mantienen su intimidad ("subliman", concepto psicoanalítico, esto es mío), suplen esta carencia con "contárselo todo" (Kraus lo define como "deconstrucción"). Esto es una "virginidad adúltera" porque, pese a no follar en nosecuánto, nunca se han puesto los cuernos (le acaban "confesando" a Dick sus década de fidelidad). Hay reflexiones sobre lo que le pasa a la pasión cuando se lleva, como ellos, diez años juntos ("La pasión se convierte en ternura, la ternura se vuelve blanda. El sexo se colapsa en una cálida intimidad (...) Era que el deseo me había abandonado? O quizás la fragilidad que viene con la cercanía, no sé", esta es de Lotringer). Pero ambos se emocionan con este nuevo estado de gracia de Kraus, porque además el que Dick se fuera por la mañana a por el desayuno es interpretado (se le da un "subtexto subcultural"): a Kraus le recuerda las múltiples veces que en el pasado, tras sexo de una noche, ha sido abandonada por múltiples tipos (a los que llama "cowboys", no se puede ser más gráfica). En un punto reflexiona: como no es ni guapa ni maternal, Romance Empírico, ella nunca es el tipo de los cowboys, que la dejan por alguien "más femenina/bovina". Acaban considerándola "quirky" (palabra usada para retratar a las mujeres difíciles y determinadas como "sin peso"). Kraus aún disecciona más el pasado, cuando los chicos (estos ya no necesariamente de una noche) la abandonan porque ella es del tipo de "la joven seria" (pelo corto, zapatos planos, lectora impenitente). "Qué hacer con una de estas chicas? La abofeteas, la follas por atrás, la tratas como a un chico. La chica seria busca sexo y todo lo que encuentra es un ejercicio en desintegración". Parte el corazón. A menudo me planteo que toda la represión católica no estuvo del todo mal: a veces los extremos se tocan y  el "hazte respetar" de las monjas no está tan lejos del feminista "no hago eso porque no me pasa por aquí". Kraus concluye que no hay manera de vivir el ser mujer heterosexual con orgullo. Es demasiado compliado.

Kraus y Lotringer hablan mucho sobre la teoría del amor/deseo, mientras que cuando Kraus ve a su amiga, hablan de las manifestaciones de este amor/deseo en libros/poemas, como si fueran un club de fans (la única manera de tocar estos temas, aquí lo sabemos bien).  Lotringer también habla de esto con  otra gente "intentando etiquetarlo vía los ojos de terceros. Adulterio en la Academia, John Updike se encuentra con Marivaux... La mujer del miembro de la facultad se arroja en los brazos del colega del marido. Esto presume que hay algo inherentemente grotesco, de lo que no se puede hablar, del deseo femenino".
Los pasillos

Kraus está en un momento de crisis creadora, su película está atascada ("cuando un proyecto falla, el fracaso debe convertirse en un sujeto también") y entonces, le pasa Dick. Se enamora (me gusta más la palabra en inglés, "crush", porque no tiene la raíz "amor" en ella. Enamorarse no tiene que ver necesariamente con el Amor con mayúsculas, esa cosa tan profunda que tiene siempre a la otra persona en el centro y como prioridad. En el enamoramiento, en los "crush", uno está totalmente centrado en sí mismo y, aunque cree que la otra persona le importa, al final esa preocupación es siempre en relación a uno mismo) (señorrr, cuándo abrí ese paréntesis), tal vez mejor decir se encapricha. En todo caso,  sea cual sea el verbo, queda claro que envuelve enormes niveles de energía. Y Kraus la canaliza, le escribe una carta a Dick.

Que a la mañana siguiente corre a compartir con su marido. Y los dos pasan horas y horas filosofando sobre su enamoramiento, y Lotringer escribe otra carta, y Kraus otra, que no envían. Y pasan días y días hablando de Dick, y la relación oloquesea, y Lotringer se pregunta si esta cercanía de repente de los dos, inesperada, solo puede pasar cuando hay una amenaza ahí afuera de separarlos. La cosa se transforma en una especie de proyecto de "amor-arte", una instalación, un juego (porque los textos se retroalimentan y acaban siendo eso, un juego), una performance en papel, en mucho papel, porque terminan juntándose con 80 páginas de cartas de ambos para Dick, en el que se habla de arte (me encanta en un punto cuando habla de una exposición en el Met con muchas explicaciones, á la Hirst, lo cual distancia al artista aún más del público y de sus colegas), de política guatemalteca, de esquizofrenia, de distintas artistas/autoras (entre ellas, Hannah Wilke), y de la filosofía personal de Kraus, que es de lo más interesante (me parto por identificación cuando describe que "por 25 dólares al mes pueden postponer deshacerse de esas cosas que todos sabemos que tenemos que tirar, pero que no podemos"... de esto se benefician los almacenes estos para diógenes). Con todo esto, veo lo que quiere decir Joan Hawkins en el artículo en el que considera ridículo que los críticos hayan interpretado este libro a veces como meras memorias, como un texto antiguo, "como si los últimos 20 años de teoría literaria sobre las prácticas significantes del lenguaje no hubieran ocurrido". 

Más pasillos

Y también nos habla de la indiferencia del pobre Dick, que, al fin y al cabo, es un personaje real, un tipo que es conocido menos por sus publicaciones que por haber sido objeto del "proyecto de enamoramiento" de Kraus, y que parece se trató de resistir intentando que no se publicase el libro (o es márketing? ya no me creo nada). Dick aparece en el libro algunas veces (sobre todo en la mascletá final) quejándose de que no entiende nada (Kraus hace cosas como leerle el capítulo 73 de Rayuela en su contestador automático) porque "no se conocen", cómo han podido levantar entre los dos semejante monstruo: pero lo que no entiende es que las cartas se han convertido en una forma artística en y por ellas mismas, un medio para algo que tiene casi nada que ver con Dick ("no sabía que, escribiendo cartas de amor, estaba escribiendo cartas al amor").  No queda ni siquiera claro si Kraus quiere tener sexo con Dick, porque se da cuenta que eso hará que todo termine porque "el sexo cortocircuita todo intercambio creativo". Así que Dick, eres superfluo y esto me lleva directa a Primero de BUP, en un colegio de monjas de una vetusta cualquiera, donde las alumnas eran seguro réplica de la adolescente universal de colegio segregado por sexos en las vetustas del mundo. Casi todas teníamos "crushes" con chavales que apenas conocíamos. El mío era Angelón, un chico de Vetustilla de la Torre que estaba en la peña de "los mayores" (él hacía COU), con el que no había tenido una conversación, literalmente, en mi vida. Lo veía por la calle, en el frontón, con su camiseta sin mangas, y no es que el tipo flirteara, como Dick, sino que presentaba con una indiferencia absoluta. Pero claro, también lo parecía la mía, y luego, cuando llegábamos al colegio, el pobre Angelón era desmenuzado hasta la saciedad, y quién le iba a decir a él que era el centro-junto con otros perfectos ignorantes-de horas de conversación de buperas aburridas. Quién me iba a decir si toda la clase de 2BUP de los Ursulinos de Arriba me conocían y se montaban películas porque un día me quedé un nanosegundo más atándome la deportiva izquierda. Pues así, Dick: tendrás 46, pero deberás saber que en el concepto "crush" no es impedimento no conocer a la otra persona. Es más, me atrevo a decir que es una ventaja.
Me encanta... 

Pero si Kraus ha ignorado en el fondo a Dick-la-persona, centrándose en Dick-El-Fantasma, para seguir con su historia, al final del libro, Dick se venga escribiendo dos cartas: una para Lotringer, en la que le dice más o menos lo de arriba, y otra para Kraus, que es una fotocopia (literalmente) de la carta de su marido. O sea, no puede ignorarla, neutralizarla ya más. Está claro que si algo le importa mínimamente es su relación académica con Lotringer. Al final, Kraus ha sido, como pasa tantas veces, el conducto para una relación "homosocial" entre dos hombres, de la que ella se daba perfecta cuenta: "toda la noche hice el papel de la esposa Académica", ayudándoles en el intercambio de ideas". Como dice Hawkins, esto enfatiza y deja claro cómo, incluso en círculos progresistas e inteligentes como este, las mujeres continúan funcionando como un objeto de intercambio.

En ideas como la del párrafo anterior, salpicadas por "la cosa", empiezo a atisbar porqué se ha hablado de este libro como una pieza clave del feminismo de los últimos 20 años (recordemos, 1997). Kraus nos presenta parejas igualmente cultivadas donde "ella ha leído todo lo que él, pero él tiene la carrera/reputación". En otros proyectos en los que Kraus y Lotringer han trabajado juntos,  y "su nombre había sido omitido al final, y lo ambiguo que él había sido, lo reacio a ofender a los que les pagaban" (lo que implica que los que pagaban, seguro que hombres, querían al hombre en portada).  En la puerta de una fiesta se encuentra con otra mujer que, como ella, descubre con desagradable sorpresa no está en la lista: ambas están con el nombre de sus maridos +1. El trabajo no especializado, de baja categoría, en la mujeres siempre acaba siendo degradante. La percepción de Ronald Kitaj (uno de sus objetos de disertación en "la cosa") sobre las mujeres: las chicas guapas son tipo-gato-sensual, sin ninguna barrera de resistencia, mientras que las mujeres serias son todas de mediana edad y asexuales-en resumen, caracteriza a las mujeres, como los hombres judíos suelen hacer en los arquetipos de hermanas, madres, tías o putas. Igualmente interesantes son sus reflexiones sobre las diferencias de análisis de la sociedad de los suicidios femeninos o masculinos: la vida de ellas es una espiral hacia la autodestrucción, toda su vida interpretada a través de su muerte (Janis Joplin), las chicas no pueden elegir la muerte. Para ellos, sin embargo, su muerte es el resultado de una vida plena que simplemente en su exceso fue demasiado lejos (Jimi Hendrix, Kurt Cobain). Los paneles de discusión con cuatro tipos blanco de cincuentaymuchos, todos divorciados y ahora con mujeres sin niños de treintaypocos. No importa lo que estos cuatro hombres van a decir, es como que ya lo han dicho. 

  Al final, ¿por qué escribir a Dick es una acto feminista? Y dice Kraus (vuelvo a recordar que de esto hace mucho tiempo, pre #metoo pre #cuéntalo) que escribirlo parece una "causa sagrada" porque no hay suficientes mujeres escribiendo/pintando/dirigiendo sin tapujos: "He fusionado mi silencio y represión con la represión y el silencio de todo el género femenino. Creo que el mero hecho de que las mujeres hablen, sean paradójicas, inexplicables, auto-destructivas y sobre todo lo demás, lo hagan en público es la cosa más revolucionaria del mundo". Kraus fue una visionaria. 

Para Kraus, ser mujer significa estar atrapada en lo psicológico, en lo personal. No importa lo ambicioso de tu visión o carrera, en cuanto una mujer incluye su propia experiencia y emociones, el telescopio se gira sobre ella. Porque las emociones dan tanto miedo que el mundo se niega a aceptar que puedan ser una disciplina, que puedan ser forma. Lo que hace Kraus es universalizar lo personal y hacerlo sujeto de arte, y dejar claro que la razón de que una mujer se revele a sí misma como en este libro no es auto-terapéutica, sino revelar y poner encima de la mesa las circunstancias de la objetificación de una misma.Su proyecto quiere terminar con siglos de "dickdom" (me encanta esta palabra, "reinado de la polla").


Te quiero, Dick, pero yo también quiero acabar con siglos de dickdom. Ahora entiendo porqué este libro está en los montones de "novelas (cosas) de culto".