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20 junio 2022

Serial 49. La fiesta

 En la habitación de Morgana hace bastante frío: está todo abierto, pero aún así huele a cremas y a su perfume, que tiene un deje de patchouli, la esencia de los hippies de los 60. Hoy los iluminados aseguran que funciona contra la depresión y la ansiedad - miro, y el frasquito encima de la mesilla se llama
Kōgai para un vestido sin espalda
Coco Mademoiselle. Ella se ha planchado el pelo -le ha quedado perfecto-, pero yo no puedo llevarlo suelto: la razón de ser de un vestido con la espalda al aire es la que es. No para de hablar mientras me hace un “recogido japonés”: después de enrollarme el pelo lo atraviesa con una especie de palo decorado llamado kōgai, explica, que se trajo de Okinawa. Allí es donde va Beatrix Kitto a ganarse la katana de Hattori Hanzō para matar a Bill, recuerdo. Morgana sonríe -ha pillado el lapsus cronológico. 

En la sala están Sandip, Duncan y Richard, todos de tuxedo - me encanta esta palabra, de ahí que no la traduzca. Me cuentan el programa: antes de la cena hay charlas con lo típico, logros de los últimos tres años, dónde va Banderley en los siguientes, la investigación que está teniendo lugar. Luego habla un paciente y el invitado especial, que este año es un famoso violonchelista que sufre de Trastorno Bipolar y está haciendo mucho por la divulgación de la enfermedad. Al final hay una entrega de premios en la que, básicamente, se premian a ellos mismos. 

Salimos de la casa sin abrigo: mediados de Diciembre, pero nadie tiene nada acorde con los excesivos trajes alquilados. Rodeamos Banderley-C para entrar por la puerta principal. Hace un siglo desde aquella primera noche que me abrió Sister Harding y pasé tanto miedo, y no precisamente por las gárgolas, que me siguen mirando desde arriba. Extrañeza ante tantos coches y taxis llegando con los invitados externos. La alcadesa de Whitby y dos concejales. Todos ellos llevan abrigos acordes, hay una mujer con una boa de plumas, pero nosotros parecemos de una compañía teatral: una panda de veinteañeros disfrazados de raso, terciopelo y brillantina. Pero hasta ahora estoy disfrutando de este baile de máscaras, sin máscaras:  me encanta mi vestido, aunque tengo frío, y aún no me he hecho a los zapatos, que son de Morgana. El clutch, esa especie de bolso ridículo de mano que nunca imaginé llevaría, venía con el vestido. Solo caben chicles, dinero, las llaves de casa y otra:  la del supuesto anexo al cuarto de reunión del grupo Bandersbury. 

La sala de los espejos no tiene espejos -bueno, tal vez un par- pero es igualmente preciosa, ya me habían avisado. Hay un escenario al fondo y un montón de mesas circulares muy bien decoradas. Al entrar nos saludamos con los amigos, ahí están todos: Will, al que hace mucho que no veo, y Marla. Isabel que pretende que no me ha visto fingiéndose muy concentrada en una conversación con alguien externo. Suchandra, en una esquina con Sandip, va con sari. Yolanda va de no-he-puesto-esfuerzo-en-estar-mona, como si supiera que es inútil competir con Morgana, de seda roja, espectacular. Todos estamos representando nuestro papel: me pregunto cual es el mío. 

Allá en el fondo está Sister Harding. Me impresiona: está muy guapa, no parece ella, sin ese uniforme de falda campaniforme con el reloj colgando. Parece tensa, mira a los lados. El doctor Cook, hablando con otros colegas de su edad, encantado de su evento social del año. Derek, el enfermero de las noches, ha vuelto para la fiesta y me saluda con el vaso desde la otra punta. Está también el señor Foster, el de mantenimiento, los de la cantina, Jaffa el de la tienda. Las enfermeras de perinatal. El fisio buenorro. Compas con los que no coincido mucho: Michael, el holandés, Greg, Joy. Todos. 

Nos han distribuído en las mesas de manera que no estemos con nuestros amigos: así se hacen posibles conversaciones que de otra manera no ocurrirían, especialmente con ex-Banderleys. Los británicos son únicos en establecer charlas superficiales que fluyan con cualquiera en cualquier situación. En mi mesa, todo señores de cierta edad - el más delgado detallando, quizás un poco de más su rol como editor de una revista de gran factor de impacto-, y al otro lado, Sister Harding, que me ha dedicado una especie de sonrisa forzada, de esas que se hacen con la boca pero no con los ojos, mientras coge una segunda copa de vino. 

El murmullo -ese que te hace preguntarte cómo mantienen tanto rato una charla de relleno- se rompe cuando sale el maestro de ceremonias al escenario: es un señor alto con un chaqué rojo y todas las tablas del mundo. Va dando paso a los distintos ponentes. Los camareros traen bandejas imposibles de copas de vino. En un par de ocasiones, Sister Harding me está mirando fijamente, con esa desinhibición del alcohol: esto me recuerda que no debo beber mucho hoy. 

Jackie du Pré
Ahora está en el escenario el hombre del chelo, contando su viaje por la enfermedad mental, cómo ha influido en su música. Pienso en otra famosa violonchelista de este país, Jacqueline du Pré a la que descubrí hace unos meses, una tarde en el cine de Whitby: estrenaron "Hilary & Jackie", un biopic dicen que algo sensacionalista. Salí impactada, no solo por la tragedia del desarrollo de su enfermedad, esclerosis múltiple, en medio de su carrera profesional, sino por la pasión de sus interpretaciones. Mientras el hombre se sienta al chelo recuerdo la melena de la actriz, Emily Watson, volando mientras se transformaba en du Pré al chelo. Bajan un poco las luces y supongo que nos va a interpretar la famosa suite 1 para chelo de Bach, pero no: son ingleses y anuncia un movimiento del Concierto para violonchelo en mi menor, Op. 85 de Elgar que no conozco. Carraspeos, ruidos de cristal que van muriendo y por fin silencio. Entonces, se para todo y comienza, y es un escalofrío,  y la piel de gallina: parece que haya sido compuesto para esta sala, para Banderley, para los páramos de Yorkshire. Salgo volando por uno de los ventanales, llego a la montaña donde fuimos en verano a ver las estrellas, y me quedo ahí, hasta que vuelven a subir las luces y todos aplauden y entonces, de repente, alguien dice mi nombre desde el escenario. 

Lo siguiente, estoy ahí arriba agradeciendo un premio que no sabía ni existía. No solo hay premios para los ex-Banderleys exitosos, o los que han publicado este año, sino también para los que nos hemos limitado a sobrevivir en una jungla nueva, mi único mérito. Y sí, para mí misma merezco una corona de laureles, pero en este fango hemos estado todos. El hombre del chaqué rojo está hablando -leyendo de una tarjeta, en realidad- de mis supuestas "extraordinarias dotes clínicas para lograr involucrar al paciente".  Qué mejor le pueden decir a un médico: es la parte “arte” de esta ciencia. Por un nanosegundo casi me emociono, pero es complicado todo desde el escenario: no se ve nada, solo un montón de bocas sonrientes desconocidas, y mucha luz. Pero de repente, la mente se enfoca y  ahí hay un plano fijo de peli: Cook y Harding se miran, y me pregunto si esto ha sido cosa de ellos. Ah, el final feliz: los villanos iniciales a los que la heroína se gana y terminan todos amigos. Qué bonito.  Un camarero en el fondo ordena al milímetro copas sobre una mesa blanca. Y todo serio, apoyado en una puerta lateral, Steen, que ha debido llegar tarde. Con los brazos cruzados mientras todos aplauden cuando bajo. In the dark end of the street, pienso y me siento.

El típico grupo de después de las cenas empieza a tocar. El vino se me ha subido un poco, tengo calor. Voy a la barra a por un agua y entonces oigo la voz de Steen: intentando la broma del ya-vamos-de-aguas. Me doy la vuelta y veo que él de lo que no va es de risas. Entonces interrumpe Cook: salvada por la campana.

-Ahhh doctora Calleha, felicidades por su premio, tan tan merecido- dice, tiene las mejillas muy rojas, me da un apretón de manos.

-Oh, qué va, pero muchas gracias - logro balbucear. Quiero irme de aquí.

-Seguro que la nominó el doctor Steen -y le mira. A Steen le cuesta reaccionar, no sabe si asentir o seguir de esfinge. Calcula la mejor manera de lograr su objetivo, que no sé cual es. Sigue Cook- Tiene mucho que agradecer a la doctora Calleha, doctor Steen: alguien tan junior y que lo hizo, me consta, tan bien.

Tierra trágame. Siento un frío enorme cuando por fin habla Steen:

-No tengo palabras para agradecer esos meses. Pacientes y enfermeras aún la echan de menos -dice, mirando solo a Cook, y entonces se gira hacia mí- Pero yo le hubiera dado el premio a su afán por saber. No tira la toalla si se trata de llegar al fondo de todas las cosas. 

Tiene esos ojos azules feos de tan uniformes. No hay una sola veta que indique mezcla, variedad. Decir fríos sería aburrido: es el azul de un nazi de película, un azul de sima marina, un azul ominoso e inquietante. Me disculpo diciendo que tengo que ir al baño  y allí, me mojo el cuello. Tengo el eyeliner corrido por todo el párpado: lo intento arreglar y lo empeoro. En el pasillo está Harding, que me hace un gesto con la cabeza.

De vuelta en la sala mis amigos están bailando y me escurro entre la gente hacia ellos. Alguien me agarra del brazo y gracias a la música nadie oye mi grito. Es Isabel Archer, que se pega a mi oído para felicitarme y metralleta de preguntas: que cuándo haremos el viaje de las Bronte, que si he empezado a escribir, que me quiere hablar de un grupo de escritura que tuvieron, Bandersbury, y si yo lo querría resucitar con ella. Me da vueltas todo: ¿qué dice esta mujer? No le contesto y me voy. El grupo sigue tocando ahora una canción que me encanta. Look at me with starry eyes /  Push me up to starry skies/ There's stardust in my head/ Pure and simple every time. Sigo avanzando entre la gente y ahí, en el espejo al lado del escenario, el reflejo de Steen solo, mirándome. Me abrazo a Morgana y Yolanda, estamos saltando. Fresh and deep as oceans new / Shiver at the sight of you. Sister Harding está en la barra, y sigue bebiendo, y sus ojos se cruzan con los míos. If love's the truth then look no lies /And let me swim around your eyes. Viene Sandip -verle bailar me alegra la noche- y Richard y Will y durante un rato me olvido de todo.  I've found a place I'll never leave /Shut my mouth and just believe/Love is the truth I realize. Isabel se ha ido, Cook está borracho, Sister Harding está ahora hablando con Foster, Steen con la alcaldesa. Not a stream of pretty lies/ To use us up and waste our time. Seguimos saltando, pero es imposible olvidar por mucho rato que bailamos sobre túneles en los que pasaron cosas horribles. No todo está bien. Lying smiling in the dark / Shooting stars around your heart. Entonces, una idea. 

Una idea, de repente, y es una urgencia. Tengo que bajar al cuarto anexo, y ha de ser ya. Todo el mundo está en esta sala: nadie me va a echar en falta. Salgo por la puerta lateral, todos han bebido mucho, nadie me ha visto. Camino por el pasillo por el que entré un día, esquivando los baldosines sueltos que conozco, ahí está la puerta lateral que baja al archivo. Ahá, la nueva contraseña de Mark funciona, y enseguida estoy en la entrada que lleva a los túneles. 

Hay alumbrado de emergencia, como el de los cines y supongo que si estos túneles se usasen más, instalarían las luces con sensores. Lo que hay son interruptores con temporizador que duran tal vez un par de minutos, tiempo suficiente hasta que llegas al siguiente. Otras veces he bajado con linterna, pero hoy ha prevalecido el sentido común: Mariona, linterna amarilla en el clutch, no -aunque la de ver anginas lo he sopesado. Voy dando las luces que iluminan el túnel, una tras otra. Al fin, ya estoy frente a la sala donde se reunía Bandersbury y efectivamente, ahí está la puerta del anexo. Abro mi clutch y -nuevo cliché-, con manos temblorosas saco la llave que, voilá, también funciona. El anexo es un cuartucho con estanterías hoy vacías. Qué decía el acróstico: "En anexo al Grupo Bandersbury, séptima baldosa izquierda, espero". Cuento siete, dos veces: tiene que ser esa, tiene lo que podría ser una hendidura pero está muy dura, no se mueve. ¿A quién esperabas, Sylvia? Me llevo la mano al pelo y estiro del kōgai: mientras me cae la melena sobre la espalda lo miro y sopeso si esto podrá hacer de palanca. Ahá: lo meto por un lado, empujo, y sale. Gracias Morgana. 

Debajo de la baldosa, madre mía, un cuaderno. Salgo del anexo con él, me doy la vuelta: sí, he dejado la baldosa donde estaba. Una vez en el túnel, busco el siguiente interruptor pero entonces, un ruido, con el eco que ya ha dejado de darme miedo de estos túneles. Es el clank característico de cuando se apaga la luz por el temporizador, y suena allá lejos, en el archivo. Y le sigue el click de cuando se vuelve a encender. Hay alguien ahí. Tengo la mano sobre el interruptor pero decido no presionar. Me quedo escuchando: otro clank, aún lejos, y otro click. Veo una luz al final del túnel, y no precisamente en el sentido metafórico: alguien se acerca. Empiezo a caminar, intentando un mínimo sigilo, en la otra dirección. He mirado tantas veces el mapa de los túneles que me lo sé de memoria, mis pupilas están enormes, ya acostumbrada a funcionar con las luces de emergencia. Sé que si voy por aquí acabaré bajo la piscina. Pero al llegar a una intersección hay un nuevo click, y todo se ilumina: y no he sido yo. Me doy la vuelta y ahí está el doctor Steen. 

-Ya han dado las campanadas y Cenicienta se va de la fiesta... -dice, apoyado en la pared. Y sigue- ¿Sabe lo que dice Bruno Bettelheim, el de "Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas" de Cenicienta?

-No, no estoy interesada en el psicoanálisis, igual que no estoy interesada en la astrología- le contesto, así con un tono de listilla que me sorprende hasta a mí. 

-Claro, claro, la doctora Calleja -y hace énfasis para pronunciar la jota- siempre tan cuadriculada, solo la evidencia, bla-bla-dibla. Pues Bettelheim dice que es un mensaje subliminal para las niñas: "si te lo pasas demasiado bien, perderás tu carroza". ¿Qué cree usted que simboliza la carroza? 

Mariona: si persistes, vas a perder tu carroza
-Algo aburrido edípico y por supuesto, sexual. Pero es solo eso, un símbolo inventado por Bettelheim. 

-Oh sí, claro claro, todo sexual... No es dificil ver la simbología del pasado, cuando perder la virginidad era un drama, se era señalada, y se perdía tal vez hasta la posibilidad de casarse... Pero hoy todo esto ha quedado muy anticuado, ¿no cree?

- ¿Ha terminado? Tengo que irme-le digo.

-No. Creo que usted se lo ha estado pasando muy bien últimamente. ¿Sabe qué carroza se está arriesgando a perder por un juego? -dice, y mira el cuaderno que tengo en las manos-. Pero ya se ha acabado: le cuento las nuevas reglas. Usted me da el cuaderno, volvemos a la fiesta y nada de esto, incluído lo que lleva usted haciendo durante meses,  ha pasado. 

-No sé de qué me habla- soy muy mala actriz, la verdad.

En estas circunstancias, todo ocurre siempre "demasiado deprisa": una excusa para que el narrador no aburra al personal con "y entonces pasó esto, y seguidamente aquello". Pero es que es verdad, todo pasa demasiado deprisa -atención al siguiente cliché- como una proyección de diapositivas: Steen se acerca y parece que me va a coger el cuaderno. Yo -o un ser feral dentro de mí- da un empujón y sale corriendo. Clank, la luz de apaga, creo que le he tirado al suelo, sigo la estela de las luces de emergencia. Vuelvo a la encrucijada, ya me oriento, pero de nuevo, click, ha dado las luces, se ha levantado, viene hacia aquí. Doy una vuelta por un pasillo por el que nunca había estado. Le despisto. Veo luces que se dan en la otra dirección. Vuelvo a correr un rato, luces, que se encienden, se apagan, clank, click, clank, aquí estoy: esta es la entrada de mi casa. Mientras abro, le veo al fondo, subo corriendo, le cierro la trampilla, gano unos segundos, estoy en el almacén de abajo, donde están los trastos, las maletas, el equipo deportivo. Vuelo a la primera planta. saco la escalera del desván. Puedo oírle ahí cerca, aún le llevo un rato. Subo, tiro de la escalera y contengo la respiración. No puede saber que estoy aquí arriba. 

Oigo sus pasos abajo un rato, cruje la madera. Entra en las habitaciones, me llama por mi nombre. Mariona, dice. Se acabaron los doctora Calleja, con esfuerzo en la jota. Mariona, repite.  Soy un personaje de peli de terror, y estoy poniendo su misma cara, seguro. Mis ojos navegan por el techo inclinado, la claraboya está oscura. Cuando pasa lo que parece una eternidad, dejo de oir sus pasos, pero puede estar por ahí, esperando. ¿Estoy enmedio de un sueño? Voy de puntillas al diván, me suelto las tiras que sostienen el vestido detrás de mi cuello y abro el cuaderno de Sylvia Lannister. Son las 2 de la madrugada.

15 junio 2022

Londinium Nightrider: La noche que fui Superwoman

La Nightrider es una carrera de bici no competitiva nocturna por las calles de Londinium. Empezó hace años con 200 participantes y este año tuvo 1800. Hay dos versiones: 50 y 100 kms. Sale y termina en el Parque Olímpico en Stratford, en el este de la ciudad y recorre desde calles anónimas hasta lugares de postal.

[Nota ,disculpa, disclaimer: Se me ha ido la mano, de ahí los títulos].

¿Deporte? ¿Me he confundido de blog?
¿Hay una sola entrada de este blog dedicada al deporte? (dejemos de un lado las que abuso a los que corren). No, padre ¿Soy yo o una replicante? Cualquiera en primero de divagando sabrá que me aburre el deporte, luego: ¿De qué oscuro tema va esto?

A ver,  "de joven" (que alguien me aclare cómo se dice esto sin sonar como mi padre) era otra cosa: en el cole el deporte es un elemento de socialización y no se me daba mal. Llegué a practicar deportes extremos como levantarme a las 3 am para ver partidos de baloncesto - [por cierto, mientras escribo, tengo a unas okupas en casa y una de ellas, que va por la vida con una camiseta de Doncic, ha tenido el nervio de decir que es del Madrid “porque juegan bien” -ahora está pagando sus pecados jugando al Monopoly con Mini, su hermana y el Peda]. Pero luego, si he tenido que elegir qué hacer con mi tiempo libre, nunca ha sido esto: no he pisado un gimnasio en mi vida, y lo único que disfruto es nadar, porque me gusta el agua. El resto (particularmente correr): un rollo. 

¿Qué no era el Nightrider?
Ni era un reto conmigo misma, ni tuvo ningún elemento motivacional del deportista, ni quise saber “si podía hacerlo”. Todos los pilares de la psicología del deporte lloran conmigo. 

¿Por qué, entonces? (bici + Londinium + noche).
Porque sonaba divertido. Me gusta ir en bici porque desde ella veo cosas, porque me da el viento en la cara, por ir de un sitio a otro, por bajar cuestas a toda leche, por descubrir sitios. No voy en bici "para estar en forma", sino porque me gusta la sensación, la velocidad, ese rollo. También me encanta pasar -gliding- a los pobres corredores todos esforzados, sufrientes y malhumorados (yo en mi bici sonrío, ellos siempre gruñones): ¿por qué correr cuando puedes medio volar? Siempre me ha encantado ir en bici y, está mal que yo lo diga, pero así como debo tener un gen autosómico dominante que me impide correr sin querer llorar al nanosegundo, debo tener un gen ciclista autosómico recesivo, pero ahí. 

Luego está Londinium, para mí la ciudad más bonita del mundo, porque es la que mejor conozco - y porque en un día de sol lo es. Un ciudad que no te la acabas nunca, con una personalidad como pocas y gente de todos los rincones -en mi barrio se hablan 176 idiomas. Pero también es una ciudad de terribles contrastes sociales (de la riqueza asquerosa extrema, construida sobre la sangre de otros, a la pobreza sin presente ni futuro, a veces a pocos metros) y todo esto, lo bueno y lo malo, lo ves desde tu bici, una cosa casi al lado de la otra. Nota: si combinas Londinium con bici y con música (sí, sé que no se debe), es un pequeño apoteosis con el me subo super arriba.

... y luego estaba La Noche: hacer toda esta ruta cuando todo estuviera tranquilo e iluminado. Tenía que hacerlo.

¿Quién quiere venir?
Nadie. (No tiene amigos, piensa el divagante, entristecido). Fue complicado: que era un montón, decían. Claro, también para mí, mi máximo desde que hay anales (un par de semanas, con una app que me bajé) eran 25 kms, y al día siguiente estaba para el arrastre. ¿Pero qué importa? También se está tiradísima un día de resaca, pero sales de fiesta y bebes porque es divertido. Esto era lo mismo; mañana, los dioses dirán. Nada.

Pero de la manera más curiosa me salió compañera: una colega que casi no conocía con la que acabé hablando de aficiones en mi appraisal. Pasados los días me enteré que era una “pro”, que había corrido varias maratones, triatlones, hecho la nightrider de Edimburgo (es escocesa), que hace remo (remó la misma mañana de la carrera), esgrima… en fin, que fui preparada a que esta mujer tuviera que esperarme todo el rato y, de hecho, fue al revés (el gen).

Logística
La carrera salía de Lee Valley Velo Park, el velódromo del parque olímpico en Stratford. De mi casa al velódromo ya hay 17 kms, así que si me iba y volvía en bici, la cuenta final serían 84 kms (recordemos, mi record son 25). Primer reto: encontremos transporte público, claro que hay que hacer un grado de combinatoria y estadística para entender en qué momentos y tramos en metros/trenes puedes llevar bici normal (vs. Brompton). Además, cuando terminase la cosa de madrugada, ¿qué hacer? Esto lo incluyo solo porque Fashion rió mucho con la idea de su hermana durmiendo en un banco abrazada a la bici esperando al primer tren.

Pero no: me salva Mandy, que así se llama mi compa, que por supuesto tiene un coche equipado para llevar las bicis en el techo y, super-amable, me pasa a buscar. He recibido abucheos por parte de JAL - que como buen Cuñado Universal le da a la bici por carretera -, y según él, es como la gente que “va al gimnasio en coche”. Pobre JAL, ha tenido mucha envidia de esta carrera y ha mandado memes crueles para sobrellevarlo. 

Disfrazada de semi-pro
Primer golpe de efecto: GoPro (cámara de acción) en el casco. Esta es la típica cámara que se tiene muerta de risa en casa - solo se usa para hacer videos bajo el agua de vacaciones. Como no voy a poder hacer fotos, decido ponérmela ahí, grabar y a ver qué sale. Mientras le duró la batería, fue grabando todo como lo vi yo, y las fotos malas que incluyo son pantallazos del video. También está grabada la conversación que ocurrió durante todo ese rato y, aunque les dije en casa que “Mandy habla mucho”, el Peda opinó que soy yo la que no le dejé hablar.

El culotte. Nunca me había planteado que el culotte es para proteger el culo. Hace unas semanas, alguien (otro pro) me avisó de la importancia de llevar relleno “de calidad” en los glúteos porque al final de estos eventos duele el culo. A mí antes jamás, pero parece que “no había hecho nunca 50km, ya verás”. El novio de Mónica -otro pro, y ya van…- me dejó un par que llevan tirantes. Yo los llevaba colgando hasta la salida porque cómodos no parecen.

Las gafas. Resulta que es de noche, luego no iba a llevar las del sol. Me llevé unas de Mini rosas, tipo John Lennon, que por supuesto no me puse.

Comedias en baño de festival. 
Velódromo
Una vez en el velódromo nos registramos, comemos un plátano y hago comedias en el baño portable (de esos de festivales) para ponerme los tirantes. Auténticas maniobras (orquestales) en la oscuridad porque, por lo visto, se llevan por debajo de la camiseta!-vivir para ver- y hay que quitarse todo para volverse a poner. Salgo del portable sintiéndome Don Pantunflo el de Zipi. Hablamos con algún que otro ciclista, hay dos chicas vestidas de bailarinas, estoy esperando a ese que siempre va de banana, pero no aparece.



22:15-Salida
Por fin, salimos en grupos como de 20, a las 22:15. Un hombre y su megáfono nos da instrucciones: se sigan las flechas amarillas (la gente lleva GPS con la ruta), no se infrinjan las normas de circulación, se pare en los semáforos -yo pensaba que la ruta iba a estar cerrada para nosotros pero no, la carrera es en calles abiertas y entre el tráfico. 

El hombre continúa: “iréis por partes que estarán muy tranquilas, no montéis jaleo que la gente duerme, y luego pasareis por otras muy bulliciosas, tened cuidado. Pasadlo bien, tenéis una noche preciosa”. Y es verdad: una de esas noches de verano, con brisita superagradable y una luna casi llena sobre Stratford.

La primera en la frente: nos perdemos
Nos perdemos cerca de aquí
La salida alrededor del velódromo es lo peor, porque tienes bicis por todos los lados, parece una mani y los motivados metiéndose por enmedio. Enseguida salimos a la calle y, cuestión de nanosegundos, nos perdemos: de repente no hay flechas amarillas. Estamos un buen grupo (si el primero se mete mal, el resto sigue) que hemos terminado en un sitio superoscuro desde el que se ve Stratford iluminado, incluida ahí al lado la Orbit Tower, esa torre observatorio y tobogán que se hizo para las Olimpiadas (según la wiki “la expresión más grande arte público de UK”).

Por fin vemos al siguiente grupo saliendo por otra calle y nos reincorporamos. Enseguida, la gente se empieza a dispersar y de hecho, toda la carrera va a transcurrir así: a ratos vamos solas, a ratos nos encontramos con pequeños pelotones con los que vamos un rato, todo muy relajado.


Mi ruta

El noreste
Si imaginamos una especie de elipse horizontal (arriba), hemos partido de su extremo noreste, y al principio, cuando la ruta va por el norte de la ciudad, no conozco nada: quién iría a "Fish Island" por su propia voluntad?  Tras un montón de calles oscuras y sin apenas tráfico pasamos por Victoria Park -me dice Mandy, que ha trabajado también en el norte de Londinium, no como yo que he sido una chica solo sur-, Bethnal Green, Hackney y Dalston (zona de modernos).

Toda esta primera parte, que es muy larga es una sucesión de calles residenciales oscuras y, de repente un “village”, o sea, una zona con tiendas y bares. Al pasar por ahí, te das cuenta de cuánta vida hay en la ciudad por la noche ("tienes que salir más"): pubs con gente en las mesas de fuera, tiendas de esquina con sandías en la calle, gente paseando a perros, muchos deliveroos (Globos, para vosotros) que se creen los reyes de la pista.

Seguimos muy por el norte de Islington, pasamos por el estadio del Arsenal. Si yo tuviera un equipo sería este - basado en que leí “Fever pitch” al llegar a este país, y Hornby te persuade muy bien. Ah, y por oposición: no ser del Man U. O del Chelsea.

Camden Town
Todo visitante de Londinium ha estado en Candem de día. Aquí hay que venir de noche, empezando por Koko (el selecto grupo de lectores de Serial sabe de lo que hablo). El ambiente lo empezamos a notar ya un rato antes, donde la masa de borrachos hacinada en la esquina de un pub nos jalea como si fuéramos el Tour.

La gente presenta sus respetos

Candem Town
Girando la elipse
Si me seguís en la elipse, ya estamos girando hacia el sur, por Regent’s Park. Primero entramos por su cara norte, donde hay unos apartamentos para morirse, y luego nos metemos por el parque donde hay la “mezquita central de Londinium”, con la lámpara más grande que he visto en mi vida. Ohhh ahhh.

Pleno centro
A partir de aquí, ya empieza el festival de Central Londinium: baja por Baker Street (sí, la de Sherlock Holmes), gira por Wigmore St (donde hace como que trabaja el Peda), y ya salimos a Regent St (en imagen), que está vomitivamente decorada con banderas por el fkin jubileo y en la que el tráfico es una movida, pese a que sea medianoche. Algunos del mini-pelotón en esos momento se paran a hacer fotos (de hecho, al final de la noche cuando veo a un tío meterse en un hotel en Stratford con su bici me doy cuenta que igual habrá venido gente de otras ciudades a hacer esto).

Regent Street, así la vio mi GoPro

Más Regent

Oxford St es la calle más horrorosa de la ciudad (ya he hablado muchas veces de que ha pasado de ser un centro del consumo mainstream -Regent's siempre ha sido algo más pijo- a ser el centro del consumo “El mañico”, con todas esas tiendas tapadera, blanqueo-de-capitales de tazas de la reina y caretas de Lady Di-la otra). Pues la parte que va hacia el este desde Oxford Circus hacia Totenham Court Road es aún peor, pero hoy, al recorrerla, en medio de buses y de rickshaws con bola de espejos de colores y música a tope (esto se grabó en mi GoPro) me siento como en un video musical. Me arrepentiré de haber escrito esto la próxima vez que pase por ahí, pero a esas horas y en ese estado: yeahhhhh!

Oxford St, carrera con un ricksaw

Puente de Waterloo-Waterloo sunset, amo a la humanidad
Bajamos por Holborn, pasamos Somerset House y cruzamos el río por el puente de Waterloo. Al entrar nos damos cuenta que hay un montón de gente de la carrera que se ha parado a hacer fotos, y nos paramos también. He estado en este puente de noche muchas veces, pero debe ser que estoy hasta el casco de endorfinas: nunca lo había visto todo tan bonito. Hacia un lado, la City, St Pauls, el Shard… hacia el otro, Westminster, el London Eye cambiando de colores. Uno de esos momentos de comunión que la gente alcanza con la naturaleza, y yo con la ciudad (ommmmm). Y cómo no recordar a The Kinks, qué bonita es esta canción...

Millions of people swarming like flies 'round
Waterloo underground
(...)
As long as I gaze on
Waterloo Sunset
I am in paradise


Desde el puente de Waterloo

Sea Containers, Oxo tower, the Shard et al


Descanso: fuera los tirantes
Bueno, ahora que todos habéis tenido un descanso con esta canción estratégicamente colocada, el descanso de las guerreras. Porque una vez en el sur del río, tenemos el descanso en el Imperial War Museum (los lectores de Serial recordarán a buen seguro que fue al principio el Royal Bethlem Hospital), con su par de cañones enormes, símbolos fálicos de militar acomplejado donde los haya (para constatar que no exagero, se clique aquí) apuntándonos enmedio de la noche. 

Está muy bien montado: pequeñas carpas para tomarte un té, y coger lo que quieras: barritas energéticas, bananas, cacahuetes, flapjacks, haribos… Y menos mal porque estoy con un ataque de hambre que me comería por lo menos el cañón de la derecha. 

De repente hace frío y me duele la espalda. Me quito los malditos tirantes y es como sacarte un sujetador de esos de balconette al final del día. Ahhh, mucho mejor. También saco de la mochila mis propias barritas y se las pongo en la alforja a Mandy (esta es la explicación de JAL de porqué Mandy la triatleta iba más lenta que yo: llevaba la alforja llena de mi comida). 

Psicología del deporte, según Mandy
Como he dicho, una especie de bestia parda se ha dado a conocer en esta noche: Yo. Quién lo iba a decir, pero durante los primeros 25kms, nunca he estado cansada o se me ha hecho pesada una cuesta: nada. Pero al parar, de repente el cansancio universal de una generación viene sobre mí y, de no haber estado con Mandy, quién sabe si no hubiera enfocado mi rueda hacia el sur, y a casa que hace frío. Como digo, esto no era un reto personal, pero claro, había que terminar con Mandy (la carrera, me refiero, no aniquilarla con mi conversación).

Ella me cuenta "cuánto ha aprendido de sí misma corriendo maratones" (ya os lo digo: no me interesa aprender nada sobre mí en esa circunstancia). Dice Mandy que cuando llegas a los 24 millas (o eran kms?) tienes una bajona física y mental, y por lo visto ahí es donde aprendes cositas, y luego de repente te da un subidón, viendo que el final está cerca, y ya llegas. Whatever. Llegas con cara de sapo, como todos los runners, no sonriendo y cantando "Waterloo Sunset". Sigamos. 

Las vueltas siepre se hacen más cortas
Cuando nos volvemos a poner en camino, descubro que me he quedado sin frenos de atrás. Vuelta porque no he dicho que hay una carpa con mecánicos que, Señores Lobo, solucionan problemas. Al salir ya bien, en teoría estamos en “mi territorio”, muchas veces voy en bici por aquí-pero nos volvemos a perder de las flechas. Como sabemos que se cruza por Tower Bridge (el famoso de la BBC - lo que el turista llama o “Tower of London”, que está al lado, o “London Bridge”, que es el anterior puente) tiramos hacia allá por nuestra cuenta y enseguida encontramos a otro mini-pelotón. Nos hacen fotos con el puente (hay fotógrafos apostados en sitios de postal) y luego nos metemos en un carril bici espectacular (por el que ya fui a Poplar a ver la Balfron Tower) y, de repente, así sin darnos cuenta… eh, los bares aquellos, eh el Orbit, eh el parque olímpico… ya estamos.

Llegada, vítores, Unstoppable today
Entramos en la pista que rodea al velódromo solas y se vuela, es una gozada. Cuando llegamos a la meta tenemos a los pobres de la organización aplaudiendo ilusionados (qué va a ser la vida el finde que viene, que nadie me aplauda?) A mí me da la risa todo esto: creo que están de coña. Nos ponen las medallas y suena Sia o similar a todo trapo. No eran estos los que decían en las instrucciones “no se monte jaleo que la gente duerme”? Sinceramente, no sé porqué no han montado una disco dentro del velódromo: con la subida de adrenalina que llevamos todos, qué fiestuki.

I'm unstoppable
I'm a Porsche with no brakes
I'm invincible
Yeah, I win every single game
I'm so powerful
I don't need batteries to play
I'm so confident
Yeah, I'm unstoppable today
Unstoppable today
Unstoppable today
Unstoppable today
I'm unstoppable today

[PS: Unstoppable es mi canción favorita de Sia: está pensada, seguro, para ir en bici... Gracias Mini. Parece que es la banda sonora de Superwoman, que no he visto, pero no es óbice para sentirme así ]
 
Sí, soy unstoppable pero aquí hay bocatas de bacon o salchichas y té y demás “para desayunar”. Son las 3 am y por supuesto me como todo como si no hubiera mañana. Sí, soy unstoppable pero ya nos tenemos que despedir, y encima ahora hay que encontrar el coche.

Adicta al aplauso y gracias Mandy
Hay que hacer otra vez el velódromo pero se me pasa la salida a la calle, tiro para adelante, Mandy me sigue y, sensación de dejá vu: el hombre aplaudiendo otra vez! Y el tío: “tu cara me suena”. Ay qué risa, llegábamso de nuevo a meta: se confirma: addición al aplauso barato.

Todas las calles se parecen y no es fácil encontrar el coche de Mandy. Con las alitas que me han salido, le digo que me deje en su casa que ya tiraré yo sola a la mía (en esos momentos me podría ir a Glasgow, su ciudad natal, apostillo). Pero se niega: gracias Mandy, sin ella no habría hecho yo esta movida. Ella sí que es superwoman, que estaba de guardia al día siguiente. 

Cualquiera se duerme ahora
A las 4:30 am me meto en la cama. He mandado algún whatsapp a mis fans en la lejanía (nada como los que aplauden a pie de carretera, pero bueno) desde el museo del falo. Los Jekes, por ej, han seguido todo al minuto -gajes de tener un Roc de un mes. 

El Peda abre un ojo y aconseja que me tome una melatonina. La emoción no deja dormir. No le hago caso inmediatamente, pero sí a los 5 minutos. Aún así me despierto mil veces, y a las 8:40 por fin me levanto para ser un zombie todo el día. Desayuno fuerte a base de ibuprofenos. A media mañana Mónica me manda esta foto:

La carrera muldial de bicis nudista 

Qué callado lo tenías: lo has hecho en bolas!! Puedo explicarlo todo: coincidencia, esa misma tarde fue la “Carrera mundial en bici en bolas”. Bueno, esto lo dejo para el año que viene: solo llevaré mis alitas.

12 junio 2022

Serial 48. Haremos que parezca un accidente, acrósticos y tal vez, quién sabe, (ante)penúltimo Serial.

Querido Jack. No. Hola Jack. No. A ver, el dear, querido, aquí es una fórmula más. Pero igual hola es más juvenil. Hola Jack. Hey Jack. Dear Jack. ¿Solo Jack? A ver:

Jack,

Espero que estés bien. No te he escrito antes porque no tenía tu dirección; de hecho no entendí por qué no la pones en los remitentes. Mi amigo Wences me recordó que en las notas del curso estaba tu bufete, así que aquí te escribo; espero que esto no suponga ningún problema.

Muchas gracias por las cintas. Escuchándolas pensé que igual conoces una canción titulada "The dark end of the street" de un tal James Carr. Alguien me habló de ella y no la consigo localizar. Sería largo de explicar, pero necesito la letra o por lo menos un resumen urgentemente.

(¿Un Saludo Un Beso Un Abrazo Sinceramente?. A ver:).

Un abrazo,

Mariona

PS. Me gusta la música que me grabas, me la pongo para estudiar. Y me han servido de mucho tus charlas para la sección legal de los exámenes; muchas gracias de nuevo.


A la mañana siguiente, echo la carta a primera hora. No dejo de sorprenderme por la cara tan dura que tengo: no me extrañará que no me conteste. De allí me voy al centro: me quedo en Londres el resto de la semana: voy a descubrir los rincones escondidos de la ciudad, intentar atisbar lo que debe ser vivir aquí. Paseo por calles y más calles con hileras de casitas victorianas, alucino desde los puentes sobre el Támesis de noche, me siento a leer en los cafés. La sensación de felicidad de, por fin, poder leer algo no relacionado con cerebros, comportamientos, neurotransmisores y síntomas es tan grande que casi no me concentro. El paciente del olor a quemado se me aparece varias veces, a modo de flashback. Y Banderley, con Mark ahí solo: qué estará haciendo. Espero que me haya hecho caso, o nos va a meter en un lío a los dos.

En un café en King 's Road saco mi agenda y empiezo un mindmap de esta historia que me consume. Primero los personajes, luego sus conexiones. De Lannister, en el centro, salen flechas al doctor Steen, a Isabel Archer, a Sister Harding, a los del grupo literario. Alguien me dejó el plano de los túneles, el candado, que quedamos era para despistar, que me llevó a la llave (quién: interrogaciones dentro de un rectángulo). Sigo: Lannister se comunicaba con Steen por las notas, casi seguro, pero ¿sobre qué? ¿Era solo literario, o personal? (escribo sobre su flecha "terminar búsqueda en notas"). Con Isabel parecía una obsesión unidireccional - admitámoslo, esto me lo estoy inventando, no tengo datos, aparte de las escenas-drama de Isabel, como aquel día con el poema de Auden, que seguramente lo leyeron en el funeral (anoto "hablar con Wil???). Y para terminar, ni remota idea de cual es el enlace con Sister Harding (inserto gran interrogante en la flecha que las une). Miro el mapa y me vengo un poco abajo, rompo el papel, salgo a la calle. No tengo nada, nada se sostiene, va a tener razón Wences con las bromas de Scully y Watson: está probablemente todo en mi cabeza, y cualquiera que haya hecho un curso de fin de semana de mecanismos de defensa me dirá que me he montado esta película para sobrellevar lo que sea.

La semana se pasa volando y el viernes vuelvo a Banderley: el sábado es la fiesta. Desde el tren van pasando nubes y enseguida se hace de noche. Vuelvo a mi libro, "Trainspotting" de Irvine Welsh. Estrenaron la peli -me encantó su energía- justo antes de venirme a este país. Pensé: ¿en serio? ¿Ahí voy? El director se llama Danny Boyle, el que antes hizo "Shallow Grave" y al que auguro una gran carrera. Iba a ver estas pelis a la filmoteca, parece que me preparaba viendo cine británico. Pero nada te prepara para esto. La novela es difícil: hay trozos en lo que parece escocés que me salto. La trama no es lineal, está narrada casi toda en primera persona, pero también hay tercera, y corriente de conciencia. Me gusta. Llego al párrafo del principio de la peli, oigo el "Lust for life" de fondo, lo tengo asociado al "Elige la vida. Elige un trabajo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige una jodida tele enorme... (...). Elige tu futuro. Pero, ¿por qué querría hacer algo así? Yo elijo no elegir la vida: elijo otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?" Guau, escribir así, con ese punch. Igual algún día.

Llego a Banderley muy tarde. Todo está tranquilo, todos duermen, solo hay alguna luz en las oficinas de las plantas. Me echo en la cama, ahí tengo el vestido de la fiesta, mirándome desde la percha colgado de la puerta del armario. Pienso en el archivo, pero yo misma me contesto: esta noche no, Josephine. Busco debajo de la almohada el pijama. Me duermo. A la mañana siguiente cuando voy al baño oigo murmullo en la sala: están todos desayunando. Me lavo los dientes y, aún en pijama, salgo a ver qué hacen.

-SORPRESAAAA!

Ahí están los cuatro, Duncan, Richard, Sandip y Morgana alrededor de una mesa con el desayuno listo. Sandip me da una tarjeta que pone "Lo hiciste". El desayuno es mi comida favorita, y han traído lo de siempre y lo que saben que me gusta. Hablamos de Londres, les cuento que he vivido la ciudad como los de allí, y lo que me ha gustado. Skylon, así se llama el restaurante, y tiene vistas al puente de Blackfriars y estaba todo iluminado y... Entonces paro y veo que están todos mirándome medio serios, con desconfianza, como si estuviera traicionando algo. Solo Sandip rompe el silencio:

-No te vayas a Londres, doctora Calleha.

Su voz de C3PO -nunca de Hal- resuena en la sala. Vale, ya me callo. Por romper, esta vez yo, el hielo, se me ocurre preguntar:

-Bueno, ¿y qué tal por aquí? ¿Ya todo preparado para esta noche?

-Ah muy bien. -dice Morgana- La fiesta, todo bajo control. Muchas ganas.

-Lo único lo de Mark, no podrá venir -dice Richard.

-¿Qué? ¿Mark? ¿Qué pasa? -pregunto.

-Ah, claro, que no sabes.... hace un par de días tuvo un pequeño accidente y se rompió el brazo. Está de baja, así que se ha ido unos días a casa de sus padres.

Al poco rato todos se van, y debajo de la ducha intento ordenar pensamientos: como si esto fuera posible, los pensamientos automáticos negativos van por libre. Tengo que encontrar el teléfono de los padres de Mark. Pero no hace falta: cuando estoy vistiéndome suena el teléfono en la sala. Me transfieren los de centralita, y es Mark.

Cuando, pasada casi una hora cuelgo el teléfono y me subo al desván a intentar escribir lo que me ha contado, estoy verdaderamente asustada. Es todo surrealista y desde luego no va a ser fácil explicárselo a Wences, si hasta ahora pensaba que era todo descabellado aquí: esto es un nivel más en el concepto "descabellado".

Obviamente, Mark pasó de seguir lo acordado. Sí, sí, cuando por teléfono me decía que me esperaba, realmente se lo creía, en serio. Pero luego no pudo resistirse; quería seguir leyendo. Faltaban unas pocas pacientes de mirar de la lista: ahí estaban las claves. Tras leer tres notas clínicas más, por fin llegó a Georgina Lister. Aquí no encontró nada de Steen, y se dio cuenta que, por la fecha de alta, esta fue probablemente la última paciente que vio Sylvia Lannister antes de matarse. Solo había una entrada que era el ingreso: no había formulación formalmente poética, ni excesiva en contenido como nos tenía acostumbrados en algunas-nunca suficientes-notas. Y digo nunca suficientes porque de todos los archivos que leímos, solo un pequeño porcentaje tenían "entradas Lannister" y a ambos nos encantaba leerlas. Y no exagero: ambos sufríamos un encanto, una especie de hechizo que no me extraña en mí, porque me conozco, pero en un chico que lee solo de su trabajo, y poco más, que se haya sentido transportado por un texto, como conseguía Lannister con su poesía, es mucho. Mark sabía que tenía que haber algo ahí: y leyó y leyó, y no lo encontró. Pero tenía que haber algo.


Los ruidos de tuberías, calderas, viento, crujidos, quejidos de un edificio de más de cien años deberían ser lo normal. Ahora, es imposible no interpretar todo eso como pasos, respiraciones, cuerpos que se escurren por los pasillos. Pero a no interpretar se aprende con tiempo y con dolor: aún recuerdo aquel día que se apagó la luz y mi mente tuvo a bien viajar a una cámara de anatomía patológica, imagen que pensaba tenía enterrada en mi mente hacía eones. Obviamente, Mark no había pasado por esa curva del aprendizaje y cuando me empezó a contar su fase personal de, “de repente oigo pasos, se cierran puertas y nosequé más”, pienso "te lo dije, no bajes sin mí", pero sigo escuchando porque el pobre, enmedio de todo ese bombardeo de cortisol tuvo una buena idea: arrancó esas páginas de historia clínica, las mal-dobló y se las metió al bolsillo. Entonces hizo lo mismo que yo, se fue a una pared lateral, donde encontró un recodo entre dos arcos, una especie de almacén que no sé qué función tendría cuando construyeron Banderley. Se paró, conteniendo la respiración, y todo se quedó tranquilo: típico. Tras unos minutos, se asomó antes de salir y de repente, típico también, un ruido grande, y no supo de dónde venía, una confusión, y no recuerda más. Cuando se despertó, estaba en el suelo, se había una caja enorme llena de libros antiguos de un altillo y no sentía el hombro ni la parte superior del brazo. Cuando la intentó mover: agonía. Y bueno, ya sé el resto: tiene el brazo en cabestrillo y va a estar unos días fuera. Se inventó un accidente en la máquina de remo y en urgencias nadie preguntó nada. Nadie sabe nada, ni él mismo. Tal vez la caja se cayó accidentalmente, eso es lo que quiere pensar. Por si acaso, es él quien me dice ahora que no baje al archivo, que tenga cuidado.

Antes de irse, me dejó las hojas arrancadas en un sobre, que iba a meter en el correo interno pero finalmente - la paranoia nos consume- decidió que quienquieraquefuese lo podría interceptar. ¿Es esto un folie-au-deux? ?¿Le he pasado mis ideas delirante? Las notas están en su taquilla del gimnasio, la contraseña es 3579, me la apunto en la mano y salgo a la pradera camino al gimnasio. El día está lluvioso, hace frío, no he cogido abrigo. Pero tengo un pálpito y decido antes acercarme al cuarto del correo en Banderley-C: hoy es sábado y no traerán las cartas a las casas. El encargado cree que estoy nerviosa por la carta del resultado del examen -es demasiado pronto, me dice-, pero aún así mira y me saca varias felicitaciones de Navidad, resultados del laboratorio y un sobre de burbujas. Bingo: Jack. Lo toco y aquí dentro hay otra cinta, perfecto.

Con las notas, el sobre de Jack y mi walkman vuelvo a subir al desván. Tengo toda la mañana para seguir armando este rompecabezas. Empiezo por las notas: un caso clínico, como decía Mark, totalmente normal. No hay ninguna de las técnicas a las que nos tiene acostumbrados ocasionalmente Lannister. Lo leo tres veces. Nada. Cierro los ojos, los abro, miro a través de la claraboya: sigue lloviendo.
Acróstico de La Celestina

Acróstico, no sé porqué esta palabra viene a mi mente, pero cómo era la otra, acróstico y... eso, estenografía! Los acrósticos son poemas o prosa poética en las que letras iniciales, medias o finales de cada línea, al leerse de manera vertical, forman otras palabras. En el cole se estudiaba el de Fernando de Rojas al comienzo de la Celestina. ¿Y dónde leí lo de la estenografía? Era algo de ocultar mensajes en un texto, para abrir un canal de comunicación que pase inadvertido a cualquiera que lo lea, menos a los interesados. Aquel libro de Los Cinco de Enyd Blyton viene a mi memoria: George, la niña que quería ser chico, una vez que es secuestrada firma un mensaje a sus primos como "Georgina", y esto les alerta de que algo no va bien. Los Cinco y Los Tres Investigadores y probablemente leí demasiadas novelas de detectives en mi infancia. Hasta tenía un libro ilustrado -recuerdo perfectamente la portada- "Cómo hacer de espías" (sí, hice lo de la tinta invisible con zumo de limón).

Me empiezo a poner nerviosa, miro otra vez los folios, comienzo a rodear las primeras letras de las palabras de cada línea y nada, no tiene sentido. Qué rabia. Le doy la vuelta al folio, persevero. Empiezo a rodear las últimas letras, nada. Luego las primeras letras de cada frase y, un momento, espera, esto sí tiene sentido: "En anexo al Grupo Bandersbury, séptima baldosa izquierda, espero". Lo releo: "En anexo al Grupo Bandersbury, séptima baldosa izquierda, espero". Así que los de las reuniones literarias se auto-llamaban el Grupo Bandersbury, y esto debe ser un "portmanteau", de esas palabras que se forman con trozos de otras. Hay miles en inglés, el famosos de Humpty Dumpty en Alicia a través del espejo: “mimsy”, de “miserable” y “flimsy”. Aquí, Bander-ley + Bloom-sbury = Bander-sbury. Claro; el grupo de Bloomsbury.

Vale, Bandersbury, os tengo y también dónde os reuníais: la Nochebuena que bajé a los túneles con aquella chica de Whitby -por cierto, qué tal estará- entré un momento en lo que debería haber sido vuestro cuarto de reuniones, ahora desmantelado, pero aún quedaba la gran mesa central, y las sillas. No me fijé si había puertas a una potencial sala anexa, pero seguro. Tiene que tener. En mi cabeza, todo encaja, todo tiene sentido. Pero cuándo podré bajar: hoy no, es la fiesta esta noche y hay mucho jaleo.

Ahora, el sobre de Jack: una cinta con, esta vez sí, una nota:

Querida Mariona,

Me alegra, finalmente, saber de ti. Claro que entendiste por qué no puse mi dirección - la tenías en las notas del curso.

Aquí sí que me has sorprendido: me pones deberes. "El tal" James Carr es uno de los grandes del soul. Podía haber sido uno de tus pacientes: sufría de trastorno bipolar. Esto limitó su carrera, pobre, siempre entrando y saliendo de los hospitales. Como buen barítono, el color de su voz es oscuro y con esa profundidad borda ”The dark end of the street”, la canción que me pides - que no es suya, por cierto. ¿Un resumen? Va de un amor prohibido, con mucha moralina-son los 60 y Carr era hijo de predicador: el chico describe cómo se esconden en las sombras para ocultar “su pecado” y cómo “el tiempo nos pasará factura”. Y si se encuentran por la calle, le dice a la chica, “sigue andando como si no nos conociéramos, y no llores, porque esta noche nos encontraremos en el lado oscuro de la calle”.

Te la he grabado en la cinta en loop, porque una vez que la pongas, no vas a poder dejar de escucharla.

Un beso,

Jack

PS. Otra canción de Carr que deberías conocer: “You've Got My Mind Messed Up". A ver si esta eres capaz de encontrarla sola.

At the dark end of the street
That's where we always meet
Hiding in shadows where we don't belong
Living in darkness to hide our wrongs
You and me at the dark end of the street
You and me

I know time is gonna take its toll
We have to pay for the love that we stole
It's a sin and we know it's wrong
Oh, but our love keeps coming on strong
Steal away to the dark end of the street

They're gonna to find us
They're gonna to find us
They're gonna to find us lord, someday
You and me

And when the daylight hour rolls around
And by chance we're both downtown
If we should meet, just walk on by
Oh darling, please don't you cry
Tonight we'll meet at the dark end of the street
You and me

El bueno de Jack, qué juguetón: cómo me gusta eso, y que me haya cogido el guante con lo de su dirección. Pero ya lo pensaré mañana: no tengo tiempo ahora. Mi mente va a mil, volvamos al principio: con esta canción, Steen le dice a Lannister "esto es lo que hay, de día no me saludes", ¿sí? Meto la cinta, click, clack, esos ruidos, y le doy al play. Living in darkness to hide our wrongs. Tonight we'll meet at the dark end of the street. You and me.