23 de octubre de 2017

Rabat y Medina (Malta 5)

1 divagues
Miércoles, 18 de Octubre de 2017

Hoy toca Malta centro, y comenzamos por la maniana cruzando la isla casi de lado a lado (este a oeste) para ver los Acantilados Dingli. Pero antes vamos al punto más alto de la isla (Ta 

22 de octubre de 2017

Día de aventuras que incluye ser rescatados a los gritos de "Aya Aya" (Malta 4)

3 divagues
Martes, 17 de Octubre de 2017


Esta mañana es la última que estamos solos, ya que "los señoritos" (léase con acento de Hattie McDaniel cuando dice Srta. Escarlata) vuelven de Sicilia (me dio un rato de coña pensando en "Arriba y abajo", los señoritos (voz de Gracita Morales) son los dueños del villorrio y nosotros "los de abajo", "sección servidumbre" que diría Bryce. Total que aprovechando que no están nos damos un baño muy chulo (llamémoslo de ahora en adelante "refrescante", o sea, de esos que te metes y juras en hebreo, pero luego te acostumbras y te quedas bien), que acabamos en bolas, porque para algo somos "los de abajo" dejados a nuestro libre albedrío, tomándonos la justicia por nuestra mano (nunca habéis pensado lo que harán los mayordomos y demás peña en Buckingham Palace cuando la reina se va a Balmoral? Saltar en los colchones de plumas es lo mínimo! Mini no está de acuerdo en algunos de nuestros excesos, pero ya se sabe que los niños son muy conservadores. 



Hoy nuestro objetivo es el sur de la isla, donde hay varios puntos interesantes para nadar. Por supuesto, hay que atravesar el terror de autovías alrededor de Valetta, e hiperventilo considerando que tenemos que estar muy pronto en el aeropuerto el último día, y la imagen nuestra perdidos siguiendo a Bolitazul por todos esos excalestrics me da pavor. Como ya han pasado unos días no recuerdo si nos perdemos mucho, o solo lo justo, pero en algún punto de la tarde temprana estamos ya acercándonos a la península de Delimara, que a su izquierda (mirándola de frente, desde un mapa) tiene la horrorosa Bahía de Delimara (adjetivo no gratuíto sino por la estación energética que ocupa gran parte de ella: las chimeneas se ven desde muy lejos y dan terrible bajón). Aparcamos cerca de ellas, y vamos por un camino un rato, hasta que llegamos a un pequenio aparcamiento con dos coches (cómo han llegado hasta allí?) donde un anciano se está quitando el neopreno al lado de un pulpo tendido como si fuera una camiseta mojada. Bajamos escaleras y allá al fondo vemos la mítica St. Peter's pool (la piscina de San Pedro). 



Las fotos que habéis visto por ahí no mienten: el agua es verdaderamente así de verde y transparente. Se trata, de nuevo, de una zona geológicamente interesante, porque se nota que esto fueron cuevas, y un día un buen trozo de la bóveda de una cayó (como el año pasado vimos en aquella cueva (Megalissi)  en kefalonia, donde cantaba el barquero),  y dio lugar a esto. Hay bastante gente, y no quiero ni imaginar lo que debe ser esto en verano. Se puede entrar la agua por la zona de la izquierda, donde hasta hay unas escalerillas de piscina, por allí nadas y terminas en la entrada de la gran cueva sin techo que es la piscina de San Pedro. Puedes seguir nadando y sentarte en trozos de cueva que aún quedan hacia dentro, con cuidado de que los "saltistas" no te caigan encima. 



Lo de saltar, unos 5-6 metros, ni me lo planteo... pero ahora mi tarea consiste en prohibirselo a mis compas de viaje, que son dos inconscientes. Vemos todo tipo de gente saltando, incluso dos musculados que hacen parejita y uno va de cara y otro de espalda, todo a la vez. Me recuerda esos retos de saltos de Red Bull tan chulos que hacen en sitios emblemáticos (claro que mucho más altos). Aquí os enlazo un video muy simpático enviado por el divagante Lux de un hombre que se lanza con su perro (que solo salta con él, tal es su lealtad perruna).




El caso es que el snorkel aquí también está muy bien, y nos pasamos un rato encantador viendo pececitos. Porque para emociones, ya vendrán durante la tarde: somos los Pedalistas, recuerden,  anda que no nos gusta meternos en La Boca del Lobo (no, en serio, no nos gusta... solo que a veces, acabamos). Y hoy no es una excepción. 

Todo comienza por mi gran sugerencia de volver al coche por otro camino, pues "por aquí arriba" (hacia el sur de San Pedro) habrá buenas vistas. Sí, efectivamente, seguimos bordeando  la parte este de la península de Delimara, donde todo lo que se ve es un mar fantástico (recordemos que al otro lado está la central energética). No sabemos que al final está el "Delimara Point" y en un punto nos planteamos si deberíamos ir hacia adentro (cruzar la pequeña península). Ni que decir tiene que Mini, amante de la aventura, está disfrutando con este "salirnos de lo conocido" y se ofrece a meterse por un sitio a ver si hay salida. Por supuesto!!! Venid, venid!! aquí se sale a la carretera. Pero cuando subimos y la alcanzamos nos encontramos con los pies en una tierra roja removida, que si no fuera seca parecerían arenas levemente movedizas.... Mini, donde nos has metido? Solo queda tirar para adelante, estamos de lleno pisoteando (lo menos posible, por los laterales) campos de cultivo de honrados señores malteses. Subimos una pared-delimitación de esas que hacen con piedras, y allí hay un hombre cavando su parterre. Yo les digo a mis compas y creen que exagero: esto llega a ser en los EE.UU. y el hombre nos da la bienvenida con un par de disparos de su rifle, con suerte al aire. Sin embargo, le digo al hombre, con cara de pena: "LOST!" (Perdidos!) y él sonríe y nos da unas cuantas directrices de cómo salir de ahí hasta el camino.

Llegamos al coche con tierra roja entre los dedos de los pies, polvo y sal, que ya traíamos del baño. Tres zombies (y no de estos nuevos que corren, precisamente). Nos metemos al Hundai dispuestos a que Bolitazul nos vuelva a engañar. Nos lleva alrededor de toda la bahía de las chimeneas (en la esquina más al oeste hay una sub-bahía llamada "Pretty Bay"... seniorrrr) y por fin parece que vamos encaminados a nuestros siguiente destino: Blue Grotto (La gruta azul).

Parece que hay que pasar por un pueblo llamado Zurrieq, y desde allí se baja hasta la gruta. Bolitazul dice que por aquí, que por allá... son carreteras muy comarcales, pero vamos bien. En un punto, nos pasamos un desvío por el que Bolita quería que nos metiéramos, y se pone a saltar y a hacer esos aspavientos de princesa malcriada que conoceréis, así que tiramos para atrás, y nos metemos por ese camino que ella quiere. Al principio, bien: un camino sin más. De repente, vamos entre esos pequeños muros de piedra que se hacen para delimitar los campos, solo que estos son más altos de lo común y, esto... se van estrechando. Tanto tanto que justo cabe el Hundai, y que nos empezamos a plantear si esto ha sido una buena idea. Bolita está en su salsa, casi no se mueve, simplemente está disfrutando de la situación.

En ese momento, dos hombres de campo de unos 70 años vienen por el camino hacia nosotros. No entendemos lo que dicen pero empiezan a gritar, se ponen las manos en la cabeza y hacen gestos de "esto no está pasando". Cuando los tenemos encima nos dicen que ese camino no es para coches, que cómo nos hemos metido ahí, que cada vez se hará más estrecho, y otras profecías así. Y ahora que hacemos? Le pido (imploro) al del bigote que abra un portón que entra a un campo a la derecha para dar la vuelta, pero nos dice que no es suyo...no podría llamarle? En estas que aparece otro anciano de frente, esta vez en bicicleta, y el del bigote dice que le sigamos, que el siguiente portón es el suyo, y que nos lo abre, y yo a punto estoy de bajar del coche y besarle.

Abre el portón y, con gran dificultad, el Peda mete el Hundai en el huerto del buen hombre. Los tres nos van dando indicaciones a grito pelado: "AYA, AYA,  AYA!!!", mientras hacen esos gestos que les encantan a los hombres, de cualquier país que significan "todo el volante". Ni que decir tiene que pisoteamos algunas lechugas, pero la situación es extrema. Yo llego a estar sola, sin la calma secular del Peda y directamente habría roto a llorar, mientras espero a un helicóptero. Qué nervios terribles, mi pie derecho apretando a un freno imaginario, y cuando por fin logramos estar enfocados de nuevo en el camino, aún estoy temblando. Les damos mil gracias a los agricultores, a los que imagino contando esta anécdota en el bar, la de los guiris con coche en el camino la huerta. Y todos descojonándose (a falta de otro verbo tan gráfico). Después de haber dado la vuelta y todos los sudores, hay un punto en el que oímos un scracth y más tarde al bajar vemos las rayas que le hemos hecho en la puerta... en fin, el seguro se encargará, dice el Peda siempre ommmm.

El día de aventuras aún no ha terminado, porque ahora ya estamos cerca de la Gruta Azul, pero hay un mirador que da al mar y a las cuevas, y mis compas quieren parar para hacer la foto y comer algún snack. Cuando bajamos a la foto, por un estrecho camino, cual es la siguiente pesadilla particular que me podría encontrar? Eso: unos pajarracos enormes (halcones creo) ahí en unos palos, y un búho en jaula, dispuesto a salir. Los tiene ahí un tipo disfrazado de juglar que cobra porque la gente se los ponga en el brazo y se haga el souvenir. Yo ya he explicado lo que pienso de ponerse pájaros en ningún sitio, así que no abundaré en el tema. Que me quedo sin el mirador, y muy feliz (no me trataré, gracias).

Los barquitos que salen a ver las cuevas de la Gruta Azul terminan a las 17:00 horas. Voy a la ventanilla y... son las 17:00 horas. Pero el hombre dice que "si vienen otros, nos llevan", y el caso es que viene una pareja de españoles de unos 50 (él es "Cariño", todo el rato, muchas veces) y otra gente al fondo. El paseo está bonito, nos metemos en cuevas, pasamos por debajo de arcos y hace luz de la tarde que da buen color a las rocas, aunque según la guía hay que hacer esto, para luz perfecta, a media maniana: este es un hito que los Pedalistas nunca iban a conseguir, aceptemos nuestras limitaciones. Cariño ha dicho que lo mismo, que "con lo bien que se está con una cervecita a las 11:30". Guau, cariño va a tope.

No sé a qué hora terminamos, pero aún estamos con ánimos para irnos hacia el oeste a una cala de esas que el mar hace una piscina natural entre las rocas, Ghar Lapsi. Como hay poca luz ya, el azulverde transparente que me encanta ya no está, y hace fresquito. Hay algunos niños locales recogiendo sus bolsas, que se van, y un grupo de mujeres, sus madres o más bien abuelas, sentadas al fresco. El Peda y Mini se dan un baño y cuando salen, al subir para el coche, vemos la puesta de sol (abajo en la piscina la tapaban las rocas). 



Un día completo... ahora hay que volver, cruzar toda la isla, perderse "lo normal", y por fin llegar a casa, donde ya nos esperan "los dueños" (querrán que hagamos la plata?), y esta vez Mini conoce a Izzy, su hija, y desaparecen en la cama elástica. A Mini se le olvida que tiene hambre y que hay que cenar...

20 de octubre de 2017

Valetta y Vittoriosa (Malta 3)

9 divagues
Lunes, 16 de Octubre 2017: Valetta y Vittoriosa

El Airbnb en el que estamos tiene una sala grande con un sofá cama, una tele inmensa "con Netflix" (han apuntado los duenios como un valor-nota Pedalística, el tercer día la intentamos conectar sin éxito, somos así), y muebles tipo mid-century. El dormitorio es estilo provenzal, la cocina muy pequenia y el banio también. La anfitriona es rubia, guapa y muy arreglada, y seguro que la decoración es cosa de ella. La gente que viste bien, generalmente decora bien, o eso creo. Tienen dos hijos, un adolescente y una ninia de 6 anios, y un espeluznante cachorro de beagle del que hablaremos más adelante, porque afortunadamente ahora está en la guardería. Observo con estupor (el día que llegamos) una conversación de Mini con la anfitriona hablando de esta raza particular que no logro identificar: "oh, son adorables, mi amiga Bella va a tener uno y cada vez que ve un Beagle se pone a llorar de emoción". Yo miro la situación como si fuera una actriz en un escenario: en serio esta pija (adorable) es mi hija? Cómo he llegado hasta aquí?







Nos despertamos y el Peda se va a correr. Nosotras estamos por aquí, y me meto en la cama elástica con Mini: qué vicio. No solo saltar (que siempre me ha gustado, claro que en mi época eran rectangulares y en el parque de atracciones, y podías salir volando-aquí hay redes alrededor, o meter los pies entre los muelles), sino echarte ahí a leer, a mirar a los pinos que le hacen de bóveda, o a hablar con Mini (ie. contestar sus extranias preguntas: el otro día nos planteó en el coche la siguiente cuestión: "qué es fetiche?" y a su padre "qué es sexy"... todo esto viene de la música pop ridicula que escucha, Lady Gaga y otros intérpretes infantiles del momento). [Nota: os preguntaréis qué contestó el Peda a lo de "sexy", pues le dijo: "sensual", y ella: "y sensual qué significa?" y él: "sexy". Duelo de titanes, Yo os lo digo: cuando oí el "Do you think I'm sexy?" en los 70 no se me ocurrió ir a preguntarles a a mis padres... no sabía lo que significaba, pero una voz sabia interior me decía que no es algo que se preguntara a tu padre]  Pero divago: decía que estos días, cuando Mini está a otra cosa, aprovecho para venirme a la elástica a leer... algunas veces hasta con una taza de té (he encontrado un resquicio donde dejarlo, pero sí, acarrea cierto riesgo). 

Cuando llega el Peda de correr nos metemos a uno de los rituales favoritos de las vacaciones: el desayuno. Sandía, pinia, yogur con muesli, muesli con leche y nectarina (yo) y té a tutiplén. Tenemos una mesa bajo los pinos, y se está muy a gusto. De allí salimos en coche a Valetta.

Teníamos aún flashbacks del tráfico alrededor de esta ciudad, con los excalestrics infernales de la otra noche: pero ahora es lunes y día de labor, así que la circulación es algo así como Bombay meets Palermo. Yo voy con googlemaps, siguiendo a la bolita azul, que se mete en tramos de muchos carriles y el Peda, por cual voy, y yo, estoooo, gira ahora, y entonces salimos, cuando parecía que la bolita decía salirse y... ohhh no, demasiado tarde: un espanto lo de la bolita.


Al llegar a Valetta nos metemos al meollo de cabeza y, de verdad, las calles larguísimas dan vértigo de tan empinadas. Son todas estrechas, con coches a reventar, y va a haber risas para aparcar aquí. Terminamos en un aparcamiento municipal, donde no hay que pagar (estos malteses, como los griegos, aún no han descubierto ese chollo de "la hora"). Pero hay un hombre desdentado que da mucho miedo, que nos indica donde aparcar y que le dice al Peda que "solo quiere que le haga la vida más fácil" ("I only want you to make my life easier", como fue colonia británica hasta 1964, hablan algo de inglés, por lo menos más que en Italia, Francia y Ejpain juntas). Total que el Peda suelta 5 euros, y me dice que le parece un buen precio porque nos cuide el coche. Vamos a ver: es que si no se los das, si te niegas (como sugieren en el cartel "no propinas;  llamen a este teléfono si le piden"), supongo que el tio te pincha las ruedas o algo. Es la mafia! En fin.



Salimos a descubrir la ciudad, armados de nuestras cámaras y nos recorremos las calles caóticas arriba y abajo, parándonos a hacer fotos en casa esquina (donde por tradición hay un santo), a cada balconada (gallarija) más colorista o más auténtica, o más en ruina que la anterior, a cada pequenio comercio que yo creía muerto y enterrado, como mercerías. Fruterías, libreríás, tiendas de objetos religiosos, chatarrerías... todo ello trufado con cabinas telefónicas y buzones rojos quintaesencialmente británicos. Es raro encontrar este "mobiliario urbano" de mi ciudad de adopción, tan radicalmente distinta de aquí... todo esto (y conducir por la izquierda, y los enchufes de tres agujeros) en una isla mediterránea es tan extranio que parece de broma, como lo hacen en algunas otras ciudades imitando el autobus de dos plantas rojo. Pero aquí va en serio. 


Valetta es muy fotogénica, pero como muchas de estas ciudades, no te gustaría vivir en ninguna de las viviendas que fotografías. La pobreza se sale por las ventanas, junto con los olores de cocina de puchero, la suciedad de las palomas, las cortinas amarillentas y medio rasgadas y hasta algún trozo de cartón que tapa aquel cristal roto. Hay calles y calles, pero las menos sucias parecen haber sido tomadas por el aparato institucional, y se suceden ministerios o conservatorios, o el mismo parlamento de Renzo Piano (el mismo arquitecto que disenio el Shard, la pirámide aquella enloquecida al lado del Londinium Bridge). El edificio ha intentado amalgamarse arquitectónicamente con las calles de alrededor, y tal vez lo consiga. Hay un grupo de estudiantes de arte que, armados con una cartulina con agujero para encuadrarlo, aspiran a reproducirlo, si logran disfraterse de los turistas que pasamos y les fotografiamos a ellos mismos. O del ruido constante de obras que es Valetta: no sabemos si es en preparación a ser Ciudad Europea de la Cultura 2018, pero la ciudad es una obra en sí misma: percutoras, camiones pesadísimos maniobrando, polvo, desviaciones, gente descargando, gente cargando, más polvo, más ruido. 



Es raro, pero no hay demasiadas cafeterías en Valetta: intentamos tomarnos un té, un café Fredo, un smoothie, algo, pero en general solo hay restaurantes, y no encontramos un momento para hacer un receso. Nos habiamos comido unos sandwiches de queso en un patio de un museo (donde, por cierto, alguien se había olviado un sombrero de paja a lo gangster con la bandera espaniola en un banco-puf, qué asco me dan todas las banderas, me pregunto qué necesidad le cubre al que lo lleva ir manifestando al mundo que "yo soy espaniol espaniol espaniol"-pero cambiemos de tema) y nos sentamos en una terraza bastante cutre durante un rato y al no ser atendidos, nos vamos. Así que terminamos bajando en un ascensor transparente a coger el barco que lleva a Vittoriosa, otra ciuddad que hace uno de los tres dedos de tierra que hay frente a Valetta. 






Vittoriosa es mucho más tranquila que Valetta, y sus callejuelas más civilizadas para caminar tranquilos. Ya va cayendo la tarde, y hay esa calma que reina en las ciudades cuando la gente ya ha salido de trabajar y están en la plaza tomándose algo. La ciudad está llena de velas, y de hecho nada más entrar nos encontramos a un grupo con una escalera colgando las suyas. Va a ser el Birgufest en Vittoriosa, unos días de festival que culminan con "Birgu a la luz de las velas", cuando todas las calles están iluminadas por velas. Debe ser muy bonito, porque las calles estrechas inspiran, y ya vemos algunas de las velas hechas a mano con trozos de botella y demás. 













El barquito de vuelta a Valetta nos lleva en esa hora mágica en que la luz te ayuda con casi cualquier foto: se está poniendo el sol, y al llegar a destino el cielo está rosa. Cogemos el ascensor hasta la parte alta de la ciudad, donde tenemos el coche. Por supuesto volver a Il Swequi no es fácil y nos salimos antes en la autovía enloquecida, con lo que hemos de peleranos con Bolitazul, ya de mala cara.... Menos mal que, antes de ir a casa pasamos por Greens, esta vez con coche, para hacer una compra con fundamento, y logro convecer a mis compas de cenar en casa (o que más me aburre de viajar, tener que comer siempre fuera) unos spaguettis a la arrabiatta riquísimos. Les lograré persuadir maniana también? 

15 de octubre de 2017

Huyendo de las playas con gente en el noroeste de Malta (Malta 2)

4 divagues
Domingo, 15 de Octubre 2017: Noroeste

Nos despertamos tirando a tarde porque anoche llegamos en un vuelo que aterrizaba como a las 9 de la noche (que no es tan descabellado, pensarán los divagantes-recuérdese la primera noche de Peloponeso que tocamos tierra a las mil y a las dos mil llegábamos al hotel con Gran Boda Griega incluida, Boda con mayúsculas porque pinchaban Ska-P!!). El problema es que un trayecto que debería haber costado 20 minutos según los oráculos se extendió a cerca de la hora por las malditas carreteras maltesas. No, no imaginen caminos rurales con muros de piedras (que también, esto otro día), sino que hay una especie de autopistas complejísimas, con excalestrics nivel leyenda (lo dice alguien que ha copilotado en LA), y rotondas por todos los sitios. Como digo, soy copilota del paciente y siempre cool-tranquilo Peda, y  pero -confesión, también soy de aquel tipo de personas (hay dos, tú cual eres?) que para leer un mapa de sur a norte ha de darle la vuelta. Así que, desde el aeropuerto, que está al sur de la pequenia isla, hasta Il Swiequi, que es donde estaba nuestro airbnb, nos metimos en  plena Valetta la nuit, y aquí incluyo terminar (2 veces) en, valga la redundancia, la Terminal de ferry. Sin olvidar la zona industrial (flashbacks de una vez que, con Mini bebé nos perdimos a las 2 am en unos reservorios de agua al norte de Londinium), un hospital enmedio de la nada, y caminos rurales de aquellos de los que no quiero hablar hasta la aventura del martes, que tela.

Llegamos por fin a nuestro Airbnb que es un apartamento en la parte de abajo de una villa impresionante, con piscina y cama elástica (anota Mini nada más entrar) de esas circulares con protección alrededor. Hay un gran jardin con pinos, hamacas, y es todo muy acogedor. Los alquiladores son una irlandesa, su marido (no sabemos nacionalidad, tal vez americano, pero vivió en el barrio de al lado nuestro en Londinium en el pasado). Tienen dos ninios y hace un anio decidieron venirse aquí, donde trabajan desde la villa, en un chiringuito (compania) de marketing que regentan desde la terraza (Cris cris cristina, dirige la oficina tumbada en la piscina). Nos dan las indicaciones de la casa, nos han dejado comida en la nevera (viva) y nos anuncian que al día siguiente se van a Sicilia a una quedada familiar, así que estaremos solos hasta el martes.

Así que el domingo, reyes del castillo, para cuando hemos conseguido movilizarnos, ducharnos, etc, noss damos cuenta que lo primero que hay que hacer es ir a Greens, el supermercado que nuestra anfitriona ya nos había dicho que estaba "muy bien", pero que supera todas las expectativas. A ver, he estado en supermercados "muy bien" presentados ("qué lineales", frase de los Jekes cuando se refieren a los ingleses), en UK los mejores son Waitrose o M&S (no entremos en los Harrods Food Halls o Selfridges), en la península ahí tenemos al ECI, y en los EE.UU. los hay también impresionantes, Whole Foods por ejemplo, que también está ya en Londinium. Pero, sinceramente, no he visto nada tan espectacular como Greens... todo es exagerado, desde los carritos sicodélicos hasta la pescadería con acuario, la sección gominolas como de parque infantil, la cafetería-restaurante que tiene dentro.... en fin, todo.



En resumen: que salimos de casa al turisteo a horas intempestivas, (las 2 pm, no exagero) y nos encaminamos al noroeste, en concreto a la "Golden Bay", una playa muy recomendada, y otra a su lado algo menor. Pero al llegar hay fila para aparcar, un hombre que indica, y me bajo, miro, veo todas las sombrilllas y nanai.... nos vamos. El hombre que guía el aparcamiento me dice que entre semana estará más transitable. Domingueros.

Seguimos carretera hacia el norte y terminamos en otra bahía llamada Anchor Bay. En 1980, parece que Disney montó aquí todo el decorado para filmar "Popeye", protagonizada por Robin Williams. Yo nunca había oído hablar de esta peli, aunque fui fan de los dibujos y de las espinacas. Es un pueblecito exactamente como los de Disneyland, y lo han transformado en pequenio parque temático. Al fondo de la bahía, que hace una U muy cerrada, hay unos bloques de cemento en los que retozan algunos banistas. Se baja por un camino lateral y decidimos ir a baniarnos allí. Antes hacemos unas cuantas fotos por los acantilados (gran azul turquesa, de fondo se ve Gozo, la otra isla) y cuando llegamos a las plataformas de cemento para baniarnos nos damos cuenta de lo chulo que es. El azul que se ve desde arriba no es mentira, y puedes saltar directamente al agua, como si fuera una piscina donde cubre mucho,  y se puede hacer snorkling.



Comemos algo, nos secamos al sol, y de nuevo a la carretera rumbo al norte, atravesando el itsmo que une Malta con la peninsula de Marfa, que se llama Bahía de Mellieha: dicen que esta playa es la mayor de arena de toda la isla, pero eso significa sombrillas, hinchables, ninios gritando, gente. Llegamos a la Torre Roja, en un alto, desde la que hay grandes vistas, y de allí a la "Bahía Paraíso" que es un horror, con un hotel grande vampirizándola toda. Como buscamos la puesta de sol, escapamos de allí hacia la punta más oeste, Ras il-Qammieh. Hay cuatro gatos viendo al sol esconderse (según Mini "agacharse") e intentamos encontrar el punto justo entre hacer fotos y disfrutar de la vista (ideas sobre esto, en otros divagues-que alguien me recuerde si me olvido).




Ya es de noche y paramos a cenar a Mellieah, un pueblo bonito en lo alto, con una plaza con iglesia iluminada muy grandilocuente. Tras el paseo fotografiando balcones, intentamos encontrar el restaurante recomendado pero es un bar de viejos que a Mini le da mala espina. Acabamos en otro, al lado de la iglesia, donde en una sala interior juegan al bingo. La cena, sin más, aunque jamás vi tantas nueces en una ensalada, ni jamón serrano (leí mal, o bien esperaba virutas: eran lonchas, como de bocata que te pone tu madre). 

Llegamos al Airbnb agotados, con sabor a sal, y el pelo estropajo... esto ya empieza a sonar como vacaciones...

14 de octubre de 2017

Lucha de yos: a cual dejas a cargo de tus vacaciones? (Malta 1)

8 divagues
En el libro que estoy leyendo (Homo Deus, de Harari), para explicar la diferencia entre el “yo que vive la experiencia” y el “yo que se la narra” hacen un experimento. Pero antes: el yo-experiencia es nuestra consciencia en el momento, y el que narra es el recuerdo que tenemos más tarde. Está claro que los dos no van de la mano: si así fuera, nadie se animaría a, por ejemplo, tener un segundo hijo (informo: después de pasar el dolor extremo del primero). Las mujeres sufrimos ese dolor en el momento (y en algunos casos, durante horas) y luego, pasado el tiempo, se recuerda una nebulosa. Y lo vuelves a hacer. Hay experimentos que demuestran que al yo narrador no le da demasiada importancia a la duración del proceso, pero sí a los picos y al momento final, y hace una especie de media.

Pero las decisiones más importantes de nuestra vida son tomadas por nuestro yo narrador, el de las historias-bolas- que nos contamos. Elección de pareja, de trabajo, tipo de familia... Y para demostrarlo, aquí va el experimento.

Imagina que te ofrecen dos vacaciones y tienes que elegir. La primera consiste en ir a un sitio que está bien, correcto, no sé, una ciudad bonita y civilizada, donde puedes pasear y aprender. Vuelves satisfecha, pero tampoco es el éxtasis. La segunda consiste, sin embargo, en el éxtasis padre: la mejor vacación que nunca hayas podido soñar. Cierra los ojos y piensa. Para algunos será irse de escalada a tal montaña, para otros visitar los parques temáticos de nosedónde, para los de más allá seguir la ruta que hizo Darwin, para mí, ir a un sitio con historia, mar transparente, paisajes impresionantes, buena arquitectura  y poca gente. Imagina esas dos vacaciones, y puedes elegir una, pero hay una condición: si eliges la segunda, ese viaje que siempre has soñado, en el  trayecto de vuelta final has de tomar una pastilla que te hará olvidar todo lo que has vivido. Qué eliges?

En mi estudio reguleramente científico (n=2) Peda y Mini ambos votaron por la segunda: la mejor vacación y olvidar, antes que una mediocre que siempre se recuerde. Yo comienzo a pensar y, qué angustia! Yo, que fotografío y escribo y cuento y grabo para atraparlo todo. To-do. Qué agonía, qué difícil: no somos lo que hemos vivido? Pero dónde queda el carpe diem, vive el momento?

En un rato volamos a Malta, esa isla del Mediterráneo que nos ha recomendado un amigo del club de los 100 (ha estado en más de 100 países). Y me pregunto: en el avión de vuelta me diré, vale, dame la pastilla, porque no cambio esto por unos días recordables en una destino correcto sin más? Atentos a este espacio...


11 de octubre de 2017

Día de la Niña 2017

6 divagues
Todos los años hago un divague en este día, el 11 de Octubre, el día internacional de la niña. Este año he encontrado videos en castellano... hay que verlos!

Va por vosotras, todas las niñas. Sois el futuro.



8 de octubre de 2017

Ermmm... no había caído que mi trabajo consistía además en vender?

5 divagues
 No hay dinero en ningún sitio: desde luego, no es los servicios públicos británicos. Hecho. Años de terribles recortes tories se van notando y la situación está chunga. Consideración ética. 

Pero antes de explicar mi último dilema: veamos brevísimamente cómo funcionan los servicios públicos (sí, este párrafo es necesario). La gente pagamos impuestos, que el gobierno recauda. De este bote central, el dinero se distribuye entre los organismos públicos, como educación, salud, policía, prisiones, servicios sociales, según las áreas-esto último implica que puede ocurrir que tu servicio de salud financie, por ejemplo, ciertos medicamentos o tratamientos de fertilidad, y en otra zona no. Se llama "lotería del código postal". 

En la parte de arriba de estas organizaciones públicas hay unas figuras llamadas "commisioners", que son los que manejan el presupuesto asignado a su tema en su área.  Por ejemplo, un servicio de salud de un barrio puede decidir, como he dicho, gastar su dinero en tratamiento de fertilidad y otro en una medicación nueva. También pueden "comprar" servicios: por ejemplo, prisiones puede comprar a un servicio de salud para tratar a presos con problema de abuso de sustancias, o de salud mental, o física.  

Todas estas decisiones llevan a movimientos de dinero de todos entre servicios públicos (exacto: mucha bucrocracia y pérdida de tiempo). Pero nos podemos dar por contentos cuando el dinero simplemente se mueve entre servicios públicos. Hoy en día, y cada vez más, hay empresas privadas que compiten con el Aparato de los Público, y en el clima de estos gobiernos neoliberales que sufrimos, esto es permitido y animado. Muchas clínicas privadas pueden hacer el trabajo de lo público por menos dinero precisamente porque no tienen el "Aparato": en lo público todo está supervisado, la gente necesita hacer cursos regularmente (algunos estúpidos como "seguridad, incendios, et al") y hay que hacer las cosas de una determinada manera que cuesta mucho dinero. Pero eso es otra historia.

Yo lo que querías contar hoy es que yo tenía un trabajo, y ahora tengo uno y medio. El trabajo que yo firmé es para el que estudié en la univestuta, seguido de un montón de años en la isla de aprendiza de bruja, que culmino en Bruja Suprema. El nuevo medio trabajo añadido es algo que nunca hacían las Brujas Supremas, para lo que no me he formado, y que nunca me ha interesado: vender. Antes, los "clientes" llegaban solos; ahora, como tenemos que competir con todas esas organizaciones privadas (muchas sin ninguna solvencia científica, pero con mucha teoría de marketing), la cosa se complica.  

Los gerentes de mi curro tienen dos soluciones, las dos fallidas: 1. creen que la gente no nos conoce ahí fuera, que ofrecemos un servicio serio, científico y en profundidad, pero ahí fuera no lo saben. Luego yo -no otra persona que sepa de ventas, bajo mi guía- tengo que hacérselo saber,  y en efecto "atraer clientes". Y 2. el servicio serio, científico y en profuncidad que ofrecemos es-los gerentes consideran- en el fondo demasiado serio, científico y en profundidad... todos esos privados son más baratos porque (además de no tener que cumplir todos las regulaciones nuestras) ofrecen un servicio de charanga, no-científico y superficial. Esto implica que pueden ofrecer más cantidad que nosotros, a costa de la calidad. Esto les importa a nuestros gerentes? ja! Está claro que no quieren solomillo, quieren una hilera de salchichas. Muchas salchichas. 

Como el numero 2 me horroriza, me he lanzado al 1. Y ya hemos probado todo de lo tradicional, como escribir artículos en revistas especializadas, ir a dar conferencias, abrirnos una página web. Ahora... pasemos a la "social media" (redes sociales), de donde debo ser la gurú. Renovarse o morir. 

Así que ahí me tenéis, pasando mi tiempo en algo que debería hacer "la de marketing", una chica joven que acaba de empezar y que nos dice a todos los equipos cómo vendernos. Pero ella no puede hacer nada, la pobre está tan ocupada. Vale, maja, ya lo hago yo, que no tengo nada que hacer. 

Mi equipo está ahora en twitter, y aquí os escribe la mente detrás de la cuenta: esperando que me retuitee algún alma cándida que tenga millones de seguidores para ver si nos toca la lotería. La que firma se ha tenido que abrir una cuenta de Linkedin, donde invito a conectarse conmigo a completos desconocidos: no a colegas o a investigadores de mi mundo, sino a gente de esas otras organizaciones públicas que potencialmetne pueden "comprar" nuestros servicios. Oh, y ya que estamos de confesiones, he caído en lo más bajo: me he visto obligada a abrir un grupo de Facebook con el nombre del equipo (aquí sí que no nos sigue ni el Tito). También tenemos un blog, en la web. Un blog que escribo y edito con muchas menos ganas que este, por si acaso alguien piensa que estoy poniendo los cuernos a Lodedi. 

Mañana, nada más llegar, en lugar de ver a gente, editar informes, solucionar problemas (lo que venía siendo mi trabajo), tendré que empezar por mi medio-nuevo trabajo: comprobar quién nos ha gustado, retuiteado en twitter, qué desconocido ha aceptado conectarse conmigo en linkedin, quién ha comentado en nuestro blog y constatar que seguimos obteniendo solo el eco de nuestro eooooo en Facebook. Y me reúno con la de marketing a las 10, para "nuevas ideas".

Toda esta pataleta (o "búsqueda interior") tal vez este solo parcialmente justificada. Odio vender, pero al menos -a día de hoy, todavía-  creo en la bondad de lo que vendo. Qué debe ser  vender mierda en la que no crees, que sabes la gente no necesita? Se lo preguntaré mañana a la de marketing.