15 de octubre de 2019

El timo de las ostras (SA13)

6 divagues
Sábado, 24.08.19-De Plettenberg Bay hacia Addo: Oyster Bay (SA13)

Hoy es nuestro último día en la Ruta del Jardín, siguiendo por la N2 hasta llegar a dormir a Addo Elephant National Park. Por la mañana, antes de dejar el alojamiento, disfrutamos un poco de la terraza y luego del parque infantil, donde hacemos sube-y-baja con Mini, como psicópatas que tras un asesinato se van a cenar como si nada hubiera pasado. Porque allí dejamos el cadáver de la tarántula, que pasa factura, porque luego resulta imposible no ir pendiente del retrovisor: veo a los ecológicos del alojamiento en un pick-up con armas para ajustar cuentas. No exagero su hippismo, inserto foto de la ducha mosaico para vaga idea: mirad qué fantasía, la primera el pasillo que te lleva y la segunda ya dentro, con techo solar. (Nota: divaganta Anna, van para ti, busco y no tengo más!) Pero les damos esquinazo. 





Nuestra primera parada es el puente del Río Storms, el mismo en el que estuvimos ayer en su desembocadura. Hay un café con una terraza que mira al puente en el que admito tomamos algo. Quién que no esté en el espectro autista o ingenieros de de caminos, canales y puertos, o yo, interesada en los puentes, decide que esto puede ofrecer una panorámica? En fin, que no contentos con verlo de lejos, también lo cruzamos, y admiramos la garganta allá abajo. 


El Naufrago Ro nos había dicho que había que ir a "Oyster Bay", para comer ostras. A mí las ostras no me gustan, pero al Peda sí, y mantengo una conversación por whatsapp con el Naufrago que enfatiza no solo lo buenas que están, sino que "es interesante ver cómo ese pueblo ha hecho de las ostras su manera de vida". Así que decidimos desviarnos de la autopista para salir a este cabo famoso por sus ostras. No aparece nada en la guía pero, no son esos los mejores lugares?

Nada más salir de la N2 nos damos cuenta de que la carretera pasa a ser un camino de tierra. Mirando en el mapa lo que nos queda hasta Oyster Bay, le planteo al Peda si tirar para atrás. Los cachondos de los sudafricanos ponen señáles de tráfico tipo "límite de velocidad 80", madre mía qué pedrada. El viaje es interesante, cuando no pesadísimo, pero vemos cultivos, negros en tractores, vacas... cosas que no se ven desde la N2 y tampoco en ninguna de las otras zonas por donde hemos pasado. Esto es la auténtica Sudáfrica rural. Aún así, no damos crédito a lo lenta que va la bolita azul de googlemaps-esto ya nos pasó el otro día en nosequé otra carretera de ripio. 






Por fin, ahí al fondo está nuestro destino. Ya creo que hasta me van a gustar las ostras: tenemos hambre, sed... Oyster Bay!!!! Lo primero que vemos son unas dunas blancas, enormes, bestiales, que casi recuerdan a las de Merzouga (he dicho "casi"; afortunadamente no hay quads aquí). Al fondo, el mar, otra de esas playas desiertas a las que pese a ver una casi cada día, todavía no nos hemos acostumbrado. 






Uuuu-juuuu. Subimos corriendo la primera duna, empinadísima. Arriba, nos quitamos las deportivas y hacemos todo lo que tú, lectora, haría allí: gritar con los brazos abiertos, fotos, volteretas laterales, tirarte corriendo a la siguiente duna (Mini). La playa es inmensa, es como un espejismo. El listón está altísimo con las playas que hemos visto este verano, pero esta es la mejor playa de Sudáfrica y una de mis Top 5 (compite con aquella playa de Itaka, por ejemplo, aunque es un concepto del todo diferente). 




 Eso sí: ni rastro, en la playa ni en sus límites de nada parecido a "locales ganándose la vida con esto de las ostras", pero quien sabe... somos incultos, igual esto se hace en otra zona, aún por encontrar. Bajar de la primera duna gigante para volver al coche es, de nuevo, no apto para los que tienen vértigo: es tan empinado, y no queda otra que tirarte y dejar que se te hundan los pies, y seguir hacia abajo. Me recuerda a la bajada del Volcán Pacaya





De vuelta al coche, tiramos hacia el interior del pueblo que está completamente desierto. El silencio. Pasamos calles arriba y abajo, y cómo puede ser esto el famoso lugar de las ostras? Por fin, un grupo de niños negros en bicis por la calle, y en la puerta de su casa, un hombre muy pálido de pelo blanco, al que asaltamos: dónde está el restaurante de aquel sitio. El hombre sufre hablando en inglés, se nota que su lengua materna es el afrikaans. Se arrodilla al lado de mi ventanilla, para explicarme mejor. Como le veo así contrito (tal vez metafóricamente arrepentido por ser boer?), ya me lanzo y le planteo la verdadera Duda Existencial: cómo se sale de ese pueblo, que aún no puedo creerme que la única manera de llegar a esas dunas maravillosas sea esa carretera de Centauros del Desierto, tiene que haber otra manera. Pero no: incluso hacia el este, que es a donde vamos, para salir de nuevo a la N2 tendremos camino de tierra. Pero cómo se hacen aquí casas de veraneo toda esa gente, si llegar es como con diligencia?

Llegamos donde dice que está el restaurante. Nos metemos en un antro que ríete del Sex Shop de Ronnie en cuanto a autenticidad: se trata de una sala rectangular dividida por estanterías centrales, que se hace llamar supermercado. Estanterías prácticamente vacías, congelador al fondo que da miedo verlo y, lo mejor, un mostrador a la derecha según entras que se autodefine como "oficina de correos". Allí compramos una postal para el Naufrago Ro, de un surtido de tres, todas descoloridas por el sol, rizadas, y con grafía ochentera: llevan allí unos días. Sospechosamente, en ninguna figuran ostras, o "la manera de vida de esta gente de las ostras", solo las dunas. Lo mejor es que cuando queremos poner un sello nos indican que no tienen. Sí, en una oficina de correos. No hay sello: nos tenemos que llevar la postal. Estoy atemorizada de pensar que el restaurante está en la esquina al fondo, tras el congelador, pero la que atiende explica que hay que rodear la casa y lo encontraremos. 

Por lo menos tiene una terraza a las dunas donde ponderar cómo hemos llegado hasta allí. Solo hay una mujer tras la barra, y, sabios como somos, antes de pedirle ostras le preguntamos "dónde está todo lo de las ostras en este pueblo, la manera de vivir y tal" (Rosendo resuena en mi cabeza). La mujer nos mira perpleja: no sabe de lo qué hablamos. Allí no ha habido nunca ni un mejillón, y el Oystercatcher es un maldito pajarraco que coge ostras, igual por eso. Plonkk, hacen nuestras mandíbulas al pegar con el suelo: nos hemos desviado y aquí no hay ni hubo nunca jamás ostras. El Naufrago Ro o está senil, o se ha confundido de país. Pedimos algo rápido de comer, porque se nos está echando la tarde encima y hemos de dormir en casadios. 

De vuelta a la peli de John Ford, nos encontramos otra vez con los campos verdes y sobre todo los molinos de viento. Por fin llegamos a la R330 a la altura de St Francis Bay, y se acaba el ripio. Oh loado seas  Senior, eres bueno! Además nos pones un Spar enfrente en el que por fin puedo hacer una compra en condiciones, porque en el parque natural evidentemente, tendremos que cenar en casa! Soy feliz. De ese supermercado recuerdo las fresas (somos grandes consumidores en Londinium, y llevamos todas las vacaciones sin), y las enormes tartas. Hoy, además, me dejan comprar salchichas para braai! La vida me sonríe.









Y ya vamos del tirón a Addo, porque el check-in cierra a las 6, y se nos ha hecho tardísimo. Addo es uno de esos parques naturales inmensos (38 kms de largo) y entramos por su parte sur, donde está nuestro campamento, Matyholweni. La casita donde se hace el check in tiene el tejado de paja (thatched), como luego lo tendrá la nuestra. En la parte de arriba juegan dos monos: ese es mi primer recuerdo de Addo


Lo de arriba son monos

Nuestra cabaña está muy bien, pero a partir de las 18:30 ya no puedes salir, no vaya a venir un tigre. La cabaña de al lado monta una braai en condiciones, nosotros no tenemos equipo, y tenemos que hacer las salchichas en una sartén, que se pegan miserablemente. Los Pedalistas y su espíritu de la aventura, como decíamos ayer. 


Nuestra cabaña

13 de octubre de 2019

Por ahí sopla!!! (SA12)

3 divagues
Viernes, 23.08.19-Plettenberg Bay (SA12)


Por fin, hoy, 9 de la mañana:  barquito (reservado!) para intentar ver ballenas. La excursión sale de la Central Beach de Plett y el barco es el de la foto. Está genial así tan pequeño, si lo comparas con aquellos abarrotados de Hermanus. Ocean Safaris estaba recomendada por la Rough Guide y lo habíamos comprado ayer por internet-planificación nivel padres responsables. Eso sí, no se puede garantizar nunca la salida, porque el día anterior se canceló por el viento. Así son las cosas de la mar: los lobos del mismo lo sabemos. 


Nos ponen chalecos salvavidas naranja fosforito. Fotos para los perfiles de whatsapp rollo "mirad qué cool" (nooo, es broma). El barco nos espera en la playa, no en un puerto, así que la salida y la llegada son... no aptas para cardiopátas (por algo ponen que si sufres de alguna condición, se abstengan). Para salir, los tíos más pesados se han de poner de pie en proa, para bajarla, y la barca es empujada a todo trapo por una especie de tractor, que te mete en el mar con un salto. La llegada consiste en el barco metiendo el turbo y, de otro salto, a la playa. Vamos, que se salta mucho, y no hablemos de en marcha.

Como digo, al salir vamos a toda velocidad, y nosotros por supuesto en primera fila, saltando casi como en una Zodiac. Está muy chulo y vemos un montón de delfines, saltando a nuestro alrededor. Al final llegamos a la zona ballenas y paran el barco. Aquí es donde empiezan las risas, porque el movimiento es diferente: pasas de la atracción de feria a un bamboleo tipo Julio Iglesias que evidentemente, te marea enseguida. . 



El guía, soprendentemente negro, desde un pequeño mirador en la parte de arriba nos invita a subir a dos o tres. Lo siento, me encantaría pero bastante tengo con mantenerme de pie en proa. Entonces va hablando y a la vez que mira al horizonte, y dice... "a las 6, ahí tenéis un chorro" y... enseguiiiiiidaaaaa.... sííííí.... ahí tenéis el loooomo.... y por finnnnn... la colaaaa", y "a las tres, atención, un chorro..." y así todo. Entremedio, silencio, solo las olas, el sol que sale y entre de las nubes, las estrellitas en el agua cuando está fuera. Yo ya sé que las fotos van a ser del todo decepcionantes,  así que tendré que suplir la imagen con mil palabras:  solo puedo decir que, incluso aunque ninguna saltó, solo ver los chorros y saber que estaban ahí es emocionante. O por lo menos para los frikis de las ballenas. Tengo unos amigos que en Ecuador nadaron con ellas, y lo describen como una de las experiencias más "exhilarating" de sus vidas. No me extraña, porque al oír los suspiros de la gente cada vez que una se terminaba de meter te das cuenta de lo especiales que son estos animales, y entiendes porqué han fascinado a la humanidad desde siempre. No es que me vaya a convertir en un Ahab en desesperada búsqueda de la ballena saltarina, pero si tengo otras ocasiones en mi vida, me veo con el cubo y el chaleco salvavidas de nuevo.



el chorro


el lomo




El cubo que no uso, pero otra pobre pasajera sí, según me cuenta Mini, que va a la vuelta a popa. Nos mantenemos a duras penas en pie hasta el final, que vemos la colonia de focas en un lado de la península de Robberg. Al llegar, y tras el salto monumental del barco que he contado para encallar en la playa, solo podemos arrastrarnos al primer piso de un café para tomarnos la bebida anti-mareo por antonomasia: Coca-Cola con muchos hielos (para eso fue inventada no?) y volvemos a ser personas.


Nuestro siguiente objetivo hoy, siguiendo hacia el este por la Ruta del Jardín es una zona que se llama Tsitsikamma, 68 kms de playas y bosques para pellizcarse: estoy soñando? Primero entramos a una zona a la que se accede por un lago (Groot River Lagoon) y que llega a una playa llamada Nature's Valley. Yo cada vez que llegamos a una de estas playas en Sudáfrica, de arenas blancas, y desiertas, pienso en todas esas abarrotadas, algunas parte de esos horribles hoteles con actividades, y se me cae el alma a los pies. Claro que aquí hay que volar la tira de horas para llegar, pero en concreto esta playa es obscena de tan bonita.

















Seguimos por la N2, pasando sin parar por el puente del Bloukrans. Aquí está el salto de puenting comercial más alto del mundo: el puente está a 216 ms del río Bloukrans, la caída son los 7 segundos más largos de tu vida, y ni una cuádriga de caballos salvajes podrían llevarme a mí a este despliegue de adrenalina. Por supuesto oigo comentarios entre mis intrépidos compas de viaje de cuánto les encantaría esta actividad, y de lo carca que es un miembro del grupo que se lo impide. Yo conozco a unos que lo hicieron, y en su vídeo creo que vi (o es una pesadilla?) que los agarraban del pie. O sea, como quien se tira a la piscina. Encantador. La noche no es para mí, no para mí... etc. 


En estas conversaciones estamos cuando llegamos a Storms River Mouth, otro parque natural de este país (cuidado con las carteras!), que la verdad merece mucho la pena. Aquí también se puede dormir, y hay gente que va a hacer trekkings severos (por ejemplo, el famoso Otter Trail, 42 kms por la costa hasta la playa de la que venimos, Nature's Valley), atravesando ríos, cascadas, empinados tramos... vamos, no apto para papanatas como nosotros. Pero claro que vamos a caminar hasta la boca del río Storms, que es una verdadera garganta llena de misterio y que está oscura en la foto porque ya es por la tarde, y las montañas comienzan a hacer sombras. 










Para llegar aquí, hay un caminito todo civilizado, pero tiene su cosa, hecho de suelo de madera.  Las vistas son espectaculares, y termina en los famosos puentes colgantes, el  más grande justo en la boca del Storms. Mi sudafricana de referencia, ex-profe de Mini me dice que no se atrevió a cruzarlos. En serio? Yo recuerdo uno en las montanias de Vancouver en el que te verdaderamente si alguien saltaba te daba un ataque de pánico... pero estos son un poco de Micky Mouse. 






 
Cuando estamos al otro lado del río, no recuerdo de quién fue la idea de ir "al mirador". vamos, que hay un trekking así tirando para arriba de esos chulos y, una vez más, comenzamos a subir completamente ajenos al hecho de que somos unos cutres. En la foto de los puentes se puede ver lo que supone la subida: desde abajo, esa montania... juego de ninios. 


Si solo fuera eso. Comenzamos a subir y la cosa está complicada. Paramos en una piedra y las vistas son ya maravillosas, pero parece que aún hay que subir más. En un punto, bajan unos milennials a los que preguntamos cuánto falta, esperando el "oh, no os falta nada" y uno de ellos dice, sin inmutarse: "habréis hecho un tercio". Qué??? Esto debería haber sigo una señal, pero la ignoramos. Recuerdo vagamente llegar a un banco, todo ahí puesto bonito, para mirar a la inmensidad azul. Sin embargo, oh destino, tampoco es "el mirador".  Mini se autodiagnostic "asma", que no puede respirar. El diagnóstico diferencial esta clarísimo: se cansa; pero cuando le ofrecemos dejarlo, jamás! Esto es muy MIni. Así que sguimos. Vemos, en la lontananza, una especie de blacón, debe ser lejos y está todavía a tomar viento. 

Cuando por fin llegamos, este es el espíritu:














La bajada, con la sensación del deber cumplido, toda satisfactoria, pero no apta para gente con acrofobia como Fashion, que necesita "hormigón armado" entre ella y la caída libre-esta puede ser metro y medio. Podríamos llaamr a este un viaje terapeútico, para tratar con "exposición" (flooding) todo tipo de ansiedades: ayer, aracnofobia, hace un par de días ornitofobia (aviso+sigue no tratada), qué será mañana?





Retrocedemos hacia el este por la N2 porque hoy dormimos en Whiskey Creek otra vez (sin el paseo,sádicas), y la puesta de sol por la carretera es maravillosa. Vamos a cenar al Ristorante Enrico, en Keurboomstrand, un sitio al lado de la playa. Volvemos por caminos oscuros en lugar de rodear saliendo a la N2. Los Pedalistas, como siempre, el espíritu de la aventura.