4 de abril de 2020

Días de virus y rosas

11 divagues
Qué extranios son estos días: casi dos semanas sin salir de casa, el paraíso de toda bloguera, y no he tenido tiempo de escribir una sola línea.  Pues aquí seguimos, retransmitiendo en estos días de virus- las rosas son mera licencia poética, aunque aún resisten las hortensias (ellas, a mi cargo, sí que pueden corear "resistiré!"), y ahora voy a intentar entender porqué tengo al teclado-a este teclado-abandonado.

Los días comienzan sin despertador-esto es un detalle. Mi dormitorio da al este, y el sol se filtra por las "blackout blinds" (unas venecianas que en teoría bloquean el sol). Miro el teléfono, en concreto whatsapp y los emails, porque ya hace unos días que me quité  los accesos de "The Guardian", "eldiario.es" y "El País" de la pantalla. Ya dije que esto viene porque a las 9 am, recién duchada (y oliendo a esa crema perfumada que se me está acabando), asisto con cierto pavor a las verdaderas noticias, las que temo que una día sean "se acabó a tontería, aquí tenéis vuestro fusil", y haya que salir ahí afuera.

Después de esta reunión, comienza una vorágine muy rara: primero saludo a mi equipo por el grupo de whatsapp y colgamos canciones que hablen de ese día de la semana. Por supuesto, ya cayeron el "Friday I'm in love" y el "Manic Monday", y el martes pasado me encontré esta maravilla de los Pogues, "Tuesday morning", que comparto aquí por si no la conocíais:



Luego, con esto a tope, comienzo a mirar emails, a escribir un protocolo de funcionamiento del equipo remoto, me hago otro té bailoteando, lo bajo para llamadas, o más reuniones con otra gente, lo subo para contestar a los miles de protocolos o peticiones de los de gestión, que están intentando hacer tick en sus casillas, justificar su existencia. A veces me llaman colegas por video, y compartimos nuestro estupor y miedos, o nos reímos, y nos hacemos tours de la casa, o  bien enfocamos al co-terapeuta, que puede ser un oso de peluche (el suyo), o un muniequito del Subcomandante Marcos (el mío).  Todo esto ocurre arriba, mirando por un balcón mínimo que da a hileras de casitas de jardines con árboles en flor,  y allá al fondo, la torre de Crystal Palace. Si me asomo, veo hacia la izquierda la ciudad, los rascacielos de Canary Wharf, y más al oeste The Shard, e incluso el Walkie Talkie... es lo que tiene esta ciudad, casi sin alturas.

Vivo un poco como los gatos: buscando el sol. Por la maniana estoy en esta habitación y por la tarde me paso a la del frente, que es abuhardillada con claraboyas al cielo y escotilla al parque. Allí sigo trabajando, teniendo conferencias con sudaderas, intentando pillar el ángulo que no capte la capucha y menos los pantalones de "homeware" como dice Fashion. Pantalones que podrían ser de pijama pero no.

Las jornadas no terminan a las 5 como antes, que tenía que salir para buscar a Mini. A menudo sigo frente a la pantalla del portátil del curro (que no es este, este es el de yujuuuu) y se pasan más horas. Y entonces se me echa encima la "evening" (esta tarde-tarde, no la temprana), en la que hago cuatro llamadas al día: a mis padres, a mis suegros, a una amiga que está aquí sola, y a mi hermana. Yo, que normalmente paso del ejercicio, me fuerzo a hacer escaleras. Supongo que es la vocecita que dice que me puede dar un trombo en este vuelo a Nueva Zelanda en bucle, así que subo y bajo escaleras, y anoto palitos, como los presidiarios, que tacho cada cinco.  A las llamadas les aviso de que voy a acabar jadeando, todo resultado de mi patética preparación física, y todos, amables, lo aceptan. Todos aparte de la hiena Fashion que pasa de ser testigo de un infarto, así que a ella la dejo para el final, ya toda "soduda", como decía Mini cuando era pequenia. Con Fashion siempre nos acabamos riendo, la última porque soy un "serdeluz", una Florence Nightingale moderna, todo porque felicito cumpleanios a (gente que ella considera) inadaptados.

Además del trabajo, de repente, muchas organizaciones han empezado a ofrecer clases gratuitas a las que te conectas. El primer día me metí en "Baile contemporáneo" de la uni con Mini. Ahí estaba la monitora y como otras ocho personas en sus casas haciendo el calentamiento. Lo primero que hice fue apagar mi cámara: humillaciones las justas. Entonces recordé porqué no hago estas cosas: me aburro. Esto no era una discoteca de verano donde sonaba Ska-P... esto era un rollo, así que ni terminé la clase. Pero es que es un no-parar: a las 8:30 mi curro ofrece meditación en directo. Lejos de mí, pero caí en el curso online de la uni de Leeds de "cómo maximizar el trabajo remoto". También hay yoga, zumba, charlas, weminars... vamos, que ya lo dice Fashion, de esta vamos a salir con lesiones.

Eso sí, para paliar cualquier posible efecto de este deporte extremo, el Peda no para de comprar chocolate. Yo ya hablé de lo mío con las palomitas y  gominolas de cocacola rebozadas de sidral. Todo esto lo escondemos de Mini, porque vale, no tenemos dos dedos de frente, pero aspiramos a ser buenos padres. Por supuesto, ya ha descubierto todos nuestros escondrijos, y al principio venía diciendo "cómo explicas esto?" Ahora yo no sé si simplemente va, y come. El otro día le oí decir por teléfono a alguien: "no me importa esta vida, no está mal, lo peor es la comida".  Entra flashback: recuerdo cuando en el comedor de mi colegio el principal tema de conversación eran los platos estrellas de nuestras madres, ante los terroríficos garbanzos de las monjas. Fwd 35 anios y ahí está mi propia hija echando de menos la comida de su colegio. Mátame camión. En mi defensa, el otro día, cuando comía esas alubias inglesas de lata, le dije: "cómo te puede gustar el engrudo que se hace eso al masticar?" Y contesta: "esa es la mejor parte". No hay más preguntas.


Pero no todo iban a ser malas noticias: los pasados dos sábados he hecho pizza (incluso la base), siguiendo las recetas del kuniado JAL. Ha salido bien buena, y hoy me iba a lanzar a la empanada gallega, pero no tengo levadura viva. Le he pedido al Peda un poco de su hongo del kefir, pero me lo ha negado. Así que tendrá que esperar al futuro, en el que pueda volver a un mercado de esos de Brixton en busca de masamadre, o lo que sea. Ah el futuro! Qué nebulosa tan grande: aquí a la izquierda una imagen ilustrativa en el calendario familiar de la di-family en el frigo. Aquí anotamos los días que uno llega tarde, los saraos, las reuniones de Mini, las vacaciones, los días que viene gente... creo que se puede apreciar que los siguientes tres meses están en blanco. Así está la vida.

No vivo preocupada sobre cuándo salir (mi problema es que me hagan salir), como alguna gente que conozco, los primeros mis padres a los que tuve que echar la gran bronca al principio de este shitshow. Aquí en Londinium veo mucha gente por la calle y en el parque, el otro día un compa de trabajo me decía que se habían ido caminando a Regent's Park, 10 kms, y qué guay que no había casi nadie. Ya tuve esta conversación con otro amigo español, que sigue pensando que "lo malo son las aglomeraciones", no él solo. Lo que no entienden es que si todo el mundo decidiera salir, con la idea de que están solos, pues entonces habría mucha gente: es como los que no se vacunan confiando en la inmunidad de grupo. Una podría no salir de broncas, pero yo ya tengo las mías vicarias en el grupo de whastapp de mi promoción. Mi conclusión, en este momento, se la diré en dos palabras: Vergüenza Ajena. Gente que considera que un vídeo que pide "sanidad pública" es política, y que hay que cenirse a "ciencia y humor", entre banderas españolas, vídeos de Bertin Osborne el filósofo, artículos de las mascarillas que se han conseguido gracias al ciudadano Borbón o arengas de la Cope. Esto no es política, parece. Ya se ha liado un par de veces, y yo asisto como la antropóloga que observa una tribu de la Amazonia, cada día más convencida de que yo no podría volver a Espania a trabajar con esta penia. La dos Espanias, qué pena.

Qué días extranios, pero hay cosas que no cambian. Me quedo con la letra de los Pogues...

But I knew that you
With your heart beating
And your eyes shining
Would be dreaming of me
Lying with you
On a Tuesday morning




28 de marzo de 2020

"Mothering Sunday " ("El domingo de las madres") de Graham Swift: Por que todas, un día, podamos ir al baile.

5 divagues


"Mothering Sunday" (2016), la novela de Graham Swift, se ha traducido como "El domingo de las madres" en lugar de "el día de la madre", porque no es lo mismo, ni siquiera en inglés (Mother's Day). Se trata de una festividad que viene del SXVI, cuando la gente volvía en ese día (el cuarto domingo de cuaresma, llamado Laetare) a su "iglesia madre", a la que les bautizaron. Pasaron los años y en este día, los criados (muchos de ellos niños, los mandaban "a servir" a edades tan tempranas como 10 años) tenían libre para poder ir a visitar a su familia, a sus madres. Dice la wiki que cogían flores en el camino para ellas: toda esta imagen me rompe el corazón.

Pero aún lo rompe más el imaginar qué sería un "Mothering Sunday" para alguna de estas criadas, las huérfanas, sin  madre ni casa dónde ir este día, un "motherless mothering sunday". Y ahí es donde te lleva Swift en esta preciosa novela, que habla de tantas cosas, todas que me importan, todas que me mueven, y todas que me despiertan, como en los mejores libros, gratitud. A Swift y a la recomendadora, la divagante Marisa. :)

A nuestra protagonista le dan en el orfanato un nombre sencillo, impersonal, Jane, y también una fecha de nacimiento inventada, una que les parece bonita, y no es otra que el Primero de Mayo. Salto en mi cama (que es donde suelo leer), porque cuando lo leo ya llevo mucho de mí invertido en este lectura, y ese es mi día más importante del año, el que nació Mini. Jane cuenta esta historia desde la vejez, cuando se habrá convertido en escritora, su primer éxito rememora, cuando tenía... 48 años. Que es mi edad, aunque dudo que yo vaya a escribir nada de éxito que no sea este blog en el mes y poco de 48 que me queda. .

Del orfanato, pasa Jane "a servir"- qué palabra: "porque aquellos que servían, servían, y los que eran servidos, vivían". Se convierte en la típica criada inglesa, pero que a nadie le venga la imagen de "arriba y abajo", la casona llena de servicio de las películas y seriales británicos: en su casa solo quedan ella y la cocinera, que sirven a un matrimonio de cierta edad. Lejos ha quedado la época de bullicio, risas y zancadas por las escaleras: es 1924 y los dos hijos de la pareja han dejado sus vidas en la Primera Guerra Mundial. Que Swift haya localizado la novela precisamente en un día de primavera precioso, que parecía Junio, cuando casi todo el mundo ha sufrido una pérdida inmensa, de lo que articulaba y daba sentido a su vida, los hijos, es vital. Porque da un tono de melancolía  que insulta ante un día tan soleado (no debería ser todo encapotado, sobre todo en Inglaterra?, como estos malditos días del virus, en el que el sol y los cielos azules no paran de entrar por las ventanas), y porque además contrasta con la pérdida (es pérdida la del que nunca ha tenido?) de Jane, que nunca tuvo madre.

Durante la novela, que sutilmente (cómo lograr esto, yo que lo soy tan poco, ni en la vida ni cuando escribo) es salvajemente antimilitarista, es imposible no odiar la guerra y a los que se encargan de hacer creer al pueblo que hay que salir a dar la vida por razones equis, cada cual más peregrina. La bandera, la patria, el extranjero. Y hasta las familias de bien mandan lo más preciado, lo que mas quieren, lo único que de verdad importa, a morir por esa causa. Hace más o menos 100 años, Europa estaba recuperándose de la que se llamó "La Gran Guerra", hasta que llegó la Segunda, y esta pasó a ser la Primera.  Y la familia a la que sirve Jane, de la muerte de sus dos hijos, cuyas habitaciones ella limpia cada semana, cuidando que todo se quede "justo como estaba" Recuperándose -si alguna vez uno puede recuperarse de eso, yo creo que no- también están sus vecinos de la otra calle, que también perdieron dos hijos, aunque aún les queda Paul. 

Paul es lo que ha quedado de ese segmento de la sociedad de los de arriba: un señorito que pese a haber perdido dos hermanos, que le sonríen desde una foto enmarcada en plata en su sinfonier, no ha cambiado nada: sigue encantando serpientes, prometido a una de su clase y esperando a vivir de las rentas, o vender humo. Tiene una seguridad típica de los "de su clase" ("of his kind",  aquí clase significando "tipo"). Su habitación llena de parafernalia de los chicos ricos de la época, todo de plata (gemelos, cajitas, peines), que debe ser limpiado por otras sirvientas sin mover un centímetro, parafernalia que debe ser su insignia y que, tal vez, sea difícil no tener su cacareada seguridad si has crecido con ella.  

Pero Jane no es como esas otras sirvientas: para empezar, no tiene el vocabulario de una criada. Porque ella lee. Comienza limpiando la biblioteca de la casa, llena de libros jamás abiertos (como los cuadros de la escalera de antepasados, que nadie mira, solo las criadas al limpiarlos), esa particular habitación que siempre fue en el fondo solamente un santuario de "no molesten" de los hombres de la casa, y donde ella sospecha que el señor va a llorar ahora . Ese mismo señor que le da permiso para coger prestados algunos libros, y ella comienza a leer los de aventuras para chicos, "La isla del tesoro" y "Moby Dick", en sus ratos libres, y así comienza su historia de amor con la literatura, que es la mayor historia de amor de la novela. Y sí, hay otras, la novela está subtitulada con "un romance", pero yo creo que se trata de un romance con las palabras y los libros porque aunque todo nos marca, nada es tan definitorio de quién será Jane Fairchild. 

A menudo he hablado del tema de clase en la literatura inglesa: los de arriba, esos seres de "humor y capricho", que un día están de buenas y otro día te ladran, y has de estar preparada para todo. Este libro es una de esas novelas donde lo social está tan presente como en la que más, pero de una manera aún más dolorosa, porque los lazos personales establecidos de un mundo a otro, aún lo hacen más palpable, y te explota en la cara. Además de infinidad de ejemplos de la manera de relacionarse los de arriba con los de abajo, tenemos la vieja la historia del señorito durmiendo con la criada, relaciones de poder y abuso de las que aún se ven a día de hoy en todos los estratos del mundo laboral, desde el jefezuelo con la secretaria hasta el productor de cine con las estrellas de Hollywood, de eso va, en el fondo, #MeToo. Lo que hace distinta a esta relación particular de "El día de las madres" es precisamente la personalidad de Jane y su fuerza, que transforma esa relación de arriba-abajo por completo en el sexo.  Es la magia, la política de la desnudez, la que despoja a la interacción de su calidad de master-criada, hasta que cuando todo termina, al vestirte te transformas de nuevo en la sirvienta. La carroza es de nuevo una calabaza y tú, Cenicienta: y no es casual que la novela comience como en los cuentos de hadas: "érase una vez" ("Once upon a time before the boys were killed and there were more horses than cars": qué gran comienzo), y que su epígrafe sea "You shall go to the ball!" ("Irás al baile!"), directo del hada madrina. 

Swift describe con enorme sensualidad las horas que Jane y Paul pasan en la cama.  También lo precario del momento, la sensación de urgencia, de que nunca había habido un día como ese, y que nunca lo habría de nuevo. Un "Mothering Sunday" sin madre en el que esta Cenicienta poderosa puede por una vez demostrar que el status no lo compra todo, en un escenario que nunca fue destinado a ella, la cama de su amante, lejos de los establos, los recodos del campo, el sótano de los vinos habituales.  Al terminar, tal vez por no querer romper el hechizo,  Jane se mantiene en su desnudez todo lo que puede, su cuerpo es todo lo que tiene, el cuerpo al final lo único que tienen los pobres. Desnuda en la cama mirándole mientras él se viste lentamente, "poniéndose de nuevo la vida que era la suya", preparándose para ir a ver su prometida, boda inminente en dos semanas. Y Jane no es nunca el ratoncito del que apenarse, ella sigue desafiando con su cuerpo frágil y fuerte y su desnudez, mientras piensa en algo tan prosaico como el semen que se está escurriendo entre sus piernas a las sábanas, que las criadas de esta casa, a las que conoce bien, van a tener que limpiar cuando vengan de visitar a sus madres, en este su día libre, el domingo de las madres. Bien entrenadas como están, verán y callarán: "all the emissions... all the omissions", gran juego de palabras.  Ser invisibles y estar a mano, ese es el lait motif de las criadas. 



"Todos somos combustible. Nacemos, nos quemamos, algunos más rápido que otros. Hay diferentes modos de combustión. Pero no haber ardido nunca sería una vida muy triste". Está claro que Jane ha ardido, y me choca cuando, al final de su vida, echa la vista atrás y la describe por épocas: "los años de criada", "los años de Oxford", "los años de la fama"... a veces son varias décadas. No había pensado nunca así en mi vida y, cuando lo hago ahora tras leer esto, me ha dado vértigo: cuando tienes 20, eso no se puede hacer, o bien son unos pocos. Cuando tienes 48, a veces ya son casi "los 20 años" de muchas cosas.  En Junio hará 23 años que vinimos a la isla. Nunca hemos vuelto a Grimsby, la pequeña ciudad de puerto venido a menos donde vivimos el primer año. Jane nunca vuelve al pueblo aquel porque algunos lugares "toman una existencia que es más verdad en la mente". Hay gente que dice que no hay que volver a donde se fue feliz. No lo sé... en estos días de virus e incertidumbre, hasta el verbo volver suena aspiracional. 

Jane es una cuentacuentos nata que ha aprendido a encontrar su lenguaje a través de la lectura (ama a Conrad, con esa obsesión que todos amamos a nuestros escritores favoritos). Y esto confirma también que esta novela es un romance con las palabras, porque Jane (o Swift?) deja claro que para convertirse en escritora hay que cruzar una barrera imposible: hay que encontrar un lenguaje, aunque tengas uno, hay que encontrar el lenguaje, eso es lo que es escribir. 

Para mí, Swift ha encontrado el lenguaje, todos los temas, y mi corazón. Jane fue al baile, y este divague va porque todas las Janes puedan algún día ir. No puedo recomendar más esta novela.

24 de marzo de 2020

(Sin) novedad en el frente

7 divagues
Leí este clásico del antimilitarismo de Erich Maria Remarque en la adolescencia.  Los horrores de la guerra desde el punto de vista de un soldado, publicada en 1929.  El otro día terminé otro libro muy antibelicista, "El día de las madres" (Graham Swift), que iba a ser mi siguiente divague, pero algo me urge en las yemas de los dedos, que me piden teclado. 

Desde el anuncio del gobierno de este país de la "inmunidad de grupo", y "habrá que asumir que perderemos a seres queridos" ha habido cambios, tras un artículo de Imperial creo, que demostraba con modelos lo que podía pasar aquí con el experimento de la inmunidad. Maniana, parece, entramos en encierro, o lockdown, aquí. 

Pero todavía no ha llegado a la gente, la gravedad del tema. Por mi relación con Espania, he vivido la situación, más bien la esquizofrenia, de lo que estaba pasando allí, y lo que veía que venía hacia aquí. Cuando les hablaba en el trabajo de "distancia social", me miraban raro. La semana pasada, lunes y martes, tuvimos clientes (ahora se les llama así) que venían de Devon. Les había llamado el viernes anterior, para tentativamente cancelar: pero no quisieron, "ya tenían billetes, y hotel". Los del lunes nos contaron encantados que llevaban desde el domingo, y "habían estado en el Museo de Historia Natural", viendo los dinosaurios.  Hordas siempre en esos dinosaurios. Y perfecto, el lunes venían a vernos (a mí, que llevaba todo el finde metida en casa, solo salir para el Tesco). Cuando les dije que no dábamos las manos, les extranió. 

El primer día de "compra para el sitio" (Los sitios de Zaragoza) gasto más de £60 en tema variado. Hay una oferta de las famosas baked beans inglesas que todos habréis visto en el desayuno inglés de los B&B. Inexplicablemente, tengo una hija (cambiada en maternidad) a la que le gustan. La oferta son 4 latas por una libra. Pillo 8. Al ir a pagar, me dicen que solo puedo llevar 3 (están racionando). Entonces por qué ponen 4 de oferta? Publicidad enganiosa! Pero no voy a liarla ahí parda con la penia impaciente en la fila. 

Lo de los grupos de whatsapp ha sido curioso: tengo algún grupo que solo mandan chistes. En el de la facultad, tema profesional (para qué ver pelis de miedo, teniendo esto). Anoche me fui de otro, sin explicaciones: un miembro me estaba exasperando, y una gota colmó el vaso. 

A veces no tengo paciencia. El otro día una de esas llamadas que dicen "sabemos que tuvo un accidente del que no tuvo la culpa". Salté: "CÓMO PUEDEN HACER ESTA MENTIRA CON LO QUE ESTÁ PASANDO?". Y contesta: "Qué día pasó su accidente?". Y yo: "FUCK OFF", y colgué, sintiéndome inmediatamente mejor, lo que libera mandar a tomar por ahí a veces. Pero luego en casa el Peda me dice: "sabes que eso es un robot, no?". Mi gozo en un pozo. 

Tengo unas reuniones virtuales cada día a las 9 am, con todos mis colegas. El Big Brother ha estado en otra reunión y nos da las malas noticias. Cada día. Yo hace ya unos días que dejé de leer la prensa (y eso que los primeros días estaba literalmente adicta). Decidí dejarlo porque ya me llegan las noticias que no puedo evitar leer. Por ejemplo, la "Ley de covid-19" que tiene, entre sus múltiples apartados reconstituyentes "almacenamiento y disposición de cadáveres". Por ejemplo, el sindicato (BMA) que mandan beldades como "algunos de nosotros moriremos en servicio,  es importante pensar en tu pensión que bla bla". O del General Medical Council (la policía del gremio): "tenemos en cuenta que muchos trabajareis fuera de vuestra área de experiencia, así que seremos luego menos duros al juzgaros" (o equivalente, recordemos que son ingleses, el eufemismo es su don). Gracias. Parece que vamos a estar todos intubando por los pasillos, y yo hace 25 anios que terminé la carrera (de ahí el grupo de whastapp). Lo siento por los surlondinenses. 

Los supermercados abren una hora antes para personal de la Seguridad Social (NHS). Por una vez, tenemos privilegios. El domingo, además día de la madre, me lanzo con mi identificación colgada al cuello, fondo azul y NHS blanco, un símbolo que, por alguna razón oscura, nos da seguridad. Hay mucha fila, me siento como en el racionamiento. Pillo el mayor carro para que me haga él la distancia social, porque la penia sigue sin enterarse. Al pagar, la supervisora le dice a un senior delante mía que me deje pasar, que soy "personal esencial". Le digo al hombre que no hace falta, y él, un gentleman, "I insist".

No son tan amables al norte del río. Hoy nos avisan que han asaltado a punta de cuchillo a personal no por dinero, sino por sus identificaciones. Será por la hora del personal, o porque en algunos restaurantes y cafés había reducciones y café gratis? La gente está fatal. Pero hoy ya va a estar todo cerrado.

Pero hay gente maja: un restaurante tras mi casa se transforma en tienda para gente vulnerable. Otros se están organizando en voluntariados para llevar comida a los ancianos. He firmado ya unas cuantas peticiones para que el gobierno proteja a gente desfavorecida. 

Salgo con una compra ridícula, si nos lo planteamos: 24 rollos de papel higiénico (había!), una hortensia, que siempre me recuerdan a Donosti, y la imagen representa estos días extranios: Bread and roses. Porque no solo de pan vive la mujer.  El resto del surrealismo incluye palomitas (sal y azúcar, adictivas), unas gominolas alargadas de cocacola rebozadas de sidral (picapica para nos no vetústicos). Por lo menos no he comprado más chocolate, que el Peda lleva ya como 6 tabletas. Dice que se ha engordado 2 kgs: quién le cree a Alonso Quijano. 

No sabemos nada de Rose, la ancianita de las Ladykillers, como la llamaba el Sr Snoid, de abajo. Le dejamos una nota ofreciendo ayuda (que seguro desinfecta), y nos devuelve otra apreciando. Pero sigue sin salir, y no veo que esté cultivando su jardín, como prometía que haría cuando el Brexit nos dejara sin hortalizas. El tarado hace meses que no se oye. 

Hoy he ido a trabajar y aún había mucha gente por la calle. El Peda ha dicho que me pusieran "una bufanda", y me puesto un panuelo a modo de burka. Enseguida me lo he quitado. Como tardaba, me ha preguntado si me he vuelto musulmana. En el curro, aún me he cruzado con varios por los pasillos. La paranoia de lavarme las manos allí llega a límites psicopatológicos: este puto virus nos va a hacer desarrollar TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) a todos. 

Mini está ya sin cole, y aprendiendo remotamente. Aprenderán remotamente algo? Está por ver. A partir de maniana estaremos los tres en casa, a jornada completa, y hic sunt dracones. 

No puedo esperar a salir a hacer karaoke por las ventanas. Aquí también en eso van tarde. 

22 de marzo de 2020

Has de estar en cierto lugar mental para disfrutar de los "Diarios" de Inaki Uriarte

12 divagues
Este divague,  di-crónica de un libro (unos diarios de un tal Inaki Uriarte), el primero de una trilogía, va ser curioso. Resulta que cuando leí el primero, todavía no teníamos en nuestra cara el "pequenio evento" que está agitando al mundo. Lo terminé, escribí lo de abajo, y lo dejé "en cuarentena" (perdón) porque pensaba seguir por el segundo para publicar el conjunto. Luego la vida se metió por en medio, leí alguna otra cosa (que divagaré), y tuve mucho trabajo del de Dr Jeckyll, que siempre le roba divagues a Mr Hyde.

Hace dos noches comencé la segunda parte, y está resultando una experiencia muy distinta que la lectura del primero: a menudo me irrita, me impacienta. El sigue siendo el mismo, supongo (aunque un periodista donostiarra que le conoce me dice que él piensa que van declinando desde el primero), pero he cambiado yo... me planteo que quizás, cuando estos días grises escampen, igual podré volver a leer ciertos cosas que escribe con tranquilidad, pero ahora no es posible. Así que me he decidido a publicar lo que escribí del primer libro, cuando el mundo aún era el que conocíamos hasta hace un mes, y tal vez un párrafo final sobre porqué me siento así ahora.

Diarios (1999-2003)
La sensación más cercana de blog que he tenido al leer un libro ha sido con "El cuaderno gris" de Josep Pla (que tengo en mi mesilla, algún día por terminar) y estos "Diarios" de Iñaki Uriarte. Pero los Hypomnemata eran cuadernos de notas de la época de Platón, la cosa viene de largo. Acabo de terminar el primer tomo, que cubre los años 1999-2003, y he comenzado el segundo. No tengo el tercero porque el Peda no lo encontró en su peregrinación librera en el último viaje a la península. El pobre, temeroso de que le echase de casa si aparecía con un libro de tapas duras (las odio), no trajo esta edición donde están los tres libros juntos. Igual sea mejor así, y no sé si compraré el tercero. 

No porque no me esté gustando, me está entreteniendo mucho y a menudo me digo, "ves Di, deberías escribir divagues-haiku, así como este entrada de Uriarte, de cuatro líneas" (aunque no tenga yo ingenio ni su particular visión del mundo, que es lo que llama de este autor). Pero igual es algo como lo de Pla: igual no necesito leerlo todo.

La razón principal es la culpabilidad. Me siento mal de estármelo pasando bien con un cantamañanas que no hay dado un palo al agua en su vida. Y que además, busca justificaciones todo el rato para explicar su vaguerío y ociosidad, explicaciones con las que me he reído frecuentemente, mientras negaba con la cabeza y pensaba "menudo cabrón".  Pero hasta esas observaciones son ocurrentes ("el aburrimiento me despertó"), y tienes la sensación de "me iría de copas con este tipo".

Dice Uriarte que, aparte de él mismo, no ha conocido a nadie más que viva como él, pero yo conozco de entrada a dos que, por tener dinero de familia, no han trabajado en la vida. Son gente que han podido vivir del cuento, pero que lo han hecho austeramente, no sé si porque para vivir a tope tampoco daba, o porque realmente les iba el rollo espartano como principio.  Para este último estilo de vida, todos mis respetos. Gente que está dispuesta a vivir con menos. Me aburren (ojalá, en realidad, me enervan) la gente que vive de aparentar, de obtener así su validación. 

Uriarte dice que tomar notas le ayuda, por eso escribe su diario, por eso escribimos los blogs. Que es narcisista (como se nos recrimina a los blogueros, con razón supongo). "Escribo para intentar circunscribir un mundo que, con la edad, cada vez se me va haciendo mayor": esta me encanta, y totalmente la suscribo. Dice que cuando estás ocupado viviendo, no escribes. No sé si lo tengo tan claro: cuando una quiere escribir, cuando hay voluntad, se escribe. Lo prueban los viajes, que los escribes a la vuelta. Cita a Coetzee, que opina que "el habla no es una fuente de verdad, sino una expresión pálida de la escritura" y su amigo, al hablar, se siente un impostor. Pero digo yo, también hay raconteurs, gente que te envuelve con su manera de narrar, te venden motos o lo que sea. Encantadores de serpientes. A mí me gustan ambas cosas: escribir y hablar, con cierto teatro. No hay para transmitir cualquier idea, como que te brillen los ojos al explicarlo.

Me ha gustado la cantidad de metaliteratura que hay en este volumen: él piensa que no es escritor, que no tiene el arsenal necesario para ir a la guerra de componer una novela. Qué es ser escritor? El que escribe. Hay gente que escribe muy bien, pero no tienen nada que decir. Yo nunca me definiría como escritora, pero ayer vi a un colega que firmaba con nuestra común profesión "y escritor" y me pregunté, habrá escrito este hombre, más que yo, mejor que yo? O simplemente es un tío, y ya, escritor, aunque le conozcan, como a mí, en mi casa, y las tres divagantas. Pero estoy totalmente con él en lo de "la guerra de escribir una novela". Yo empecé hace más de un anio una, que escribo por entregas aquí en el blog. Serial. No sé absolutamente nada de estructurar novelas, no sé qué va a pasar. Elena Rius me dijo que mal, y obviamente tenía razón :). Un día me senté a hacer un "mind-map" para ver dónde iba. Me aclaré unos cuantos capítulos, pero en general, seguí aspirando a que se escriba sola. Así que sí, entiendo lo que dice de que una cosa es escribir un blog, un diario, y otra cosa una novela. Aunque tantos los hacen, y son basura. Luego igual lo de escribir una novela coherente está sobre-valorado?

Hablando de basura, cita al adorado Philip Roth, cuando dice que para escribir hay que "coger basura, echarle gasolina, más basura, y luego prenderle fuego. Si la basura es tuya, prende bien, has de ser honesto con tu basura". Siempre supe que "El mal de Portnoy" era su propia basura.

De los malos dicen que son divertidos.  No sé si todos los son, pero yo conozco gente no sé si mala, pero malota, con los que te ríes. Y luego hay alguna persona tan llena de bondad, que te aburres. O más bien, sin malicia. El mundo es injusto, nadie dijo que no.

Le gusta Benidorm: me parece incomprensible, pero esto sí que me gusta que lo diga, sin complejos. Olé tú. Ya está bien de cacarear lo que "te tiene que gustar": "música de calidad", "Birdman", el vino tal,  el sushi, Brighton.

Ir al médico y que tenga una imagen del Ninio Jesús. La persona en cuestión sale escandalizada. Yo me eduqué hasta la uni en clases con crucifijo.  Bajo él explicaban la teoría de la evolución, la relatividad y a Sartre y Marx (bendito programa obligatorio, aunque unos amigos que iban a cole del Opus contaron que no leían "San Manuel Bueno Mártir", lectura obligada de COU letras).

Me río: "está fresca la merluza?" y contesta el camarero: "sí, no te jode!", o "la mayor parte de la gente tiene mejor apariencia vestidos que desnudos. Algunos solo se salvan disfrazados".

Hubo una "semana de la purrusalda" entre nosotros, me refiero en la casa Pedalista. Mi suegra introdujo el concepto en mi vida en otonio. Luego compramos nosequé sopa tailandesa tum-tum o así, y le dije al Peda: "podemos a la tum-tum aniadirle una purrusalda". Parece que sobre-usé la palabra. Solo me lo dijo luego: eso, y que le daba verguenza ajena "purrusalda". Vale. Total que al día siguiente, leo que Uriarte opina que la palabra "sublime" es inaceptable, a no ser para decir "esta purrusalda está sublime". El Peda me odia cuando se lo anoto. Justo en esa misma página, habla Uriarte de la telepatía lectora (con otro ejemplo) y pienso que, con la purusalda, hemos cerrado el círculo.

"No se busca ver mundo si no es para ser visto". Y eso que entonces aún no existía Instagram. Y tiene en favoritos una página sobre métodos de suicido, pero no entró porque había que pagar.  Kant consideraba la masturbación peor que el suicidio.  Ahora entiendo porqué le gustaba tanto a Madre Elisa, la monja de filosofía de Tercero de BUP. También decía "los cerdos de la grey de Epicuro" y "los socialistos" (era la época de González).

Cuando Uriarte vio una boda saliendo de una parroquia con 12 anios aseguró: "yo eso no lo pienso hacer en mi vida". En muchas cosas coincidimos. "Haz ejercicio, pasea, pero me aburro, cómo se pasea?", dice. Totalmente: no hay nada peor que dejarme a sola con mis pensamientos.

Diarios, Segundo Volumen (2004-2007)
Y aquí llegamos a tiempo real. Y aquí es donde empiezo a cortocircuitar, porque toda la península está encerrada, y en mi grupo de la facultad, creado para cena aniversario, empiezan a colgar situaciones en los hospitales en primera persona, a tiempo real. Con la desazón de tener a algunas de las personas que más quiero lejos, algunos mayores, metidos en casa, todos bien, gracias. Y oyendo allá en el horizonte como un trotar de caballos de una legión que aún no veo, pero que se acerca, y aquí se empezó por no hacer nada, y ahora se sigue sin hacer los suficiente. Pensar que algunos vamos a tener que salir a la guerra, y que no va a haber suficientes escudos, ni lanzas, y que traeremos la guerra a casa. No estoy de humor para cosas como el continuo elogio de la pereza y la interina.

Porque ya quedó claro en el tomo uno que la interina, la chacha, le desordena los libros sin criterio, "como coloca los cacharros en la cocina". Fijaté. Veo la situación, el problema es escribirla en un diario, y el mayor problema es, cuando estás editando los diarios para publicación, que no se caiga.  En este tomo habla de que su "aitita siempre tuvo chófer", y que él no ha conducido en su vida, porque total ya sabe su mujer. Que trabaja: ha pasado por varias relaciones y ellas siempre trabajan. El espera en casa, porque tiene su "rentita", tras la fiesta, porque "en los bajos fondos de la noche fermenta la verdadera vida". Curioso.

Hace muchos amigos en estos diarios, Chillida es un farsante, de Prada un reaccionario, una especie de viejo en el cuerpo de un ninio gordo, eso sí a otros los llama "X". Por lo menos tiene a bien no poner el apellido de una tal Amaia en la siguiente anécdota: él y un tal Ezquerra eran en los 80 los encargados de entretener a los autores que pasaban a presentar libro en Bilbao. Siempre llevaban a alguna amiga guapa que indefectiblemente acababa en el hotel del autor. Se autoconsideraban proxenetas del mundo académico o algo.  Yo, de verdad, que me digan lo que quieran aquellas que piensan que "qué pena que se haya perdido el piropo", yo creo que el mundo pre #MeToo era un lugar aún peor para las mujeres. De nuevo, un buen editor igual podría haberle ahorrado el bochorno. "En un relato, quitar líneas es avivar el fuego", que dice citando a Kipling.

El volumen Uno está lleno de caritas risuenias en los márgenes (así dialogo con el libro, anotando). En este segundo, veo menos ("no sos vos, soy yo?"). Sigue teniendo muy buenas observaciones, aunque algunas son de los autores que va leyendo (e.g. "los animales son prisioneros de una guerra que perdieron hace unos pocos siglos, cuando los humanos inventaron las armas", de Coetzee). Pero por ejemplo: "si preguntas a un grupo de gente el número aproximado de aceitunas en un tarro, la media de sus respuestas se acerca siempre más a la verdad que la suma de respuestas individuales". Le gustan las demostraciones científicas como esta a Uriarte, y cuenta de un científico del pasado que se dedicó a negar estadísticamente que rezar fuera eficaz. Esto me recuerda a una aplicación de teléfono que tiene una monja cercana "Pray as you go", me parto. Pero lo de las aceitunas me lleva a mí a pensar que lograríamos mucho más con la cooperación que con la competición. Sobre todo en momentos como este, que es cuando un sistema se examina de verdad.

Cómo terminar este divague, con frases que no sean de perogrullo, o que no haya escrito yo aquí ya mil veces (por algo hay un distintivo llamado "sanidad pública"). Que el sistema se está examinando, o más bien testando para el futuro, para la clase de mundo que queremos cuando esto vuelva a pasar de nuevo. 



15 de marzo de 2020

Algún problemilla derivado de ser gobernados por psicópatas

14 divagues
Ayer vi "Stoker”, la peli de 2013 de Park Chan-wook, el director surcoreano. El título evoca misterio y terror: claro, por Bram, dirán. Y no sé si es casual, pero aquí uno de los protagonistas se apellida Stoker -como su hermano fallecido en circunstancias extrañas- y no sé si técnicamente es un vampiro, pero sí un psicópata en toda regla. Yo disfruté de la peli por el estilo tan preciosista de este director (cómo olvidar la maravillosa “The Handmaiden” con esas escenas lésbicas del dedal), por la inspiración hitckcockiana (“Sombra de una duda”, a la que homenajea hasta en el nombre del tío, Charlie) y por su final, tan de Chan-wook (cómo olvidar la terrible y perfecta “Old Boy”). Y claro, por supuesto, como todo divagante de pro sabrá, porque hay en ella psicópatas, y lo que pasa en su cabeza (no el gore, que no es lo mío, aunque aquí algunas flores recibiendo el spray de la sangre de un pobre hombre tenían su allá), sigue siendo uno de mis “intereses especiales”- y por ello tiene un distintivo en el divlog. 




El psicópata de Stoker lo interpreta Mathew Goode, uno de esos ingleses que da tan bien en las pelis de época (Brideshead Revisited, Downton Abbey), haciendo de señorito que con su auto-confianza y maneras, parece estar siempre perdonando la vida. Su psicópata en “Stoker” es realmente desagradable, ya desde el primer momento se le ve venir. De sobras es conocido el mantra del “psicópata encantador”, pero para mí este da yu-yu desde la primera escena. 

El mismo yu-yu da Boris Johnson y su panda. Hablamos de un gobierno que hace tiempo ya dijo que “estaban hartos de expertos”, que miente como si tal (no he hecho en el blog distintivo de “Brexit” por asco puro, pero anda que no hay entradas sobre el tema…) y que se comporta, en efecto, de una manera psicopática, demostrando una falta de empatía con los más débiles que nos deja espeluznados al resto. Un gobierno formando por niñatos cuya familia ha asistido a Eaton durante generaciones y luego han estudiado PPE (Philosophy, Politics & Economics) en Oxford, preparándolos de facto para seguir manteniendo sus privilegios seculares en un país que poco tiene que ver con esto, pero que les sigue votando. Qué podríamos esperar de esta gente? 

Sí, están explicando que el 80% de la población se va infectar, se haga lo q sea haga. Quieren que se infecten los que tienen buenas defensas (jóvenes, gente sin enfermedades) porque estos serán inmunes y no podrán infectar a otros. La gente vulnerable que se infecte, irá al hospital y aún habrá camas. Idealmente, el número de gente que ingresa será el mismo que las altas. Cuando vean que el sistema hospitalario se empieza a saturar, por ejemplo, cierran los coles. Pero dónde quedan las personas de riesgo? Bueno, ya lo dijo el payaso de Johnson: “prepárense para perder a algunos seres queridos antes de su hora”. Y se queda tan ancho. El sistema italiano/español de cuarentenas/aislamiento, según ellos, hasta cuánto durará? Tras relajarlo, tendrán que introducirlo otra vez cuando la tasa de infección vuelva a subir? No es un “modelo” que se pueda sostener, dicen. De entrada, en China y Surcorea están controlando la infección. No tenemos “modelos” testados de cómo manejar este tema, solo datos de los países que están pasando por este infierno. Les da igual. 

Por un lado tenemos a Johnson flanqueado por esos dos consejeros (científico y médico), que en teoría son independientes del gobierno, pero que están siendo criticados por gran parte de los científicos de este país, y de Harvard. Y por otro, tenemos al que está manejando los hilos de la marioneta Johnson, el maquiavélico Dominic Cummings, del que hablé tras ver la peli “Brexit: la guerra incivil”. No hay que ablandarse porque lo interprete el carismático Benedict Cumberbach, el tal Cummings es un tipo de armas tomar. Quien tenga ánimo, se puede leer este artículo: "Dentro de la mente de Dominic Cummings". Para el resto (cómo les entiendo), ya he hecho yo el trabajo sucio, y les cuento mi análisis clínico: Cummings es un hombre con un Trastorno del Espectro Autista y claras tendencias psicopáticas: se la suda todo, con tal de conseguir su objetivo. Ya lo demostró con la campaña del Brexit (“Take Back Control”). Estudió historia en Oxford, pero un día vio la luz y descubrió Los Números. Desde entonces, tiene claro que la sociedad ha de ser guiada por una élite de matemáticos/científicos de alto coeficiente intelectual, y que el grupo intermedio de periodistas, diputados, etc, pueda más o menos seguir las estadísticas y la ciencia dura para transmitirlo a una socidad mediocre, que es lo que somos. No le interesan las ciencias sociales (para qué nada social, piensa el autista?), el arte, la literatura, el artela música, la filosofía… todo eso es “ruido” que aleja de lo verdaderamente importante para él. Ni el derecho: para qué normas si estás en el poder? Las humanidades producen mentes críticas y él lo que quiere es “que se hagan cosas”. A ver, en esto último le apoyo, yo también estoy harta de reuniones donde la gente habla y habla y no se hace nada, pero la política en sociedades democráticas necesita de ambos: críticos y “los que hacen”. Todo lo que bloquee la innovación (sindicatos, derechos, las emociones, por ejemplo) le molesta. Está más interesado en ideas abstractas que los tecnócratas, pero más interesado en resultados, que se hagan cosas, que los intelectuales. En el artículo de The Guardian explican que en su blog queda claro que tiene una “habilidad alarmante de enfocarse en un objetivo, ignorando, sin importarle un pepino ninguna cantidad de daño colateral”. Justamente lo que esta pasando en esta crisis: objetivos, pasando del daño colateral, que aquí son vidas y muertes. 

William James, el padre de la psicología estadounidense, decía: “When superior intellect and a psychopathic temperament coalesce … we have the best possible conditions for the kind of effective genius that gets into the biographical dictionaries.” (“Cuando un intelecto superior y un temperamento psicopático van juntos, tenemos las mejores posibles condiciones para la clase de genio efectivo que entra en los diccionarios biográficos”). Grandes ideas sin importar los otros: receta para qué mundo?

A diferencia del clásico, el Mago de Oz, aquí tenemos un hombre de hojalata que no busca un corazón, y un espantapájaros que no busca un cerebro. Nos dejan a la ciudadanía el papel de leones en busca de coraje. Que lo vamos a necesitar. 


8 de marzo de 2020

Feliz día, compañeras: la lucha continúa

9 divagues
De la ilustradora Zoë van Dijk, una imagen que lo dice todo. Aunque dé la impresión de que otro tipo de esas distopías del cine y la literatura -la pandémica- esté aquí, hay otras mucho peores, y que dan mucho más miedo. Este dicen es el año de las mujeres latinoamericanas: hay que leer 2666. Y también en el que se acabó con el hijoputa de Wenstein gracias al movimiento #metoo. No dejes que los cabrones te machaquen. Ni un paso atrás que no sea para coger impulso. 

Feliz día compañeras.

24 de febrero de 2020

"Intemperie" y "Lion": Aflojar las tuercas de Dios

9 divagues
Hoy he terminado "Intemperie", la novela de Jesús Carrasco (2013), y anoche vi "Lion" (en castellano, "Un camino a casa"), la peli de Garth Davis (2017). Una coincidencia en un mismo fin de semana, tal vez: las dos tienen en común que sus dos niños protagonistas están solos, desvalidos, luchando contra los elementos, ahí afuera, a la intemperie (qué gran título; en inglés la han traducido como "Out in the open", algo así como "fuera en lo abierto").

Una quiere pensar que ambas obras pasan como los cuentos de hadas, en "érase una vez, hace muuuuchos años, en un país muuuuuy lejano...", porque de otra manera se hacen insoportables. Pero no, y en "Lion" tienen a bien aclararnos al final de la peli, que en ese país tan lejano" (India), 80.000 niños al año desaparecen de sus casas. El tiempo verbal no deja lugar para el cuento: es presente. Desaparecen, ahora. Esa historia, la que cuenta Lion -y está basada en hechos reales, en 1986- aún ocurre a día de hoy.  En "Intemperie", el autor no nos da ninguna referencia temporal/histórica, así que sabemos que es el pasado, pero es difícil determinar exactamente cuándo. Los protagonistas llevan burros de carga, y otros motos con sidecar. A los burros deslomados, pobrecitos, los vimos en plena actualidad en Marruecos hace un año, así que no es de extrañar que esto pasara en España hace no mucho. (También es mucho suponer que sea España, porque tampoco de ello tenemos demasiadas referencias. Sequía y abuso es algo que se ha dado (da) en muchos más sitios). Lo curioso es que el mundo que describe "Intemperie" que parecerá remoto a chavales de hoy, yo, niña de ciudad (vale, ya de cierta edad), de alguna manera lo he atisbado. He estado en las localizaciones secas, desoladas que describe, he visto viejos corrales hundidos que un día fueron, y a los que llamaban "parideras", he explorado viejos castillos o torreones en ruinas, o "polvorines" de la guerra, mi mayor miedo que salieran palomas. He visto de lejos en el monte cabreros huraños que se cogieron "las maltas" (Fiebre de Malta o brucelosis), por beber directos de la cabra. He jugado por las cuevas que se hacían en recovecos de las montañas y temido que me tiraran al "abrevador". Mis veranos de los 70-80 en los pueblos eran así. No, no eran "Intemperie", pero a la vez hicieron que este libro no haya sido completamente extraño para mí.

Otra cosa es "Lion", la India, un mundo que he conocido solo de vacaciones, ya de adulta, con lo que solo en metido el dedito. Pero la historia que cuenta, de un niño de 5 años que se queda dormido en un tren y acaba a 1200 kms de su casa, y por tanto irremediablemente perdido, es imposible que no te toque. Uno de los miedos más ancestrales que todos tenemos o tuvimos es el de perdernos de nuestros padres, que se nos pierdan los hijos. Yo me perdí una vez, con 7 años, en la plaza más concurrida de Vetusta. Por suerte, un buen hombre me llevó enseguida a la sacristía de la Basílica, y por suerte el cura no me metió mano, y solo anunció mi nombre por megafonía. Solo recuerdo la cara de terror de mi padre al reencontrarnos. Seguro que me echó la bronca, eran esos tiempos, o es mi padre, quién sabe. Pero en la India no hay megafonía que valga, y el niño que habla hindi cae en un mundo bengali, y no sabe ni el nombre oficial de su pueblo, y su madre es "mamá". Lo que sí recuerdo de la India son sus estaciones e intuyo el pánico que debió sentir aquel niño al llegar a Calcuta. Muchísima gente, algunos durmiendo tirados por el suelo, otros amputados, polvo, bolsas, cajas, jaleo, animales vivos.

Con "Intemperie" me sentía como leyendo "The road", la novela apocalíptica de Cormac McCarthy, que ha pasado a ser para mí mucho más que un libro, "theroad" es un concepto. Vale, sí, un concepto de esos neuróticos míos, pero que no hace más que acrecentarse cada día con los avisos de Greta y las canículas cada vez peores del veranocon las decisiones abismo de esta isla, con el aumento de la ultraderecha, con los malditos virus que van para pandemia. Temo que theroad sea una posibilidad que me toque vivir (a mí o a Mini) y me da pánico. Que le tocará a alguien (espero que en muchas generaciones), parece claro. "Intemperie" es una distopía del pasado, y eso reconforta, en cierta manera, porque sabemos que hoy estamos aquí (no como en la novela de McCarthy que da vértigo sobre el futuro). Pero a la vez, cuando se piensa en que retroceder es algo que ha pasado repetidamente en la historia, entonces vuelve a dar pavor. 

Sobre ambas obras planea el abuso infantil. En "Lion" no llega a ocurrir, pero en un punto es recogido por una mujer que llama a un tipo que le promete que le ayudará a encontrar a su madre. Esta escena, sin mostrar nada explícito, es vomitiva: hasta un niño de 5 años (como diría Groucho Marx, "tráigame a un niño de 5 años!") intuye lo peor, y escapa. En "Intemperie", el niño ha huído del abuso continuado de un pedófilo, con la aquiescencia de sus padres. También emética la escena del padre, con la gorra en la mano, humillándose ante el señorito, y entregándole al hijo. Esto hace a "Intemperie" una historia aún mucho más brutal que "Lion". Porque en "Lion", es el fracaso sistémico total lo que se pone en evidencia: una madre analfabeta, que trabaja en una cantera en una de las sociedades con más desigualdad del mundo pierde a un hijo por un cúmulo de malas suertes. En "Intemperie", es el sistema más cercano a ti, el que en teoría te ha de proteger, la familia, el que te falla. Al final, los padres son producto del clientelismo y del servilismo también creado por esa injusticia mayor. Pero ante ciertas cosas, no sería preferible morir? 

El niño de Lion (Saroo) es adoptado por una pareja acomodada de australianos. El niño (sin nombre) de Intemperie es "adoptado" por un viejo pastor. No le hace falta firmar ningún papel para acoger al chico y ayudarle: es una buena persona. Naturalmente, al niño le cuesta mucho confiar, tras su experiencia en su corta vida con los adultos. Pero el pastor pasa a ser esencialmente el padre que nunca tuvo durante las semanas que están juntos "on the road". A Saroo en Lion no le cuesta tanto confiar, porque venía de una familia que le quería. Y en la peli se representan muy claramente las luchas internas de las personas adoptadas: quién soy? Si nuestra identidad se forma a partir de mil influencias, y en la adolescencia creemos encontrar quienes somos rebelándonos contra nuestros padres, qué es esto para los adolescentes adoptados? Pero Saroo además ha tenido que dar la pirueta extra, el salto mortal: él recuerda a su madre, y sabe que no le abandonó. Pero no sabe cómo llegar a ella. Está muy agradecido y quiere a sus padres australianos, pero. Luego aparece googlemaps, y una búsqueda obsesiva, como no podría ser de otra manera. Cuando por fin, tras meses, logra localizar un tanque de agua en una estación, la de su pueblo, es un momento mágico, porque hemos ido con flashbacks, imágenes de cuando tenía solo 5 años, conociendo las piedritas blancas en el camino que le harán poder llegar a casa. 

Leer "Intemperie" es como leer a Delibes: Carrasco tiene un vocabulario amplísimo del mundo del campo, y yo había muchas palabras que desconocía. El que sea tan descriptivo me lleva a pensar que ha pasado muchos veranos en esos pueblos de escopeta de perdigón y mula mecánica. Particularmente me ha encantado cuando, a falta de relojes, describe las horas usando el sol, "en una hora en la que sol ya lo aplastaba todo", o "Abrió los ojos a una hora en la que el sol ya no recortaba la sombra de la pared sobre la tierra, sino que la difuminaba y alargaba en una mancha que se extendía ante ellos en dirección al horizonte vacío". El sol está siempre ahí arriba, justiciero, quemando a todos y todo. Tal vez por eso la frase final emociona e ilusiona tanto: "Y allí permaneció, mientras duró la lluvia, mirando cómo Dios aflojaba por un rato las tuercas de su tormento". Es pura poesía. 

El abrazo de Saroo con su madre india interpretado por los actores, y luego las imágenes reales.  Otro final poético, o más bien de justicia poética. El reencuentro, la lluvia. Pero 11 millones de niños indios siguen a día de hoy en las calles. Y las sociedades vamos evidentemente para atrás. Los finales felices, a veces, solo ocurren en el arte, cuando los escritores y guionistas deciden aflojar las tuercas de Dios. 

21 de febrero de 2020

Serial. 12. Halloween. Fiebre. Amnesia.

0 divagues
Estás guapísima, pero ir disfrazada de vampira, aquí, en serio? 

Ah claro, es que Halloween en Banderley no es cualquier cosa, Mark, macho-alfa por antonomasia, don Giovanni del manicomio-perdido-en-los- Moors, te entiendo, aquí hay que ser moderno, pasado de rosca, vuelta de la tuerca. Ay Mark, cabeza de Stirling, la casa roja, no podías ser de otra, capitán del equipo de rugby, quién si no, la versión médica de Johnny Williams:  cuadradísimo, rubísimo, un paso más allá de la sobre-confianza, vamos que darías ganas de vomitar-si no quisiera una inmediatamente comérselo. Y Mark va, obviamente, de Ted Bundy, el único asesino en serie guapetón.

Yo sigo pensando que ir de novia de Drácula aquí, a pocos kms de Whitby, mola. ?O soy yo la única que no podrá olvidar la escena de las tres novias del vampiro sacando la lengua en la peli de Coppola? Y no que ha sido fácil encontrar los trapos del disfraz en lo remoto. Los demás, como van todos de yoquesé qué sicópata de los 70, pues se han puesto gafas grandes y camisas de cuellos largos y, ale. Pero lo mío, combinación de gitana húngara con peluca inmensa y Reina de Saba, con colmillos, ha sido un reto. Eso sí, lo mejor de mi caracterización, ya lo dijo Morgana, es mi estado febril, que comienza como palidez y ojos brillantes, pero a medida que progresa la noche se hacer cada vez más salvaje, complicado el diagnostico diferencial con los litros de alcohol que corren por mis venas, mujer...venga, Mariona: nadie conoce esta canción aquí.

Y no, Mark,  como buena recién llegada no estoy impresionada con la Abadía de  Whitby, y no me he  releído Drácula, gracioso. Ni estoy haciendo un esfuerzo por parecer culta, original, rompedora en esta fiesta, donde todo el mundo vais de personaje irreconocibles. Quién pillara a un hombre lobo o a una bruja en condiciones. Pero según tú, aquí se inventa el tiempo, sobran horas, de tantas que hay, y por eso os sabéis la vida y milagros de todos los malos y os disfrazáis de ellos, en lo que me parece, así de entrada, una idolatría quinceañera cutre. Pero algo habrá que hacer con las horas derretidas en los relojes, sugieres, y queda claro que tú no recomiendas releer a Stoker por enésima vez.  Y soy yo, o me lanza la sonrisa más maravillosa que he visto en meses? Si tú me dices ven, me quito el pelucón y los colmillos y me visto de Rose West-si supiera entonces quién era. Cuánto follará este tío aquí, en el manicomio.

Pues sí, Mark, me encanta que aquí el tiempo se viva diferente... quiero aburrirme, volver otra vez a aquellos veranos de tardes larguísimas donde no había nada que hacer, ?no aseguran eminentes psicólogos (lo siento, no puedo citar la referencia) que grandes cosas salen del aburrimiento, que hay que dejar a los niños aburrirse? Pero qué diferentes habrán sido nuestras horas de tedio, Mark,  en qué antípodas están nuestros veranos de la infancia, yo en un pueblo enmedio del desierto, con críos salvajes tirando a los pájaros con escopetas de perdigones, y tú en katiuskas (que llamas Wellingtons) en el casoplón con acres de jardín de tus abuelos en los Cotswolds. Pero también salen malas cosas del aburrimiento, dices, en serio, te lo aseguro, dijiste eso Mark, y rematas con tu opinión, resulta que crees que gran parte de lo que pasa en Banderley es por el tedio.

Pero qué hostias, qué cojones pasa en Banderley, what the fuck goes on in here, creo que es lo que de hecho te digo porque no sé si es la fiebre, o la cerveza, o realmente me estoy emparanoiando en este lugar. Que me están haciendo luz de gas, como en la peli aquella. Pero Mark, querido, te salva la campana: gritos en la explanada verde, todos hacia la ventana. Y shiii pum, cohetes o petardos, o fuegos artificiales, creen aquí. Fuegos de guardería, de Micky Mouse, una tristeza ruidosa, que luego veré algo más expansiva la noche de Guy Fawkes, el 5 de Noviembre. Todos rodean a Greg, de Balmoral, la casa de Yolanda, y a otro que no conozco. Deben estar muy aburridos aquí, para que robar los lánguidos petardos con los que la dirección de Banderley deleita a pacientes y personal el 5 de November sea un acontecimiento.

Suben la música, de repente hay mucha gente. Morgana está con una tal Suchandra, que me mira con un odio animal, esas miradas que no vuelves a experientar con desconocidos desde la primera infancia. Es muy baja de estatura, cara redonda, un punto pegado-o es pintado-entre las cejas. No se lo ha quitado ni para el disfraz, que, como el resto, a saber de qué va. Morgana está contando que viene de nosequé parte de India, y entonces tengo un momento de iluminación: nos conocimos en aquel horrible pase de planta de Cook, ella era uno de sus corifeos, de sus palmeros, de sus narices-marrones (así se dice aquí lame-culos, qué gráfico puede ser este idioma). Ella también me ha localizado, está claro, de ahí su mirada. 

A partir de aquí, todo empieza a estar confuso: mis recuerdos de la noche son una proyección de diapositivas en blanco y negro, muy contrastadas, que deslumbran con una luz molesta, de esa que te obliga a cerrar los ojos. Morgana asegurará a la mañana siguiente que me tuvo que llevar a la cama porque me subió muchísimo la fiebre y comencé a delirar en un sofá, al poco rato de la conversación con Suchandra.

Sin embargo, al despertar por la maniana, todavía con jirones del disfraz de vampira, retazos -tal vez jirones también- de memorias: conversación con Will, el otro guapo, este va de intelectual. Más bien nos gritamos en el oído porque la música. Will es muy de Bukovski, John Fante y Raymond Carver... estos escritores americanos que dejaban los relatos sin cerrar, tan distintos de mi adorado Cortázar, para el que cada relato tiene la precisión de un reloj suizo. Pero cómo se habría enfadado el Gran Cronpio con esta imagen, de relojero preciso, él que decía que no había que fiarse de los que apretaban el dentífrico desde abajo.

A
nd did you get what
you wanted from this life, even so?
I did.
And what did you want?
To call myself beloved, to feel myself
beloved on the earth. 


Esto lo dijo Will, asintiendo como hacen los borrachos que aman a la humanidad: era Carver,
parece ser que su epitafio. Está claro. Me interrumpió cuando yo hablaba de Rayuela, que por supuesto había leído, y esto terminó de cerrar el círculo: éramos almas gemelas, nos prometimos amistad eterna, con una "pinky promise", que consistía en enlazar los meñiques a la vez que jurábamos que íbamos a co-escribir una tesis, o un tratado, o tal vez fuera solo un artículo, sobre "la locura en Cortázar", ibamos a leer de nuevo todos sus relatos y comenzar a identificar, usando categorías clínicas, los males que achacaban a los protagonistas. Si en el pasado existían los pecados y los curas, hoy exiten los desórdenes y los psiquiatras!!! Y venga a reír.

Aquí viene una laguna severa en la proyección, porque ya todo lo escuchaba como en sordina, y había cuerpos de gente entre los que me abría paso, olor a curry y a perfumes extraños, y bocas que decían cosas, con ecos, y mucho frío y mucho calor, y avanzar de la mano de Will por unas escaleras de caracol con las paredes de piedra, y un pasillo con el suelo mojado iluminado por la linterna, parte intrínseca de todo disfraz en Banderley, aprendí, los ojos cada vez más calientes, y más sed, y Will tirando de mí mientras seguía con la tesis, "Casa Tomada", y "Manuscrito hallado en una botella" y "Bestiario", y debía haber goteras porque era ruido de agua al caer en los charcos lo que se multiplicaba en mi cabeza, estamos en un túnel, Will? y Will, "incluímos a Sábato en la tesis?", qué idea, "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas" y "Abdaddón el...", y Will se paró y me dijo "ya no hables", como si le fuera la vida, y al llegar a la encrucijada tomó la izquierda "siempre  la izquierda" me dijo, y eso mismo al llegar a la siguiente. Entonces se paró detrás de una puerta de la que salían voces. 

-Nada de eso pasó-esta es Morgana, por la maniana, que me ha traído una taza de té. En serio: te llevé yo a la cama, qué me estás contando? Tenías fiebre.

Duermo todo el día, ahora sí que sueño: personajes con máscaras venecianas que me ponen algo en al bebida, estoy en la fiesta de "Eyes Wide Shut", y aún así bebo. Al final de la tarde, me preparo para salir, va  a ser mi primera noche de guardia en Banderley.  Paso por la cantina, antes de irme a dar vuelta por las plantas, ahí está Will, con su libro. 
-Hey, ya preparando nuestra tesis? 
-Qué tesis? 
-Ermmm.. Cortázar? esto... anoche? 
-No he leído a Cortázar, qué recomiendas?

Aún depie, bandeja en manos, sonrisa congelada y, un momento, el tablón de anuncios: mi cartel del grupo literario ha desaparecido. Pero para qué deciselo a Will, que ya está leyendo otra vez. Casi no ceno y corro contra reloj porque solo tengo 10 minutos hasta empezar la guardia: en todos los sitios siguen los carteles habituales, en la piscina, en la sala de ordenadores, en los mess de las casas. Menos el mío. Todos, uno por uno, han desaparecido.


16 de febrero de 2020

"Lluvia fina" de Luis Landero: Rancio.

19 divagues
No suelo hacer divagues de libros que no me han gustado, para qué. Pero hoy tengo que sacar lo que llevo dentro desde anoche, que terminé la última novela de mi admirado Luis Landero. Intentaré, por lo menos, que sea breve, como la novela misma: parece que el autor ha tenido el buen criterio de escribir algo que se lee en un fin de semana; hasta él de ha dado cuenta de que nadie quiere permanecer con esos personajes más de lo estrictamente necesario. 

No me ha gustado "Lluvia fina".

La novela habla de una familia disfuncional que, a ver, en principio nada en contra [el viernes vi "Knives out" ("Puñales por la espalda"), donde esta disfunción a ratos hace reír, a ratos da susto, a ratos intriga], ya dijo alguien aquello de "todas las familias son disfuncionales", pero es que aquí... 


Aquí lo primero que te planteas es, pero qué me está contando, o mejor dicho, de qué Espaňa me está hablando, esperando que, con suerte, Landero solo haya equivocado la época. La generación central de la familia tendrá mi edad, tal vez un poco mayores,  gente nacida en los primeros 70, o en los 60 tardíos. Yo entiendo que monstruos los ha habido en toda época y situación, pero sinceramente, en los 80, que una madre obligue a casarse a una hija a los 14 años, me parece un poco traído por los pelos. Una hija que quería viajar y aprender inglés, y la casa con un viejo de 36 años "para quitarse una boca". ¿En serio? Esto tal vez pasara así en grupos totalmente desclasados, fuera de la sociedad, pero no en este tipo de familia que sí, sufre económicamente al quedar huérfanos de padre, pero uno acaba en la universidad y perfeccionando inglés en Londres. Entiendo que el machismo ha sido atroz en muchas familias, pero en este extremo, la boda forzada, se le va la mano. Boda forzada que luego tiñe toda la novela. 

En otros detalles, el autor ha acertado más en el escenario: la madre es "practicante", y va y viene con un maletín negro, y su "moño duro": eso sí que es un recuerdo de los 70, cuando esa figura existía: a mí me suena uno llamado Blas, pero es un nombre demasiado perfecto para que no sea una maquinación de mi imaginación. No sé qué ha sido de ellos, los "practicantes", ni cuál era su cualificación, ni sé hoy en día qué ha pasado con todas esas inyecciones que se ponían... tal vez hoy son orales, ¿ampollas? Esto siempre era un suspiro, ampollas, cuando venía el médico y con terror cruzabas los dedos para que no recetase inyecciones, esperando a que simplemente dijera un jarabe y estos sobres, tres veces al día, o como mucho, si pronunciaba la palabra , viniera detrás con "bebida, inyección bebida". Y eso que en mi caso cuando ocurría siempre las ponía el ángel bueno Yaya, nunca un Blas, ni una señora con "moño duro", pero aún así. Otro elemento exitosamente robado de la imaginería de los 70 es "la mercería", esa tienda que hoy, si queda alguna, son ocasión para la nostalgia de un mundo que se está yendo y del cual la mercería representaba lo mejor: podías ir allí a comprar los hilos y botones para repasar esas prendas que aún iban a durar. En lugar de tirarlas  al Vertedero Universal donde hoy se echa todo lo que falla, porque ya no merece la pena arreglarlo.

Tampoco sé si existen hoy en día "las jugueterías". Me refiero a las tiendas pequeñas que se monta alguien, no a los hangares de juguetes que existen junto al Ikea, o a cualquier otro gran almacén. Porque uno de los personajes tiene precisamente esa tienda, que ha estado en su familia por generaciones, y de la que tiene una extensión en una habitación en su casa. Una aquí se pregunta si Landero debería haber tirado por el género terror, porque verdaderamente este personaje y su mundo da pánico. Yo no tengo palabra en castellano para definirlo, ayúdenme divagantes a encontrarla: en inglés es CREEP.  Es un tío que da miedo, asco, dentera, tristeza, desazón. El caso es que en estos momentos me cuesta separarlo del otro personaje masculino: físicamente me parecen el mismo: un tipo delgado, con escamas,  amarillento, con saliva blanca que se queda pegada en los labios, casposo, grasiento, con manos delgadas de unias largas, cruzadas como las de un cura, y con su misma voz engolada. Ambos comparten el infantilismo, el estar arrestados en sus caballitos, sus cowboys, el no ser hombres, sino una piltrafa de seres que no están a la altura de la vida, ni de poder llevar una relación, luego, ¿por qué lo intentan? Estos personajes existen hoy en día, están por todos los sitios, pero no como Landero los concibe, esperando a salir tras su telón de terciopelo rancio: hoy en día son los cacareados nerds, o geeks, que han abrazado sus juegos de rol, su Star Trek, sus cómics y lo han elevado a cultura u orgullo raruno: ya no nos tenemos que ocultar, somos guays (la cultura nerd ha surgido en los últimos 10 años, "Big Bang Theory" y tal) y sí, estos tíos existen, y no hay problema, siempre que no intenten meterse en una vida adulta con sus citas en el hospital, cumpleaños infantiles, vacaciones escolares que cubrir, facturas y reparaciones de grifos. Ellos lo que quieren es seguir en sus habitaciones jugando a los marcianitos con otros como ellos, o lo que sea. Yo conozco a algunos de estos ejemplares, que no tienen ningún problema en dejar colgada a su mujer y niños el finde porque tienen que ir a Comic Con, o a hacer volar sus drones, o sus cochecitos teledirigidos, o a su maratón de Star Wars, o a preparar su triatlón, que esos del deporte son otro grupo. Mira, chato, si querías una relación para tenerla de atrezzo, deberías haber avisado antes. Si lograste dar el pego un tiempo hasta enganchar a la pobre incauta, también podrás quitarte del rol este finde para estar con los niños. Y en la novela el ejemplo está clarísimo: uno de los personajes, se "retira" de la vida familiar cuando le nace una hija autista. El pobrecito ha de concentrarse en su dolor, mientras que es su pobre mujer la que lleva las citas, el colegio, la casa. Mira tío: vete a la mierda.

Los personajes femeninos no son mejores, yo durante toda la novela me preguntaba si estaba leyendo una sucesión de casos clínicos. Queda claro que la mayoría tienen trastornos de la personalidad más o menos severos, y con una de las hijas me planteo si ha pasado episodios que ha estado psicótica y nadie lo ha notado. Es un festival de la psicopatología, y cuidado que no digo "de la psicología", no, digo psico-patología. Si alguna o algún trabajador de la salud mental lee "Lluvia fina", se sentirá en todo momento trabajando. Pero no como en esas grandes novelas en las que aprendes del alma humana a través de personajes atormentados, o en conflicto. No: esto es material clínico, puro y duro. 

Y el único personaje normal, abnegado, la observadora externa, confidente de toda esta jaula de grillos, es usado por Landero para enfatizar, de un plumazo final, la fatalidad que recorre la novela. Parece injusto, pero ¿por qué cambiar al final, cuando toda la novela es negativa, opresiva, huele a grasa rancia, a naftalina, a fritanga que se te ha quedado en el pelo y en la ropa, a nicotina vieja amarilleando las cortinas? Y todo es mentira, nada es lo que parece, para ello usa la técnica del "unreliable narrator" (el narrador del que no te puedes fiar), y al final ya no sabes si las perversiones sexuales del juguetero (harto desagradables por cierto, pero contadas como de paso, de una manera casual) fueron tal, o producto de la mente enferma de la que lo acusa. De esto nos advierte Landero desde la primera página: los relatos no son inocentes. Claro que no, cómo van a ser inocentes, si siempre son una re-composición de la realidad que cada uno nos hacemos, esto sí que es de primero de psicología, señor Luis.

Hoy es domingo, y aquí llueve, y no precisamente de esa manera fina e insidiosa de la novela: aquí llueve tipo ciclón-menor, con ventolera terrible, pero a la que abrazo hoy tras el txirimiri de la lectura de ayer. Y mientras termino el divague, que ha sido en el fondo catarsis, me doy cuenta de que me siento tan mal porque admiro muchísimo a Landero: desde sus "Juegos de la edad tardía" (aquí también hay un Faroni fantasioso y dramático, que muere enseguida) hasta "Hoy, Júpiter", su manera de trabajar el lenguaje, como un alfarero de las palabras (esto es suyo), y su manera de relacionarse con la escritura: "Me gusta gustar, pero no lo intento" siempre me ha parecido magistral. Es la decepción lo que me hace estar ahora así. Quedo a la espera de otra tormenta, con nubes negras que se vacían allá lejos, en el horizonte, mientras me sacudo esta lluvia fina.