27 de octubre de 2015

Felicidades sis, y ahora: YA PARA!

5 divagues
No sé si os había comentado que no puedo divagar. Ah, que sí... vale, ya lo dejo. Total que hoy CUMPLE TREINAYCINCO mi pequeña hermanita y, a diferencia de otros años, no he podido sentarme a escirbir una de esas épicas historias de la infancia donde ella vagaba por los pasillos -un perfecto embrión del di-vagar- y yo la intentaba arrastrar al Lado Oscuro. Y no me guarda rencor! (al menos por eso).

En mis multiples surfeos por la red estos días, encuentro cosas, y esta es una de las que me han hecho reír... hablando de "terapia". Además está con subtítulos en mexicano que lo hacen aun mejor: Stop it! pasa a ser "YA para". Viene a ser una versión de aquel genial "Turn it off" de Book of Mormon, o el "No toque más!" de Les Luthiers. Es un video muy versátil porque en tal día como hoy: para ya de cumplir años! (esta mal que mi baby tenga ya 35!).

Querida Sister Fashion: pasa un día genial (Nara, maracas, presentaciones de powerpoint) y prepárense Vetusta y EL Gaitero: el finde lo celebramos por todo lo alto! :)



25 de octubre de 2015

"And the Band Played Waltzing Matilda"

10 divagues
Una serie de factores han creado "la tormenta perfecta" para que no pueda divagar: tengo que preparar la conferencia del viernes, la bestia del trabajo ruge más hambrienta de lo normal, Mini está en Vetusta. Esto último es un arma de doble filo porque, aunque podría dar más tiempo para el divague y el poderío, en realidad libera las noches para salir a escandalizarme con la cotización del mojito en esta enloquecida ciudad, para recorrer el refugido antiaéreo que hay justo debajo de mi casa, o para ir al cine ("Sufragette" de Sarah Gavron, "Crimson Peak" de Guillermo del Toro, "The Martian" de Ridley Scott). Todo esto lo quiero divagar, quizás algún día. 


Mientras tanto, esta canción de Eric Bogle suena a ratos de fondo por mi casa. Y siempre es buena ocasión para colgar algo antimilitarista, particularmente en estos días de otoño en que empiezan a florecer esas horribles amapolas rojas en las solapas de los británicos. 
Volveré...


20 de octubre de 2015

"The Children Act" ("La ley del menor") de Ian McEwan: De tu mano al precipicio

5 divagues
La protagonista de la ultima novela de Ian McEwan, "The Children Act" se encuentra con dos dilemas morales: uno en casa, otro en el trabajo. A punto de cumplir los 60, su marido, un académico de clásicas le plantea que ha decidido a tener un affair: necesita vivir la Pasión otra vez, tal vez la última. En su trabajo como jueza en la High Family Court (juzgados donde van casos complejos, en su caso tema de familia), se enfrenta con el Testigo de Jehová de casi 18 años (pero todavía no, y esto es el quid de la cuestión) que no quiere aceptar una transfusión de sangre, y sin ella morirá. 

Este es el planteamiento del que parte el libro. Cuando una piensa que su vida es complicada, y entra en la de Fiona, pues da un respiro. Cuando una cierra el libro cada noche y se queda un rato mirando la tapa,  piensa en la lluvia que no deja de caer en toda la novela, y ese color y esa prisa. Otras vidas. 

Fiona y su marido, una pareja de altos profesionales sin hijos viven en Gray's Inn, una de las cuatro asociaciones de abogados y jueces de Londinium. Como se dice en inglés, for the sake of completion, quiero nombrar las cuatro: The Honourable Society of Lincoln's Inn, of the Inner Temple, of the Middle Temple y la que nos ocupa, of Gray's Inn. Para los turistas de tercera generación, aquellos que ya os sabéis Westminster y aledaños, ir a a dar un paseo por, por ejemplo Temple, está muy bien. Es una de los secretos de Londinium que descubrí en aquel año de baja maternal con Mini (qué rabia no haber tenido blog en esa época: tendríamos aquí una detallada guía de "Londinium de día y entre semana"). Andando con mi hija en el carrito dando vueltas, de repente, me encuentro con una calle que tiene una barrera de coches y un guarda en una casita. Me acerco y sí, los viandantes pueden pasar, y básicamente lo que te encuentras es un grupo de casitas victorianas encantadoras, alrededor de un parquecito aún más. Las puertas están abiertas, y en los recibidores, grandes paneles de madera con los nombres y los títulos de los abogados (aún no distingo las diferencias: barrister, lawyer, solicitor, attorney, counsel-prosecutor es fiscal, hasta ahí llego). 

Gray Inn's Square-isnt it lovely?
Pero divago. Como decía, la vida de Fiona no solo es la Ley durante sus largas horas de trabajo, sino que además viven en una "Total Institution" que supone residir físicamente en un plaza donde todos se dedican más o menos a lo mismo. Fiona toca el piano y sus aficiones son, evidentemente, desperadamente de clase media (que ya sabemos que en inglés, "clase media" significa precisamente clase media-alta, yo diría directamente, clase alta). No hay ningún tipo de crítica, sino más bien una aceptación sin peros al statu quo, que sorprende sabiendo que McEwan viene de clase trabajadora, y es más, su hermano fue dado en adopción en la infancia y hoy en día es albañil. Pero no sé cómo tratará este tema en otros libros porque no leído demasiado a este autor (tres o cuatro novelas?), y me consta que sus inicios fueron de lo más inquietante. Con motivo de los 40 años de publicación de su primer libro "Primer amor, últimos ritos", escribió un artículo en The Guardian, "Cuando era un monstruo", del que me quedo con este párrafo:

 "And as far as I was concerned, fiction was synonymous with freedom. The legal struggles to publish Joyce’s Ulysses, the Lady Chatterley trial, the wild transgressions of books such as Roth’s Portnoy’s Complaint and Burroughs’s Naked Lunch persuaded me that to write fiction was to be obliged to take the reader by the hand to the edge – and jump. The business was to find a boundary, then cross it".

("Escribir ficción conllevaba llevar de la mano al lector hasta el borde-y saltar. El tema era encontrar un límite, y cruzarlo").

No solo por cuánto quiero las tres primeras novelas que cita (la cuarta habré de revisitarla), sino porque me encanta esa desiderata de lo que debe ser la literatura: llegar al abismo, y saltar. Precioso. Conclusión: debo darle mi mano más, a ver si de verdad me lleva al precipicio?

Leyendo "La ley del menor", una se acaba preguntando si, disfrazado de las niceties de la clase media, en el fondo no está otra vez metiendo el dedo en la llaga. No, el marido sesentero que quiere tirarse a la de 28 no parece ninguna transgresión-tal vez su honestidad de admitir que una pareja a los 60 ya no está en la cama como a los 25 sea novedosa. El tema de la pareja esta ahí, de fondo, como la lluvia que no deja de caer en la tapa del libro.

Pero el tema fundamental es la religión. En el mundo de lo políticamente correcto, donde todos sabemos que hay que respetar las maneras de ver el mundo de todos, McEwan, un confeso ateo que ya se metió en un medio-lío por decir algo en contra del islamismo, plantea el eterno tema de la transfusión de sangre a un Testigo de Jehová que es además, un menor. El hospital quiere transfundir, los padres y su comunidad no. Y, claro, él tampoco. Dentro de tres meses, si sigue pensando NO, se le respetará. Pero hoy tiene 17 todavía, y ahí entra la jueza, a decidir sobre la vida o la muerte de un tercero. Conceptos muy establecidos en la jurisdiccion britanica como el de a Competencia Gillick se debaten en la novela: un menor de entre 16-18 años puede aceptar tratamiento si es competente, dando igual lo que digan sus padres. ?Pero qué dice el Estado (vía esta jueza)?

Por supuesto, igual que no desvelaré qué pasa con su marido, tampoco lo haré con respecto a la transfusión (aunque algún divagante lo preferiría, para quitarse la tensión de la trama). Lo que sí que quiero decir, antes de terminar, es que con esta novela he entendido personalmente algo mejor en lo que consiste el trabajo de un juez de familia/menores (no criminal/penal). El mismo McEwan describe que el primer embrión de esta novela partió de una cena que tuvo con un grupo de jueces, las conversaciones que oyó y, más importante, el libro que leyó donde se resumían veredictos de uno de esos jueces, Alan Ward. Cuenta McEwan que, mientras avanzaba, se iba dando cuenta de lo similar que era aquel oficio al suyo. En particular aquello que leía era un prosa prácticamente literaria: "limpia, precisa, deliciosa"

"It was the prose that struck me first. Clean, precise, delicious. Serious, of course, compassionate at points, but lurking within its intelligence was something like humour, or wit, derived perhaps from its godly distance, which in turn reminded me of a novelist's omniscience. I continued to note the parallels between our professions, for these judgments were like short stories, or novellas; the background to some dispute or dilemma crisply summarised, characters drawn with quick strokes, the story distributed across several points of view and, towards its end, some sympathy extended towards those whom, ultimately, the narrative would not favour".

... "seria, compasiva, inteligente, con humor, o ingenio, derivada al vez de su distancia, que me recordaba a la omnisciencia del escritor".

"La ley del menor" es un libro correcto. Un libro que he subrayado mucho pero que no me ha cambiado la vida, ni me ha agitado, ni cuya tapa he besado al acabar. Pero sí que la he mirado, pensativa, después de cada sesión de lectura. 

McEwan: tal vez mi conclusión es que voy a dejarme llevar de tu mano al precipicio.



18 de octubre de 2015

Qué estará haciendo Mini?

11 divagues
Desde el verano, mi vida de día y la nocturna están desincronizadas: y eso no me gusta. Hay una vida en la que cosas pasan y otra, en las que cosas se procesan. Esta última es para mí el blog: una especie de diario adolescente donde unos pocos tienen la amabilidad de comentar-cosas sin relación, también hay que decirlo (love you! divagantes). Como he escrito muchas veces, las razón de ser de este "diario" es loquesea que me dé ese día (por ej, hoy, día altruista: la necesidad de compartir ese libro, peli, foto, lugar que he visto... en definitiva, con lo que antes braseaba a mis amigos, que están todos como locos de agradecidos al Mr. Blogger), pero me doy cuenta que a veces, las razones van cambiando. Por ejemplo: alguna vez, cuando blogger dice "quizás también te interesaría", lo admito, me sorprendo porque es algo que había olvidado totalmente. A veces son anécdotas de Mini y en ese caso siempre pienso... menos mal que lo he escrito en el blog. A veces veo el blog como una serie de cartas para ella: a mí me gustaría saber lo que pensaba mi madre o la Yaya de la vida cuando yo estaba creciendo. 

... dijo Mini

Pero divago: hablaba de falta de sincronización, porque tengo demasiadas cosas que contar/compartir, y no me da la noche para escribirlo. Recuerdo aquella vez que me dió un ataque de bloqueo ("Writer's block"): fue muy mal porque no es que no hubiera vida de día, es que nada me parecía digno, nuevo, y que pudiera interesar a nadie (si me aburría a mí misma, que queda?). Eso causa una especie de angustia que si se da en la vida en general, lo que llamamos anhedonia, debe de ser terrible. Luego ha habido épocas en las que no he escrito durante unas semanas porque algún evento personal (cómo olvidar, con poquitos meses de blog, la apendicitis con rondada doble mortal que casi se me lleva a mí y a mi parte de blog por delante), o profesional ("trabajos forzados", como ahora) me lo han impedido. Y luego está lo de ahora, que tengo tantos libros, pelis, ideas, visitas y música que quiero colgar, que me agobia. Por no hablar de Peloponeso, que os tengo a mitad de la gloriosa Mani. 

Uno de los múltiples divagues que tengo empezados, ha pedido paso con decisión y se ha postulado fuerte en lo de "termíname, darling". Y es que ayer Mini se fue a Vetusta para pasar sus dos semanas de half-term con los abuelos, y el Peda y la que firma pasamos de nuevo a ser los únicos flatmates ("compañeros de piso"). Y por supuesto nos han dado flashbacks del verano, cuando Mini pasó allí veinte días, y de ahí que haya desempolvado aquel divague nunca publicado:


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La vida de verano en Londiium sin hija es extraña. A veces cuando salgo del trabajo, "se me escapa Wolfy por las calles que van al cole, que se quiere ir a buscarte", le digo luego por teléfono,

Desde que dejé a Mini en Vetustilla con mis padres, no paro de pensar qué estará haciendo y que este será "un verano mini-iniciático". Porque esta es la primera vez en su vida que ha podido ir sola por la calle. En Vetustilla-pueblo de tres calles y pocos más habitantes en invierno, en verano se llena de veraneantes, y niños. Tiene piscina, columpios, moras que comerse directamente de la zarza y una bici que le han dejado. Y por la noche, ahí viene lo mejor: después de cenar (ya tardísimo, en Vetustilla en verano se cena a las diez!), aún se baja con su abuela a la plaza armada de una literna porque toda la chiquillería juegan a.. "polis y cacos, mummy". Se van en grupitos por todo el pueblo -con límites, claro, no pasar del empedrado hacia el principio del pueblo ni del abrevador hacia las huertas, y por supuesto no se va por el camino del río, pero esta OK por el callejón de San Pedro y subir la torre (sí, de ahí el "Vetustilla de la Torre"). Buf, la torre esta en lo alto del pueblo y es de los mejores lugares para mirar las estrellas del mundo-por lo menos de mi mundo porque igual aquí es donde las descubrí. Igual algún día le contaré a Mini que, una noche, bajo los arcos entonces derruídos de la estilizada torre besé por primera vez a un chico que, afortunadamente, no me hizo reir tanto como su aitá, y por eso no llegó a más. Algún día le contaré a Mini que lo más importante en tu chico es que te haga reír, y tú a él.

Tras los salvajes días de Vetustilla Mini pasó a Donosti con los aitonas, y allí se encuentra. Hacemos skype y nos cuenta de sus enfados con Paula, de la piscina de las otras amigas en la que se tira a gusto "porque cubre, la de Vetustilla casi no cubría" (por supuesto, cubría entera, solo que no era de 2 ms de profundidad), de la bici que han alquilado los aitonas, "porque al año que viene ya no valdría... sabes, podríamos vender la de Londres que me va pequenia, y con el dinero que saquemos comprar otra", de la cantidad de peces que vio en un programa de la tele y que luego los ha visto en la pescadería "con la cabeza cortada, mummy, qué horror, pero luego me ha puesto merluza la amona y me ha dado mucha pena pero me la he comido porque tenía mucha  hambre y estaba muy buena!"

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Volviendo a tiempo real, Octubre, la vida en Londinium sin Mini sigue siendo extraña: con quién discutir que vamos a una exposición o al centro, "noooo mummmy, qué rollo". Con quién luchar para que se coma las vainas.  Con quién batallar para que pida permiso antes de conectar el ordenador...

Ayer la fuimos a acompañar al tren del aeropuerto (antes de que nadie marque el teléfono de Servicios Sociales: Mini fue con un amigo que iba también para allá, gracias A.!), y en el último momento, se agarró al cuello de su padre y se puso a llorar "noooo, noooo quiero ir" (yo la entiendo: es Vetusta). Se nos partió el corazón... al poco rato los llamamos al tren, una dos y a la tercera ya se estaba riendo.  Desde entonces, no hemos parado de hacer cosas (de esas que os quiero contar!), pero todo el rato nos preguntamos aquello de ...


QUE ESTARÁ HACIENDO MINI?

... como Los Gandules se preguntan, en su hit "Cosas que hacer en Islandia", que estará haciendo Björk? Es una canción infalible para cuando os preguntéis por dónde andará ese ser querido... si es un hij@ con abuela española la respuesta suele ser, "estará comiendo churros/torrijas/helado/algodóndeferia/añadasegúnsucomunidadautónoma".

Este speedivague para los todos los que os estéis preguntando aquello de... qué estará haciendo Di? :)
 

13 de octubre de 2015

Caridad. Justicia. Boikottt!

63 divagues

Ayer divagué, a propósito del "Día de la Niña" sobre Plan, una organización que me gusta- pese a que sigo pensando que lo que el mundo necesita es justicia, no caridad. Precisamente ayer vi en twiter el mensaje sobrecogedor que inspiró a Langdon-Davies a fundar Plan. Se me rompe el corazón-y que aún estén pasando estas cosas hoy en día.

A estas organizaciones en inglés se les llaman "charities". Yo en lugar de charity para el divague me debato entre usar las facinantes expresiones que usan 1. una amiga que el castellano no es su primera lengua: "organizaciones caritativas", o 2. un conocido español que lleva aquí muchos años: "caridades" (he hablado alguna vez de la Madre Caridad, de matemáticas de 7 y 8 de EGB, la Caridubi?). Sé que en castellano se dice "ONGs", pero lo de caridad es tan victoriano, y enfatiza más la farsa que es. Otros conceptos: "donation", donativo, en lugar de dinero. Era como cuando las monjas decían "alimentos" en lugar de comida ("el rico come, el pobre se alimenta"). Bien, queda claro que toda la parafernalia esta no me gusta.

En el colegio de Mini, ese lugar del que no divago lo suficiente (daría para grandes momento sociológicos, la middle-class inglesa y de alrededores), cada año eligen a una caridad  para la que recoger pasta (donation) y dárselo a fin de curso. Todos los años, la que firma, cuervo ingenuo, pone a Plan, su Caridad de elección en la lista para que sea votada por el resto de padres (madres), y todos los años, sistemáticamente, es derrotada. 

Qué caridades proponen? Siempre suelen ser  cosas locales, que les podrían pasar a ellos: "Enfermedad mitocodrial del oeste del rio", "Incubadoras para prematuros al norte de la colina". Este año, aparte de las 5-6 locales de rigor, y la mía estaba "War Child" (para niños de la guerra). No sé quién propuso esa, pero ya te digo: you dont stand a chance (ni de coña). Eso les pilla muy lejos. A quién le interesa la guerra o la educación de las niñas en India?

Cuando me ponen ya histérica es cuando proponen servicios que creo que deben ser pagados por el dinero de los contribuyentes: así estamos privatizando el NHS (Seguridad Social)... la Big Society de Camerón de la Isla (gracias NáN) va de eso: que las madres pijas horneen magdalenas para vendérselas (ya secas) entre ellas con excusa de cualquier festival, y al final de curso den lo recaudado a la planta de pediatría del hospital X. Sí, lo habéis advinado: este año la caridad que ha ganado es precisamente esa: el hospital pediátrico mayor de Londinium. Pobrecitos, necesitan el dinero que Cameron les recorta. Y nosotros poniendo parches. 

Se nota que estoy cabreada? Pensaréis que es porque Plan nunca gana. Pero va más allá: es la estrechez de miras de esta gente, que son legión.

Mientras tanto, mi pequeño acto de boicot. No pregunteis cómo, pero he logrado infiltrar en el colegio propaganda subversiva. El viernes pasado era el "House Day" (en el colegio hay cuatro casas, desde los pequenios a los mayores, y compiten durante el curso con puntos-cada casa tiene un color y los nombres son castillos escoceses) y un profe necesitaba una camiseta amarilla. Yo tenía una del Peda que el profe lució sin problemas todo el día. Nadie en el colegio objetó al hecho de que su leyenda, en todo el pecho era:




11 de octubre de 2015

Rema como una chica (11-O, Día Internacional de la Niña)

21 divagues
Otros años, tal día como hoy, 11 de octubre (Día Internacional de la Niña), he contado cómo llegue a Plan UK, la ONG fundada por un periodista inglés para ayudar a los huérfanos de la Guerra Civil española. También por qué me gustan tanto sus campañas, en especial esta: "Because I am a girl" ("Porque soy una niña"). Plan lucha contra la pobreza apoyando a las niñas del mundo, que aún son casadas, genitalmente mutiladas, explotadas, asaltadas... Porque nadie como las niñas sufre el horror de la pobreza, y nadie como ellas puede dar un vuelco a las comunidades donde viven.

Este año, cuatro chicas van a hacer una proeza que me deja con la boca abierta. La causa: llamar la atención sobre este tema y recaudar fondos para Plan. El reto:  Van a cruzar el Atlántico a remo, ellas solas, desde La Gomera hasta Antigua. Van a turnarse para dormir, van a enfrentarse a olas "tan altas como un edificio". Su eslogan: "Rema como una chica". 

Si queréis apoyar los derechos de las niñas del mundo... aquí. 






8 de octubre de 2015

No eres famoso

19 divagues
De los creadores de "Aquí huele a Yísus", "Mummy, existe el CERRO?"" y búsquedas de google que incluyen "sunglasses coolness children" y "baby leopards with their mummys" llega...

"NO ERES FAMOSO"



Mini y su padre van caminando por la calle, manteniendo una conversación. Ante la apocalíptica injusticia de la naturaleza que toca en ese día, cualquiera, Mini concluye con su derrotismopasotismo adolescente-y tiene 7:



- Jo, no tengo nada de suerte!
- Cómo puedes decir eso? -este es el Peda-Tienes un  montón de suerte!
- Qué va...
- Mira, por ejemplo tienes mucha suerte con tus padres. Esto ya te lo dije cuando tenías tres días y llegaste a casa: "Pakita (ese era su nombre pre-Mini), has tenido una suerte enorme con tus padres... por ejemplo, no te harán nunca ir a misa". 
- Ya... (no parece impresionada)
- No sé, mira por ejemplo a  tu padre, soy supercool: tengo el pelo largo, me gusta el rock... y  soy famoso.
- EN SERIO??? -primer signo vital que la delata como una niña- ERES FAMOSO?
- Y tanto, salgo en los periódicos y en la tele...
- DE VERDAD?
- Sí, sí... y...

Justo en ese momento pasa un hombre frente a ellos, Mini le para y le pregunta:

-Excuse me, do you know him? (Perdone, le conoce?)-señalando a su padre.

El hombre, balbucea, dudando unos nanosegundos. El Peda también entra en breve shock, pensando si es un vecino que nosotras conocemos y él no. Por fin:

-No, no le conozco. 

Y Mini: Ves? NO ERES FAMOSO!!!! 

Este dedicado a mi compa de piso

 

5 de octubre de 2015

Capítulo 42: "La blancura de la ballena"

35 divagues
Como parte del Londinium Literature Festival, se ha leído Moby Dick íntegra en el Southbank Centre. Cuatro días en los que actores, escritores, gente de la calle, han leído de seguido La Novela.  Ya he divagado a veces sobre el amor que siento por La Ballena, como llamamos a este ocho mil (gracias NáN) de la literatura (yo diría el Everest) en casa. 

Llegamos a la lectura cuando ya llevan dos días y andan por el capítulo 48- y nos vamos en el 53. Mini aceptó con alguna resistencia lo que describió como "un rollo", pero estaba claro que quedó atrapada. Algunos de los lectores lo hacían tan bien que no era difícil caer hipnotizado. Si algún trozo no se entendía, daba igual... una experiencia similar al Macbeth en cantonés de este verano. Bastaba con escuchar el ritmo, y saber que el libro entre las manos era Él. 

Al salir nos vamos a la parte que da al río en el edificio (es un centro de arte,  en el amplio sentido de la palabra: conciertos, seminarios, talleres, danza clásica, moderna... ese rollo) a tomarnos un té y un colacao.

De repente... un fantasma. Va andando por la estancia muy despacito, se va arrastrando... la gente mira, se levanta... salen dos más. Todos dan el mismo miedo... Mini que se agacha me dice que los ojos están pintados de rojo. "Son de verdad?", me pregunta. Y yo no sé a qué verdad se refiere. "Persígueme todo el rato" (aún no diferencia el sígueme del persígueme, pero veo claro que no le hace gracia quedarse sola con los fantasmas). Les seguimos hasta la terraza/calle. Hay varios más: algunos con banderas blancas, otros se retuercen en el suelo.






 












No sabemos qué son, ni qué representan... ni siquiera si tienen alguna relación con la lectura de Moby-Dick, porque tantas cosas pasan el el Southbank.  Pero yo solo puedo pensar en el capítulo 42 de La Ballena: una de las razones por las que me descubro ante Melville es porque tenga las narices de hacer un capítulo entero titulado "Cetología" y otro en el que solo habla del color blanco... Dedicar todo un capítulo a hablar de un color, así, en abstracto, de lo que representa y lo terrorífico que es: como la ballena blanca. 

Como Faulkner, yo también querría escribir como Melville, pero me conformo con haberle leído...

"What the White Whale was to Ahab, has been hinted; what, at times, he was to me, as yet remains unsaid. 

Aside from those more obvious considerations touching Moby Dick, which could not but occasionally awaken in any man's soul some alarm, there was another thought, or rather vague, nameless horror concerning him, which at times by its intensity completely overpowered all the rest; and yet so mystical and well nigh ineffable was it, that I almost despair of putting it in a comprehensible form. It was the whiteness of the whale that above all things appalled me. But how can I hope to explain myself here; and yet, in some dim, random way, explain myself I must, else all these chapters might be naught".