27 de noviembre de 2017

"Red Star over Russia": Por la noche en la Tate Modern

12 divagues
El último viernes de cada mes la Tate Modern hace "lates": está abierta hasta las 22:00, hay una serie de actividades y barras de bar por todos los lados. El viernes 24 era la noche para celebrar la exposición "Red Star over Russia" ("Estrella Roja sobre Rusia"), una Revolución en cultura visual (1905-1955). Las actividades estaban relacionadas con Rusia: charlas, documental en continuo (puedes entrar y salir como quieras), vodka (supongo en las barras), cabaret (más bien un teatrillo, terminaba cuando salimos de la expo) y lo más característico, mujeres vestidas con monos de trabajo y panuelos rojos en su cabeza que dirigían algunas de las actividades en grupo. Por ejemplo, en medio de la Turbine Hall de repente empezó a sonar La Internacional y un corro gigante de gente de las manos hacían pasos dirigidos por ellas. O a la entrada de la expo, una mujer de esa guisa hacía de modelo (siempre en posiciones revolucionarias), y la gente osada (Mini) las dibujaba. O más tarde, también en la Turbine Hall, estas mismas mujeres dirigían una sesión de "Fiskulturnik" (ejercicio físico copiado de viejas grabaciones soviéticas): una llevaba un megáfono, otra sacaba carteles con lemas marxistas "Trabajadores del mundo, uníos", y por fin la que hacía los ejercicios-muy energéticamente- a la que los pobres londiniumses cansados tras una semana laboral intentaban seguir. 




La exposición me encantó-bien es conocida mi pasión por la imaginería soviética; en particular la última sala con pósters de propaganda. En su mayoría la exposición proviene de la colección personal de un diseniador gráfico, David King, que comenzó a coleccionar todo tipo de piezas relacionadas con esta época en Rusia, y terminó con unos 250,000 objetos. En la exposición hay cuadros, fotos, recortes de revista o periódicos, objetos personales.

Ya comentamos en la serie de viajes Rusia, o en el divague sobre la exposición del Museo de Disenio, que muchos artistas creyeron que el arte o la arquitectura eran herramientas de cambio. Hasta entonces, el arte había estado colgado en las paredes de las élites: a partir de ahora, el arte se hizo accesible a millones gracias a impresiones, posters, tarjetas, etc. Esta iconografía llegó a gente a lo largo y ancho de la URSS: compartieron un lenguaje visual. 

Posters en diversos idiomas se pusieron por las calles, estaciones, fábricas: el mensaje era que la Revolución estaba poniendo el poder en las manos de los trabajadores. Había también trenes de "agitprop" (agitación y propaganda, me encanta esta palabra), con vagones con cine, o para exposiciones, clases, teatro... y llevaban el tema de la Revolución a zonas lejanas. 

En la última sala están mis posters favoritos, de Nina Vatolina, con mujeres "empoderadas". En la mitad del SXX, el "realismo socialista" dominaba la cultura visual de los URSS-una uniformidad que comenzó a ser rechazada por artistas como Kababov tras la muerte de Stalin en 1953 (hace un par de semanas, precisamente, vi la comedia-sí, comedia- del mismo título, dirigida por Armando Iannucci). 

Pero algunas imágenes valdrán más que un divague muy largo, así que aquí termino. Antes de irnos nos columpiamos un rato en la última instalación del otro lado de la Turbine Hall de un tal Superflex: "Un dos tres columpio!", mientras, en el fondo, la mujer del megáfono sigue increpando a las masas a seguir con Fistulturnik intensivo: Un dos tres, y arriba!
















25 de noviembre de 2017

La historia del césped (seguimos con el rollo "aspiracional")

16 divagues
Los cazadores-recolectores de la Edad de Piedra no cultivaban césped a la entrada de su cueva, ni los griegos, ni los romanos, ni los orientales... La primera vez que a alguien se le ocurrió crear un césped a la entrada de una residencia fue en los castillos de la Edad Media en Francia en Inglaterra.  A principios de la Edad Moderna, esto se puso "de moda" entre los nobles, y pasó a ser símbolo precisamente de "nobleza" y exclusividad. 


El césped exige muchos cuidados y no da nada. Los campesinos pobres no tenían tiempo que perder en cuidar algo que era simplemente un símbolo de estatus. Con la Revolución Industrial, se aumentó la clase media, y más adelante ya con la invención de riego por aspersión, cortadoras de césped etc, la cosa se democratizó. 

En América, el trocito verde frente a tu casa pasó de ser el lujo de los ricos a una necesidad de la clase media. Tras la misa dominical, todos se van a cortar su césped, otro rito de suburbia. El césped es el tercer cultivo de los EE.UU., por detrás del maíz y el trigo. La industria que mueve es impresionante. 

En los dos últimos siglos, el deporte ha pasado también a jugarse sobre césped (a menos que vivas en una favela). Y mejor no entremos en el golf-recomiendo encarecidamente el podcast de Malcom Gladwell "A good walk spoiled". Solo diré que comienza con "Odio el golf. Y espero que tras este podcast, lo odies tú también". 

No hay duda que el césped se ha asociado con poder político, estatus social y riqueza económica.

Por esto, el caso es que el césped se ha expandido por todo el globo, no importa que el clima y las condiciones no lo propicien. Ahora va a conquistar el mundo musulmán: parece ser que un museo de Quatar tiene 100,000 m2 de césped-en lo que era pleno desierto (imagínese la cantidad de agua y esfuerzo que cuesta mantener esto). En los barrios de Dubai, las familias se enorgullecen de su praderita-su tamanio y calidad directamente proporcional, como en todo el mundo, al poder económico de quien vive en la casa que decora.

Conociendo esta historia, aún dan ganas de montarse un pequenio prado?  Alguien se planteará, aunque solo sea un momento, sacudirse el estereotipo que comenzó como un capricho de reyes europeos, como una manera de ostentar su poder? Es el césped, al fin y al cabo un "porque yo lo valgo"?

Esta historia la cuenta YN Harari en "Homo Deus", y me ha parecido que hay que transcribirla aquí, tras el divague del reloj "del que nunca eres totalmente duenio". 

"Nunca posees del todo tu césped. Lo tienes ahí hasta que los que te lo cortan despierten, se unan, y se te acabe el chollo". 

Que lleva ya durando demasiados siglos. 

23 de noviembre de 2017

Ahora que he insertado esta imagen en tu cabeza, nunca verás a ese reloj igual (Guerrilla divloguera)

20 divagues
Hay unos anuncios de relojes incrustados en una revista gratuita, de esas que regalan en el metro, que sacan lo mejor de mí. A ver si os pasa lo mismo a vosotr@s:



Me fascina su eslogan: "Nunca eres del todo el dueño de un -inserte marca del reloj. Simplemente lo cuidas hasta la siguiente generación".

Tres hurras para el publicista: con este eslogan mata varios pájaros de un tiro. De entrada, ya hay un aviso para navegantes sobre el precio: no te andas comprando uno cada par de meses. Luego, vendes su calidad y durabilidad. Y además, la cosa sentimentaloide, "la familia", "el legado", todo eso mola mucho a gente como los de la foto, a los que les han cuidado a los hijos las nannies.  Miro la foto: han logrado que el niño con el corte de pelo de £150 parezca otro objeto de consumo, como el reloj; cada vez admiro más al publicista.  

Está bien claro que si te gastas £135,000 en un (puto) reloj es porque no te han costado mucho de ganar, que igual te da 4 que 40. Pero el caso es que también tienen modelos baratuchos por meras £6,000, que seguro que hay algún cretino con una nómina tirando a normal, que mientras escribo está ahorrando mes a mes, tacita a tacita, para poderse comprar uno de esta marca. Para ellos es algo "aspiracional". Y así se lo podrá pasar a su retoño, que para eso lo dicen en el anuncio: "inicia tu propia tradición".

Pero yo, sin embargo, cuando veo esta campaña no solo no aspiro, sino que corro en la dirección opuesta. Y, lo mejor: no puedo evitar pensar en la enorme escena de Pulp Fiction con Christopher Walken entregándole lo que queda de un reloj a un niño que luego será Butch (el personaje de Bruce Willis). Tenéis que ver el video: si solo lograra enlazar esta escena con estos anuncios en la mente de todos los que viajan en el metro de Londinium y se tienen que enfrentar en cada nueva edición al careto de los de arriba... eso sí que sería guerrilla urbana, antídoto contra la marca de relojes y todo lo que representa. 




"This watch. This watch was on your daddy’s wrist when he was shot down over Hanoi. He was captured, put in a Vietnamese prison camp. He knew if the gooks ever saw the watch it’d be confiscated, taken away. The way your dad looked at it, that watch was your birthright. He’d be damned if any slopes were gonna put their greasy yellow hands on his boy’s birthright. So he hid it in the one place he knew he could hide something. His ass. Five long years, he wore this watch up his ass. Then he died of dysentery, he gave me the watch. I hid this uncomfortable hunk of metal up my ass two years. Then, after seven years, I was sent home to my family. And now, little man, I give the watch to you".

~~~~~

Apéndice: La divaganta Elena Rius me recuerda (cómo he podido olvidarlo, el Gran Cronopio!) este gran capítulo de "Historias de Cronopios y famas", uno de mis libros favoritos, que va perfecto para terminar el divague. Gracias Elena!

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

21 de noviembre de 2017

Dani Orviz trabaja en el DÍA

17 divagues




TRABAJO EN EL DÍA, de Dani Orviz

Trabajo en el "DÍA"
de lunes a viernes jornada partía,
y el sábado a veces
cuando al encargado cabrón le apetece.

Trabajo en el "DÍA"
y soy impermeable a la melancolía,
e incluso me alegran
las paredes grises, las baldosas negras.

Trabajo en el "DÍA",
y nadie imagina cuánto me relaja
pasarme la vida metido en la caja
cobrando a la gente que quiere rebajas
hasta que me saca a punta de navaja
el tío que viene al turno de después.

Trabajo en el "DÍA",
y friego el pasillo, y ordeno las latas,
me fumo un pitillo con el segurata,
escribo carteles con muchas erratas
y espanto a las ratas donde el almacén.

Trabajo en el "DÍA"
porque la existencia está muy jodía,
y hay cosas más malas,
como sexador amateur de koalas.

Trabajo en el "DÍA",
me toman a broma
los pijos que curran en el "Mercadona"
pero me desquito lanzando vaciles
a los pringaditos que están el el "Liddl".

Y cuando me dice algún hipster capullo:
"¿Por qué no te buscas algo de lo tuyo?!"
yo saco la cara palante y no huyo
y digo esta frase que le dice así:
"¿¡ALGUIEN VA A PAGAR CON UN BILLETE DE 30 EUROS?!"

¡Trabajo en el "DÍA"!
Perdone, señora, que no le sonría
pero de momento
prefiero guardar la alegría pa´dentro,

por vender productos que son tan, tan buenos
que si no trabajo los echo de menos
y en muchos momentos me encuentro llorando
por ese jabón imitación de "Magno",
y esa piña en lata, y esa macedonia,
y aquellas compresas que, cuando te acercas,
ves con gran sorpresa que ponen
"Auconia"...

Trabajo en el "DÍA"
y soy licenciado en Filosofía,
pero sin cuidado
que aquí tengo tema pa´tres doctorados:
La pinta kantiana de aquella manzana
y la descartiana del melocotón;
la pata cordero y el trozo de mero
que apesta a caverna del mismo Platón,

y aquella cocreta que tan pizpireta
se funde en el hielo con el calamar,
y aquella cebolla que hay en el estante,
y el desodorante con forma de polla,
aquella cuchilla que así te "degoya"
la maldita vieja que tanto se enrolla...

...se me ha ido la olla
pero me da igual.

Trabajo en el "DíA",
y ya ni me acuerdo lo que te decía,
mas da igual el tema
yo sigo palante con este poema.

¡¡Trabajo en el "DÍA"!!
(Tenemos descuento en naranja podría)
¡¡Trabajo en el "DÍA"!!
(A un euro y medio el kilo sandía)
¡¡Trabajo en el "DÍA"!!
( A ver si termino con esta poesía)
¡¡Trabajo en el "DÍA"!!
( Que toda esta gente está muy aburría)
¡¡Trabajo en el "DÍA"!!
(¡Termínala, Orviz!)
¡¡Trabajo en el "DÍA"!!
(¡Termínala, Orviz!)
¡¡Trabajo en el "DÍAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA"!!
¡¡¡Y AQUÍ SOY FEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE-LIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIZ!!!

18 de noviembre de 2017

Competición de padres: Asignatura Pretecnología

28 divagues
En mi colegio, lo de las asignaturas optativas  las monjas no lo tenían muy claro: en Primero de BUP la "optativa maría"  era "Hogar". Así que mientras mi amiga que se fue al instituto había podido elegir "Informática", yo tuve que hacer "Hogar" (también mi amiga hizo "Ética" y yo no había otra que "Religión", no entremos en ese espinoso tema). Nunca una asignatura fue tan malgastada en un alumno: Hogar me refiero. Patrón tipo falda, macramé, cuidados del bebé... (!!) Parece un folleto de horror de la Sección Femenina pero no,  era Vetusta a mediados de los 80 (gran banda sonora, eso sí).

Puente victoriano
Pero retrocedamos unos años: en EGB, teníamos una asignatura llamada un poco ambiciosamente "pretecnología", que consistía en que la monja planteara proyectos igualmente ambiciosos, y los hicieran los padres. En Séptimo llegó una monja nueva, como una cabra, que nos hizo hacer un "conector", de esos con pila y cables que se enciende una luz, pero este tenía opciones! (no como las asignaturas de BUP): solo si abrías el circuito correcto se encendía la luz (maremágnum de cables). Claro que no me preguntéis porque básicamente lo hizo Lisi, mi padre. Yo miraba y daba herramientas ("bisturí, escalpelo", algo así).

El mes pasado estuvimos visitando potenciales colegios de secundaria para Mini (el suyo se acaba en primaria) y, madre mía, qué instalaciones, particularmente las clases donde deben dar el equivalente a pretecnología: auténtico talleres de carpintería, o lo que sea, con instrumentos que no puedo nombrar (fresadoras? me fascina esta palabra) de apariencia muy pro. Aquí deben hacer los proyectos los niños, guiados por un profesor, pensé con júbilo. Porque claramente no es el caso del cole actual de Mini.

Hace unos años tuvieron que hacer algo relacionado con los romanos: le dije a Lisi que a ver si, aprovechando las vacaciones de Mini en Vetusta, podían hacer juntos una espada de madera. Cuando volvió, me apareció con un cartón cortado con forma de espada. "Papá"-esta soy yo, luego, por teléfono-, "qué es esto?" Lisi, a la defensiva: "igual de madera no pasaba por seguridad en el aeropuerto". En serio? Me imagino la cara del poli, requisando un trozo de madera, con punta de espada: improbable, pero hey. Así que tuvimos que hacer lo que pudimos con el trozo de cartón: pintarlo, decorarla con pegatinas, hacer la vaina con cartulina (una vaina!-perdonen el juego de palabras), y ponerle una bola de plastilina en el mango, cuando efecto era que se torcía cuando la intentabas empuñar. O sea: un fracaso.

Pero lo peor estaba por venir porque en este colegio usan estos projectos para exhibirlos el día de "Jornada de Puertas Abiertas" cuando otros padres van de visita en su proceso de selección. Ahí estaba, en un estante, nuestra espada al lado de lo que el "resto de los niños" había hecho: un anfiteatro romano con luces y todo, casas romanas con paja de verdad en el establo... ese rollo. Esta anécdota se ha quedado entre nosotros como una de esas historias familiares que nos gusta contarnos de vez en cuando entre risas: "mummy, recuerda la espada" dice Mini. El caso es que hasta la guardé porque solo verla por ahí me anima una mala tarde-tristemente no la encuentro ahora para poneros una foto.

Teléfono victoriano
Este año se ha vuelto a repetir la pesadilla, esta vez hay que hacer "un invento victoriano". Mini se explica como un libro abierto: "Daddy, tenemos que hablar". Pausa estudiada. "Porque ya se sabe que con mummy no se puede contar" (te hijas para esto!!!! yo, que hice toda la vaina de la espada!!!) , y concluye: "quiero hacer una máquina de escribir".

QUÉÉÉÉ? De verdad: una máquina de escribir en 3D? Esta niña se va del bolo! Yo me alegro de haber sido excluida de este proyecto, porque enloquecido no empieza a describir lo que es. Pasan un par de días y les oigo hablar del tema: el Peda se baja en marcha y ha sugerido que hagan "un sello de correos". Un sello? De una máquina de escribir a un sello?

El fantasma del proyecto nos persigue durante toda Malta, hay debates y discusiones sobre lo que vamos a hacer cuando volvamos, y al final se hace una luz en mi cabeza (nunca mejor dicho): Una bombilla!!! Haremos una bombilla. Forraremos con papel de seda amarillo un balón que ya está un poco fofo (pero que a aquí no se notará), le pegaremos un cubito de esos de poner el detergente líquido dentro del tambor de la lavadora, que a su vez forraremos con papel de aluminio y voilá! Mini no parece muy entusiasmada pero sugiere ponerle unos rayos de luz que salen donde escribirá  "datos sobre el descubrimiento de la bombilla". Viva!

Baño victoriano
La presión es insoportable, divagantes: Mini vuelve del colegio cada día con noticias:  "Fulanita está haciendo algo con motor". Su amiga S., cuyo padre le hizo -atención- una casita de árbol con tirolina y todo, va a llevar un puente colgante hecho de madera! Un niño ha llevado un buzón de tamaño natural. "Y yo una bombilla, porque mis padres son unos desastres", dice Mini, drama queen, aunque creo que en el fondo se ríe por dentro (su profe nos comentó: "Mini me ha dicho que sus padres subrayan y anotan los libros, y ella veo que también lo está empezando a hacer"-quien no se consuela...).

Padre que sabe carpintería
Hoy ha sido la Jornada de Puertas Abiertas, donde Mini ha sido guía de estos pobre padres con bebés que van a visitar. Nosotros hemos ido a su clase, preparados para la mayor humillación (tal vez ser referidos a Servicios Sociales?) pero he aprovechado -di reportera nunca descansa-para fotografiar algunas de los ehem... "trabajos de los niños" para el divlog.  Qué madre o padre se llevará el "premio divagantes pretecnología"?

Nuestra bombilla!!

~~~~~Ultima hora (pin-pin):
En el cole tienen cuatro "Casas", cada una con el nombre de una castillo y de un color. Hay ninios de todos los cursos en las 4 casas, y van acumulando puntos por todo tipo de hitos para su Casa (deporte, portarse bien, lo que sea). Hoy dice Mini que "los puentes, el banio vitoriano, la calle iluminada" han obtenido 5 puntos cada uno para su casa. A Mini le han dado 3. Una cosa es que nos hagan hacer estas piiii para gloria del cole, y otra que los ninios se acaben sintiendo peor por algo que no tiene que ver con su esfuerzo, claramente. Pedagogía de pacotilla.

16 de noviembre de 2017

Muchas gracias, desconocida o desconocido.

9 divagues
No sabes quién soy, ni donde vivo, ni nunca leerás este blog. Lo primero porque está en castellano y probablemente no sea un idioma que hablas si eres inglesa o inglés (no soléis dominar otros idiomas), claro que también podrías ser latinoamericana/o, ya que bastantes en Londinium, o de la península aquella de allá abajo. No lo sé.

Pero me encantaría que lo hicieras, porque ayer iluminaste uno de esos días horribles, y fuiste la razón por la que creí durante un rato en el género humano. Ayer fuiste mi Amelie, mi Spiderman, mi supergirl, mi heroína o héroe particular.  Yo no sabré nunca nada de ti, pero aquí puedo contarte que... 

...ayer, durante el día, lloré en el trabajo. De impotencia, y pena, y rabia, de constatar, una vez más, que el mundo, tal como lo conocíamos, se está acabando; que esto se transforma cada vez más, insidiosamente o a veces no, en una jungla; que cosas que creíamos derechos y básicas se acaban, y se empiezan a acabar primero para los más vulnerables de la sociedad. Con los que (aún) tengo la suerte de trabajar. 

Te puedo decir que ayer me fui del trabajo un poco antes, a las 16:15 -la noche ya era boca de lobo-porque tenía que ir al médico, una visita corta. Antes pasé por Sainsbury's, el supermercado, donde puedes dejar el coche pagando una libra por una hora. Fui a poner la moneda en la máquina, menos mal que tenía suelto en la cartera porque la última vez tuve que ir a hacer cambios. 

Te puedo hablar del artículo en el que pensé mientras esperaba en el centro de salud, porque lo había escrito precisamente una médica de familia. En él contaba cómo tenían un limpiador -que no lo hacía demasiado bien, siempre ensimismado- empleado vía una compañía que se quedaba con 2/3 de lo que el centro pagaba, con el que un día tuvo uno conversación: era refugiado de un país con una guerra terrible, su familia había muerto, en fin, los dramas de estos casos con los que convivimos. Unas semanas después, haciendo una auditoría del centro, se dieron cuenta de que la alarma no se activaba por las noches, durante un anio. Y entonces fue cuando, en el cuarto de las escobas, descubrieron una bolsita con ropa interior, una guilette, y una pastilla de jabón: el hombre vivía allí, sin nadie saberlo. Se me partió el corazón.

Te puedo describir la llovizna al salir del médico, y que había mucha gente, y yo solo quería llegar a casa porque no me había encontrado nada bien durante el día; igual estaba somatizando. Los vendedores del "Big Issue" en la puerta de Sainsburys, el mendigo con su perro, tres adolescentes hablando muy alto, gente andando muy rápido, un senior con rastas esperando el autobus.  Cogí la cesta del super y me puse a hacer un poco de compra: fresas, yogur, porridge, weetabix, ciruelas, mandarinas. 

Te puedo contar que, cuando acabé, decidí ir a pagar a una caja con una seniora mayor, en lugar de las de auto-servicio. Odio el "elemento no identificado en la zona de empacar" que dice la voz, y tienes que pedir ayuda. Te pasa a ti también? Así que puse mi pequenia compra sobre la cinta y cuando fui a sacar la cartera, no estaba. Enseguida quité todo de la cinta y le dije a la seniora, literalmente: "oh, no tengo la cartera, se ha debido quedar en el coche, ahora vengo". Dejé la cesta en un lado para que pasara el siguiente y volví al coche. 

Te puedo asegurar que iba diciéndome, "bueno, así cogeré la bolsa grande naranja", que llevo siempre detrás por si acaso. Pero al llegar el coche, oh, la cartera no está. Pero sé que estaba cuando he llegado a este aparcamiento, porque he sacado la libra para ponerla en la máquina. Miro, y remiro: es los laterales de los asientos, donde se me quedó el móvil el otro día y solo lo encontró Mini. No está. Ni rastro. 

Te puedes imaginar los nervios, que volví al médico, porque había sacado el libro gordo que leo, igual saqué la cartera, pero en el sitio que estaba sentada no había nada, ni nadie había entregado nada en recepción. Mientras caminaba de vuelta el trocito de calle del médico a Sainsburys, cada vez llovía más, y llamé al Peda, mi partner, para contárselo. Me puse a llorar. Le dije que tendríamos que empezar a cancelar tarjetas. Llevaba dos. Mientras caminaba hacia el coche pensaba en todo lo demás que en esa cartera: una foto de Mini, mi hija, escolar en parvulitos, varias de carnet de la gente que más quiero, un mapa de metro, la tarjeta de Boots, de Sainsburys, de John Lewis, de Costa, los puntos por cada té que me he tomado en Nero (cuanto tienes 10 te dan uno gratis, como sabrás), una oyster de recambio (porque a veces me he olvidado la mía, o la he perdido-soy un desastre así), sellos de correos, el carnet de conducir, la tarjeta de la biblioteca de Mini y la mía, dinero (no mucho), cupones (sí, soy como esas senioras que usan cupones descuento en los supermercados o en Boots, 3 por 2 en desmaquillante de ojos). Y pensaba en la cartera misma, que me había regalado Fashion, mi hermana, y me encanta: es la que llevaría el padre de Indiana Jones, de piel marrón, que se abre girando una manivela, y con sus secciones, y una cremallera detrás para las monedas. 

Te puedes hacer una idea de mi obsesividad porque, de vuelta al coche, miré debajo, miré otra vez dentro, y otra vez abajo. Y por fin, me desesperé. No es posible, no puede estar pasando. Eché marcha atrás, ya llovía decididamente, y entonces, una luz, espera: y si voy a Atención al  Cliente? Aunque no me entraba en la cabeza que lo hubiera perdido allí.

Te puedes imaginar la cara con la que en Atención al Cliente, pregunté si alguien, por algún casual, por alguna remota coincidencia del destino, les había llevado una cartera. La seniora me miró, muy seria, y miró a los lados-claramente todo Atención al Cliente estaba al tanto-, como diciendo "aquí está, la cabeza de chorlito" (si semejante concepto existiera en inglés-goldfish, probablemente es lo más cercano). "Quizás", dijo, "cómo te llamas": "Di Vagando", dije, empezando a ver una lucecita al final del túnel... "Y tu designación?", y se la di, e incluso le ensenié mi identificación del trabajo que me había olvidado quitar del cuello, y entonces, intentando disimular una sonrisa dijo: "aquí está". 

Te puedo contar la alegría inmensa, y cómo hubiera abrazado a aquella mujer, si no hubiera tenido un mostrador delante, y las ganas que tuve de abrazarte a ti, querid@ desconocid@. Y se lo dije a todo ellos, la persona maravillosa que eras, y que me habías salvado. Todos sonrieron y yo firmé algo, y me fui, flotando. 

Te puedes creer que aún estaba ahí mi cesta con las fresas y la seniora ya estaba cerrando su caja, pero le conté la historia, y que por eso había tardado tanto, y ella se alegró mucho, y yo por fin, pagué y me fui. Al aparcar, ya al lado de casa, sonó el teléfono: era una amiga y colega con la que hablamos de los problemas a los que nos enfrentamos que me habían hecho llorar por la maniana. Estamos todos igual, pero eso no consuela. Cuando colgué el teléfono, me quedé unos minutos en el coche, con las manos en el volante, escuchando la lluvia, intentando procesarlo todo. Y pensando en ti, en quién serías, si una amable ancianita, o un tío con rastas, o una adolescente colombiana, o una mujer que trabaja en la tele, o un padre con sus gemelos, o un refugiado africano. 

Y puedo terminar contándote que llegué a casa, y de repente empecé a temblar. En media hora me subió la fiebre y me puse en 38.5. Me fui a la cama con un par de paracetamoles y seguía pensando en ti, en cómo te daría las gracias. Y así fue como, en medio del delirio febril, nació este divague. Porque en un día como el de ayer necesitaba principalmente, la idea de que existe gente como tú. 


7 de noviembre de 2017

100 años

5 divagues
100 años depués, y me sigue fascinando su iconografía... 













Y así lo vimos la pasada primavera, en primera persona: RUSIA en el divlog

2 de noviembre de 2017

Esto no es Mindfulness

9 divagues

Hoy me gustaría escribir sobre un paseo pisando hojas rojas y saludando ardillas bajo el sol del otoño en un parque de esta ciudad. Un paseo que no he dado. De algo que supusiera introspección, vivir el momento. Mindfulness, que se me da tan mal: esta es mi mano, que siente las rugosidades del tronco sobre el que descansa. Mis dedos son muy largos, en especial el corazón. Pienso en un corazón hecho de piedras en una playa hace unos días. Y querría encontrar el momento de escribir sobre esas playas, aunque sea solo para mí. Pero vivimos rodeados de pánico y desazón. Cuando abro los periódicos, cuando algunos vienen a mi oficina con sus historias, cuando pienso todo lo que tengo que hacer, lo que quiero hacer, en mi wolfy vandalizado.  Hoy un tipo rapado y con bigote-policía, pantalones ajustados y embutidas sus horas de gimnasio en una camisa cuadritos Vichy nos hablaba de mejora de sistemas, o algo. Salir de ahí, mi objetivo, asintiendo pero desbordada por intrusiones. Soluciono problemas, y cuando no sé tengo que hacer como que. Pero ayer me puse una peluca roja, y un hacha-diadema, que parecía un hachazo. Algún niño fascinado me dio alas. Quiero yogur con fresas y granola. Escribir para  poder decirte lo que pienso. No salir de la cama en varios días, mi mano agarrando los barrotes negros, fríos, hasta que los calienta, y pasa al siguiente; la otra retuerce mi pelo. Un senior que subió al Everest ha venido al colegio, mummy. Dicen que hay fila, hoy en día, igual que para coger olas o en los remontes. A ti te gusta colorear: no, en serio. Qué te has hecho en el pelo, me gusta: nada, se me está cayendo. Las brujas existen, lo han dicho en la radio four. Pero. Miedo a la oscuridad. Y a las brujas. Y a escribir sobre paseos otoñales, colores y olores, que se toman muy en serio. Las brujas somos buenas.