27 de febrero de 2014

"Philomena", a mi pesar: Grados de maldad

30 divagues
"Philomena" es la última peli de Stephen Frears, director de pelis como "Mi hermosa lavandería", "Los timadores", "Los amigos de Peter", "La reina" o "Las amistades peligrosas". "Philomena" toca el tema de los niños irlandeses vendidos por la iglesia católica en los años 50, y en concreto la historia de Philomena Lee, una chica como otras que tuvo la desgracia de quedarse embarazada y que sus padres la olvidaran por su deshonra en un convento. No entraré en la narrativa de la historia, que es soprendente, uno de esos casos en los que la realidad supera la ficción. Este divague no tiene ningún spoiler, simplemente mi perplejidad y desazón y dudas sobre el género humano.

Desde hace tiempo que vengo jugando con la idea de escribir sobre este tema, tras leer las historias terroríficas de lo que pasó, no ya en Irlanda, un país de fanáticos católicos donde dejan morir desangradas a mujeres para no pecar con un aborto terapeútico, sino en la propia península en la que nací y crecí. Desde hace tiempo que quiero sentarme aquí y dejar que mis dedos vayan solos, tras leer historias que pasaron hace nada en Espania, pero lo he ido evitando.

Porque no es agradable: hay grados en la escala de maldad con la que cada uno opera, y que variará con nuestras experiencias personales, nuestros valores, nuestra manera de entender el mundo.  Uno abre el periódico y llega un punto en el que tal vez una matanza en las antípodas le deja fría, y a otro tal vez esa matanza se le aparece hasta en sueños. 

Yo sé cual es mi maldad con mayúscula, el Top 10 de las maldades, la que me hace que se me ponga un peso así destrás del esternón,  y que me haga pequeña y asustada. Mi maldad de elección es que se le quite un hijo a una madre que lo quiere, y que puede cuidar de él.

Mayor crueldad no puedo concebir. Decir a una mujer, tras el parto, que su hijo ha muerto, y dárselo a otra gente porque, en su fanatismo, creen que le van a dar mejor futuro que su madre, o en su avaricia, creen que el dinero de la venta no está manchando de sangre, es algo que sinceramente para mí no tiene parangón.

Y es que estamos hablando de mujeres sanas, llenas de vida, que querían a sus hijos. Hay padres que no pueden cuidar a sus hijos, aunque quieran. Tal vez se siguieron drogrando o bebiendo durante el embarazo, tal vez no estaban ahí cuando el bebé lo necesitaba, tal vez ponían sus necesidades antes que las de su hijo, tal vez les pegaban o cosas peores. La complejidad de por qué hicieron esto -en su mayoría cierran un cículo de lo que les pasó a ellos-supera este divague. Pero el sistema tiene que intentar romper el círculo y sacar al ninio de esas situación abusiva, cuando los padres están tan dañados que ni con ayuda, pueden dejar las drogas, el alcohol, o los comportamientos que sea.

Pero este no es el caso que describe Frears. Aquí estamos hablando de chicas buenas, cuya falta fue la ingenuidad y la impulsividad. Chicas o mujeres, llenas de amor e ilusión, a las que se les dijo que su hijo había muerto, o que no tenían elección, porque ya eran escoria. Todo para que una familia "conforme" los criara en el camino adecuado, o para ganar ellos dinero.

Esta manera de actuar solo es compatible con un corazón helado, con cerebro de piedra, con una falta de empatía atroz. Solo alguien, sea monja o ginecóloga o enfermero o psiquiatra o lo que sea, alguien que no puede sentir con los demás, alguien despiadado y sin acceso a emociones reales puede cometer este acto. Hemos hablado de la psicopatía muchas veces en este blog: con Kevin, con Hudvest, con la neurociencia. Los "profesionales" que hicieron lo que describo eran todos personalidades sicopáticas, y lo digo lanzándome a la piscina, sin saber nada más de ellos. No hay otra explicación.

La peli de Frears nos presenta a unos cuantos así. Es un tour de force donde los haya, y si esta maldad está en tus Top 5, tal vez no dejes de llorar en toda la cinta. Pero también hay mucho humor, y la pareja que forman Judi Dench y Steven Coogan tiene química, y engancha. Por supuesto en la prensa la Iglesia Católica tuvo su momento "es una peli anti-católica" y el propio Frears reconoce que él, ateo judío, que ha tocado temas como la monarquía, el thatcherismo, la homosexualidad o el racismo, no se imaginaba que iba  a hacer una peli sobre "Dios". Mi frase favorita de la peli, refiriéndose a los católicos, es aquella en la que confirma el mito que existe entre los protestantes sobre la obsesión sexual de los católicos-véase Madonna en sus tiempos: "Fucking catholics!, que dice Coogan después de una revelación de Philomena.

La peli es anticlerical, pero Philomena, ferviente católica pese a todo, es un personaje positivo que "ha pensado en su hijo todos y cada uno de los días de esos 50 anios". La maldad con mayúsculas da miedo y ganas dan de no escribir sobre ella, que es lo que había hecho yo evitando el tema. Pero no mirar no va a hacer que no esté ahí. Y la peli, hay que verla.

23 de febrero de 2014

Feminismo para cincoañeras: "Let it go"

29 divagues
En Abril hará cuatro años (CUATRO!) que divagué sobre la película de Hayao Miyazaki "Spirited Away" ("El viaje de Chihiro") y lateralmente hablaba de las princesas de Disney. En aquella época Mini aún no tenía 2 años y se hipnotizaba con la peli de Miyazaki. 

Hablando de princesas Disney,  el día de Reyes fuimos a ver la última, "Frozen". Desde entonces estas dos princesas, Elsa y Ana, se han introducido en nuestra casa y casi parecía raro no divagar de algo que está tan presente.

En aquel escrito de hace 4 años yo decía que Blancanieves barría y la Bella se encantaba ante la biblioteca inmensa de la Bestia, siguiendo las tendecias cada una de su época: en los 50 el valor era una mujer de su casa, en los 90, una que leyera. Luego me desconecté de estos sesudos análisis principescos hasta 2010. Mini ya podía ir al cine y la primera fue "La princesa y la rana" , que me horrorizó: la prota, a la que naturalmente le da asco la rana, decide al final besarla porque le va a dar dinero.  Cuánto juego han dado las ranas en esto de la literatura (pienso en La Regenta).

Así que fui a ver "Frozen" con todas las prevenciones habituales princesas-Disney, y además unos amigos me habían dicho que había mucho besito. Bueno, es hora y media, encontramos las butacas (como siempre, por delante y centradas), la emoción de apagan la luz y... oh, pero qué es esto? Qué música! Espectacular, todas las canciones son preciosas, tipo musical (la voz de Idina Menzel, una gloria de Broadway es increíble, y puedo ver la producción en el West End en un par de años). Sí, hay una especie de escena de cortejo al principio, igual un poco de más para niños de 5 años, pero luego, el Amor que rompe hechizos, el Amor necesario para salvarse es el de hermanas, no el que les da ningún tío.

Porque Elsa, la hermana mayor, tiene un poder, que como muchas veces ocurre, también puede ser una maldición: todo lo que toca lo convierte en hielo. La escena que incluyo la he visto mil veces con Mini, y por supuesto ambas os la podríamos cantar de memoria (incluído soltarnos el pelo). Elsa huye del castillo y decide ser libre, usando ese poder que frente a la gente ha de esconder. Y canta "Let it go" (de difícil traducción, he visto el "Suéltalo", o el "Libre soy"... esta última no, please) que es un grito de liberación, de por fin poder hacer lo que una quiera. Aunque haya que pagar un precio, porque como le dice a Ana, su hermana, cuando la va a buscar "Sí, estoy sola, pero sola y libre" (oh, suena esto vagamente familiar a algunas mujeres?). Muy lejos de las Blancanieves, Cenicientas o Bellas Durmiente que esperan a que un tío las despierte de su letargo.

Nunca es demasiado el precio que una paga por su libertad. Esto no se le puede explicar a una cincoañera, pero sí que si te quieres tú y te quiere tu hermana, lo tienes casi todo ganado.



20 de febrero de 2014

Perder

24 divagues
Nos cansamos de repetir en esta vida que hay que saber perder. Sin embargo no lo llevamos a la práctica en absoluto.

Perder es "dejar de tener, o no hallar, aquello que se poseía, sea por culpa o descuido del poseedor, sea por contingente o desgracia" y yo añadiría también por elección. Uno elige y en el momento que lo hace, pierde. Es el famoso coste de oportunidad del que hablan en la facultad de económicas.


Perder una persona querida es un ejemplo claro de esta pérdida de la que hablo. Pero hay muchos otros ejemplos de los que somos más o menos conscientes:

  • Mudarse de casa, supone una pérdida de un espacio conocido, de unos recuerdos.
  • Casarse. Pierdes parte de tu intimidad, de tu espacio, de tu vida de solter@...
  • Tener un hijo. Pierdes más intimidad, pierdes el tiempo que te dedicabas...
  • Cambiar de trabajo. Pierdes compañeros, gente que ves cada día, amigos...

Perder, duele.  Deja una herida que, como toda herida, hay que reposar y cuidar. Sin embargo en nuestra sociedad todo el mundo espera exige que ante una pérdida uno se recupere pronto y rehaga su vida como si nada. Nos parece lo normal y no lo es, porque ese dolor no dolido se queda ahí enquistado y duele de otras formas.  Sigue allí de manera inconsciente porque no le hemos dedicado el tiempo necesario.

Hemos de aprender a perder.

17 de febrero de 2014

Nuevo hito en la ardua lucha por la liberación de la mujer

34 divagues
Sí, esto es para despistar mientras se cuece a fuego lento el divague de "?es el sexo tántrico el que ha cambiado, ahora que desde Sánchez Dragó se hace hacia adentro, o es que somos menos fieras en las cabinas rojas desde que han puesto libros en ellas". Porque ese era el tema no? Os van a dar más concursos, panda'hienas...

Pero soy buena, y como me ha llegado esto y me he reído, ahí va. Claro que igual está ya viral y yo sin enterarme. Resulta que Bic ha sacado un boli para mujeres. Verídico. Los de Bic naranja, Bic cristal, esos. Esta mujer, que es famosa en los EE.UU., explica la importancia de esta innovación mucho mejor de lo que lo haría yo. Merece la pena. Bic naranja escribe fino. Gracias Bic! Por pensar en nosotras. Bic cristal escribe normal. Bic Bic Bic... Bic para mujeres no sé cómo escribe, pero su potencial como arma no debe nunca ser desestimado.

Y por ambientar la cosa (y NO HAY PREMIO, gentuza), a alguien se le ocurre algún desarrollo de la ciencia o la tecnología para Ellas (Nosotras), que nos haya ayudado a ser mejores, así a la Bic?



14 de febrero de 2014

Extorsiones varias, escritores fantasma y un beso folk a nuestros divagantes

34 divagues
A veces, no sé si os pasa, descubres una música, un grupo, un cantante, y te obsesionas. Entonces te preguntas cómo habías pasado tu vida hasta entonces, sin conocer a Marcus Mumford, por ejemplo. 

Esto me ha pasado (y lo están sufriendo mis compas de piso) esta semana con la banda sonora de la última peli de los Coen "Inside Llewyn Davis". Pero qué digo sufriendo, disfrutando. Y tanto es el disfrute que lo que sigue es compartirlo. Pero qué digo compartirlo, sino con él premiarlos.

Así que aquí va, para los divagantes que se lanzaron valientemente al concurso de microrrelato de D&D, sabiendo que el peso pesadísimo LUX entraba en competición.  Es cierto que participado con no uno, sino TRES relatos, y que el que ha conseguido que le escribiera el propio Marías, Julián (digo Javier) ha sido insuperable. Que semos amateurs, él ya cuenta con los respetos del New York Review of Books. Pero como no podemos demostrarlo (que Marías, Julián, el hijo, ha sido el negro de Lux) tendremos que, una vez más,  dejar los laureles y las mieles al susodicho.

Pero, pero, pero:  ya se ve que se siente mal. O si no, cómo se explica su propuesta: que comparte El Premio (elegir el título del próximo divague, por si algún despitado aún ve jamones.. ah no, que los jamones eran para ayudar al jurado) con el resto de divagantes:

"Las anfitrionas y cada uno de los andamos por aquí proponemos un título con un límite de, por ejemplo, 12 palabras. Y volvemos a votar. Para darle más emoción, creo que sería interesante que el tema propuesto nos preocupara de verdad, que hablara de nosotros sin tapujos ni ambages; algo cordial (de corazón).

Caso de que se acepte esta moción con sus condiciones, aquí va mi propuesta:
«¿Cambian los tiempos o somos nosotros los que hemos cambiado?».

Mi título propuesto, de profundídimo que es da vértigo, lo comprendo".

Es complicado. Alguno necesitará un esquema. No preocuparse, se hará.

Vamos, esto es lo que viene siendo un campamento de verano de buperos, reunidos en una habitación con linternas y sin alcohol.  

Pero ya MO ha saltado a la palestra y ahí su aportación:

"Hablemos de sexo".

Pues mientras nos duren las pilas pueden seguir votando. Alcohol no hay, no insistan. Lo del testimonial "el peor regalo de San Valentín que te han hecho nunca" lo dejaremos para otro día, porque eso seguro que lo gano yo.

Pero divago. Yo estaba dando el otro premio, el alternativo y me he liado. Aquí van dos canciones de la peli.

Esta primera la recuerdo de mi infancia (y ya era vieja) en fiestas de Vetustilla. La letra era algo así como "en el tren que se alejó va mi amor que me dejó". Los Mustang: con decir que la he encontrado y no he sido capaz de pasar del segundo 8 les aviso. Cíñanse al inglés.




Esta otra, y ya me voy, es preciosa, una canción tradicional aquí intereptada por Marcus Mumford (el cantante folk inglés de Mumford & sons) y Oscar Isaac (el actor).

If i had wings like noah's dove
I'd fly up the river to the one i love
Fare thee well, my honey, fare thee well 
Farewell, divagantes, farewell...


13 de febrero de 2014

"En la cabina roja": Aún están a tiempo

53 divagues
Queridos divagantes, concursantes, maleantes, y gente de baja estofa,

Aún están a  tiempo los rezagados de participar en el último concurso de D&D, cuyo premio todo el mundo conoce y anhela (ser el que da título a uno de los divagues siguientes). 


Vamos a incluír las entradas que hasta ahora se han producido aquí abajo. Ha quedado descaliminado (como decíamos en mi cole, viene a ser como fulminado por cal o así) LUX por su claro y feo intento de PLAGIO que afortunadamente NáN ha logrado desenmascarar. Se le da otra oportunidad, LUX, pero no vale tampoco la de Colin Farrell con los terroristas. Yo también añadiré la mía hacia el final. DIVA, XAQUÍ y LUX: manos a la obra (o sentís tal vez señalados con la negrita?). Los demás, los silentes, también! (sabemos que estáis ahí)

Ahora, el tema peliagudo: quién será el jurado? Podría ser algo democrático, pero no. El que primero adivine cual es esta cabina, la más famosa de todo el Reino Unido, será galardonado con el laurel de elegir el mejor relato. Entiendo vuestra expectación.

Sigan participando. Atentamente,

La Di-reccción


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MARISA
Llegó corriendo mientras rebuscaba en sus bolsillos algunas monedas. Abrió la puerta y entró. Y cuando se sentó en el pequeño taburete el sonido de la puerta al cerrarse tras de sí le sonó ya muy lejano. Nunca hizo esa llamada.

JOSÉ LUIS
En el año 83, cuando llamaba desde una cabina frente a la Audiencia de Zaragoza, sobre las diez de la noche, me detuvo la policía, como en las películas, me metió en una de aquellas furgonetas que daban miedo y me llevaron a la Jefatura de Policía del Paseo María Agustín, que supongo que todavía existe. Unas cuantas preguntas, algunas comprobaciones, unas llamadas de ellos y una mía y me volvieron a dejar en el mismo sitio, con la recomendación de que no llamara en un buen rato. Un fragmento de una de tus frases, el referido a "los que teníamos novias fuera" me lo ha recordado. ¡Qué cosas, la memoria!.

NáN
Con las pocas monedas que le quedaban, se metió en una cabina a una hora en la que sabía que todos estarían en el trabajo y fue llamando de uno a uno a todos los que quería para dejar el mensaje de que se iba a suicidar. Cuando terminó, cabizbajo, vio cuatro billetes de 100 libras. Se fue con ellos a un bar privado que se mantenía abierto las 24 horas y se quedó casi tres días. Cuando salió se sentía feliz y había olvidado todo lo que había hecho antes de encontrarse el dinero.

IRE
Cuando fue a cerrar el libro de recetas, se cayó una pequeña foto de entre sus páginas. La recogió, vio a su padre, tan joven, tan vivo, delante de una llamativa cabina roja, con una mujer que nunca conoció, ella, su padre se puede entender que sí.

Su madre le arrebató la foto. "¡Qué rara es la vida Li", le dijo. Pues habeis de saber que cuando no sabeis que nombre le podeis poner a una madre vietnamita, Li siempre es una buena elección. "¡qué rara es la vida, Li!. Ahora tengo que ir ahí, es el momento". "Madre, seguramente será el capricho de nuestros antepasados". "Li, a mi edad, yo soy mi propia antepasada".

MO
 Llego a la casa en la que vivía ahora, había vuelto después de 12 años fuera.
Quedaron por la noche, se despidieron: "lo hemos pasado bien". "Si, tenemos que repetir pronto", se habían dicho hacia media hora y pensaba en cuando sería ese "pronto".
Subió al portal y al sacar las llaves se dio cuenta de que no las llevaba.
Saco el movil...al tiempo que recordaba que se habia quedado sin batería hacía horas.
Lloro de desesperación. Sin llaves, sin movil...sin casa a las 2 de la mañana.
Una cabina...¿una cabina? Monedas sí tenía. 

Hola soy yo...¿te parece que ahora es demasiado pronto para repetir?
Ya estás tardando....ven. 

CESITA
Los autores muertos estaban tan solos y olvidados... Un operario de British Telecom se compadeció de ellos. Les construyó una cabina para que pudieran volver a contarles sus historias a la gente.

DI
Condujo toda la noche, en contra de lo que pasa en las pelis, con rumbo norte.  De fondo llevaba aquella canción de Mark Knopfler, y caían estrellas fugaces, y por primera vez en mucho tiempo fue feliz. Cuando llegó al pueblecito, olía a mar y empezaba el cielo a rojear. Se sentó sobre la arena, en el vacío donde debía estar la cabina, abrió las puertas del coche y puso la canción a tope. Un viejo lobo de mar, que parecía de atrezzo, le gritó sin levantar la vista de unas redes que desenmarañaba:

-Todos los años tenemos a varios como usted, baje la música!

-Quitaron la cabina?-medio sollozó clavando en la arena el palo con el que garabateaba  iniciales y espirales- Cómo pudieron quitar la cabina???

-La quitaron, sí...-y por fin le miró con unos ojillos pequeños muy verdes- pero a usted nadie le quitará el viaje. 

CARMEN J
Miraba sin mirar uno de los libros de la cabina mientras esperaba que ella cogiera el teléfono. Tal vez no se habría ido aún, tal vez estuviera a tiempo de decirle que le esperara, que iba a cambiar, que sabría compensarla. Se sobresaltó al reconocer su propia letra en aquel libro abandonado, su letra en la dedicatoria que había escrito para ella. Comprendió que ya nunca podría llegar a tiempo, y colgó.

 ANNIEHALL
¡Por fin! ¡aquí estás! ¿pero no nos oías llamándote a gritos? Este niño y los libros... mañana mismo llamo a los de la teléfonica para que se lleven la demonio cabina de la esquina. Claro que seguro que el día que vengan pillan a éste dentro y se lo llevan como a López Vázquez.

DIVA
La vio bajando por la calle, pisando fuerte como de costumbre. Tenía el porte y la actitud más arrogante que había conocido. La temía. Muchas veces lo había puesto en ridículo. No le importaba hacerlo delante de los demás; que si me debes tanto, que si no encuentras trabajo, que si ya sabía que no tenía que alquilarte el piso... Así que no quería toparse con ella. Justo cuando se giraba para marchar en dirección contraria vio que ella le hacía un gesto. Trató de ignorarlo y comenzó a andar al tiempo que oía como le llamaba e iba tras él. Al doblar la esquina aceleró el paso, corrió hasta llegar a la otra esquina. Empujo la puerta plegable y se metió dentro. Se quitó el sombrero e hizo como que hablaba. Ella pasó de largo.

LUX (1)

 — Dirán que he muerto, y yo no muero. Aunque dentro de estos barrotes, de esta cabina roja, las horas pasen lentas como penas, largas como el olvido o el recuerdo… —se lamenta como si rezara alguien con voz de Hierro y Real alma de seda, de nombre José.

Alicia, indiferente a la plegaria, aburrida, amodorrada, se dirige a un caballero sedente, seco de carnes, enjunto de rostro, de cuyo nombre no quiero acordarme.

—¿Podría decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
—Depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
—No me importa mucho el sitio.
—Entonces, tampoco importa mucho el camino…

Tercia entonces en la conversación otro caballero, revestido con gabán y tocado con sombrero, pero de torpe aliño indumentario, que levantándose recita, atronadora y solemnemente, con aún deje sevillano:

—Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, / se hace camino al andar.

Y manteniéndose en pie, cierra los ojos y los puños y se sonríe para sus adentros (y un poquitín hacia fuera), aguardando el aplauso.

—Multiplícate por cero, tío—le suelta un niño amarillo con acento americano que parece sacado de unos dibujitos animados.

Otro niño, pequeño como un pulgar, al oír camino se pone a hacer pelotitas de migas de pan. ¿Por qué? No sé, cosas de niños que de mayores olvidamos… Y una jovencita bella duerme y otra bella intenta e intenta que una bestia siente la cabeza. Y una muchacha, blanca como la nieve charla de sus cosas en un aparte, ¿de qué hablarán?, con otra muchacha gris como la ceniza...

En fin, que así pasan siempre sus tediosas horas todos estos personajes en busca de lector en esa cabina roja, abarrotada por dentro, abarrotada por fuera.

Pero, ¡qué veo!, esperad. Aguardad, que hoy no. Hoy alguno de ellos está de suerte y todos, emocionados, se tientan la ropa: abriste la puerta.


XAQUÍ
Venid, venid si teneis una historia que contar.
Trepadores de acera, amantes de esquina, inventores de caricias, desheredados de promesas olvidadas, locos, rancios, borrachos, heridos, tambaleantes, amantes, fugitivos, impostores, bromistas, escaladores de cielos tempranos, solitarios, viajeros, pobres en tiempo y largos en memoria, estrafalarios, rompedores, ilusionistas, investigadores, orgásmicos, gimoteantes, escultores de noches de gloria, buscadores de soles luminosos...
La cabina Roja es vuestro lugar, si teneis una gran historia que contar.
Una historia que abrigue el alma del buscador, cure la memoria de la infanta, encuentre los tesoros de las grutas de los ladrones de la ilución, y nos acompañe en nuestra noche larga.
La Cabina Roja os espera, no dejaba de vociferar a la puerta del local.
Se metió dentro - se metió en la cabina roja, Lux- y se rió con la risa más feliz y más franca que salió jamás de garganta humana.


 BASAJA
 "Entró corriendo, sudando, nerviosa. Cogió un libro al azar, lo abrió al azar, y al azar eligió una frase. Marcó un número al azar, y leyó, despacio, la frase que el azar había seleccionado:

"Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza."

Luego, colgó y murió en paz."


LUX (2)
 «Voy y me pongo y digo: «Huy, qué bien, una cabina VERDE. Qué VERDE es la cabina. Voy a llamar a mi médico desde esta cabina tan VERDE, ¡porque mira que es VERDE!».

Piticlín-piticlín…

—Doctor, soy Luxindex.
—¿Quién?
—Luxindex, el que va a ganar otra vez el concurso D&D.
—Luxind… ¡¡Ah, ya, el daltónico!!».

 
LUX (3)
«Dentro del interior de la cabina pintada con pintura roja, y antes de salir fuera, el hijo de Julián (que era, en concreto, el nombre de su propio padre; no otro nombre, no otro padre), pensó, pensativo, en pensar un pensamiento que no pronunció en voz alta porque entonces supo que sabía que si seguía continuando con el microrrelato conforme aumentaba disminuía su microrrelatez o microrrelatez».

12 de febrero de 2014

Y aún más bellezza: Bibliotecas

30 divagues
Cosas que me hacen sentir bien: las bibiliotecas. Cuando entro en ellas ya me suele dar un subidón. Cuando son preciosas, doy saltitos.

Esta es la biblio de Cincinatti. No hacen falta comentarios.




















Este es un proyecto que me encanta. En algún pueblo perdido de estas islas a alguien se le ocurrió comprar la cabina que ya nadie usaba (ahh, los que fuimos regulares de cabinas -los que teníamos novi@s fuera- somos mitómanos incluso de aquella feas y frías cabinas peninsulares) y montar una bibilioteca. Se han extendido y mi siguiente objetivo como reportera de D&D es hacer una foto de primera mano y colgarla aquí...


 

Y esto no es exactamente una bibilioteca, sino una librería. Yo empecé a creer en el progreso humano cuando en una ciudad donde viví, Nottingham, vi y fui asidua de una iglesia preciosa que había sido reconvertida a bar. Pues bien, en Maastrich, cuando entré en la librería de la foto sentí algo parecido. Lástima que todos los libros estaban en holandés...


Y ahora lo suyo sería escribir un microrrelato ocurrido en esa cabina biblioteca roja. Pero lo aún mejor sería hacer un concurso, esta vez sin amañar, por un premio que ningún divagante podrá rechazar.

"En la cabina roja"

10 de febrero de 2014

Más bellezza: El desnudo masculino

12 divagues
Seguimos con la Belleza. Hace unas semanas estuvimos en una exposición en la Wallace collection: "The male nude" (el desnudo masculino). El "Hércules descansando" de Francois-Guillaume Ménagéot (abajo) es una muestra de los carboncillos que vimos, todos del Siglo XVIII de la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París. 

En esa época, el desnudo masculino era central en la pintura y la escultura. Dibujar el cuerpo del hombre era vital para poderse convertir en un pintor histórico, el género más valorado. En la Academia no se admitían estudiantes mujeres, y todos los modelos eran hombres. Esta práctica causaba problemas, ya que al no tener la suficiente formación para dibujar las formas feminias, debían buscar modelos "en lugares no respetables". Las formas, manténganse, lo de siempre.

Debo ser muy vieja, porque aún recuerdo en mi infancia y juventud cuando la gente decía que el desnudo masculino era feo, por contraposición a las Venus rubias, que eran lo bello. Para gustos están estas cosas, pero yo difiero, no hay color. Eso sí, corro en la dirección opuesta de aquellos que, tras horas de gimnasio, han intentado emular a Hércules. Donde esté el leñador de toda la vida, dijo Caperucita...


6 de febrero de 2014

"La grande bellezza": Roma, te necesito

41 divagues
Llevar unas semanas alejada de mi teclado puede ser útil para el presente divague: presiento que va a ser otra cosa. Tengo la excusa de la película que le da título. 

Pero primero-es un minutti- miremos, dejemos que haga de nosotros lo que quiera, este video:




Este es el estado mental al que aspiro en estos momentos, una paz mental que no tengo y que, tal vez me engaño,  solo largos paseos como el de Toni Servillo, ahogándome en la belleza insoportable de Roma, podrían intentar hacerme recuperar.

Claro que para recuperar ha habido que tener antes. Paz vs. tormento. Lo único que sé es de mi incapacidad para un divague expositivo, documentado, con argurmentatos. De aquellos en los que hacen con la bandera de Francia y una teta fuera, en los que se intenta ganar o perder para siempre al divagante. Pero ganar, qué? La atención, como mínimo, luego está el interés, y luego la emoción... sea del signo que sea. Si el lector se cabrea, es un triunfo. Si piensa caramba, es otro. Hoy no vengo a ganar nada, es otra cosa. Lo que quiero es hacer el paseo de arriba, y que pasee el lector conmigo. El río, y nos paramos, y no haga falta decir nada. 






Y ahora toca ver el video de arriba: no quiero llevar a engaño. Este es el ritmo verdadero de la película, con una narrativa trepidante a ratos, onírica, a trompicones. En el fondo, tal vez haga más justicia a este momento mío. Soy un Toni Servillo que mira a la cámara enmedio de la fiesta y se pregunta cosas. Y lo que quiere es que la belleza le rescate, o le hunda para siempre.


"La grande bellezza" es la última peli de Paolo Sorrentino, el director italiano. Parece que ha sido el éxito "arthouse" de la temporada. O sea, una peli de arte y ensayo comercial, que ha tenido éxito. Es posible? Bueno, también tenía éxito en su día Mozart y Dickens. Oí hablar de "La grande bellezza" a dos colegas en la noche de la Londinium Library. Ambos se miraban perplejos. A uno le había fascinado, al otro lo había confundido.

A los amantes de la fotografía, a los que se quedan mirando una buena foto más de lo que parece razonable, a los que miran el mundo encuadrando,  la peli les dejara pegados a la butaca, hiperventilando. Es la foto que  hubiéramos querido hacer, una tras otra. La pregunta: se pueden hacer malas fotos en Roma? Touché, pero qué me dicen de la escena del azul del mar roto por la estela de una motora, y las rocas con bañistas de fondo. Así todo.

Pero qué fucked-up, que dicen los ingleses, estamos los ex-católicos, qué pedrada en la cabeza. Iconografía religiosa por todos los lados, ya pasada de época, de moda y de lugar, que solo existe en  su imaginación: monjitas de blanco corrriendo por pasillos en patios frondosos, monjas que dan miedo, cardenales tras cristales tintados. Enanas que nos devuelven al mundo de David Lynch. Muchos viejos, enfermos, Jorge Manrique, tan callando. 

Y qué guión. Uno de mis colegas dijo  que le habían robado una frase: "no soy misógino, soy misántropo" (yo añado, Sorrentino, eres italiano, hay tratamiento para lo vuestro con las mujeres, pero el pronóstico no suele ser bueno). Cuando vi la peli le dije a mi amigo que también en el guión había una frase mía: "A partir de los 65 años uno hace solo lo que le da la gana" (donde pone 65, yo digo 39). Pero es que además, en contra de lo que puede parecer, el surrealismo del guión me hizo reir. 

Lo cual, a falta de un largo y lento paseo de tres meses por Roma, es de lo mejor que le puede pasar en estos momentos a cualquiera que busque algo parecido a una vaga paz mental.