31 de enero de 2020

31 de Enero de 2020: Miedo y Asco en Londinium

15 divagues
El sábado, con el acto consumado, tengo una fiesta "irónica" post-brexit. Vamos a llevar tortilla de patata y champán francés, y chocolate belga y Gorgonzola y loquesea.  Los que la dan son el típico perfil de "Remoaners" (así llaman a los partidarios del "Remain", del "Quedarse", con el juego de palabra que supone el "moan", quejarse: los quejicas que se querían quedar en la Unión Europea): abogados, progresistas, viajados, leídos, en fin. 

En el pasado, en la universidad, yo también hablé de la "Europa de los Mercaderes", con carpeta del Che Guevara. Me hago cargo de que Europa ha sido un campo de batalla, sangre en lanzas y ametralladoras durante casi toda su historia. Sé de sobra que el Mediterráneo es ahora un cementerio de ahogados, que como peces muertos nos miran con los ojos abiertos. Pero ahora, pese a que aún tengo todo eso muy presente, Europa me parece hoy El Mal Menor. El último residuo de una manera de entender las sociedades que demuestra un mínimo de compasión por sus más vulnerables, con los (decrecientes) estados del bienestar. Me considero privilegiada de haber nacido aquí. 

Al frente, está el resto del mundo: capitalismo aún más salvaje,  individualismo aún más rampante,  seguros privados o muérase usted, pagarse seguridad privada y poner alambradas eléctricas alrededor de tu casa, porque al otro lado están Ellos. De injusticias sociales aun más abismales. Ese mundo es América, es Asia, en Africa ni entremos. De desigualdades obscenas, que averguenzan. 

También soy privilegiada porque trabajo en el sistema público únicamente y desde siempre he pensado que, a menos que no me den otra opción, seguiré porque no concibo mi profesión de otra manera. Luego, no me interesa ir a vivir a ningún sitio fuera de Europa donde tenga que trabajar para los que tienen seguro. Una compa siguió a esos cantos de sirena, cómo ha terminado la cosa... pero eso es otra historia. Poder elegir seguir en lo público, me pregunto por cuántos años. 

Cuando llegué aquí, tenía que trabajar por la noche, por si pasaba algo, una de cada cuatro. Y fines de semana enteros, uno de cada cuatro. Y al día siguiente de esas noches, a menudo en blanco o con pocas horas de sueño, ir a trabajar mis ocho horas. Una directiva europea cambió eso: ahora no esta permitido. Pero ahora los brexiteros se quieren ver libres de esto, entre otras cosas, quieren "take back control" ("retomar el control"), maldito Dominic Cummings.  Los brexiteros creen que es mejor que los profesionales estén agotados, que así seguro llevarán mejor los aviones, los trenes, operarán las emergencias, apagarán los fuegos... todo mucho mejor. Por qué Europa nos tiene que decir las horas de descanso de un profesional? Por qué tienen que inmiscuirse con los derechos de los trabajadores? Venga ya, queremos ser libres! Pobres idiotas: eso si, abrazados, como todo buen idiota, a su bandera. 

En estos años, no me ha dado para salir de mi espanto: desde el divague pre-votación, aún con  la música energética de The Clash (Should I stay or should I go), hasta el despertarme aquella aciaga mañana del 24 de Junio de 2016 con el careto del oligofrénico Farage llamando a la fecha "Independence Day", pasando por leer, ir a charlas, ir a manis, ver docus, rellenar encuestas... Pero hoy es diferente. 

Porque luego llegó Diciembre y sus elecciones, y ahí me me cayó verdaderamente el alma a los pies: no había nada que hacer. Les habían mentido, habían votado bajo falsas promesas, se probaron,  pero aún así, siguieron apoyando este proyecto abismo. 

Uno de los divagues que colgué en un momento bajo incluía una frase del poeta Michael Rosen que es lo que no me deja dormir ahora por las noches, o más bien, lo que me despierta a as 5:30 cada madrugada: "Algunas veces temo que la gente cree que el fascismo llega como gente grotesca o monstruos que llevan disfraces, como han sido representados infinitas veces los nazis en el imaginario colectivo. EL FASCISMO LLEGA COMO TU AMIGO". 

El brexit es la punta de un iceberg que me aterra. En toda Europa están creciendo los nacionalismos, y hay gente aplaudiendo lo que dicen los de Vox, de las mujeres, de los gays, de los inmigrantes. Estoy leyendo un libro ambientado en la Segunda Guerra Mundial (en las paginas del Blitz, lloré), el otro día fueron los 75 años de la liberación de Auswitch (escuché un podcast y lloré), hoy he visto el ""Auld Lang Syne" del Parlamento Europeo, y he vuelto a llorar.

Hazte el pasaporte, Di, por lo que pueda pasar. Mira, es que si eso-lo que sea que estés pensando- llegara a  pasar, no quiero estar aquí. Tampoco quiero saber nada mañana de los fuegos artificiales, ni el desfile liderado por Farage ni las proyecciones de la puta (excuse my french, hoy merezco jurar) Union Jack sobre las Casas del Parlamento.  Pero, JA! por lo menos no será sobre el Big Ben que se va a pasar 5 años de obras: parece como si el mayor símbolo de este país se hubiera puesto una sábana encima para no ver. 

Como yo. No quiero ver. God fuck the queen.

28 de enero de 2020

Mini The Poet

3 divagues
What my life would be in 2050?
Not a bird would awake me
nor the hustle of a tree
black was all I could see.
This is 2050

Everyone can agree
that not even a lee
would give us glee
in 2050.

Oh, how our life used to be
before 2050:
we could sky and be free
that was not 2050.

Now you ask
what we can do
to tick this task
well, its too late now

for it is 2050
and our fate is upon us
but if it was 2020
and we had tried
we might have survived.

Mini Vagando
Londinium, Enero 2020


Para nuestra sección de poemoterapia, incluyo hoy todo el poema que anoté hace un par de divagues. La autora es una joven poeta local, cuyos versos han sido seleccionados por su profe de literatura, tanto por contenido como por declamación (lástima que no sé insertar un audio casero en este maldito blogger). El viernes se lo tendrán que recitar a "un poeta famoso", un tal Mr Gee. 

Del que Mini no había oído nunca nada antes, em asegura. 

Will Mr Gee
give us glee
in 2050? 

25 de enero de 2020

Todas las vidas que una podría vivir: periodista, actriz

2 divagues
Si el blog es un diario, yo debería contar esto. Por ninguna razón especial, aparte de lo de siempre: capturar la memoria. Me siento al teclado y pienso: dónde vas, triste de Di, si no tienes nada que decir sobre el tema, aparte de que estuve. Creo. Lo que pasa que empezar a escribir es comenzar a invocar a las diosas o yo que sé, y el divague va por donde quiere. Y a ver qué sale, quedarse en borradores, para siempre jamás, es una posibilidad.

Total que el miércoles estuve en algo que nunca antes: un rodaje.  No por falta de ganas: mis primeros pinitos de intentar colarme en uno ocurrieron allá por el Pleistoceno, cuando por el bajo Vetustón se rodaba "Libertarias" (1996) de Vicente Aranda, y buscaban extras. Pero había un pequeño problema: era como el dos de Agosto, y se trataba de ir al desierto. No a unos estudios que se pretendían desierto, sino al real: gran parte de la península un dos de agosto cualquiera. Pero está claro que la canícula severa no iba a ser óbice para que Fashion y la que firma se metieran en un bus de la Hife destino Alcañiz, el pueblo donde tenía lugar el casting. Yo no sé si hace todas esas décadas aún no existía el aire acondicionado, es una posibilidad, porque mis recuerdos son de sudor desaforado, camisetas pegajosas, Atacama ahí afuera. El Peda siempre dice que ahí mostramos claramente nuestra falta de compromiso con el mundo del cine: todo porque no aceptamos cortarnos el pelo a trasquilones (pequenio detalle para tener papel seguro, con tu melena, eran más restrictivos). Ah, no he comentado que la peli estaba ambientada en la Guerra, cuando cortaban el pelo a las mujeres para pasearlas por la plaza del pueblo. Total, que nuestras melenas porqueyolovalgo ganaron la batalla, y solo volvimos trasquiladas metafóricamente, sin papel. Pero tal vez lo mejor del viaje es que volvimos a Vetusta con la unidad móvil de Antena Tres, una pareja muy salada que se apiadó -pensar en la Hife de nuevo causaba paradójicamente escalofríos- de las dos actrices fracasadas. No sé de qué hablaríamos: yo por entonces, aunque ya en los últimos años de mi carrera, aún tenía el gusanillo de haber sido periodista, así que seguro que durante un rato me planteé si había equivocado la carrera, o más bien cómo habría sido mi vida si estuviera destacada en una unidad móvil, o de reportera más di-charachera, o de corresponsal en el fin del mundo. Todas las vidas que podríamos haber llegado a vivir. 

En la misma línea, a veces me pregunto cómo será la vida de los actores profesionales. Los divagantes de pro recordarán mis pinitos en el grupo de teatro del método Stanislavski, donde básicamente rodábamos por el suelo unos encima de los otros. Y bostezábamos mucho. El otro día, en el rodaje, conocí a cinco de ellos, de verdad: cuatro chicas en su treintena, y un chico en su cincuentena.

Las razones por las que yo estaba allí son lo menos interesante: había escrito un programa de educación por internet sobre "lo mío", y una parte eran dos vídeos donde se escenificaban dos situaciones. Se supone que teníamos que estar allí para ayudar a los actores con el contenido, para que supieran desde qué ángulo debían decir loquefuera. 

El lugar donde se rodaba era una sala de un edificio precioso, que a saber si un día fue cine, iglesia o salón de baile. En la parte de arriba, había una mezzanine, desde cuyo balcón se veía un espacio abierto con mucha gente en escritorios  (productores, agentes, finanzas...). Arriba había varios espacios con sofás y Hitchcock y compañía observando desde las paredes.  Allí es donde hablé con los actores, y en particular él me contó que había trabajado en un banco en la City toda su vida, hasta que hace cinco años decidió dejarlo todo y pasó tres en un curso de actuación. Y ahora ahí está, esperando una llamada de su agente para hacer estos pequeños trabajos. Esperando que algún día le vea alguien y acabe en una gran producción. Pero esto no le da para vivir, sino un piso que tiene alquilado, de su época en un trabajo aburrido de 9 a 5. Me pregunto cómo vivirían las chicas, tal vez con sus padres (lo dudo, esto es el Reino Unido), o muy muy lejos, compartiendo en un piso sin la esclavitud de los alquileres en esta ciudad ridícula, o tal vez como el personaje de Emma Stone en "La La Land", combinando trabajillos y castings con los turnos del Costa Coffe. 


No será fácil, pero por lo menos están siguiendo su pasión, pensé, al principio del día. A medida que avanzaba, me iba planteando lo duro que es este trabajo. Para rodar el equivalente de unos 5 minutos estuvimos horas. Primero, ensayar, varias veces. Luego, rodar los planos: una y otra vez. Al principio con la cámara a la entrada de la habitación; luego, encima de la mesa para hacer los planos frontales; más tarde hacia la izquierda, para rodar a la chica de allá... y así todo. El guión se repetía una y otra vez. Los cinco era muy profesionales: siempre me encanta escuchar a los actores proyectando la voz, hablan distinto que nosotros. El "chico" era el que se atragantaba más veces: estaba claro que no se lo había estudiado como ellas. Tantas horas ahí sentada me dio para todo, como para corroborar, una vez más, la generalización burda -pero que en mi caso se cumple (estaré ya cerca de 35, sospecho)-, de que las tías somos mucho más currelas, más amantes del detalle y más responsables. He tenido juniors chicas y chicos, y claro que han habido excepciones, pero en mi pequeña muestra: dame chicas. Aquí una vez más quedó claro que el tío aparece medio preparado porque sí, haciendo repetir la toma varias más veces. Porqueyolovalgo, como Fashion y yo con nuestra melenas en el 95.

Aparte de los actores, había un equipo de la leche: el cámara, claro, el de sonido (sujetando un micrófono con un palo, así como en las pelis), el director (un estereotipo que parecía cómico: camiseta de marinero bajo camisa abierta, cabeza rapada con gorra madrileña, barbita), y otros diletantes que ni idea de cual era su función, pero por ahí pululando. Una chica me trajo un té.

Todas las vidas que una podría vivir. Igual estoy pensando más en esto por el libro que estoy leyendo "Life after life" (Kate Atkinson), del que divagaré cuando lo acabe; también hace poco, coincidencia, él poema de Frost, "el camino no tomado". Al final me acabé acordando del reproche del Peda: "no estabais comprometidas con la actuación" allá por el verano del 95. Cierto, y nunca me imaginé que actuar sería tan aburrido: horas esperando a que muevan la cámara, repitiendo una y otra vez tu línea mientras se ruedan los planos, o el señoro de turno ha olvidado (o no se ha estudiado) su papel.

Todas las vidas que una podría vivir. Qué pena que solo tenemos una. 

21 de enero de 2020

Tarde de domingo poética: Museo del neoliberalismo

4 divagues
No podía ser de otra manera: el Museo del neoliberalismo es uno de los antros más cutres de Londinium. Y hay competición, créanme.

 

Ahí lo tenéis, esta es la puerta, encantadora, justo al lado de esta "mi hermosa lavandería". Ambos antros son de quitarse el sombrero, en particular la launderette vale su estética en oro: el interior -también amarillo no apto para epilépticos- aún lo supera, pero no he hecho la foto porque igual sale el regente y me parte la cara. Es como para confrontar con ella a los que dicen que Londinium está toda gentrificada: igual el director de "The Street", el necesario documental sobre la gentrificación de Hoxton Street se siente reconfortado con un paseo por Lee, en el sudeste de la ciudad. 

Manufacturando un mundo donde TODO está a la venta
(yo añado: nuestra alma, lo primero)
Mare mía: el domingo por la tarde nos lanzamos a esta aventura, una vez más guiados (misguided) por la Time Out o similar. Yo he de admitir que con la paginaka que se han montado los cachondos del museo ( su dominio web es "spellingmistakescostlives.com"- "lasfaltasdeortografíacuestanvidas.com", no hay más preguntas) pensé que sería un museo-museo. Vamos, no sé si llegando a que tuviera tienda y cafetería (Banksy se mofó ya del tema de la comercialización del arte es su peli "Salida por la tienda de recuerdos"), pero no sé, un espacio abierto como aquí. En realidad, el sitio es literalmente un pasilluco de paredes de cartón que termina en un taller donde hay dos personas haciendo manualidades. A mí me parece que recortan collages, pero supongo que dibujarán más de los mensajes que luego están impresos en camisetas, tarjetas postales, láminas. La ironía de comprar material anticapi ya empezó con las camisetas del Che, quién no tiene una? La mejor (sí, la envidio) la del Peda, andywarholiana, vete otra vez a Bangkok para encontrarla, "era como la Tomato Soup pero". La ironía de la ironía, la vuelta de la tuerca. Hemos perdido. 

Y hablando de volar a Tailandia a por camisetas, palmeras, noodles o sexo, el tema del clima también se lo toman en serio. "Tiene que ponerse peor antes de que se ponga peor", dice lo de la derecha, para los que como mi suegra y Marisa se resisten a aprender el Idioma del Imperio (resistan!). Los niños son los únicos verdaderamente asustados/  comprometidos; hoy Mini (dudo que tras su paseo por el museo, no la vi impresionada), ha escrito estos versos catastróficos-parte de un poema más largo que puedo poner si alguien llega hasta aquí y lo pide):

"Now you ask
what can we do
to tick this task
well, its too late now
for it is 2050
and our fate is upon us
but if it was 2020
and we had tried
we might have survived"

También tiene su sección antimilitarista, super-chula, como Madelmans de guerra en sillas de ruedas, o desfigurados o, como este con Síndrome de Stress Posttraumático (PTSD)... enseña a los niños la verdad de la guerra. Estoy aburrida de "la Gran Guerra" y el "espíritu" británico" durante las "grandes guerras", y la poppy de recuerdo. Mierda brexitera. 



Madelman con PTSD
Se la carnaza en el ejército


Haz muerte-El EJército


Por supuesto, la mayor parte del museo está destinada a hablar del neoliberalismo, la ideología económica que propuso el marcado como una ética en sí misma. Los que lo apoyan sugieren que el mercado lo regulará todo, y que hay que darle la máxima libertad, y el papel del gobierno solo proteger a estos mercados, la propiedad privada, y poco más. Llevamos 40 años de esta basura: ha funcionado?

Nada más entrar te encuentras la botella con pis de un trabajador de Amazon: los pobres no tienen tiempo ni de ir al baño en la cadena de producción o empaquetado, o lo que se que hagan. Seremos tomados por los bots? Ya lo estamos: atención abajo al aparato que llevan en la mano para llevar la cuenta de la producción. Severo. 


Pis de currela

Raising of the robots


Ahhh, y todo empezó con la Wicked Witch of the West (la malvada bruja, Margaret Thatcher), nos recuerdan. A la izda tenemos su famosa frase de "la sociedad no existe, somos todos individuos; cuidemonos a nosotros mismos primero". Como en los aviones: ponte la mascarilla a ti mismo primero: eso. Como la Iglesia: "la caridad bien entendida empieza con uno mismo". Eso. Cuando divagué el día de su muerte sobre que la canción de "la bruja ha muerto" había sido número uno, gente en el blog estuvo en contra. En serio. The witch, the bitch. 

Y así todo. Termino y dejo alguna muestra más al final, pero no dejéis de de visitar el museo online. Calentaréis alguna granja de datos en algún sitio, Greta llorará,  pero, qué hostias. Yo fui en coche. 

Y menos mal, porque, ay, salir de allí.  Lee es tan tristeza de domingo por la tarde que es casi poética. Debe ser atrezzo: solo están abiertos los barberos, nuestra hermosa lavandería y una tienda de pollo frito. Para tomarse un té, solo un café de esos con las sillas atornilladas al suelo y ketchup en cada mesa. Somos tan snobs que no nos va bien: donde esté un café con encanto  de pared de ladrillo distressed y sillas de anticuario, cada una de su padre y de su madre... y no se ve ninguno a varios kms a la redonda.  

Enhorabuena a los que se han lanzado a esta idea. En Lee. No podía ser en otro sitio. 


Los ricos fracasan en integrarse en la sociedad

No creas todo lo que te dicen los billonarios
Trabajos americanos para robots americanos



Cada uno de tus ancestros folló antes de morir-ánimo

Nueva agenda idiotas: trabajad más, por menos

Prohibamos a la reina





20 de enero de 2020

Diciembre: el último diciembre juntas

0 divagues
El alba en Cádiz
Delante del hotel el mar brumoso.
Las largas líneas de la espuma gris
dibujan una barra de arrecife
ante la balaustrada de la playa.
He oído tu nombre pronunciado
en la lengua del mar. Y dice que te vas.

Lo repiten las negras, solitarias cigüeñas
que en silencio planean sobre el agua.
Nunca sabré qué sabes tú de mí,
ni en qué verdad hemos estado juntos,
ni si en ella estaremos para siempre.
No puede ser un mal dolor
si es un dolor que viene desde ti
por este turbio mar. Diciembre:
el último diciembre juntos.
Después, buscar en mí tu voz perdida.

Joan Margarit (Joana)

14 de enero de 2020

Serial. Once.

0 divagues
Durante la primera semana de los neófitos en Banderley, no te incluyen en la lista de guardias, que aquí todos llaman "la rota". Cortesía de la casa.  Así que, cuando termino la jornada laboral-que mi contrato dice es de 9 a 5 (Cook sonríe acariciando un gato), en teoría tengo un montón de horas libres. En la práctica, nunca con Cook se termina a las 5, y además desde el principio hay que empezar a estudiar todas la noches. La llamada "carrera profesional" aquí implica ir pasando exámenes periódicos en los que, perfecto, eres testeada sobre temas prácticos de los que ves en el día a día, pero también sobre aspectos teóricos oscuros: neuroanatomía, neurofisiología, cómo evaluar críticamente una investigación (con calculadora) y otros demonios. 

A mí aún me faltan como mínimo 18 meses para presentarme, así que en aquellas primeras tardes semi-ociosas procastino y me dedico a explorar la oferta de actividades, como si esto fuera un resort vacacional. La piscina es lo primero que visito y se me cae el alma a los pies- claro que como 
comprobaré más tarde, esto no es culpa de Banderley en concreto, sino del país entero, que en mil cosas es tercermundista. Para empezar, llamarlo piscina tal vez sea aspiracional: no le hace justicia a lo que a todas luces parece una alberca. Unos 15 metros, tres calles estrechas. Los baldosines son de aquellos pequeñitos, de un azul antiguo, muchos de ellos ya perdidos, y todos con sospechoso rojizo en las junturas. Las rayas del fondo están difuminadas por la extrema profundidad: cuando la construyeron (en la década de los 30?) tal vez aquello del ahorro de agua no era urgente. A uno de los lados hay tres filas de gradas de madera combada, solo me encajan fantasmas en sepia animando allí. Los vestuarios tienen las puertas pintadas de distintos colores que un día seguro fueron brillantes, y sobre las duchas (dos), me pregunto si Salud & Higiene tendrá algo que decir. Eso sí, hay extintores comprobados religiosamente, dicen sus pegatinas. La otra pared está llena de colgadores, donde alguien se olvidó un día una toalla que sigue desmayada ahí; pared que solo tiene unas ventanas estrechas arriba, perpetuamente empaniadas, que es lo suyo. Una pena esta pared sólida si piensas que al otro lado está lo salvaje: no es solo verde, es otro nivel de verde-idad, el bosque emblemático de los Moors. Al nadar, aquella pared chorreante de gotas y trufada de musgo por las esquinas, desaparece, o por lo menos se vuelve cristal, y con cada brazada ves pasar los árboles, los arándanos, los matorrales, los helechos gigantes y las zarzamoras-no sé si me dejo algo, por completar la lista de la flora local. 

Pero una de aquellas primeras tardes me resisto a los encantos de unos largos, porque mi idea del club de lectura, la que no hizo saltar de emoción-o me lo parece a mí- a la amante de la literatura oficial, Isabel, sigue en ebullición. Solo en mi cabeza, vale, pero seguro que hay alguien ahí afuera que quiere hablar de libros en las 
largas noches negras de Banderley. Así que mi destino es la sala de ordenadores, un cuarto sin interés, al menos al lado de la biblioteca de Alejandría esa que tienen aquí.  En los 90, aún no sabíamos bien qué hacer con los ordenadores, y si algo recuerdo de aquellas salas eran los ruidos: uno, el de la ocasional conexión a internet, para mirar algo puntual, el teléfono marcando, y tú contra reloj porque te cobraban por minuto. El otro sonido era la impresora, una fiesta de grunidos hasta que por fin aceptaba el papel, una pequenia eternidad sacar cada página. En aquella época, la gente iba allí con un objetivo, y se iba; de hecho esa tarde estoy sola. Huele a papel amarillo, moqueta vieja, gato antipático, mientras el aparato parece debatirse en dudas (i-o) y cuando por fin escupe los ocho carteles, la sensación es de logro absoluto. Ya sé dónde los voy a distribuir-biblioteca, cantina, Serotonina, piscina (he hecho una rima?), los tablones del hall de las casas. Releo: he hecho bien con no fijar día y lugar, sino que los interesados me contacten vía el correo interno. Oh, el mítico correo interno!: de todo hace siglos, pero sobre todo de aquellos sobres con cuadros donde una ponía la persona y el departamento al que iba dirigido, y una vez recibido, se tachaba y se volvía a reutilizar, poniendo la siguiente dirección en el siguiente cuadro. Una idea embrionaria de reciclaje. Una vez que tenga una lista con los interesados, ya pensaré otra manera de comunicarnos. 

Nunca diré lo suficiente que en Banderley a finales de Octubre la "tarde" es noche cerrada, y pegar los carteles me hace sentir medio clandestina. Creo que nadie me ve. Antes de volver a casa, me paso por la tienda, que algo habrá que cenar. Es curioso que, aunque la cantina estaba abierta hasta las 9-aquí ya no se cena a esas horas-, solo la solían usar los que estaban de guardia y algún otro perdido. Había una cultura en Banderley de cenar en las casas, lo que implicaba cocinar y cierta logística con la compra. Había alguna casa muy bien organizada que compraban juntos, y con una "rota" para preparar la cena. En Drummond, la mía, no había nada así y cada uno sobrevivía como podía. A veces, Sandip, el chico indio raro hacía un curry enorme para todos (con un bote de yogur al lado los gallinas como yo, maldito picante). Richard hacía pizzas con una levadura que tenía congelada, y esto también solía ser una ocasión. Yo no sabía hacer nada, así que me limitaba a hervir pasta, aderezar ensalada, tostar sandwiches y en los momentos de máxima desesperación-frecuentes- a darme al equivalente de las "navajuelas chilenas" (sinónimo de todo enlatado que se puede llegar a comer directamente de la lata, si eres muy cutre, y yo lo soy). Por lo menos, uno de los beneficios de cenar con tus compas era que sacas el atún, sardina o navajuela de turno a un plato, porque no se es tan bárbara de rebuscar en una lata si estás a la mesa. Alguna noche especial, si la cantina hacía "noches tailandesas" o "mexicanas", nos los llevábamos en las cajas de cartón: en aquella época y en Banderley todavía no existía el concepto de que te trajeran la comida a casa-yo lo anioro, sigo sin ver el punto de que un pobre se juegue la vida en una bici de noche y con lluvia para traerte una hamburguesa por 3 libras. 

Hoy se me ha hecho tarde: me veo comiendo pulpitos en su salsa en su lata, pero cuando llego están por ahí recogiendo Morgana y Duncan. Hola, hola, esta es la nueva, hola, hola, este es Duncan, hola, acabo de llegar de vacaciones. Nos damos la mano. Duncan y su extranio corte de pelo, o tal vez solo era graso. Duncan y sus gafas que una no sabe si son pasadas de moda, o de nuevo modernas, desde luego sin cristal reductor: muy al fondo brillan los ojos de un azul antiguo, como el de los baldosines de la alberca. Duncan y Morgana, hablando de Halloween. 


-Ah, Mariona, Halloween, ese invento yanqui... no sé qué piensas, pero aquí en Banderley lo tomamos muy en serio, no hay opción...-Morgana entona como si estuviera en un escenario, no sé si cómico o como de peli de terror. Pasa el testigo a Duncan:


-Te preguntarás por qué-carraspea-Bueno, todo viene del interés que tenemos muchos en la psicopatía, así que te puedes imaginar que tenemos un amplio espectro para elegir disfraces... -


-Cómo que psicópatas? Os disfrazáis de... Jack el destripador?


-O de Ted Bundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer, Ed Kemper...



-O Myra Hindley, si quieres ir de chica, interrumpe Morgana.


Tengo la sensación de que la lista es mucho mayor y el nanosegundo que empleo en procesar esto se hace eterno. Ellos se miran muy rápido y Duncan remata,  regodeándose: "y no olvidemos un clásico de tu país... Juan Díaz de Garayo"-lo pronuncia como puede-, "no me digas que no lo conoces".

-Em... no-para entonces empiezo a estar asustada

-El sacamantecas!

Pero dónde me he metido? Se lo están pasando en grande a mi costa, los capullos. Y yo tengo que ir a dormir sola por ese pasillo a esa habitación tan blanca, y tal vez, con malas suerte, a medianoche tener que salir a ese banio que ya se me antoja el de "Psicosis".  Sin saber cómo he acabado sentada entre ellos en los sofás. Morgana se levanta con sus aires de gran dama de la escena para echar un nuevo lenio a la chimenea-literal y metafóricamente:


-Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse. La ruina de muchos comenzó con un pequeño asesinato al que no dieron importancia en su momento, Mariona, y me mira.


-Ey, tíos,  que no me sabré la lista de vuestros asesinos en serie, pero esta me la sé... Thomas de Quincey, "Del asesinato considerado como una de las bellas artes"... 

Los dos se ríen y aplauden, están muy orgullosos, parece, de su Mariona, una chica de pueblo que aún no conoce los códigos de este manicomio, o cárcel, o castillo encantado, o internado gótico. Aún no lo tengo claro, pero una sensación de que todos me ocultan algo me envuelve, y logro espantarla con la razón: Mariona, estás parana. Les pregunto si esto es el rito de paso, de introducción de todo novato, y que no tiene gracia. Por qué este interés desmedido por El Mal? Les intento explicar que, estudiando psiquiatría, me he enfrentado con esquizofrenia, trastorno depresivo, obsesivo compulsivo... pero que sé muy poco sobre la psicopatía porque, es acaso una enfermedad mental? No tiene tratamiento. El caso es que todo eso se lo digo porque en aquella época, yo aún creía que había estudiado mucha psiquiatría: es la ingenuidad del bisonio, que aún cree que sabe algo. Hoy, muchos anios después, me siento como que no he empezado a rascar la superficie. 


Durante la conversación que sigue, queda claro que Duncan es del club de Yolanda, interesado en la psiquiatría forense, y esa es su excusa para su interés por estos temas. "Pero qué es un psicópata?" es lo siguiente que está diciendo a un aula magna que está solo en su cabeza: "Te diré la definición de Robert Hare,  un psicólogo canadiense, padre de la investigación sobre la psicopatía. Los psicópatas son depredadores que usan el encanto, la intimidación, el sexo, la manipulación y la violencia para controlar a otros y satisfacer sus necesidades propias. Carecen de empatía y conciencia, cogen lo que quieren y hacen lo que les place, violando normas sociales sin culpa ni remordimiento. Lo que les falta es precisamente las cualidades que hacen que a humanidad pueda vivir en armonía". Pequenia pausa efectista, y continúa "Y sí, Mariona, como tú, Hare piensa que los psicópatas son incurables y que lo que hay que hacer es aprender a identificarlos, no curarlos".

Me pongo el dorso de las manos en las mejillas, están a punto de explotar: no sé si es la chimenea crepitando frente a mí, o el terror. Pero a ellos les da igual, y aquí entra Morgana con más detalles:

"Resulta que Hare trabajaba como psicólogo en una prisión en Vancuver y comenzó a investigar, comparando convictos psicópatas y no psicópatas. Tras ponerles electrodos de EEG, les medía el sudor y la tensión arterial cuando les decía que iba a contar para atrás, y entonces les daría un shock eléctrico (esto se prohibió en principios de los 70, comités de ética y esas cosas)"-y aquí me guinia el ojo-. "Como sabes, -aquí lanza una mirada a Duncan, el como sabes parece claramente irónico, ya piensan que no sé nada- la amígdala es la parte del cerebro que anticipa el dolor y normalmente manda seniales de miedo al sistema nervioso central. Hare encontró grandes diferencias: los no psicópatas se ponían tensos, sudaban... en fin, parecían asustados. Los psicópatas, sin embargo, no mostraban ningún signo de ansiedad antes, y cuando llegaba la descarga, soltaban un grito tal vez. O sea, su amígdala no estaba funcionando correctamente. Cuando repetía el test, los psicópatas seguían sin anticipar nada, sin mandar seniales de miedo: fíjate, Mariona, no aprendían. Por eso es tan probable que re-ofendan, no aprenden de las consecuencias. Los cerebros de los psicópatas eran distintos, al menos en esto".

Una mirada de victoria, un breve segundo para inspirar, que no es desaprovechado por Duncan para meter otro experimento, el "Startle Reflex Test", que es parecido, pero en él debían mirar terroríficas imágenes gore. Los no psicópatas se estremecían; los psicópatas no se horrorizaban, sino que permanecían absorbidos... y, a ver Mariona, qué te pasa si te digo la palabra ermmm... tortura?

-Muerte!-esta era Morgana
-Desmembramiento!-Duncan

Y se turnan:
-Dolor!
-Chernobyl!
-Agonía!
-Soledad!
-Auchwitz!

Los tengo prácticamente encima:
-Abandono!
-Atrocidad!
-Espanto!

BASTA!!! 

En serio, me quiero ir: a dónde no sé. Mientras me levanto Duncan dice lo que sea, me importa un pepino, "estas no son palabras neutras, sino que todas son altamente emocionales, tienen mucho mayor contenido semántico que las palabras neutras y evocan mayores respuestas del cerebro...pero los psicópatas responden a ambas palabras igualmente... las palabras no tienen el mismo color afectivo que tienen para ti... los psicópatas carecen de parte del contenido que te hace sentir del lenguaje. Para un psicópata, una palabra es solo una palabra". 

-Creo que me voy a dormir, tengo la cara muy caliente y...

-Parece que tienes fiebre, quieres un paracetamol?- Morgana entra conciliadora. Me pregunto si se sentirá mal. 

-Tengo, gracias. Y cuando cruzo la puerta hacia el pasillo, la machacona voz de Duncan: "te voy a dejar "La máscara de la cordura" de Hervey M. Cleckley, un clásico de la psicopatía, anio 1941"...

-Y yo te ayudo maniana a encontrar el disfraz de Halloween.

8 de enero de 2020

Sobre la fatuidad de preguntarse cosas sin respuesta

2 divagues
Como casi todo el mundo que acabe por aquí-pero quien sabe, extraños son los caminos de Internet-, asisto con estupor al espectáculo de un mundo cada vez más guiado por los bajos sentimientos, por las tripas, por la superstición. No interesa la razón, el cerebro, la ciencia, la verdad, o por lo menos al última verdad vigente. Desde el principio de este blog, hemos divagado sobre la ciencia como el camino para entender-nos y también al mundo que nos rodea. Es un camino del que nunca veremos el final, y por el que avanzamos a trompicones: lo que hoy parece cierto podrá ser probado erróneo y superado dentro de unos años, pero es lo menos malo que tenemos aquí y ahora para explicar el problema que sea.  Y claro, recordemos el tótem "la ausencia de evidencia no es lo mismo que la evidencia de ausencia", en temas que podrían ser potencialmente respondidos usando el método científico (no, el unicornio azul no cuenta, ni existe, despierten).  Igual no hemos encontrado la fórmula, el neurotransmisor, el virus, loquesea, que explique algo, pero. 

También hemos divagado aquí sobre las pseudociencias-el psiconálisis, por ejemplo. La semana pasada aún de vacaciones la divaganta Marisa me llevó a una librería genial llamada Katakrak, donde me perdí un rato por las estanterías hasta encontrar a Antonucci, un médico italiano que en "El prejuicio psiquiátrico", que hojeé un rato, da caña a la psiquiatría.  Una vez más, me planteo cómo incluso dentro de las disciplinas científicas, hay distintos niveles. Un físico teórico mira por encima a las ciencias sociales. Con razón, y suma y sigue. 

Total que, a dónde voy? (esto es un divague en el más puro estilo): resulta que el otro día escuchaba un podcast de Juan Luis Arsuaga, el paleontólogo conocido por su trabajo en Atapuerca. Hablaba de las grandes preguntas que nos hacemos los humanos, y entonces yo me planteé si la filosofía, que había comenzado intentando explicar algunas de las grandes preguntas que hoy ha contestado la ciencia, ocuparía algún lugar en el futuro, ya que la ciencia avanza a grandes pasos. Ojalá, pensé, porque una lee los periódicos y se le cae el alma a los pies. 

Tomé alguna nota de lo que decía Arsuaga.  Y eso que anoté está aquí abajo. Si hay algún@ aventurer@ ahí fuera, es una lectura tal vez básica para algunos, pero hoy muy necesaria. Sobre todo para aquellos que nunca caerán en este blog, o en los podcasts de Arsuaga. Que no caerá en este blog, pero de todas maneras le digo gracias!

Salud divagantes!

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La pregunta "por qué estamos aquí los seres humanos" nos define como especie, los animales no se la hacen. No tiene sentido preguntarse por la utilidad de esta pregunta, pero es inherente a los humanos. Cómo la responde la metafísica,  la religión, la ciencia?
  • Un metafísico la formularía preguntándose por el sentido de la existencia del universo y por el lugar que el ser humano ocupa en ese universo. La metafísica está más allá de la ciencia pero muy cerca.  Es la rama de la filosofía que estudia la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad.​ Esto incluye la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales con las que entendemos el mundo, como entidad, ser, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad, tiempo y espacio. Antes del advenimiento de la ciencia moderna, muchos de los problemas que hoy pertenecen a las ciencias naturales eran estudiados por la metafísica bajo el título de "filosofía natural". Pero el universo no tiene sentido ni propósito.  En el universo hay varios tipos de materia: la materia inanimada (el mundo mineral) y la material viviente, dentro del cual hay materia pensante/consciente (los seres humanos, los únicos). Pero nunca fue el propósito del universo crear unos seres que reflexionen sobre su lugar,  no es un fin o un objetivo del universo, que, una vez más, no tiene objetivo ni propósito.
  • La religión formularía la pregunta en términos de "para qué" estamos aquí, no porqué. Para la religión somos el resultado de un plan cósmico, y quiere establecer qué lugar ocupamos en el plan cósmico. Todo lo contrario: hay sentido y lo lleva todo un ser superior. 
  • Sin embargo, la ciencia no se plantearía la pregunta en ninguna de esos términos. Primero, la pregunta sobre el sentido nunca se la haría un científico, porque los científicos estudian cómo es el mundo, no se preguntan qué sentido tienen las leyes de la naturaleza ni el sentido de las cosas. La ciencia no atribuye propósitos a la naturaleza. Segundo, la ciencia no explica las cosas en términos de causas finales, de intención o voluntad. La  ciencia formularía la pregunta de "por qué estamos aquí" como "cual era la probabilidad" de que estemos aquí: somos el producto del azar (la lotería cósmica, ya que el margen de la vida es muy estrecho, una serie de condiciones muy precisa tuvieron que ocurrir para la vida) o era inevitable que esto ocurriera? [Aquellos sucesos que se repiten mucho probablemente son inevitables. Si pensamos en nuestra cultura, la escritura, la base de la civilización moderna tenía que parecer necesariamente (por ej, a los incas, que estaban muy avanzados, pero eran ágrafos: les faltaban 100 años para desarrollar la escritura)]. 
Método científico
Para que una pregunta puede ser científica, tiene que ser contestable, es decir, partir de hechos. Puede no ser contestada inmediatamente, pero puede ser concebible que algún día se pueda contestar en base a los hechos, al mundo material. Las preguntas incontestables no son científicas. Por ejemplo la siguiente es una pregunta científica:

Hay vida en el universo?
La pregunta de si la vida está extendida en el universo no tiene nada de metafísico, se podrá un día contestar: solo tenemos que acceder a la atmósfera de otros planetas para constatarlo. Dicen que en diez años lo habremos logrado, remotamente. El agua y el carbono, las bases de la vida, existen en el universo. Analizando las atmósferas de los 4000 planetas que conocemos sabremos si hay planetas con oxigeno en su atmósfera.  Cuando, junto con el oxígeno, se dan una serie de circunstancias favorables -un planeta que esté en la "zona de habitabilidad"-inevitablemente se producirá vida. Entonces, si el universo está lleno de vida, la contestación a por qué estamos aquí será "porque es inevitable, la vida es una propiedad general del universo".

Definición de vida
Los seres humano sabemos identificar la vida, pero es difícil definirla. No es único: tenemos muchas ideas para las que tenemos palabras pero es difícil de definir (amor, dolor). Karl Popper decía que la vida es "resolver problemas". Los minerales, y los muertos no tienen problemas, pero el ser vivo es una sucesión de problemas hasta alcanzar la entropía.  

Qué es la entropía
El segundo principio de la termodinámica dice que "todo sistema tiende hacia la des-organización y el frío".  El balance final de la vida es el caos y el frío. El universo también tiene hacia el caos y el frío, hacia un aumento de la entropía. 

El ser vivo es un sistema organizado, caliente, con múltiples sistemas, órganos que funcionan, etc. Esto lo consigue extrayendo del exterior información, materia, y energía. Desorganizando lo de fuera para organizar lo de dentro. Nos alimentamos de orden, creando desorden fuera. 

Como hemos dicho, para que exista la vida, las leyes/fuerzas  de la materia tienen que ser exactamente las que son, no se pueden desviar nada. Si las leyes de la física no fueran las que son ahora, no hay margen para la variación, la vida no sería posible. Uno se plantea si nos ha tocado una lotería, una pequeña variación habría cambiado totalmente. 

Teniendo en cuenta este estrecho margen que hace posible la vida, el principio entrópico nos puede dar dos respuestas: 
1. nos ha tocado la lotería, este es el único universo que existe y nos ha tocado a nosotros o 
2. la teoría del multiverso: hay muchos universos paralelos, y nosotros vivimos en el universo que permite la vida. Nosotros solo nos podemos mover en este, y esta es la parte no científica de esta teoría: cómo podremos saber si existen el resto, si no podremos acceder a ellos.

Espacio/tiempo
Antes del (la creación) universo, no había ni espacio ni tiempo. No había nada. Había la nada. 

Esto es difícil de imaginar porque nuestro cerebro/imaginación tiene los limites de la vida práctica. Nuestro cerebro está hecho para sobrevivir en la sabana africana.  Ni siquiera fue seleccionado para estudiar matemáticas/física, pero como es un cerebro con capacidad simbólica, consiguió llevar a cabo estas tareas. O sea, nuestra imaginación para la vida práctica, logró formular conceptos matemáticamente (pero el medio es importante, por ej, los romanos lo tenían muy difícil para desarrollar mucho las matemáticas con esos números). 

Fuera del universo tampoco hay espacio ni tiempo. No hay "fuera" del universo.  La idea newtoniama es que el universo se expande en el espacio,  dentro de un espacio pre-existente infinito no es real porque más allá del universo en expansión no hay nada. Es la expansión del universo la que produce el espacio y el tiempo.

Si pensamos en multiversos, salieron de la nada, y pueden los distintos universos estar apareciendo y desapareciendo constantemente. Esto es porque la nada es inestable, dicen los físicos cuánticos. Aseguran que una fluctuación cuántica podría producir un universo de la nada. 

4 de enero de 2020

“The Road Not Taken”, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.

5 divagues
"El camino no tomado", la famosa poesía de Robert Frost, fue escrita en 1916, y cuenta la leyenda que se lo mandó a un amigo al que el poema animó a alistarse para luchar en la Primera Guerra Mundial. Es curioso que en 1917, a miles de kilómetros, Antonio Machado estuviera escribiendo algo muy parecido en "Campos de Castilla" (Caminante, son tus huellas/el camino y nada más;/Caminante, no hay camino,/se hace camino al andar./ Al andar se hace el camino,/ y al volver la vista atrás/ se ve la senda que nunca/ se ha de volver a pisar./ Caminante no hay camino/ sino estelas en la mar.)

Dicen que a menudo se traduce como "la carretera menos transitada", pero realmente habla del camino no tomado, no necesariamente el menos común: en la vida siempre estamos tomando decisiones, y a veces pueden ser las que tomaría la mayoría.  Muchas de ellas definirán nuestro futuro y a ciertas edades podemos mirar atrás y pensar, "si hubiera o no hubiera hecho esto", "si no hubiera conocido a esta persona", "si hubiera cogido ese avión", si, si, si.... 

Este primer divague del año va dedicado a mi hermanita Fashion, que está en una de esas encrucijadas de la vida.

The Road Not Taken
Two roads diverged in a yellow wood
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth; 

Then took the other, as just as fair
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that, the passing there
Had worn them really about the same, 

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back. 

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference. 

Robert Frost (1916)


El camino que no tomé
Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,

y con pena de no poder tomar los dos 
siendo yo obviamente solo una, me quedé en pie mucho rato
mirando uno de ellos hasta donde me dio la vista,
hasta donde se curvaba en la maleza.

Entonces cogí el otro, porque era igual de chulo,
y tenía quizás más puntos,
porque tenía césped fresquito, 
aunque la verdad, el pasar de la gente
lo había dejado casi igual.

Y  aquella mañana ambos estaban igualmente cubiertos 
de hojas que nadie había pisado antes.
Ay, y yo me guardé el primero para otro día!
Y aunque sabía que un camino puede llevar al otro,
dudé sobre si regresar algún día a la encrucijada.

Todo esto lo contaré algún día, suspirando 
en algún lugar, dentro de una eternidad:
dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo...
yo tomé el menos transitado,
y eso lo ha cambiado todo.