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21 marzo 2026

Relativizando sobre las nubes. Divagando sobre el terreno.

 No es la primera vez que hago un divague instigado por los pensamientos que me azotan cuando me toca ventana en un vuelo. Son una versión del "cielo estrellado", una de mis experiencias favoritas: echarme bajo un ídem en una zona donde me creo aislada y preguntarme, ante la inmensidad del universo, "por qué nos afanamos tanto aquí abajo". Desde el avión que me lleva a Vetusta es ver la vida de abajo en cámara lenta y darme de bruces con otra inmensidad, esta vez la del mar, la de las playas de las Landas, la de los Pirineos. 


Parece mentira que haya sol por encima de esas nubes cuando estás abajo, esperando bajo la lluvia en la estación de Tottenham Hale, mientras escuchas por megafonía que "han cancelado del tren por un cisne en la vía". Notifico a la familia por WhatsApp y ahora me doy cuenta de que en lugar de enfatizar con el emoji de cisne, inserté un ganso 🪿. Los británicos son muy amantes de los animales, y conjuro la siguiente imagen en mi cabeza: el tren parado y una patrulla de veterinarios intentando persuadir al animal sobre los beneficios de desalojar la vía. 



Lo importante es que no pierdo el vuelo por el pajarraco y que aterrizar en Vetusta la nuit me da para un par de fotos malas mientras busco landmarks (intento evitar anglicismos, pero es que "punto de referencia" o "monumento" de Mr Collins no es lo mismo). Me pregunto sobre qué ciudades he sobrevolado que sean dignas de mención: lo bueno de esta edad es que a veces no recuerdas si algo ha sido una conversación o lo has vivido. Por ejemplo, las pirámides de Giza: ¿las vi o no? (recurro al Peda, que no ayuda — misma edad y déficits).  ¿El Monte Fuji? Él dice que el Vesubio una vez hacia Grecia. Luego está Londinium, pero pocas veces se sobrevuela la ciudad, solo cuando se va a Heathrow—y sí, es una chulada (sobre todo ver el parque delante de casa).


Una vez en Vetusta, como siempre digo, se repite el ritual volver a la adolescencia, en todos los aspectos. Como estuve buscando los diarios para hacer el divague del 8 de Marzo, me encontré con muchas cosas más. Por ejemplo, este mapa que sirve de nuevo para ilustrar los problemas con la memoria, o por qué deberíais todes ya empezar a escribir un blog. Decía: este mapa creo que era de la Yaya (ya pergamino), pero también podría ser de Fashion, que me pedía que se los coloreara dado que ella, niña de pongamos 8 años, tenía algo urgente vital para el día siguiente. Supongo que yo inventé la meditación esta del pinta-y-colorea [con la radio de fondo tal vez no cualifique] y luego reincidí con Mini. Con ella era historia: de nuevo, una niña de primaria tenía importantes deadlines; cómo permitir que caigan los mercados por no ayudar. Como diría Fashion (metafóricamente): "pobre Di, siempre pintando mapas para nosotras". Estoy rodeada de maleantes. 


Pero no puedo guardar rencor a Fashion cuando me encuentro lo de arriba: "mi hermana vino a las once de la noche a quitarme una pala de arriba pero no pudo". Sí, el guardar todo tipo de mementos viene de lejos y empecé con la hermanísima: hay mil dibujos y demás suyos en carpetones de títulos innombrables. Y un día subiré al desván y estarán todos mis cuadernos, hasta parvulitas. Watch this space. 


 Esto empieza a ser una tradición: estar en Barna antes de Semana Tonta y pasar por esa pastelería y escandalizarme con el precio de las monas - aunque creo que este año están más razonables, no vi ninguna por más de 100 euros. Esto no quiere decir que haya comprado una a Roc (del que los padres aseguran soy la padrina subrogada - pese seguir la criatura "morica" como se decía en los pueblos), porque va en contra de mi religión nutricional y dietética. Hace tiempo que vengo diciendo que el Estado debería tomar cartas en el asunto —no en concreto con los huevos de Pascua—, pero sí con esos lineales tras lineales en los supermercados de comida ultraprocesada, envuelta en colores "atractivos" (escribió la fan del blanco, negro y marino), diseñada por científicos malvados para ser adictiva ergo, se necesite consumir más y más. No hay ninguna faceta de la salud en la que a los avances científicos les cueste tanto ser implementados en protocolos. ¿Por qué? Con la industria alimentaria hemos topado, Sancho. Del paralelismo de esto con la industria tabacalera ya hablé aquí, hace dos años, y aún estamos esperando un cambio.


Estas fotos son de una calle de Barna que siempre me sorprende porque aún tiene comercio tan auténtico como "confecciones", que casi suena a mercería, "lugar al que tendemos" en este blog (tendemos en sentido matemático). 



Aún hay gente que se casa, sí, y se hacen transportar en ese coche tan bonito. Igual es que estoy mayor y de salida de la vida, pero es que hay cosas que no entiendo: hoy una amiga me pone un WhatsApp que se va a un bautizo. Que podía ser comunión porque "con la pandemia" lo dejaron y el crío tiene cinco años. Padres negligentes: imaginemos que le pasa algo y muere morico, como mi sobrino. Estoy por llamar a Servicios Sociales. Pero lo que más me preocupa de esta historia -padres sin corazón los ha habido siempre- es que inviten a terceros a este evento. Prueben a invitarme a mí. O a una boda: si me ponen un gorro de plato podría ser la conductora del Jaguar. 



Bobo (bohemian bourgeois) Chic en la Condal, cerquita del Jaguar.  ¿En qué han quedado los Bobos de hace 20 años, que se gastaban quince mil libras en una encimera que pareciese la de una pescadería antigua de Nápoles? Era fácil reírse de los Bobos, pero con la que está cayendo, ahora parecen hasta inofensivos. O quizás le estoy dando demasiadas vueltas y aquí solo vive una anciana que, como yo, pasa de todo, aunque aún mantiene un rayito de esperanza ilustrado por las plantas. Tal vez en breve las tenga que cambiar por coles o tomates, cuando venga The Road. Ya lo dijo Rose, que está resultando ser una visionaria en casi todo. Desde que tiene demencia y no la vemos, este blog ha perdido mucho. 


La foto de abajo es para que el divagante que ha seguido el desarrollo de Roc tenga evidencia de que progresa adecuadamente. Como los ingleses, también ama a los animales (no sé qué opinará de los gansos) y aquí está haciendo amigos con un perro Bobo que espera a su también Bobo compañero de piso a la puerta de una panadería. Hay que seguir perdonando a los padres las pintas de Roc, solo anotar que lo que le sale por debajo del fachaleco es una capa que, siendo negra, o será de superhéroe [Batman], o tal vez de Drácula, pues para él solo hay dos estaciones del año: cuando acabaron las Navidades, preguntó: "¿Cuánto falta para Halloween?". Su principal motivación para volver a Londinium es "ver La Bruja" (absténgase gracios@s y cliquen el enlace). 


Me gustan los catalanes, hacen cosas, ya lo decía el poeta. Y dejan pegatas por la calle como las de abajo. Igual no se refería a juventudes anarquistas, antisistema y, qué le vamos a hacer, indepes, que firman las pegatas. Quién no se querría independizar de tanta mierda: yo por ejemplo, de Oregón, que votó hace poco [mi voto a la basura, devuelvan mis £10!].



Y como va de desmemoria hoy, terminaré anotando que no todos los olvidos son malos: por ejemplo, había logrado obliterar de mi disco duro el concepto y dramática realidad de "cumpleaños infantiles".  Pero claro, el sobrinísimo ya empieza con esa tortura-para-ma/padres en un local lleno de bolas habilitado a tal efecto y allá que nos encaminamos. El ruido era ominoso, así que dejamos allí a Fashion con Mini, socializando con el resto de madres mientras las criaturas, lideradas por Roc, se dedicaban al parecer a movilizar el mobiliario -afortunadamente blando- en la piscina de bolas, en lugar de disfrutar (si ese es el verbo) de la susodicha piscina. 



Y estas fotos son producto del paseo alternativo con el Peda por esta parte de la ciudad que no conocía. La Sagrada Familia desde el Parque de Monterols, el mar, el solazo: a veces me pregunto qué hago en Londinium, particularmente porque en este parque se oye mayoritariamente hablar inglés. 



Sigo sin saber qué era este edificio, pero es chulo con sus gárgolas y todo. A mí, amateur amante de la arquitectura, me hizo mucho daño Ada Colau con aquello del esclavismo: no puedo evitar pasear por Barcelona y, tras la admiración puramente estética inicial ante cualquier maravilla modernista, luego viene la coletilla (también constante en mi mente en la ciudad donde vivo): "esto se construyó sobre la sangre de esclavos". Pero, ¿qué no? ¿Alguien ha dedicado un segundo a pensar en todos aquellos trabajadores indios, pakistaníes, bangladesíes en Oriente Medio, construyendo esas horteradas de cristal y acero, antes y ahora, durante la guerra? Mientras, todos los 'kin ex-pats e influencers huyendo de allá (o durmiendo en camas en garajes de sus hoteles, al lado de 4x4s) patrocinados por los impuestos de todas. 


Pero las gárgolas sonríen ahí desde hace siglos: han visto de todo. Deben pensar que somos idiotas. Me encantan los nombres de las calles de este paseo, por eso: Copérnic, Plató, Descartes... da igual que toda esta gente haya existido: somos idiotas. 



Y termino con un nuevo vuelo, el de vuelta. Una vez más, aquí arriba, todas esas ansias del ahí abajo parecen parte de un mal sueño. Como para compensar que vuelvo a un curro que es un Bedlam en el sentido real y metafórico, los Hados, o Copérnico, quién sabe, me regalan una salida maravillosa: primero, el avión va hacia el este, como si volásemos a Grecia (mmm), pero entonces da una vuelta, como bailando con las nubes, y volvemos sobre Barcelona con los Pirineos nevados al fondo. 







Aunque estoy de vuelta de la vida, como espero que haya quedado claro, hay aún un número de cosas que me proporcionan una felicidad inusitada: una de ellas es ver montañas nevadas (oh, el Atlas por sorpresa, aquella vez!). En Vetusta no hace ni falta subirse al avión, desde ciertos puntos de la ciudad se pueden ver los Pirineos nevados: no me entra en la cabeza, pero es así. Aquí, desde el avión, tiene menos mérito, pero sigue siendo maravilloso. Doy saltitos en mi asiento y soy feliz. 


Nota: no hay tanta nieve como cuando voy a Vetusta, que vamos por el centro: por algo son los Pirineos orientales, más suaves, menos dramáticos. Más sardana, menos jota. Me pregunto cuándo podré volver a Bellver. 


Dos horas más tarde, esta es la visión del aterrizaje en Londinium: la foto no capta la miseria de la llovizna y Lo Gris en su verdadera extensión. Pero mientras escribo esto hace sol, y me espera la bici y aventuras ahí afuera: no hace falta volar y que te toque ventana para todos estos desvaríos, o divagues en el sentido más amplio de la palabra. Pero ayuda. 



20 julio 2023

¿Y si los abren?

Jueves 20 de julio de 2023
Como decíamos ayer, esta serie es en realidad un divague normal cortado en trocitos, y como no hay mucha coherencia, en lugar de culpar a la disgresión habitual que nos azota aquí, le echaremos la culpa al calor.  Barcelona fue El Calor. y por algo dicen que los calores con humedad son lo peor (no sé, piensa Manaos), pero yo siempre aguanto mejor (vamos, dos nanosegundos) la sauna húmeda que la seca, no sé si el paralelismo es válido. El calor seco (no sé, piensa Vetusta) tampoco mola, así que ya lo dejo. Pero lo de estos días en Barna me dejó exhausta y en Donosti me pegué unas siestas de aquellas de dudar de tu propia identidad al despertar. Claro que tal vez la culpa fuera de Roc. De hoy solo tres ideas.

La primera que da título al divague es en realidad una conversación recurrente con Fashion sobre un profe suyo de "Latín vulgar". Este hombre nos ha traído muy buenos momentos por ser uno de esos personajes excéntricos que tanto se valoran en la vida de una (aspiraría a ser una personaja de esas en la vida de alguien, tal vez de un notario de Burgos?). Cuando vivíamos en Nottingham, estuvo en casa y se paseaba en calzones (de esos ajustados feos de viejo) y nos acababa de conocer. Muy a favor de la comodidad por las casas: era el modelo lo que me turbó levemente, nunca pensé que alguien de treintaypocos (que es lo que tendría él en esa época) llevara ese tipo que -y han pasado más de veinte anios- recuerdo perfectamente.  Pues bien, este profe nunca se preparaba las clases y le decía a Fashion (siento que esto no sea un podcast, porque hay que escucharla imitando su voz): "yo tengo los armarios muy llenos". Y entonces pasaba a la anécdota de Luchino Visconti: el director obligaba, en las escenas de armarios, a tenerlos llenos, aunque no se fueran nunca a abrir. ¿Y-si-los-abren? contestaba preguntando, cuando algún cuadriculado se interesaba sobre la razón de meter tiempo y dinero en eso (mientras los asistentes de producción ponían loquefuera en las estanterías). Nos encanta esa frase, el tortazo general que tiene todo y en particular el concepto de "tener los armarios llenos", en el otro lado del espectro del "síndrome de la impostora" que solemos sufrir las mujeres. Pero es mi lait-motif vital:  tener esos armarios bien llenos - los otros, da igual. 

Segunda idea, las piscinitas de estar-por-casa. El jueves por la maniana llené la de Roc. Parece que lo hice en exceso, porque Un Kuñado (ese es el nuevo nombre de JAL, sigan leyendo y entenderán) ha calculado la cantidad de agua (o sea, peso), que estructuralmente el edificio puede soportar, y yo llené por encima de nuestras posibilidades. Con un simple cálculo matemático se me demostró cuántos kilos, tal vez toneladas, de presión estaba poniendo sobre el piso de abajo, y hay que dar gracias que no aparecimos en su salón-comedor. Menos mal que llegó Un Kuñado y lo solventó con cara de paciencia serena. 

Piscinita de Roc, 
un arma en mismanos
Yo había estado tirada en el sofá leyendo mi libro pensando lo calentita que estaría el agua cuando llegara Roc de la guarde (ajena a que mientras subía y subía, yo arriesgaba la integridad del edificio), y recordando las mañanas de verano en Bellver cuando era tan peque que aún no había nacido Fashion. La yaya llenaba un balde rojo que a mí entonces me parecía enorme pronto y lo dejaba unas horas al sol para que se calentara el agua, porque cuando no estaban mis padres no bajábamos al Segre. Yo me debía pasar toda la mañana preguntando si podía ya meterme y ella que no, hasta que llegaba el mediodía y me dejaba. El agua estaba congelada, como siempre en Bellver (también, como descubrí de mayor, en la que era la única piscina, la del hotel a la salida del pueblo), pero a la sirenita (o renacuajo, tal vez más apropiado) le daba igual. Lo que mejor recuerdo de esos baños es cómo terminaban: cuando tocaba salir para comer, me mecía con cada vez más fuerza hasta que lo volcaba conmigo dentro. Entonces la yaya venía con una toalla, me llamana corazonete, y se había acabado la mejor parte del día de esos veranos interminables.  

Y para terminar este divague que ya pasa a la sección "desvaríos", lo que supongo entendían por "frases motivacionales" en los conventos de monjas de siglos pasados. Mi visita al Monasterio de Pedrables la contaré otro día (tal es mi concienciación de hacer breves haikus de verano), pero ahí van tres frases que vi por sus paredes. Viene a ser como las que nos ponemos hoy en nuestros perfiles de whastapp, redes sociales, o hay gente que hasta se las enmarca. Me pregunto si encajarían en el sitio aquel espiritual del té de la tarde del otro día. Desde luego son muy estoicas, una especie de "memento mori": hermana, recuerda cada día de tu vida que vas a morir. Ya sabes, para carpe diem y esas cosas, pero venido de esta panda, a mí me da cierto yuyu. Ahora... silencio... hasta mañana.


Frase motivacional 1:
SILENCIO


Frase motivacional 2:
Es esto que la vida pende de un hilo?


Frase motivacional 3:
Considera la muerte

03 noviembre 2021

Esa terraza, El Querforadat, gratitudes varias, más librerías de Barcelona, y la gent normal.

 En el libro que estaba leyendo, el asesino empieza a escribir un diario: no es que me haya dado por aludida, eh. Sin embargo, sí por el lugar común "todo asesino vuelve al lugar del crimen": aquí estoy, una vez más, dispuesta a divagar (qué es eso, sino un diario), sobre mi último periplo fuera de esta isla. A la que he vuelto con un jet-lag espantoso, y pensarán que exagero, pero si ya tengo mis problemas con las mañanas ("early morning awakening": un síntoma, un castigo, una oportunidad?), ahora con la hora para atrás británica más la del cambio horario, esto ya es un festival. Vamos, que a las 11:30 de la mañana me comería un asado, o tal vez un Chow Mein, ya que vivo en esa franja horaria. 

En fin, que estoy un poco pasada de vueltas y, aunque el título llame a engaño (qué son los títulos, sino una vil estrategia de marketing para el pobre divagante despistado que pasa por ahí), I have to come clean: este es un mero divague de viajes (as if, ahora que no se viaja) que, si no es lo tuyo, recomiendo dejar. Ya. Volveremos algún día con escritos serios "de divulgación" como dice Fashion (en serio? yo hago divulgación? Ten fans para esto) y lo que sea que se está convirtiendo este blog. Ah sí, libros y hasta una peli tengo por ahí. Pero not tonight, Josephine.

He pasado unos diez días en la península; el divagante de pro debería saber que esta es una época de celebraciones rituales en La Nostra Famiglia: cumple la hermanísima. Específicamente en La Cerdanya (esta debilidad familiar), Barcelona (atencion, sección bibliofilia) y brevemente Vetusta (alguien ha leído al gran escritor de viajes Bill Bryson?: "I come from Des Moines, Somebody had to", pues bien: "soy de Vetusta, alguien tenía que ser").

Despertar en Bellver
De La Cerdanya, solo dos cosas (o ya me metería en una turra de esas de los verdaderos viajes, coladas y demás). Esta vez alquilamos un apartamento que querría fuera mío porque cuenta con el récord Guinnes de mayor número de horas-de-sol-en-terraza de occidente. Por mi temita este del sueño, me levantaba la primera (con caballos en el prado de enfrente, el césped aún escarchado) y me sentaba a leer (Piglia: qué maravilla de libro, esto lo cuento otro día) con el sol a la izquierda del ventanal. Luego se iba moviendo poco a poco, hacia el centro y al cielo le salían globos aerostáticos (todos a una: ohhh) e iban desfilando los compas: primero el Peda que se iba a correr, luego Fashion, según dice, también insomne (aprendiza), y ya Mini y JAL, y el Peda que venía del forn con ingentes candidades de coca (aunque lo parezca por mi escrito, no de esa) y nos poníamos a desayunar, intentando establecer qué tipo era mejor: crema, piñones o bollo (la última, hacedme caso). Y la combinación made-in-heaven: coca con turrón de chocolate, que el Peda encontró en Charter, el super local. Sé lo que se está pensando: ese turrón de chocolate infantil, del que se sale hasta las piiii en navidad, sí. Pero todos sabemos que el primero de la temporada sabe a gloria (particularmente al emigrante) y, en fin, hubo más de una tableta. Como nota curiosa, ya no pone su marca en el frontal (que omitiré, a menos que me manden aquí una caja) sino las dos palabras más bonitas en lengua castellana ("Es benigno"... noooo): "Te quiero" (blogger: dónde los emojis de corazones?). Y como en el apartamento había decoraciones navideñas (para los que suben en esas fechas: esquí de día-escatología de turno de noche), ya las sacamos y bueno, este es el resultado:

Que le suban el sueldo al de marketing

Xmas en octubre-aún sin escatología aparente

Tras ese desayuno, el sol era tan bestia que ya me podía salir a leer a la terraza, y al poco rato se iban uniendo el resto, hasta que alguien razonable (JAL) decía que había que salir a la excursión de turno. Yo podría haber estado todo el día allí, sin problemas, me entiendan: 



El segundo punto a destacar del finde va enlazado con mi gratitud a la divaganta ANNA que ya en verano (no pudimos por carretera cortada) me recomendó ir a El Querforadat, un pueblo en lo alto de la montaña.  Como estrategia de persuasión para mis compas de viaje: "hay un restaurante pichi" (ya se sabe cómo de fáciles son los foodies), claro que omití que lo llamaban "proyecto". El pueblo es el típico de piedra, muy bonito, ni un alma (15 habitantes), todo paz - también podría pasarme aquí unos días buenos con libros, chimenea, (turrón de) chocolate y un teclado. Volviendo al restaurante, nadie me cree, pero no fue mi culpa: se trataba de una foodtruck roja en un prado en pendiente, cerrada y con un cartel diciendo "ponnos un whastapp". Tal vez lo de proyecto me debería haber hecho sospechar:  unos hipsters que han vuelto a sus orígenes y ofrecen "cocina de autor en un marco incomparable" (sí, las vistas son absolutamente impresionantes). "En su cabeza, era espectacular". Pero vaya, Anna, te debo una, a mí me pareció una gran excursión, incluso con la truck cerrada (o tal vez por eso, ji). Que no se sufra porque mis compañeros encontraron restaurante en nosequé pueblo a la bajada en el que los hipsters fueron denostados por los locales, y luego me hicieron parar en otro pueblo llamado "Bar" a encontrar "un bar" (son así de básicos), que no existía. Como ir a York a preguntar por el jamón de York. 
El Querforadat


"El proyecto" foodie




En la sección Barcelona del post os ahorraré el apartado foodie (que básicamente fagocitó al resto) porque es imposible escribir sin dormir al personal de lo que a una aburre, así que me centraré en mi nuevas peregrinaciones por las librerías de la ciudad. Nota: solo citar dos pastelerías con sendas tartas, oj: "Mediterrani" de La Pastisseria -"de autor" también y doy fe-, y "Llimona" de Mauri. Tengo fotos, pero no soy tan plasta (*). 

(*) Lo que soy es fácil así que, por posterior aclamación popular, aquí van:

Es la amarilla de la derecha: decisions, decisions...

Esto es ya hacernos daño-
atención capa de mousse

Llimona

Venga, va, librerías: 

>>>La primera es Ona, de la que ya hablé en agosto, pero que estaba cerrada. Esta vez pude entrar y es una preciosidad, especialmente en la planta de arriba en la que hay textos por las paredes. Es enteramente de literatura en catalán y observé que acababan de editar "El cuarteto de Alejandría" y recordé que solo leí el primero, "Justine"



>>>La segunda es La Central del Raval, y que asocio a aquellas vacaciones con el Náufrago Ro, que hacía como que estudiaba por allí cerca. Justo ahora cumple 25, así que en aquella época haría poco que la habían abierto, y todavía no tenía un jardín muy mono que es hoy cafetería-para-guiris. Es una antigua capilla -véanse los arcos-y cuando veo estas cosas (junto con la iglesia-bar de Nottingham), creo por unos instantes en el progreso.  Leí una entrevista a una de las fundadoras que explicaba que no tenían miedo a las multinacionales porque era en esos jardincitos, o terrazas, donde ellos -o todas estas nuevas librerías- se diferenciaban. La gente viene a ellas para encontrarse con los libros, con autores vivos o muertos, y con gente a la que le gustan los libros. Siento un poco de envidia porque eso es justo con lo que incluso el mejor blog de libros no puede competir.





>>>La tercera fue "my local", La Central de Mallorca, de la que también he hablado, por la que paso varias veces en cada visita. Una mañana quedé en su terraza con ELENA RIUS y hablamos de todo un poco (el Brexit de las Pequeñas Cosas un interés común, me intentó recomendar novela negra...)  y me regaló su último libro "El camino a la publicación" con la dedicatoria más mona posible: "Para Di, que tal vez algún día escriba un libro". Gracias Elena, por el libro y sobre todo por la esperanza!! 

#mi elenarius collection





Según nuestro amigo Dp (el que me recomendó a Solá y también a Piglia), con el que callejeamos luego durante horas por el gótico, hay un relato del libro que acabo de empezar, "Exhalación" de Ted Chiang, que habla de un futuro que está al llegar con esta historia del metaverse, en el que tendremos un avatar (Maléfica es mía, desistid) que quedará con el de mi amigo, pongamos en Shibuya a cenar un ramen, mientras los dos estaremos en nuestra casa. O podrán perderse por los pasillos de las mejores librerías del mundo. Será como whatsapp, en el que tendremos conversaciones, solo que mucho más perfecto, será como estar ahí, pero sin estar. Con quién decidiremos entonces pasar el tiempo real?  Viejuno total, pero si esto es lo que viene, esta es otra de esas veces en las que me alegro de tener 50 y no 20. 

Dp, no sé si llevado por las pintas de guiri de mis compas de piso (no así yo, que soy como el Marcus Brody de Indiana Jones "habla una docena de idiomas, se mezcla con el pueblo, desaparecerá, no volverán a verle") nos lleva a comer a un puesto de La Boquería. A mí me parece un tourist trap, pero what-do-I-know. La comida está bien, aparte de una cosa de textura "interesante" llamada "capipota" que, mientras mastico, rezo para que sea seta. Pero no, uj, qué asco. Y me pierdo por algún pasillo, y parece que puedo ver a los Manel grabando el video de "gent normal" (con gente muy normal), su genial versión del "Common People" de Pulp. La canción es un himno, y ya divagamos de ella aquí hace siglos, (el "Common People" de Pulp meets "Últimas tardes con Teresa" de Marsé). 

Ah, el espíritu de Marsé, que seguro que andaba por los pasillos de alguna de las librerías de Barna y al que me hubiera llevado a hablar de libros y de la vida y de la gente normal a esa terraza de La Cerdanya al sol. 

Viure com ho fan els altres
Veure les coses que veu la gent normal