27 de octubre de 2018

Regalo no-sorpresa!!!

6 divagues
Lo ideal habría sido no avisar. Aparecer por tu casa una hora después de que cumplieses los 38, o sea, la 1 am del sábado 27 de Octubre (ya que aterrizamos en Barcelona a eso de las 00:30). Haber llamado a la puerta y... FELICIDADES!!!!  Matasuegras, confetti y guirnaldas. Y haber constatado que no dormíais, sino que aún ni siquiera se había servido la cena, porque como siempre se os ha hecho tarde por las calles, y os habéis enganchado a (banio) turco y a un nuevo serial de Netflix.

Esto habría sido un regalo sorpresa como te gusta a ti, en toda regla. Pero bueno, el caso es que sabes que vamos, y es más, estarás en el aeropuerto esperando con tu mini y el Ku (aka Ya-no-tan-Joven Artista Local): no puedo esperar! 

Así que me toca escribir un divague-sorpresa, y confiar durante el finde de festejos del arte de tu novio El Conseguidor, que seguro que tiene muchos conejos en la chistera (claro que, eh, Ku, vas a tener que superar la que montamos en Londinium para los 30, eh?-competitiva yo? noo).

Mientras tanto, sobre cual de las miles de anécdotas de cuando vivíamos en el Castillo Esmeralda divagar? Tiro para atrás en el divlog, y el primer anio, cuando cumplías 30 conté la noche que naciste, y el día siguiente, cuando te conocí. Luego he contado el momento clave entre dos hermanas, que es cuando la pequenia de 7 anios te dice "Di, soy heavy" (por lo visto yo vivía en negación lo de tus mallas y camisetas negras).  O el concepto "vuelta infernal" y "DISCOTECA!!", nuestras "road movies" a lo Thelma & Louise por el Bajo Vetustón, nuestras maratones de cine ("El golpe, El golpe!") en sillas andaluzas, tu gran labor social poniéndome al día de los últimos hits musicales y tu importante rol de co-controladora con Juanito en Radio La Granja, cuando conocimos a los Stones

Y entonces recuerdo la presentación sorpresa que te hizo Mini el otro día, y las dos cosas que más nos hicieron reir. 

-"Mummy cuéntame alguna anécdota para el powerpoint de la tía"... 
-Vale, encuentra un fantasma y pon "el ser que vagaba por los pasillos, con v". 
-Bien, ya voy, qué es eso?
-Ella lo entenderá. Cuando era pequenia, yo estudiaba y ella, incluso muy tarde, vagaba por los pasillos como un fantasma.
-OK

Cuando veo la presentación, Mini (su castellano es de oído) ha escrito: "vagabas por los pasillos con Uber" (no uve!)




-Mummy, otra anécdota, ya casi lo tengo...
-Vale, pon la de cuando echó ocho tarugos a la chimenea y los vecinos tuvieron que quitar el taquillón porque toda su casa empezó a oler a madera
-En serio? Qué pasó?
-Ah, nada, estábamos solas en Vetustilla, y yo tendría como 15 anios, y debía estar leyendo o viendo la tele, o siendo una teenager tirada en la mecedora, y ..
-Y??
-Y mientras tanto, la tía empezó a poner trozos de madera a la chimenea ... yo seguía en mi mundo, no me di cuenta...
-Pero cuántos anios tenía la tía?
-Buf, no sé, 6 o 7?
-Mummy...

No, mummy con reproche no, Mini. En serio:  "terrugos" por tarugos?

 Fashion: MIL FELICIDADES Y EL MEJOR REGALO ES QUE ESTAREMOS JUNTAS!

Love

Di

21 de octubre de 2018

Por un segundo referéndum: STOP Brexit

26 divagues
"Un voto ciego no es democracia"



Cuántos de los que votaron por el Brexit cambiarían hoy su voto? Ayer, en la mani, vi alguna camiseta que decía "Dont blame me, I voted Remain" (No me eches la culpa, yo voté quedarnos). ?Estábamos ayer en la mani -dicen que 700,000- solo los convencidos de siempre? Urbanos, liberales,  extranjeros, casados con extranjeros, jóvenes y demás? Una amiga fue un rato al lado de Jarvis Cocker, el líder de Pulp, aquellos que cantaban lo de "Common People". No lo sé. 
Londinium, parque temático del turista 1

Yo no conozco a nadie que votara Leave (irse) -o igual sí pero no me lo han dicho. Como dice David, un amigo inglés descendiente de judíos alemanes que ahora se va a hacer el pasaporte alemán, el pecado capital de los ingleses es la hipocresía. De todas formas, Lambeth, mi barrio (ayer en los discursos habló Chuka, mi MP, y empezó diciendo precisamente esto) fue mayoritariamente Remain (quedarse), trabajo en el NHS (donde el Brexit tendrá infames consecuencias, en lugar de los £350 m de mentira que prometió Farage) y muchos de mis amigos son, o extranjeros, o simpatizantes.

Qué hay de los £350 m para la Seguridad Social?



Nelson Mandela observa este desaguisado

Con esto quiero decir que no conozco demasiado, afortunadamente, la "Inglaterra profunda". La de esa gente que se ponen con la bandera, que hacen fila para ver una tras otra boda y reproducción real, que viven aún anclados en un pasado "glorioso" de imperialismo y reverencia del resto del mundo, que creen que Europa fue "ingrata" cuando ellos les salvaron en la Segunda Guerra Mundial, que piensan que "Europa ens roba", que consideran que "no es por ti, doctor@/maestr@/enfermer@" (sino ?por el resto de inmigrantes que hace los trabajos que los británicos no quieren hacer?). Pero esta gente existe, y si vives fuera de Londinium, que es otro país, parece que te encuentras con unos cuantos.



Así que no lo sé. Tal vez, si los millones que se quedaron en su sofá porque pensaban que esta pesadilla no iba a materializarse lograran despegarse de él y salir a votar, las cosas serían diferentes. Tal vez si gente que, desde la izquierda, votó en contra de "la Europa de los mercaderes" se ha dado cuenta de que Brexit significa mucho más estar al servicio del capitalismo y perder derechos, se podría dar la vuelta a status quo. Tal vez, si los 3 millones de extranjeros- ciudadanos de segunda- que no tenemos derecho a voto, pero que pagamos impuestos como el que más, pudiéramos votar algo que nos afecta tanto, todo cambiaría. 
Vivo en la isla NHS dentro de la isla Lambeth dentro de la isla Londinium. Me encanta este lugar, pero igual, ahí fuera... hic sunt dracones. 

Un franciscano anti-brexit


Banksy, tritura el Brexit!!









Construyamos uniones, no fronteras


Churchill, sangre, sudor y lágrimas: Brexit


Nada que temer: es democracia 

Bollocks to Brexit-Never Mind the Bollocks



Londinium, parque temático del turista 2

Presentando nuestros respetos, como cada vez que pasamos por aqui

Londinium, parque temático del turista 3


Brutalismo, I love you
Sigmund Freud tendría mucho que decir


Insisto





17 de octubre de 2018

Serial. Dos.

10 divagues
Sé que suena poco creíble, pero no quería ser la protagonista de la siguiente escena-cliché: yo, con el viento de frente y cara de considerar sesudamente lo que había dejado atrás (entran flashbacks de las calles de mi ciudad) en un acantilado dramático de Whitby. Pero sobre todo, no quería hacer conocidos, dar pequeña charla intranscendente a los que, como yo, estaban colgados en aquella estación de autobús. Porque según anunció al poco rato un chico pelirrojo todo huesos y corbata raída-esto era ya el Reino Unido para mí, un lugar donde hasta los reponedores de supermercados llevan corbata-, el bus que esperábamos estaba roto en algún punto de "los Moors", la mancha verde misteriosa del mapa a la que aspirábamos adentrarnos. Yo iba a Banderley, pero qué se le había perdido en Lo Verde a la señora de mi izquierda que, sin dar una oportunidad al desánimo, sacó unas agujas, lana y lo que parecía un patuco? Si el objetivo era evitar la foto del nieto de la cartera (en aquella época, oh bendición, no había móviles), tocaba salir de allí. Habría consignas en aquel lugar?

Qué pregunta, consigna, pero la otra señora, la de las Jaffa Cakes me guardaría el maleterío, un conjunto irracional en su sobrepeso y volumen. En mi defensa: lo que se lleva una cuando se cambia de casa, país, y planeta. En aquella época, hace ya tanto, ni pesaban las maletas, o si lo hicieron, una mirada severa por parte de la azafata, y venga, pasa. Pero de haber fallado, Plan B: les habría llorado hasta hacerles llorar a ellos. Una pobre chica, a la que solo un examen separa de la estudiantez, que se halla justamente al otro lado del título de medicina, y lo que pesa tanto son libros, libros, libros, señora azafata, del que solo recuerdo el famoso "Kaplan, Manual de Psiquiatría Clínica", en castellano.  Fue quizás la última vez que me compré un libro americano, y definitivamente fueron los últimos coletazos de mi lengua materna  para conceptualizar la mente y todo lo que abarca.

Hasta la mochila de mano le dejé a la anciana entrañable que hervía una tetera más, y salí a las calles libre, como no me había sentido desde que dejé mi casa con todos aquellos bultos, hace ya unos días-noción del tiempo: perdida. Y en la calle, por fin aquello parecía una mañana, con el canónico cielo encapotado, pero con niños de uniforme, y gente en el semáforo, y una floristera que abría su puesto. Si crucé la mirada con alguien, debió ser allí donde aprendí que esto era el norte, y que con desviar los ojos no valía: aquí había que sonreír. La gente o bien es amable, o tienen ese tic, que me tenía que apresurar a hacer mío: renovarse o morir.

Y, ensimismada con estas altas reflexiones, caminando por las calles,  supongo que parcialmente oscurecida mi mente por la noche toledada, de repente, la Abadía de Whitby me encontró a mí. No puedo describir mejor lo que pasó: ni iba a buscarla, ni pensaba en ella, pero al salirme al paso aquel fantasma, esqueleto de dinosaurio  o cenizas de castillo en llamas (disculpas por imprevisto ejercicio de taller de escritura), esperándome en la montaña, no sé si me sentí Wynona Rider o la verdadera Elizabetta, pero casi sin darme cuenta, estaba allá arriba, como una Lucy Westerna hipnotizada cualquiera.

De verdad que debería dejar las referencias a Drácula de una vez, pero es que  cuando salió el sol entremedio de las nubes, y el mar con las ruinas de la abadía parecían una pintura gótica, y todo el agotamiento de días de viaje, de separaciones, de nervios y de anticipación caía sobre mí, aún ocurrió algo más que helaría la sangre de cualquier lector de Stoker: un gigante perro negro venía corriendo, hacia mí. Parecía que iba solo pero, entonces, la vi a ella. 

Tendría mi edad, o quizás menos, pero el maquillaje de los góticos es a veces impenetrable. Llevaba unas Doctor Martins y a saber qué bajo el enorme gabán casi hasta los pies (aún no se había extrenado Matrix, pero se hacen una idea). Por supuesto, me estoy resistiendo al adjetivo "negro", por razones obvias, pero es que todo lo era: desde el esmalte de sus uñas, hasta el pelo-corto, claramente teñido de azabache-ala-de-cuervo, o como dictamine esa temporada L'Oreal-, pasando por el eyeliner. 

-No te preocupes! No hace nada!-gritó desde lejos-Vlad, Vlad! Para!

-Oh, en serio? (siempre me ponen mala los dueños de perro que, mientras se te abalanza su peazobicho te dicen que "no hace nada")

-Sí, tranqui, pero ya lo ato- intentaba recuperar la respiración de la subida-, me llamo Lucy-y me extendió la mano.

Sus ojos eran de un azul helado, preciosos. No me gusta el azul que tanto abunda por esa isla, sin complejidad. Prefiero los ojos con matices, con brochazos de otros tonos, que sugieren mezcla, o lo que sea. Los gustos no se explican: no tengo porqué racionalizarlo todo.  


-Ah, hola Lucy, encantada...-era de esa gente que apretaba mucho la mano- tu perro se llama Vlad?

-Sí, te gusta? -se retiró el flequillo con una mano llena de la obligada sarta de anillos; calaveras, serpientes, lo que quieras. 

-Errm, Vlad, sí... de dónde viene?

Y sin darle tiempo a responder, en un momento comenzó a llover con tanta furia, que solo pudimos echarnos a correr. Ven! A la abadía! Y debería recordar aquí el ruido de la lluvia y el olor del cesped, porque esas son las clases de cosas que se escriben cuando una sube a un alto a ver el mar (no olvidemos los flashbacks), pero lo que me queda son las risas, y la duda existencial de por qué todo el mundo se ríe al correr bajo la lluvia- a no ser que seas Lady Chatterley y vayas a lo más divertido que se puede hacer sin reirse. Lucy se sabía los arcos más resguardados dentro de la desolación-cobijadora total que era la abadía, y allí pasamos un buen rato hasta que amainó. Así es cómo supe que Vlad no era casual, y que, recordaba bien, el Conde Vlad III Dracula había entrado a Inglaterra en forma de enorme perro negro, tras un largo viaje en barco desde Transilvania, de cuya tripulación solo quedaba el capitán y de su cargamento las cincuenta cajas de tierra transilvánica que le serviría al conde para sus tumbas energéticas-a falta de mejor nombre. 

Además, aprendí que Lucy era una chica local cuyo amor por Bram Stoker superaba su pertenencia a tribu urbana, y supongo que la precedía, y era su razón de ser. Y, como todo hijo de vecino, quería hacer de su pasión su forma de vida.  

-Igual que la gente va a York a hacer paseos de fantasmas, por qué no hacer un paseo draculiano en WhitbyQué te parece?-ya estábamos bajando hacia Whitby, la tormenta pasada.

-Suena muy bien, yo querría hacer tu Tour! Bueno, de hecho volveré...

-Dónde vives? De dónde eres? Tienes acento de... déjame adivinar... Y no me has dicho como te llamas!!

Al doblar la esquina de la estación, yo estaba contándole lo de Banderley, y aún veo sus ojos: le había tocado la lotería. Una gótica provinciana, que se sabe Drácula de memoria, conoce a alguien que va a vivir en Banderley!

Me dio un abrazo de esos que luego descubrí las inglesas son tan aficionadas, con palmaditas en la espalda, y me metió en la mano una tarjeta.

-Este es mi teléfono-bueno, el del pub donde trabajo. Llámame y ven pronto. Quiero saber cómo es Banderley por dentro. 

Cuando se alejaba el bus, miré el teléfono, el prefijo de la zona. En el reverso, con fondo negro (sorpresa), bajo unos ojos de sangre, 
unas letras se escurrían: "Conoce a Drácula". 

13 de octubre de 2018

Desastre de bloguera: Quién encuentra el divague número mil?

12 divagues
Como todo divagante que se precie sabe, este blog fue al principio "cosa de dos", la idea maquiavelica de una tal Diva que me metió el gusanillo, y a la que podéis reclamar como damnificados de este divlog. Diva un día dijo -con muy buen criterio- basta y aquí me quedé yo.

Uno de nuestros di-stintivos con los que etiquetamos los divagues era (y sigue siendo) DIVA o DI. Así que DIVA + DI (debería)=Total de divagues. Pero los di-stintivos los carga el diablo, y algunas veces una se olvida de ponerlos, otras se ponen algunos pero no otros... y así todo. Pero esto lo descubrí solo hace unos días. 

Resulta que, de pasada observé que, oh, Di tenía 995 divagues publicados (doble oh, solo faltaban 5 para los 1000!!). Sin embargo (triple oh), este no era el caso, porque había un total de 1376 divagues (no salía la DIVA + DI). Así que me puse a mirar y encontré un par de Diva que en su día olvidó de etiquetar y muchos más míos. 

Tras la Obra del Pilar que supuso encontrar los divagues rebeldes sin etiqueta, la tal Di había publicado 1008 divagues!!!! O sea, había pasado por el Divague MIL de puntillas. Vamos, como si llega el turista MIL a Itakita de Arriba y no le ponemos una guirnalda y ni le esperamos con un mariachi. Un desastre.






Intentando consolarme, eché para atrás y resultó que el divague MIL fue -como no podía ser de otra forma-una crónica griega de esa que los pobres divagantes sufren con estoicidad (griega) más que disfrutar como epicúreos -oh, destino, griegos también. Creo que (conmigo nunca se puede estar 100% segura) el divague mil fue "Los Pedanautas en "Cinco horas de ferry"



He de admitir que esto me da cierta sensación de deja-vú, porque no es la primera vez: cuando el divlog cumplió dos años, me di cuenta... ehem, unos días después, y así nació el divague titulado "Dos años, 3 días, 4 horas de divlog"

Así que, Felices MIL divagues en el divague 1009, y tal. Y MIL gracias por estar ahí, al otro lado...



10 de octubre de 2018

Serial. Uno.

9 divagues
Por supuesto, llovía. Las luces de los taxis- no era un mito, todo eran taxis- se mezclaban con las del Diwali, el festival hindú de la luz, pero eso lo sabría yo un tiempo después. Victoria Coach Station, la estación de autobuses del sur de Londres, estaba exactamente como yo la recordaba: en serio habían pasado 10 años, cuando era un antro mugriento para transeúntes sin rumbo y jóvenes europeos que venían a la isla del tesoro a por la panacea, lo que nos iba a salvar la vida, el idioma del imperio?

En aquella época la gente venía de Polonia o de Palencia a fregar platos, servir pintas, y matricularse en el Adult Learning Centre (el centro de aprendizaje -de inglés, aunque también harían horneado y tricotosa- de adultos) para hacer "el First", como su nombre indica el primer examen de la universidad de Cambridge, que creo que tiene hasta mi abuela. Las profesoras siempre se llamaban Carol Dunn, e indefectiblemente eran terroríficas. Los camareros, con licenciatura o no, -en aquella época no éramos la generación mejor preparada de la historia- todos tenían algo en común: por la noche lloraban con el sonsonete "quién teme a Carol Dunn?", y la respuesta, bajo el edredón era, si había autoconocimiento y honestidad, sí. I do. 

Yo no tuve una Carol Dunn, ya me vine llorada de casa. Sin dramas: el inglés siempre se me dio bien y allá, en la península, ya desde peque fui la enchufada de las profes del idioma de Queen, que eran siempre jóvenes, dinámicas y musicales. Yo podría haber sido una de ellas, por algo era joven, dinámica y musical, y de hecho ejercí un tiempo, en pequeños grupos de buperos que venían a mi casa los sábados por la mañana. Yo era su Carol Dunn local, mi sueño haber sido la mitad de terrorífica que la original. Pero, por alguna razón sin duda relacionada a partes iguales con mi madre y la megalomanía -pero culparé, claro, a la primera- me matriculé en Medicina en lugar de en Filología inglesa. Y ahí empezó el declive.

Pero por dónde empezar. Yo estaba en Victoria Coach Station, y llovía-no sé si lo he comentado, tal vez sí, venga sí, es un efecto perfectamente planeado: pero es que cuando llueve sobre paneles de plástico es mucho más llover, y si el olfato te lleva a momentos de la lactancia, el sonido de la lluvia en Victoria te lleva a la desolación. Y yo estaba en Victoria Coach Station porque, aunque recién licenciada, tenía la mentalidad del estudiante, y el poco dinero. Y las fantasías, porque antes de internet, casi todo ocurría en nuestras cabezas: alguien tenía una prima que había venido a Londres y se había gastado £32 en una compra básica en Tesco, qué barbaridad. Y los trenes, madre mía, eran esos animales mitológicos que iban hacia el norte, en los que con un poco de mala suerte te dejabas un rinión, y te tocaba dormir con un crápula cantautor, que te llamaba chica y él se creía un hombre. En lo del precio sigo teniendo razón: los trenes siguen siendo demasiado caros, y más si los compras el mismo día. Los ingleses tienen sus pequeñas maneras de castigar al que no planea: es raro poder organizar con ellos algo en este fin de semana, no hablemos de esta tarde-pero esto lo aprendí, también, más tarde, o quizás demasiado tarde, que me gusta más como efecto, igual que la lluvia. Si no planeas, olvídate, será mejor volar. Pero en aquella época, todavía no existían las companías sadomaso, que te llevan por 99 peniques (y £30 de maleta, y £15 de "preferity"-amo al que introdujo este concepto en mi vida, esa mezcla entre "priotity" y "preferencia", gracias papá-, y £20 por estirar las piernas y £12 por pasillo) y te tocan una corneta al tocar tierra.  Y tú todo lo que quieres es gritar "tócame la corneta"!

En Victoria había buses que salían hacia el Infierno, sin transbordos. A las 23:30 comenzaba mi particular noche del horror, en un bus que cruzaba Inglaterra en corte sagital hasta aquella ciudad mítica, Whitby. Aún no había leído a Stoker -aunque la peli de Scorsese, esas vampiras!, la vi de estreno con los compas de la facultad un tiempo antes- y con 24 años me creía gran lectora porque conocía bien un puñado de clásicos en castellano. Qué osada es la juventuzzz. Por esto y por todo lo que implica meterse en ese autobus nocturno, todo cristales empañados, gente de malvivir, oscuridad y bruma ahí afuera, donde no me atreví a mirar para evitar las alimañas de ojos rojos, y tal vez los fantasmas. 

A las 8 de la mañana, sin haber pegado ojo -suele ser el cliché, pero creo que los árboles a lo Tim Burton, el jinete sin cabeza y la chica de blanco o dama de la curva (o las mezclo?) debieron pertenecer al género pesadillas- oí a las primeras gaviotas, y quise oler a mar, pero recordemos que llevaba ocho horas en unos metros cuadrados con lo mejor de cada casa. 

Al bajar, de Whitby recuerdo el frío, como de otro planeta. Y tengo flashbacks de hombres toscos hablando en un idioma que no entendía, ahora viene cuando los adolescentes de los sábados en mi casa me demandan por impostora. Una sala de espera con sillas de plástico y una señora seguro jubilada, seguro voluntaria, seguro incomprensible, abriendo la persiana de un minúsculo establecimiento donde preparaba tés, nescafés y había, como toda oferta de galletas, Jaffa Cakes.  Qué quieres, love. Love y Jaffa Cakes: Whitby quería ser amable conmigo, los signos ominosos iban ya a terminar. "Un té con leche, por favor-gracias-lo siento": ya era una de ellos, claro que no tanto como para lanzarme al contacto visual- otro hombre tosco y mi autoestima linguística se iría por los suelos. En la ventanilla, una mujercilla desdentada y con gafas enormes (cuando aún no las habían vuelto a la moda los hipsters) me aclaró que el siguiente bus para Danby saldría en dos horas, pero que paraba en todos los pueblos, y que qué iba a hacer yo en ese pueblo de trescientos habitantes. Un silencio: "no, una vez en Danby tengo que encontrar un teléfono y llamaré y me vendrán a buscar". Otro silencio. Por qué tenía que dar explicaciones a esa mujer? "El doctor Konar, de... ehem... de Banderley Hospital".

Nunca olvidaré la cara de la mujer: está disociando, pensé, y eso que aún no había empezado a aprender mi oficio. De un plumazo, mucha prisa en terminar toda la conversación que me quería dar antes, muchas gracias-sin-love, esto es lo que más me doli, y desapareció por una trastienda. El reloj estaba parado. Desde allí veía chicles pegados bajo las sillas. Se podía clasificar como amanecer lo de la calle? Secretamente esperaba que aquella oscuridad aún fuera la noche. 

Banderley. Había oído cosas de Banderley, y todo en él me atraía: un viejo hospital psiquiátrico victoriano, con pasillos blanquísimos que no se acababan nunca, ventanales cuadriculados y psiquiatras reputados de los que aprenderlo todo. Vivir allí iba a ser experimentar una de las pocas "Instituciones Totales" que quedaban en Europa, conocer a los pacientes más complejos, estudiar sin interrupciones y, como única evasión de tanta enfermedad mental, leer a las Bronte. 

Porque esto eran los North Yorkshire Moors, una esquina brumosa del mundo, alejada del ruido y de la vida. Cercana a la muerte pero, como tantas cosas... yo eso tampoco entonces lo sabía. 


~~~Continuará~~~

6 de octubre de 2018

Si lo escribiera con pluma y en papel, sería esto el divlog?

24 divagues
Es una de esas épocas en las que estoy terminando un artículo profesional (en el divlog conocido cariñosamente como "paper"), por tanto por las noches, cuando todo está tranquilo y normalmente  me dedico a divagar, ahora me peleo con el susodicho.

Ayer me pasó algo curioso: como ya está casi casi terminado, lo imprimí para leerlo en papel y así tal vez ver mejor tildes que faltan, puntuaciones de más (comas suspensivas y otros demonios), erratas varias. Y sí, todo esto lo vi pero además, oh, ocurrió un extraño proceso.

De repente, me encontré con un paper diferente de lo que había visto y revisto, por el que habia pasado y repasado tantas veces en la pantalla. De repente, la situación de ese párrafo no tenía allí mucho sentido, tenía que moverlo a la página siete, donde encajaría con aquello otro. De repente, aquella idea estaba repetida, de otra manera, en la página tres, luego tachar con el boli rojo (hubiera sido un "delete" en mi teclado). De repente, este párrafo necesitaba un título, y aquel otro título sobraba. Y así, sin parar, mi boli rojo hizo la Masacre de Texas en todos aquellos folios, ahora llenos de flechas, rayas en diagonal, cajas que rodean párrafos que se mueven... y el paper será, estoy segura, algo mucho mejor cuando me ponga a hacer los cambios en algún punto del finde.

Qué hizo el papel, el hecho de tener un montón de folios a los que había que dar la vuelta (en lugar de un papiro que rueda y rueda hasta el infinito que es word) en mi cerebro? Me hizo ver otras cosas, yo creo que con mucha mayor claridad. Entonces entendí porqué no quiero nunca dejar de leer libros de papel: si leyera en kindle, me perdería muchas cosas, como me las perdía del paper.

Al terminar la Masacre, también escribí el abstracto con el boli rojo. Mi letra comienza a ser "la gran desconocida" porque hasta en el trabajo cuando tomo notas lo hago muy brevemente, palabras sueltas que luego desarrollaré en el teclado. Me esforcé en hacer medianamente buena letra; mi letra de estudiante me gustaba, pero en la Uni degeneró. Intenté escribir como les enseñan a los ingleses, con "joined-up writing" sin levantar el boli del papel (que encuentro la traduccion es "cursiva", mmm dudo). A mí nunca me enseñaron a escribir así, pero aquí lo hacen en los colegios, y además con pluma.  Hoy Mini estaba escribiendo y me ha dicho: "me he olvidado la pluma en el cole, y esta no funciona... qué diferencia escribir con boli, no me gusta nada". Entonces le he sacado la pluma antigua que le regaló su amona, y se ha puesto a escribir de esa manera, uniendo las palabras, sin prisas, y con cuidado, y he pensado que podría estar mirándola como ejercicio (muy necesario) de relajación.

Mientras escribo esto en un café, esperando a que Mini salga de su curso de Escritura Creativa de los sábados, con el Peda aquí enfrente leyendo su periódico (en papel!) me pregunto cómo sería el blog si escribiera todas las entradas antes en papel grueso, con pluma de tinta azul, y con todo el tiempo del mundo. Sería, en conclusión, otro blog?