31 de diciembre de 2015

Ejpaña, Estado Policial

18 divagues
Vacaciones en Vetusta, y no todo va  a ser diversión. Primer lunes, con la resaca de Star Wars y fiebre, me encamino a la estación de policía a la renovación quinquenal del DNI, caducado desde Septiembre. Tengo una foto que me gusta-esto siempre es motivo de fastidio-, del año catapúm, donde aún no llevo flequillo, y con un trozo de pelo así "estiloso" que me cae lateralmente sobre la cara. Me tengo que despedir de ese DNI de Di joven y sonriente, y poner una foto actual seria. Lo dicho: fastidio. 

Llego a comisaría, cruzo andamiajes, subo por una rampa, paso por una pecera de uniformados y por fin accedo a una gran sala kafkiana, forradas sus paredes con azulejos marrones y amueblada con sillas de plástico y escritorios alrededor de una gran espacio central, desolado. Allí performa un señor simpático, calculo que aproximándose vertiginosamente a la jubilación, que enarbola un boli y una lista. Su trabajo consiste en informar a los que llegamos sobre la existencia de las mencionadas sillas de plástico, comprobar que estamos en la lista, para más tarde "hacernos pasar" a los escritorios correspondientes. Como se puede ver, es el amo de la pista. Yo me pregunto si la poli aún no ha descubierto el sistema de números de las carnicerías. Pero entonces me autopersuado de que todo este circo es por mor de la atención al cliente (recordemos el desagradable "pling" cada vez que salta el número en tu ambulatorio),trato personalizado... Di, esto ya se extiende a todo: poli, cárceles, crucifixion.

Por fin, el amo de la pista me pide paso. Me toca un calvo. Sin más dilación ni contacto visual:
-DNI, foto, y 10 euros 90. 
Sí, desde luego, señor agente, mientras me empapo de la supuesta decoración navideña del local. Levanta la mirada de la pantalla. Mira la foto, me mira:
-No le acepto esta foto. Tiene el flequillo hacia un lado.
-Bueno, a ver, es un estilo de peinado...
-Nos da igual. El flequillo a un lado no es posible.
-Ah -alarma, alarma: mi centro de resolución de problemas trabaja rápido-, bueno, aquí tengo otra (saco una foto de hace un par de años, con el flequillo hacia abajo). 

Silencio mientras la escruta. El árbol de Navidad con los regalos empaquetados de mentira se meten en mi centro de solución de problemas, que peta: no hay quien arregle eso. Carraspeo que me vuelve a la realidad.

-Tampoco puedo aceptar esta. El flequillo cubre las cejas.
-Esto...sí, pero... bueno, es un estilo libre de peinado...
-Nos da igual. El flequillo no es aceptado, a menos que esté cortado un centímetro por encima de las cejas. 
-Así, como de etarra? (mi centro de inhibición de comentarios inapropiados logra abortar esta frase). Pero oiga-esto sí que lo digo- esto es increíble, debe haber un error, mire, esta foto me la hice para el pasaporte en Inglaterra donde son superestrictos con esto de la seguridad. Escuche: QUE NO TE DEJAN SIQUIERA SONREIR! Y usted no me la acepta! Esta foto, que ha pasado todos los niveles de seguridad del MI5, el país de James Bond... oiga, no me joda! (abort abort abort operation).
-Aquí en la calle tiene un fotógrafo que sabe cómo ha de hacer las fotos. Siguiente. 
-Pero qué hago, me pongo una coletita en el flequillo? (y hago el gesto). Una bandana?
-El fotógrafo sabe. Siguiente. 

Salgo con un cabreo... alguien tendrá que pagarlo: el fotógrafo. Pero a él plim, está exultante con esta nueva norma, si te descuidas tiene un trato con el calvo (que no tiene problemas para retirarse el pelo, claro). Le cuento la peli y me indica que pase a un espejo donde tiene un peine infecto con un set de horquillas para hacer los honores. Sinceramente, el resultado es odioso. El sádico está disfrutando. 
-Venga, sonríe
-Esto es el acabóse, por qué hay que hacer esto? Objeto!! España es un estado policial, nos tienen a todos registrados como si fuerámos presuntos criminales
-A ver, levanta un poquito la barbilla...
-Oiga, pero cuánta gente le viene así?
-...y una más...
-En serio...
-Oye, y en Inglaterra cómo os identificáis?
-Pues no con las huellas digitales, desde luego...
-Pero si tienes que sacar dinero del banco?
-No sé, no he sacado dinero del banco allí en mi vida. 
-En serio, cómo os identifican?
-Bueno, pues puedes usar facturas del agua o la luz, con tu dirección, el carnet de conducir, esas cosas...
-Y para detener a alquien por la calle?
-Oiga, de qué me está hablando? Es el Reino Unido, el lugar en  el que se inspiró Orwell para su "Gran hermano", una sociedad infectada por las cámaras en todos los sitios... y aún así, la poli no toma las huellas dactilares al grueso de la población... Se trata de la más antigua democracia del mundo! Lo entiende?

Por fin salgo del maldito fotógrafo, vuelta a la comisaría. No quiero al calvo, paso de ver su gestito triunfante cuando evalúe mi nueva foto, así que me hago la despitadilla cuando queda libre. Hay una familia de subsaharianos que han puesto al  nombre del hijo como padre del padre: un cacao. Un funcionario se lo intenta explicar en suajili (un ejemplo más de los esfuerzos del cuerpo por satisfacer al cliente, ahora es también integración): castellano muy lento y a un volumen excesivo- que retumba en los azulejos y por ello puede ser centro de peregrinación para bloguero con bloqueo. 

El espumillón colgado por las baldosas me lleva de nuevo a una carnicería de mercado, con el sonido del hacha de fondo.  El cuasi-prejubilado me indica con su boli y un saltito un escritorio con una mujer con tendinitis, jersey de color mostaza y gafas de pasta como del Cuéntame. La foto pasa la prueba. Todo cuesta mucho tiempo porque han de escanearme las huellas. Con mi dedo en el agujero recuerdo la anécdota de mi padre, cuya huella no era leída ni a la de tres: todo encaja en mi teoría del microchip instalado en sus yemas, ya que su portátil solo responde a su dedo, yo he de usar el ratón. La policía no es tonta. El prejubilado me saca de mis ensueños de espías, con su comentario: "Elena, he pasado a los negricos allí". La de mostaza asiente, sin sonreír, como fastidiada por el tiempo que el ordenador está consuminedo en escanear mis índices. Yo me sacudo para comprobar que no estoy de verdad en el Cuéntame: "los negricos"?

Elena me da el DNI: una niña enmedio de una pataleta con horquilla, solo me falta el baby de parvulitos. Le pido el viejo, como evidencia de que un día sonreí a la poli con pelo por la cara a modo de anuncio Pantene.  Salgo de la sala como una autómata. El calvo me mira triunfante desde el fondo. Las luces del árbol entran en barrena en ráfagas rápidas, las delicias de un epiléptico. "He pasado a Los Negricos allí" resuena en mi cabeza, y allí están siendo vociferados por otro funcionario. Elena se limpia las gafas, se prepara para enfrentarse con los minutos que el ordenador pasará escaneando al siguiente, los minutos que son horas que son su vida. El amable amo de la pista cuasiprejubilado me despide con grandes sonrisas y parabéms. No hay tregua de Navidad en aquella comisaría para esto de la atención al cliente. 

23 de diciembre de 2015

"Star Wars VII, El Despertar de la Fuerza": Estilismo

10 divagues
Lo primero os preguntaréis, qué hace Di hablando de estilismo? Luego pasaréis al... esto es divagandodivagando? Y más tarde, ya francamente preocupados, os comenzaréis a organizar en una patrulla de búsqueda porque Di ha sido abducida y quien escribe es Una Impostora. 

Tranquis, soy yo: y si no lo creéis, seguid leyendo y al final del divague no habrá duda que valga. Puedo culpar a la fiebre que tengo desde hace un día y medio, de ahí que esté desaparecida. Porque fue salir del cine de ver "El despertar de la fuerza" el domingo por la noche, unas horas de incubación, y el lunes por la mañana la Fuerza me había poseído, con ese caloret interior que es en realidad frío y tembleques, todo muy mal. 

Pero antes de la lanzarme al estilismo, que sé que es lo que os ha atraído en plan sádico (o maso) a este divague, entremos con el párrafo narcisismomiradadeombligo "tengo un pasado oscuro". Daban Star Wars en múltiples cines vetústicos, pero había que ir al Palafox, donde proyectaban una sesión por hora, literalmente. Una vez sentados en la fila 6 (según JAL, "muy centrados", en su mundo, salí con tortícolis), les abrí los ojos a mis compas de experiencia: la niña Di vio en 1980, en este cine (claro que entonces no habían "salas", pero aún así era muy como lo recordaba yo, porque estuvimos en la enorme sala 4),  "El Imperio Contraataca", del que años después solo recordaba las famosas imágenes de los robots autobuses de patas largas (ahora tendrán un nombre, y como no fui friki, seré lapidada) caminando por la nieve. Pero tenía un vacío de Darth Vader! (mi héroe!). Imperdonable, o tal vez lo podemos achacar a la tierna edad de 9 años, donde todavía no había lugar para pensamientos sucios que a algunas les inspira Vader. 

Sin embargo, para ternura mis acompañantes!!! Ni Mini, ni Fashion ni JAL habían nacido aquel día! (a estos dos últimos les faltaba en concreto mes y mes y medio para nacer, ahí es nada, contando que la viera cerca del estreno, el 29 de Septiembre, gran frikada). El Peda había nacido, seguiría teniendo 9 días menos que yo, y supongo que la estaría viendo en su Vetusta particular. En resumen: podéis imaginar mi ilusión de volver al mismo cine, 35 años después, con toda esta gente que ni conocía la vez anterior. 

Ahora nos adentramos en el estilismo, no desesperar. Pero antes, aclarar que a mí no me suelen gustar las pelis de acción. No he visto una de James Bond en mi vida, y cuantos más helicópteros explotan, más bostezo. Ahora digo "suelen", porque tengo mi pequeño elenco como la saga de "Indiana Jones", o la trilogía de Star Wars que me gustan. Así que han de entender que el que disfrute con una peli de estas tiene mérito. Y con Star Wars VII disfruté como una enana. La cinematografía es espectacular, la música de John Williams parece que no, porque lo que quieres es escuchar "la marcha imperial" una y otra vez, acaba inyectándote parte de la euforia, y... en fin, ríes, te asombras, tienes ganas de gritar y aplaudir... bueno, que una peli logre hacer todo eso... está bastante bien. 

Mi sala era "contenida". Yo esperaba encontrarme rodeada de frikis disfrazados,  y justo vi a un niño con un lightsaber. Luego lo de los gritos: solo yo quería gritar "uuuu" cada vez que había un guiño a pelis anteriores, o salía Hans Solo y Chewbacca? Creo que lo hice una vez, pero no había un ambiente de jarana en la sala. Eché de menos a Londinium: puedo imaginar salas de londinenses borrachos aplaudiendo y gritando a la menor oportunidad. Me anoto en la agenda buscar una de esas allnighters en el Prince Charles Cinema para pasar toda la noche desbarrando con otros locos de la vida. Oj, aún recuerdo con lagrimilla en el ojo aquel singalong de Frozen! todos haciendo "buuuu" cuando salía el otro Hans... (oooops un spoiler, ay alguien aún ahí fuera que no haya visto Frozen? Pues lo merecéis: Hans es el MALO!).

Lawrence de Arabia
Ahora sí, el estilismo, que divago (en serio que aún no habías visto Frozen?). Aquí sí que no voy a haceros spoilers. De hecho, la mejor manera de ir a la peli es como yo, que no había leído nada ni había visto prácticamente imágenes. Sabía solo algo de tres de los actores británicos porque leí el especial de la Time Out la semana pasada: John Boyega, el chico de Peckham, barrio del sur que se está gentrificando a marchas forzadas, Daisy Ridley, la chica de Westminster, lo más pijo de Londoninium, y Wendoline Christie, de provincias. Así que una se planta frente a la pantalla y el primer personaje al que conoce es a Rey, la chica prota interpretada por Ridley, que busca chatarra en el desierto del planeta Yakku, y una se traslada, directamente a Lawrence de Arabia. 

Ahora: quiero ese disfraz. Es una primicia: la primera vez ever en la que he querido ir de un personaje del lado de la fuerza (se entiende, al ver a Lukem en imagen, o cualquiera de la Princesa Leia, incluída en este capítulo que va fatal). Pero es que este traje mola mucho. Lo quiero. Y si me decís que ni de coña voy a ir a una fiesta de Star Wars, que no estoy en el perfil sociodemográfico, vale: pero entonces aunque sea el top. Así, cruzado, para una noche de Coronitas. Ya he tenido alguno parecido en el pasado. Yo lo vi primero, brujas. 


Kylo Ren: Me pone
El lado oscuro. Oj, por dónde empezar. Mirad, gran parte del atractivo de esta saga para mí es el estilimo del lado oscuro. Vader es sin duda el malo más buenorro por antonomasia, por lo menos hasta que se quita la máscara en la última peli (ah, no es esta una metáfora de la vida?). Pues bien, os lo adelanto: el malo de esta peli tiene mucho morbo hasta cuando se quita la máscara. Que en mi opinión se la debería haber quitado solo al final de la peli, pero imagino que le director no se habrá podido resistir. A ver qué me dicen las "doctoras que tiene el divlog" sobre este tío que, ya lo digo, no es una guapo tradicional, un galán de libro en absoluto. Más bien un atormentado con cara de malo malo. La melenita mola mucho pero claro, vives con Mufasa (gracias Mo), me diréis. 

Re-enfocando: a mí los de manual no me suelen gustar, quede claro, y cuando vi al actor di un respingo en mi butaca: quién es este tío? Mi disco duro empieza a buscar (ruido)... es el de "Dreamers"?... no. Al salir, hago trampa y la wiki me ayuda: es Adam Driver y salía en aquella peli de  Noah Baumbach que vi hace unos meses sobre una pareja de 40 y pocos con complejo de Peter Pan, "While we are young". Bueno, aquí les echo a las doctoras a Kylo Ren, el nuevo malo de Star Wars, también conocido como Darzito, a ver qué dictaminan. 

And last, but not least, los Stomptroopers (la guardia imperial). Algo actualizados, pero siguen recordando exactamente igual la estética nazi, particularmente en aquella explanada nevada que da ganas de invadir Polonia, como diría Woody Allen a la salida de la ópera. 

Si se va al cine con niños, hay que ir preparados para múltiples preguntas, como muestra un botón, de Mini, en un punto del largometraje:

-Mummy, el negro la quiere?
-Yo creo que sí...
-No, ese no... el que va de negro...

Para entender esto... hay que verla. Y si es posible con un grupo de amigos que se animen a gritar, mucho mejor. Que podrían unirse al grupo de rescate de Di.

Caso de que, tras la calidad del análisis estilístico, digna de un Vogue, alguien aún dude de la autoría del divague. 








18 de diciembre de 2015

"Mañana a estas horas estaré en el paraíso"

45 divagues
Fue en inglés: "Tomorrow at this time I'll be in paradise". Quién era? Bingo: Mini en la peluquería el sábado pasado. La llevé por primera vez a la pelu de mayores y, mientras Alan le cortaba las puntas ella le daba ese palique. 

"Por qué estarás en el paraíso?", pregunta el ingenuo, que no sabe que al día siguiente Mini se va a Vetusta, porque ya está de vacaciones. 

Mientras tanto, yo estoy en ángulo recto sufriendo terribles flashbacks: Mini tirada en uno de los sofás que rodean a la pantallaca de televisor de mis padres, con el mando en una mano, el ipad en la otra, y turrón, chocolate, mazapanes de Hijos de Segura, cualquier otro exceso de temporada en la mesita central. 

Ella se lía a hablar y en un punto: "Perdona, cual era la pregunta?"

El paraíso, Mini. 

"Ah, sí, porque estaré con mis abuelos que me dejan hacer todo lo que quiero" 

Sin palabras. Si esto fuera hace 100 años, es cuando yo hubiera lanzado un gemidito con aquello de "las sales!".

~~~~~




Mañana vuelo hacia El Paraíso. Me encontraré con una hija asilvestrada con los ojos cuadrados tras tanta tele? O tal vez me espera una santita piadosa tras su semana escolar con mis monjas? (divagué sobre que Mini ya fue dos semanas en half-term a las Madres y, encantada, ha vuelto esta semana? ). 

Mi Paraíso es muy distinto al de MIni: cardo (sí, Jose Luis , era un probelma en Londinium, pero en Vetusta, será por cardo!), acelga, bailes con TioVin, sopita de mami, mis amiguitos, cine (EL DESPERTAR DE LA FUERZA, con caretas y un sable; sabotaje de pelis de intensas, también  con caretas), El Calamar Bravo, shopping enloquecido de última hora con Fashion, Sidra El Gaitero, más amiguitos, muslitos de mar, seguir los resultados del 20D desde la pantallaca y twitter y whatsapp y coronita, mojito chez TioFi, jamón jamón (y no la peli) a go-go, turrones de Fantoba, librerías locales donde pasar la tarde, renovarme el DNI para no olvidar que es aquel un estado policial, mis amiguitos, roscón de reyes por adelantado, ... en fin, ya veis que soy una chica de gustos sencillos. NO PUEDO ESPERAR A LLEGAR A VETUSTA!!!!

Nota: Intentaré retransmitir desde El Paraíso, pero si fallo, no preocuparse, ya veis que el programa de arriba tiene sus servilismos. Por si acaso: FELICES DIAS A TUTTI!


14 de diciembre de 2015

Suffragists, Suffragettes y Suffrajitsus

25 divagues
Hace casi ya dos meses fui a ver la peli de Sarah Gavron "Suffragette", protagonizada por Carey Mulligan, Helena Boham-Carter (secundaria en nómina para pelis de época) y con aparición breve estelar de Meryl Streep, haciendo de Emmeline Pankhurst, bajo cuya estatua ya he divagado otras veces

El movimiento sufragista comenzó a mediados del Siglo XIX, y este adjetivo engloba a todas las mujeres que luchaban por el sufragio universal. Tras más de 50 años de lucha pacífica, de intentar razonar lo obvio con el sistema, un grupo de ellas decidieron cambiar de estrategia: romper cristales, encadenarse a las rejas de edificios gubernamentales, enviarse como carta humana, y mucho más. Querían "deeds not words" ("hechos, no palabras").  El término suffragette se aplicó mas específicamente a un grupo de mujeres en el Reino Unido que pertenecían a la Women's Social and Political Union (WSPU). El término "sufragette" se usó despectivamente, porque sonaba afrancesado. Para más informacion sobre el movimiento, hace un mes estuvimos en el Museum of London en la exposición fotográfica de Christina Broom, una mera reporter, "Soldiers and Sufragettes" (los soldados me interesaron mucho menos), o en "Suffragette City".

La película de Gavron trata de estas activistas que se jugaron tanto por luchar por los derechos de todas, y rompen con el punto de vista con el que crecimos: la madre de Mary Poppins (Well done, Sister Suffragettes!). Aunque había muchas mujeres de clases acomodadas que lideraron el movimiento (véase Emmeline Pankhurst y sus hijas), muchas más de clases trabajadoras estuvieron en la línea del frente. La peli sigue a una de ellas, interpretada por Carey Mulligan, que trabaja de sol a sol en una lavandería industrial, y cuyo marido no entiende sus veleidades políticas, cuando llegan. Mulligan entra en contacto con el movimiento en alguno de sus activismos callejeros, y luego de la mano de Boham-Carter, la farmaceútica que organiza reuniones en la rebotica. 

Es una cinta imprescindible: todos hemos de verla y llevar a nuestras hijas e hijos tan pronto como tengan la edad-12 años según los british. Yo fuí a verla con muchas ganas de llevar a Mini después, con las chapas históricas pre- y post, claro. Pero, al poco de empezar, me di cuenta: NO. 

La película es durísima. No sé en qué punto empecé a llorar, pero ya no paré, intermitentemente, durante todo el metraje (nota: ya se me han acabado los sinónimos de película, tranquis). Os acordáis aquellas pelis inglesas de contenido social que en el Zenozoico del divlog definíamos como "uplifting" (que sales del cine exultante, creyendo en el género humano, y tal)? Sí, por ejemplo, "The full monty", "Billy Elliott", "Made in Dagenham", "Pride"... bien, pues "Sufragette" no es una de esas. Se te hiela la sangre al verla y, cuando termina, cuando por fin sobre el fundido en negro aparece que, tras esa lucha terrible, en 1928 se consiguió el sugrafio universal en el Reino UNido, nadie se mueve de su asiento. Todos permanecemos callados, en la oscuridad, muchos como yo, supongo que intentando recomponernos durante los créditos, porque lo que hemos visto y sufrido es lo que en inglés se llama una "harrowing experience": que te pase una apisonadora por encima. 

Todos sabíamos que muchas sufragettes habían terminado en la cárcel... pero MIL? La cifra me parece increíble. Iban a prisión cuatro meses por romper cristales, por ejemplo, y no se les reconocía como presas políticas, sino como delincuentes comunes. La cárcel de mujeres de Holloway en Londres pasó a ser un símbolo para el movimiento, y lo que ocurrió allí no fue juego de niñas: huelgas de hambre que terminaron en muchos casos con alimentación forzada (force-feeding). Esta escena es devastadora. 

Durante toda la peli, no podía quitarme de la cabeza otra lucha que viví en segunda persona: la de los insumisos, mezclado con intrusiones de las voces de gente que dice "no se puede desobedecer la ley", y cada vez teniendo más claro que la desobediencia civil a las leyes que consideramos injustas es una obligación. Porque si estas mujeres no hubieran sido DESOBEDIENTES, si muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia hubieran asumido lo que claramente era injusto, seguiríamos en un mundo aún más desproporcionalmente desigual y horrible de lo que es. 

Y como no quiero terminar el divague como terminé la película, de bajona total, os contaré algo que, dentro de lo dramático, me ha dado cierta energía. Como las cargas policiales eran tan bestias contra las pobres suffragettes, se creó un equipo de "guardaespaldas" entre ellas mismas. Las entrenó nada menos que la primera mujer instructora en artes marciales en el mundo occidental, Edith Margaret Garrud, que les enseñó jitsu-jitsu para defenderse de la madera. De ahí, el término suffajitsu. Este año han editado tres novelas gráficas con este título, de Tom Wolfe. 

Aún no las he leído, pero me he quedado alucinada: os imaginais, una especie de manga-sufragista? O, mucho mejor: me pido dirigir la peli!!! Algo así como las suffragettes se encuentran con una de mis favoritas, "El tigre y el dragón"!!! Suffragettes volando por los tejados! Fantástico!




Cómo me gusta esta peli....

11 de diciembre de 2015

Seis Años: Impresionante

20 divagues
...impresionante y emocionante... Con ustedes, para todos los divagantes...


como diría Mini: "by LUX"
 Mil gracias Lux, esto es una PASADA, y te queremos

Di et al

8 de diciembre de 2015

Cumplimos SEIS años divagando!!!!!

18 divagues
Darlings divagantes: 

Hoy hace la friolera de 6 años, la Artista Antes Conocida Como Diva me propuso aquello de divagar juntas. El año pasado lo celebramos por todo lo alto, por aquello de que era el CINCO. Otros años hasta se me ha olvidado... casi como este, pero gracias a la inmensa clack, korrintxe, divagantes enloquecidos con memoria... aquí estoy. 

Para celebrarlo, dos cositas, una la tarjeta para la ocasión, que también la tenemos en camisetas, tazas, posavasos, funda de móvil, magneto, pegatinas... Ya veis que no escatimo. 






Reina de la disco
Luego, lo importante: el domingo fui a la roller disco del South Bank con Mini. Estuvo bastante bien (solo caí 5 veces, siempre interceptada por aprendices-esas imágenes ya estarán en youtube, no las pidáis), aunque la música no era tan cheesy como hubiera querido... Mini (ehem). Yo ya le dije al DJ: "es que a mi hija, de 7 años, le gustaría Lady Gaga...", y caso omiso. 






Divagando a tu propio riesgo
 Pero igual me daba todo porque, de camino allá... vengaaaa, que sé que fuisteis vosotros, en pleno Southbank Centre -que sabéis me encanta-, teníais preparado un pequeño detalle!!! Sois un primor, gracias... fue emocionante. Os grabé una secuencia para que veáis qué nivel, claro que cuando cantan  "divagando divagando now", ya estaba yo con el micrófono...

Va por vosotros babies... No os vayáis nunca!

Dont you worry dont you worry child...
Seguiremos divagando-ó
Dont you worry dont you worry now
Seguiremos divagando-ó



30 de noviembre de 2015

Divagar guardando secretos: Quién quiere jugar? ("La mancha humana" de Philip Roth)

20 divagues
Coleman Silk tiene un secreto. Es enorme y es El Tema (o uno de los más importantes, porque hay muchos) de "The Human Stain" ("La mancha humana"), la novela de Philip Roth. Por tanto, no va a poder ser un divague al uso, sobre los temas subyacentes, porque si lo hiciera arruinaría para el divagante unas de las mejores 100 páginas iniciales que he leído últimamente: Roth juega con el lector. Y como es imposible pensar en los juegos en literatura sin citar al Gran Cronopio, el rey de la cosa, aquí una concluye que Roth puede ganarse el título de, al menos príncipe de los trucos. Porque empiezas a leer una novela, muy bien escrita, con una historia que te interesa y, de repente, cae la bomba. Y hasta aquí puedo leer. Y a lo que me refiero con esta bomba solo se entenderá si, en primera persona, se experimenta. Los que lo han leído lo saben... los que no, me dan envidia. 

Pero por encima del tema intocable, el gran tema de "The human stain" son los secretos: por qué elegimos ciertas cosas para ocultárselas al mundo, a parte del mundo, a nosotros mismos, tal vez. Nada une más que un secreto, una especie de acuerdo tácito en el que siempre hay uno que tiene más que perder. Y ahí entra el poder: el aparentemente más débil puede ser aquí el más fuerte. El secreto de Coleman, que tiene ahora 71 años,  le da libertad "free to go ahead an be stupendous" (me encanta esta frase), pero a su vez descubre que ésta es peligrosa. Muy peligrosa. "Don't most people want to walk out of the fucking lives they have been handed? But they dont, and that's what makes them them, and this was what was making him him" ("No quiere la mayor parte de la gente huir de las jodidas vidas que les han dado? Pero lo no hacen, y esto es lo que les define, les hace ellos; pues esto es lo que hace de Coleman, él"). Su secreto acaba por ser él, toda su vida es el secreto: esa mentira le define tanto como lo que muestra. Y cuando el narrador del libro descubre él mismo lo que Coleman esconde, reflexiona: "no podría imaginar nada que pudiera hacer a Coleman más un misterio que esta quitada-de-máscara". Roth utiliza una técnica común en su bibliografía, el "framing" o enmarcado: el narrador (casi omnisciente) es un vecino de Coleman, que tiene tal vez en algún punto demasiada informacion, y al que Coleman le pide al principio del libro que escriba su historia.

Aparte de la mirada de este vecino-narrador-Roth, la novela tiene un segundo marco: ocurre durante el escándalo Clinton-Lewinsky, y una no puede evitar que le resuene el título mientras recuerda aquel vestido con aquella mancha. Hay una conversación salvaje sobre el tema que el protagonista oye en el campus universitario donde trabaja entre tres tíos. La línea es (menores, sáltense estas líneas): "Si se la hubiera follado en el culo esto no habría pasado". "Her loyalty would have been earned by fucking her in the ass. That should be the pact. That should seal you together". Su tesis es que el sexo anal habría sido humillante, luego un secreto que verdaderamente merece la pena guardar bajo siete llaves. 

-No es esto lo que hace la mafia? Le das algo a alguien de lo que no puede hablar. Entonces, les tienes. 
-Les envuelves en transgresión mutua, y obtienes corrupción mutua. Exacto.
-Así que su problema es que (Clinton) no es lo suficientemente corrupto
-Oh sí, absolutamente. Y poco sofisticado (...)
-Una vez que dices "hasta aquí", dejas claro que estás asustado. Y cuando estás asustado, estás acabado

Luego siguen hablando de Hillary, a la que definen como "una total de-transgresora, alguien que podría incluso hacer el adulterio aburrido". Este tipo de conversaciones pasan en el libro. No para los pusilánimes, pero no tenéis derecho a quejaros, que ya os avisé en el divague del hilarante "Portnoy's complaint".


Pero divago: estábamos en que Coleman le pide a su vecino que escriba su historia. Su historia aceptable y visible, no la otra. Un chico listo que crece con un padre viudo, y que a fuerza de trabajar duro toca el American Dream, he makes it: termina de catedrático de clásicas en la universidad. Antes ha conocido al amor de su vida, que nunca es con la que te casas, sino Steena, una rubia de veinte que no tendrá que pasar el test de los 30 años al otro lado del sofá: atención a lo que ella le escribe, sospechando que igual no está a su altura: "I would do anything I could think of not to bore you, including dropping out of contact, if necessary, so as to avoid the risk of becoming boring" ("Haría lo que fuera por no terminar resultándote aburrida, incluso perder el contacto"). Brutal, pero qué sabia: la mejor manera de permanecer siempre en el podium que nadie nunca podrá alcanzar. Pero en realidad yo creo que las cosas terminan por una ramificación de El Secreto. A Coleman le rompe su corazón de veinteañero, pero marca el pistoletazo para una nueva vida, la vida adulta, la de las "cosas serias, donde las Steenas se han terminado" ("The serious life dedicated to serious things. The Steenas were over".)

Su historia aceptable y visible: una vida perfecta de hombre casado con cuatro hijos y profesionalmente exitoso que, al final de su carrera, la trituradora de carne cruda que es la política interna del mundo académico, se lleva por delante, usando unas (falsas) alegaciones: Coleman ha sido racista. Y este parece ser otro tema de la novela: la convención, lo correcto, las apariencias.  "The benign despot that is convention, the unstable illusion of stability". Hay un párrafo perfecto en la página 154 en la que describe las atrocidades que estaban pasando en el mundo en 1998, y ese mismo mundo está preocupado, escandalizado, ocupando demasiado tiempo en asumir que el Mr. President hiciera cosas con un puro y una becaria.

"A century of destruction unlike any other in its extremity befalls and blights the human race—scores of millions of ordinary people condemned to suffer deprivation upon deprivation, atrocity upon atrocity, evil upon evil, half the world or more subjected to pathological sadism as social policy, whole societies organized and fettered by the fear of violent persecution, the degradation of individual life engineered on a scale unknown throughout human history, nations broken and enslaved by ideological criminals who rob them of everything, entire populations so demoralized as to be unable to get out of bed in the morning with the minutest desire to face the day . . . all the terrible touchstones presented by this century, and here they are up in arms about Faunia Farley.  Here in America either it’s Faunia Farley or it’s Monica Lewisnsky!  The luxury of these lives disquieted so by the inappropriate comportment of Clinton and Silk!  This, in 1998, is the wickedness they have to put up with.  This, in 1998, is their torture, their torment, and their spiritual death". 

Su historia aceptable y visible: además del affair Lewinsky, el pequeño universo que es la Universidad de Athena, donde Coleman Silk fue rector, está escandalizadísimo porque Coleman, tras dejar la universidad por las alegaciones y ya viudo, inicia una relación con una limpiadora la mitad de su edad. Una mujer a la que la vida ha maltratado sin cuento, y que está tan cabreada con todo y todos como él. Esa ira vital, existencial de ella se extiende en cierto modo a él, porque ambas injusticias no pueden compararse ("That is what she hates about him-the privilegendness of his suffering"): él pierde injustamente su carrera a los 71, ella nunca ha tenido nada, o si, por unos breves momentos pareció que lo tuvo, esa alucinación duró lo que un pestañeo. El enfado de ambos hace que el sexo sea espectacular, analiza ella ("That is what makes for great fucking, Coleman. The rage that levels everything. So dont lose it"), una conexión cósmica improbable que hace desmontar todo lo que han tenido con otros amantes hasta entonces. Es la mala hostia, dile ella, y a su pregunta sobre quien es, ella contesta: "soy lo que quieras que sea" ("Who are you? I am whatever you want"). Porque en esa relación ya nadie tiene nada que perder, no se juegan nada... es un naufragio y ni siquera se trata de salvar cuatro cosas, sino de disfrutar del caos del hundimiento  ("He is free to be abandoned because there is nothing at stake. Because there is no future. He is in it not for the learning, not for  the planning, but for adventure; he is in it (...) for the ride"). No hay futuro: se está ahí por el momento, el carpe diem más salvaje, porque vivir o morir, qué más da.  

Nadie le apoya, como suele pasar en estas cazas de brujas locales de las que, una piensa con cierto terror, nadie estamos libres. No des un paso, no des un mal paso (esta es una escuela del horror), porque el mundo entero te dará el dedo anular, incluso tus propios hijos.  Duele ver cómo Colema piensa en sus propios vástagos, educados para ser los seguidores de su estela liberal, aquellos que esperamos sean más y más para hacer el mundo algo mejor. Pero ellos son tan provincianos como la Universidad de Athena, como New England, como los EE.UU., como la gran mayoría del mundo. "If anybody's children  should be able to understand this, shouldn't his? (...) All the reading to them (...) The dialogues at dinner (...) All this stuff we did and then to come back at me with this mentality? (...) Never alloweds to watch TV and you manifest the mentality of a soap opera. Allowed to read nothing but the Greeks or their equivalent and you make life into a Victorian soap opera." 

Su historia aceptable y visible: no le parece tan aceptable a su némesis académica, Delphine Roux.  Racista, abusador de mujeres oprimidas, de eso le acusa la académica francesa brillante, que tiene una Misión: terminar con Coleman. Y aunque es un personaje secundario en la novela, no puedo sino acabar con ella, porque Roth le dedica lo que bien podría ser un "estudio en profundidad" al final del capítulo 4. Ha sido uno de mis personajes favoritos: al principio del libro, esto es lo que sabemos de Delphine Roux, y la odiamos, evidentemente.  En las últimas 100 páginas, como digo, Roux reaparece con todo su contexto, y aunque Roth decide al final empañárnosla de nuevo, yo no puedo evitar enternecerme, entenderla, y en algunos aspectos identificarme. Emigrante, europea, feminista... en lo malo no...:)

Roux viene de una familia aritocrática francesa con una madre que ha sido lo más en lo suyo, su origen es un clan de siglos sobre cuya estela debe ser fácil cabalgar, pero... cuánto odia Delphine a esa panda provinciana privilegiada, todos cortados por el mismo patrón, tradición, tradición!

"How Delphine hated all those families, the pure and ancient aristocracy of the provinces, all of them thinking the same, looking the same, sharing the same stifling values and the same stifling religious obedience. However much ambition they have, however much they push their children, they bring their children up to the same litany of charity, selflessness, discipline, faith, and respect — respect not for the individual (down with the individual!) but for the traditions of the family. Superior to intelligence, to creativity, to a deep development of oneself apart from them, superior to everything, were the traditions of the stupid Walincourts! It was Delphine's mother who embodied those values, who imposed them on the household, who would have enchained her only daughter to those values from birth to the grave had her daughter been without the strength, from adolescence on, to run from her as far as she could. The Walincourt children of Delphine's generation either fell into absolute conformity or rebelled so gruesomely they were incomprehensible, and Delphine's success was to have done neither.

 Roux no quiere vivir de rentas, Roux quiere superar a su madre, Roux quiere hacerse a ella misma, con su esfuerzo, y que mejor país para ello que los EE.UU. Así que deja su vida trillada de privilegio en Francia y empieza de cero en una universidad americana. Para qué? Para volver como los emigrantes de antaño, cubierta de gloria, para ser admirada, para que todos digan lo consiguió? Para ganarle a su madre. 

"She just did it as the next step of her ambition, and not a crude ambition either, a dignified ambition, the ambition to be independent, but now she's left with the consequences. Ambition. Adventure. Glamour. The glamour of going to America. The superiority. The superiority of leaving. Left for the pleasure of one day coming home, having done it, of returning home triumphant. Left because I wanted to come home one day and have them say — what is it that I wanted them to say? “She did it. She did that. And if she did that, she can do anything".  

Pero esto también pasa factura, como sabemos todos los emigrantes: sigue siendo una outsider. Y sigue sola. Es guapa, delgada, lleva vaqueros ajustados y chaquetas vintage Chanel (por lo que la odian las gordas brujas anglosajonas, con sus vestidos florales)... en fin, tiene el chic de lo francés. Pero está sola. No entiende a los tíos... los tíos no la entienden: todos esos años en las bibliotrecas y no es fluent en inglés. Que lo es, por supuesto, en inglés académico, y claro que entiende el de la calle... lo que no pilla son los detalles. Los entrelíneas y entrecomillados que, a veces, se los escapan a los extranjeros. Hay un punto en el que Roux hace una clasificación mental de los tipos masculinos que la rodean, y te ríes (por no llorar). Están los "sensibles", esos odiosos compañeros de departamento que están casados, con hijos pequeños, y que no tienen más que palabras de admiración para su esposa, y que "ayudan", y "quieren compartir las responsabilidades de la paternidad" y que están en la Liga de la Leche y que son un rollo patatero. Quien no los conozca, que diga. Oh, hombres "sensibles". Luego estan "Los sombreros". Estos son los escritores residentes, que dan clases de vez en cuando, y se caracterizan por llevar un tipo u otro de cosa en la cabeza: boina, gorro, lo que sea. Por ultimo, "los humanistas", descritos como "uncool and tweedy", pero al final, el mal menor, "the old fashioned tradicionalist humanists who have read everything". Ella misma. 

Roux acaba comiendo con un catedrático visitante de unos 60 que aparece por Athena de vez en cuando, porque la estimula intelectualmente. El tipo, conservador, vale, pero se ha leído todo Marx y Engels, y ella quiere a alguien con quien hablar de eso.  De las comidas en la cantina se pasa a las cenas, y el señor quiere hablar en francés, y luego ya de sexo. Ella le dice claramente que nunca tendrá sexo con él, y la razón es "porque es mi manera de ver la vida: es quien soy". Y a lo que se refiere es que ella, Delphine Roux, no va a ser la amante de un catedrático de setenta. En contra de lo que las brujas gordas de los vestidos florales piensan y cotillean por la sala de juntas. Delphine Roux rechala vida regalada aristocrática francesa porque era un regalo: va ahora a aceptar la duda personal de que un solo escalón escalado había sido resultado de tirarse a un catedrático? Tal vez una mujer así pueda ser mala, pero con este abanico de grises que nos pone Roth en la paleta al final del libro, el personaje es otro, que seguro a nadie deja indiferente. 

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Yo pensaba que este divague me iba a quedar sucinto, porque no iba a hablar del Tema. Una vez más, me equivoqué.  Sucinto y yo no vamos juntos. Eso, o estaba jugando con vosotros... tal como hace Roth con esta espectacular novela que recomiendo encarecidamente.