28 de diciembre de 2017

"Cat person": ¿Puede ser alguna vez demasiado tarde para parar una relación sexual? (entre otros temas)

30 divagues
Hace unos días, un relato publicado en el New Yorker escrito por una mujer de treintaytantos llamada Kristen Roupenian se convirtió en fenómeno viral. Todo el mundo hablaba y escribía sobre él, todo el mundo había enloquecido por un relato! Buenas noticias, decían por ahí, no todo van a ser vídeos de gatos lo que la gente quiere compartir. 

Yo leí el relato, que precisamente se titula "Cat person" ("Persona de gatos, persona a la que le gustan los gatos", tal vez como contraposición de persona de perros, ya sabéis, eres de gatos o de perros? Yo de lo último, claramente), sin haber leído nada antes y recomiendo que lo leáis aquí. No lo he encontrado aún en castellano, pero seguro que pronto alguien lo traduce. 

Empecemos con contexto: yo no he vivido el mundo del "dating" (citas), que es el escenario que usa la autora para hablar de algún tema universal, pero lo conozco bien vicariamente. Para el que aún sea de una generación mayor que la mía-si eso es posible-, aquí va una breve guía del dating. Cuando yo estaba en bachillerato o la universidad, ya había páginas de contactos en los periódicos, pero eran claramente destinadas a perdedores: conocéis a alguien que buscara novio o ligue por anuncios clasificados? Yo no sé quién era el público-objetivo, pero siempre imaginaba a un vecino nuestro soltero "viejo" (tendría 32 en esa época) que daba cierto miedo (creepy es la palabra). La gente normal ligaba en los bares, en clase, en la parroquia, yoquesé. Luego me fui a la isla, y llegó internet. Recuerdo a la primera compañera que me dijo que estaba en la escena del dating, vía el periódico The Guardian. Su página se llamaba Soulmates, y daba gusto leerla. Describían a la perfección al lector del Guardian típico: le gusta leer, viajado, entiende de vinos, izquierdosillo, urbanita. Mi compa quedaba con tipos afines, iban a tomar algo: uno tras otro. Luego ya llegaron los teléfonos, las aplicaciones y eso debe ser hoy en día un vergel.  Ay, la de historias divagables que me habría dado a mí ese mundo!

"Cat person" no habla específicamente de las citas a ciegas en internet, porque los dos protagonistas se conocen cara a cara en el hall de un cine donde ella trabaja vendiendo palomitas para sacarse pelas mientras estudia, y él va a ver una peli. Ella flirtea por costumbre, "porque te da más propinas detrás de una barra". Se cambian los teléfonos y entonces comienza ese divertidísimo pique por whatsapp, en el que todo el mundo mejora su yo real. El es ingenioso y gracioso por texto, y si  ya las relaciones cara a cara son caldo de cultivo para proyectar todo lo que sea en el otro, imaginemos las posibilidades de crear un monstruo (del amor) con alguien por texto. 

En el pasado, la sabiduría universal de las tietas ya nos decía aquello de que hacernos las duras era lo más efectivo en esto del ligue. Nada menos interesante que alguien que te mira con ojos de carnero degollado. La seducción se basa en gran parte en el misterio, y en qué información compartimos en qué momento. Cuando llegué a Inglaterra aprendí que hasta tienen un refrán que resume esta máxima: ¨treat them mean, have them keen" (¨trátalos mal, y los tendrás interesados¨). Esto es algo que ocurre entre los dos personajes del relato, pero por parte de él: si ella desaparece un par de días, él la ¨castiga¨ luego con su silencio durante un espacio de tiempo, contestando lacónico sin preguntar de nuevo, dejándole a ella el esfuerzo de iniciar. Pero en este caso, a mí no me da la impresión de ese juego de tira-y-afloja, sino de malababa del tipo que, lo admito, desde el principio no me gusta. 

No puedo explicar exactamente porqué, pero el tipo me da repelús. La autora nos lo hace explícitamente brumoso: así como sabemos algo de ella, de él sabemos apenas nada. Únicamente, por sus comportamientos durante el relato, podemos inferir que no es un superdotado social, cosa que en el algunos foros ha sido interpretado como "es solo un tío¨. Tampoco conocemos su clase social, no sabemos en qué trabaja, y algunas de sus interacciones con la chica se pueden interpretar como que sufre cierto complejo de inferioridad por estar tonteando con una chica universitaria que ve peliculas "de arte y ensayo". A ella le enternece cuando se da cuenta de este detalle, cuando se compara con la imaginada experta en cine-que no es.  Esto lo hace a los ojos de la chica vulnerable, y la enternece. Un dato más para la ficción que es él, porque esta chica de 20 años también va creando en su imaginación a este tipo (que acaba descubriendo tiene 34), y reafirmando esta invención con interpretaciones de su comportamiento el par de veces que se ven. 

Tras unas vacaciones en que el whatsappeo alcanza la cúspide, terminan yendo juntos al cine: una película del Holocausto que él elige, queriendo impresionarla. Como no se dan la mano, ella supone que él no quiere nada romántico, pero ella propone tomar algo, porque no quiere despedirse así de su sueño-el tío que no existe. Tras varias cervezas ella termina instigando el ir a casa de él (ella vive en la uni) a tener relaciones sexuales. Y eso que ha habido un beso terrible, un beso en el que él demuestra que no sabe besar, un beso que ella pensaba no era posible de malo, y mucho menos en un tío tantos años mayor que ella. En el coche hacia el cine, por la cabeza de ella había pasado la idea de "este tipo podría matarme", y no es extraño que una chica especialmente en América sopese este posibilidad. Mientras leía el relato, yo estaba con el corazón encogido, sin saber exactamente porqué. Dónde me estaba llevando la autora, no tenía ni idea, pero el desasosiego es la sensación. Más: es miedo. Cuando llegan a su casa, ella lo vuelve a pensar: "podría matarme". En algún articulo o entrevista a la autora que he leído, alguien comenta que, para que un hombre entienda la situación de vulnerabilidad física de una mujer sola con un hombre tendría que imaginarse a él mismo solo frente a un ser mitad tigre mitad oso. Es una descripción acertadísima: así estamos las mujeres, generalmente, solas frente a un hombre. A su merced. Y si hay alguno que quiere dejar salir al tigre-oso, poco tienes que hacer. Afortunadamente, la mayor parte de las relaciones van bien, pero el terror en una relación de una noche, en una casa que no conoces es mejor no planteárselo. Estás en sus manos. 

Pero no es que el relato vaya por ahí. Aunque la chica se haya planteado esto, lo que le pasa mientras entra en la habitación es otra cosa y la clave. Porque es algo que muchísimas mujeres han vivido, y de ahí la virulencia con que se ha compartido el relato: miles se han identificado, igual que hay tantas otras que están saliendo a dar la cara con el lema #MeToo. Cuando la chica se acerca al encuentro sexual que ella prácticamente ha fabricado, de repente piensa que tal vez no sea buena idea. Que en realidad no le apetece. Que no quiere seguir.

Pero sigue. La chica ya no quiere pero en su mente comienza el debate: cómo le voy a decir ahora que no, con qué cara. Soy yo la que le he guiado hasta este punto de la noche, soy yo la instigadora, he sido yo la calientapollas. Ahora no quiero, ahora me repugna, pero cómo se va a sentir él? Será injusto ahora pararlo? Voy a cerrar los ojos y dejar que pase lo más rápido posible. 

La descripción del sexo entre ellos me hace sentir terriblemente incómoda. Comienza con él quitándose la ropa de una manera patosa (la vida misma) y ella siente asco ante su cuerpo: otra razón más para no querer seguir. Nota al margen: siempre me fascina este dato científico, el reflejo del asco que tenemos normalmente activado, en el sexo disminuye o desaparece (dejo esto abierto a la imaginación divagante, está claro cosas que normalmente dan asco, que enmedio de una excitación sexual ni se consideran). Los detractores del relato lo han acusado de fobia-del-gordo, porque el hombre tiene lorzas, barriga. Pero eso no importa: en este contexto ella ve las lorzas porque ya no quiere estar ahí. Y por una vez, es la mujer la que nota algo negativo en el físico de un tío que no le atrae (cuando suele ser al revés). Y me interesa que alguien se haya atrevido a describir el desencaje de dos cuerpos que se llevan casi 15 años, en un mundo donde relaciones con grandes separaciones de edad parecen aceptables-siempre que sean ellos los mayores.

Por ilustrar un poco el desasosiego que causa ese sexo entre ellos, obviamente desde el punto de vista de ella, que ya no quiere estar ahí: El le mete el dedo, sigue besando igual de terriblemente, y ella se ve desde fuera, desnuda y abierta de piernas, humillada y sintiendo asco por sí misma. 

"but then he shoved his finger in her again, not at all gently this time, and she imagined herself from above, naked and spread-eagled with this fat old man’s finger inside her, and her revulsion turned to self-disgust and a humiliation"

El tipo sigue solo, y ella siente que podía estar tirándose a una muñeca hinchable, porque ella es un accesorio más en la historia sexual que él se está montando en su cabeza. El pierde la erección varias veces, pero sigue diciendo en alto, junto con otras frases medio sucias de esas que se supone se deben decir para animar el cotarro: "me la pones tan dura", como si repetir esa mentira la pudiera hacer real.

"he kept losing his erection, and every time he did he would say, aggressively, “You make my dick so hard,” as though lying about it could make it true. At last, after a frantic rabbity burst, he shuddered, came, and collapsed"

Una noche para olvidar, en la que ella ha soportado estoicamente por aquello del "cómo voy a decir para-no-sigas ahora? Sería como mandar que se lleven el plato que has pedido en un restaurante". El final del relato, en el que ella termina la relación (aunque sigue echando de menos al tipo que se había inventado, al ingenioso de los whatsapp, al vulnerable en ciertas supuestas inseguridades) y él reacciona mal, insultándola con ese sustantivo universal que todas habremos sufrido alguna vez, en todo tipo de contextos (puta!) no era necesario. Todas las cartas estaban ya sobre la mesa, no necesitamos que nos lo cierre poniendo ese exabrupto en la boca de él. 

Para escribir el divague lo he releído: ahora ya sé que no hay asesinato, ni agresión, ni nada terrorífico. Pienso en el consentimiento, el fantasma del otro que nos montamos, los límites para no herir al otro... y la sensación de desasosiego sigue: aunque no hayas estado exactamente en la misma situación de la protagonista, lo que "te hace" una buena pieza de ficción, lo que consigue en ti es hacerte vibrar y sentir y sufrir y querer que todo vaya bien. Y por eso miles de personas se han sentido así al leer el relato: hombres y mujeres. Los mejores hombres y la mayor parte de las mujeres.  

25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad divagantes!

5 divagues

El otro día vi en Instagram este precioso árbol de Navidad, de una de las bibliotecas públicas de Nueva York, la de Tompkins Square (@tompkins_square_library). Qué mejor manera de felicitar loquesea a los divagantes? 

F  E  L  I  C  E  S    F  I  E  S  T  A  S


Addendum
El día de Navidad, de paseo con Nara al parque de la tirolina, me salió esta foto. Un amigo comentó en Instagram "no es esta la felicitación de navidad más triste de la historia?" 









17 de diciembre de 2017

100 anios de marketing sobre salud pública y la Navidad

25 divagues
He estado mirando un poco para atrás en el divlog-no como Oscar Wilde, que siempre llevaba su diario encima para tener algo fascinante que leer, sino para intentar entender mi evolución en esto de las Navidades. Como este blog empezó en Diciembre, hay bastantes divagues con el tema navideño. Mi conclusión-tras este descenso a los infiernos-es que cada anio me voy radicalizando más, y, aunque me gusta volver a las vetustas para ver a la familia y los amigos (y seguir los múltiples rituales de diversión vetústicos ya descritos aquí), lo del potlach navidenio, que en 2009 me limito a describir, ahora cada vez me toca más la moral. Cada vez menos soporto comprar por comprar, necesitar tener el último aparato, estar a la moda. Igual que Woody Allen veía "praderas con un semental" en aquella peli, yo lo que veo son vertederos y vertederos llenos de plástico. El anio pasado ya salí del armario y os presenté a Discrooge.

Lo de la comida es otro exceso: yo entiendo que es, parece ser, otro ritual "necesario", pero no puedo soportar ver tirarse la comida.Evidentemente, esto es por mi educación y afortunadamente en mi familia, todo pasa a tupers y se va comiendo, pero sé que mucha gente (por no hablar de supermercados) tiran comida sin ningún rubor. Casualmente, hoy he caído en una exposición virtual que os enlazo aquí sobre los 100 último anios de carteles de propaganda gubernamental sobre salud pública. No tiene desperdicio, para entender las actitudes en el contexto histórico en el que ocurrieron. 

Era dificil elegir, uno para colgaros pero al final, por lo de arriba, me he decidido por este. Eran consejos que se les daba a la gente durante la guerra mundial, cuando había racionamientos y se dejó de importar comida en la isla (donde el 70% era hasta entonces importada). El cartel es, de todas formas, rabiosamente actual. 

Comida
1. Cómprala con criterio
2. Cocínala con cuidado
3. Usa menos trigo y carne
4. Compra producto local
5. Sirve lo justo
6. Usa lo que quede

No la malgastes!


Me gustaría que lo incluyeran en cualquiera campania de Navidad de 2017!





12 de diciembre de 2017

La Dra S. en Canción de Navidad

13 divagues
La doctora S. mira por la ventana: el cielo está de nevar, que decía su madre: blanco y denso y pesado. De repente, el silencio que precede a la caída de los primeros copos. Vaya... fastidiada considera que, cuando dentro de muchas horas salga de la estúpida consulta vespertina (hasta las 9 de la noche aquí, sin estar de guardia, con eso de que "el cliente-ya no paciente-siempre tiene la razón), va a ser imposible encontrar un taxi, que el suelo resbalará, o bien se habrá convertido en un gran charco donde chapotear. Le viene una imagen de ella misma, con 6 anios y aquellas (que entonces consideraba) preciosas botas de agua saltando en uno de esos charcos que ahora la horrorizan. Aparta esa idea de un plumazo. 

Le da al botón que llamará al siguiente enfermo. Pase Sr Y, siéntese: cómo puedo ayudarle hoy? (de eso va su trabajo, de ayudar, se supone). Todo con su mejor sonrisa; con su mejor careta de sonrisa, quiere decir. Pero ella al menos no se autoengania al respecto, y se pregunta si el paciente lo intuye. En todo caso, no le importa un pepino. A ver, qué tiene, un ganglio en la mano? "Golpéelo con una biblia", que decían en la universidad, piensa. Ahora que la Seguridad Social se está jibarizando y lo que crece son organizaciones de diversas fes supliendo sus servicios, igual podría tener su predicamento. No se lo dice al Sr. Y, simplemente anota que la Seguridad Social no cubre el quitar los ganglios. Se siente. 

Vuelve a mirar por la ventana cuando se cierra la puerta. Hay gente arrastrando su árbol de Navidad. La doctora S. se suelta la coleta y mientras piensa por qué se afana toda esa gente. Un anio más, comprar un nuevo árbol, que deja toda la casa llena de agujas, ponerle bolas.... exactamente para qué? Otro anio más. Ella "cant be bothered" que dicen los ingleses. De dónde saca la gente la energía, la ilusión. Le da al botón, se vuelve a hacer la coleta y se pone la máscara.

Cómo puedo ayudarle? Y otro listado de dolores, bultos, picores, tristezas, ansiedades. Así un paciente tras otro, un día tras otro, un anio tras otro.

La doctora S. llega a su apartamento: es tardísimo, la nieve, en efecto, no ha cuajado, así que se ha mojado los pies, qué frío. Y no había taxis. El metro está de huelga y el autobus, lleno de chusma, ha sido una pesadilla. Abre el frigorífico y, literalmente, no hay nada: cuatro limones. Saca del congelador algo precocinado, eso que siempre prohíbe a sus pacientes, lo mete al micro, pip, pip, pip, y se echa en el sofá a esperar.

Mira por los ventanales desde su nueva posición, ahí están las imbéciles luces navideñas, que encima tienen este anio forma de ángel... de la guarda, dulce compania, no me desampares ni de noche ni... Plink, llama el horno, y a la vez brilla el teléfono. Oh es Laura, qué querrá.

Laura y la Dra S. no comparten nada, aparte de que sus apellidos comienzan por las mismas dos letras. Así se conocieron en la facultad: los ordenaban por apellidos en los exámenes, en las mesas de disección, en las prácticas alrededor de los microscopios. La Dra S. está ya aburrida de Laura, pero es una inercia lo suyo, o así lo siente ahora. Laura quiere hablar del último caso que ha agitado a la profesión: aquella pobre companiera trabajando bajo terrible presión un fin de semana sola en la planta de pediatría de ese hospital comarcal, a la que se le murió un ninio. Ha salido el juicio: homicidio. Irá a la cárcel. 

La Dra S. empieza a escuchar a Laura como en sordina: no puede ser. El horror, no ya como profesional, sino como persona, de que se te muera un paciente. El dolor. Pero además, no quedan contentos con borrarte del registro, con que tu vida laboral (muchas veces la única) para la que te formaste anio tras anio, termine. Además han de llamarte homicida, y mandarte a prisión. Oye, y qué haces estas fiestas? Vuelves a casa? Ya sabes que no me gustan las navidades y los días que tengo libres ya tengo un viaje al Caribe para olvidarme de que es época de paz y amor obligatorios. Suena mal? Estas son mis navidades presentes. 

Ya es de día... cree vagamente recordar una conversación la noche pasada, y en el suelo está el resto de los noodles de microondas. Una vez más, se ha vuelto a dormir en el sofá. El cielo está de nevar, que diría su madre, y las calles, un asco. Por lo menos han apagado al maldito angel de la guarda que consume tropecientos kws al minuto. Toda esa energía: en las bombillas, en la gente... de dónde la sacan, a qué agujero sin fondo va. 

Llega a la consulta y se pone la capa de superwoman. Nadie sospecharía la grieta que lleva dentro, un corte sagital que la atraviesa y es puro ácido. A media maniana va a la cocina a hacerse un té: se sienta tras el biombo, no que se esconda, pero no le apetece hablar si entra cualquiera. Se esconde: no decía que no se enganiaba? Enseguida se abre la puerta, y dos voces de chicas jóvenes llenan la habitación. Son las estudiantes de medicina que rotan por la consulta, la Dra S. las reconoce, pero sigue en su escondite. Una de ellas lleva rastas y tatuajes, muchos colgantes y su entusiasmo desarma. Ahora, le dice a su companiera que es hija única de una madre soltera. Que creció en un piso de la beneficencia y que su madre limpiaba casas. Y que cuando supo que entraba en la facultad de Medicina, su madre lloró. Las dos se abrazaron llorando, era mucho más de lo que su madre nunca se atrevió a soniar. 

La Dra S. siente algo parecido a una emoción, algo que no había tenido en mucho tiempo. La otra chica está diciendo: "yo cuando estuve haciendo voluntariado en la planta de geriatría, y aquella mujer apretó mi mano, tan fuerte, como agradeciéndome que estuviera allí, supe que quería estudiar medicina". A la Dra S. se le cae una lágrima, silenciosa, gorda, y le sigue otra. Y entonces se ve a sí misma: exactamente esa era ella, quería ayudar, quería curar, quería paliar, quería salvar! Tenía más ganas que un batallón junto, más fuerza que doce caballos salvajes. Así era ella en cualquiera de las Navidades pasadas: qué dulce y a la vez qué amargo su fantasma.

Le ha tocado ventana en este vuelo hacia el sol, la playa, y la nada-mental. La azafata sonriente le ofrece una bebida (llevará también una máscara, como ella, se pregunta). Desconectar una semana meramente, porque nunca ha creído en eso de "encontrarse a una misma". Si tuviera arrestos, lo que toca es una huida, pero hacia adelante, como aquellas mitológicas Thelma y Louise. Sube la ventanilla para ver anochecer y se da cuenta que solo algo así podrá hacer que merezca la pena vivir para sus navidades futuras. 

9 de diciembre de 2017

OCHO de Diciembre, OCHO ANIOS!!!

18 divagues
Queridos Divagantes: Muchas gracias por estar ahí siempre, o de vez en cuando, o cuando podéis o cuando sea...


Gracias especiales al artista del alambre LUX, que, aunque no necesitamos una de esas guías que "explican" el cuadro (véase la Tate Modern con gente como Hirst), él nos ha contado su proceso de creación contra reloj así:

Son 8 años divagando, eso está claro, pero, gráficamente, ¿qué es divagar? No lo sé, no lo sé… Pero me concentro y veo una madeja de la que, si se tira del hilo (que sería, digamos, el hilo de la conversación que las entradas de Di nos sugieren) salen pensamientos de la maraña que, al menos a mí, me iluminan. Así lo “veo” yo. Bien, dejo ya de divagar: dibujaré una madeja de hilo; de hilo verde fosforito; sí, sí, eso, verde fosforito.

6 de diciembre de 2017

Hic sunt dracones

30 divagues
De Kattigara - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18332738

Me fascina el mapamundi de Hunt-Lenox de 1503.   

Por todo, porque me encantan los mapas antiguos:  tengo uno que me traje de Itaka del "mundo en la época de Homero" colgado en el salón de casa, maravilloso.

Pero es que en este hay una zona misteriosa donde anotan: "Aquí hay dragones".

Puede ser un símbolo de una parte mi vida los últimos meses. 

Hay dragones por todos los sitios; no están localizados como en el mapa. 

En la proa del barco, paralela al mascarón- mujer de armas tomar- voy yo, con una espada solo escucho olas. 

El viento me corta la cara, me duelen los labios, estoy agotada.

Pero no puedo bajar la guardia, porque aquí hay dragones. 

4 de diciembre de 2017

"Homo Deus" de YN Harari: Una montania rusa con doble rizo

11 divagues
Tras la paliza que di con "Sapiens" (4 entregas!), prometí que no haría lo mismo con su siguiente libro "Homo Deus", que terminé en Malta y que se lee como otro thriller. Así que no habrá serie. Pero ahora que me estoy armando de valor para releerlo... me doy cuenta que no me ha quedado precisamente sucinto. Hace más de un mes que lo terminé, así que lo queda es... lo explicaba mejor mi monja de historia: "el saber es lo que queda cuando se ha olvidado todo".  

Como dejamos claro en los divagues de "Sapiens", Harari es provocador e invita a ver el mundo desde otro ángulo.  Sin importar si has desarrollado una opinión sobre un tema, hay gente a la que no le gusta que le "pinchen" y a otra sí. Yo quiero creer que soy de las segundas, pero a saber si no me molestan las "provocaciones" de Harari porque coincidimos en algunos básicos sobre política, religión, ética...-esto ya lo dije en "Sapiens".

Harari es tremendamente optimista en algunas cosas del presente, y realista, agorero con respecto al futuro, si seguimos así. El libro, como dice muchas veces, es una oportunidad para pensar en los posibles escenarios si seguimos así.

Intro: La nueva agenda humana                                                                                      
El principio del libro es repetición de "Sapiens": Plantea que los grandes temas en la agenda humana hasta hace poco, hambruna, plagas y guerra ya están medio obsoletos (esto ya lo hablamos con los divagantes-está hablando de una minoría, nuestra minoría de primer mundo, pero lo que viene a decir es que tenemos ya la tecnología y los medios para manejar estos temas, si queremos). Por primera vez muere más gente de obesidad que de hambre (yo este dato no lo tenía), por vejez que por infecciones, por suicidio que por la combinación de guerra/terrorismo*/crímenes. Esto último es verdaderamente escalofriante, porque vivimos preocupadísimos por el terrorismo, por ejemplo, y no porque haya campanias agresivas para la prevención del suicidio.

(*) Nota: su visión sobre el terrorismo es también interesante, y quien quiera puede leer más en este artículo sobre su libro "El teatro del terrorismo" en The Guardian. Harari dice que el terrorismo es una estrategia basada en la debilidad de los que no tienen verdadero acceso al poder. Su poder de terminar con su oponente es negligible, y el problema (aparte del que tiene el drama de que le toque personalmente) es la sobre-reacción de los gobiernos que sí tienen el poder. El terrorismo es un show. Pero no voy a entrar aquí. 

Así que la agenda del ser humano ha cambiado, y en lugar de hambre, plagas y guerra, las preocupaciones para el siglo siguiente son: la inmortalidad, la "felicidad bioquímica" y el convertirnos en dioses (lo que él llama Homo Deus). Me explico:

La inmortalidad
Según Harari, si miramos la historia, y cómo se ha extendido la esperanza de vida y se han erradicado enfermedades en el último siglo, él ve claro (y tiene los datos que lo avalan, en estos temas científicos no opina sino que transmite) que la esperanza de vida se va a poder prolongar aún mucho, y para 2050, habrá la tecnología que interrumpa el envejecimiento de las células - que podrán comprar unos pocos, las élites de siempre. Podremos llegar a tener seres a-mortales (no inmortales, porque no estarán libres de un accidente, pero sí del deterioro celular). 

Yo, sinceramente, leyendo esto de la inmortalidad, sentía vértigo. No solo eso, sino incluso la extensión de la esperanza de vida a 200 anios. El planteamiento de nuestra vida, con la muerte ahí al fondo dirigiéndolo todo, cambiaría totalmente. Ya no se trata de tener una profesión, una carrera, para siempre la vida... es que habría tantos cambios en esta vida que va tan rápido que tendríamos que estar continuamente reinventándonos (esto ya pasa a mucha gente en esta vida nuestra, de todas formas). Pero es que las familias, la pareja... no es una cosa "hasta que la muerte nos separe" si mueres a los 90 que si doblas esta edad? Y a mí la idea de la inmortalidad me agobia. Es raro, porque ahora ya ves todo lo que no vas a poder, ver, visitar, porque solo tienes una vida pero... si fueras inmortal? No importa, se generaría tanto que ni con esa vida te daría tiempo a hacerlo todo. Si es que te queda interés por ella. 

La "felicidad bioquímica"
Epicuro ya dijo que el objetivo de la vida era la búsqueda de la felicidad individual. En el SXVIII, Jeremy Bentham habló de "la mayor felicidad del mayor número" como el objetivo primordial y al final del SXIX, en algunos países se comenzó con la sanidad pública, pero más como una manera de tener soldados y trabajadores saludables para la gloria del país. En la Declaración Americana de Independencia hablan del derecho a "buscar la felicidad". Bien: todo esto ha cambiado y ahora lo que queremos todos es derecho a la felicidad misma, no solo a buscarla. 

Pero qué es la felicidad? (ah ah ah ah). Una mezcla entre expectativas (más que condiciones reales, en cuanto llegamos a un nivel, enseguida nos acostumbramos a él y queremos más, luego somos infelices) y bioquímica. Al final, nuestro cerebro está programado para liberar sustancias que nos hacen sentir bien, y eso es lo que llamamos felicidad. Cómo se liberan? Al cerebro le da igual si es viendo el fútbol, recibiendo un abrazo, o ganando la lotería. Pero estas sensaciones bioquímicas (los sentimientos y las sensaciones son algoritmos bioquímicos, lo explicamos abajo) se acaban, y entonces buscamos otras. Y, al fin y al cabo, la búsqueda bioquímica de felicidad es una de las razones que llenan las cárceles: alguna gente busca ese subidón viendo su partido, y otros se inyectan heroína en vena. El estado acaba siendo el gran "camello", porque regula qué drogas se pueden tomar (las que van a beneficiarle a él), y cuales no. Podemos dar antidepresivos que harán volver a trabajar a unos, pero no dejar que otros acaben enganchados al opio, que los haría improductivos y una carga para la sociedad. Pero ya no se trata solo de medicamentos... cada vez se van a desarrollar más mecanismos para dar subidones productivos...

El Homo Deus
Estos procesos comienzan siempre con el objetivo de curar, de arreglar algo que no funciona. Por ejemplo, la medicina intenta ayudar los problemas de memoria, o concentración, y el siguiente paso ya es, intentar mejorar la memoria o concentración de alguien que no tiene problemas; la cirugía plástica comenzó para ayudar a desfigurados de las guerras y hoy la usan para parecer jóvenes, y suma y sigue. Estas mejoras ("upgrading") del ser humano ocurrirán (y aquí es donde parece ciencia ficción) a distintos niveles:

a. Ingeniería biológica. Los famosos "bebés de disenio"... si podemos re-escribir el código genético para erradicar enfermedades, por qué no para decidir el color de los ojos y por qué no "mejorarnos", en todos los aspectos?

b. Ingeniería robótica (cyborgs): Ojos y oidos artificales, manos biónicas, o robots microscópicos que navegarán por nuestra sangre diagnosticando y reparando. 

c. Creación de seres no-orgánicos, que en lugar de redes neuronales tendrán software inteligente, libre de las esclavitudes de la biología. 

Todo esto puede ocurrir, nos dice el autor, pero no tiene una bola de cristal. Todo puede ocurrir si no se ponen los frenos (y como la base de nuestro sistema es el crecimiento, los frenos no se contemplan) o por lo menos algunos intentarán que ocurra. Otra cosa es que tenga éxito-pero él lo que quiere es instigar un debate ahora para que se puedan tomar decisiones. Los historiadores estudian el pasado para que tomemos conciencia de posibilidades que no conocíamos; no para predecir el futuro, sino para liberarnos del pasado e imaginar destinos alternativos.

Parte I: Homo Sapiens conquista el mundo                                                                     En esta parte Harari vuelve a enfatizar lo que ya explicamos en Sapiens: el ser humano, de animal mediocre, acabó dominando el mundo. E introduce el concepto de algoritmo, aquello que estudiábamos en mates: es un método, un grupo de pasos que se pueden usar para hacer cálculos, solucionar problemas, y llegar a decisiones. Por ejemplo, si te encuentras mal en el UK y llamas al 111, tienes una enfermera al otro lado con unos algoritmos que van siguiendo según te hacen las preguntas. Su decisión final suele ser "ve a urgencias", pero esa es otra historia. El siglo XXI estará dominado por algoritmos-tal vez hasta que algo nuevo venga a reemplazarlos. 

Pero lo importante aquí es que lo último en ciencia es que los organismos son algoritmos bioquímicos y los algoritmos se pueden representar con matemáticas. Lo que llamamos sensaciones, sentimientos y deseos son en realidad algoritmos. La ciencia aún sabe muy poco de la mente y la consciencia, pero lo que se cree a día de hoy (recordemos a Popper, hasta que alguien lo desmonte) es que la consciencia se crea por reacciones electroquímicas en el cerebro: 80 billones de neuronas "disparan" y nosotros sentimos hambre, angustia, felicidad.  

Me gusta enfatizar lo de "a día de hoy", y es importante recordar todos aquellos conceptos que se dieron por válidos un día y hoy se han superado: el éter, aquella sustancia que llenaba el universo, o Dios, o el alma... pero pensemos que esta moda de conceptualizar los organismos como algoritmos viene de que el mundo es hoy en día entendido precisamente con algoritmos. En el SXIX, los científicos describían la mente y el cerebro como si fueran máquinas de vapor, porque esa era la tecnología del momento: el cuerpo y la mente estaba hecho de tubos, válvulas, pistones, que producían movimiento. Fascinante el legado de esto en el psicoanálisis, todo son ollas a presión y en inglés existe la expresión "let off some steam", como sinónimo de liberarte de stress, o emociones desagradables.

Esto es importante en la primera parte del libro porque luego va a ayudar a explicar una parte de sus predicciones del futuro... 

Parte II: Homo Sapiens da sentido al mundo                                                                    Esta parte vuelve a hacer mucha referencia a "Sapiens", porque habla de las historias que nos contamos para mantener el "tinglado". Lo más interesante es que se centra en la última religión que ha azotado a la humanidad: el Humanismo. 

Hasta la época moderna, la mayor parte de las culturas pensaban que la humanidad era parte de un gran plan cósmico (creado por dios o dioses, sobre el que no podíamos hacer nada). El hombre no tenía poder, pero el plan y los dioses le daban sentido. Al llegar la época moderna, las tornas cambiaron: la humanidad aceptó soltar un poco de "sentido" a cambio de poder. Hoy en día no creemos que somos actores en un teatro dirigido por dioses... no hay guión, el universo es ciego, no tiene razones y la vida... carece de sentido. Las cosas simplemente "pasan", una tras otra, por ciertas causas identificables a veces, pero sin ningún plan oculto. Este es "el contrato de la modernidad": continua búsqueda de poder (tecnológico, por ejemplo) en un universo sin sentido. 

Otra cosa que ha logrado la modernidad es hacernos creer que el crecimiento económico es esencial. Si la economía no crece, la "tarta global" no crece y solo puedes entonces darles más a los pobres quitándoselo a los ricos-y eso no molaría. Así que la panacea de la modernidad es "más cosas" ("more stuff"). Cualquier objeción que se ponga en el camino del "more stuff" incomoda, sea el planeta, igualdad social, cuidar de los padres ancianos... Ya explicamos en "Sapiens" cómo el capitalismo animó a la gente a dejar ver la economía como un "juego de cero", inventando el crédito; su máxima es "debes invertir", para seguir creciendo. Y esta rueda nunca parará.

Durante la historia, los filósofos y profetas vaticinaban que si la humanidad dejaba de creer en el gran plan cósmico, la ley y el orden desaparecerían. Pero precisamente hoy en día lo que está atacando más al orden mundial son los que aún creen en dioses (eg Siria vs. Holanda). 

El antídoto contra el sinsentido lo dio una nueva religión: el humanismo. Qué nos dice?

  • Política humanista: el votante sabe mejor
  • Economía humanista: el cliente siempre tiene la razón
  • Estética humanista: la belleza está en el ojo del que lo mira
  • Ética humanista: si te hace sentir bien, hazlo!
  • Educación humanista: piensa por ti mismo

En la época medieval, la fórmula del conocimiento era= escrituras x lógica. Tras la Revolución Científica, conocimiento pasó a ser= datos empíricos x matemáticas. Si queremos saber una respuesta, tenemos que recoger suficientes datos empíricos y usar herramientas matemáticas para analizarlos. 




Parte III: Homo Sapiens pierde el control                                                                        
En esta última parte, muchos opinarán que Harari también pierde el control, que se le va la olla, que ha llevado todo demasiado lejos. A mí me ha parecido trepidante: no quiero decir que crea todo lo que plantea, no lo cree ni él mismo, solo que como ejercicio de plantearme qué pienso de algunos temas, o como historia-ficción me lo he pasado como en una montania rusa. 

Por ejemplo, Harari plantea un tema que me fascina: el libre albedrío, y dice que si somos resultado de algoritmos bioquímicos que nos vienen dados por una compleja interacción de genética, mutaciones y ambiente, no se puede decir que lo tengamos. Esto yo me lo planteo constantemente con el tema de la psicopatía, y de hecho divagamos en el Pleistoceno de cómo la neurociencia podría en el futuro transformar la ley (dolor al comprobar cómo yo era mejor sintetizando en esa época). 

Si volvemos a nuestra religión el humanismo liberal (recordemos, el mercado libre, las elecciones, el ser humano individual...) todo esto esta basado en que podemos tomar decisiones y son la fuente última de autoridad. Sin embargo, en el SXIX, los avances tecnológicos harán al ser humano innecesario, tanto en el terreno laboral como militar (harán falta unos pocos, una élite que programará, pero hay muchos trabajos que ya están amenazados, y esto es una cuesta abajo sin frenos). El sistema encontrará valor en una élite de seres, pero no en la masa. Las máquinas nos superaron hace tiempo en nuestras habilidades físicas y ahora nos están superando cognitivamente. Un pequeño ordenador puede contener todas las enfermedades que han existido en la historia, con todos sus síntomas, cosa que ningún médico puede tener en su cabeza. El liberalismo venció al socialismo, que se había creado para defender la nueva clase proletaria del SXIX... qué va a sustituir al liberalismo para sobrellevar a esa nueva clase que existirá sin ninguna contribución a la sociedad? Serán in-empleables. Y suponiendo que la tecnología pudiera mantener a estas clases inempleables... qué harán toda su vida? Drogas y juegos de ordenador?


Pero ricemos el rizo... si un algoritmo puede diagnosticar mejor que el médico más sabio, también un  ordenador que guarde todos tus datos puede acabar conociéndote mejor que tú mismo. Un algoritmo que monitoriza tus reacciones físicas (se eleva mi pulso cuando veo a un rubio, o una tabla de surf), puede llegar a saber mejor que tú misma lo que te hace feliz (eleva tu serotonina), te gusta, o lo que piensas (quien recuerda los programas electorales de todos los partidos? el algoritmo lo podría recordar por ti, y saber, mejor que tú, a quien debes votar). Para qué entonces usar elecciones democráticas, si google sabrá lo que pienso mejor que yo?

Pasa lo mismo con la gripe: en 2008 Google lanzó "Tendencia de gripe Google", y se demostró que podía predecir brotes de gripe días antes que servicios de salud tradicionales. Cómo lo hace? Solo tiene que monitorizar lo que la gente mete en google ("dolor de cabeza", "estornudo"...), hacer magia (algoritmo) y voilá! Gripe. Podemos incluso contribuir voluntariamente y darle datos sobre nuestro "estar en forma"  (relojes, gafas, ropa, con los que podremos dar datos biomédicos a google) y luego ya viene el ADN. En el SXXI, el recurso más valioso que aún tendremos que ofrecer los humanos son nuestros datos personales, y los estamos dando gratis a gigantes tecnológicos a cambio de servicios de email. Siempre me ha gustado esta frase: si algo es gratis, tú eres el producto. 

Las nuevas religiones del futuro no van a salir de las cuevas de Afganistán, sino de los laboratorios: las "tecnoreligiones" prometerán salvación a través de los genes y los algoritmos.  Harari habla de dos grandes tipos de religiones: el tecnohumanismo (que aún cree que el ser humano es el ápex de la creación) y la religión de los datos o dataismo (que venera los datos). La primera cree en el uso de la tecnología para mejorar (upgrade) al Homo Sapiens, y que termine en Homo Deus, y la segunda afirma que el universo consiste en ríos de datos, y aunque nos parezca extraño, ya ha conquistado gran parte del establishment científico. 

Las dos disciplinas-madre del dataismo son la biología y la informática. Todo empezó con Darwin (desde aquí los biólogos ven a los organismos como algoritmos bioquímicos-puede que no estés de acuerdo, pero esto es dogma científico ahora) y Turing (los ingenieros informáticos desde entonces pueden cada vez crear más y complejos algoritmos electrónicos). La religión de los datos combina los dos conceptos y afirma que los algoritmos electrónicos descifrarán y de hecho serán mejores que los algoritmos bioquímicos-es decir, rompe la barrera entre los animales y las máquinas. 

Pero hay tantos datos que el ser humano ya no puede procesarlos: hasta hace poco de estos datos se extraía información, y de aquí venía el conocimiento. Hoy el procesamiento de los datos tendrá que ser hecho por algoritmos electrónicos, ya que el ser humano no podrá ser el que "destila" datos en información. 

Pero no acaba aquí todo, los científicos sociales también interpretan las estructuras políticas como sistemas de procesamiento de datos. Las democracias o las dictaduras son mecanismos de producir y analizar información. Las dictaduras prefieren usan métodos de análisis centralizados y las democracias procesan datos más distribuidos. Puede ser que las elecciones, los parlamentos, etc, acaben obsoletos, a medida que los datos sean tan enormes que no puedan ser procesados.

Internet nos da una cucharadita de cómo es el mundo que nos viene: se creó aparte de decisiones democráticas, aunque se trate de temas como soberanía, seguridad y privacidad. Internet es una zona libre y sin leyes que supone la mayor amenaza para nuestra seguridad: puedes bloquear un país entero mandando virus que afecten a los sistemas de salud, aeropuertos, bancos, semáforos, etc. Así serán los ataques del futuro, que también tendrán daños colaterales que se cobrarán vidas humanas. 

Los votantes se están dando cuenta que los mecanismos democráticos ya no les dan poder, y estamos en una fase en que la gente cree que tendrá más poder si se separa de la UE (y votan Brexit) o del "establishment" (y votan Trump). Un despropósito. Los gobiernos ya no lideran con su visión los países, simplemente los manejan administrativamente como pueden. Las grandes decisiones, los grandes temas de la humanidad, no se pueden resolver ya a nivel nacional. El planeta, decisiones de bioética... y aún hay algunos que se preocupan porque su terrunio sea "nación". Todo esto se desmonta en breve. 

En realidad, la democracia y el libre mercado ganaron a otros sistemas porque mejoraron el sistema de procesamiento de datos global. El valor supremo del dataismo es la circulación de datos, de información, y los seres humanos somos meras herramientas para ello. Esta libertad de información no es lo mismo que la libertad de expresión, no confundamos. Se privilegia la circulación de esta información por encima de los derechos del ser humano de poseer datos y limitar sus movimientos. La gente quiere ser parte de esta circulación de datos, aunque esto suponga dejar parte de su privacidad, su  autonomía, su individualidad. Hoy todos escribimos wikipedia, somos una pieza en un gran sistema que nadie entiende del todo. Para algunos, estar desconectados de esta corrriente de información es perder el sentido, porque, cual es el punto de hacer algo si no lo puedes poner en Instagram, Facebook o bloguearlo? El humanismo proponía que las experiencias ocurren dentro de nosotros y que daremos sentido al universo si lo encontramos dentro de nosotros mismos, pero el dataismo dice que las experiencias no tienen valor si no pueden ser compartidas. Un típico ejemplo de práctica humanista del pasado era escribir un diario (cosa que yo, con altos y bajos, hacía, claro), pero generaciones de hoy lo verán como completamente inútil: para qué escribir si no lo puedes compartir? Cómo demostramos al sistema nuestro valor? "Produzco datos, luego existo".

En el SXVIII, el humanismo dejó de lado a Dios para crear un mundo homocéntrico; en el SXXI, el dataismo puede dejar de lado a los humanos para crear un mundo datacéntrico. Según Harari, al dataismo igual le faltan uno o dos siglos, así que con suerte no lo veremos.

Sin embargo, quién sabe... igual con el tiempo descubrimos que los organismos no somos algoritmos al fin y al cabo. Es nuestra manera de entender el mundo ahora, como era la máquina de vapor en su momento. Y la misma tecnología puede crear muy distintos tipos de sociedad: está en nuestra mano darle forma al futuro que queremos. Porque, qué pasará a la sociedad cuando algoritmos no conscientes pero altamente inteligentes nos conozcan mejor de lo que nos conocemos nosotros mismo?

2 de diciembre de 2017

Qué puede ir mal en una pizza precocinada? (Fiesta de pijamas)

7 divagues
"Cómo puede salir mal una pizza?" pregunta Fashion por Whatsappp esta mañana, cuando le cuento que estoy de mal humor por el fracaso de la parte gastronómica de la fiesta de pijamas (slumber party) de Mini anoche. 

Por partes: una slumber party consiste en siete niñas gritando al límite de su voz, haciendo "slime" (blandi-blú casero), cantando canciones de letras inapropiadas para su edad ("you are my love fetish"-eres mi fetiche, "quiero que le enseñes a mi boca tus lugares favoritos",  por poner dos ejemplos), escondiéndose en mi armario, jugando a cazar palomitas con la boca y dándole con el palo de la fregona a una piñata con forma de árbol de Navidad sujetada por el Peda (que aún conserva sus ojos, para vuestra info). Lo que viene siendo una pesadilla.

A mí no me gusta particularmente el vino, es más, hago gala de no saber nada del tema (a fuerza de haberme enfrentado a tanto entendido haciendo el idiota ante una copa). Pero el otro día en casa de mi amiga y salvadora-habitual Mónica, ante su legendaria paella: hey, que me gusta este vino. Un Ribera del Duero, nos hizo saber, y ayer, antes de que empiece la fiesta de pijamas nos aparece con DOS botellas de ese vino de Sainsburys, para que los adultos podamos sobrellevar la fiesta mejor (está claro ahora porqué Monica es mi superwoman habitual: frecuentemente me salva de los malos). Como ya me va conociendo (o simplemente porque es maja), el otro día se había ofrecido a "venir a ayudar" pre-fiestuki y yo: "nooo, tranqui, ayuda no necesito, si total es solo meter las pizzas al horno". Como dicen los ingleses, "famous last words" (famosas últimas palabras).


Volvamos a ayer: tenemos a Mónica con una botella en cada mano, el Peda que se va a por "tabla de quesos" y las ninias ya jugando. Todo bajo control. Le cuento a Mónica que las cosas de picoteo para los boles las compramos el sábado e hicimos un viaje especial para las pizzas  el miércoles, para que estuvieran frescas, mientras pongo el horno a precalentar. Saco las dos primeras pizzas de las cajas y... qué raro, esta pizza está blanda. La base está como que se escurre. Con gran dificultad, entre las dos, como quien maneja un recién nacido, logramos poner dos pizzas en dos platos y las metemos al horno. Y nos sentamos con las copas ya a medias a esperar. 

Hablamos de fotografía (somos compas Instagramers), de libros y en general de la enloquecida vida en esta ciudad hasta un punto en el que Mónica dice: "yo creo que eso ya está" (nótese: ella me dice; yo en Babia). Ah, vale, el guante y las sacamos.... qué buena pinta, qué buena pinta... espera, que esto no se despega del plato. Dale con la pala, el cuchillo, pero qué pasa, esta pizza estaba mala...

El oráculo (Mónica, por si hay alguna duda) afirma: "espera, es que había que meterlas al horno congeladas... mira, "cook from frozen". Eran congeladas!!! Socorro.  En qué higuera vivo? Por qué no me centro? Como las cogí de un estante vertical (no donde suelen estar los congelados), en mi mente nunca las procesé como congeladas. Como consecuencia, se han pasado 48 horas en mi frigorífico descongelándose: por dios. 

En estas viene el Peda cargado de Camemberts y Bries y más vino... Le explicamos el error, y ... "qué hace toda esta harina en la encimera?" (nota: antes de meter la tercera he sacado un papel de hornear de cuando estuvo Ro hace siglos y he puesto harina en la bandeja a ver si así las siguientes tenían mejor suerte...). En fin: el Peda se vuelve al super a hacerse con más pizzas. 

Las niñas ya se están comiendo los muñones... vamos, que se han comido hasta los trocitos de zanahoria para mojar en humus que es tan inglés (ahora, el pimiento crudo sigue ahí). Se han comido todas las patatas, palomitas, hulahops, galletas y demás mierdas insaludables mientras esperan la pizza. En ese momento, no hay otra: tengo que hacer el anuncio. Carraspeo: "Niñas, ha habido un leve problema con las pizzas, el Peda va a por más. Miradas desoladas y Mini eleva la voz del grupo: "Oh mummy, no me digas que has quemado las pizzas?" con su acento inglés más pijo pero confirmatorio: no hay extrañeza, simplemente constatación de que la tierra gira y los planetas siguen en su órbita.

Qué hacer, sino seguir dándole al San Ribera del Duero y esperar un milagro. Ya nadie tiene hambre cuando las nuevas pizzas se presentan, y me preparo para el escarnio colectivo, que no tarda en llegar...

"Di, cómo puede salir mal una pizza?"

27 de noviembre de 2017

"Red Star over Russia": Por la noche en la Tate Modern

12 divagues
El último viernes de cada mes la Tate Modern hace "lates": está abierta hasta las 22:00, hay una serie de actividades y barras de bar por todos los lados. El viernes 24 era la noche para celebrar la exposición "Red Star over Russia" ("Estrella Roja sobre Rusia"), una Revolución en cultura visual (1905-1955). Las actividades estaban relacionadas con Rusia: charlas, documental en continuo (puedes entrar y salir como quieras), vodka (supongo en las barras), cabaret (más bien un teatrillo, terminaba cuando salimos de la expo) y lo más característico, mujeres vestidas con monos de trabajo y panuelos rojos en su cabeza que dirigían algunas de las actividades en grupo. Por ejemplo, en medio de la Turbine Hall de repente empezó a sonar La Internacional y un corro gigante de gente de las manos hacían pasos dirigidos por ellas. O a la entrada de la expo, una mujer de esa guisa hacía de modelo (siempre en posiciones revolucionarias), y la gente osada (Mini) las dibujaba. O más tarde, también en la Turbine Hall, estas mismas mujeres dirigían una sesión de "Fiskulturnik" (ejercicio físico copiado de viejas grabaciones soviéticas): una llevaba un megáfono, otra sacaba carteles con lemas marxistas "Trabajadores del mundo, uníos", y por fin la que hacía los ejercicios-muy energéticamente- a la que los pobres londiniumses cansados tras una semana laboral intentaban seguir. 




La exposición me encantó-bien es conocida mi pasión por la imaginería soviética; en particular la última sala con pósters de propaganda. En su mayoría la exposición proviene de la colección personal de un diseniador gráfico, David King, que comenzó a coleccionar todo tipo de piezas relacionadas con esta época en Rusia, y terminó con unos 250,000 objetos. En la exposición hay cuadros, fotos, recortes de revista o periódicos, objetos personales.

Ya comentamos en la serie de viajes Rusia, o en el divague sobre la exposición del Museo de Disenio, que muchos artistas creyeron que el arte o la arquitectura eran herramientas de cambio. Hasta entonces, el arte había estado colgado en las paredes de las élites: a partir de ahora, el arte se hizo accesible a millones gracias a impresiones, posters, tarjetas, etc. Esta iconografía llegó a gente a lo largo y ancho de la URSS: compartieron un lenguaje visual. 

Posters en diversos idiomas se pusieron por las calles, estaciones, fábricas: el mensaje era que la Revolución estaba poniendo el poder en las manos de los trabajadores. Había también trenes de "agitprop" (agitación y propaganda, me encanta esta palabra), con vagones con cine, o para exposiciones, clases, teatro... y llevaban el tema de la Revolución a zonas lejanas. 

En la última sala están mis posters favoritos, de Nina Vatolina, con mujeres "empoderadas". En la mitad del SXX, el "realismo socialista" dominaba la cultura visual de los URSS-una uniformidad que comenzó a ser rechazada por artistas como Kababov tras la muerte de Stalin en 1953 (hace un par de semanas, precisamente, vi la comedia-sí, comedia- del mismo título, dirigida por Armando Iannucci). 

Pero algunas imágenes valdrán más que un divague muy largo, así que aquí termino. Antes de irnos nos columpiamos un rato en la última instalación del otro lado de la Turbine Hall de un tal Superflex: "Un dos tres columpio!", mientras, en el fondo, la mujer del megáfono sigue increpando a las masas a seguir con Fistulturnik intensivo: Un dos tres, y arriba!