25 de abril de 2012

Chorizo Real

26 divagues



Caballero de la Orden de Santo Tomé
(y no devolví)


Este noble caballero
de porte tan elegante
nos ha salido un mangante
y aficionado al dinero;
a unos y otros fue robando
de su renombre abusando.

En su día un braguetazo
pegó y de él ha ido viviendo
(y nosotros manteniendo),
mas le gusta el pelotazo,
pues siempre fue deportista
y ahora es un malabarista.

De su fama ha ido tirando
y de amigos disponiendo
para lograr ir timando
y al mismo tiempo ir haciendo
un capital que derecho
iba a una fundación de hecho.

Mas no era derecho el hecho,
que en cambio era bien torcido
y en su camino, perdido
puesto bajo propio techo,
ahorrándose los impuestos
y mintiendo a los dispuestos.

A todos nos ha robado,
pues que a la Hacienda ha escondido
el beneficio obtenido
de todo lo que ha timado
con denominación Borbón
y al estilo español, bribón.

Y aquí por lo que es sabido,
el dinero que ha sacado
fuera de España ha quedado,
que es un dinero evadido;
delito que es de villano
en un país soberano.

Mas como aquí soberano
sólo lo son los Borbones
y aquellos que por cojones
nos pusieron tal fulano,
la Audiencia no lo investiga,
que estas cosas no castiga.

Pues que es Borbón el muchacho;
y aunque sea por matrimonio
lleva en sí el mismo demonio
que otro cualquier mamarracho
de esta familia pendona
que son de España matrona.

Mas de tal familia siendo
no ha de ser nunca juzgado
y todo será borrado,
pudiendo así seguir siendo
el mismo ladrón que sido
pues que está bien protegido.

Son cosas de la justicia;
que de España es conocida
esa afición fratricida
del gusto por la impudicia;
al corrupto perdonando
y al juez que es justo juzgando.




24 de abril de 2012

Houellebecq: "El mapa es más interesante que el territorio"

22 divagues
El otro día divagaba sobre la exposición de Damien Hirst en la Tate Modern, y los divagantes, audaces ellos, se lanzaron al sencillo "qué es el arte, y otros demonios". Y por lo menos para enlazar ha tenido que servir porque precisamente con la descripción de un cuadro titulado “Hirst y Koons repartiéndose el mercado del arte” comienza el libro de Michel Houellebecq El mapa y el territorio. El autor del cuadro y protagonista de la novela es un tal Jed Martin, pintor desconocido, hijo de arquitecto industrioso, huérfano de madre (otro, voy a hacer una tesina) que se suicidó en su infancia. De la mano de Martin y su evolución, Houellebecq hace una disección del mundo del arte hoy en día que ríete de la vaca y el  ternero biseccionado por Hirst. Y lo hace tan bien, en mi opinión, porque mete al lector en la piel de Martin, de una manera algo más sofisticada que Hirst con las vaquitas.

Jed Martin no es el alma de ninguna fiesta, ni el dinamizador del grupo de clases de idiomas de la tarde. Todas sus relaciones “le pasan”, como suele ocurrir con la gente anodina que, valga la redundancia, pasa por la vida como él: anodinamente. Por supuesto, tiene al padre, con el que no comparte un solo tema de conversación, y con el que cena cada año en Navidad, como para recordárselo y reprochárselo mutuamente, y aquí en cursiva el esfuerzo de llenar el silencio entre plato y plato, bocado y bocado:

"a su padre no le interesaban mucho los detalles de la vida de los demás, como les sucede a todos los hombres en general. En los países latinos, la política puede bastar para las necesidades de conversación de los varones de edad media o elevada; en las clases inferiores, el deporte las sustituye a veces. En las personas muy influenciadas por los valores anglosajones, el papel de la política lo asumen más bien la economía y las finanzas; la literatura puede proporcionar una ayuda adicional. (...) entre una cosa y otra, pudieron al menos, repasando ministerio por ministerio, aguantar hasta el carrito de los quesos". (p.21)

Este es el primer párrafo que me engancha de la novela. Aquí es donde veo brillar un leve rayito de lo que va a ser el humor houellebecquino: en esos ministerios que ayudan a un padre y un hijo a "aguantar" hasta el carrito de los quesos. Es donde se empieza a atisbar su profundo escepticismo y descreimiento de todo, expresado a lo largo de la  novela con humor brutal, un humor que, dejado en las manos de un inglés… no sé qué hubiera pasado (siempre he pensado que los mediterráneos tenemos más bien poca gracia). El nuevo enfant terrible de la literatura francesa, al que han comparado con nada menos que Jean-Paul Sartre... ¿es para tanto? Personalmente, sus frases no me atraen como objeto de veneración literaria, pero es un libro donde si no es la belleza formal, son las ideas que subyacen entre líneas las que te hacen sentir eso tan preciado por el lector: encontrar el concepto que subrayar, asterisquear, rodear con rotulador rojo y comentar al margen.

Claro que no se queda en una crítica caústica de la patochada del mundo del arte, las exposiciones, y el "cuánto-pagan-por-tus-cuadros-así-de-bueno-eres", aunque aparezca como el tema que guía la novela, metáfora para contarnos su cosmovisión de este principio de siglo podrido, mentira, asqueante.

“La cuestión de la belleza es secundaria en la pintura, a los grandes pintores del pasado se les consideraba tales cuando habían desarrollado una visión del mundo a la vez coherente e innovadora, lo cual significa que pintaban siempre de la misma manera, que utilizaban siempre el mismo método, los mismos procedimientos para transformar los objetos del mundo en objetos pictóricos, y que esa manera que les era propia no había sido empleada nunca antes”. (p.33)

Y es que no hay nada nuevo bajo el sol.

“Si usted viniera mañana con una hoja de papel, arrancada de un cuaderno de espirales, en la que hubiera escrito, “no sé siquiera si voy a continuar en el arte”, yo expondría esa hoja sin dudar”. (p. 99)

Todo es mentira.

“Los veintidós cuadros siguientes quieren presentar una imagen relacional y dialéctica del funcionamiento de la economía en su conjunto” (p.107)

Esto es el catálogo de Hirst (véase mi pequenia pataleta bloguera). Psicoanalistas y críticos de arte, todos interpretando, inventando historias con una narrativa que sorprenda y que nos diga algo de nosotros mismos. Y como no encontramos nada más interesante que mirarnos el ombligo, algunos lo compran. Y compran. ¿Y de quién compran?:

Y fingiendo que estaba más o menos absorto en sus reflexiones, cuando en realidad su cerebro no conseguía formular ningún pensamiento” (p.55) “Yo me defino, ante todo, como telespectador” (p76)

Este es Jed Martin, divagantes; divagantes, Jed Martin. Compran de un tipo que eligió fotografiar mapas Michelin como el que decide torcer por la calle siguiente en lugar de la de siempre, y que se cruzó con otro con labia para escribir un catálogo, que se lo presentó a un hombre de negocios. Y ya está. No como en las novelas realistas del siglo XIX francés donde sucede que los personajes de jóvenes ambiciosos triunfan gracias a las mujeres (p.67). En este caso solo si las mujeres tienen una visión empresarial.

“Somos productos culturales (…) También llegaremos a la obsolescencia. El funcionamiento del mecanismo es idéntico (…) subsiste la exigencia de la novedad en estado puro” (p. 150).

Renovar o morir. Vender o morir. Para justificar su mercantilismo, uno de los personajes en un punto defiende la idea de que desde el comienzo del Renacimiento el arte se empezó a convertir en una actividad meramente industrial, y los supuestos grandes maestros del renacimiento, i.e. Botticelli, Rembrandt, Leonardo, se comportaban como jefes de empresas comerciales. Como Hirst o Koons hoy, dirigían en su taller a trabajadores y su principal actividad era el equivalente del marketing actual (dorar la píldora a los mecenas).

Pero dejando la mentira del arte, como he dicho esta sirve a Houellebecq como metáfora de la mentira de la vida. Estas partes del libro, en las que con toda la ironía y mordacidad posibles nos habla de su manera de ver el mundo, han sido con las que personalmente más he disfrutado. Empieza con Francia, un país que según Houellebecq ya “solo tiene que vender perfume, charcutería de calidad y, por supuesto, hoteles con encanto”. 


Soy incapaz de explicar cuánto he disfrutado (se podría llamar masoquismo a esta autoflagelación) con su destrozo del “saber vivir francés” (“menús seductores, diez mermeladas caseras en el desayuno: sin lugar a duda estamos en un hotel  con encanto” (p.89)). Resulta que, en los último años se ha experimentado una vuelta al campo “el campo se había vuelto una tendencia” (p.78) por parte de todos esos seres que desprecia Houellebecq: el broker que, harto del stress, lo deja todo para hacer queso orgánico en un antiguo granero decorado con tablas artificialmente envejecidas y mesas rústicas del siglo XIX, la madre de cinco niños rubios que huye del mundanal ruido para hacer pan naturista en un horno de leña del siglo XVI. Esto es mío, pero se entenderá el tipo de gente que puebla ahora la campiña francesa. Gente sonriente y afable (nada que ver con el antiguo verdadero nativo, a los que han expulsado, a fuerza de subir los  precios de la propiedad), que dan la bienvenida a los visitantes, porque de ellos depende ahora su subsistencia. ¿Y quiénes son los visitantes? "Ricos embrutecidos, representados por India, Rusia, China. Familia de chinos se empapuzaban de gofres y salchichas”. Resulta que las salchichas y la grasa en vena matinal han vuelto a los hoteles con encanto por prescripción no precisamente médica, sino porque es lo que los nuevos ricos demandan y de rebote las charcuteras de la zona renacen. 

El consumo lo domina todo, lo dicta todo: una guía de viajes no incluye los mejores restaurantes sino los que los turistas con dinero esperan encontrar en Francia (“una experiencia gastronómica vintage y hasta hard-core”(p. 86)). Las aerolíneas eligen destinos en una zona que se vuelve turística por esta elección, sin serlo antes (“Así el liberalismo modificaba la geografía del mundo en función de las expectativas de la clientela”). Una nota aparte, me reí cuando Houellebecq describe la fauna que sube a uno de estos vuelos  “había prácticamente de todo (jóvenes, jubilados, mujeres árabes con niños), salvo miembros de la sociedad activos, productivos”.


Y también risas, cómo no, con su brillante despedazar la tontería del vino “esa añada cautivaba por su amplitud, su nobleza y su brillo. El final de ciruela y rancio era el ejemplo típico de un aguardiente posado, largo en boca, con un último regusto de cuero viejo”. (p. 75) De nuevo los catálogos, de nuevo una explicación de lo que nos ha de gustar. Con ese lenguaje tan selecto y sofisticado, ¿cómo no estar de acuerdo? Borregos.

Bueno, están esos, y luego los otros. En Londinium es casi imposible encontrar un fontanero inglés. Están todos regentando un alquiler de coches en Marbella: "Jed experimentó una oscura decepción humana ante la idea de que aquel hombre dejase la fontanería, artesanado noble, para alquilar motores ruidosos y estúpidos a pequeños petimetres forrados de pasta que vivían en la rue de la Faisanderie". (p.26)

La visión de Houllebecq del sexo, que es acusado de misoginia a veces, sigue siendo ácida y cruel. Toda la escena de las tetas de silicona de la mujer de Jasselin, el inspector de policía que reina en la última parte, no me parece más que otra crítica sin piedad del consumismo y la locura en la que nos hemos metido... genial la escena en la que hay más clientes en la sala de espera de la clínica de eutanasia en Zurich que en el prostíbulo de la esquina. Tanatos 1, Eros 0. 


"Era un chico guapote, pero de esos bajitos y menudos que no suelen buscar las mujeres; la imagen del bruto viril que te lleva a la cama volvía a estar en auge desde hacía unos años, y la verdad era que se trataba de algo más que de un simple cambio de moda, era el reino de los fundamentos básicos de la naturaleza, de la atracción sexual en lo que tiene de más elemental y mas brutal, así como la época de las modelos anoréxicas había acabado de una vez por todas, y las mujeres de carnes exageradas solo interesaban ya a algunos africanos y algunos perversos” (p.63)


Layla se prostituía con desdichados quincuagenarios ricos mientras que “soñaba con hombres musculosos, viriles, pobres y fuertes”. (p. 107)


“Un fin de semana de clase media: No era la felicidad exacerbada, febril de los jóvenes (…) A su edad era ya la preparación para esa felicidad epicúrea, apacible, refinada sin esnobismo, que la sociedad occidental propone a los representantes de sus clases medias-altas” (p.87)

Volvemos a los hoteles con encanto, al savoir faire, a lo que tenemos que consumir para que la cadena siga funcionando. Cadena de la que somos parte inexorable: ¿Qué es lo que define al hombre? (…) al occidental el puesto que ocupa en el proceso de producción , y no su estatuto de reproductor” p. 138.

Y es que el mapa se ha vuelto más importante que el territorio, enseñar la foto más que disfrutar del momento, tener bajada toda la música más que escucharla. Hemos perdido los papeles, el mundo se precipita enloquecidamente al abismo. Y esto nos lo tiene que decir un escritor con unos cuantos rasgos de trastorno de personalidad límite. El que Houellebecq aparezca como personaje en la novela no es nada nuevo (“Abbadón elExterminador“ tiene mi cameo favorito un Sábato encantadoramente neurótico comprando una libreta, ¿o carpeta?), y de hecho, su autoescarnio en cada una de las escenas, le honra. Su desaparición, sin embargo, me llena de dudas y su histrionismo me parece rondar lo patológico. ¿Necesitaré un catálogo que me lo explique? ¿O con el ICD-10 vale?


No hay nada nuevo bajo el sol: que el así-catalogado como loco avise del enloquecimiento de todos los demás tampoco es nuevo ni en la literatura ni en la vida. ¿Serán los así-llamados-alienados los que tendrán que increparnos que de una vez destrocemos los mapas y hundamos los pies en el barro del territorio?

23 de abril de 2012

"Sigh no more": al bardo le habría gustado este final

7 divagues
Hoy es el día del libro, supongo que porque en 1616 murió Shakesperare (y un día antes, Cervantes). Para celebrarlo, ya que no podemos estar en Barna como el anio pasado (snif), colgaré la escena final de una de esas pelis que hacía Kenneth Branagh con guión del  bardo, "Much ado about nothing" (Mucho ruido y pocas nueces, 1993). No suspiréis, damas, no suspiréis...

Recuerdo que fui a verla con la Yaya y la Fashion al Cine Mola de Vetusta, que creo ya no existe. Mientras que seguro Fash y yo saltábamos de emoción en el forum post-peli, la Yaya, siempre muy contenida en sus emociones dijo algo así como "es una película con una buena ensenianza". Y creo que no se refería a la escena que nosotras pensamos: aquella en la que el criado masajea con aceite a Keanu Reeves, que hacía del malvado Don Juan. No suspiréis, damas, no suspiréis...

En las antípodas del aceite está la pareja central, Benedict y Beatrice, interpretadas por el propio Branagh y su esposa del momento Emma Thompson. Que tontería, me dio pena que se separaran: siempre me pareció que hacían buena pareja. La relación de sus personajes en Much ado ha sido la plantilla de muchas relaciones a lo largo de la historia del cine y la literatura, y está basada en el "banter" (enfrentamiento, meterse con, exasperación). Las parejas más divertidas que conozco conserva algo de banter:  Qué hay peor que aquel que ha de decir que su carinito es en todo perfecta, y viceversa? No suspiréis, damas, no suspiréis...

La escena final de la peli es de esas que uno se puede poner cuando el horizonte está un poco gris, para que el ánimo deje de estarlo. La letra,que incluyo debajo, es un poema de William Shakespeare... Sorprendentemente, algunos de los suspiros permanecen muy actuales: no me tiren de la lengua.  Y No suspiréis, damas, no suspiréis...

 

Sigh No More
Sigh no more, ladies, sigh no more, 
Men were deceivers ever; 
One foot in sea, and one on shore, 
To one thing constant never. 
Then sigh not so, 
But let them go, 
And be you blith and bonny, 
Converting all your sounds of woe 
Into Hey nonny, nonny. 


Sing no more ditties, sing no mo 
Of dumps so dull and heavy; 
The fraud of men was ever so,
Since summer first was leavy. 
Then sigh not so,
But let them go, 
And be you blith and bonny, 
Converting all your sounds of woe 
Into Hey nonny, nonny. 

William Shakespeare

17 de abril de 2012

Hirst: Vaca y ternera seccionadas por plano sagital. Es esto arte?

25 divagues
  
Hace un tiempo divagué sobre el grafitero británico Banksy, y su documental "Exit through the gift shop" ("Salida por la tienda de recuerdos"). Resumía perfectamente su visión del arte de los museos, y en lo que se había convertido (esto es nuevo?) esta industria: charlatanería será probablemente la palabra que le haga justicia.

El caso que la sobredosis de museos en una de las capitales europeas del así-llamado-arte y la lectura de materiales tal vez subversivos están empezando a minar en mí. Cada vez me creo menos nada, y no me reconozco al mirarme en el espejo: yo, que fui una adolescente y joven a la que tocaba personalmente el "Arte"-aún recuerdo el estado de trance del que salí la primera vez que visité el Louvre con 18 años (algún beneficio tiene que tener esta provecta edad). Y es que ayer visité la tan cacareada exposición de Damien Hirst en la Tate Modern, y no solo no salí levitando, sino que no ha hecho más que darme munición para mi rebelión en estos temas.

Hirst es el artista vivo más rico del mundo. Se hizo famoso en una subasta en Sothebys donde vendió parte de sus obras, quitándose de enmedio al galerista-el "middle man". Si es artista, es debatible y cada uno lo considerará según su propia definición de arte (aquí se debatió hace tiempo a tenor de Banksy). A mí no me miren para clarificaciones: a medida que pasa el tiempo, cada vez pierdo más el foco sobre mi definición de arte, y en estos momentos me centro en el cursillo rápido de conocimiento del concepto "tomadura de pelo" o, más amablemente, como siempre los ingleses, el de "hype" (algo que una estrategia de marketing ha logrado vender como aquello que hay que tener/ver/hacer). Mi vida está rodeada de hypes.

Pero divago. Yo venía aquí a hablar de mi (digo, su) exposición. A la que, admitámoslo, he ido con prejuicios: creados precisamente por todo el hype que rodea a Hirst, por las arriba descritas aprensiones sobre el arte moderno, y porque he leído recientemente "El mapa y el territorio" de Houllebecq, del que preparo un divague. Y fui a la Tate sinceramente esperando que me desmontaran los prejuicios (a una le va la marcha) y he de reconocer que, si no fuera por el catálogo de la muestra, hasta podría haber salido del museo pensando que un par de cositas no solo no me disgustaron, sino que  hasta me… ehem, agradaron: su famosas series de puntos de colores ("Spot Paintings"), o aquellas mariposas distribuidas en patrones complejos que hacen recordar a vidrieras de catedral medieval ("Doorway to the Kingdom of Heaven", 2007).

Pero atención, relean: he escrito sin haber leído el catálogo. Porque lo del catálogo es para directamente comenzar a echar espumarajos por la boca, y si se tiene un arma, dispararse al propio pie (nunca alentaremos al violencia en este divlog), por aquello de que un dolor físico pueda distraernos de tanto dolor emocional. Iré por partes.

La primera sala no tiene demasiado interés, una foto del propio Hirst a los 17 con la cabeza de un cadáver de una sala de disección anatómica, un secador de pelo encendido con una pelota de ping-pong que sube y baja. En la siguiente sala, sin embargo, nos encontramos de frente con las famosas vitrinas (básicamente, encierra en una caja de cristal algunas de sus obras), por ej esta: se trata de una cabeza de ganado en el suelo rodeada de moscas que han muerto porque hay una de esas resistencias azules de los bares de carretera colgada de su techo. Esta caja está comunicada con otra, donde las moscas vuelan libremente, por un agujero por el que pueden pasar a la cámara mortuoria. La obra se titula “A thousand years” (1990), Bien, esto es ya bad enough, piensa el divagante. No. Ahora lean el catálogo:

“Hirst crea una representación literal del nacimiento, la muerte y la decadencia. Mientras que la vitrina de cristal alude a la limpia geometría del minimalismo, está dentro llena de vida caótica y materia orgánica”.

Inspiro y sigo a la siguiente sala. Dentro de la caja acristalada de turno ahora hay una mesa, una silla, y un cenicero. En las paredes, hay una vitrina con una exposición de colillas… una detrás de otra, en fila, por pisos. Un asco. “The acquires inability to escape” (1991), y “Dead ends died out” (1993) se llaman, y asegura el autor son influencia de Francis Bacon (otro con el que no puedo, el año pasado se expuso en Tate Britain, pero uno de sus cuadros me darán para el divague de Houellebecq). El oráculo habla:

“Los elementos dentro de la vitrina sugieren una presencia humana. La estructura de metal y de cristal genera una sensación de contención a la vez que da un efecto de distancia en el observador. (…) Las colillas están como si fueran muestras en un museo de Historia Natural. Para Hirst fumar es un “mini-ciclo vital” y apagarlo es paralelo al fin de las especies”.

En este punto, ya tengo ganas de gritar. Pero la gente se pasea con sus cascos a mi lado interesada, e incluso hacemos fila para entrar en una habitación donde hay mariposas enormes volando libres, y posándose en el pelo de la gente. Esta sala está al lado de otra donde las mariposas muertas están pegadas a los lienzos, y de nuevo hay ceniceros con múltiples colillas. Estas dos obras se llaman “In and out of love” (1991), y el título da una idea de la bazofia interpretativa que no me siento con fuerzas de traducir.

Pero no se vayan todavía, aún hay más. Paredes y paredes de distintas salas llenas de vitrinas a su vez llenas de medicamentos. Miles. Hay de todo, desde valium hasta gaviscon pasando por nifedipino. El título, original, es “Pharmacy” (1992) y aquí ya llego a la conclusión de que yo, moi, me, la pequeña bloguera Di es artista: ya lo ideó primero. Hace muchos años en el cobertizo de casa descubrí unas botellitas –absolutamente preciosas-de cristal de la Yaya con remedios del año de la pera. Las tengo todas expuesta en una estantería en Vetusta. Casualmente, hace menos años en Londinium alguien me dio unas cuantas (en imagen) que tengo en una balda en casa. Son de nuevo botellitas talladas, con los nombres de la medicación a veces grabado, y que ahora he llenado con arena de playas y otras cosas. Hirst piensa que “la medicina cura a la gente solo un tiempo y… en fin, se van a morir de todas maneras”. Mal, Damien, mal: el verbo CURAR no es en este caso adecuado. Si curas, curas. Si palías durante un tiempo, es otra cosa. Y es que de verdad curar curar en medicina, los cirujanos: fuera el apéndice, y luego tú tan rica. Eso si no se dejan nada dentro… y aquí enlazo con otra sala en la que se exhiben por todas las paredes material quirúrgico. Escalpelo. Tijeras. Retractor. Separador. Todas esas cosas cuyo nombre a mí ya me marea y que los masocas seguidores de esas series médicas conocerán. También hay homúnculos para estudiar anatomía. Volvamos al catálogo, para iluminación:

Trinidad: Farmacología, Fisiología, Patología” (2000) une tres ramas de la medicina en un eco de la santísima Trinidad, estableciendo paralelismo entre ciencia y religión como diferentes sistemas de creencia. Hay cuatro cosas importantes en la vida, dice Hirst: religión, amor, arte y ciencia (…)... herramientas para ayudarnos a encontrar un camino en la oscuridad”.

Mientras una lee esto, todo apesta porque, sí, ya hacía rato en no aparecían, pero aquí tenemos de nuevo un cenicero tamaño piscina de estoy-con-toi lleno. A esta pieza de arte se la ha llamado “Crematorio” (1996) y, volvamos al catalogo, sin desperdicio:

“esta pieza es un memento mori contemporáneo, un recuerdo de la inevitabilidad de la muerte. Lo que parece ser la acumulación de detritus de toda la vida de un fumador puede también ser los restos cremados de un cuerpo humano”.

Ya me voy tambaleando de un lado a otro de la sala. Busco una salida, intento mirar a los ojos a la multitud que parece estar en otra dimensión. Me cruzo con el enorme tiburón que ha metido en una vitrina con una especie de silicona conservadora (formaldehído), más pastillas, más vitrinas de farmacia, un cuadro redondo que da vueltas, y cuando ya lo siguiente es que llamen a seguridad porque esa chica actúa raro me encuentro con “Mother and child divided” (1993). Nada menos que una vaca, una señora vaca y su ternerito rebanadas por la mitad (corte sagital, o sea, creando una mitad derecha y una izquierda) puestas en cuatro distintos “tanques de conservación” en paralelo. La gente pasa por en medio, interesados como solo lo justificaría un estudiante de anatomía vacuna. No soy ninguna activista animal, que me gusta mi solomillo como al que más, pero esto… tras todo lo visto. Ah, y el catálogo:

este es un proceso como crear emociones científicamente… la cortas por enmedio, y puedes ver lo que hay fuera y dentro simultáneamente… el título alude a la iconografía cristiana”.

De repente, RINGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG. No, no es el despertador, no he estado sumida en una pesadilla. Es la campana de incendios. Miro a mi alrededor y, en serio, creo que es un parte más de la exposición. Un montaje escénico, una performance donde seguro que Hirst ha querido “explorar las emociones de los asistentes creando una sensación cercana al pánico que el sonido envolvente…. Bla bla”. Yo ya estoy al final de la tortura, lo único que me queda era la tienda (donde parece se corta el bacalao… TODO se vende, desde un paraguas con el cuadro que gira hasta un bolso con la medicación de las vitrinas), pero parece que esto va en serio: nos obligan a desalojar la Tate Modern. Que no es poco. Escalonada y muy británicamente, vamos saliendo a la explanada. 


No, no era una falsa alarma. Lástima que no hubiera tocado unas cuantas salas antes. 

15 de abril de 2012

Divannie Hall

12 divagues
Durante cierto tiempo he venido ojeando las referencias culinarias que tienen los del Blasco en su blog. La verdad es que a veces incluso con cierta envidia al ver que mi coincidente Annie Hall sabía hacer unos platos y postres impresionantes que estoy segura harán las delicias del Niño, haciendo su desgracia un poco más llevadera. No es que me apasione cocinar, tampoco lo odio. Incluso hasta se me da bien cuando me pongo. Lo que me molesta es la obligación, el ponerse porque sí, porque toca y el no poder improvisar o probar cosas nuevas.

Una de las cosas que más me gusta es la canela y por consiguiente los postres que la llevan. Si además le acompaña la manzana la cosa puede ser de órdago. Así, soy feliz cuando viajo a países anglosajones donde la repostería en general suele ser rica en ambos ingredientes: cinnamon muffins, hot apple cider, apple fritters, cinnamon rolls, cinnamon bread, apple crumble...

Ayer navegando me topé con una receta que prometía buenos resultados y que además no parecía complicada ni de elaboración ni de conversión de medidas. Tuve un ataque anniehallero,  me equipé con las pocas cosas reposteras que tengo en mi cocina y me dispuse a seguir las instrucciones:



Salvo el extracto de vainilla y que sustituí el cream cheese por mascarpone, lo demás lo seguí al pie de la letra. Tengo que confesar que a ratos dudé de que aquella masa densa diera lugar a nada como lo prometido y aún a riesgo de comprometer mi escasa, pero fama al fin y al cabo de excelente hacedora de brownies entre mis pollitos, continué con mi tarea. Tras la hora de rigor en el horno y toda la casa oliendo a canela, procedimos a probar el pastel-torta resultante. 

Fijaos como tiene que ser que le dedico hasta un post. Orgasmático no, lo siguiente. 

14 de abril de 2012

Si los reyes de Espania supieran...

10 divagues
Si los Reyes de España supieran 
lo poco que van a durar, 
a la calle saldrían gritando: 
"¡Libertad, libertad, libertad!"


FELIZ DÍA DE LA REPÚBLICA!!!!



 PS: Me encanta esta anécdota. Si diéramos más micrófonos a estos de la bandera, tendríamos la República mucho antes...

Un poquito de por favor!

11 divagues
Que nos jugamos mucho. Que el turismo es de lo poco que nos queda funcionando en este país. No os dais cuenta que hasta el Banderas viene desde Los Angeles a vestirse de Nazareno, de forma seria, formal, casi piadosa me atrevería a decir. No hace un musical de su paso por la procesión malagueña. Al revés. El tío se lo toma en serio.

A eso es a lo que estamos acostumbrados y eso es lo que la gente quiere ver: saetas, capirotes, tambores,  lágrimas, flagelaciones y demás rituales. Pero... ¿esto?, ¿a quién se le ha ocurrido la idea? Recuerdo una vez en el país de mi cobloguera que asistiendo al cambio de la guardia en el Palacio de Buckingham, la banda que acompañaba la ceremonia dejó de tocar ritmos marciales y comenzó a interpretar el sensacional tema de Henry Mancini "The Pink Panther". Ni que decir tiene que nos fuimos en el acto. Defraudados. Nada más impropio para un cambio de guardia. Pues lo mismo. Que sí, que vaaale, Jesús ha resucitado y todo cristiano tiene que estar contento. Digo yo que se puede demostrar la alegría de muchas formas. Por poner un ejemplo, el Aleluya de Haendel. Ahí lo tienes: un tema clásico pero resultón. Una apuesta segura para Semana Santa y que además no resulta tan... tan... ¿impropia? ¿chotuna? ¿bizarre?. No sé lo que pensaréis divagantes, pero a mi no me cuadra en absoluto eso de ver desfilar una procesión con la canción del verano. Llamadme reaccionaria.


13 de abril de 2012

Definición de hijo

19 divagues
No sé como llegó hasta mi esta definición de Saramago pero me encantó. La quise retener y no pude. Tampoco la guardé, ni la copié. Nada. Hoy de casualidad ha vuelto a aparecer y he decidido divagarla para que no vuelva a perderse.


Un hijo es un ser que nos prestan para un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestro peores defectos para darles los mejores ejemplos y de nosotros aprender a tener coraje.

Sí, es eso. Ser padre o madre es el mayor acto de coraje que alguien puede tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente al de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo?

No es nuestro, ¿recuerdan?. Fue apenas un préstamo.



12 de abril de 2012

Coincidencias literarias

8 divagues
A todos nos encantan las casualidades literarias. Hay algunas totalmente redondas y otras un poco más forzadas: una tenía más o menos la edades de Hans Castorp y Ana Ozores al leer las respectivas novelas-pero más o menos-, o estuvo en el "London City"  de Buenos Aires poco después de haber terminado "Los Premios". Mi principal verdadera casualidad redonda ocurrió cuando empecé "The razor's edge" ("El filo de la navaja") de Maugham en el Hospital de St.Thomas, y allí justamente comenzaba la novela. Estas vacaciones he tenido también una de esas casualidades redondas que, según diría Sábato, no son casualidades porque no existen.

Y también he tenido de las otras, de las pequeñitas, de las "forzadas". Por ejemplo, tengo una conversación con la Fashion sobre las hermanas Bronte, ya que ha ido a ver la versión de Andrea Arnold de "Cumbres" (que aún no he visto, pero tras la magnífica "Red Road" de la directora, pienso que promete). Hablar de las Bronte siempre acaba con el eterno debate Austen y es que, divagantes, no soy fan. Solo he leído una o dos de sus novelas (las famosas, las de Mr Darcy) y no me lograron interesar lo mas mínimo, igual que no me interesa "Sex & the City": maneras más o menos sofisticadas de explicarles a las chicas cómo encontrar marido. Y poco más. Austen no ofrece una descripción sentida o incisiva de la sociedad de la época como puede hacer George Elliot, ni profundiza en los personajes como hacen las Bronte. Sin embargo, primera coincidencia, totalmente inesperada, en al catedral de Winchester me encuentro con la tumba de la autora (a la derecha). Jane Austen descansa aquí.


Seguimos nuestro camino hacia el sur, buscando el mar. El tráfico en esta pequeña isla puede ser a veces monstruoso, y una se entretiene haciendo fotos por las ventanas. Esta me gusta, estamos cruzando el New Forest, y nos encaminamos a la isla de Purbeck (que es en realidad una península). En esta zona vivió y escribió una escritora que aquí tiene mala fama personal, pero que desde luego marcó a una generación de niños lectores que teníamos todos sus libros: Enyd Blyton. En especial su colección de "Los cinco" ("The famous five"), donde todos aprendimos lo que eran los shorts, la cerveza de jengibre (la ginger beer, a mí no me gusta), el pastel del carne (meat pie, ditto), y donde muchas niñas de mi generación, como ya he divagado otras veces, encontramos en George la niña perfecta para identificarnos. George quería ser niño, trepaba por los árboles, era valiente y tenía un perro que era lo más (Timmy). Pues bien, Mrs. Blyton parece que se inspiró en el castillo de Corfe (abajo)para crear el famoso castillo medio derruido de la isla de Kirrin, que es testigo silencioso de la mayor parte de las aventuras de Los Cinco. Gran momento el verlo así...




Aunque el referente literario de la zona, que parece tocó todo Dorset, es Thomas Hardy. Esta lovely casita no era la suya, pero seguro que en una parecida se inspiró para su famoso baño de lágrimas "Tess of the D'Urbervilles" ... Por favor, desde la Casa de la Pradera no se vio dramón similar. Puede ser mi excusa para haberlo dejado así, sin contemplaciones, hará ya unos años, en concreto en mi primer trimestre de embarazo. Época funesta estas semanas en mi excel lector ya que abandoné tres libros de renombre seguidos: el mencionado dramón Tess, "Women in Love" y "The golden notebook". Fue esto una coincidencia o que mi mente estaba a otras cosas?


Pero por fin, mi casualidad redonda, que pasa por el libro que estoy leyendo en estos momentos: "Howards End" de E.M. Forster, un escritor que ya he dicho otras veces me encanta. Porque retrata perfectamente una manera de vivir con un punto ácido, crítico y que hace pensar. Con Forster te pones a subrayar sin darte cuenta ("Tenía la crueldad de la juventud", es la última), y seguro que hay pocos escritores que hayan hecho tanto por la lucha de clases como él: de una manera tan amable describe la injusticia que es imposible ponerse a la defensiva. Entonces, da el toque final, y acabas pidiendo la Revolución. Pero divago. Una de las amables Aunties de su novela habla de dejar Londinium cuando haya solventado unos asuntos, porque lo que de verdad necesita (tras su agotadora vida) es una vacación en su balneario habitual en... Swanage! Y dónde esta el Bed & Breakfast desde cuya cama estoy leyendo precisamente esto? Bingo! Y esto de abajo es Swanage, y sí, soy muy brasas, mis acompañantes lo saben. 







11 de abril de 2012

La campiña inglesa: así la vio Ridley Scott

5 divagues
Esta foto que hice el domingo es una de las más emblemáticas de toda la campinia inglesa. Se trata de Gold Hill en un pueblecito medieval de Dorset llamado Shaftesbury.


Tan bonita es que la eligió Ridley Scott en 1973 (seis anios antes de Alien y esas cosas) para rodar el anuncio de Hovis, panaderos desde el pleistoceno. No es de estraniar que este trocito de la vida rural haya sido votado como el anuncio más querido por los ingleses. Pero es que es imposible una mala imagen de una cuesta tan fotogénica...


10 de abril de 2012

Vértigo bajo un cielo ominoso

5 divagues



Scottie: Madeleine, tell me where? Where do you go? What takes you away? When you jumped into the bay, you didn't know where you were. You guessed but you didn't know.
Madeleine: I didn't jump. I didn't jump I tell you. You told me I jumped.
Scottie: Why did you jump? Why did you jump?
Madeleine: Oh I can't tell you.
Scottie: Why did you jump? What was there inside that told you to jump?
Madeleine: No please. Please.
Scottie: What? What?
Madeleine: Please don't ask me. Please don't ask me. Get me away from here.
Scottie: Shall I take you home?
Madeleine: Somewhere in the light. Promise me something? Promise you won't ask me again? Please promise me that.

"Vertigo" (Alfred Hitchcock, 1958)


6 de abril de 2012

Regalo de Easter: las Gallinas Cantantes

8 divagues
El otro día mi cobloguera Diva propuso proponer, valga la redundancia, esas escenas musicales de pelis que tenemos asociadas ya para siempre en nuestro disco duro con cosas chulas. Me puse a comentar y, como ya viene siendo el caso, me salió un divague. Aquí está.

De Tarantino ponía Diva el "Son of a preacher man" de Pulp Fiction. Y el caso es que son tantas las canciones de Pulp Fiction que me gustan (empezando por la mítica versión de "Misirlou"de Dick Dale de los Black-Eyed Peas al comienzo de la peli), que es dificil elegir. Porque Tarantino es un director cuyas pelis serían otras sin esas canciones. Creo que mi escena favorita, de todas formas sigue siendo en la que Thurman y Travolta bailan juntos aquí. De "Reservoir dogs", cómo olvidar la escena de la tortura del psicopático Michael Madsen con esta canción “Stuck in the middle with you” … terrorífica. Y en ”Kill Bill” me quedo con “Malaguenia salerosa”al final tras la victoria…

 Otro director cuyo uso de la música me encanta es el británico Danny Boyle. Si alguien me puede dar un comienzo de peli con más fuerza q este “Lust for life” de Iggy Pop al principio de Trainspotting, gana un premio. También en una cinta con tema tan tétrico como “127 horas” consigue subirnos la moral con esta canción tan caniera de Plastic Bertrand ("Ca Plane Por Moi"). Lo mismo con el final totalmente uplifting de “Slumdog millionare”, a la que llamaban “the feel good film of the year”…por decir algo, ya que  tocaba temas durísimos. Uno saldría devastado, si no es por este final…

Otra banda sonora, country esta, que siempre me ha llevado a esos desiertos es la de “Thelma & Louise”, el “Part of you, part of me”… bueno, qué puedo decir. Qué peli, qué final, qué volver a los 17 cada vez que veo esto…

Pero ya no tenemos 17, como cuando salimos incendiadas de la peli de Ridley Scott. Ahora, con unos pocos anios más, vamos al cine con hijos a ver cosas que igual antes no hubiéramos visto. Y eso que siempre me han gustado Los Teleniecos. Hace unas dos semanas fuimos con Mini a ver la última peli de estos bichos que alegraron nuestras tardes de la infancia. Ahí estaba Gustavo, mi favorito, haciendo un ejercicio de nostalgia, Animal tan animal como siempre, y la cerdita Peggy, dirigiendo Vogue. Disfruté la peli millones y como dice una de sus canciones ("Life's a happy song"), I can't wipe this smile from my face (no me puedo quitar esta sonrisa de la cara). Es exactamente este feeling con el que sales de la sala.

Pero hablando de La Escena musical de esta peli, sin duda tiene que ser la de abajo. Aquí no fueron sonrisas, directamente me tiraba al suelo de la risa con las gallinas cantantes interpretando el "Forget you". Mini me miraba alucinada porque, todos empezamos a conocer sus veleidades, y estaba más interesada en los ratos que salía la prota femenina (Amy Adams), con sus faldas cincuenteras que cuando salían los teleniecos!!! Se supone que ella es la ninia y yo la adulta, no? Por qué están los papeles cambiados?

Con ustedes, divagantes, mi huevo de pascua regalo: las gallinas cantantes de los teleniecos!!!!!!! Happy Easter.


5 de abril de 2012

Todo fluye

22 divagues
Los pollitos se ha ido de vacaciones con la abuela y mi hermana, así que Consuerte y yo llevamos unos días sin prisas, sin cenas, sin deberes, sin estrés... Debo de ser desnaturalizada total porque aún cuando hablo con ellos un par de veces al día, no los estoy echando de menos. Ellos están de coña y yo también. De vez en cuando va bien un break de este tipo. Unas vacaciones de mi propia vida. Están siendo unos días de calma total. Días de hacer lo que quieras, como quieras, cuando quieras... a pesar del trabajo.

Además ha llovido. No hay nada mejor que la lluvia. Bueno sí, la lluvia en la montaña. La lluvia es genial. Por fin han caído unos litros que han salvado más de una cosecha y han refrescado la tierra que se los ha bebido con avidez. Hasta los terneros preferían esta mañana estar bajo la lluvia. Conducir por los caminos, pisar los charcos y ver la carretera mojada, ha sido espectacular. Cigüeñas, patos, ranas... 

Mi ipod me ha regalado este tema y mientras conducía y cantaba, he pensado: Todo fluye...





4 de abril de 2012

Escenas de película inolvidables

13 divagues
Con independencia de si una peli es buena o mala, hay escenas que te marcan de tal forma que hay un antes y un después de haber visto la escena y claro está, la película. En mi caso, muchas de las escena que me han cautivado llevan consigo una canción determinada, de tal modo que canción y escena quedan de tal forma ligadas que se vuelven inconcebibles una sin la otra. Oyes en la radio la canción e inevitablemente te acuerdas de la película o ves el título de la película y lo primero que te viene a la cabeza es la canción. Puede ser por el tema en sí, por el baile, por el actor, por como la canta, por como se besan o por lo que sea. Cada uno tiene sus motivos, sus resortes.
Podría poner muchos ejemplos pero me ceñiré a tres con el fin de que vosotros, divagantes, hagáis un esfuerzo, salgáis del letargo vacacional u os escaqueéis un pelín del curro y me digáis cuales son vuestros momentos peliculeros inolvidables. Allá van, insisto, sólo algunos de los míos:

1. Unico testigo - Sam Cooke - What a wonderful world




2. Dirty Dancing - The Contours - Do you love me

http://www.youtube.com/watch?v=x43vK0k6A2I

Dirty Dancing- Solomon Burke - Cry to me

http://www.youtube.com/watch?v=M30bE7fAE7E


3. Pulp fiction - Dusty Springfield- Son of a preacher man




2 de abril de 2012

Siempre quise ser la mala

14 divagues
Cuando era pequeña, seguro que como castigo por ser de las más altas de la clase, siempre me daban papeles de mala en la función anual dedicada al fundador de la orden. En 4 EGB fuí, por ejemplo, el Capitán Garfio. En Navidades, nunca el querubín o la codiciada Virgen: si hubiera habido un malo en el belén, habría sido mío. En fín, que las Madres carguen con la responsabilidad de los efectos que esos traumas tempranos de infancia han dejado en mí.

Sin embargo, tuve un par de factores de resiliencia importantes. Uno, que en mi época en realidad las que querían ser la  princesa o Wendy estaban muy mal vistas (todo este princesismo actual era para las ñoñas). Lo más era George de "Los Cinco", y Lo Peor era Anne, la cursi. Dos, mi profe de inglés que, al decirle que iba a ser Garfio me felicitó, sin dudarlo, afirmando que los malos eran los mejores y que ella siempre quiso hacer de bruja. Las profes de inglés siempre me gustaron, decididamente las más modernas-por eso durante una etapa de mi vida fuí una de ellas.

Desde entonces empecé a mirar de otra manera a las brujas, y a todas las malas que ha dado la literatura y el arte. Y es que  mi profe tenía razón: dónde vas a comparar a la madrastra con la ñoña de Blancanieves, o, por supuesto Maléfica con el rollo patatero de Aurora, la pasividad hecha mujer, que se duerme a esperar cien años que la despierten? (análisis psicoanalítico para echarse unas risas aquí).

La semana pasada fuimos a ver, como regalo (un mes anticipado) de cuarto cumpleaños de Mini, el musical de "El Mago de Oz", del que voy a intentar hablar un poco sin centrarme en lo mejor, con diferencia: La Malvada Bruja del Oeste (The Wicked Witch of the West).

El montaje del musical es absolutamente espectacular. En cualquiera de esas visitas de finde que la gente hace a Londinium, yo diría que es una obligación. Todo el mundo conoce la historia, maravillosa, la música es impresionante: evidentemente, gran parte de la música es de la película, pero luego Andrew Lloyd Webber, un famoso músico de aquí ha completado con canciones preciosas (la penúltima "Already home" la colgué el lunes, porque estaba en éxtasis-si  no se te pone la piel de gallina con esta canción,  mal). Lo mismo ocurre cuando, tras haber estado atenta de la orquesta en el foso los minutos previos a que empiece, comienzan con los primeros acordes: ese es un momento muy chulo.

Nunca habia visto un musical con esos efectos especiales: el tornado en el que se llevan la casa de Dorothy es realmente espectacular: te envuelve. Hay nieve, hay fuego, hay personajes que caen del cielo (más de esto abajo). Los decorados son tantos y tan ricos y cambiantes, los actores bailan en grupo con miles de ropas variadas- sufres imaginándolos entre bastidores cambiándose. Totó, el perrito, parece entrenado por el mismo Paulov.

Con todo esto me bastaría para pasar una gran tarde, pero el show se lo roba a todos ella: The Wicked Witch of The West. La actriz que la interpreta es Hannah Waddingham, una rubia impresionante que en la entrevista colgada en youtube mientas la maquillan toda de verde dice que, cuando su madre le pregunta porqué siempre hace de mala, ella contesta: "porque son personajes mucho más interesantes". Aquí hay un trozo impagable en el que se transforma en la bruja, enmedio del show (recordemos que sale al principio como Miss Gulch, la vecina odiosa en Kansas que se quiere cargar a Totó). Las escenas en las que sale la Malvada Bruja son con diferencia las que contienen más humor, más emoción y más factor wow. Aún me río cuando escucho en mi cabeza el tono irónico de mala malísima llamando a Dorothy "my pretty". Cuando ella aparece, hay fuego, hay contrastes luminosos y hay desapariciones en escoba por la parte superior del escenario. Lo que no esperábamos es que fuera a caer, desde el techo del altísimo teatro, justamente delante de nosotros...

Estábamos sentado en la tercera fila del primer anfiteatro, y de repente, zas! Tenemos a la bruja  literalmente delante... tiene un cable en la cintura y ha bajado del agujero del techo! wow... nos quedamos alucinados, Mini ni parpadea. No he podido encontrar esta escena en internet, pero hay una en la que uno de sus monos-pájaros también cae, y me gusta colgarla porque, para cualquier amante de Londinium será chulo ver los tejados de las casas laterales del West End, y correr frenéticamente por los pasillos detrás de estos actores que son, además medio acróbatas.



Han pasado un montón de años desde Garfio y las malas en el cole, pero hay cosas que no cambian: yo, de mayor, quiero ser The Wicked Witch of the West.


PS: Y siguiendo con las brujas, muchas gracias a la divaganta CAPORALA que nos ha enviado la famosa camiseta de Maléfica. Es lo más...