29 de febrero de 2012

Pasa la vida

6 divagues
Desde hace unos días salgo a andar por el campo con una amiga mía de la infancia, de las de toda la vida. Siempre hemos tenido mucha complicidad y hemos coincidido en muchas cosas. Con ella me he reído hasta morir y juntas hemos pasado de todo. Aunque alguno pensará que hemos empezado la consabida operación bikini, la realidad es que hemos llegado a la conclusión de que no podemos tener 40 tacos y estar tan oxidadas. Que damos pena. Así que nos ponemos a andar en plan marujón, pero a toda mecha (o eso nos parece). Ella está más entrenada que yo (la cabrona) porque lleva a los niños al cole andando cada día y eso se nota. Nos hacemos unos 5 kilómetros y hemos acordado que si la cosa nos vicia (a mi nunca me ha pasado eso con el deporte) nos iremos a correr la maratón de Nueva York o a hacer el camino de Santiago. 

Vamos recordando anécdotas, comentando sobre familias, maridos y demás anexos. Hablamos de lo que nos hubiera gustado hacer y que no creo que hagamos nunca, de los sueños que teníamos, de los problemas y el distinto modo de afrontar las cosas a determinada edad. No es lo mismo 40 años que 16.

Veamos un par de ejemplos:

Ejemplo 1

Andando por el poco transitado camino vemos que viene a lo lejos un coche con dos tíos:

Con 16 - Hala tia que viene un coche... igual nos hacen algo... si paran corremos campo a través.

Con 40 - Viene un coche... igual están buenos... si paran, me pido prime!


Ejemplo 2

Pasamos cerca de la carretera por donde pasan camiones.

Con 16 - Nos ha pitado el tío...que salido, ¿has visto lo que hacía con la lengua? Le hacemos una peineta.

Con 40 - Cuantos camiones! Si nos pita uno le hacemos un guaraná. ¡Hecho!



28 de febrero de 2012

"El último encuentro" (Márai): Amistad o amor, qué pesa más?

17 divagues
He intentado, mentalmente, construir un divague sobre “El último encuentro” de Sándor Márai, que dejara al lector con ganas de lanzarse sobre él pero sin saber, aparte de los tres temas fundamentales, los giros principales de la trama. Me ha resultado imposible. Tal vez porque precisamente estos giros traen de la mano parte de los temas, o tal vez porque, frente a la pantalla, pienso más claro y decido muchas veces lo que pienso. Y lo que ahora quiero es pensar, masticar, digerir. No recuerdo quién dijo esto, pero no me puedo identificar más: “Que qué pienso de X? déjame escribirlo para saberlo”. Así que el que no quiera conocer los detalles, que posponga la lectura del divague (y comente luego, da igual cuándo, aquí estaremos).

Cualquiera que haga una búsqueda por internet del libro se encontrará que su gran tema principal es La Amistad. Así, con mayúsculas. Dos chicos jóvenes, de orígenes sociales muy diferentes, se conocen en una academia militar y se hacen inseparables. Henrick es el hijo de un militar importante que vive en una mansión en medio de los bosques, todo-incluyendo los osos y las personas- propiedad de la familia de su padre por generaciones. Konrad es el chico de provincias sacado de contexto, a través del cual viven sus padres su fantasía de hijo militar en la gran ciudad. La amistad es tan intensa que, en algún punto, el erotismo y el deseo se me metían entre las líneas, pero este no acaba siendo un tema que Márai quiera desarrollar, si es que la pulsión existe. Henrick abre las puertas de su mansión y su familia a Konrad. Y por fin, pasados los años, Konrad hace lo mismo con la suya. Y aquí viene la primera frase del libro que subrayo con una mezcla de tristeza y rabia:

"Entonces ya lo sabes todo (...) Cada par de guantes que te tenido que comprarme para ir contigo al teatro, llegaba de aquí. Si me compro una silla de montar, ellos no comen carne en tres meses. Si doy una propina en una fiesta, mi padre no fuma puros durante una semana. Y todo esto dura ya veintidós años".

Y entonces empiezo a ver claro que el otro gran tema del libro es la lucha de clases (alguien me llamará antigua, pero tal vez en la época que nos ocupa, los años anteriores a la Primera Guerra Mundial aún se podía usar), es las diferencias sociales, es la grieta inmensa que hay entre alguien cuyos padres se pasan de todo para que él sea militar codeándose con niños con apellidos rimbombantes y separados por guión, y alguien quien, por el mero hecho de venir de donde viene, con esa seguridad que da la opulencia por generaciones, se cree superior.

“Sólo existen dos grupos en el mundo, con todas las variantes de su peculiaridad: las diferencias de clase social, de ideología, de grados de poder, todo se resume en esta peculiaridad”.

Qué gran frase esta de Márai: nunca he podido entender los nacionalismos porque para mí el mundo también solo tiene estos dos países (uno infinitamente más grande que el otro, por desgracia, y el otro existiendo parasitando al primero). Así que, a cara descubierta, no es difícil que yo empiece a empatizar casi de inmediato con Konrad, no solo por el narcisismo del militar, sino porque Konrad "era diferente":

"Konrad leía preferentemente libros ingleses sobre la historia de la convivencia humana, sobre el desarrollo social. El hijo del guardia imperial solamente leía libros sobre caballos y sobre viajes. Como se amaban, se perdonaban mutuamente su pecado original: Konrad perdonaba la fortuna de su amigo y el hijo del guardia imperial perdonaba la pobreza de Konrad".

Todo este posicionamiento-yo creo que inevitable cuando uno lee esta novela- ocurre durante los flashbacks de Henrick, el hijo del guardia imperial, que está preparando el título de la novela: el último encuentro con el que fue su mejor amigo, Konrad, y al que no ve desde hace 41 años. La manera como Márai describe la decadencia de su mansión mientras espera a su amigo, y la pulcritud con la que nos relata la preparación de la  cena para que sea exactamente igual que la última que tuvieron hace 41 años es maravillosa-y eso que, como siempre, acuso la traducción. Qué me estaré perdiendo del húngaro cuando Márai nos dice cosas como que en su idioma “estas dos palabras, matanza y beso, olés y olelés, son parecidas y tienen la misma raíz”. Matanza y beso, en la misma frase. Inspiro. La mayor parte de mis subrayados han sido, entonces, más que formales, conceptuales. Algunas de sus ideas me hacen por ejemplo, literalmente oír el silencio, como aquí: "Estudiaban desde la mañana a la noche, para saber lo que se podía decir y lo que no. En la Academia (...) había un silencio parecido a la quietud de una bomba momentos antes de estallar".

Pero divago. Henrick ha preparado una mesa y una sala que lleva cerrada 41 años para tener una conversación con el amigo que se marchó. Y el amigo está al llegar. Cuando se acerca el coche por el camino, Henrick, desde la ventana lo mira "cerrando un ojo como los cazadores cuando tienen a su presa en el punto de mira". No es una conversación lo que está esperando. Es una cacería: lo lleva a su terreno para tenderla una trampa mortal porque no va a ser una conversación, sino un monólogo. Personalmente, y como optimista recalcitrante que soy, hasta las últimas páginas aún pensaba que Márai iba a dejar unas líneas a Konrad. Porque Hendrick cuenta su versión de la relación de ambos de una manera implacable, dura, y que pese a todo no logra atraerme del todo al personaje de Hendrick, el amigo abandonado, el marido afrentado.

Porque sí, afrentado: Hendrick se casa con Kristina, una chica de orígenes humildes, similares a los de Konrad, y en ese momento, mi corazón lector que aún espera una historia que verdaderamente hable de la amistad, y sus dificultades en general, pero en particular cuando cruzan clases sociales en las que todo tipo de sentimientos complejos que entran en juego (el orgullo, la envidia, la sensación de injusticia, el narcisismo, el servilismo, el sentimiento de superioridad)… pues en ese momento mi corazón dice no, por favor, que no sea OTRA historia más donde una amistad se rompe por la inestabilidad del triángulo.

Y así es. En el monólogo del afrentado sabemos del ultraje al que es sometido por parte del que creía su mejor amigo, ese al que abrió su casa y su corazón, y la mujer de la que se enamoró, pero que, concluye “solo sentía por mi gratitud”. Parece que el mayor shock lo recibe Hendrick cuando, huido Konrad, él visita su casa por primera vez y encuentra un mundo que le era completamente ajeno. Era la casa de alguien que leía algo más que “Jara y sedal”, de alguien que vibraba con la música, de alguien que, sin tener su clase ni sus antepasados, podía entender un mundo, el de la cultura, completamente vetado a él. Un mundo, que para colmo, compartía con Kristina. Pero me acabo reconciliando con Márai y su introducción del tema trío por las reflexiones tan interesantes que hace del tema de la infidelidad:

“Exigir fidelidad ¿no sería acaso un grado extremo de la egolatría, del egoísmo y de la vanidad, como la mayoría de las cosas y los deseos de los seres humanos? Cuando exigimos a alguien fidelidad, ¿es acaso nuestro propósito que la otra persona sea feliz? Y si la otra persona no es feliz en la sutil esclavitud de la fidelidad, ¿amamos a la persona a la que se la exigimos? Y si no amamos a esa persona ni la hacemos feliz, ¿tenemos derecho a exigirle fidelidad y sacrificio”.

Konrad se ha marchado al trópico, a conocer el mundo tras una cacería en la que Henrick cree que planeaba matarle (es el último signo de amistad el, teniéndolo a tiro, no matarlo?). Konrad deja el estamento militar, al que nunca perteneció y pone tierra de por medio (repito, por amistad? por cobardía?). En este ultimo encuentro, Henrick quiere respuestas a preguntas complicadas: no si intentó matarle (que lo tiene claro, y el lector se debate entre que sea un hecho, o una paranoia de viejo encerrado), sino entender: “Había una sola y única cosa que no me podía explicar: que hubieses pecado contra mí”. Quiere conocer al que fue su amigo, del que a esas alturas de la vida no sabe nada:

“¿O el disfraz era el uniforme? (...) Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. (...) Las preguntas son éstas: ¿Quién eres? ¿Qué has querido de verdad? ¿Qué has sabido de verdad? ¿A qué has sido fiel o infiel?

Esta frase ha sido, seguramente, una de las que más me ha gustado de toda la novela: que uno responde con su vida a las preguntas más importantes. En la edad temprana, podemos engañar y engañarnos, pero a los 75, como los personajes, nuestra vida hablará de nosotros más que ningún monólogo. Konrad dejó un mundo que no iba con él, y viajó. Henrick se encerró en la misma casa 40 años, resentido. “Uno también construye lo que le ocurre”. Y aunque esta constatación en la vejez de que tu vida tal vez no sea lo que hubieras querido sea probablemente lo más terrorífico, Henrick también reflexiona sobre la anhedonia del final de los días:

Envejecemos así, por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer. Cuando se acaba el deseo de placer, ya solo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonce sí que envejece uno, fatal y definitivamente. Un día te despiertas y te frotas los ojos, y ya no sabes para qué te has despertado”.

Pero al final del libro, la premisa inicial de Hendrick, es desmantelada por él mismo. El, que desde el principio habla de la Amistad como algo sagrado, como un estado gracia muy superior a cualquier otro sentimiento, incluyendo el amor, acaba preguntándose a él mismo y a Konrad:

“La otra pregunta es si esa penosa atracción por una mujer que ha muerto no habrá sido el verdadero contenido de nuestras vidas (...) Y que si hemos vivido esa pasión, ¿quizás no hayamos vivido en vano?”

¿Es, al final, el amor, lo que verdaderamente ha dado sentido a sus vidas, por contraposición a una amistad tan compleja y contaminada? De esa amistad me hubiera gustado leer más, amistad en estado puro, sin terceras. Y es que el libro me ha tocado en muchos momentos, y supongo que a todo que tuvo un amigo o una amiga con la que se fue una piña y luego se acabó, le tocará igual. Y a todos esos que, como yo, buscaban respuestas en una novela -igual que las busqué un día en la película “Tres colores: Azul” de Kieślowski. para intentar entender otro tema personal-, se habrán visto de alguna manera decepcionados. En ninguno de los dos casos necesitaba una infidelidad para distraer de profundizar sobre el dolor de una pérdida. Mi amistad no se rompió por un triángulo: de los finos y vulnerables lazos que se tejen entre nosotros y nuestros amigos de la infancia, así, en crudo, es de lo que quiero leer. Es la única pega que le pongo a un libro que no nos da respuestas, sino muchas preguntas, porque así es la amistad: quien lo probó, lo sabe. 

26 de febrero de 2012

La invención de Hugo

14 divagues
El sábado por la noche colocamos a los pollitos y a eso de las 21:45 se me ocurre decirle a Consuerte: ¡Vámonos al cine! Así que con el tiempo justo nos fuimos a los cines más grandes de por aquí y llegamos a punto de poder elegir entre: Los descendientes, The Artist y La invención de Hugo.
Sin apenas tiempo para analizar y sin haber leído la crítica, decidimos apostar por lo seguro: Scorsese. Además tenía tropecientas nominaciones a los Oscar y un Globo de Oro. No podía fallar. Con el regusto de Taxi Driver o de Uno de los nuestros por poner un par de ejemplos, entrábamos en la sala 11 a ver la Invención de Hugo.

Vaya por delante que escribo a la 1:17, recién salida del cine, donde he hecho verdaderos esfuerzos por no dormirme y que ha sido de las pocas veces que he deseado que acabara la película. He malgastado una cerillita y sabéis la poca gracia que me hace, así que espero que no le den el Oscar porque me olerá a la misma chamusquina que el caso Urdangarín. Ni 3D, ni homenaje a las primeras películas, ni nada. Un argumento malísimo, un hilo conductor que aburre hasta la saciedad, sobreactuación de los personajes (quizá de ahí lo del homenaje) y un decorado nada creíble entre otros...

Y no comento más porque no vale la pena y porque voy a hacerle caso a Di y concentraré mis energías en hablar exclusivamente de lo que me gusta. ¿Sabéis que me gusta? Poder dormir mañana hasta la hora que quiera. ¡Hurra!

23 de febrero de 2012

En pijama por la calle (último grito en Londinium)

15 divagues
El fin de semana pasado, en pleno Bermondsey, a eso de las 3 de la tarde, vi mi primera persona en albornoz y pantunflas al aire libre. Era rosa con ribetes blancos, las pantunflas no iban a juego. Este fue un momento culmen porque llevo ya unos meses leyendo que ir en pijama por la calle es lo último en Nueva York, y que está al llegar al viejo continente. Empezaron los estudiantes en los campus universitarios. Ya sabemos (y el que no lo sepa, como de casi todo ya tiene la respuesta en el divlog-cliquen aquí) que los yanquis viven en esa especie de Total Institution goffmaniana: los colleges están en el campus. Así que si se te ha olvidado la leche, qué pereza cambiarte para bajar al economato del recinto: bajas en pijama. La cosa parece que se fue de madre y pasó a la biblioteca y al pub. Y de ahí, a la calle 42 y a la Fifth Avenue.

Podía ser una nueva locura norteamericana hasta que el fin de semana, en el suplemento del Times (antes de ser lapidada: fue mi compa de piso el que estaba interesado en algo, aunque podría quedar mejor vendiendo que en esta casa se contrastan periódicos, que no compramos solo lo que queremos leer, pero sería falso: ya que de todos modos nos engañamos, que sea con las mentiras que nos gustan )... decía (este paréntesis ya es más que divagar), en el suplemento del Times me encuentro un artículo a todo color que habla de la nueva moda imponiéndose en Londinium. La autora ha posado como modelos con los pijamitas, a saber: con uno rojo a topos blancos frente a un lineal de "Whole Foods", cadena pija de supermercados orgánicos, con otro de raso blanco en la pelu, con un tercero en tonos azules sujetando una copa de champán en Claridge's y por ultimo, en esta época de iphones y nubes, en una cabina de esas de turistas, con uno en tonos verdes, bolso a juego. Y como  lleva un corte de pelo muy similar al mío, prácticamente me veo en Claridge's con mi pijama de ositos.

Sigo leyendo, aquí se pone interesante: hace todo un analisis sociológico sobre la belleza de usar el pijama por la calle, a modo de rebelión contra el establishment. Su hipótesis es que, quien va en pijama por la calle, probablemente no tenga trabajo, y sea un outsider. Lo más parecido a ser un punk, hoy en día. Da ejemplos como la cadena de  supermecados Tesco que se vieron obligados a poner un cartel con la leyenda "Para evitar la verguenza de otros, se ha de llevar calzado en todo momento y los pijamas/camisones no están pemitidos". En una oficina de correos, donde la gente va a cobrar sus benefits (subsidio) en pijama, y en la puerta de un colegio, donde los padres iban a recoger a los ninios con pantunflas, también han tenido que tomar cartas en el asunto.  En el documental "Pijama girls", sobre dos chicas dublinesas en pijama en presente continuo dan más detalles.

Pero, pero, hey, un momento... vuelvo a las fotos. Y ahora miro la letra pequeña, la leyenda de los pijamas que lleva la autora, antes descritos. Huy!: "Pijama top, £435; bottoms £430, by Stella McCartney. Zapatos, manolo Blahnik-sin precio" ( no hace falta). Empiezo a hiperventilar, y sigo, no hay dolor:  Tommy Hilfiger, Lucza, Tucker  (los conocerán en su casa, sorry Fashion) y, para rematar: Louis Vuitton, Pijama top inspirado en The Great Gatsby £700. Pantalones £550. ARGHHHHHHHHHHHHHHH (ahora vuelvo).

Ya. Ahhh, now you are talking. Ah, es que este pijama es OTRO ROLLO que el de los de benefits con manchas de té, que salen a por su pinta de leche y el Sun. Es que estos pijamas son BIENVENIDOS en Claridges, por supuesto... Empiezo a atar cabos. Estos pijamas son "homenaje" a Coco Chanel, la Garbo y la Dietrich, Winston Churchill que ganó una guerra desde Whitehall de esta guisa. En ellos es subversivo, "the mark of the rebel, a two-piece two-finger salute". Lovely. Y te hacen reverencias en Claridge's, y te ríen las gracias en el Ritz.

Sin llegar a estos excesos, yo soy una chica-pijama. Todo el mundo que ha pasado un par de días en mi casa sabe que , a poco que se descuidan, ya estoy en nightwear. Es lo primero que hago al llegar a casa si estamos solos, y si hay gente de confianza,  disimulo un rato y me dejo el top de la calle, pero el pantalón del pijama, cae. En pijama hago de las mejores cosas de la vida: leer, lucha libre & cosquillitas con Mini y el Peda y, por supuesto, lo que el divagante avezado  ya visualiza: divagar. Es la prenda más cómoda del mundo mundial. Tengo varios: de raso rojo, de algodón, de felpa, de raso blanco. De invierno, de verano, de tirantes, de manga larga, de pantalón corto.  Algunos de ellos han sido calificados como "míticos"  por un grupo nutrido de visitantes, y hasta aquí puedo leer.

Según la autora del artículo del Times, el pijama rebela mucho de ti,"de tu clase social, tus prioridades, prefjuicios.. y tal vez tu alma" (para los que tengan). Veo que los sicoanalistas tienen buenas razones para sentirse amenzados con esta nueva disciplina del "pijamanalista".

Pero, qué mejor para la free association del diván que un pijama (mítico)?



21 de febrero de 2012

Día del Panqueque (Pancake Day)

11 divagues
Hoy es el día del pancake en el Reino Unido y otros lugares del mundo. Lo llamaremos, en el divlog, el "día del panqueque". No porque aquí seamos estrictas con eso de usar el castellano sin contaminación de otras lenguas: estamos tan contaminadas que ya no sabemos lo que hablamos. Spanglish, Inglesñol... whatwever. Simplemente porque me encanta la palabra panqueque, me debe llevar a Latinonamérica.

No a mi infancia, que es lo que escribirían las profundas, porque en Vetusta se les llamaba "tortitas" y tengo casi un máster porque mi madre era gran fan. A veces íbamos a merendar a un sitio muy auténtico que ya no existe llamado "Las Vegas". "Tortitas con chocolate o caramelo, y dos bolas de nata". Inmensas. Bueno, no sé cómo me atrevo a confesar esto aquí porque por algo dice el refrán aquello de "What happens in Vegas stays in Vegas" ("Lo que pasa en las Vegas no sale de Las Vegas"). Refrán que se refiere a los excesos (cardiovasculares, calóricos y otros) de ese local, evidentemente, no a la ciudad de Nevada. Luego cuando quitaron "Las Vegas" las hacían en otros sitios: "La nata" o "La Trufa", pero nunca fue lo mismo.

Hoy es el "Día del Panqueque" (Shrove Tuesday) porque es el martes antes del miércoles de ceniza. Los panqueques se hacen con huevos, leche, azúcar y harina  (no precisamente ingredientes ligeros, en algunos países católicos se le llama Fat Tuesday), y  la tradición sugiere que se comen hoy como preparación para la cuaresma en la que no se podrán cometer este tipo de tropelías. Viene a ser un equivalente del Carnaval en el que otras culturas de disfrazan y desquitan antes de los cuarenta días de punición.

Aquí venden un kit en el que solo tienes que añadir agua (o leche), agitar y... ta-dá! ya tienes la salsa con la que se hace el panqueque. Nosotros lo hicimos ya el sábado, con un éxito casi apoteósico. Panqueques con Nutella y fresas, leche condensada y piña. Las imágenes son de lo más elocuente. Como lo nuestro no es la punición, vaticino las "Semanas del Panqueque" chez Di...

18 de febrero de 2012

"The artist", "Goodfellas" y "Hugo": más en común de lo que parece

10 divagues
Fuí a ver "The artist" con cierta prevención: una película muda y una persona eminentemente de palabras, en todas sus versiones (yo): funcionará? Sin embargo, desde el comienzo me enganchó y en un par de escenas hasta me hizo llorar. No es que el que me emocione sea garantía de que yo crea que una peli es de calidad, pero desde luego, cuando algo te toca, gana muchos puntos. Lo peor que puede haber en un peli es la indiferencia, el que te importe un comino lo que les pasa a sus personajes. Aquí no: es una historia de decadencia, lealtad y gratitud, que si no pone los pelos de punta, hacérselo mirar. Es un homenaje evidentemente al cine clásico, una época que conozco muy poco: desde luego nunca había ido al cine a ver una peli muda. Aparte, claro, de la genial "Nosferatu" (Murnau, 1922), expresionismo alemán 100%, una noche de Halloween en el Ritzy, con pianista incluído y con la mayor parte de la sala con indumentaria a lo Drácula, vampiro menor, zombie, o vayaasaberqué con cara blanca y suturas de lápiz de labios cerca de la yugular.

Y, coincidencias, el sábado pasado fue otra vez en el Ritzy, con el Peda y Mini, que vi una peli que celebra el cine clásico, o en concreto los comienzos del cine: una inyección de historia, entre otras cosas. Es la última de Martin Scorsese, "Hugo", rodada en 3D. Nosotros la vimos en 2D, porque era la única opción en el Ritzy, pero tampoco me importó. No he visto en mi etapa adulta ninguna peli 3D, supongo que porque la oferta no me ha interesado, pero es que aparte no entiendo qué puede aportar, a no ser que te vayas al Imax a sentirte entre  peces de colores si no tienes ganas de hacer el PADI. Sin embargo, como me comentó un amigo, tal vez si un director puede aplicar imaginativamente el 3D ese es Scorsese, recordemos la escena -gloriosa-de Goodfellas en la que la cámara sigue a Ray Liotta con su chica de turno por los pasillos del Club Copacabana con The Crystals de fondo ("Then he kissed me").  Y es cierto, parece que vamos siguiendo al mafioso, cuya frase inicial de la peli es ya un clásico "From as long as I can  remember, I always wanted to be a gangster".

Lo mismo ocurre en Hugo, al que seguimos por pasillos y entramados durante toda la cinta. Pero, como digo, verla en 2D te hace igualmente disfrutar de una peli que, por muy impactante que sea la puesta en escena , lo que de verdad te toca es la historia, de la que no quiero decir nada, salvo su público target: Todos aquellos que aman el cine, y que aún recuerdan a Alfredo y Totó de "Cinema Paradiso" (Tornatore, 1988), con las caras iluminadas por la lámpara del proyector como la síntesis de la emoción que supone el séptimo arte.


16 de febrero de 2012

Rocking Diva

4 divagues
Esto de internet es lo que tiene. Entras en una página web, ves algo que te interesa aunque no tenga nada que ver con lo que buscabas, pinchas sobre el link, accedes a otra página y así sucesivamente, el proceso se repite infinidad de veces de tal modo que, a pesar de que tu intención era buscar una receta de pollo a la cazuela, acabas viendo un musical o leyendo poesía. A veces lo que encuetras era mucho mejor que lo que buscabas. Eso es lo que me ha pasado hoy. De hecho no recuerdo ni lo que buscaba, pero en un momento dado he visto escrito Reo Speedwagon y he retrocedido tropecientos años, tantos que "NO" lo quiero saber o... sí.


Love this song!!!






14 de febrero de 2012

So this is love... so this is what makes life divine...mmm

13 divagues
Por si alguien no se ha enterado, hoy es Valentine's day. A mí me lo recordó Mini la semana pasada cuando nos trajo unos corazones de manualidades preciosos, con una dedicatoria dentro. "To Abuelo, Love from Mini", decía el que llegó a casa para mi padre que está de visita. El que parece ser compartíamos el Peda y yo se quedó en algun punto del camino.

Entonces tuvimos una conversación sobre Valentine's. Mini me explicó que es Valentine "cuando quieres mucho a alguien, por ejemplo a tu familia", se lo había dicho Debbie, de la guarde. Ni que decir tiene que aún hay charco de lo que me derretí con esa frase.

Hoy me va a salir un divague de lo más baboso, pero me da igual. Pocas veces digo aquí lo que mi hija ha supuesto en nuestras vidas y lo que me sorprende cada día con su capacidad de observación, sensibilidad, y sentido del humor. Un ejemplo, el video de abajo "Los fantásticos libros volantes del Sr. Morris Lessmore". Estábamos los tres siguiendo esta historia de amor por los libros (porque sí, es otra love story) cuando Mini dijo: "Mira!!!! El Mago de Oz!!!!" en un punto. "Sí, sí", dijimos los padres, que ya estamos acostumbrados a que cada vez que ve St. Paul's grite "Mary Poppins" o el Big Ben insista "Peter Pan".

Al terminar el corto, medio emocionados, leemos: "Inspired, in equal measures, by Hurricane Katrina, Buster Keaton, The Wizard of Oz, and a love for books, “Morris Lessmore” is a story of people who devote their lives to books and books who return the favor". Mini ha pillado una referencia cinematográfica con tres años!!!

Mini, eres la mejor. Te quiero. Y Happy Valentine's a todos.

13 de febrero de 2012

La neurociencia transformará la ley

17 divagues
Hoy, la última entrega del di-serial de neurociencia. La maldad y el cerebro, tema que, a propósito de cine y lecturas, ya hemos tocado en el divlog previamente, por ejemplo a tenor de la peli "Tenemos que hablar de Kevin" (Ramsay, 2011) o del libro "What I loved" (Hustvedst).

Bad or mad?
Pongamos un niño que, al perder en un juego ataca a otro. Pongamos que, además, luego no tiene ningún remordimiento por lo que ha hecho. Para entender lo primero, los investigadores hicieron experimentos con los que llegaron a la conclusión de que algunos de estos niños no entendían interacciones y reacciones que a los demás nos parecen de lo más evidente. Cuando vemos a gente con comportamientos indeseables asumimos que juzgan el mundo igual que lo hacemos nosotros, pero que el actuar mal es que han tomado una mala decisión. Lo que no sabemos es que para el niño que pega porque ha perdido, el que el otro llore no significa absolutamente nada. No lo entiende, no entra en su cabeza. Para intentar aprender más de lo segundo, a esta falta de empatía la llamaron "Callous Unemotional Traits" (CUT) o "Limited Prosocial Emotions" (LPE), una descripción que indirectamente está relacionada con la psicopatía.

Neuroimagen: es su cerebro diferente?

Pero fueron más allá: los investigadores comenzaron a hace escáner funcionales del cerebro de los niños con comportamiento antisocial. En la técnica de la imagen 
funcional, no solo se ve las distintas funciones de partes del cerebro, sino que además lo ve en tie

mpo real. Y en los niños que presentaban con estos síntomas CUT, se dieron cuenta que su amígdala cerebral reaccionaba diferente al ver una cara mostrando miedo. En la gente con empatía y remordimiento, la amígdala se enciende en el escáner, pero cuando más altos estos CUT, menor reactividad mostraba la amígdala a estas caras asustadas. O sea, concluyeron, sus cerebros no reaccionan a emociones como los cerebros de la mayoría.

Dilema moral: y los que no son tan niños?
Pero aquí son surge un problema más profundo: si vemos a este niño que pega no como alguien que ha tomado la decisión equivocada al pegar, sino como alguien con el cerebro diferente... Cómo consideraremos a los adultos que han cometido un crimen?

"Fue mi cerebro quien me lo hizo hacer". Es el concepto de circunstancia eximente por responsabilidad disminuida que ya se usa en casos de epilepsia, por ej, pero... con estos avances en escáners cerebrales, cómo se podrá establecer la línea de lo que está y no está “escrito” en nuestro cerebro? Los investigadores del programa dicen que será imposible, y que habrá que abandonar el concepto "castigo" por el de "tratamiento".

La historia del paidófilo
El papel del sistema límbico cerebral (el "circuito del comportamiento") en el comportamiento criminal se comenzó a entender en 2002 con un caso clínico espectacular. Un hombre que había llevado una vida completamente normal, empezó un día a intentar abusar sexualmente de su hijastra 11 años, y a acumular pornografía en su habitación. Ya convicto por paidófilo, una tarde entró en un hospital quejándose de dolor de cabeza. El médico que estaba en urgencias se quedó impactado por su extrema desinhibición (se metió con una médica del departamento, se orinó en el suelo), y sospechó que algo podía no andar bien en el lóbulo frontal. Cual fue la sorpresa de todos cuando en el escáner apareció un hemangiopericitoma, un tumor que comprimía el córtex orbitofrontal. Cuando le extirparon el tumor, volvió a ser un ciudadano ejemplar, pero, cuando volvió a almacenar pornografía... el tumor había recurrido.

Los investigadores no es que crean que hay "un centro de la paidofilia", sino que el tumor estaba alterando su centro de control de los impulsos. Ya hace más de 100 años que se sabe que lesiones en el córtex orbitofrontal tiene profundas implicaciones en el comportamiento, y hacen a la gente muy impulsiva y desinhibida. El lóbulo frontal es el más avanzado del cerebro, y el que controla el resto.

How free is free will?
Cómo de libre es el libre albedrío? Dicen que tal vez menos de lo que nos gustaría creer: gran parte de nuestro comportamiento está "cableado". A medida que avancen las técnicas de neuroimagen y la investigación, tendremos que revisar la noción de mente responsable, y que la gente está en total control de sus acciones.

Sin embargo la defensa de "mi cerebro me hizo hacerlo", no nos librará de una condena: cuando el hombre del ejemplo tenía el tumor, no era responsable de sus actos porque no tenía capacidad racional. Sin embargo, sugieren, cuando comenzó con los primeros síntomas, aún iba a trabajar, y podía planear lo suficiente como para esconder las revistas, etc... En ese momento, piensan, la ley debería juzgarle como alguien quien no ha perdido totalmente la racionalidad. Otra cosa es cuando estaba en la sala de espera intentando abusar del personal femenino, en la que carece de responsabilidad, porque como dice Woody Allen "tiene un tumor cerebral del tamaño de una pelota de baloncesto"

Sin embargo, el momento de tomar una decisión errónea al final depende del cerebro... "de qué más va a depender? Qué hace mover el músculo que dispara el arma más que una orden cerebral?

El futuro
Es evidente que el cerebro de los que sufren psicopatía es diferente que el del resto de la población. Igual para ellos ya no hay solución, pero tal vez lo que podamos aún hacer es intentar ayudar al niño que pega sin remordimiento del principio, que no puede reconocer los sentimientos: enseñarles lo que es sentirse frustrado, tener envidia, la relación causa-efecto. Esto es todavía una teoría, pero como hemos visto en los divagues anteriores, en especial el de la educación, una de las características más prometedoras del cerebro es su plasticidad...

12 de febrero de 2012

La neurociencia transformará el marketing

4 divagues
El segundo de los programas de neurociencia del programa de estadística (sí, sí, estadística) de la BBC4 "More or less" habla de lo que tristemente parece la base de nuestra sociedad: compra compra. Se dice, se cuenta, se comenta... que las companías y gobiernos están estudiando cómo influenciarnos como consumidores y hacernos más sumisos  a traves de la neurociencia. Será verdad? Antes de empezar, decir que en este programa ha habido más voces discordantes que en el de ayer, sobre la educación: aquí hay muchas más zonas grises. En el Siglo XIX los frenólogos creían q podían definir la personalidad tocando los bultos del cráneo. Hoy esto nos hace reír: haremos reír a nuestros nietos con estos intentos con la neurociencia? Este divague es por intentar "atrapar" algunas de estas ideas por escrito (el objetivo de este blog) y tal vez revisitarlas dentro de unos anios, cuando podamos decir "ya lo dije", o reírnos todos de ellas...

El neuromarketing apela al cerebro no-consciente
En primer lugar describen los esfuerzos de una agencia de "neuromarketing" en la que estudian con EEG y alguna otra máquina la actividad eléctrica del cerebro y dónde miras (esto es muy importante, porque según donde miramos parece ser que razonamos, sentimos, etc). Llegan a la conclusión de que la mayor parte de nuestras decisiones va más allá del consciente, el 95% creen. Y ellos, atención, aseguran que leen el inconsciente: en lugar de preguntar qué es lo que queremos, porque si a la gente le dices lo que tiene que pensar, no lo aceptará. A la gente le gusta creer que tiene opciones. El neuromarketing ayuda a quien quiera vendernos algo a entender la manera en la que tomamos las decisiones.

Imaginemos una persona que va en elefante por un pueblo: la persona es el cerebro conciente, el elefante el no-consciente y el pueblo el contexto en el que estamos. Tradicionalmente se pensaba que es el jinete el que toma las decisiones de por dónde vamos, pero los neuromarketers saben lo poderoso que es el cerebro automático y están susurrando en la oreja del elefante. Por ejemplo, en University College London tienen claro, a través de muchos estudios, que la gente no compra lo que más le gusta, sino lo que cree que le debe gustar más (imagen). Hicieron un experimento con Pepsi y Cocacola, y encontraron que habíá gente que prefiriendo el sabor de Pepsi, compraba Cocacola y viceversa. Su decisión no tenía relación con los químicos que degustaban en el producto, sino con la idea que tenían del producto.

El olfato
Otra técnica de venta muy conocida es atacarnos por el olfato, el sentido que se aloja en una de las partes más ancestrales del cerebro. Una cadena de comida rápida logró aumentar ventas eliminando el olor de grasa (hace falta neuromarketing para esto?). Y parece ser que para conseguir vender una casa bien no hay como hornear pan cuando vengan los potenciales compradores (mmm ese olor).

Las caras, la música
Nuestro cerebro está programado para responder a la caras, no a los nombres. La famosa campania de 118 118, los nuevos números de información en el Reino Unido, tuvo un éxito increíble porque usaron dos caras ochenteras  tan características, y las músicas tan conocidas: es la forma más rápida de llegar a la amígdala (que nos lleva las emociones), la música.



Nudge
La idea de que conociendo nuestro proceso cognitivo podemos mejor conseguir nuestros objetivos y los de la sociedad es la base del concepto de "nudge", explicado en el libro del mismo título. Pequenios cambios en nuestro ambiente pueden ayudarnos a cambiar nuestro comportamiento. Por ejemplo, los epidemiólogos pueden usar el"nudge" para lograr un objetivo social, como reducir la obesidad de la población. Las campanias en las que se dice claro a la gente que deben reducir su ingesta calórica tienen éxito moderado, sin embargo, los experimentos realizados en cafeterías diseniadas usando el concepto de "nudge" (cambiaron el orden en que se mostraba la comida y cambiaron el tamanio de los platos) se redujo el consumo calórico en un 30%.

Otro ejemplo fue el desarrollar una técnica para reducir los pacientes que no aparecen a su cita con el médico. Haciendo a los pacientes repetir en alto la fecha y hora de la cita, o haciéndosela escribir se redujo claramente el "plantón" al médico. Pero fueron más allá: como se sabe que el sentirnos fuera del grupo, el ser los raros nos hace sentir mal (se ha visto que las áreas del cerebro que se "iluminan" en el escánner cerebral son las mismas que las del dolor cuando nos sentimos desplazados), decidieron colgar en la sala de espera un cartel que decía "el 98.5% de lso pacientes vinieron a sus citas". Se dismimuyó en más de un tercio los que no aparecían: la presión del grupo, funciona.

Hay muchos detractores del uso del nudge, de la idea de usar estos trucos mentales que se conoce funcionan para obtener resultados, aunque sean positivos para el grupo. Lo llaman " neuropaternalismo".

Mindfulness, meditación
Pero otros piensan que no es solo manipulacion. Pareceque se está llegando, por otra vía, a encontrar las herramientas para poder luchar con todos estos nudges o influencias exteriores. Los investigadores que estudian lo que pasa en los cerebros cuando la gente está meditando (haciendo mindfulness, no meditación religiosa) se han dado cuenta de que se pueden regular mejor las emociones gracias a esa conciencia de tu cuerpo, por ejempo, enfocándonos en nuestra respiración. Encontraron que la gente que hacía mindfulness eran los mejores en no caer en las urgencias de comprar lo que nos han puesto en las esquinas.

Y maniana, la última de esta serie de neurociencia...

11 de febrero de 2012

La neurociencia transformará la educación

4 divagues
Hace un tiempo escuché unos programas de radio en la BBC sobre el apasionante mundo de la neurociencia. Un mundo con el que hay que tener cuidado porque el cerebro es un órgano tirando a complicado, y cada vez aparecen más gurús que hablan de él como si fuera un circuito de esos con dos cables u bombilla que hacíamos en manualidades. En estos programas, basados en entrevistas a los científicos de las instituciones más serias de este país, hablaban de cómo la neurociencia está transformando (y  transformará) la educación (estudiando cómo la mente aprende mejor), la ley (estudiando la mente del criminal) y el markéting (estudiando qué nos impulsa a consumir). Los temas no pueden ser más apasionantes, así que aquí van algunas ideas sueltas tomadas a vuela pluma por alguien que no es una experta, pero quien se queda absolutamente embobada escuchando cosas como estas. Hoy empezamos con la  educación...


El cerebro cambia según vamos aprendiendo
Fue observando a los violinistas profesionales como se empezaron a plantear el tema de la plasticidad del cerebro. Resulta que la parte del cerebro que controla los dedos de su mano izquierda es más grande que en la población general: y no se trata de que tengan más conexiones neuronales, sino de que realmente esta parte del córtex se ha hecho más grande con la práctica. Esta capacidad para cambiar estructuralmente del cerebro es un descubrimiento relativamente reciente: se sabe desde hace 10 anios que en los animales aparecen nuevas neuronas (dogma era que las neuronas no se creaban) y en los humanos está claro que aprender una nueva habilidad lleva consigo cambios estructurales en el cerebro. Esto tiene grandes implicaciones, como se puede imaginar, en el aprendizaje.





El azar y la incertidumbre como herramienta de aprendizaje
Para empezar, los investigadores se preguntaron porqué los chavales prefieren jugar a los videojuegos que estar atentos en clase. Resulta que el acto de jugar produce dopamina, un neurotransmisor que creen hace al cerebro más receptivo, y es así precisamente porque no siempre se gana, hay una incertidumbre. Los cerebros que están alerta buscando ganar, están más abiertos a nuevos conocimientos porque la dopamina puede incrementar la eficiencia de comunicación neuronal. Así que hicieron un experimento en una clase de historia, preguntando puntos del temario, pero incluyendo un elemento de azar: una vez que acertaran (un punto), el ordenador dictaminaría luego si doblaban el punto, o perdían. La probabilidad de que los chicos recordaran las respuestas pasado un tiempo era mucho mayor cuando tenían que anticipar un premio no seguro, porque esto generaba una respuesta mayor en el reward system del cerebro. Esto explica porqué nos atraen los juegos de azar.

No todo está perdido por un mal comienzo en la vida
Otro ejemplo de la plasticidad del cerebro que reta las viejas ideas de "el primer anio de la vida determinará por completo tu futuro" nos lo da el famoso estudio de los huérfanos de Rumanía adoptados en el Reino Unido hace unos 20 anios. Esto ninios estuvieron en su mayoría desde su nacimiento en orfanatos en los que la estimulación era inexistente. Al ser adoptados, estaban desnutridos, sin vocabulario, y ninguna habilidad prosocial. Pasados cinco anos, y con el carinio y apoyo de sus padres adoptivos, muchos de ellos ya estaban en los percentiles normales de talla, y su Coeficiente Intelectual había también aumentado. Hoy, muchos están en la Universidad, demostrando de nuevo que no está todo perdido por tener un mal comienzo en la vida, y que todas las políticas de "Early Years" en este país se deberían extender también a los ninios más mayores porque, sí, se puede cambiar, de hecho en la adolescencia el cebrebro también sufre grandes cambios.

No le digas a tu hijo lo listo que es
En los 1990s, los gurús de la autoestima dijeron a los padres que debían decir a los ninios continuamente lo listos que eran. Sin embargo, estudios más recientes demostraron que, cuando a estos ninios se les ponían una tarea compleja que no podían resolver, se quedaban bloqueados. Pero los que habían sido elogiados por su esfuerzo, por su tensón, cuando les llegaba una actividad que suponía un reto, simplemente se enfrentaban a él. Su confianza en sí mismos era más alta.

Sabemos que las matemáticas es una de esas asignaturas en las que uno mejora a base de práctica. Sin embargo, de toda la vida hemos oído incluso a los profesores eso de "no te preocupes, no se te dan las matemáticas, no se puede ser bueno en todo". Esto  da licencia a los alumnos para no tener que esforzarse en matemáticas nunca más.

Maniana, más.

10 de febrero de 2012

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3 divagues

Un par de ejemplos de buena publicidad, en este caso de la lotería de Nueva Zelanda: Instant Kiwi.







9 de febrero de 2012

Pobre Contador...y una mierda!

14 divagues
Estoy harta de ver estos días como tooodos los medios se hacen eco de la "desgracia" de Contador. 

Para los que vivan ajenos a este asunto, el ciclista Alberto Contador dio positivo a clembuterol hace un año y medio, después de ganar el Tour de Francia, entre otros. El ciclista culpó de su positivo a la ingesta de un solomillo de ternera. Y por ahí no paso. Como es un tema que me toca de cerca (los pollitos, la granja) y por el que ningún medio ha roto una lanza, diré que los controles en granjas por veterinarios oficiales son continuos, que además existe un plan de residuos nacional que te aplican en el matadero donde te vuelven a analizar los animales y que en caso de incumplir la ley se aplican consecuencias penales. También aclarar que desde el año 2007 no ha salido en España un caso positivo a esa sustancia.

El clembuterol es un "broncodilatador usado en enfermedades respiratorias que además tiene la característica de que actúa sobre el metabolismo aumentando masa muscular y disminuyendo la acumulación de grasas". Por ese motivo fue usado en el engorde ilegal de ganado, por aumentar masa muscular y disminuir grasa (más carne, menos grasa) que es lo que la gente solicitaba al carnicero. Si has llegado hasta aquí y sigues pensando que es mejor un filete sin grasa, que sepas que te equivocas, es más si la grasa está infiltrada, dando un aspecto marmóreo a la carne mucho mejor, más sabrosa y más tierna. Para que luego digan que no se aprende en los blogs. No hay de qué. 

También se usa el clembuterol en algunos medicamentos destinados a combatir problemas respiratorios, ya que al dilatar los bronquios fluye más oxígeno a la sangre y uno se siente mejor. Pero si se sabe leer, en el prospecto avisan de que el uso de X puede dar positivo en un control antidopping y ya ha habido más de un listillo que ha salido en la foto porque "no lo sabía" o porque "me lo dio el médico porque tosía mucho". También hay barritas energéticas que llevan en su composición ingredientes susceptibles de provocar los mismos efectos que el clembuterol.

Pero como el número de espabilados es infinito, los hay que rizan el rizo. Uno puede tomar clembuterol, sacarse sangre muy oxigenada, guardarla en la nevera y después en el momento de la competición, pegarse un chute e ir un poco más "oxigenado" que de costumbre a competir. Lo malo de estas cosas es que no son una ciencia exacta. La cantidad que te metas, la cantidad que tu cuerpo asimile, los residuos que deja, dependerán de un montón de factores que no siempre son controlables (si hace más o menos pis, si te has tomado una aspirina, si estás constipado...). Lo mismo sucede si das clembuterol a un animal. Puede que tenga residuos en el hígado en la orina o en el pelo, pero salvo que se haya comido una gran cantidad de la sustancia de marras no habrá restos en la carne, en el músculo. Corríjanme si me equivoco.

En el caso Contador, hemos de partir de la base de que los análisis se han hecho bien (al final los recortes en el presupuesto afectan a todo y también los kits de analizar son made in China) y de que los resultados se han interpretado correctamente, pues se comparan curvas que tengan una misma trayectoria y existe un margen de error, no siempre es exacto.. También hemos de pensar que nuestros vecinos, los gabachos, han actuado correctamente y no quieren tirar por tierra las andanzas de nuestro compatriota como han ido haciendo con las cajas de fruta en la frontera. Suponiendo que todo eso se hizo bien resulta que el pobre Contador, da positivo a clembuterol. ¡Pooooobrón!

Podría haber muchas más causas de las que explico para que eso suceda, muchas más excusas que dar tipo: "Me tome está barrita que me puso mamá de merienda" por ejemplo o "Me he tomado un X para la tos y no leí el prospecto". Pues no. Ante los resultados positivos, se reúnen los miembros pensantes de su equipo y como les suena lo del clembuterol en animales y las vacas locas y la fiebre del pollo o la gripe del cerdo, deciden que la culpa la va a tener el solomillo de Irún que se calzaron el otro día. Que hay que ver lo malos que son los ganaderos (y por qué no decirlo, qué poca fuerza tienen... ) Y aquí es donde a mi me jode. Bastante mal está el sector ganadero como para aguantar velas de nadie. Que cada palo aguante la suya, "que cague la espina el que comió la sardina".

Porque ellos, Alberto and Co, son inocentes.

Tan inocentes como el francés Gasquet, que dio positivo a cocaína porque había besado a una chica que sí había consumido la muy malota (el Tribunal lo absolvió). Lo que me recuerda a aquello de quedarse embarazada por nadar en la piscina. Será por nadar, pero tu has follado. Pues eso, Alberto tu has comido solomillo, pero has follado fijo. Serán barritas, autotransfusiones, medicinas o el chauvinismo francés. Pero NO ha sido el solomillo. Porque sepan ustedes que aunque Alberto forma parte de un equipo, él es el único autorizado a comer solomillo (el único de su equipo que da positivo es el pobre Contador) a los demás les dan pan bimbo con nocilla y claro, así no da. 

Y una mierda.

Ah y si voy a Irún no pienso comer solomillo sino tranquilamente un buen chuletón.



8 de febrero de 2012

Happy Birthday, Mr Dickens

6 divagues


"It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to heaven, we were all going direct the other way - in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only".



Tal día como hoy, hace 200 años nacía Charles Dickens, uno de los escritores británicos más emblemáticos, uno de esos que han logrado, con sus descripciones, que la Inglaterra victoriana flote de alguna manera en el subconsciente colectivo. Como no tengo la suerte del Peda, que anoche mismo terminó en verdadero éxtasis "Oliver Twist" (y asegura que no fue calculado), me limito a celebrarlo con el principio fastuoso de "A Tale of Two Cities" (1859), a riesgo de repetirme porque, considerando el párrafo de arriba uno de los más grandes comienzos de la literatura, tal vez lo haya ya divagado antes. Un texto que habla de una época, que ya Dickens decía no debía ser tan distante a la suya y que, oh, sorpresa, parece exactamente describir el armaggedon que vivimos hoy.

Múltiples celebraciones este año para conmemorar al autor. Parece que el domingo hubo un paseo literario, con su tataranieto, en el cementerio de Highgate. Gran parte de su familia yace en el glorioso camposanto donde se encuentran, por ejemplo, gente tan admirada como George Elliott, o el propio Karl Marx. En todo caso, pasear por Highgate con la nieve que teníamos el domingo es una de esas cosas que una ha de hacer antes de morir, buscando los fantasmas de algunos de los ilustres residentes. Dickens descansa en la “poets corner” de Westminster Abbey. Las vistas no se pueden ni comparar...
Felicidades y gracias Señor Dickens: Londinium no sería la misma sin usted.

7 de febrero de 2012

Deberes I - La agenda

18 divagues
Deberes. La palabra de entrada suena mal. Será porque rechina a obligación no acabada, postpuesta, a que tienes algo que no es tuyo o porque a muchos nos afecta directamente al bolsillo... Y eso que un amigo mío comentaba que en esta vida lo más importante es el "deber", cuánto más, mejor. Cuánto más debes, más caso te hacen los bancos, decía.  Pero divago.

Pero yo vengo aquí a hablar de los deberes del cole, de la tarea. Y es que yo no sé como han cambiado tanto las cosas, o como hemos cambiado tanto nosotros, los colegios, los niños o lo que sea. Pero aquí ha habido una metamorfosis y sólo nos hemos enterado los que tenemos pollitos en edad escolar. Por supuesto esta entrada no aplica a todos aquellos afortunados padres cuyos hijos han dormido bien toda la vida, han comido bien y variado y ahora hacen los deberes a la primera, con buena letra, sin rechistar y además son los primeros de clase. Lo siento pero no se os podrá dar el diploma de padres al 100%. Selevacer.

Entre los muchos cambios que he notado destaca el de la agenda. Una agenda era para ejecutivos, secretarias, ministros... Ahora los pollitos tienen agendas donde apuntan, entre otras cosas, los deberes. De entrada, lo de la agenda te lo venden como un eficaz método de comunicación entre padres y profesores y hasta te parece una buena idea oye, práctica, inofensiva...  JA! No lo es. Es una putada. Si yo no miro ni mi agenda cada día, ¿como pretenden que controle la de mis pollitos? En la agenda te apuntan los cambios de horarios, las excursiones, los disfraces, las flores del mes de mayo, las tutorías, si ha vomitado, si ha pegado a Pepiño, si mañana toca chándal o si han suspendido la salida del jueves...  Si a mí con dos polluelos me cuesta, no digo los que son familia numerosa. Digo yo que llevarán un desplegable tipo planner, porque si no es imposible. La agenda es un arma de doble filo con el agravante de que muchas de las notitas que te ponen exigen contestación. Veamos un ejemplo:

En mi época cuando el profe ponía deberes había dos alternativas: llegar a casa, hacerlos y corregirlos al día siguiente en clase o no hacerlos y llevarte un guantazo delante de toda la clase también al día siguiente. Así que era un elección sesgada, pero clara. No había dudas. Encima lo más probable era que los padres no se enterasen. Tu sabías perfectamente que si se enteraban cobrabas doble, así que no decías nada y te aplicabas.

En la actualidad los pollitos llegan a casa y siguen teniendo dos alternativas respecto a los deberes: hacerlos y corregirlos al día siguiente en clase (aunque a veces dudo de que los corrijan) o no hacerlos, intentar pasar desapercibido durante un tiempo hasta que el profe en el mejor de los casos se percata e informa a los padres, a través de la agenda, de que "Arturito no rinde como debiera en clase". 

Aunque me considero en contra de la violencia y más aún de la infantil y mi opinión no es para nada objetiva, considero que la alternativa del sopapo se mostraba como más... persuasiva, además de mucho más descansada para los progenitores. Porque si un pollito no atiende en clase, no rinde o no trabaja, supongo que el profesor de turno tendrá algo que ver en ello ¿no? Podrá actuar y castigarlo sin patio, sin comer o sin lo que sea. Pues no. Ellos se limitan a mandarte una notita en la agenda tipo "hoy Pollito ha molestado a Pepiño", "hoy Pollito no ha atendido en mates"... pero, pero ¿será que tengo que estar yo también en clase de mates para que Pollito atiendaaaaaaaa? Dan ganas de contestarle en la misma agenda: "si Pollito no atiende sírvase usted mismo darle un guantazo". Pero entonces entras automáticamente en el terreno de lo políticamente incorrecto y quedas como padre o madre desnaturalizado y además con pruebas por escrito. No te conviene. Así que te resignas, coges la agenda del pollito y piensas:

"A Pollito se le va a caer el pelo, está castigado sin la wii, sin tv y sin salir este fin de semana y como lo vuelva a hacer le va a caer la de Dios"

pero como eres un padre/madre naturalizado y estas en contra de la violencia, traduces y escribes:

"Hablaré con Pollito y tomaremos las medidas oportunas para que esto no vuelva a suceder"

4 de febrero de 2012

Paolo Conte: Via con me (chips chips du du dú)

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Cómo me gusta esta canción. Hace muchísimo frío y dicen que maniana nevará. It's wonderful, it's wonderful, good luck my babe. Pero igual hace sol. Chips chips. Y será sábado, du du du du dú, sh-umbúm. Paolo Conte, du du du dú. Vente conmigo.


2 de febrero de 2012

Maus: "un libro que me inspire energía y valor"

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El fin de semana leí "Maus: la historia de un superviviente", el famoso cómic de Art Spiegelman sobre la vida de su padre: desde galán irreductible en los años 30 polacos, hasta viejo gruñón de Rego Park, en el barrio de Queen's neoyorquino (que estará siempre en mi corazón, allí estuvimos con nuestro amigo J.A. la primera vez que visitamos New York New York), pasando por el horror del Holocausto. Horror que hemos visto en muchas películas, exposiciones, libros y museos- para mí, de lo más impactante (y ya es decir) ha sido visitar el museo judío de Berlín, donde, debido a su arquitectura y diseño, más que información, con lo que te vas es con una "experiencia": agobio, claustrofobia, miedo, ansiedad.

Sobre Maus, no quiero escribir hoy de la náusea que provoca el recordar todas las atrocidades que ocurrieron hace cuatro días, no quiero volver a plantearme cómo de repente tanta gente perdió el sentido y la conciencia, no quiero reflexionar sobre las implicaciones que olvidar semejante barbarie podría tener en un futuro, que se intuye salvaje. Sobre lo que querría divagar es sobre la figura del padre de Art, Vladek, o más en concreto sobre su relación. Estas han sido las partes que más me han tocado del cómic, como si me hubiera puesto una coraza ante el genocidio para poder seguir leyendo cómo un hijo se exaspera con su padre.

El cómic comienza con una introducción sobrecogedora: Art, ratoncito (los judíos son representados como ratones, los nazis como gatos) de pocos años está jugando con sus amigos por las calles de mi recordado Queen's. Tras una discusión de críos, Art vuelve llorando a casa y se lo cuenta a su padre, que le dice: "Amigos? Tus amigos? Si los encerrases juntos en una habitación sin comida una semana... entonces podrías ver lo que es... la amistad!".

La imposibilidad de confiar. Que un padre le diga eso a un hijo de diez años es más que dramático. Que un padre, cuyo rol es dar confianza, ayudar a ver el punto de vista del otro, esté tan destrozado por dentro como para decir eso... me parte el corazón. El propio Art se debate muchas veces durante la narración sobre si su padre ya era así o si la guerra y Auschwitz lo convirtieron en eso. Pero su madrastra, sin ir más lejos, no es así. O su madre, que aquejada de enfermedad mental desde joven acabó suicidándose, tampoco: claro que esto es hipotético porque Vladek, en un ataque de necesidad de olvido -como si eso fuera posible-, quema todo lo escrito por ella. Art se pregunta si está haciendo lo correcto siendo tan absolutamente sincero: está pintando una imagen de su padre como el estereotípico judío del que precisamente quiere huir: "en algunos aspectos es simplemente como la caricatura racista del viejo judío miserable". Pero aún así es valiente y nos describe la extrema austeridad-que llega a miseria-de su padre. El propio Vladek dice "no puedo olvidarlo, desde Hitler no me gusta tirar ni siquiera una miga" tras un episodio en el que quiere devolver a la tienda un paquete de corn flakes empezados que no se va a terminar. O nos cuenta como el haber sido objeto del racismo y la xenofobia no hace que Vladek deje de tener antipatía por los homosexuales y los afroamericanos.

Las secuelas del trauma. Especialmente sobrecogedor es el momento en que, una noche, al oírlo gritar en sueños, Art le dice a su novia: "cuando era pequeño pensaba que ese ruido era el que hacían todos los mayores al dormir". Nudo en la garganta.

Y la culpa con la que carga el superviviente: por qué yo me salvé y no los otros? Por qué tuvo que morir mi hijo/hermano/padre? (Art tuvo un hermano al que nunca conoció). Este sentimiento es muy común en casos de tragedias, algo completamente irracional, pero que nos puede paralizar. Spiegelman también es valiente en su respuesta a los que le acusan de intentar pasar esa culpa a los alemanes que ni siquiera habían nacido entonces: pierden el punto, "muchas de las empresas que florecieron en la Alemania nazi son ahora más ricas que nunca... no sé... quizás todos nos tenemos que sentir culpables... todos, para siempre!".

Durante la lectura de este libro, me he encontrado a veces con él cerrado sobre el pecho y algunas frases que he oído toda mi vida han vuelto a visitarme: "no te metas en política", y la voz de la Yaya. Y todas sus historias, de nuestro pequeño Holocausto particular, campo de pruebas de aquel, donde crueldades sin cuento se repitieron como un ensayo barato, como una placa de Petri amateur, como un Gernika cutre en preparación del despliegue final, la apoteosis de la verguenza con la que el Siglo XX pasará a la historia.

No me ha hecho falta leer Maus para entender de dónde vienen los consejos de la Yaya: los dicta el miedo. Tengo la suerte de pertenecer a una generación que nunca ha tenido que vivir con el terror, que no ha visto venganzas entre paisanos en pueblos pequeños, que piensa que no hay otra manera de vivir que estos años que hemos disfrutado. Así que Maus no es que me haya ayudado a entenderla, pero me ha impulsado a querer actuar. Por ello, ha supuesto para mí mucho más que cualquier libro que haya leído recientemente. Que yo haga de reportera de estar por casa de esta mujer, seguramente mi mayor influencia, creo que no le haría ninguna gracia. Pero yo aún vivo sin miedo, y muy alerta de que libros como Maus e historias como aquellas hay que contarlas.

Imposible no recordar esta frase que me pone alas en los pies, que ya colgué recién estrenado el divlog...

"Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor,
que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar,
que me recuerde la urgencia de actuar”.

De la película Léolo, de Jean-Claude Lauzon (Canadá, 1992)