22 de marzo de 2013

Tras la cortina azul

35 divagues
Como estoy con este virus del Writer´s Block, todas esas pequeñas historias que en el pasado me sentaba inocente a escribir, y de repente me llevaban a encontrarme en el tercer párrafo (a 10 líneas el ejemplar) sin haber siquiera tocado el tema (y entonces los "Pero divago" en un patético intento de centrar) , hoy me parecen absurdas y no dignas de la molestia. Es una enfermedad necesaria, me dicen los dikupas, pero un rollo, añado.

Esta es una historia mínima, una historia prácticamente haiku, que como recordarán los más ancianos del lugar, fue un propósito que hice hace mucho. Un viejo proyecto, aquello de escribir tirando a haiku, porque los divagues se pasaban de castaño oscuro, y algunos derivaban o degeneraban en series. El divague en cuestión se llamaba "Los pobres son tontos, de ahí que lo sean. Y los ricos listos, ídem" (que ustedes pueden adquirir en el hall del teatro, o clicando aquí). Ante mi propósito solo recuerdo el comentario de una tal Mo que dijo algo así como "si tu escribes haikus, yo soy Halle Berry". Bien, casi dos años más tarde, aquí estoy, dispuesta a darlo todo en el mundo haiku:

(Suena un shamisen de fondo)

 Era la tarde aciaga de la cita profiláctica que tenemos las mujeres cada 3 años. No podía colocar a Mini y, bueno, hay cortinas, que se entretenga fuera. Pero el diablo es muy diablo. Quién nos iba a decir (porque el diablo no dice nada) que Mini iba a vomitar en el coche justo cuando estaba aparcando al lado del Centro de Salud. 

Ahorraré nuestros esfuerzos para parecer presentables un cuarto de hora más tarde ante la enfermera. Mini entra en la sala con un jersey de pico mío atado a la cintura a modo de falda frontal, y un pestazo. La enfermera, sufrida trabajadora, lo entiende todo y sonríe. Y que pase yo a la camilla y proceda a quedarme como Mini, pero sin el jersey. 

El objetivo es que mi hija no vea ni intuya absolutamente nada de lo que pasa tras la cortina azul. Le dejo un cacao labial para que se entretenga-y al salir me encuentro a un zulú, pero eso es otra historia. 

En Buenos Aires, 2004
Una vez que estamos dentro, la enfermera me pregunta:

-Are you using any contraception? (Usas algún método anticonceptivo?)

Y, antes de que pueda responder, la vocecita de Mini, que teóricamente estaba a los suyo, desde fuera se alza y dice:

-Yes!!!!, I am in Reception!!! (Sí!!!, estoy en Parvulitos)

Contraception, Reception. Este haiku va por ti, Mini, para que no se nos olvide.

17 de marzo de 2013

Writer´s block

29 divagues
Hasta el título es pretencioso: ahora dicen que escritor es "el que escribe", pero creo que en mi imaginario, sigue siendo "el que escribe BIEN". Y claro, hay tantos por ahí que escriben bien mal, y se dicen escritores...

Ya empiezo divagando: Yo venía a contar que tengo writer´s block (el bloqueo del escritor), todo ello sin ser escritora. Puede algo ser más patético? Bloqueo de algo que no se es. Sentir que no hay nada de lo que quieras escribir, pero sin ni siquiera el vértigo de la pantalla en blanco. Porque la pantalla no se abre. 

Es como si hubiera cerrado esta parte de mi vida. Hasta hace dos semanas, si no escribía era por falta de tiempo. Porque la vorágine del día  a día me engullía, o bien porque físicamente no podía. Pero siempre, en los más de tres años de blog, tenía la necesidad de escribir. Hay algún divague por ahí, todo lo poético que me puedo permitir publicar (aún sigo pensando que hay cosas que no se publican) en el que divagaba de ese impulso, el divagar como tiranía. Un impulso, una fuerza, que se formalizó en el blog, pero que, desde que recuerdo, siempre he tenido. Escribir. Y hay mil divagues en los que me quejo de no tener tiempo para escribir todo lo que necesito. Son legión, pero por ejemplo este (cure for this?).

Escribir para pensar. Para encontrarme con otros. Para pasármelo bien. Ese es el único objetivo del blog. Es genial que te lean y me encanta que la gente comente, pero nunca ha estado arriba en la agenda. Escribir el blog es algo que hago por puro placer, porque la sensación de tener mil ideas nadando en la cabeza y por fin poderme sentar a darles rienda suelta es de las que más me gustan. Suele ser de noche, cuando Mini ya duerme y el Peda lee,  y todo está  tranquilo. Es un regalo. Y terminarlo, y saber que esa parte de mí estará allí dentro de unos años, para intentar reconocerme luego (y sonrojarme, probablemente). Es como una carta para mí misma en el futuro.

Pero en estas dos últimas semanas no he querido. Los griegos lo llaman "anhedonia" y los psiquiatras lo han tomado prestado para describir ese estado de los depresivos en el que no se encuentra placer haciendo nada de lo que antes les parecía plancentero. Antes de crear alarma, no es que no encuentre placer en nada. Mi vida discurre como antes, leo, trabajo, juego... es escribir. 

Y no es por falta de temas: estas semanas me han pasado cosas divertidas, absurdas, he leído cosas interesantes, me he cabreado, me he reído, alegrado, llorado y el mundo no deja de darme ocasiones para divagar y reír por no llorar. Pero el 8 de Marzo, y no escribir una línea hizo saltar la alarma: algo pasa. Que siga evitando el rincón donde escribo para siquiera colgar una frasecita de la Woolf, una cita de Betty Friedan, una foto. Para arremeter (sí, aún es necesario) contra la sociedad machista y sus víctimas y las petardas del mundo que les dejan.  Not like me. Pero para qué. 

No sé. Será una fase. Pero hoy he leído que hay alguien ahí fuera está actualizando, y me ha llenado de ternura. Tanto como para escribir esto que es tan poco like me.

Muchas gracias.


3 de marzo de 2013

Man Ray: Exposición en Londinium, Midnight in Paris

24 divagues
Hace unos días estuvimos con Los Maestros en la exposición de Man Ray en la National Portrait Gallery, aquí en Londinium. No es la primera vez que divago sobre una foto de Emmanuel Rudnitzky (su nombre de pasaporte):  ya lo hice hace un par de años en "Plagiomenaje", por cierto una de las entradas más visitadas de este divlog. Supongo que indica el interés que despierta este fotógrafo entre los gugleadores.

Man Ray comenzó su carrera como pintor en Nueva York. Allí visitó la Galería de Arte 291 (fundada por Alfred Stieglitz's, sita en el 291 de la Quinta Avenida, no una mala plaza) y se inició en esto de la fotografía porque no encontraba a nadie que le hiciera reproducciones fotográficas de sus pinturas. Allí conoció a Marcel Duchamp, que acabó siendo su colaborador y amigo, y se cambió a vivir a París. En la Ciudad de la Luz montó un estudio de retratos, conoció a los dadadístas, y se hizo el fotógrafo indispensable para intelectuales y artistas. Pronto su círculo de conocidos se extendió a los surrealistas. 

 
En la exposición de la National Portrait gallery hay retratos de Ernest Hemingway, James Joyce, Berenice Abbott, Marcel Duchamp, Pablo Picasso (1922), Georges Braque, Tristan Tzara, Jean Cocteau, Louis Aragon, André Breton, Jaques Rigaut, Henri Matisse, Aldous Huxley, Virginia Woolf, Dora Maar, Wallis Simpson, Coco Chanel, Salvador Dalí, Max Ernst, Lee Miller, Dolores del Río, Henry Miller, Ava Gardner, Yves Montand, Catherine Devenue, Paul Morand, Juan Gris, Antonin Artaud, Kiki de Montparnasse... Por nombrar los que me sonaban, y por supuesto, también estaba el famosísimo "Le Violon d'Ingres" . 




 


Al salir, el Peda comenta sobre "el Facebook de Man Ray", y todos corroboramos, con envidia insana. Es como ver "Midnight in Paris" (Woody Allen, 2011) de nuevo, esa época mágica de los locos años 20, en la que a todos nos hubiera gustado vivir en París. [Divagando: igual que la de la Barcelona anarquista que describe Orwell en "Homage to Catalonia" una década más tarde a la que me transportó una presentación de libro de Julián Casanova a la que fui durante mi paso por Vetusta]. La exposición está petada, como suele pasar en esta ciudad, y como muchas de las fotos son muy pequeñas, si uno tiene libre un martes a media mañana, igual es mejor horario: solo estarán los turistas.


Ha sido difícil la elección de las tres fotos de este divague, había tantas. Me quedo con estas tres porque, en el caso de la primera, tengo una veneración muchas veces aquí reconocida por la Señora Woolf. La segunda es una colaboración genial que hizo Man Ray para un cartel del metro de Londinium (exposición en el Museum of Transport, de la que espero divagar pronto). Y la tercera, una de sus múltiples fotos a Lee Miller, también fotógrafa, aprendiza, musa, amante, asistente... mantuvo con Ray una relación de las que, siguiendo la estela de los últimos divagues, no hay espacio para aburrirse en un sofá.