29 de abril de 2018

El final de mil silencios es el principio de otro mundo

3 divagues
Hace unos meses empecé un divague, allá por la época cuando publiqué mi análisis del relato "Cat person" (que aniadió un punto más a la campania #MeToo de gente de Hollywood que a propósito de Wenstein empezaban a decir que ellas también habían sido presionadas, abusadas o violadas). Aquel relato me tocó mucho (ya expliqué que lo leí con el corazón encogido) porque, primero, no era difícil empatizar con la protagonista aunque no hubieras vivido algo similar, pero, segundo, porque como todas las mujeres que conozco, he sido acosada por ser mujer, de una u otra forma, muchas veces. El borrador de aquel divague, sobre mi particular #MeToo se quedó ahí, enterrado entre otros divagues de libros, Londinium, pelis, viajes y anécdotas. Enterrado, pero no olvidado.

El coraje llama al coraje en todos los sitios, Millicent Fawcett
Luego vino el 8 de Mayo. Escribí otro divague enorme, un panfleto feminista, lleno de rabia y de ganas a la vez. Se me fue de las manos, como a veces pasa: era larguísimo, no tenía foco y tocaba mil temas, entre ellos el #MeToo. Al final lo resumí  de mala manera y salí por la tangente con una manera muy típica en mí: el humor. Colgué un video de risas y (me hice creer que) pasé página. A ver, no digo que el humor no sea una manera excelente de pensar y hacer pensar, pero lo cierto es que es un mecanismo de defensa. Pero el Pepito Grillo en mi hombro cada vez en voz más alta me decía de qué vas.

Por qué no publiqué?


Por qué? No puede ser vergüenza: racionalmente sé que estas situaciones no han sido mi problema, sino el de ellos. Por qué entonces? Tirando del hilo llego a mi legendaria aversión a ser compadecida, odio el papel de victima, detesto dar pena (aunque tristemente, como todos, muchas veces la dé).  No quiero que la gente me anime ni que me den palmaditas en el hombro. Pero... hasta cuándo se justifica este orgullo cuando hablamos de un problema que nos afecta a todas, que ya no es personal, sino político?



Anoche me impactó escuchar a una monja de clausura en la SER y su frase: "Tenemos responsabilidad con nuestras palabras y con nuestros silencios". Me pareció especialmente bonito el uso de la palabra silencios, ellas que viven sin ruido, sin cosas, sin prisas. Y aún así, decidieron romper su silencio para decir que hay silencios cómplices. Volvemos al famoso "vinieron a por los judíos, pero no dije nada, porque no era judío". Así que anoche decidí que tenía que desempolvar aquel divague y publicarlo, aunque me costase. Porque encima, soy mujer y como a casi todas, me ha pasado. 

La primera vez, esto sí que lo conté, me pellizcó el culo otro ninio con 9 anios en unos campamentos. Le metí una patada enorme con las chirucas, pero aún hoy recuerdo lo fatal que me hizo sentir. Lo terrorífico es que a Mini esto mismo ya le ha pasado-en un colegio en Vetusta al que fue durante sus vacaciones británicas. Y vi en su cara que se sentía exactamente igual que yo, décadas después. 

Cuando tenía 13 anios iba andando con un grupo de amigas, y de repente, nos pitaron desde una furgoneta. Recuerdo perfectamente la calle. Me interesé por ver si eran conocidos de alguna de ellas y una me aclaró: "no sabías que cuando un grupo así de chicas va por la calle, los hombres pitan?"

No lo sabía, pero vaya que si lo aprendí, y también aquello otro de lo que suponía pasar sola por delante de un grupo de tíos. Había que desviar la mirada, disimular, y pasar lo más rápido posible. En el Reino Unido, desde el principio noté que esto era menos prevalente que en la península (por no hablar de Italia, claro, o en Egipto donde literalmente casi se me lleva una marabunta de tíos que me rodeó), pero también se da (recordemos sin ir más lejos este tío haciendo gestos masturbatorios sin dejarme mover el coche). Aún a día de hoy, cuarentaybastantes, sigo como acto reflejo esperando lo peor cuando paso por ciertos grupos de hombres. 

Fui a un cole de monjas y solo chicas, así que afortunadamente no tengo historias de profesores que se pasan en esa época, aunque no me libré de que por ejemplo me tocaran el culo en un partido de baloncesto a los 15. En aquella época, seguro que me sentí culpable por haberme subido a esa valla. En la facultad tampoco hubo incidentes, aparte de un profe de prácticas que me preguntó si "hacía algún deporte", y yo, inocente, debí dar explicaciones que le importaban un pepino porque lo que quería es decirme "cómo mantienes ese cuerpo".  

Cuando empecé a trabajar, ya en la isla, yo aún era una inocentona del diez. Un día, un compañero de trabajo (que estaba casado, tenía 5 hijos, y era predicador de nosequé religión) me dijo que me había traído los libros que le encargué y que los subiera a buscar a su piso. Vivíamos en residencias al lado del trabajo, y él tenía a la familia en otra ciudad. Subí, sin más, y una vez arriba me dijo que "le diera un beso". Evidentemente me fui horrorizada y el surrealismo siguió los demás días, en los que vino llorando, diciendo primero que teníamos que limitar nuestro tiempo juntos (culpándome, no me podía ver) y luego "que lo había hecho para comprobar si yo era fiel a mi novio" (claro, hay que entenderle, era predicador, ese es su trabajo). Sí, lo sé, es enloquecido, pero así de anormal es alguna gente ahí afuera. Ayer, hablando de estos temas con mis padres, que están aquí, les conté esta historia, que no les había contado jamás. Se quedaron en shock, enfadados, tristes. 

Alguna gente, por lo que una lee por ahí dirá, "por qué subiste al piso de ese predicador". Será culpa de una mujer, confiada, el que un hombre sea un cerdo. Seguro que muchas miramos atrás y recordamos cosas que, por culpa de otros, de ellos, pueden ser catalogadas de "imprudencias". Quién no ha ido de noche andando de un pueblo en fiestas a otro, quién no se ha metido en el coche de una gente que has conocido esa noche en Ibiza para ir a otro bar, quién no ha vuelto a casa sola en un taxi que a saber quién lo conducía? Ese pavor aún lo recuerdo, el del taxi y la posibilidad de que fuera un tipo que "te llevara a un descampado". A la hermana de un amigo la intentaron llevar. 

No soy ni tengo apariencia de mosquita muerta, y puedo ser muy directa, y aún así he sufrido a hombres que han intentado presionarme aprovechando que ellos eran tíos en distintos aspectos (amoroso-sexual, y también profesional). Con ellos he lidiado de distintas maneras, cada vez mejor según avanzaba mi edad. Y esto es verdaderamente sobrecogedor: cuanto más joven eres, menos equipada estás para combatir estas mierdas, y cuando pienso en Mini, me revuelvo. Porque estas mierdas no tendrían que estar pasando, ni seguir pasando. 

Leyendo lo que mucha gente ha escrito estos días sobre sus particulares #MeToos me he dado cuenta de que, en el fondo, he tenido mucha suerte. Todo lo que me ha ocurrido es menor, pero me ha ocurrido. Y lo escribo aquí hoy solo para agredecerles a las valientes que han compartido situaciones verdaderamente traumáticas, abusos y violaciones muchas desde ninias, y por su propia familia, que hayan dado un paso más para contarlo. 

Porque si algo no se cuenta, no ha pasado, y si no ha pasado, no hay que cambiarlo. 

Por eso hasta las monjas de clausura han decidido romper su silencio. 

26 de abril de 2018

"La soledad del corredor de fondo" de Allan Sillitoe: Look back in anger

4 divagues

"La soledad del corredor de fondo"  ("The loneliness of the long-distance runner") es un libro de relatos de Allan Sillitoe, publicado en 1959. También se hizo una película en 1962.


Sillitoe pertenece a los "angry young men" (jóvenes cabreados), un grupo de escritores de los anios 50, a los que no gustaba esa etiqueta.  Entre ellos están también Kingsley Amis, John Osborne. Dicen que el nombre viene de la promoción de la obra de teatro de este último "Look back in anger" (1956). [Divague: cómo me gusta ese título, "mira hacia atrás con ira"... seguro que inspiró a los Oasis para su "Don't look back in anger", una canción que también me encanta). Cierro paréntesis]. Por qué estaban furiosos estos chavales? dicen que estaban desilusionados con la sociedad británica tradicional. [Más divague: a veces me planteo el porqué de ese demesdido culto por lo "tradicional", mantener las  costumbres, incluso cuando en gran parte son basura (o cuando miras alojamiento de vacaciones y dicen "casa tradicional-suele ser un chamizo). En mi libro de filosofía pop he conocido a Jurgen Habermas, que dice "la sociedad depende de la crítica de sus propias tradiciones. Porque las tradiciones no son necesariamente en el interés de los individuos, y hemos de ser capaces de cuestionarlas, razonando en la esfera pública para construir consenso, que traiga cambio y así haga más fuerte a la sociedad".  Me tranquiliza que no soy la única iconoclasta del barrio.]



En "La soledad del corredor de fondo", Sillitoe nos cuenta la historia de un adolescente pobre de Nottingham (de donde era Sillitoe) que está en un centro de detención de menores delincuentes (lo que antes aquí se llamaba Borstal) de esos cuya filosofía es "reintegrar en la sociedad". Ya saben: educar, en lugar de castigar, para que estos chavales volvieran al camino adecuado. Talleres de carpintería, punto de cruz, algo de gimnasia, tal vez terapia y voilá! Los jóvenes delincuentes ya están listos para salir amando a la vida y a la sociedad porque, total, por qué estaban en borstal? Por el pecado de ser haber nacido en una "familia desfavorecida". Esto era así en la época que se escribió este libro, y lo sigue siendo: mayoritariamente las cárceles están llenas de pobres. Y si el país es multicultural, de pobres negros. 

En el particular reformatorio que está nuestro protagonista, los directores y demás chusma quieren que los chavales corran para que ganen nosequé trofeo que dará mayor gloria al establecimiento, "queremos trabajo duro honesto, y queremos buenos atletas".. Y es que nuestro héroe es muy bueno corriendo-comienza el libro con la broma "en mi familia lo somos, especialmente escapando de la policía".  Pero nuestro chico tiene una rebeldía y una ira tal que les da un corte de mangas desde la primera línea. Esto es lo que más me ha gustado del relato, su tono eminentemente anárquico, desafiante, oposicional. A la mierda todos. 

A la mierda el ejército también: "me querrán meter en el ejército, los cabrones... pero cual es la diferencia entre el ejército y la cárcel?". Me encanta el profundo antimilitarismo del libro. "Mandándome al reformatorio me han enseniado el cuchillo, y ahora sé que hay guerra entre ellos y yo. Sé cuales son mis enemigos y cual es la guerra" Me encanta que en el fondo está hablando de la lucha de clases: a él le da igual que tiren bombas, las guerras del gobierno no son la suya, y nunca irá a luchar por su patria o los valores de la sociedad bien-pensante que quiere que se reforme. No, él tiene su propia guerra, nació en su propia guerra. 

A la mierda los carceleros, a los que considera muertos, en contraste con él, que está vivo: ellos no podría correr ni la quinta parte de lo que corre él, colapsarían. Están muertos. Son tipos así que tienen la voz cantante sobre chavales como él... y él prefiere pasarse toda la vida en la cuerda floja que ser un muerto viviente como ellos. Tal vez cuando llevas la voz cantante sobre otros es cuando empiezas a estar muerto."Sed honestos", dijo el director un día, y a él le sonó como "Estad muertos, como yo". "Sed honestos en un trabajo de £6 como yo"

“Don't let the bastards get you down.”  

Y para terminar, lo que encuentro fascinante del relato es cómo el protagonista nos lleva de la mano sobre la experiencia de correr. Y esto lo escribe alguien que no le gusta correr resistencia, y que no puede entender la fiebre que aqueja a muchos de sus amigos, conocidos, y vecinos, a juzgar por cómo está el parque de delante de casa: siempre hay alguien corriendo. Pues bien: leyendo el relato me llegué plantear intentar correr, una vez más, probar a ver si por fin me daba esa mística o esa droga que a buen seguro son las endorfinas que los tienen a todos enganchados-pero que a mí no me llegan, tal vez porque no me expongo el suficiente rato al dolor. (Lo volví a intentar. Un día. No es mi momento)

Lo primero, hay que tener en cuenta que esto fue escrito en 1959, cuando ninguna tontuna del correr existía. En aquella época yo no había nacido, pero en los 70 yo solo conocía que corriera a mi padre en vacaciones en Bellver, que se iba pronto a la montana con un chándal azul marino con rayas laterales, como el de Di Stefano (mi primo). Pues bien, ya en 1953 Sillitoe pone en boca de un chaval de reformatorio conceptos como lo que se piensa cuando uno corre ("el discurrir" del paseante, pero a más velocidad). Sillitoe es un visionario. 

El chaval nos cuenta cómo los cabrones de los carceleros podrán leer su comportamiento, pero no su mente, que se desata al correr. Ese correr que es "50 veces mejor que beber". Habla de momentos mágicos corriendo en los que la mente se le queda en blanco, no hay un solo pensamiento, o palabra o imagen en su mente, está vacía. 

"I'm the only one in this running bussiness with this system of forgetting that I'm running because I am too busy thinking".

Y cree que pensar profundamente es tonto, porque te lleva a ningún sitio, pero correr por la maniana temprano es como "una pequenia vida"

"If any of you want tips about running, never be in a hurry, and never let any of the other runners know you are in a hurry even if you are... I ran to a steady jog-trot rhythm, and soon it was so smooth that I forgot I was running, and I was hardly able to know that my legs were lifting and falling and my arms going in and out, and my lungs didn't seem to be working at all, and my heart stopped that wicked thumping I always get at the beginning of a run. Because you see I never race at all; I just run, and somehow I know that if I forget I'm racing and only jog-trot along until I don't know I'm running I always win the race... I was in my element that afternoon knowing that nobody could beat me at running but intending to beat myself before the day was over". 

Si quieres consejos para correr, no vayas con prisa. No compitas, solo corre. Y cosas así, que supongo servirán para forrar las paredes de algunos fanáticos del correr. Pero lo mejor es cómo nuestro chico cierra el tema, cómo se rebela, boicotea, jode. Y rechaza ganar su carrera, la del director. 


Rechazando ganar no solo les ensenia el dedo del centro al director del borstal y los demás encorbatados, sino que les ensenia cómo sus carreras nunca tienen un ganador aunque haya un tipo que llegue el primero. 

Porque el prota, como Sillitoe, está cabreado. Y tiene demasiadas razones para "look back in anger" (I heard you say).






21 de abril de 2018

Como nos sobra el tiempo, hoy: "Colonia Marciana"

15 divagues
Como ya divagamos anteriormente, en el colegio de Mini consideran que es interesante -y tal vez positivo para nuestro desarrollo- que los padres hagamos, un par de veces al anio, lo que antes se conocía como manualidades, hoy lo llamaremos pequenias-obras-del-pilar. Los espumarajos, sapos, y culebras ya los eché todos aquí, cuando hubo que hacer un "invento victoriano", y la pobre Mini llevó una bombilla, mientras que los padres de otros  ninios se curraron puentes de suspensión.

Parecía imposible, pero esta vez se han superado: para nuestro entretenimiento de Semana Tonta el sádico de turno eligió que construyéramos una "MARS COLONY" (una Colonia Marciana, un potencial asentamiento humano en Marte). Socorro.  Un día, cuando aún no me creía que esta era verdaderamente la misión, planteé el tema por aquí medio jiji jaja, y el divagante LUX se descolgó con uno de sus juegos de palabras que resultó una gran idea: enviar la ninia al cole con un frasco de colonia al que le pegaríamos un marcianito, verde, claro. Incluso el emoji del comecocos podría servir.

Pasaron los días. Lo olvidé. Misión abortada. Mini se quedó con sus dos tandas de abuelos en la península durante las vacaciones, y yo volví a la isla sin preocupación. Claro que, al ir pasando los días, Mini empezó a dejar caer insinuaciones por teléfono: "Os acordáis de la Colonia Marciana?" Estaba claro que no íbamos a hacer ninguna colonia, aunque las conversaciones se hacían cada vez más insistentes:
- "Mummy, Daddy, tenéis ya los materiales?"
- "No"
-" Pero... jooo"
-"Esto no es para que aprendan los ninios, objeto a hacerlo para más gloria del cole y blabla.."
- "Id empezando vosotros".  
- "Ya lo harás con el Yayo el domingo que tenéis un día entero"
- "Pero id empezando vosotros"

Otro día:
- "Mummy, daddy, estoy bajo mucha presión, qué pasa con la colonia". 
- "He traído del curro un cartón grande -un calendario planner de 2017- que hará de base"
- "Pero solo eso? Es toda una colonia, con sistema de agua, comida, almacenes..."
-  "Mini, pero que no sabemos hacerlo!"
- "Just google it!" (guglealo!). 

Ja.

Mini llega el sábado por la noche con sus abuelos, y mi pobre padre (que ya se había chupado mis manualidades escolares) se pasa todo el día con ella diseniando la colonia. Tiene invernadero, y molino (con su fidget spinner), y más cosas que a saber qué representan pero que en su día fueron, por ejemplo, un objetivo de mi vieja Nikon. 

Hoy ha sido el día de Puertas Abiertas y... Mini  y Lisi han triunfado!!! Un gran trabajo la colonia marciana...



Pero la pequenia ácrata que hay en mí sigue inspirada por la idea de LUX, y aniora no haber enviado un frasco de Varón Dandy con E.T., por ejemplo: como además el juego de palabra es intraducible la broma se habría perdido en el éter, el éter de los ejpanioles. 

Así que para desquitarme, le pido ayuda a JAL (el Padre de todos los Kuniados) que me prepara lo que de verdad hubiera querido enviar al colegio como Colonia Marciana... ehem... Marxiana... Marxista!

Para ella, para él, en su bonito packaging les presentamos la nueva fragancia para esta primavera... MARX COLONY.

Marx Colony: Parents of the world, UNITE!

14 de abril de 2018

"Farenheit 451" de Ray Bradbury: Porno para bibliófilos

32 divagues

"Farenheit 451" es de esos libros que una no recuerda si fue leído en Uruguay o qué, porque se lía con "Un mundo feliz", "1984", "La naranja mecánica", "The handmaid's tale" y otras distopías lejanas. El caso es que yo no lo había leído, pese a estar en la estantería desde hace siglos al ladito (ordenamos por autor, no color de la tapa) de "Crónicas marcianas", esperándome. 

Todo el mundo conoce el argumento de "Farenheit 451", que es la temperatura a la que arde el papel: los bomberos de este futuro terrible en lugar de apagar incendios, los encienden: queman libros (“It was a pleasure to burn", otro de los comienzos famosos de la literatura). La imagen de pilas de libros quemándose es tan fuerte, la hemos visto en tantas pelis de nazis-o de Indiana Jones, que podría resultar facilona como metáfora, pero hay que entender que el libro fue escrito en 1953. Esta cifra, más que el 451, es la que me ha maravillado más durante la lectura. 

Prefacio: el proceso de escribir
Pero antes de empezar, el libro de Bradbury tiene un prefacio maravilloso escrito por el autor en 1993. En él cuenta todos los problemas que tuvo para publicar lo que en principio eran historias cortas, como por ejemplo "Bonfire", en la que el protagonista reflexiona sobre sus grandes pasiones la noche antes del fin del mundo: Aristóteles, El Greco, Swift, Renoir, Faulkner, Miguel Angel, Shakespeare, entre otros. Se puede ver un granito de lo que luego sería Farenheit: qué ansiedad, perder todo esto. También nos cuenta cómo un día iba paseando y hablando con un amigo por las calles de LA, cuando un coche de policía paró para preguntarles "qué estaban haciendo". Cuando le dijeron que "andando y hablando", el poli pareció preocupado. Imagínese, alguien andando en LA!!! Y hablando!!! Qué traman? A partir de aquí Bradbury escribió el relato "The Pedestrian", sobre un futuro donde caminar por el placer de hacerlo estaba prohibido. Ambas historias son gérmenes de Farenheit. Además en este prefacio nos habla de su proceso como escritor, cositas que a los que intentamos juntar palabras siempre nos encanta leer. Atención a esto:

“I cannot possibly tell you what an exciting adventure it was, day after day, attacking that rentable machine, shoving in dimes, pounding away like a crazed chimp […] I was, like Melville’s hero, madness maddened. I had no way to stop. I did not write Fahrenheit 451, it wrote me. There was a cycling of energy off the page, into my eyeballs, and around down through my nervous system and out through my hands. The typewriter and I were Siamese twins, joined at the fingertips.”

No escribí Farenheit 451, ella me escribió a mí: qué maravilla, y cómo le entiendo. "Soy un escritor pasional, no intelectual, lo que significa que mis personajes deben zambullirse antes que yo para vivir la historia. (...) Montag corrió, y le seguí, y estoy agradecido de que escribiera esta historia". Me he quedado con ganas de leer su libro "Zen and the art of writing", que debe ser un festival. Una última frase sobre su proceso de escritura:  "Every morning I jump out of bed and step on  a land mine. The land mine is me. After the  explosion, I spend the rest of the day putting the  pieces back together. Now, it's your turn. Jump!"  Zest. Gusto. Curiosity. These are the qualities  every writer must have, as well as a spirit of  adventure. 

Introito
Entrando en la novela, enseguida conocemos a Guy Montag, el bombero que nos va a guiar, vía de "El viaje del héroe" que se repite en toda historia que se precie (el héroe en cuestión sale de su zona de confort, se confronta con nuevas verdades, sufre una transformación, expiación y regreso/resolución). Nota: este es un concepto acuñado por Joseph Campbell, el de "El héroe de las mil caras", del que no puedo hacer un divague porque es un libro infumable: Campell está profundamente influido (tarado) por Freud y demás panda de payasos pseudocientíficos, así que no pasé del primer capítulo. Pero la idea del viaje del héroe es interesante y se puede aplicar desde Ulises hasta E.T., pasando por Jesucristo. Y también aquí. Pero divago. La historia se divide en tres partes, de las que yo he disfrutado in decrescendo, porque al principio se nos presenta ese mundo extranio y hostil, y a medida que avanza, hay más acción, hay que resolver. 

El valor predictivo de la ciencia ficción
Parece obvio decir, ya que se ha escrito mucho sobre la capacidad de la ciencia ficción para hacer predicciones de lo que luego vendrá, pero con esta novela yo me he maravillado constantemente por la casi exactitud con la que describe lo que es la vida de alguna gente a día de hoy. Por ejemplo, Mildred, la mujer de Montag, está totalmente absorbida por las posibilidades tecnológicas de esta sociedad: desde el "parlour" hasta las "abejas electronicas". El "parlour" es su máxima aspiración: una habitación donde las cuatro paredes son en su totalidad pantallas, y en ellas se proyecta 24 horas gente (que pasan a ser como su familia) que hablan sin parar y discuten entre ellos. Erm, un momento: no es esto un resumen de la programación de Tele5? Porque no hay más que pasar de puntillas con el mando y ver a los mismos gritándose entre ellos, lo escalofriante  pensar en los millones de personas que están siguiéndolo desde casa. Mildred y Montag no tienen hijos, pero la gente que los tiene, cuando vienen del cole los enchufan a este "parlour" y ya está "es como hacer la colada, los metes dentro y cierras la puerta". Qué imagen. 

Las "abejas electrónicas" también tienen un paralelismo actual. Alguien ahí adicto al podcast? Doy un paso al frente: siempre que hago actividades que no requieren concentración (viajar, llenar el lavaplatos, ducharme), estoy escuchando la radio. Pues los habitantes de este futuro están enganchados a algo que son esencialmente podcast, usados aquí para adormecer, cuando yo me cuento a mí misma que lo que escucho es para informarme. Me imagino a las hordas caminando como zombies, con el zumbido de las abejas de fondo. escuchando tal vez consignas, y sin escucharse entre ellos. 

Nobody listens anymore. I can't talk to the walls because they're yelling at me, I can't talk to my wife; she listens to the walls. I just want someone to hear what I have to say. And maybe if I talk long enough it'll make sense. And I want you to teach me to understand what I read.”

Bradbury lo usa como metáfora de la falta de comunicación entre la gente, y con uno mismo... "Mildred, la otra Mildred, está tan dentro de esta, que nunca se han conocido".  La muñeca rusa Mildred, la cebolla Mildred. 

Y hay más imágenes como estas, como el banco abierto toda la noche con robots como dependientes, o la pantalla de televisión del tamanio de una postal, "algo a lo que pudiera hablar" (no está describiendo un "teléfono inteligente"?). Todas te dejan un poco petrificada, la realidad virtual, los robots que trabajan, todo esto está ya aquí. Lo queremos todo? Parte? Habrá que repasar "Homo Deus". 

Complejidad? No gracias! La cultura popular es mala para su salud
Una no puede dejar de pensar qué diría Bradbury de la sociedad en la que vivimos hoy. El autor dijo repetidas veces que su novela no iba de la censura, sino de la idiota influencia de la cultura popular en la población, que queda adormecida. Todo lo que sea un mínimo de complejidad se descarta, porque lo que interesa es algo ya medio masticado, de consumo rápido, que entretenga, que no nos lleve a plantearnos nada. 

"Picture it. Nineteenth century man with his horses, dogs, carts, slow motion. Then, in the twentieth century, speed up your cameras. Books cut shorter. Condensations. Digests. Tabloids. Everything boils down to the gag, the snap ending. (...) Speed up the film, Montag, quick. Click, Pic, Look, Eye, Now, Flick, Here, There, Swift, Pace, Up, Down, In, Out, Why, How, Who, What, Where, Eh? Uh! Bang! Smack! Wallop, Bing, Bong, Boom! Digest-digests, digest-digest-digests. Politics? One column, two sentences, a headline! (...) School is shorted, discipline relaxed, philosophies, histories, languages dropped, English and spelling gradually neglected, finally almost completely ignored. Life is immediate, the job counts, pleasure lies all about after work. Why learn anything save pressing buttons, pulling switches, fitting nuts and bolts?"

Programas de "cultura general" donde se bombardea a los participante con preguntas sobre datos sin análisis (en qué anio tal batalla? sin preocuparnos por qué esa batalla). Interesa el porqué no el cómo. Madre mía: qué diría Bradbury hoy de Twitter, por ejemplo? 

“If you don't want a man unhappy politically, don't give him two sides to a question to worry him; give him one. Better yet, give him none. Let him forget there is such a thing as war. If the government is inefficient, top-heavy, and tax-mad, better it be all those than that people worry over it. Peace, Montag. Give the people contests they win by remembering the words to more popular songs or the names of state capitals or how much corn Iowa grew last year. Cram them full of noncombustible data, chock them so damned full of 'facts' they feel stuffed, but absolutely 'brilliant' with information. Then they'll feel they're thinking, they'll get a sense of motion without moving. And they'll be happy, because facts of that sort don't change.”   

Qué diría de que no se estudie latín, filosofía, de que la universidad sea una fábrica de empleados en lugar de un lugar donde aprender a pensar, y que, en búsqueda de mejor empleo, la gente solo quiera acumular trozos de papel llamados títulos, aunque sean de mentira?

Para tener adormecida a la población, el poder siempre ha usado el "panem et circenses", desde ver a cristianos ser devorados por leones, hasta la propia religión ("el opio del pueblo", gracias tío Karl) cuando se hace mainstream y en estos momentos, parece haber múltiples opciones, pero tal vez la mayor sea el (puto) deporte. Lo siento, a mí aburre el deporte y sinceramente, lo del fútbol no lo entiendo (pese a tener una bandera de la Real Sociedad colgada junto al albornoz en la puerta del dormitorio). No puedo ser indiferente: me pone enferma ver los titulares del periódico, y la proporción de deportes en ellos, por no hablar del tiempo que le dedican en los telediarios. Es la "terrible tiranía de la mayoría": el más peligroso enemigo de la verdad y la libertad: el sólido inmóvil ganado que es la mayoría".

More sports for everyone, group spirit, fun, and you don’t have to think, eh? Organize and organize and super organize super-super sports. More cartoons in books. More pictures. The mind drinks less and less. Impatience. Highways full of crowds going somewhere, somewhere, somewhere, nowhere. The gasoline refugee. Towns turn into motels, people in nomadic surges from place to place, following the moon tides, living tonight in the room where you slept this noon and I the night before.”

Autopistas llenas de gente yendo a algún sitio, algún sitio... Tengo unos conocidos que no tienen hijos y mucha pasta, y raro es el fin de semana que están en casa: París, tan a mano con el tren, o Bruselas, o Cracovia, o Turín. Continuamente empacando, moviéndose, digiriendo una nueva ciudad, un nuevo plato, una nueva ópera. Continuamente, sin parar: qué pasaría sin un finde se quedan en casa y en un punto, en el sofá, tienen que parar? Qué se encontrarían? Otra predicción tickada, Ray.

Quién será de más culpar?
Aparte del deporte, quedan los comics, las revistas de sexo tridimensionales, y los video juegos (esto no lo predijo Bradbury), pero lo que asusta es que todo esto ni siquiera vino como un dictado del gobierno, de arriba abajo... no hizo falta censura: la tecnología y la imbecilidad de la gente hizo la magia sola.  Como dijo el Jefe de Bomberos: "Porque no tienes que quemar libros, no?, cuando el mundo se llena de no-lectores, no aprendedores, no-sabedores" (non-readers, non-learners, non-knowers).  Los libros eran quemados sin necesidad de fuego.

Y lo que no eran imbéciles, no dijeron nada; la idea aquella de vinieron a por los judíos y no me quejé está también en la novela: qué estamos haciendo nosotros para parar este horror que se nos viene? 

“Mr. Montag, you are looking at a coward. I saw the way things were going a long time back. I said nothing. I am one of the innocents who could have spoken up and out when no one would listen to the 'guilty,' but I did not speak and thus became guilty myself.”

Cómo pararlo? La respuesta es, me temo, como siempre, la unión. Como le dicen al final del libro los que viven en los márgenes de esta sociedad, donde sobreviven memorizando libros subversivos, los clásicos:  "cuando estábamos solos, todo lo que teníamos era furia", y le aconsejan que viva, que vea el mundo, y sobre todo que lo intente, sin pedir garantías, aunque se quede ahí:

Stuff your eyes with wonder, he said, live as if you'd drop dead in ten seconds. See the world. It's more fantastic than any dream made or paid for in factories.”

Don't ask for guarantees. And don't look to be saved in any one thing, person, machine, or library. Do your own bit of saving, and if you drown, at least die knowing you were heading for shore.”  


Apéndice: Porno para bibliófilos

Para terminar en una nota alta, incluyo algunas de las frases que hablan de libros. Porque hay mucho porno-para-bibliófilos, para lo que amamos los libros no solo por su contenido, sino como objetos, su olor, su textura... disfrutad, y seguid leyendo.

“Do you know that books smell like nutmeg or some spice from a foreign land? I loved to smell them when I was a boy. Lord, there were a lot of lovely books once, before we let them go.”

“The magic is only in what books say, how they stitched the patches of the universe together into one garment for us.” 

“The books are to remind us what asses and fool we are. They're Caeser's praetorian guard, whispering as the parade roars down the avenue, "Remember, Caeser, thou art mortal." Most of us can't rush around, talking to everyone, know all the cities of the world, we haven't time, money or that many friends. The things you're looking for, Montag, are in the world, but the only way the average chap will ever see ninety-nine per cent of them is in a book. Don't ask for guarantees. And don't look to be saved in any one thing, person, machine, or library. Do your own bit of saving, and if you drown, at least  knowing you were headed for shore.” 

“A book is a loaded gun in the house next door...Who knows who might be the target of the well-read man?” 

7 de abril de 2018

Pasión en Vetusta

29 divagues
Atrenizadas en Vetusta un Martes Santo de madrugá (las 6:30 am, y era de noche), dos días y medio antes de lo previsto (adaptaremos la famosa cita de Hitchcock: "nunca viajes ni con niños, ni con animales ni con Charles Laughton"), nos queda el resto de la Semana de Pasión en "la Sevilla del Norte". Como tras todas las semanas disfrutadas en La Ciudad del Viento, solo queda una vaga sensación de excesos hasta en la calma, de esos que solo pueden engendrar la verdadera raison d'être de este blog: divagar con mayúscula, perdiéndose una y perdiendo al personal. 




No voy a hablar de torrijas, aunque evidentemente en el Marigold (residencia de la difamily, mucho mejor que el original Best Exotic Marigold Hotel) se hicieron demasiadas torrijas; ni de ver a amigos y naufragos por allí varados; ni de las luchas con Mini por los deberes (y debates sobre quién hará la "Colonia Marciana" que hay que preparar como nueva manualidad escolar); ni de las horas de terraza lectora, que siempre deberían ser muchas más. No. Hablaremos del país extraño donde dicen que viví 25 años (miedo: dentro de unos pocos habré vivido más en la isla del tesoro que en la península del tambor-y la pandereta).

En la prehistoria del divlog ya salimos del armario: molan las procesiones. A ver, a sus debidas dosis, esta semana vi dos y ya tuve suficiente. No voy a repetir lo del culto a la muerte y Lady Gaga que ya está aquí, pero ahí van unas cuantas ideas sin orden ni concierto. 

El miércoles por la noche fuimos a ver la procesión de la "Cofradía de Jesús de la Humillación, María Santísima de la Amargura, San Felipe y Santiago el Menor" (sic). Ya con el nombre me vengo arriba, me descubro y les digo, aúpa campeones! (ahora así, en bajito, en serio que creen que es posible que les tomemos en serio con ese nombre? Humillación, amargura... es que soy la única que no se puede quitar de la cabeza ecos sadomasoquistas, porno del chungo). A los observadores ateos con gafas de antropólogos amateurs y amantes de la fotografía nos parece un espectáculo impagable y como tal, adelante, sigan en el equivalente de tribu con taparrabos danzando alrededor del fuego dándole al tambor por las calles de la ciudad, pero el tema así de fuera es muy severo.

La motivación del público en bloque no es, de todas formas,  la que describo. Gran parte de la peña lleva dos horas y media esperando para ver cómo se las arreglan para sacar el paso de la iglesia los portaleros, porque es muy estrecho y han de salir de rodillas y tal. Hay que gente se emociona con que pasos pasen (nunca mejor dicho) por angosturas. Es lo mismo en Sevilla, dice Fashion luego. Yo no recuerdo haber visto nunca un paso donde los portaleros estuvieran debajo, en una caja, sino siempre llevándolo al hombro. Por ese lado, estos de la Humillación y Amarguras me impresionan, porque en un punto paran, y luego un senior le da a una manivela y se ponen a andar, pasito a pasito, y con cuidado que hay una giro con escalón justo donde estamos nosotras. Esto conlleva airadas palabras del senior de traje que les grita a través de una tela como mosquitera por donde, supongo, respiran. Detrás del paso van más portaleros, con apariencia de rudos leñadores, como una toalla en la cabeza y-atención-parte son chicas muy jóvenes. No puedo entender bien su motivación, porque yo no creo que toda esta gente vaya a misa dominical: hay demasiados. Por lo que me dicen, quedan pocos clientes en las parroquias menores de 75. 

La otra curiosidad personal de esta procesión es ver la reacción de Mini, que yo creo que no ha visto nunca una, aunque mi madre asegura lo contrario. Al principio creo que le da un poco de miedo (nada como el terror de Fashion hace décadas: "buaa, los capuchos!!"), pero luego se limita a comentar, en su hieratismo preadolescente que "no le gusta Dios", en especial el olor (recordemos el inefable "aquí huele a Yísus"). Pero lo principal que me llevo es ese barrio de lo viejo de Vetusta que casi no conozco y que está lleno de rincones interesantes, antiguos palacios reformados a los que les han dejado los casquetes de las balas de la Guerra de la Independencia, antiguos solares rehabilitados por la gente "esto no es un solar", y hasta un museo inmenso del origami que no tenía ni idea existiera en Vetusta. 

El Jueves Santo sale La Piedad, que es la cofradía de la gentebien vetústica. Todo el mundo conoce al doctor tal o al empresario cual que está muy metido en esto de la penitencia y la caridad. Porque lo suyo empezó siendo caritativos con las mujeres que quedaron viudas en la Guerra Civil (de ambos bandos? me pregunto, ya que son tristísimas las historias de niños robados de esas madres que precisamente este tipo de gente no consideran apropiadas, y hace tan poco como un par de décadas estaban arrebatándoles bebés ginecólogos y monjas). Su causa con la mujeres desfavorecidas no les lleva a plantearse que, en pleno siglo dieciveinte (gracias Les Luthiers) todavía no permitan mujeres en la cofradía-aparte de las pobres Manolas que van al final, todas de negro, con su teja y blonda, y taconazos que sinceramente, me parecen más punición que los que van descalzos. Las Manolas siempre me han fascinado: yo hoy las veo y pienso en Cospedal o bien en votantes-del-PP, tanta perla, mucha perla. 


Es todo tan friki, pero a mí me lleva a mi infancia, la noche aquella misteriosa que salíamos tan tarde a pasar miedo y, principalmente, a disfrutar de los tambores. Tienen en su página los redobles, así que si hay alguien ahí que le pongan la mitad que a mí, entren en el enlace. Mi favorito es Metro, aunque había uno del pasado que me gustaba más y no lo encuentro. 





Este año logramos un buen sitio en la Calle Alfonso, enfrente de un Doner Kebab. Las fotos son impagables, y comienzo a pensar en conceptos como "fusión",  "mestizaje", los capirotes y el kebab, las virgen sufrientes y el moro. Es todo fantástico. Pero lo que me deja especialmente tarada-y aún, a más de una semana, intuyo que esa imagen no se va a borrar facilmente de mi retina-es la escena de los caballos. Así como las Manolas salen al final, muy al principio, osea, eones antes (hablamos de 1200 cofrades) desfilan unos 5 ó 6 a caballo. Hace tiempo que no veía a caballos tan limpios, tan bonitos, tan perfectos. Pacientes, con todo ese estruendo de tambores y de cuando en cuando trompetas apocalípticas por detrás, no se inmutan: ojalá uno se desbocara, piensa mi pequeño yo anarquista. Las botas de los jinetes brillan en la noche. Son el poderío, el porque-yo-lo-valgo. Arrepintámonos, hermanos, pero seguro que no saben bien porqué. Entonces, le veo: un hombre de unos 60 años, gordo, vestido de calle sin desaliño, pero sin pertenecer, se arrastra tras los caballos con unos utensilios recogiendo las potenciales heces. Su cara lo dice todo: hablábamos antes del "cristo de la humillación"? Qué tiene que ser para ese pobre hombre recorrer las calles de su ciudad recogiendo la mierda de los caballos que llevan los tan-arrepentidos jinetes? Señores hermanos, tan virtuosos que son: no podrían haber tenido la caridad de darle un capirote-aparte de los seguro pocos euros- a este pobre hombre, para tapar su vergüenza? O es que un "hermano" no debería ser visto en esta acción? No les da vergüenza a ustedes, fuerzas vivas de la ciudad? 

Es de madrugada en Vetusta, las calles están hasta arriba, las terrazas de la zona vieja al completo. Voy de la mano de mi hija, con la que intento compartir-a su nivel-estos pensamientos, y convencida de que el mundo es una mentira y una mierda. Pero mira, Mini, qué maravilla puede también llegar a ser Vetusta de noche... y le enseñó este palacio.




4 de abril de 2018

El Orient Express, sin asesinato ni maderas nobles, pero a fe mía tren fantasma

14 divagues
Lunes, 26 de Marzo de 2018
Todos nos despertamos muy tarde: si pensamos en la hora británica de hace un par de días, podría ser razonable, pero así es más de media maniana. Maldito Cambio de Hora, viruses y jet lag.  Y lo peor: tras la granola,  Mini se vuelve a la litera. Qué hacer con una ninia  enferma los días que nos quedan? Tenemos el Transiberiano-txiqui hacia Vetusta a las 7 am del jueves (ah sí, no he dicho que el plan es  hacer un triángulo? Londinium-Galicia-Vetusta. Recordemos las interminables vacaciones escolares de Mini, hay que dejarla con abuelos).

Por fin, en un punto conseguimos persuadir a Mini para salir a airearnos, y cogemos el barquito a Vigo. Lo que normalmente es una diversión, no lo disfruta, y al llegar a Vigo se empieza a marear. Está muy pálida. No es plan y me acerco a la estación, por ver si habría billetes hacia Vetusta algún día antes. En la ventanilla, una seniora busca y busca y todo "completo". Ni el "directo" (ehem, que para mil veces!) ni el AVE via Madrid. Son malas fechas, claro... al final, "un momento! aquí hay dos butacas gran confort a las 17:55 esta noche!" No nos va a dar tiempooo. Mi mente calcula: son las 4, habría que coger el barco a y media, empacar, volver por tierra rodeando la ría... y no podemos arriesgarnos a cogerlas porque... y si no llegamos?

Aquí comienza una carrera frenética: lo vamos a intentar. No sé cómo lo hacemos todo tan rápido, pero por fin, casi sin respiración y en ventanilla, me presento ante la misma empleada que anuncia que "ya no están esas butacas confort". En serio? Es un tren nocturno que hace mil paradas y al que le cuesta, literalmente, 12 horas y media llegar a Vetusta. Pensemos en vuelos a Tokio, Vancouver, etc. Ese pelo, pero en tren, que a mí me encanta y que íbamos a hacer de día el jueves en todo caso, para leer y leer, y ver pasar las Castillas por la ventana. Pero tanta gente hay dispuesta a chuparse la friolera de un vuelo intercontinental a través de la península? O será que cogen tramos yo que sé, de 2 a 4 am en medio de la estepa castellanoleoneosa?). En todos esos pensamientos estoy cuando (todo con dulcísimo acento gallego que a mí se me pega un montón): "espera que miro, tengo aquí algo, te puedo encontrar una promo, pero mira... a ver, tengo un compartimento en litera, pero has de abonar tanto".

Whatever.


Nos despedimos de J., sentimos lo enloquecido de este viaje, el cambio de planes, mil gracias por todo, incluido lo que hemos cogido de tu casa, la barra de pan, el queso, las mandarinas. Corremos y al llegar al andén nos encontramos con el tren y un tipo de unos 30 y tantos con acento-este catalán -que nos abre el compartimento. Mini está exultante y no se puede creer lo que lee en las puertas de cristal entre los compartimentos: "GRAN CLASE". Pero mummy, es posible? (los Pedalistas, en otra clase que no sea "tirados"?). La ninia se pregunta si está viviendo un suenio.

Yo he viajado alguna noche en tren-cama y me ha parecido (casi) siempre mágico: una vez de Hendaya a París, otra de Bangkok a Surat Thani (genial, de mochileros, conocimos gente), la terrorífica en India (no recuerdo los destinos, pero sé que fuimos prácticamente en la clase-intocables para evitar el altísimo aire acondicionado y... no comments). Se lo cuento a Mini como la plasta que soy, y cómo vamos a hacer algún día el Transiberiano y lo que sea, y al abrirnos el hombre el compartimento, Mini aún alucina más: es un cuartito con dos butacas, espejo, colgadores, tele, y un banio a todo plan!!! (con sus neceseres completos que ya querría cualquier compania aérea, buena ducha y tal). El joven nos indica que a las 9:30 vendrá a bajarnos las literas y que cualquier cosa... tenemos un interfono, que aún emociona más a Mini... "interfono para tu madre", indica.


Por supuesto nos toca el compartimento con la puerta atrancada y al salir para una exploración inicial nos damos cuenta que no podemos entrar. En fin: demos un voltio y ya nos enfrentaremos al pobre hombre luego. Vamos paseando por vagones y llegamos a la cafetería, y a su lado hay una sala con mesas donde puedes ir a comer. Nada que ver con el Glamour del Orient Express (quién no fue leyó a Agatha Christie con 12 anios?) donde hay manteles y lamparita en cada mesa, y las paredes eran de madera de roble oscuro. Hay muchos vagones con compartimentos como el nuestro, donde la gente está sentada con la puerta abierta, lo que nos da mucho juego para el análisis antropológico con vistas al blog: una pareja de cierta edad, llenos de bolsos, y seguro que cestas tal vez con animales vivos. Un hombre solo al que llamo en mi cabeza "el viajante". Y poco más. Luego están los vagones con las famosas "butacas confort" que se las han llevado calentitas, según la empleada de Vigo, pero lo cierto es que hay más vacías que con gente. Parecen muy cómodas, pero claro, nada que ver con dormir en horizontal. Siempre me horroriza cuando se visitan castillos y las camas de los reyes eran tan cortas y te explican "es que dormían sentados". Yo soy incapaz, y cuando estuve en el hospital ya me dijeron que era más saludable y demás, pero lo odiaba, dormir en cualquier grado superior a 180. No.

Volvemos al compartimento, que logramos abrir tras un forcejeo. Mini se ducha y hablamos por teléfono con interferencias con la familia. Intentamos ver una peli, sin éxito. Leemos. Pero ante todo, llamamos al joven catalán antes de las 9. Cuando nos baja las literas (que tienen colchón y la cama hecha perfectamente con unos arneses para sujetarlo) le pregunto, así impulsivamente: "hemos de atarnos?" (en serio, este ser puedo ser yo a veces, cuando sobre-excitada). El tío me mira de arriba abajo y espeta: "Esto me lo han preguntado alguna vez los japoneses, pero de ti no me lo esperaba". Oh dear, cómo explicarle que soy medio japonesa.

Mini por supuesto quiere la litera de arriba, a la que se sube por unas graciosas escaleritas que salen de la pared. En un nanosegundo logra medio caerse por las escaleras, así que acordamos que se quede debajo, por si ha de salir al banio. Por supuesto también, cae como un ceporro y no se levanta en toda la noche. La sufrida Di, sin embargo, en litera superior, ha de bajar repetidas veces, al banio, a por algo de comida, a por agua, a por una manzana... leer arriba ("Farenheit 451", próximamente) es una gozada, y hacia la medianoche apago la luz, y disfruto del traqueteo. Con el chacachá del tren. Al final he de tomar una melatonina que se ha hecho polvo y a saber si sobredosis.

A las 6 AM el joven catalán llama a nuestra puerta, en los trenes nocturnos no anuncian las estaciones. "Ya vamos". Me pregunto cuánta gente se pasará a lo largo del anio de estación. Nos dice que su trabajo consiste en asegurarse que nos bajamos. Nos comenta que hemos sido el único compartimento de ese vagón. En serio? Pero si nos decían que estaba todo completo? La llevan buena con los ordenadores. Hemos viajado en un tren fantasma, prácticamente sin pasajeros-que pudiéramos ver, al menos.

Y a las 630 estamos en Vetusta: aún es de noche, y Mini habla con los tiempos verbales cambiados el resto del día. 

3 de abril de 2018

Cabo Home, el bosque animado y los lunes al sol

5 divagues
Domingo, 25 de Marzo 2018

Domingo, y me despierto demasiado pronto.  Quién soy, dónde estoy, ah en mi litera de abajo. He soñado cosas. Entre las rendijas intuyo que sale un día soleado. J. es tan detallista: nos ha preparado un desayuno de lo que recuerda que nos gusta, basado imagino en estos divagues en los que hablo de aquellos desayunos griegos de granola y yogur y demás. Como los días de diario no me siento a desayunar (voy bebiendo té y como muesli con fresas mientras hago cosas), valoro mucho hacerlo tranquila los días festivos. 


Hoy vamos al Cabo Home, la punta más occidental de la ría de Vigo, justo enfrente de las Cíes, pasando Cangas. La carretera bordea el mar, y es precioso. "Mira Mini eso es un hórreo", recuerdo la ilusión que me hacía a mí verlos cuando venía por aquí de adolescente, "es para guardar el grano porque aquí hay mucha humedad". Mini, sabrá lo que es grano? Niña de ciudad. J. mientras da su particular visión de la esquina del mundo donde nació, "es una tierra de siervos; el gallego no protesta, el gallego emigra". "Así como en Euskadi o Catalunia sus idiomas fueron mantenidos y llevados con orgullo por la burguesía, en Galicia se ha visto como de aldeanos hablar gallego", cuenta. "Pontevedra es una ciudad sin interés, la han dejado bonita, y qué, conservadora al máximo, nadie se sale de la línea ni un milímetro". 




En Home dejamos el coche y lo primero subimos por unas piedras para ver mejor las Cíes: qué ilusión, 31 años después, y tenemos billetes para el barco el martes! (y el rollo de permiso requerido de la Xunta). Nos lanzamos a explorar hacia arriba, por el Monte O Facho (qué nombre), el bosque animado de Fernández Flórez nos arropa y Mini es nuestra guía entre eucaliptos, caminos por los que bajan riachuelos y gorritos de minúsculas bellotas. En la cima hay yacimientos arqueológicos y la vista es aún más espectacular: el sol se esconde, y sale, y ese juego de luz nos echa una mano con las fotos, y me quedaría allí todo el día. Parece que se pone a llover, luego para, esto es Galicia. Bajamos y a Mini le duele la cabeza.



En una terraza con vistas pedimos unas croquetas que le quitan el dolor instantáneamente. Es una receta que tal vez me dé por patentar, o tal vez solo funciona con Mini, el monstruo de las croquetas? El caso es que no se encuentra demasiado bien el resto de la tarde. Vamos a Vigo y subimos a un monte, que J. llama "uno de sus dos pulmones", donde hay una iglesia y grandes vistas de la ría, con las Cíes de fondo y los astilleros donde se filmó "Los lunes al sol" (Fernando León de Aranoa, 2002) en primer plano. Hace siglos que vi esa película sobre las consecuencias del cierre de los astilleros de la ciudad: la misma amargura de "The full Monty" pero sin las risas. En el cartel de la peli los personajes van en el barco que une las dos partes de la ría de Vigo, el que cogeremos mañana. Pero nosotras somos turistas y yo no he olvidado la desolación de las escenas finales, con los personajes de la peli al sol los lunes, y los martes, y todos los días. Eso cuando no llueve. 


Nos han invitado a hacer merienda-cena en casa de los padres de J. Tengo muchas ganas de conocerles, tras haber hablado bastantes veces por teléfono. En el camino, pasamos por una pastelería llena de monas de Pascua, Mini se queda extasiada y J. le quiere comprar una (evidentemente, no lo permito: para qué estamos las madres, sino para ser castradoras, Tio Sigmund?). Sus padres son iguales: nos han preparado una merienda impresionante y les cuento que en Vetusta hay un dicho que va algo así como "esto es como una boda gallega"  (donde es mala senial si no sobra comida). También viene su hermana y pareja, y hablamos de cine. Ya veo de dónde le viene a J. su erudición sobre cine clásico, ya que su padre también parece ser otro entendido. Me faltan muchas horas de filmoteca, o incluso de Días de Cine, donde la otra noche vi un programa sobre Howard Hawkes y su predilección por las mujeres fuertes" (oh Lauren Bcall, diosa).







Los astilleros están en pleno incendio del atardecer cuando cogemos de nuevo el coche hacia el otro lado de la ría, qué maravilla... Mini no está demasiado bien y no quiere ni siquiera un yogur al llegar a casa. Se mete en la (mi) litera de abajo, y allí leemos un rato el libro que en el cole recomiendan leer con un adulto: "El niño del pijama de rayas", porque están estudiando la Segunda Guerra Mundial, el "Kindertransport", la "Kristallnacht", y todo lo demás. Llevamos más de la mitad del libro y hasta ahora ningún ninio con ningún pijama ha aparecido y solo hay un alemancito quejándose por irse de su casa de Berlín a una mucho peor. De verdad, no voy a hacer un divague de este libro infatil, que hasta Mini se queja de su estilo, dice: "la próxima vez que diga "puso su boca en forma de O", gritaré".



Mini se duerme y me pregunto cómo se despertará mañana...