31 de marzo de 2011

De no verte estoy viendo que me muero

23 divagues
Para mí, escribir poesía es abrirse en canal, es mucho mas íntimo que un desnudarse físicamente. A veces, cuando leo a ciertos poetas, especialmente si es un tema con el que yo haga "click", me siento un poco voyeur, porque tengo presente que aquello fue escrito pensando en alguien, y ahora esta impreso a la vista de todos. Ni siquiera en la adolescencia compartí esos poemas que uno escribe las noches solitarias de tormenta (drama drama!) con el que los pudiera inspirar. Hacía trampa, y usaba a otros, como ya he explicado otras veces. Este, de Miguel Hernandez era uno de mis favoritos.

No media más distancia que un otero
entre la ausencia mía y tu presencia
y sin embargo, amor, está mi ausencia
pendiente de tu puerta de romero.

Como muere, doliéndose, el cordero
destetado y sin madre ni asistencia,
así, de esta dulcísima dolencia,
de no verte estoy viendo que me muero.

Inútil es mi oreja sin tus voces,
inútiles mis ojos y mi pelo
hasta que tu amistad los coge y toca.

Mi mejilla se mustia sin tus roces,
mi paz de guerra está, mi amor de duelo...
¡A tanto obliga un beso de tu boca!

Miguel Hernández

29 de marzo de 2011

“Hoy, Landero”: Por Júpiter, cómo escribe!

8 divagues
La recomendación emocionada de “Hoy, Júpiter” (Landero, 2007) se la debo a No, que al principio la llamaba “Oh, Júpiter” (y que casi me gusta más). No sé si la veo contándomelo en medio de una noche de mojitos a 2 euros en el Road 66 (¿) en aquella ciudad extraña que a los cuatro de una manera imprevista nos medioatrapó, o con el mar aquel verde transparente de fondo, mientras encuadraba una foto. En cualquier caso, sabía que volver a Landero tras varios años sin leerle era una buena idea.


“Juegos de la edad tardía”, su primera novela, fue una de aquellas que me hizo replantearme (una vez más) esto del escribir: qué dominio del lenguaje, qué metáforas, qué “conocimiento del alma humana”, que dicen los críticos sesudos. Parte de mis amigos se vio obligado a leer el libro tras mi insistencia, y alguna frase del mismo entró en nuestro vocabulario, para quedarse:


Tengo motivos suficientes para ser un hombre sin escrúpulos. Cualquier otro en mi lugar sería una hiena”.


Luego vinieron “Caballeros de Fortuna” y “El mágico aprendiz”, y ambas compartían la misma sobredosis de fiesta verbal, de los recursos, de la imaginación. No podría entrar en hacer un análisis comparado de los temas de fondo, como a veces he hecho con otros autores, porque apenas recuerdo el hilo del contenido. Pero me queda la sensación de una forma fastuosa.


No he leído, devorado "Hoy Júpiter": la novela me ha engullido a mí. Quién era la bulímica, yo o las páginas, que se deslizaban como las de uno de esos best-seller de los que esperan a la última línea para desvelar el nudo-que es lo único que importa, porque el viaje no vale nada. Así, pero todo lo contrario.


La identidad, los sueños, las mentiras que nos contamos, y la puesta en escena que hacemos para los demás. El amor y el odio, como dos caras de una moneda similar, con las mismas servidumbres y adrenalinas. El ansia desmedida por gustar, por ser admirado, el estar dispuesto a cualquier cosa por ello. Los silencios, su preparación, las palabras ("el presagio de las palabras que venían por los caminos del pensamiento pero que no habían sido todavía pronunciadas"). Matar al padre.


No hay en toda la novela, a mi juicio, un solo personaje positivo. Y no se trata de buenos o malos, porque la grandeza de Landero radica en que nos rompe el corazón directamente al principio de la novela con la infancia de uno de los personajes (y cuando digo rompe, digo desgarra-destroza-demole: cómo decir esas cosas a un ninio) para que cada vez que su odio nos desmonte capítulos atrás nos sintamos aún más desvalidos, sin soluciones posibles, sin ni siquiera empezar a intuir en qué punto del ovillo empieza la espiral, o es que no hay comienzo, ni ovillo. Esa es para mi la expresión de la sabiduría de este autor, que no te da respuestas, no juzga, no piensa por ti. Describe sin piedad los hechos, las interpretaciones de los personajes, y deja al lector con las hipótesis de si/cómo los personajes se están equivocando.


Al segundo personaje no lo conocemos en su infancia como al primero, y tal vez por eso me resulta mucho más difícil entender su megalomanía, su necesidad de aclamación, los múltiples atajos por los que intenta triunfar, salir del barro por el que andamos los demás. Para ello recurre a todo: si fuera bloguero, habría intentado ser el más leído a base de refritos del pasado, y luego se hubiera hecho autor de culto, escribiendo sólo de temas a nivel pretendidamente elevados e inaccesibles, y más tarde habría bajado el nivel con lo que la gente quiere para llegar a la gran masa y por fin habría acabado en relación por email con un lector que lo adorase.


Pero con aspectos de su experiencia vital nos podemos identificar: la descripción de Landero de la fase enamoramiento de este personaje es perfecta (quien lo probó, lo sabe), por ejemplo: las tardes mirándose a los ojos pasan en nanosegundos. Personajes grises, sombríos, llenos de pasiones tan cerca del barro, pero a veces, a pesar nuestra, nos suena de algo esa voz interior del ninio que crece odiando, voz mezquina, pacata, cicatera, que a muchos nos ha asaltado alguna vez y hemos espantado de inmediato, como un mal insecto de verano, avergonzados siquiera de que un idea tan paranoica, tan triste, tan cutre, al cabo, nos hubiera elegido a nosotros para cobrar vida.

Pero al final, un libro donde uno de los personajes, a los 14 años dice, tras una celebración familiar: "Me voy a leer, repitió, como si se despidiera para un largo viaje". Un libro que lleva dentro todo el amor por la literatura posible, que te da alas para intentar escribir mejor, para ser mejor lector.


Un libro que sientes "latiendo en tus manos, como si tuviera vida propia". Gracias Landero, por esa imagen, y por el vuelco de mi corazón al leerla.


27 de marzo de 2011

La mani de ayer en Londinium: así la vio Di

8 divagues
Todo el mundo sabe porqué ayer los británicos (los proper y los de adopción) nos lanzamos a las calles.


Por si hay algún despistado, incluyo al final el video de False Economy, o puede leer algunas de las miles de pancartas personalizadas (esto es muy british) que incluyo en este pequenio reportaje.


Recuerdo los debates en este divlog allá por Noviembre "Revueltas en Londinium", y los que siguieron tras las movidas de los estudiantes. Allí y en muchos otros divagues ya he dejado bien claro a/de qué lado está mi corazoncito y mi cabeza, así que hoy sólo colgar algunas fotos sobre cómo vio mi cámara la demostración de lo que un montón de gente siente y piensa.


Y pensamos que ya vale, que hay alternativas, que cortar el gasto público no es la solución, y sin embargo hacer pagar sus impuestos a los que los evaden porque tienen tanto es un primer paso. Y no nos vamos a callar. Retomemos las calles (tal vez no sea casualidad que en el blog de Delgado se hable hoy del mismo tema, "El poder de la calle", con Barcelona como ciudad-barricada) puede sonar tan antiguo como "Unidos, Podemos", pero ayer fue muy real. Para leer más:






26 de marzo de 2011

Big Bang Diva

18 divagues
Hola divagantes, cuanto tiempo... 

Cuantas veces me he dicho: venga, ponte a contar esto o aquello o lo otro. Pero no he podido. A veces he tenido motivos, otras excusas, aunque en general estaba tan cansada que no me apetecía contar nada. Me parecía que nada era importante, digno de ser contado, inteligente u ocurrente. Como veis esta entrada sigue la misma tendencia... pero quería dar señales de vida. No me parecía bien desaparecer. Tampoco sabía cuando podría volver a aparecer y me sentía muy desconsiderada para con nuestros  seguidores. Yo nunca había sido tan desconsiderada con tanta gente a la vez. Lo juro.

Me costaba/cuesta volver a escribir. Es como la solfa, si no se practica se olvida. Y todos sabéis de mi memoria a corto plazo que no ayuda nada, la verdad.

Recordáis hace unos meses cuando no me gustaba mi trabajo, cuando no me llenaba. Pues bien mis plegarias fueron todas escuchadas y respondidas, y de que manera. A eso hay que añadir que he tenido algún temilla de salud, nada grave pero si molesto y un desencuentro con los deberes del cole de Rey, entre otros.

El caso es que se me hizo una pelota muy grande que explotó cuando se fastidió la plantilla de nuestro blog azul y gris tipo "que interesante soy" según Moli y la cambiamos por la de "condones verdes" que bautizó Basaja. A pesar de que Di (la valiente abandonada, perdón, la valiente y abandonada), me atribuye superpoderes en lenguaje html, la realidad es que no tengo ni idea y todo lo hago a base de prueba y error. He de confesar que la plantilla me pudo. Le dediqué mucho tiempo y no obtuve resultado. Eso no hizo más que avivar mis pocas ganas de escribir.

Durante este tiempo, apenas he leído nada. Sé que habéis preguntado por mis huesos y habéis lanzado a Di dardos venenosos (Txelo´s no me miro a nadie) para que confesara. Pero Di, que aunque ha estado de vacaciones ha sabido defender el fuerte honrosamente, ha divagado por las dos divinamente, llenando los vacíos y renovando la cartelera cada día.

Pues bien, he vuelto. He cambiado de imagen. Ya no soy una florecilla.  Además he vuelto a cambiar la plantilla. Definitivamente nos quedamos con el verde, a pesar del rojo y del azul. El verde es neutral, es natural y fresco y el Peda (nexo de unión de las Di-vas) escribía sus apuntes en ese color.

Ignoro si seré capaz de mantener el nivel, pero desde luego que intentaré estar a la altura.




Welcome back, Diva!

1 divagues

"Me gusta gustar, pero no lo intento"

9 divagues
Luis Landero cuenta así, en una entrevista en El País, su relación con la escritura, el éxito, el mercado. La encontré buscando en internet cosas sobre él tras terminar uno de sus libros y creo que expresa, mucho mejor que lo haría yo, un sentir que comparto, a otro nivel, a su lado ínfimo, evidentemente.
"El éxito es una de las drogas más adictivas de hoy. Es relativamente fácil de conseguir pero difícil de conservar, y el que lo ha conocido tiene miedo a ser olvidado. Lo que se propone entonces es gustar y no hay mayor peligro para un escritor que intentar gustar. Esforzarse en agradar al lector, o hacer lo que el mercado demanda. La tentación es tremenda, pero caer en ella es una traición porque el éxito corrompe y pervierte. Es droga dura".
¿Cómo se protege del éxito?
"No, a mí me da igual. Me gusta gustar, pero no lo intento. No se puede escribir para gustar y mantener el éxito porque se pierde la libertad esencial de escribir lo que te dé la gana. Esa cosa principesca del escritor que escribía a su aire, con cierta altivez y cierto desprecio. Ése es un modo de sabiduría. El escritor debe intentar gustarse a sí mismo y si al lector no le gusta, pues allá cada cual".
Y continúa la reflexión sobre la cultura de nuestros días, para concluir:
"La cultura siempre fue pobre y por eso mantenía una cierta pureza. Pero hoy la cultura es rica, da dinero, y todo lo que toca el dinero se vulgariza y se pervierte. Hoy el libro es una mercancía más entre mercancías. En la actualidad, se ha subvertido y pervertido el canon".

25 de marzo de 2011

Educando a mis padres

15 divagues
Hemos encontrado unos asientos con mesa en medio en el Eurostar, sacamos el libro de cuentos, las pinturas con el cuaderno, y un puzzle. Dos horas para jugar con Mini, cantar, leerle cuentos, mirar el paisaje. Ah!!! Qué bonito.

El tren para en una estación de cuyo nombre no quiero acordarme al este de Inglaterra, poco antes de meterse en el túnel. Un grupo sui-generis de cinco personas sube allí y ocupa los cuatro sientos con mesa imagen especular de los nuestros, y uno de nuestra mesa. Son dos parejas jóvenes con una ninia de unos 7 anios. La ninia va vestida de lo más repelente y lleva una maleta de Disney rosa, que haría las delicias de Mini.

Nada más sentarse, la que supongo es la madre, le dice (pero nada nada nada más sentarse): "Que película quieres ver?", y saca un DVD portátil, y un archivador con un montón de pelis. La ninia elige una, y hace como que se conecta (claro que, en el  fondo, lo que quiere es mirar el mundo, ese tren que va a ir en un túnel, o incluso que sus padres le digan ahí te pudras: esto lo sé yo que leo mentes).

Mini mira fijamente al grupo, con las pinturas aún entre sus dedos. Le gusta pedirnos que dibujemos cosas, sus preferidas son los paraguas, bicis, autobuses y bolsos. Unos nanosegundos más tarde, los adultos sacan sus propias diversiones: las chicas unas revistas, ehem,"femeninas", uno de los chicos, una nintendo y el otro, el que está sentado frente a nosotros, el intelectual del grupo está claro, un libro de Dan Brown.

Di, qué snob eres, me dice una voz interior (o el Peda, que lee mi mente, pero que es más snob que yo, aunque lo niegue). Pero no puedo autoflagelarme mucho más, porque en ese instante sacan una botella de vino blanco que reparten entre tres, y el cuarto enarbola-atención-una botella de guiskazo enorme (me impacta el tapón, como que no parece portátil). Hablamos de las 9:20 de la maniana. Mini sigue con sus ojos fuera de sí.

Tras unos minutos, los componentes del grupo se desinhiben, evidentemente, y entablamos conversación. Van a Eurodisney, y el culto me cuenta que estuvo allá "hace 10 anios, cuando era ninio, ahora dicen que ha mejorado  mucho, te gustan las montanias rusas? tienes que ir". Yo afirmo que sí, que me encnatan las montanias rusas y que secretamente siempre habia esperado que los abuelos llevaran a Mini a este tipo de historias, pero que si él lo dice, con las montanias rusas y tal... En realidad hablo sin escucharme, porque en lo que están mis neuronas gravitando en círculos es..."oh-my-God, este hombre tenía 12 anios hace 10, estuvo de ninio en Eurodisney y ahora lleva a su propia hija". La euforia les lleva a invitar a Mini a mirar el DVD... a lo que se niega! (bien bien bien!).

Di snob, snotty, ninia vicente, piensa en lo buenos padres que intentan ser, Mini no tiene tele y por el contrario puede pasar sus ratos libres leyendo la Enciclopedia Británica con Maller de fondo.Que fácil para esta gente conectar a la ninia al DVD portátil... Di, como mucho, hace un youtube de "Les Miserables" y comparte con Mini esa maravilla. Luego que los ninios no leen, luego que no saben mantener la atención, luego que no conocen a sus padres. Di snob se da muchas palmaditas en el hombro, mira con cierta superioridad a ese grupo que les dice adios desde el andén de Lille, donde van a cambiar para pasar el finde con Micky Mouse. Oh, the commoners! I say.

***

Un par de noches más tarde, en el hotel, haciendo Skype con mis padres.
-Miniiiii, qué tal lo pasas?
-Muy bien, contesta Mini, hierática. Les ocultamos que en el tren ha dicho que quiere ir a "Zaraoza", en lugar de a apasionantes capitales europeas.
-Minii, sabes que los yayos te han comprado "Mary Poppins"?
-Pero papá (esta soy yo), por qué, si ya la tiene?
-No, para que la tenga aquí
-QUEEEE? No le veo sentido.
-Es igual (cómo pasan de mí). Y Mini, sabes lo que te ha comprado el Yayo?
-No.
-Un DVD!!!
-Eh?Cómo un DVD? Otro DVD? Cual? (yo, claro)
-No, un DVD portátil...
-QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE? (flashbacks de los deel vino) PERO PARA QUÉ?
-Pues.... para que vea sus películas en los vuelos.
-Qué vuelos? (El senior me está castigando, por los del guiskazo) Si duran dos horas!!!!!
-(ahora lo de siempre): Pobrecita ninia, la tenéis sin tele, con ese carrito tan viejo, esto la entretendrá en el coche...
-QUÉ COCHE?? NO TENEMOS COCHE!!! (fuera de mí)
-Ja ja ja... bueno, da igual,se lo hemos comprado nosotros y ya está...
-Por favor, hablando en serio (intento razonar), aún estamos a tiempo (negociación a la desesperada): lo vais a cambiar vale?
-Ni hablar.
-...
-...

***
Pero se me ha ocurrido una idea genial. Morir matando. A la entrega del DVD portátil, para su cumple el próximo mes de Mayo:

"Gracias, gracias, estáis en todo. Con este nuevo elemento de entretenimiento ya no tenemos que limitarnos a Europa: podemos ir las siguientes vacaciones en un vuelo trasnoceánico. Padres no hay más que unos".

24 de marzo de 2011

El timo del Eurostar

4 divagues
Uno de los cantos de sirena para atraer a incautos viajeros al Eurostar es aquello de “no hay que facturar luego no hay que estar horas antes como en los aeropuerto, persónese media hora antes de la que vaya a salir su tren”. Los Pedalistas, con su ingenuidad y sus billetes para el 12 de Marzo de 2011 a las 8:57 am, creen que con salir a las 8 am de casa, media hora de metro, y a las 8:30 en Londinium St. Pancras, sonrientes. Ah! Qué cómodo es el Eurostar.


Pero ya se sabe lo que son las cosas por las mañanas: has cerrado aquello, has comprobado esto, llevas las tres "pes" (plata-pasaporte-pasaje) que nos enseñó un amigo colombiano. El caso es que a las 8:12 los Pedalistas se personan en el metro, pero todavía no preocupados: la Victoria Line es tan rápida, está todo controlado. Tan tranquilos que hasta saco mi libro y copio en la última frase una de esas frases de “Poetry in the underground” que a veces tanto me gustan:

Loving the rituals that keep men close
nature created means for friends apart:
pen, paper, ink, the alphabet,
signs for the distant and disconsolate heart ”

Palladas, 4th Century AD


Ah, qué bien… y por delante nos quedan 11 días de pasear por la vieja Europa y buscar cafeterías donde beber, paradójicamente, té.

-“Por cierto, has cogido té?”
-“No, vaya… tú tampoco, no?”


Esta conversación podrá carecer de sentido para el divagante que no hay probado La Pócima. Mejor dicho, que la pócima no le haya tomado a él: porque el té y sus rituales te vampirizan al poco de llegar a este país (que cuente el Peda su Coming of Age, yo ya bebía té en Vetusta, no me gusta el café) y pasas a ser su esclavo. No es que seamos tan fanáticos como su graciosa majestad, que cuenta la leyenda se lleva su propia agua hasta a las colonias, pero estamos en ello.

Van pasando las estaciones, y más alarmante, ya han pasado las 8:30, la hora según la cual Eurostar decía q deberíamos estar allí. Seguimos sin preocuparnos demasiado. Nos da por recordar aquel finales de Julio de 1997, cuando ocurrió una de las Aventuras Pedalísticas más memorables, cabalgando a hombros de trenes, esos animales mitológicos, y saltando en marcha de uno a otro, como en las películas.


Habíamos llegado al Reino Unido hacía cosa de un mes. La casa de Steve, un amigo que estaba filmando una serie en el Himalaya fue nuestra primera casa juntos, aunque por pocos días. En esas semanas ocurrió de todo, a gran velocidad: para empezar yo había dejado la adolescencia y de repente era ya adulta. De mi status de estudiante en casa de mis padres unos días antes, había pasado a tener una oferta de trabajo-mi primer trabajo de verdad-para empezar a trabajar el 6 de Agosto.


Ansiedad no hace justicia a la sensación que tenía en un punto indeterminado alrededor del estómago desde que esa oferta y mi aceptación sin dudas estuvo sobre la mesa. Si hubiera intuído, si hubiera siquiera imaginado lo que suponía esa oferta-tantas noches sin dormir, tantos días sin parar, tanto estress, pero a la vez tanta adrenalina de la buena, tanto reconciliarme con lo que pensaba habían sido elecciones erróneas en el pasado, tanto empezar a atisbar porqué algunos dicen que ese curro es más que un trabajo-, la ansiedad habría llegado a puntos de pánico. Pero igualmente hubiera dicho que sí. Te arrepientes siempre de lo que no has hecho, mucho menos de lo que has intentado hacer y sale mal.

Así que el último finde antes de empezar mi trabajo, se nos ocurrió la idea de “Y si nos vamos a Espania?” Para que vean que estamos bien, tenemos unos días, vamonos mañana en tren! Así empezó una locura que salió bien de chiripa: sin tener ni un solo billete nos personamos en las ventanillas de distintas estaciones de distintos países, en busca del siguiente tramo, para ir cerrando el sueño.

El primero era fácil: llegar a Londinium desde Doncaster, al que llegamos con el bus que unía el fin del mundo donde estábamos nosotros con la City. Londinium fue correr por el metro (cuando aún no era nuestro conocido diario) hasta llegar a Waterloo (donde estaba antes el Eurostar), ir a la ventanilla y hacernos con un billete para el siguiente tren. Recuerdo el Eurostar como un tren del futuro, limpio y supernuevo, todo era reluciente, y el viaje fue perfecto. Recuerdo el verde con el que dejas a la campiña inglesa y el verde con el que sales en Francia. No hay color, son dos tonos de un mismo color, o algo diferente?

En París Eurostar te deja en la Gare du Nord, y nuestro siguiente objetivo era la Gare Montparnasse, el tren de alta velocidad que iba Hendaya en 5 horas salía solo una vez al día. Si lo perdíamos, tendríamos que retroceder, así que tuvimos q lanzarnos a la boca feroz de un nuevo metro medio desconocido (nunca me ha gustado la representación en planos del metro de Paris) y correr, y llegar jadeando a la ventanilla y comprar los billetes, y llegar a nuestro asiento sudando y riendo… y no puedo contar lo maravilloso que fue aquel viaje hasta Hendaya, leyendo, perdiéndome en el paisaje, sintiéndome caminar de puntillas en una cremallera que abría Francia para nosotros. Y en Hendaya, la familia…


Así estábamos el sábado 12, reviviendo la aventura de hace mil años, ahora con maletas más pesadas –metafóricamente también- y una hija que cantaba en inglés cuando por fin llegamos a St. Pancras, la estación más preciosa que la mente haya podido imaginar (y eso que la de Lieja el otro día, en plan moderno, está muy bien), pero que en esos momentos se nos antojó compleja, llena de gente, con ascensores que no completan su ruta… un laberinto para el que va corriendo con maletas y un carrito con niña, porque ene se punto ya nos habíamos dado cuenta que eran menos cuarto, y nuestro tren salía a y 57.

Al llegar a la entrada del Eurostar se nos cae el alma al subsuelo: filas enormes como las de los aeropuertos, y pregunto a una señora cuyo trabajo consistía en ponernos juntos a todos los tardones, y nos dice “8:57, buf, por aquí, pero sin garantías, eh?” y pasen por allá, hay que enseñar el pasaporte a la poli inglesa, y luego pasar por seguridad, nosotros corriendo, hay que bajar a Mini de la silla, y se deja esto, y pi pi pi, espere que las cacheamos, y siguiente puesto, Mini se va corriendo, y ahora el pasaporte a la poli francesa, y nos deja pasar un chico simpático, y sube por la rampa al andén… el tren está ahí… estamos en el vagón número uno pero subimos al primero que encontramos… una escena.

Pasamos por los vagones, sudorosos, emocionados, aún sin poder dar crédito a nuestra suerte, y la gente nos mira, de esa manera medio crítica medio fan que te miran cuando vas al baño en los aviones, y yo sonrío, y le digo a Mini que todo está bien, que tranquila, y en unos de los asientos veo a una pareja de veinteañeros con ropa algo pasada de moda que no levantan la vista de un plano de metro de Paris, y de unos horarios de trenes a Hendaya.

Qué monos: siempre merece la pena intentarlo, aunque se pierda la conexión.

22 de marzo de 2011

Oh, it's such a perfect day...

7 divagues
Parece mentira que escriba este título el último día de vacaciones. Pero es que éste ha sido un día de findevacaciones como no recuerdo haber tenido nunca, ya que siempre apuramos hasta el último momento, y este día se pasa viajando, con maletas, cansancio y, al llegar, montanias de correo y colada por hacer. Y al día siguiente, al trabajo a las 9 am. Esta vez, oh sensatez!: llegamos anoche y hoy ha sido un día... ahhhh (noto un ataque de Antonita la Fantástica que parte de un punto indeterminado tras el esternón: avisados).

Para empezar, esta maniana no ha sonado el despertador, todo un detalle. En su lugar, he estado a punto de perecer víctima de los efluvios (excesivamente) perfumados del Pedalista que me ha venido a desear los buenos días, lleno de energía: ya había corrido y se iba a currar. Ah, los deportistas! Gente joven. A los nanosegundos, la hija, que ha pillado el punto de meterse en nuestra cama por las manianas. Desayuno juntas, largo y tranquilas (es un decir, mientras haya colacao que quiere echarse "sola" a la "letxecalienteconcolacaocaliente"). De fondo (no todo podía ser perfecto) centrifugando una colada (cuánto odio esa labor, por no hablar de tenderla). Ducha larga, tranquila, y rituales todos largos y tranquilos. Tender la colada, con música. No me afecta (no me afecta no me afecta).

Hace un día primaveral en Londinium: ello quiere decir que se ha abierto la veda y me pongo mi "abrigo dramático". Tengo un abrigo precioso, que compré en unas rebajas al 50%, impactante, de una tela que da apariencia de seda dura, un abrigo por el que me han parado por la calle alguna vez a preguntar de dónde venía. Su único pequeño problema es -y para un abrigo lo es-, que no abriga. Así que hoy era el día ideal, y cuando llevo este abrigo me siento super Antoñita.

Mini y yo hemos atravesado el parque con su patinete, hacía algo de sol (no aplastante, no he tenido que sacar las gafas, gracias, no hurguen en la herida) y hemos tomado un bus medio vacío hacia la guarde. Vacío porque eran ya las 11:30... ahhh. Los críos de la guarde ya estaban terminando de comer... ahí he abandonado a Mini y me he lanzado a La City, en la primera fila de la parte superior de un bus, leyendo un ensayo literario sobre las novelistas victorianas-algún día caerá un divague ya que en Brujas terminé "Wide Sargasso Sea" (Jean Rhys, 1965), y así podré soltarme el pelo y divagar sobre Charlotte Bronte, y el cabreo enorme de Jane Eyre, feminista sin saberlo.

Me he bajado al pasar el London Bridge y he caminado hasta unas tiendas porque tenía que urgentemente hacerme con unos pantalones-con los que, incidentalmente, no me he hecho. Pero el verdadero motivo era acercarme hasta la City, donde el Pedalista sí que estaba trabajando, y comer juntos. Se nos han unido Oso-el hombre excesos, de cuya paleta gastronómica ya hablé tras un finde de desenfreno sibarita en Agosto-y Pepe, y nos hemos comido un filete con diversos acompañamientos y tomado un té en otro sitio y, cuando todos han vuelto a trabajar (ahhh, se lee entre líneas mi sadismo sin límites?) yo me he encaminado al Museum of London donde había una exposición fotográfica sobre “Street photography”, que, como era de esperar, me ha gustado. Habla de la historia de la fotografía en este campo: de cómo al principio no se tenían los medios para que la cámara disparase para captar movimiento, y de su desarrollo. Había un documental en el que fotógrafos de la calle contaban sus experiencias, lo que es la fotografía para ellos, y todas esas cosas que me hacen replantearme mi vida tal y como está ahora. Si algún alma cándida me pagara por divagar y hacer fotos!

Luego salgo de la oscuridad de la sala a la calle y aún es de día, y estoy en medio de la ciudad, y la gente caminavuela, y tú sientes que el día está resultando genial, porque aún es día, valga la redundancia y sobre todo por el hecho de no haber conectado la blackberry en absoluto (anoche, recién llegados me dio por abrirla y, oh, más de 150 emails de los que habrá que desbrozar el polvo y la paja mañana, establecer cuales son de actuar ya o ayer, cuales son info, cuales son estúpidos “reply to all” y un text con un “Di, estás en el trabajo hoy?-refiriéndose al lunes. NO. PASO).

Así que tras entrar en otra tienda y no comprar nada, me he lanzado en otro bus, donde, entre páginas, me he pintado los labios (en el espejo de cualquier fotografía) por segunda vez: por la mañana ha sido para el padre, y ahora es para la hija. Mini se fija mucho en mis labios pintados, los mira y dice “labios”, y pone un dedito sobre ellos, y sonríe como picaruela, como si supiera que no debe. Cuando llego a la guarde está disputando un bolso de disfraz con otra niña que lo está metiendo a un microondas. La guarde del absurdo, o son todas así?

El highlight de la evening, que no ha sido muy diferente de cualquier otra evening, es que por azar hemos descubierto una versión de una canción a lo ranchera con la que nos hemos divertido un buen rato.



Shhhh ahora es de noche y nos espera... Chinatown.

Welcome to Londinium.

11 de marzo de 2011

Comienzan las vacaciones: El Momento Opá

13 divagues
Creo que va quedando claro que soy urbanita hasta la médula. Me gustan las ciudades porque me apasiona todo lo que pasa en elllas: el cine, los bares, los mercados, los edificios, la gente. Muchas de mis vacaciones cortas han sido lo que los ingleses llaman "city breaks", y esa mezcla de sobredosis de fotos, con sentarte en los cafés a, como dicen las guías, "ver la vida pasar", es parte de mi idea de pasarlo bien.

Sin embargo, a veces siento una estrania llamada de la naturaleza en lo que, hace un tiempo, comenzamos en casa a llamar "el momento opá". Estos momentos sólo ocurren en pleno monte, pradera, preferentemente en un acantilado o a cierta altura. Por definición, no tiene que haber nadie a kilómetros-o millas-a la redonda (se entenderá aquí:). Por definición, has de abrir los brazos como Sor María en "Sonrisas y lágrimas" cuando empieza la peli y va corriendo a lo Heidi y por fin canta: "THE HILLS ARE ALIVE.... WITH THE SOUND OF MUSICCCCCCCC". Si hace vientecito, el opá ya es perfecto. Si en algún momento, cierras los ojos con sonrisa boba, ya estás de cum laude.
Para el que, a pesar de mi descripción, nunca haya hecho un opá, un ejemplo muy ilustrativo ocurre en el minuto 5:08 de este comienzo increible de película. Se trata de "La Bella y la Bestia" de Disney, cuando Bella va paseando por su Vetustilla particular con su libro, y repitiendo: "THERE MUST BE MORE THAN THIS PROVINCIAL LIFEEEEEEEEEE". Al final de la escena, la cámara hace un travelling totalmente opá, va subiendo por encima de un árbol centenario y... aquí está (5:08):



Y para el que aún se pregunte por el origen etimológico del "opá", la respuesta está en el minuto 1:16 de este vídeo. El Koala, del que sólo conozco esta canción y, sí, me gusta, es caniera, hace el avión con sus brazos sintiendo el campo (lo suyo demuestra más compromiso que lo mío) cuando cambia la música. El hombre hace un momento opá, sin saberlo.




En mis ultimas vacaciones hubo mucho opá, hubo noches con estrellas y otras cosas. Las vacaciones que comienzan maniana por 11 días van a ser calles empedradas, chocolate, arquitectura, chips, amigos, 800 tipos de cerveza-anota el Peda- y, entre ciudad y ciudad, no sé si tendremos ocasión de hacer opá.
Por lo menos, cuando entre el tren debajo del mar, abriremos nuestros brazos y haremos la ola.
Hasta la vuelta, divagantes!

9 de marzo de 2011

Más Virginia Woolf: hay que leer a los clásicos

5 divagues
Aprovecho cualquier oportunidad para ponerme feminista y sacar mi espada flamígera (qué imagen fálica, diría algún ridículo), así que lo de la celebración del 100 aniversario del día de la mujer trabajaodra es sólo una excusa. Pero como de este tema ya he divagado y divagado (me acabo de leer particularmente los comentarios de los divagantes de la época de hace exactamente un año, en Londinium sufragista, y me he reído un buen rato), creo que lo mejor va a ser compartir unos trocitos de uno de los libros que más me influyó en su día. Un libro, que ya he dicho alguna vez, habría que leer de rodillas. Ayer incluí un punto, hoy va algo más.

Se trata de "A room of one's own" ("Una habitación propia") de Virginia Woolf, que comienza con una frase tan legendaria y potente como ésta:

A woman must have money and a room of her own if she is to write" (p.4)

Es uno de esos libros sobre los que escribí crónica cuando lo leí hace años, y releyéndola, me quedo con que fue uno de esos ensayos formativos en los cuales la autora acaba siendo una "soul mate", una de esas hermanas mayores que he tenido a través de los libros. Ojalá fuera cierto aquello de "somos lo que leemos": en este caso nada me gustaría más que ser la habitación propia de esta británica que sufría de trastorno bipolar, como muchos otros artistas, y que se asfixiaba en el barrio de Richmond, soñando con pasear por la Strand, en el puro centro de Londinium. Por aquella época había leído yo también a Helen Fisher ("El primer sexo"), la antropóloga americana que me dejó con la sensación de anuncio de higiene femenina: "qué chulo es ser mujer!". Nada que ver con la Woolf, que considero feminismo de nivel.

Dos de las mejores cosas de Virginia Woolf es una, que no te mastica las cosas, y además rehúsa a darte respuestas. Plantea las preguntas, y te enseña el sendero por el que ella ha caminado. La segunda es muy británica: defiende que un escritor o conferenciante nunca se debe dejar llevar por sentimientos arrebatados, porque esto marcará demasiado al texto formalmente, y acabará siendo un panfleto.

“the first duty of a lecturer to hand you after an hour’s discourse a nugget of pure truth to wrap up between the pages of your notebooks and keep on the mantelpiece for ever (…)At any rate, when a subject is highly controversial—and any question about sex is that—one cannot hope to tell the truth. One can only show how one came to hold whatever opinion one does hold. One can only give one’s audience the chance of drawing their own conclusions as they observe the limitations, the prejudices, the idiosyncrasies of the speaker.”

El título del ensayo hace referencia al énfasis de Woolf sobre que “una escritora necesita una habitación propia para poder escribir”. La habitación, algo concreto, es también una metáfora de la independencia puede ser extrapolada a cualquier cosa que quieras hacer en tu vida. Necesitas independencia económica para mantener tu habitación. Woolf confiesa no estar enfadada con el género masculino, precisamente porque ella la tiene, ya que su tía le dejó una asignación anual de por vida.

"I need not hate any man; he cannot hurt me. I need not flatter any man; he has nothing to give me. So imperceptibly I found myself adopting a new attitude towards the other half of the human race. It was absurd to blame any class or any sex, as a whole. Great bodies of people are never responsible for what they do. They are driven by instincts which are not within their control". (p.44)

"Indeed my aunt’s legacy unveiled the sky to me, and substituted for the large and imposing figure of a gentleman, which Milton recommended for my perpetual adoration, a view of the open sky". (p.45)

Y no olvida que necesitamos tener las necesidades básicas cubiertas para poder producir cualquier versión del arte. Por ello son sólo una élite, como a la que ella pertenece, los que pueden permitirse el lujo de pensar y escribir “of the urbanity, the geniality, the dignity which are the offspring of luxury and privacy and space.” (p.27). Pero ser mujer casada y ser rica no equivale a libertad para ella: se era la propiedad del marido. Las mujeres, para Woolf, siempre han sido pobres: qué hicieron nuestras abuelas? Por que no empezó la lucha mucho antes?

What had our mothers been doing then that they had no wealth to leave us? Powdering their noses? Looking in at shop windows? Flaunting in the sun at Monte Carlo? (…) If only Mrs Seton and her mother and her mother before her had learnt the great art of making money and had left their money, like their fathers and their grandfathers before them, to found fellowships and lectureships and prizes and scholarships appropriated to the use of their own sex, we might have dined very tolerably up here alone off a bird and a bottle of wine; we might have looked forward without undue confidence to a pleasant and honourable lifetime spent in the shelter of one of the liberally endowed professions. We might have been exploring or writing; mooning about the venerable places of the earth; sitting contemplative on the steps of the Parthenon, or going at ten to an office and coming home comfortably at half–past four to write a little poetry. Only, if Mrs Seton and her like had gone into business at the age of fifteen, there would have been—that was the snag in the argument—no Mary” (p.24)

Virginia Woolf no tuvo hijos, como no los tuvieron Simone de Beavouir o las hermanas Bronte, Jane Austen o George Elliott. Rinde su respeto a todas las mujeres que, a lo largo de la historia, han tenido y criado hijos, algunas muriendo en el camino. Sin embargo, opina que para la libertad de las mujeres por la que lucha, hay que reducir el numero de vástagos: 2 ó 3, no más.

For, to endow a college would necessitate the suppression of families altogether. Making a fortune and bearing thirteen children—no human being could stand it. Consider the facts, we said. First there are nine months before the baby is born. Then the baby is born. Then there are three or four months spent in feeding the baby. After the baby is fed there are certainly five years spent in playing with the baby. You cannot, it seems, let children run about the streets. People who have seen them running wild in Russia say that the sight is not a pleasant one. People say, too, that human nature takes its shape in the years between one and five. If Mrs Seton, I said, had been making money, what sort of memories would you have had of games and quarrels? What would you have known of Scotland, and its fine air and cakes and all the rest of it? (p.25)

Este libro fue publicado en 1929, hay ideas que fueron revolucionarias en la época y, por lo que veo a mi alreador, muchas aún lo son. Me quedo para terminar con una frase que no aplica necesariamente sólo a las mujeres, sino a cualquiera que elige una vida… que para mi no es vida. Vive con menos, disfruta más de lo que vale poco.

“reflect upon the kind of glory celebrated there. Or watch in the spring sunshine the stockbroker and the great barrister going indoors to make money and more money and more money when it is a fact that five hundred pounds a year will keep one alive in the sunshine (p.45)”

8 de marzo de 2011

Los hombres al escribir sobre las mujeres, según Virginia Woolf

4 divagues
Ayer dediqué un párrafo, al divagar sobre "La tejedora de coronas" de nuevo al tema de cómo nos describen los hombres en la literatura. Hace unas semanas, dejé un divague completo a tenor del debate Ana Ozores, Ana Karenina, Emma Bovary, et al.

Hoy, releyendo una vieja crónica sobre uno de los ensayos que más me ha influído, "Una habitación propia" de Virginia woolf, me encuentro con esto. Qué día mejor que hoy para colgarlo.



"women have burnt like beacons in all the works of all the poets from the beginning of time—Clytemnestra, Antigone, Cleopatra, Lady Macbeth, Phedre, Cressida, Rosalind, Desdemona, the Duchess of Malfi, among the dramatists; then among the prose writers: Millamant, Clarissa, Becky Sharp, Anna Karenina, Emma Bovary, Madame de Guermantes—the names flock to mind, nor do they recall women ‘lacking in personality and character.’ Indeed, if woman had no existence save in the fiction written by men, one would imagine her a person of the utmost importance; very various; heroic and mean; splendid and sordid; infinitely beautiful and hideous in the extreme; as great as a man, some think even greater.[5] But this is woman in fiction. In fact, as Professor Trevelyan points out, she was locked up, beaten and flung about the room. (p.50)

Imaginatively she is of the highest importance; practically she is completely insignificant. She pervades poetry from cover to cover; she is all but absent from history. She dominates the lives of kings and conquerors in fiction; in fact she was the slave of any boy whose parents forced a ring upon her finger. Some of the most inspired words, some of the most profound thoughts in literature fall from her lips; in real life she could hardly read, could scarcely spell, and was the property of her husband". (p.51)

7 de marzo de 2011

"La tejedora de coronas", un libro Patrimonio de la Humanidad

19 divagues
Para Rogelio.

“La tejedora de coronas” del colombiano Germán Espinosa fue un regalo de Navidad traído directamente de Santa Marta. Dicen que si es la novela colombiana más grande tras “Cien años de soledad”, y ha sido reconocida por la UNESCO como “Patrimonio de la Humanidad”. Hace poco lo terminé y es uno de esos libros en los que me enfrento al blogger en blanco con mi mente precisamente del mismo color. Es tan abrumador que te deja con esa sensación mejor explicada por la onomatopeya “WOW”.



En primer lugar, la logística de leerlo: se trata 555 páginas divididas en diecinueve capítulos de una media de cuarenta hojas cada uno, en los que no hay un solo punto y seguido (por no hablar de aparte, claro: hay dieciocho en todo el libro, los que separan los capítulos). Ello quiere decir que cuando te lanzas de cabeza en un capítulo es como tirarse en un río de montaña por los rápidos y no saber por dónde vas a salir: porque la vida generalmente nos demanda para esas cosas mundanas como bajarnos en la siguiente parada, y no hay otra que parar, así, como quien contiene la respiración, sin saber cuándo vas a volver a respirar. Esto lo hace duro al principio, y tienes que aprender a leer de otra manera, sin desesperarte por retener todos los datos porque no van a ser imprescindibles para que Espinosa te siga llevando por sus rápidos sin piedad porque, al llegar al remanso, con suerte tendrás una idea de lo que ha supuesto el viaje. Difícil de explicar, eso sí, porque tiene mucho de confuso, onírico y de blogger en blanco, que es lo que estoy tratando de divagar hoy.
Las primeras páginas del libro son para llorar de emoción por la belleza formal, apabullante: simplemente no puedes creerte que vayas a tener 555 páginas de lo mismo sin parar, te hace replantearte qué va a ser de tu vida en las siguientes semanas, y si los subrayados en rojo van a tener sentido, cuando todo está subrayado. Memorables son muchos comienzos de novela, memorable me parece éste:

“Al entrarse la noche, los relámpagos comenzaron a zigzaguear sobre el mar, las gentes devotas se persignaron ante el rebramido bronco del trueno, una ráfaga de agua salada, levantada por el viento, obligó a cerrar las ventanas que daban hacia el occidente, quienes vivían cerca de la playa vieron el negro horizonte desgarrarse en globos de fuego, en culebrinas o en hilos de luz que eran como súbitas y siniestras grietas en una superficie de bruñido azabache…”

La primera escena nos presenta a Genoveva Alcocer, la tejedora de coronas (este es el significado de su nombre), en la bañera, o bañadera como dicen en Cartagena de Indias, ciudad donde se desarrolla la infancia y primera juventud de la protagonista, con cuyo acoso por la flota de Luis XIV de Francia comienza la novela. La sensualidad del libro está patente desde la primera página:

“sería mejor llevar la camisola al meterme en la bañadera, pues ir desnuda era un reto al Señor (…) y quedé desnuda frente al espejo de marco dorado que reflejó mi cuerpo y mi turbación, un espejo alto, biselado, ante cuyo inverso universo no pude evitar la contemplación lenta de mi desnudo (…) pensaba que la belleza era garantía de felicidad, aunque los mayores se inclinaran a considerarla un peligro”. (1)

No sólo por el párrafo anterior, que resume su manera de entender la vida -un carpe diem de los sentidos-, Genoveva es una adelantada de su época, una criolla de finales del Siglo XVII que se enamora de un aprendiz de astrónomo que bautiza a un nuevo planeta con su nombre y, desde la astronomía (denosta la astrología) y el hedonismo, desde la ciencia pura y la no-superstición se enfrenta a una sociedad donde el Santo Oficio domina las pesadillas diarias de la mano de España, esa nunca-madre-siempre-madrastra patria, que Espinosa describe con una crudeza totalmente comprensible:

“unos habitantes que uno sabía torturados por todo género de presentimientos infernales, de bajísimas chismografías, de miedos incomprensibles, pues casi todo allí era considerado pecaminoso, las mujeres sometían a los maridos a larguísimas continencias sexuales, los varones vivían al acecho de rendijas donde atisbar las intimidades femeninas, las iglesias permanecían repletas de personas q se golpeaban espectacularmente el pecho, una epidemia de ceremonias eclesiásticas callejeras estorbaba el libre tránsito, los señores arrastraban la capa a fin de hallar pretextos para estoquear a quien las pisara, otros en cambio arrastraban cadenas y se cubrían con capuchas negras para hacer, como flagelantes después de la Peste Negra, penitencia publica lacerándose con disciplina y fajas de cerdas, los hedores se amazacotaban en todas partes…".

Una no puede más que replantearse que de esos polvos vienen los actuales lodos. Pero la superstición y la negrura hispánica del párrafo anterior contrasta poderosamente con el siglo de las luces francés, ya que Genoveva cruza el Atlántico y se instala en Francia, donde, como muestra, conoce a Voltaire y Diderot y se impregna de todo el Enlightement y el enciclopedismo del siglo, que han de terminar en la Revolución Francesa.

El verbo “impregnar” me traslada a las múltiples descripciones bastantes explícitas de los intereses y actos sexuales de Genoveva durante su vida, sin importarle género, condición, edad o incluso el que la estén violando, que aprovecha para disfrutar. Ya he divagado alguna vez sobre la particular visión de los hombres al describir en profundidad a las mujeres, y, si bien es cierto que para de meterte en la piel de un personaje hay que -antes que pertenecer a un género u otro-primerísimo, ser un observador obsesivo y luego, tener la técnica y el corazón de saberlo poner sobre el papel o la pantalla, no sé porqué, tenía la sensación de que era un erudito con perilla el que estaba describiendo el placer último tras ser forzada por un pirata repulsivo, o la atracción sexual por una niña que había medio adoptado, y no una mujer equivalente.

Espinosa era una enciclopedia de saber él mismo, y durante la novela abundan los datos históricos, geográficos y científicos. Personalmente, me ha abrumado en algunos puntos, donde la belleza formal del principio se combina con un tratado especialista. Todos esos datos se olvidan tan pronto como has pasado la página, cuando has superado la número cien. Pero, como decía la monja de historia: “el saber es lo que queda cunado se ha olvidado todo”. Al terminar “La tejedora de coronas” te queda un poso de historia de la colonización, el Siglo de las Luces, la masonería, la Inquisición… todo ello con el marco de fondo de los colores insultantes del maravilloso Caribe colombiano (toma Caribe!).


Y antes de terminar, le debo a Espinosa no sólo ideas de las que hacen volar, sino frases perfectas y una imagen que siempre estará conmigo, cuando vuelva a flotar como Federico sobre el mar:

“se arrojó otra vez al agua desde las rocas ásperamente labradas por (…) la jaiba azul del Caribe para nadar hasta cierta distancia y permitir a su cuerpo flotar como una balsa, la espalda sobre el agua, y el pecho apuntando al cielo claro (…), para caer en la cuenta que flotaba sobre el traicionero precipicio marino, sostenido en mero equilibrio mecánico y zarandeado por las corrientes que evidentemente lo habían arrastrado…”


Y tal vez sólo el que haya leído el libro vea el traicionero precipicio marino como si de un mapa físico se tratara, porque la manera de ver el mundo de sus protagonistas del lado de la luz es así, una mirada cartográfica, telescópica o microscópica si fuera el caso, una que intenta entender el mundo usando la razón. O tal vez el que haya nadado en aquel mar cuya belleza es indecente, cuyo azul me acompania como la imagen. Sabía que la ciudad de Cartagena de Indias era Patrimonio de la Humanidad, pero desconocía que lo pudiera ser un libro. Y ahora entiendo porqué “La tejedora de coronas” lo es.




(1) Curioso que mientras escribo esto leo Wide Sargasso Sea” (Ancho mar de los Sagarzos) de Jean Rhys, y justo me encuentro con esta frase: “The smell of soap as you cautiously soaped yourself under the chemise, a trick to be learned, dressing with modesty, anoher trick”, de nuevo pronunciada por una criolla, Antoinette Cosway, ésta en Jamaica en los 1830s, confinada en un convento. Dicen que las casualidades no existen, pero ha sido casual (o no?) que haya elegido este clásico moderno que llevaba ya un tiempo esperándome en la estantería.

4 de marzo de 2011

Ayer acabé con la carrera de un honrado fotógrafo profesional

8 divagues
Alguien ahí fuera ha sido sometido a esta forma de tortuta moderna conocida como sesión de fotos de estudio? Por coincidencia,tanto Mini como yo hemos tenido acceso a la pesadilla en primera persona, ella hoy, ayer yo. Y ambas hemos logrado que nuestros respectivos fotógrafos se estén replanteando sus carreras.


Remontándonos, de todas las sesiones de fotos que me han hecho profesionales en mi vida, no recuerdo una en la que dispararan tantas como en la de ayer. Hablo de cientos. Recuerdo una en parvulitas, cuando vino un señor al cole y nos llevaron en fila a la biblioteca para hacernos la foto que ha poblado las mesillas y las carteras de mi familia durante todos estos años. Llevo el uniforme rosa con el frontal de nido de abeja que aún existía en mi colegio en la época para las párvulas (luego lo quitaron), dos coletas de color bastante más claro que mi pelo actual, y no sonrío (aún no existía Posh Spice pero ya debía yo intuir que el verdadero glam mira así a la cámara). Tenía sólo 4 ó 5 años, pero recuerdo claramente al hombre diciendo: "no te muerdas los labios". Señorrr.

Entre medio habrá muchas sesiones de esas de fotos de pasaporte, pero la siguiente memorable fue la que, como todo el mundo, la Fashion y la que firma nos hicimos para las bodas de plata de nuestros progenitores. Pomarón Fotógrafo disparó como 10-15 fotos juntas, con un fondo horrible, y luego hubo que decidir, a la yugular, cual se ampliaba. Al final ganó la que salía mejor yo, la pobre Fashion tiró la toalla. Extinción, agotamiento, o bien por una vez mostró el respeto debido a La Hermana Mayor.
Cuanod Mini tenía tres meses, con los puntos del súper podías elegir entre un día de manicuras y despellejes varios, un curso de cocina, o una sesión de fotos familiar. Así que los tres nos sometimos a una mañana de posados en una especie de caballeriza venida a estudio. Ya dicen que no se trabaje con niños ni con animales. El post fue peor: encontrar una en que los tres saliésemos decentes era una tarea aún más compleja que con la Fashion: éramos tres, y Mini parecía estar electrocutada. El Peda adoptó actitud Fashion: por él podría haber elegido una en la que él saliera con un ojo medio cerrado.
Pero ya está bien de pasado oscuro, volvamos al presente. Lo de ayer fue otra cosa, mucho más profesional, y por lo mismo, horrífico. Resulta que los Altos Poderes de mi trabajo consideran que colgar fotos del personal en la web con sus currículums, e incluso imprimir folletos, va a ser beneficioso para el mundo y para nosotros. Hace un mes me llegó el email avisando que el "2 de Marzo" era mi turno al matadero. Aconsejaban "llevar maquillaje por mejorar la definición de las fotos en blanco y negro", "vestir de oscuro porque el fondo es blanco" y alguna que otra obviedad del estilo (no decían "lavarse el pelo" porque son ingleses y muy polite, pero sinceramente, tras ver algunas fotos, parece que este sentido común no es del dominio público).

La idea del "shooting" (píllese el doble sentido) ya era lo suficientemente sobrecogedora por el hecho de tener que hacer el minga ante una cámara pareciendo profesional a la vez que simpática (dejarán morderse los labios? me preguntaba). Pero cuando ya parecía que iba a ser simplemente un mal rato, hace tres días, un alien se hace con mi mejilla. Lo que en principio parecía un puntito rojo a la izquierda de la nariz, sin voluntad de mucho más, se acaba metamorfoseando en un ser con vida propia al que voy pegada. No sé si es ovidiana o kafkiana, probablemente ambas. Yo, que ni de adoelscente tuve granos, me tiene que salir uno esta semana. De todas las semanas del año, tienes que elegir esta, maldito. Dios existe, lo vengo diciendo. Y es un cabrón.

Maileo a la organizadora pidiendo postponer, y en un ejercidio de humillación estratosférica he de admitir La Verdad: es que tengo una masa que va cambiando de color cada día que se ha amotinado en mi careto, y sinceramente, mucho Photoshop va a ser necesario para arreglarlo. Ha ha ha, se ríe en inglés por emilio, no worries.


No worries mi caballo. Porque esto es sólo un worry más, a añadir a la preocupación del qué-me-pongo de antes del Alien. Cómo no, había recurrido a la Fashion el fin de semana que pidió su briefing (consistente en varias fotos con las opciones, su novio aún no ha tenido a bien instalar la camarita del skype desde que se mudaron). De las comedias del finde salieron dos versiones de Di:


1. Versión formal: Traje azul marino con mucha caída y camiseta blanca por debajo.

2. Versión informal: Pantalones negros por dentro de botas altas, jersey de cuello alto negro (look enterrador, pero favorecedor).

Fashion estuvo en desacuerdo-con lo de favorecedor- y dictaminó que definitivamente look 1, pero con camisa. Probé y por fin camiseta. Siguiente tema fueron zapatos: salón o unos de hebilla a los años 30, ambos taconazos. Fashion dictó: salón. Mini señaló salón (ojos chiribitas, estaban recogidos) y añadió "muy bien".

Por fin el Gran Día. Ahorraré el proceso maquillaje-restauración en el baño de minusválidos y últimos retoques, con el Alien no hay mucho que hacer. Entro en la sala que está cubierta por un rollo blanco enorme y los consabidos paraguas. El fotógrafo, David, carraspea para disimular la impresión que le causa tener que fotografiar a un grano con melena y zapatos salón. Toda su vida pasa muy deprisa delante de sus ojos. Yo querría disculparme por tener que someterle a esto, por estar arruinando su carrera impunemente. Le pregunto por el Photoshop y se ríe: sé que es una risa histérica, de esas que se sueltan cuando una esposa en tu tobillo y la otra en la vía, y viene el tren. Poor fellow.

Primero me hace sentar en una silla de esas con ruedas metálicas brillantes, aun secándose el sudor frío. Que me ponga el pelo no se cómo y empieza a disparar. Es un gran profesional: cómo puede mantener una conversación con una masa seborreica? Sabe que ha de mantenerla fluyendo, e intenta hacerme reír. Yo, que ya paso de todo, a veces me río a carcajadas. "Esa es una postura muy de modelling, tendrías que haber tirado por ahí". Y yo: "ay que me parto". Ahora de pie, y gírate así, y allá, y más risas... así 15 interminables minutos. Al final dice algo con lo que pongo una expresión bastante teatral (mirando el techo, soy una drama queen) y es la única que me enseña: "Yo iría definitivamente a por ésta". Promete abusar del photoshop, pero creo que aquí se require cirugía abierta.

Hoy le ha tocado el turno a Mini: la foto anual de la guardería. Desde hace un par de días, Mini está con los ojos medio conjuntivíticos, y esta mañana ha amanecido con los ojos pegados (manzanilla al rescate). No parece el mejor momento para la foto anual: de entre todas las semanas del año, las terribles bacterias eligen ésta. Menudo par.

El año pasado no lograron sacarle una sonrisa, ella que se ríe tanto. Este año, veremos. Me recuerda a una niña con dos coletas y vestido rosa de nido de abeja, hace muchos años, mordiéndose los labios.

2 de marzo de 2011

Viajando con baby: el primer año

17 divagues
Una de las consecuencias más temidas a la hora de tomar la decisión hijos era el "podremos volver a viajar o acabaremos en una autocaravana". Tómese la autocaravana como metafórico, porque en realidad, nuestra pesadilla más frecuente era pasar las vacaciones en aquel lugar, agujero decrépito mundial conocido como Vetustilla de la Torre.

En Vetustilla pasé parte de mis veranos, y hete aquí las consecuencias. Vetustilla es altamente nociva para la salud en general, la mental en particular. Vetustilla es el último lugar donde una madre con temor de Servicios Sociales llevaría a su vástago de vacaciones. La gente de "mi peña" va allí ahora con sus hijos, y yo empiezo a hiperventilar con la sola idea: maratones de juegos de cartas de sol a sol, camisetas de fiestas con complejo de inferioridad "soy de Vetustilla, qué pasa!", sesiones donde ser cuenta una y otra vez la misma anécdota de "cuando Fulanito se quedó atrapado en nosédonde con un pedo monumental", de hace la friolera de 20 años. NO.

El año que nació Mini fue uno de los más viajeros de mi vida. No dice mucho a mi favor en cuanto al carbon footprint, y tampoco en cuanto a grandes viajes transoceánicos, no engañarse. Pero el caso es que pasé mi baja maternal volando de Londinium a Vetusta muy frecuentemente, porque todos, icluído el padre, querían estar con la nena. Justo acababa de cumplir un mes cuando la peque voló por primera vez (ah! que tiempos, eso era un vuelo relajado!).

En Agosto, cuando tenía 3 meses, fuimos a Berlín, pero esto ya lo he contado aquí. Me tocó un viaje en un hotel de esos que no quieres salir del pispo, y allá que nos fuimos los tres. Fue de lo más fácil: recuerdo "al servicio" subiendo agua hirviendo para nosequé esterilización que se requería, que afortunadamente ya he olvidado. Fueron unos días geniales, bañándonos en la piscina y turnándonos para la sauna y demás mandangas. Incluso re-vimos algo de Berlín.

A finales de Septiembre, compramos unos vuelos de entrada a Mykonos, y salida dos semanas después desde Atenas. La única diferecia con nuestra manera de viejar anterior era el nivel de los hoteles. En Mykonos estuvimos en uno precioso donde las toiletries eran de Korres, las sábanas de hilo, la piscina vacía. De allí, cogimos el ferry y saltamos a Paros. Nuevo salto unos días despues a Santorini: uno de los sitios mágicos que voy atesorando para volver algún día. Mini iba en su carrito o colgada de nosotros sin ningún problema. Todo era muy fácil: tenía hambre, y yo le daba el pecho, donde fuera. Había que cambiar el pañal, pues si no había facilities encontrábamos una roca. Estuvimos en una playa volcánica totalmente roja a la que había llegar caminando: se llegó. Y de nuevo otro ferry para terminar en Naxos, donde estuvimos en una especie de apartamento básico pero con unas vistas impresionantes y un mar increíblemente transparente debajo del pequeño acantilado. El mar hacía allí una piscina natural, y nos turnamos para nadar. Las cenas eran fáciles: poníamos su carrito al lado de la mesa, y ella ya se habia dormido (de viaje solemos comer sólo snacks durante el día). Los griegos eran muy amables con nosotros, les gustan los niños, y tuvimos muchas de esas señoras de negro de la edad de nuestras abuelas diciéndole cosas. Recuerdo en un restaurante en Mykonos donde no se querían dormir, y una señora se dedicó a pasearla, señalando nuestra comida tipo "vosotros comed". Algo así como una madre española, intrusiva, tomándose la acción por su mano. Por fin tomamos el último ferry a El Pireo, el puerto de Atenas, donde pasamos unos días geniales, acrópolis incluída, con Mini en la mochila.

En Otoño llego Milán. El Peda tenía una reunión de trabajo y por una vez fuí una de esas esposas consorte que viajan con su marido. Milán fue la nieve, recuerdo pasear delante del Duomo blanco mientras el Peda estaba reunido, recuerdo la dificultad para encontrar un sitio donde dieran té (no me gusta el café, y en Italia vas apañado), recuerdo museos y gente muy fashion. Seguía amamantando a Mini en los cafés pero la cosa se complicó ligeramente, porque ya superados los 6 meses, comía sólidos y tuvimos que tirar de esos espantosos potitos que, si en UK había gran variedad, en Italia se reducía a prosciuto al pomodoro.



Ah, el primer anio, cuando aún no saben andar... la diversión está a punto de llegar.