21 de febrero de 2011

Impresionable

Soy bastante impresionable, pero en una época de mi vida decidí obviarlo: no podía pasarme a mí. El otro día vi la última peli de Danny Boyle, "127 horas", y estuve un rato sin mirar. En el pasado, me habría obligado a no pestañear. Dicen que la gente que sigue mi anterior técnica se desmaya en las salas de cine, o que hacen "hummmmmmmm" durante el rato duro. Luego están los adolescentes hormonales ávidos de sangre.

Se preguntarán porqué voy a ver una peli en la que todas las críticas ya revelan que hay trozos "mareables" y la respuesta es porque, de momento, iré a ver todo lo que haga Boyle (que ha dirigido pelis tan visuales como "Slumdog millionaire", "Trainspotting", "28 days later", "The beach"). Su fotografía me impresiona, es increíblemente vitalista, colorista y optimista. Muy contrastada, es imposible no salir con imágenes del cielo abierto en canal por estelas de aviones, o del azul de cierta poza subterránea (me he enamorado de esa escena). Incluso en un tema como éste logra con la cámara dar mil puntos de vista, por ejemplo, desde dentro de la botella de agua que de la que bebe el prota, un James Franco medio alucinado (creo que muy bien interpretado) durante gran parte de la peli. Esta música de Plastic Bertrand tal vez pueda dar una mínima idea de lo "exhilarating" de una cinta cuyo planteamiento inicial es todo menos eso...








Pero hoy no venía yo a divagar de cine, oigan, que yo he venido a divagar de mi pasado oscuro en el que sentía que tenía que mirar. Ni me planteaba que no me gustaba, simplemente era parte del "gran esquema de cosas". Cuando por fin me admití que no era lo mío, era demasiado tarde.

Hace mucho tiempo, en una rancia institución (o institución rancia?) de un país muy lejano, la pobre Di postadolescente tenía que pasar una hora al día, junto con otros 4 o 5 compañeros, alrededor de un muerto. Allí, en la institución, se le llamaba "cadáver", palabra que siempre me ha dado pánico (algo así como "ataúd", tal vez por su acentuación), y es que creo que toda la parafernalia de la muerte me da más miedo que la propia dama de la guadaña. Por mor de la sucintez. llamemos a la institución, a partir de aquí "La Rancia" y al cadáver, "el muerto".


No me gustaba La rancia (esto lo averigué más tarde) y no me gustaban las sesiones en el subterráneo con el muerto. El último olía, ya desde la primera sesión, a salami del fuerte; la primera, a papel amarillento y a humedad. Me aseguraban que el culpable de lo primero era el formol, pero sinceramente, nunca más pude comer salami mientras hacíamos disección, la friolera de dos años. Había gente que lo llevaba mejor: se apoyaban sobre el esternón del objeto de estudio para ver mejor la víscera de turno. A mí su frialdad siempre me dejó todo menos fría, e intentaba toquetearlo lo menos posible. Cuando no había otro remedio, metamos el dedo por el conducto inguinal para aprender bien las fascias... oh dear, era una textura desagradablemente untuosa, y repito, fría.

Un día nos juntamos un grupo para hacer un repaso antes del exámen, sin profesores. Nos abrió la sala el macarra de bedel que organizaba esta agradable sala. Era por la tarde, no quedaba casi nadie en la sala, digna de aquella peli de serie B con Michael Douglas, "Coma". Las cajas metálicas estaban a los lados, en el centro mesas tambien metálicas con los “velorcios” (una especie de atlas anatómicos creados por un antiguo catedrático) y lavaderos, delantales de plástico y demas atrezzo de peli de horror. Intentamos sonsacarle cosas al macarra, puro morbo juvenil: que cuanto tiempo llevaba allí, que si le gustaba su trabajo, y por fin detalles escabrosos sobre el principio de los finados en La Rancia: como llegaron aquí, y demas detalles que ahorro. El tipo se creció, y además de contarnos historias para no dormir, decidio ilustrarlo con una mise-en-scene como pocas: nos pasó a la sala sin ventanas donde no teníamos nunca acceso (ahora aqui va música tipo "Psicosis").

Amenábar se habría puesto las botas allí haciendo una peli de terror: hasta yo habría conseguido meter miedo a futuros espectadores con un súper-8: frascos de cristal con embriones, en distintos estados de gestación, horribles. Nunca nos los enseñaron cuando estudiábamos embriología, por razones obvias. Luego la usual parafernalia de una sala de anatomía (o museo de los horrores, como se prefiera): cráneos, osamentas y vísceras en más frascos, o reproducciones de plástico. Esto ya no me impresionaba porque yo tenía mi propia calavera, que un exnovio había sacado del cementerio de Belchite, para estudiar los pares craneales. Les metías un alambre por los agujeritos de la base craneal, a ver donde salían. Esto no era morbo, sino una actividad pedagógica. Siempre pensé que mi calavera era de algún inglés que vino a luchar en la Guerra Civil con las Brigadas Internacionales, porque tenían un empaste. Wishful thinking.

El macarra se lo estaba pasando pipa viéndonos a todas “uh” “ah”, chavales de 18 años haciendo el bobo una tarde de tormenta. Entonces nos habló de “la cámara”. Nos podía enseñar más cosas, pero teníamos que pasar a “la cámara”, que era una puerta como de las carnicerías. Y nosotros venga a reír, y uno a uno nos metimos en la cámara, que estaba vacía, y él hizo amago de cerrarla, y mucho jaleo, y menos mal que no quedaba ya a esa hora nadie con dos dedos de frente en toda la facultad.

Mis desventuras anatómicas no fueron suficientes para desanimarme con mis estudios. Mientras tanto, me obligaba a seguir metiendo alambres por cráneos ajenos, a quitar puntos de sutura a quien pasase por allí, o hacer cualquier tipo de cura a miembros de mi familia. Y todo iba relativamentes bien, porque, aparte del muerto, todos aquellos años transcurrieron memorizando listas y mirando por microscopios –tan pobre era la univetusta- monoculares.


Pero, ay, los años van pasando, dejas de usar Clearasil, y allá por cuarto se empiezan a complicar las cosas…



***Nota: Continuará si hay algún divagante hormonal ahi afuera al que le siga gustado MIRAR***

15 comentarios:

  1. ¿Eres médica?

    Esto sí que no me lo esperaba.

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  2. ¿Eres miedica?

    Eso tampoco me lo esperaba yo

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  3. Diva, ahora te toca a ti decir porque... Anda q te vas a librar... :)

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  4. Me tiraré el moco y diré que ya me imaginaba lo de médica (con miedo a equivocarme previo a la continuación, quién sabe si no abandonaste por la psicología).

    Estoy con Diva no te pega ser miedica. Das una imagen muy echá p'alante y desenvuelta.

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  5. Pues porque siempre pensé que eras de letras. No te pega nada.

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  6. ¡Basta de sexismo en el lenguaje!

    ¿Eres médica y médico?

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  7. Oye, a tod@s: ya os vale, no os a gustado la canción? :)

    Teresa, lo de letras me lo tomaré como un cumplido. Lo cierto es q lo soy, aunque estuviera matriculada en asignaturas de ciencias. ANI, todo el mundo sabe la carrera q empezaron (e incluso algunos terminaron!) Chejov, Joyce, Baroja, Conan Doyle… ABABOL, qué sexismo ni qué narices? Y ANONIMO VOCACIONAL, nuevo (welcome!) por estos lares, por eso sera el q se centra en el divague: lo q nos cuentas es impresionante y a los impresionables nos deja… mmm… impresionados.

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  8. Jodo Teresa, pareces nueva, a estas alturas te enteras de que es médica...
    Yo en 1º me comi una pata de un bicho de disección. Por probar y tal.
    Cocinada eso si.

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  9. ¡Ah! y yo vi de todo en el cine...hasta que un dia de repente me tuve que salir de Stalingrado.

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  10. De joven te crees indestructible, te ves entero y compacto. Luego tienes que tratar con tu propia estupidez y, lo que es peor, con la estupidez de los demás (más el dolor y todo eso, que te vuelve compasivo pulsátil). Y ves que estás hecho a trozos (que la vida te ha hecho trocitos y ya no eres indestructible).

    O sea, de joven lo veía todo y ahora no soy capaz de ir a ver una película que contenga torturas y sea creíble. No necesito ver eso para estar en contra absolutamente: ya me lo sé; lo aprendí; lo recuerdo; es innecesario.

    Y no quiero imágenes así.

    Otra cosa es en la tele y las pelis de acción de holivú, donde estás a cada momento oyendo el "corten" y al torturado perdir una cerveza, pero bien fresquita.

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  11. Pues sí, Gonzalo, ya ves, lo del pasamontañas funciona mejor de lo que ella misma piensa.

    Al menos con lerdas como yo.

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  12. Anda yo pensaba que eras militar o ingeniera!!!

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