31 de julio de 2016

Argostópolis-Roma-Levante espanis (IJ17)

Domingo, 31.07.16, Argostópolis-Roma-Levante espanis

Hoy es uno de esos días en los que sabes que vas a pasar nervios, hambre, sueño... uno de esos días que piensas que si puedieras FFWD, lo harías. Por ello dorminos mal en el cuarto aquel como de colegio mayor pese a que habíamos hecho el complejo empaque la noche anterior: los nervios de qué va en cada maleta y cuánto pesarán. Porque el Peda vuela directo a Londinium y MIni y yo a un punto del levante espanis, vía Roma.

Nos levantamos a las 0650, a las 0715 en el coche y a las 0745 en el aeropuerto. Es muy pequeño y eso está bien. Llevamos cada uno una maleta de equipaje de mano, la más grande la estira ahora MIni, yo llevo la eastpak de flores surferas azules y el Peda la de Micky Mouse dura. Sí, como suena, Mini tiene una maleta rosa de Disney que ahora le horroriza, porque ya no es una niñata con maleta rosa de Disney, por si alguien se pregunta. Así que su padre tiene que volverse a Londinum con una maleta rosa. 

La azafata nos quiere hacer "bajar las maletas a bodega sin coste adicional porque el vuelo va muy lleno". Le digo que nanai, citando al maestro Ro "al abuelico con pistolicas de agua". Entonces me sonríe y anota: "ah, ya entiendo porqué... haceis escala en Roma". Sí, querida, tenemos como 5 horas en Roma y paso de estar con una mano sobre otra. 

Nos despedimos muy tristes del Peda, al que dejamos en Argostópolis porque su vuelo sale un rato más tarde. Como el año pasado, es terrible esa despedida... y solo será una semana, pero la sensación de separate en un aeropuerto ahí, enmedio de la nada, no mola. 

Pero por supuesto, nuestro vuelo está retrasado-casi dos horas-, así que le volveremos a ver en la sala de embarque pasado un rato. Le vemos entrar con una cara muy larga que se ilumina al vernos, pero es que al pobre, los atracadores de ThomasCook, con los que volaba, le han cobrado £55 por la maleta de Micky Mouse! Porque pasaba 11 kgs, y solo podía pesar 6. En fin, unos rapaces. 

 Por fin sale nuestro vuelo y llegamos a Roma sobre la 1 pm, con un hambre de rapaces, esta vez nosotras! Habíamos sopesado dejar las cosas en consigna e irnos a dar un breve paseo por la ciudad eterna, pero entre el retraso y que hemos de comer entonces sí o sí (imposible esperar los 40 minutos de tren), decidimos quedarnos en Fiumiccino. 

Yo le había prometido a Mini un restaurante con toda la pasta del mundo: nadar entre tagliatelle, flotar en penne, retozar en linguini. Pues no: no hay restaurantes en Fiumiccino! Son todo mostradores de trozos de pizza para llevar, o similar. Por fin encontramos un autoservicio, pero tampoco hay una oferta ocmo la que yo había dibujado: patas de pollo! ensaladas tristes cubiertas por film! Y la única pasta es gnocci, con la que tengo una relación compleja. Le cuento a MIni que la primera vez que lo probé fue en Argentina donde me contaron que lo comen para fin de año y ponen un billete debajo del plato para que les dé abundancia. Así que MIni acaba pidiendo gnocci (que a medio plato ya no puede más, ese es el problema del gnocci) y yo unas berenjenas con parmesano gratinadas. 

El aeropuerto está muy animado: hay un piano de cola donde un tipo con bigote y camiseta a rayas canta ópera, y muuucha gente. Muchísima. En la planta de arriba, en un rincón escondido, encontramos una especie de divanes que hacen mis delicias: monto el campamento y me duermo la siesta. Mini a mi lado mira el teléfno porque hay wifi gratis. Un paraíso, Fiumiccino. Sin solo vendieran lasagna ya sería perfecto! Le pongo un mesnaje a mi madre que nos traiga "un snack" al aeropuerto, por si aca. Compramos un helado que es otro manos arriba, esto es un atraco.

Estamos en los últimos asientos del vuelo, los que menos me gustan. A la ventana entra una mujer con un perrito enano con la que hablamos un rato. Es espaniola pero vive en Roma desde hace 17 años. Eso me suena...  Nos cuenta anécdotas del "talante italiano". Mini se duerme.. pasa el carrito y no compro nada porque sigue dormida. 

Aterrizamos, y Mini pregunta si he cogido algo en el carrito. Le explico. Yo como unas barritas griegas a base de sésamo con miel, que me han salvado el viaje, pero a MIni no le gustan. Cuando salimos por la puerta de llegadas, están mis padres: qué alegría vernos y además: traen bocatas! que atacamos directamente en el coche. Los dos nos miran alucinados, como si dos naúfragas hubieran sido encontradas en una isla desierta. Nos espera una semana de pasar todo, menos hambre... 

Adios, Grecia... hasta el año que viene? 




2 comentarios:

  1. Hombre, lo de los ñoquis es el 29 de cada mes, por dios, cuánta incultura... Pero hay que poner un billete debajo del plato para que funcione.

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  2. NO sé si Grecia el año que viene, pero yo quiero que viajes mucho y lo cuentes, jajajaja, me encanta. Que sería de la vida sin los "bocatas" para uds, no? sería como la vida sin bizcochos para nosotros.
    Lo de comer ñoquis es el 29 de cada mes y se pone plata debajo del plato, una costumbre que compartimos en el Rìo de la Plata uruguayos y argentinos. Un beso

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