El otro día me pone un mensaje la divaganta Marisa con un enlace: Héctor (también conocido como Quequé) deja "Hora veintipico". A este programa me había introducido ella misma cuando esa panda de amigos-de-los-niños, los "Abogados Cristianos", le demandaron porque se sintieron ofendidos por un chiste del Valle de los Caídos. Desde entonces, me enganché y lo escuchaba o veía siempre: eran 20 minutos de humor político ácido, inteligente y automordaz. Pero el domingo su presentador dijo basta tras el acoso de los ultras. Según ellos, "había hecho mofa de las víctimas del accidente ferroviario", cuando lo que en realidad hizo fue una crítica de esos programas carroñeros que solo buscan audiencia a través del dolor de otros. Y no era solo en las redes, el acoso seguía en las calles.
No es el único: hay un montón de gente de izquierdas asediada por esta chusma. Parece ser que lo mismo ha sufrido David Uclés -del que aún no he leído nada-, porque se negó a ir a una mesa redonda en la que estaban, entre otros, Pereza Verte (gracias Pantomima full), titulada "En la Guerra Civil perdimos todos". Nuevo intento de blanqueamiento, equidistancia, "hubo atrocidades por todas partes" y similar discurso para confundir.
Volviendo a Hora Veintipico, me quedé mal, no solo porque me gusta ese tipo de humor -lo que me he podido reír con ellos- sino por lo que significa: que poco a poco, como una mancha de aceite pestilente y asquerosa, se van extendiendo. No sé dónde vamos, pero cuando veo lo que está pasando en EE.UU. me vengo abajo: ni entro en las ejecuciones en plena calle en Minneapolis, ya solo detalles como que revisen tu historial médico no vaya a ser que hayas tenido un aborto es Gilead, es una distopía, es una pesadilla.
La semana pasada también anunciaron el cierre de "Tipos infames", la mítica librería de Malasaña que para mí siempre estará asociada con NáN, donde era una institución. Allí nos llevó y nos tomamos unos vinos- parece que su lait motif era precisamente "libros y vinos". Cuando explicaron que cerraban porque la gentrificación había subido tanto los alquileres que no podían permitírselo, también parece que les cayó la del pulpo a ellos mismos, por elitistas: ellos eran los gentificadores!!! Libros y vino!!! ¿Dónde vais, gentuza de izquierdas que leéis libros y miráis por encima del hombro al resto? De verdad, otro asco.
Mi admirado Rutger Bregman (el de "Humankind") hizo las cuatro Reith lectures este año. Se trata de unas charlas que lleva organizando la BBC (esos otros a los que hay que jalear) anualmente desde 1948 y son presentadas por una figura importante del momento. El primero fue Bertrand Russell, con eso lo digo todo [su tema "La autoridad y el individuo", tan actual], y aquí dejo la lista para quien quiere ver a los ponentes a lo largo de los años. El tópico de Bregman ha sido "Moral Revolution" y las charlas "La época de monstruos" (recordemos a Gramsci), "Cómo iniciar una revolución moral", "La conspiración de los buenos" (ahora que ser malote es lo que se lleva) y "Luchando por la humanidad en la era de las máquinas".
En "Humankind", Bregman decía que al "survival of the fittest" (supervivencia del más apto) darwiniano, basado en que los mejores adaptados al medio ambiente tienen más posibilidades de sobrevivir para procrear, le añadía el "survival of the friendliest" (supervivencia del más amigable). En estas charlas habla de la "supervivencia de los sinvergüenzas" ("survival of the shameless"), que se da desde estos matones que persiguen a los humoristas, escritores, periodistas de izquierdas para amedrentarlos hasta los sinvergüenzas de la política moderna. Todos sabemos quiénes son, nos dan vergüenza ajena a nosotros, nos indignan. Da igual. Él afirma que "cuando ya no se puede avergonzar a los políticos, cuando ni siquiera se les puede imaginar sonrojarse, es una clara señal de alerta del colapso democrático".
Estamos ahí, y si toleramos esto, como decían los Manic Street Preachers, tus hijos serán los siguientes. Y como decía Atwood en "El cuento de la criada", "No dejes que los cabrones te machaquen". Y como dice Di Vagando: "No normalicemos a los sinvergüenzas. Porque nos terminarán machacando".


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