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05 enero 2010

Traduttore, traditore. Traductor, traidor



Tengo una relación seguramente patológica con los libros.

¿Que en el mundo estamos de paso? Sí, lo sé. Pero a mi me gusta tener mis libros. Porque yo un libro lo vivo, lo uso, lo hago mío.

Como ya ha quedado claro en otra entrada, suelo leer por cómo está escrito (más que por el qué te cuenta). Y cuando encuentro una frase que me transporta, de la que aprendo, a la que envidio, la subrayo, le pongo un asterisco, la pinto de rojo… en fin, intento atraparla. La ansiedad que me causaría perder esas frases, ideas, música para mis oídos sería para tratar en carísimas sesiones de terapia. “Cómo se van sucediendo los humores en los alambiques de mi alma”, “Todas las cosas, metidas en la niebla, son sombras de si mismas, y hasta las voces parecen sombras de ruidos”, “No puede ser que nos separemos así, antes de habernos encontrado”, “La heroica ciudad dormía la siesta”. La gente que me veía subrayar los libros me preguntaba “si estaba haciendo un trabajo”. Ahora, algunos de ellos, también subrayan.

A veces escribo en los márgenes curiosidades, coincidencias que según Sábato no son tales (“las coincidencias no existen”). ¿Por qué tenía yo la edad de Hans Castorp, 23, cuando leí La Montaña Mágica? ¿Por qué estaba en un momento vital similar al de Ana Ozores, cuando “La Regenta”? ¿Por qué estaba en una sala de espera del Hospital de St. Thomas cuando empecé “El filo de la navaja” y ya en su primera página: “Somerset Maugham estudió Medicina precisamente en ese hospital”? ¿Por qué leí “Expiación” –paso frecuentemente por la iglesia que describe Ian McEwan en pleno Clapham- embarazada y mi hija nació en el hospital en que trabaja su protagonista?

Aparte de estas coincidencias, soy mitómana donde las haya. Fui repetidas veces al Café London de Buenos Aires, donde empieza “Los premios” de Cortázar. Subí a la torre donde comienza el Ulises, en Dun Laoghaire, y leí el libro con el mapa de Dublín doblado entre sus páginas, siguiendo las calles. Me perdí entre los mascarones de proa de Pablo Neruda en su casa de Isla Negra. Peregriné a la tumba de Gabriela Mistral en el Valle del Elqui, Chile. Más cerca, en el de Highgate, visité la de George Elliot, con su “Middlemarch”. Me senté en la mesa donde Bécquer escribió “La cruz del diablo” en Bellver de Cerdanya, de donde viene la Yaya. Me perdí por las callejuelas de “Grandes esperanzas” en los Docklands. Me reflejé en los espejos donde se miraba Hemingway, en su habitación del “Ambos Mundos”, en La Habana y el en Café Iruña de la Plaza del Castillo, en Pamplona (aúpa Estafetakoa).

Confío me disculpéis este ataque de Antoñitismo, pero es que así somos los enfermos. Y aún viene algo peor: apenas leo traducciones. Cada vez me irritan más, lo cual limita la literatura que puedo leer bien a dos idiomas (sin apenas tradición literaria, una pena): el castellano y el inglés. Tal vez por ahí venga mi falta de conexión con los rusos, o con mucha otra literatura traducida. Traductor: traidor. Nunca ser puede ser fiel al original, es imposible. A veces traduzco folletos -nada que ver con literatura-y aún así me cuesta una úlcera: ¿cómo expresar esto? ¿Cómo interpretar aquello? No existe, simplemente no se puede decir en el otro idioma: desazón. Hay una frase de Carlos García Gual (gracias por la referencia, Fashion Gurú) que resume perfectamente lo que pienso de las traducciones, y como lo dice mucho mejor que yo, os dejo con ella.

Y con una de mis máximas: MÁS LIBROS, MÁS LIBRES.

"Traidor el traductor lo es siempre. La traducción es oficio de exactitud imposible, y en la versión de una a otra lengua siempre se pierden cosas y se añaden, en el arduo trasvase. Pero el traductor de poesía, ese si que es un traidor redomado, cien veces traidor, al querer nombrar con otras palabras, al evocar con otros sones, lo que el poeta expresó con precisión irrepetible, con pasión lucida, con hiriente acuidad. El traductor de poemas esta condenado a la traición y al fracaso".

04 enero 2014

Y entonces, te conviertes en padre

Esta es la traducción del título original de la última película del japonés Hirokazu Kore-eda "Soshite chichi ni naru". En castellano la han traducido "De tal padre, tal hijo", como en inglés "Like father, like son". No exactamente el sentido japonés, pero vale, omitiré el manido traduttore-traditore.

La premisa de la que parte la peli no es novedosa: dos bebés son intercambiados en el hospital, y seis años después, se descubre. Los padres, entonces, deben decidir qué hacen, cómo afrontan esta nueva información. O sea, una vez más, el debate nature-nurture (biología-cultura/educación).

Tengo una hija de 5 años, así que, desde el planteamiento de la película es imposible no hacer paralelismos. Y si me dijeran ahora que Mini no es biológicamente nuestra, y que hay una pequeña Di en otra casa? Creo que la mayor parte de la gente tiene claro que ni se plantearían "cambiar" a las niñas: a los 5 años tu hija es "a la que le has comprado los zapatos", como dicen por ahí, y el poder del amor, la educación y el bagaje cultural que le has transmitido es mucho más poderoso que la genética. Si? Sin embargo, uno de los padres de la película, en un momento se dice "ahora lo entiendo todo". Aquel hijo no parecía tan inteligente ni con tanto empuje como él mismo, un arquitecto de altos vuelos. Para alguna gente, siempre puede existir el riesgo de, en el futuro, atribuir todos los posibles desaciertos del hijo a la genética "de los otros", y todas las victorias a la educación tan impecable que le dimos.

Esto sería todo muy bonito si no tuvieramos otra información: para desentrañar las causas de muchas enfermedades los estudios observan perfiles de niños que han sido adoptados por otras familias, incluso de gemelos univitelinos separados desde el nacimiento. Gracias a esos estudios entendemos la importancia de la dieta y del estilo de vida, pero también sabemos el porcetanje de heredabilidad de muchas enfermedades, y por supuesto de rasgos. Si el color de los ojos y el pelo se hereda, la inteligencia también es altamente heredable. El mundo comienza a ser injusto ya intrautero.

Otro tema fascinante que me planteó la peli es el momento en el que uno recibe la noticia: Y si te enteras a los 5 días, o las 5 semanas? O los 5 meses? Dónde ponemos el límite? En qué momento establecería yo que la hija que pusieron en mis brazos era MI hija, y no la cambiaría ya por la niña de la cuna de al lado? Cuántas preguntas tan difíciles de reponder.

Pero en mi opinión, la peli pierde el foco del tema paternidad-maternidad, el concepto de lo que de verdad supone ser madre y padre. Qué hace a un niño tu hijo, importancia de la biología en algunas culturas y por qué, el valor de lo que les transmitimos, cómo podemos facilitar que esa personita saque lo mejor de sí y deje atrás lo que le ayuda menos. El director desvía el tema porque toca otros a la vez, temas de clase y de cómo educar, y pinta unos personajes clichés, donde las madres aparecen desdibujadas (para qué entrar en más? son mujeres, son madres, con ese papel vale) y los hombres son marcadamente competitivos o de tan relajados van despeinados, ambos dos arquetipos que nada tienen que ver con la gama de grises que solemos ser los humanos.

"Y entonces, te conviertes en padre", cuándo? cuando te ponen al niño en los brazos? El diálogo que comienza en tu cabeza desde el principio de la peli es apasionante, aunque te estén intentando desvíar bastante rato con tópicas de buenos y malos. 

Pero luego sales de la sala, y puedes continuar el debate con tu compa de peli. Y divagarlo.

29 noviembre 2018

"El adversario" de Emmanuel Carrére: solo si el desorden mental es tu cosa

Si las ballenas no te apasionan, no te interesan, no son tu cosa: igualmente tienes que leer "Moby Dick". Si la psicopatía, el desorden de la personalidad, El Mal, no son tu cosa, no es indispensable este libro. O a ver qué piensas tras leer el divague.

Yo ya conocía la historia de Jean-Claude Romand y, en todo caso, la cuentan en la contratapa: un tipo que, tras pretender que era médico con un gran puesto en la Organización Mundial de la Salud, termina matando a su mujer, dos hijos y a sus padres cuando se ve acorralado, y que va a ser descubierto.  Lleva 25 anios de cárcel en Francia.

Cuando escuché esta historia espeluznante en la radio me planteé mil preguntas, todas en relación con la mente del tal Romand. Siempre hago eso: intentar ver si gente que comete acciones terribles son "mad, bad or sad", que dicen en inglés,  son "locos o malos". Una vez más, el inmenso debate "nature-nurture" sobre qué porcentaje del horror es biológico, qué porcentaje social (nótese que no planteo la dicotomía biológico-social como excluyentes,  el divagante que recuerde los divagues bajo el distintivo "psicopatía" sabrá de lo que hablo).  Como si se le pudiera poner porcentajes al horror, pensarán algunos. Lo sé, pero es lo único que nos queda ante él: intentar entenderlo para algún día lejano, intentar prevenirlo.

A Emmanuel Carrére, autor de "Limonov", me lo lleva recomendando distinta gente desde hace un tiempo. Yo sigo en mi rollo -probablamente equivocado- particular de leer poca contemporánea, y de leer aún menos traducciones. Con este libro me he reafirmado en ambas decisiones, pero sobre todo en la segunda. Traduttore, tradittore, o no, pero yo me siento como metiendo mano con guantes. Sé que algo me pierdo, y además, es que distingo frases que me suenan estiradas, traídas por los pelos, vamos, que en la vida eso no se dice así. Por tanto, este no es un libro que recomiende a alguien que no le interese el tema de la psicopatía, los trastornos de la personalidad, la enfermedad mental. Yo lo he leído con interés porque es Mi Tema (bueno, uno de) y sí, entiendo que la gente normal tiene como Su Tema las motos, la Revolución Industrial, lo victoriano. O algo. A mí me fascina escarbar en la mente humana e intentar entender: "Es el demonio", "el mal en estado puro existe", no me sirve.

El problema de intentar entender es que, en muchas ocasiones, acabas sintiendo compasión por el monstruo. Tras leer su pasado, te haces una idea de dónde viene, te planteas que sus acciones no son más que cerrar un cículo de espanto y  tu ira inicial, focalizada en él, tiene que necesariamente extenderse a más y más y más, y al final llegas a la conclusión de que vas a ningún sitio. El foco del odio somos todos. Pero para empezar, es curioso con el caso de Romand, porque con él es difícil sentir esto-o por lo menos para mí, veremos luego. No venía de una familia de abuso, de falta de amor, de enfermedad, de pobreza extrema, una de esas situaciones imposibles de las que, de todas formas, la mayor parte de la gente sale, mal que bien, sin asesinar al prójimo. Lo de este individuo enerva porque, dentro de la mediocridad más cotidiana, casi sin querer, hiciera lo que hizo. Hay gente que no se sale de su camino para hacer el mal, pero si hay alguna razón por la que algo se les cruza que pueden solucionar jodiendo (disculpas por mi lenguaje, fastidiando no es suficiente) a alguien, no dudan en hacerlo. Malos oportunistas. Parece que lo de Romand fue una cosa así, escala masiva (y no diré Nivel Leyenda porque esto es lo que él, en el fondo quiere).

Romand comenzó mintiendo, nos dice Carrére, en el contexto de una familia -donde era hijo único-y de las inconveniencias no se hablaba. Así que las "mentiras piadosas" eran la constante, y la somatización: te duele el alma, pues te duele la tripa o tienes jaqueca. Lo importante es no hablarlo, no confrontar nada, y todo para adentro. El cuenta que escondía "una angustia, una tristeza vital", y que no se lo decía a sus padres para evitar decepcionarles.  Pero Romand no es el primero ni el último que no habla con sus padres de sus pensamientos más íntimos, ni el único que no quiere decepcionarles. Obviamente, lo más saludable es vivir en una familia abierta, dialogante y no juzgadora, como las de las películas. Pero no todo el mundo tiene esa suerte o, en realidad, solo existen en las películas. 

Cuando está en segundo de medicina y no aprueba un examen necesario para pasar de curso, decide pretender que sigue en la carrera. Yo ya conozco dos casos de estos: uno personal, y otro me lo contaron. El personal era una compa mía de clase que llevaba colgadas mil asignaturas de cursos pasados, y en un punto (no sé que vino antes) se aficionó a los bailes regionales. Un día me dijo "si llamas a mi casa (oh, aquella época que llamábamos al fijo para comunicarnos con nuestros amigos, y acabábamos hablando con sus madres), mis padres creen que ya he terminado la carrera". Yo ya me vine a UK y le perdí la pista, pero a veces me pregunto qué sería de ella, si estará aún bailando danzas étnicas, si vivirá de eso, si lo sabrán sus padres. Pero divago.

Romand es, y esto no sorprenderá a nadie, un narcisista de libro pero que se quiere muy poco a él mismo. Su inseguridad es enorme: en la vida hace lo que cree que va a gustar a los demás, no a él mismo. Querer gustar hasta un punto es normal (en especial en las mujeres, a las que se nos ha educado para eso; menos mal que las cosas están cambiando y cada vez más hay mujeres con un par que están cambiando las cosas), pero sacrificar lo que eres para que te aprueben los otros, ese afán, te hace patético y desde luego alguien que, una vez descubierto, no gusta a nadie. Ya en su juventud era un pobre de espíritu, que se inventaba historias que a nadie interesaban en su grupo, pero que eran demasiado amables para cortarle en seco. Muchos anios después, en el juicio, igualmente se centraba en sí mismo: su sufrimiento, su dolor. Ni idea de cómo se sienten los otros. 

Otra característica de libro de texto del psicópata es la grandiosidad. En Romand se ve claramente durante la novela, todos sus imaginados títulos y pretendidos viajes por el mundo (que se pasaba metido en un hotel en el aeropuerto) son propios de un triste, esa gente que miden su valía por todas esas cosas externas que poco tienen que ver con el centro personal de uno, que no sé porqué me senialo el esternón mientras escribo esto. Pero cuando se ve más trágicamente es en el juicio: le gustaba verse -y que le vieran, claro- como un personaje trágico, impelido por la fatalidad oscura, una especie de ser de la noche, misterioso y atractivo. Hay algunos que tienen cáncer (esto también se lo inventa en un punto), pero lo suyo es que "el destino ha querido que él constrajese la enfermedad de la mentira" y claro, poco se puede hacer ante eso, no es su culpa, él nunca asume ninguna responsabilidad. Cuando salen a la luz sus timos y estafas a toda su familia y amigos-pretendiendo que como mienbro de la la OMS podía obtener grandes intereses-, eso no le gusta. Eso lo presenta como un cutre secundario de serial barato, un timador sin escrúpulos- ni huevos porque elige a ancianos y gente vulnerable para explotarlos vilmente. 

Cuando a estos tipos se les desenmascara, siempre salen los vecinos diciendo "si era un chico tan majo, siempre saludaba". Obviamente, esto también pasa con Romand. Lo que más miedo me da en estas situaciones, y también aquí: tras haber cometido esa matanza va a comprar el periódico y la vendedora dice que "parecía tan normal". Ni un mínimo azoramiento. Nada. No siente nada. 

Se acaba la novela y tú terminas sintiendo todo menos nada. Estupefacción, confusión, porque lo que no entiendes es nada. Y lo recuerdas como, en el fondo, un pobre hombre, aterrado de la violencia física, un cobarde que se mete en una huída hacia adelante atroz, con un trastorno de la personalidad bestial y un vacío, un vacío total. Es un ser hueco, que además de indignar (por qué, por qué todo eso?), aburre. En la cárcel empieza a recibir las visitas de un grupo cristiano zumbado, de esos cuya gran aportación a la Humanidad será la oración ininterrumpida del rosario 24 horas al día forever, que caen en sus garras de charming psychopath (tienen algunos un lado encantador, en la superficie... vale, no todos, pensemos en Mindhunter) y una de ellos se hace su novia!!! En fin, que los muy descerebrados le ofrecen otra careta tras la que esconderse, de otros pero ante todo de sí mismo... y el libro termina con un escrito suyo iluminado por esta nueva idea delirante (sin estar sicótico, un respeto a los sicóticos) de la Gracia y la Luz. Y, a estas alturas de libro, ya ni siquiera fascina el intentar entenderle: Carrére nos ha llevado a una de las peores cosas de que uno pueden decir, que aburre. 

El libro está correctamente escrito, pero no creo que supere el nivel "entretenimiento" para alguien que no se pase la novela analizando al personaje. Como dice mi admirado (este sí) Norman Mailer "to become a good working amateur philosopher, an indispensable vocation for the ambitious novelist since otherwise he is naught but an embittered entertainer, a story-teller".  Eso, o yo me he perdido, una vez más, en la traducción.



25 mayo 2012

Si vas a leer un solo libro este año:"The sense of an ending", de Julian Barnes


Normalmente doy una oportunidad, en esto de las recomendaciones de libros. No leo actualidad a menos que alguien me venda su pasión, o que tenga alguna otra razón inconfesable. Si el libro es una decepción total (y tengo ya algunos en mi historial), el recomendador pasa a la categoría “ni te acerques”. Tal vez no nos damos cuenta de cuánto dice un libro de nosotros, por ejemplo aquí en el blog donde los divagamos o analizamos o criticamosa tumba abierta. De la información que, sin querer tal vez, estamos dando de nosotros. Pero divago: “The sense of an ending” me lo recomendó un compa de trabajo, y decidí darle La Oportunidad. Y le daré más.


No había leído nada de Julian Barnes y su foto en la contraportada es enigmática. Muchas veces durante la lectura miro la foto del autor. Nosotros, los lectores, somos un enigma para ellos, los autores, y sin embargo ellos se nos abren en canal con cada línea que escriben. Un poco como en el blog, que poco sabemos de los que nos leen, si es que nos lee alguien. En “The sense of an ending” (“Sensación de final”, es mi traducción, no sé cual la del traduttore tradittore), Barnes habla de las mujeres enigmáticas versus las que son un libro abierto: qué bonita metáfora, ser un libro abierto. Claro que un enigma es solo un misterio que queremos resolver.

El libro me ha encantado. Alguna vez he explicado que se puede casi “pesar mi pasión” por un libro según los niveles de rojo que inundan sus páginas… bueno, pues este está hecho la masacre de Texas. Nos cuenta la historia (y no desvelaré trama, solo temas) de Tony Webster, un hombre que, ya en su edad madura, mira atrás. Así que, sorpresa sorpresa, uno de los temas va a ser la memoria, su fragilidad, la mentira que supone.

“A few incidents that have grown into anecdotes, to some approximate memories which time has deformed into certainty. If I can’t be sure of the actual events any more, I can at least be true to the impression those facts left”.

No importan los hechos: incluso los obsesivos blogueros y las niñas de antaño que hacían el diario, los que de alguna manera han intentado capturar lo que creían era la realidad de aquellos años, habrán fallado: porque no solo es el tiempo, implacable, sino también que igual estábamos mirando al lugar equivocado.

La vida del niño y joven Tony en Inglaterra en los 60 tiene bastante en común con la mía, pese a ser de otra generación-tal será la culpa de Vetusta. En aquella época hasta en UK las familias monoparentales aún eran “hogares rotos”, y se “salía con” el chico o la chica que te gustaba en un proceso que comenzaba con las miradas-sonrisitas-ciertopique-manita-y entonces, solo entonces “after a goodnight kiss of variable heat, you were somehow, officially, going out with her”. Tony compara este estado de cosas con la “audición sexual” a la que actualmente un hijo de amigos estaba sometiendo a un grupo de chicas, para decidir “con quien salía”. Realmente, vivíamos en la inopia en Vetusta, claro que... con audiciones a mí.

Su juventud fue pretenciosa (para qué sirve la juventud si no?). Esos años donde se lee como quien se pone galones en la guerrera, y el pobre Tony venga a compararse con Verónica, tan culta, su primera novia: “Her books seemed to be an organic continuation of her mind and personality, whereas mine struck me as functionally separate, straining to describe a character I hoped to grow into”.

Recuerdo a mi padre repitiendo, mil veces, en la mesa de la cena: “Ya tendrás tiempo, que ahora te parece que no, pero hay tiempo para todo en la vida”. Y yo con prisas, venga, que quiero hacerlo todo, verlo todo, conocerlo todo, siempre sintiendo el carpe diem como una espada de Damocles. Una sensación compartida, un "mal" de juventud:

“In those days, we imagined ourselves as being kept in some kind of holding pen, waiting to be released into our lives (…) How were we to know that our lives had in any case begun, that some advantage had already been gained, some damage already inflicted? Also, that our release would only be into a larger holding pen, whose boundaries would be at first undiscernible”.

O sea, por una parte el determinismo social (y eso en esa época, en la que muchos vía educación lograron moverse un poco en la foto de la clase social, eso que-je-no existe), y por otra el pesimismo de pintar la vida adulta como un “parque” de esos que metían a los niños, pero más grande. Una cárcel. “Because just as all political and historical change sooner or later disappoints, so does adulthood”. Y es que el libro es puro existencialismo, no por casualidad el suicidio es uno de sus grandes temas. Tras Camus (“la única verdadera pregunta filosófica es el suicidio”), queda la duda: hace falta estar loco para suicidarse, o es posible que una persona feliz, con todo en la vida, se plantee que no tiene sentido?

“The law, and society, and religion all said it was impossible to be sane, healthy, and kill yourself. Perhaps those authorities feared that suicide’s reasoning might impugn the nature and value of life as organised by the state which paid the coroner?”

La mediocridad. Cómo miraremos nuestra vida para atrás, cuando tengamos cerca a la muerte? El tiempo nos pone los pies en el suelo, dice Barnes, y luego nos confunde. Time finds you. Qué terror darse cuenta que, cuando nos creíamos maduros (por ejemplo, ahora, a los 40, no arriesgando en nada), en realidad lo que hacíamos era aferrarnos a una seguridad que nos hacía muy poco libres. Pero como él dice “cuanto más aprendes, menos temes”. Desde luego el mejor ejemplo de esto para mí es nuestra actitud sobre lo que piensen los demás. "Cuando más viejo, más libre; y cuanto más libre, más radical",que decía Saramago. Cada día me importa menos, y sueño con convertirme en una ancianita excéntrica que pase de todo y a la que todos dejen en paz. Qué terror comprender, demasiado tarde que no has vivido, que simplemente te has contentado “I should have settled less easily for a passive peaceableness which he first called happiness and later contentment”. Vive, arriesga, cáete, levántate, parece que nos va diciendo Barnes en cada página, no seas Tony Webster:

“What did I know of life, I who had lived so carefully? Who had neither won nor lost, but just let life happen to him? Who had the usual ambitions and settled all too quickly for them not being realised? Who avoided being hurt and called it a capacity for survival? Who paid his bills, stayed on good terms with everyone, for whom ecstasy and despair soon became just words once read in novels?”

La visión de Barnes de las relaciones es igualmente cáustica, pero no es el adjetivo. Cáustico era Houllebecq. Barnes dice cosas como que “el matrimonio es como una larga y aburrida comida en la que el postre se sirve lo primero”. Ah, el noviazgo, ya decía aquel que si el noviazgo era la parte más feliz de la vida, por qué se casa la gente? Y luego la muerte, que a medida que los que estaban a tu alrededor van desapareciendo, hay menos corroboración y por lo tanto menos certeza de quien has sido, ya no puedes mirarte en ellos: esto asusta, y yo nunca me lo había planteado. Y lo que sí: que por muchos hijos, por mucha popularidad, por mucho loquesea, la muerte se encara siempre solo o sola. Esto únicamente lo sabes de verdad cuando crees que la has tenido muy cerca. Yo lo sé.

La nostalgia de la infancia de su hija: me ha dado vértigo. De esto ya he escrito otras veces, pensar que estos años de la mía son un regalo, que pasarán rápido, que tengo que disfrutarlos cada minuto, porque eso además la hará mejor persona. Pero, cual es la razón evolutiva de la nostalgia? No se entiende, igual que el hecho de que seamos más vulnerables emocionalmente en la juventud, cuando también causamos más daño, más dolor: para y recuerda a ese novio, a esa amiga, a los que dijiste burradas. Vamos creciendo, envejeciendo, y ahora que hemos aprendido cómo sobrellevar el dolor algo mejor, ahora somos más cuidadosos e intentamos no herir a la gente. Para qué: que cada uno siga su camino. Vive y deja vivir, esas cosas. Claro que esto no se aplica universalmente: hay gente que no aprende. Y son los que o sienten remordimiento, ese sentimiento extraño, que no es vergüenza ni culpa, el remordimiento es ese sentimiento sobre el que no puedes hacer nada.

Cuando somos jóvenes, nos inventamos distintos posibles futuros para nosotros, y cuando somos viejos, distintos posibles pasados para otros. Cuando somos viejos, nos andamos con cuidado con las recomendaciones literarias (y tal vez de todo tipo), porque tenemos varios muertos en el armario, y también porque tenemos menos horas. Y no hay tiempo que perder. Esa sensación mía de la adolescencia, aquella a la que mi padre intentaba poner frenos, sigue más o menos intacta. Y de lo que me arrepiento es de loq ueno he hecho. Y luego una aprende que en la vida adulta se pone esos frenos una misma, con esas cosas que nos atan, y que ahora, con el mundo convulso y enloquecido en el que estamos viviendo, pareceríá imperdonable desprenderse de. Pero no hace falta rasgarse las vestiduras y seguirle: hay muchas cosas que se pueden y se deben hacer para no llegar a la edad de Tony Webster y tener la peor sensación del final: que no se ha vivido.

17 mayo 2011

"La caja negra" de Amos Oz, o más vale tarde.

Nota: No suelo desvelar la trama de las novelas o las películas cuando divago. Esta es una excepción. Por si aún queda alguien ahí afuera que no la ha leído. :)

El bloguerío andaba incarnato con esta novela: no eran recomendaciones sin más, eran estados de semitrance. Uno de esos libros que había abierto en canal a algunos de los que habían seguido el consejo, y que había removido cosas que algunos no esperaban ni llevar dentro. En fin, que es de lo que va la literatura: no hay sensación mejor que ser el sujeto de ese estado de fervor/iluminación. Hace años que tengo cuidado con este tipo de recomendaciones, porque una tiene una edad, y ya he leído algo de lo que a otros les ha partido en dos, les ha mostrado la luz, les ha hecho mejores. Corolario: me he dado cuenta que las cuerdas que un autor toca en cada uno son mundos diferentes. Incluso lo que agita en uno mismo en distintos momentos de la vida. No sé, por ejemplo, para mí "Rayuela", novela con la que entré en ese no-tocar-el-suelo, es un libro del final de la adolescencia, y siempre permanecerá allí: mitificado, adorado. Que si lo hubiera leído ahora, no habría sido lo mismo, supongo. Ni para bien ni para mal, habría sido otra cosa.

Este era mi primer pero a leer "La caja negra". El segundo era la traducción. Y sí, lo sé todo: sé que me perdería obras monumentales de la literatura universal si no leyera traducciones, sé que soy neurótica, sé que debo cambiar el chip. Lo hemos hablado en este blog mil veces, pero así lo veo yo. Leo, claro, traducciones, pero tienen que ser clásicos inevitables o muy muy recomendadas. Como Oz. A este respecto, para quitarnos el fantasma del traduttore traditore de entrada, tengo que decir que he notado como, a medida que avanzaba en la novela, me iba relajando más y más (terapia de exposición, que le llaman, ves, Di? Tú puedes!). Al principio, me costaba, porque por mucho que insistan, sigo encontrando forzada la preadjetivación, "subir a las frescas montañas", me siguen chirriando expresiones tipo "tocaba tus atributos viriles", y sigo opinando que traducir "asno" en lugar de "burro" (seguro que literalmente era "asno", pero sinceramente, alguien que escribe vaca con b en castellano es un "burro") no es sabio. Bueno, no sé si me fui soltando yo o la traductora, pero la cosa medio fluyó.

El contenido, por dónde empezar: Oz toca muchos temas en esta novela epistolar. Las relaciones, el fanatismo, el poder. Sin duda, uno de los que ha dejado más tocado al personal (por lo que podido leer ahora, antes de escribir esto en los comentarios de los otros blogs) ha sido la relación entre Alex e Iliana. Para mí, personalmente, esta ha sido la parte que más me ha interesado de toda la novela. Pero no me ha impresionado por lo horrible, por el odio, por el veneno que destila. Para mí, desde el principio queda claro que es una historia de amor. Y todavía, dentro de los insultos, los silencios, las humillaciones monetarias y autohumillaciones con punto maso, rezuma una atracción a lo bestia, de las de "ni contigo ni sin ti", una pasión de novela, de película, de las que no resiste el sofá y los recibos, el lavaplatos y la lista de la compra (“nos quedábamos en la cama hasta las diez, maltrechos y exhaustos por la crueldad de la noche pasada (…) como un par de boxeadores entre asaltos”). Es una amor de esos que nos gusta leer, de los de polvo bajo la lluvia a lo Lady Chatterley, de los de grandes traiciones que son en el fondo sumisiones ("follaba con otro, pero pensando en ti", “me follaste de pie como si me acuchillaras”), de endorfinas perpetuamente en el punto ebullición.

En ese duelo epistolar y vital, en mi opinión, a Iliana se la come Alex, sin guarnición. Su silencio, al principio, y sus cartas frías, yendo al grano, pidiéndole, por favor, que corte el rollo dramático (“te apremia representar el papel de heroína clásica”), la hace parecer aún mas histérica, más desequilibrada, más necesitada. Sus actitudes de esclava sexual, que según leo han estimulado las fantasías de algún lector, son propias de la fantasía de un escritor. Masculino. Oz usa su voz literaria a través de ella, diciendo cosas de belleza desgarradora, pero su identificación con lo que cuenta está en otro personaje. Iliana no me parece una persona interesante ella sola: demasiado egoísta, inmadura, siempre en relación con los hombres con los que se relaciona. Poco puedo decir de su personalidad, aparte de sus claros rasgos de trastorno límite, cuando las de los hombres son muy marcadas: ella vive en relación a ellos. Es ex-mujer, madre, mujer, pero quién es ella?

Sabemos mucho de Alex, el personaje mitificado por Oz a lo largo de la novela (“Tu cuerpo de gladiador (…), tu expresión de príncipe torturado, el poder de tus ojos grises, el resplandor de tu atormentado espíritu, el escudo helado de tu voluntad de hierro”). Y a quien no le atraiga, por malo, por listo (“y tú, guadaña en mano, siegas la discusión con una o dos frases”), por frío, por generoso, por enamorado, por tal-vez-no-tan-malo, que de un paso adelante. Es, al cabo, un héroe byroniano, un Mr Rochester del Siglo XX. Que habla poco (eso echo de menos), pero para decir cosas como “sus labios aran el menguante vello de mi pecho”. Y, para colmo, cuando vive en Londinium, su dirección es en Hampstead Heath. Dan ganas de ir a volar cometas con él.

Oz también nos hace un retrato al óleo (por no decir un examen del estado mental) de Michel Sommo, el segundo marido de Iliana. Y de su mano entra el segundo tema de la novela: el fanatismo religioso (en este caso, judío) al que claramente representa, por contraposición a Alex, que es la razón, la inteligencia, la coolez. Como en lo único que soy tan cool como Alex es en este escaso aprecio por fanatismo religioso, sea cual sea, ver cómo Oz lo vapulea en cada una de las cartas que escribe Sommo es de lo mas cómodo. Oz demuestra ser un escritor que conoce lo básico de su oficio: no masticándonos el tema sino simplemente dejándole hablar (en este caso, escribir). Y esto puede parecer una obviedad, pero es que estaba leyendo una novela terrible recientemente que me regalaron en la que el autor se permitía aclararnos ciertas cosas, en lugar de dejarnos concluir a nosotros con lo que pensaba/sentía/hacía el personaje.

Lo cierto es que leyendo la visión del mundo de Sommo (“está escrito”), una piensa: "no hay solución" (“hace tiempo que acabé con los que son como usted y me dediqué a tipologías más complejas”, le dice Alex). Pero hay un factor que le redime, y es otra de las partes interesantísimas del libro: su relación con Boaz, el hijo de Iliana y Alex. “El vikingo beduino” (qué preciosa descripción), el hijo pródigo, el vástago producto de las limitadas habilidades-ahora está claro-para las relaciones de su madre. El crío abandonado por su padre. Boaz es el personaje, para mí, más positivo de la novela: un chico dejado por sus padres, que crece sin necesitar a nadie (“se rodea los hombros con los brazos cruzados. Este es el abrazo de los que no tienen a nadie”) y que esta a punto de acabar en el arroyo, pero que logra salir gracias a su inteligencia, el apoyo de Sommo y su manera particular de ver la vida: "vive y deja vivir", “pasarlo bien” (“esta idea, es la fuente de todo pecado”, le dice Sommo). Alejándose de todo dogmatismo, sin aceptar demasiados consejos (aunque sí el dinero de Alex porque, como él dice “no ganó el dinero con su esfuerzo. Creció de los árboles”)). Su paciencia con Sommo parte de su superioridad cognitiva: en el fondo ve, como el lector, que Sommo es un buen hombre, limitado en su inteligencia, fanático, torpe, pero buena persona. Durante la lectura, a ratos suspiras exasperada por sus reacciones, pero en otras ves que el pobre tiene buena intención. Para él, la vida es un valle de lágrimas, y su objetivo es recuperar la tierra prometida. Todo esto hace totalmente incomprensible que Iliana, que ha estado con alguien como Alex, haya acabado casándose con este pobre mendrugo. Pero así es Iliana: lo convierte en “un humilde violinista de restaurante a quien le ha sido permitido tocar un Stradivarius”.

Dicen que uno lee libros para, entre otras cosas, ver cómo los demás solucionan problemas vitales que nos podrían, disfrazados de esto o aquello, pasar a cualquiera. Por eso personalmente suelo ser reticente a los finales que el autor soluciona con la enfermedad o la muerte. Evidentemente, ambas parte de la vida, pero es algo con lo que no contamos en nuestro programa “solucionar conundrums”. Eso no nos pasará (aunque nos haya pasado), pensamos, y correctamente, porque uno no debe confiar en que la vida decida por uno. En la novela, la enfermedad terminal en uno de los personajes clave va a dar con un final no elegido, sino condicionado. No es lo mismo quedarse a cuidar a un moribundo (“velar los espasmos de la muerte”) que decidir vivir con alguien que rebosa energía. Muchos factores entran en juego en una decisión como esa, y me quedo con la duda de saber qué es lo que ellos hubieran hecho de haber podido dirigir el rumbo del final.

Me gusta una frase de Alex cuando escribe a Sommo sugiriendo que tal vez haya sexo de nuevo entre Ilinana y él, para concluir, unas líneas más abajo: “Duerma tranquilo, su esposa le es fiel. No hay salidas nocturnas (…) salvo en la imaginación de nosotros tres. Donde no pueden entrar ni los carros de combate ni las escaramuzas de la redención.” Es en nuestra imaginación donde por fin puede brillar otro final. Pero a un autor que escribe cosas como esta: “y en la ventana había una puntiaguda luna musulmana velada tras siete capas de niebla”, se lo puedo perdonar casi todo.

26 diciembre 2011

Sobredosis navideña: Keep calm and carry on


El "Keep calm and carry on" (Mantengan la calma y sigan), en la tapa del libro de la derecha en la foto, es un slógan que lanzó el gobierno británico al comienzo de la Segunda Guerra Mundial para subir la moral de la población que resume muy bien el carácter inglés. ¿Están bombardeando Londinium? Ante todo no perdamos los nervios, tomemos una nice cup of tea. Fue el tercero de una serie de tres. Los dos primeros fueron  "Freedom Is In Peril. Defend It With All Your Might" (La libertad está en peligro. Defiéndela con todas tus fuerzas) y "Your Courage, Your Cheerfulness, Your Resolution Will Bring Us Victory" ("Tu coraje, tu alegría, tu determinación nos traerá la victoria").

El póster cayó en el olvido, y fue rescatado hace unos años. Se ha convertido en un símbolo precisamente de ese talante, y conociendo a los ingleses, no tardaron en llegar las bromas. Desde el "Keep calm and carry on shopping" (Mantengan la calma y sigan comprando, un motto muy navideño), hasta los dos de la foto "Now panic and freak out" (Momento para el pánico y el pánico al cuadrado) y "Shit happens get over it" (Te puede caer mierda encima, asúmelo-debatible esta traducción de Di la traduttore, traditore, de dos palabras intraducibles). La foto la tomé en Spitafields Market, uno de esos mercados londiniumenses de la City que les gustan a los visitantes. Yo andaba buscando una silla de segunda mano de esas que destilan historia y vintagismo. Total que como el vintage se les ha ído de las manos, volví a casa sin silla y haciendo propósito de Año Nuevo de ser menos BoBo.

En estos días de paz y amor, quién no ha sentido en algún momento la necesidad de escapar, no sé, al lago Malawi. En su lugar, hemos respirado y contado hasta diez (cien en algunos casos graves), o a partir de ahora podemos repetir el mantra: "Keep calm and carry on".

Happy Boxing Day.

15 mayo 2026

"La anomalía" de Hervé Le Tellier: ¿Ciencia ficción o terror? Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia

El movimiento OuLiPo (acrónimo de «Ouvroir de Littérature Potentielle», «Taller de Literatura Potencial») es un grupo de experimentación literaria creado en 1960 y formado principalmente por escritores y matemáticos de habla francesa, que buscan crear obras utilizando formas y estructuras nuevas, y técnicas de escritura limitada ("Littérature à contraintes"). El proceso une literatura y matemáticas y algunos de sus integrantes fueron/son Georges Perec [tengo pendiente su clásico "La vida: Manual de instrucciones"- no debía ser mi momento cuando lo intenté], Italo Calvino, Marcel Duchamp [el del inodoro], y Hervé Le Tellier, autor de "La anomalía", el libro del que vengo a divagar.



Lo sé, la portada de mi edición da miedo, pero si vamos a juzgar un libro por su tapa (sin ironía: yo lo practico y pocas veces me equivoco), por lo menos la original francesa es sobria. Pero la razón por la que una "book snob" [Mini dixit] acabó comprando una novela que parece de aeropuerto y que recomendó un amigo con el que no suelo coincidir [lo último "Project Hail Mary", una bobada] fue que había ganado el Prix Goncourt en 2020 y que el autor era, además de escritor y crítico gastronómico, matemático. Y la novela tiene algo que te sugiere que hay una mente matemática detrás - y no solo porque en un punto describe a un personaje según el tipo de matemático que podría ser:
"Para ser estadístico, es un soñador. Tiene ojos verdes que le dan un aspecto de teórico de números, aunque lleva el pelo largo como un teórico de juegos, y usa las pequeñas gafas de montura metálica trotskistas de un lógico y las viejas camisetas agujereadas de los que se dedican al álgebra (...) Si no tuviera buen corazón, se habría dedicado a las finanzas ya hace mucho tiempo".
La editorial solo sacó 12.500 copias en la primera edición: claramente el editor no lo vio venir, porque luego ha vendido más de un millón. Para la traducción a 40 idiomas, Le Tellier montó un documento de google docs compartido con todos los traductores que le planteaban ahí sus dudas. Me ha hecho mucha gracia porque es lo típico que hacemos en colaboraciones para papers o en el trabajo y no me había planteado que el traductor puede tener línea directa con el autor, qué chulo. El otro día oí que los traductores son autores ellos mismos y me gustó: igual no han creado la trama, pero sí le han dado forma en su idioma a lo que, el que ha inventado la trama, ha intentado decir. Uno de esos traductores de "La anomalía" compartía su desazón ante la dificultad de traducir la primera frase de la novela a su idioma, uno dice "pude mantener las tes y las eses, pero no pude mantener al ritmo". El traductor al castellano, que también es miembro de Oulipo dijo que en esa primera frase le había salido un alejandrino. Bueno, dejo el tema de la traducción -el divagante de pro sabrá que es un tema que me fascina, uno de los primeros divagues, cuando aún sabía escribir sucinto, fue el de "Traduttore, traditore".

El planteamiento es el siguiente: un avión de Air France aterriza en Nueva York el 10/03/2021 tras un vuelo que atraviesa durante un rato una zona de turbulencias nivel leyenda. En él van una serie de personajes a los que dedica capítulos de la primera parte de la novela:
  • Blake, un asesino profesional, a la vez que padre ejemplar.
  • Victor Miesel, un escritor que está a punto de terminar su última novela -y gran parte de las frases que subrayé son de esa sub-novela.
  • David, el capitán del vuelo que aún no sabe que tiene cáncer.
  • Joanna, la joven abogada negra con las ideas muy claras -sabe a dónde va y de dónde viene - a la que su jefe suelta citas de vez en cuando porque, "en el mundo del negocio donde cualquier signo de erudición literaria está fuera de lugar, esto es un signo de dominación simbólica". Da como ejemplo el final del poema de Ralph Waldo Emerson ["No vayas donde lleva el sendero; ve donde no lo hay y déjalo tú"].
  • Sophia, una niña que tiene una rana como animal de compañía, que viaja con su madre y hermano. Su padre, militar, se ha quedado en París. 
  • Slimboy, el rapero nigeriano.
  • André y Lucie, una pareja de compañeros de trabajo que se llevan décadas y que están teniendo un affair - adivinen quién es el mayor.
El estadístico al que se refiere la cita de matemáticos es uno de los científicos a los que recluta el gobierno para intentar entender [y ahora termino el planteamiento] lo que ha pasado ahí:  tres meses después, el 24.06.21, el mismo vuelo de Air France aterriza con... exactamente las mismas personas a bordo. 

Esto quiere decir que todos los personajes a los que has ido conociendo en marzo van a tener un duplicado, un gemelo exactamente igual que ella o él, solo que con tres meses más de vida; tres meses en los que han podido pasar cosas relevantes para sus biografías, o no. Hay veces que nada pasa en ese espacio. ¿Qué le contaría yo de nuevo en lo personal a la Di de mitad de febrero? Poca cosa: y no me quejo, a ciertas edades "no news is good news". En lo colectivo ni me meto porque ya se sabe que cada día es un susto).  El subtítulo de la novela es "¿qué pasaría si hubiera dos versiones de ti?", porque eso es lo que pasa: los personajes se duplican y pasamos a tener el Blake, Victor, Joanna, etc de marzo (que cada uno ha llegado a su destino y sigue  con su vida), y el Blake, Victor, Joanna, etc de junio, que acaban de aterrizar con la mentalidad de marzo (o sea, no saben lo que ha pasado en esos tres meses) y a los que meten en un hangar hasta que se aclare lo sucedido. 

¿Se aclara? Según mi amigo, el final es espectacular, impresionante, te vuela la cabeza, ese rollo [aún puedo ver sus gestos cuando nos lo contaba]. Y, bueno, a mí el final no me ha impactado tanto porque soy muy poco lectora de ciencia ficción -por ejemplo, no he leído a Arthur C. Clarke -el autor de ciencia ficción sobre cuyo relato "El centinela" se basó luego vagamente "2001: Una odisea en el espacio"- que decía: "Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". Con esta creo que nos podríamos identificar muchos - aún perpleja cuando leí el otro día que las impresoras 3D van a poder imprimir órganos para trasplante.  Cine de ciencia ficción sí que he visto, pero me suele interesar la parte filosófica, más que las tramas. En fin, resumiendo: que el final tal vez no lo he entendido por falta de cultura en este tema [no quiero escribir una especulación que podría ser spoiler por si alguien se anima, y que mi amigo confirmó es su visión], o tal vez llevaba demasiadas expectativas, algo siempre peligroso en todos los aspectos de la vida.  

Así que aunque la "explicación" a mí me ha dejado algo meh, lo que más me ha gustado, como siempre en este género, es la parte filosófica: el encontrarte contigo mismo. No con un gemelo, sigo con tu persona de hace tres meses. Asistir a esos encuentros, y las situaciones en las que "los de junio" son diferentes de "los de marzo" ha sido lo más interesante. Si se vuelve a la lista de personajes de arriba, el divagante puede empezar a imaginar qué  dilemas va a tener cada situación. Desde cambios vitales rutinarios hasta suicidio (esa es la única persona que no tiene duplicado-"Nadie se quita la vida. Son solo almas torturadas que escapan matando a su torturador"), pasando por el único que voy a poner como ejemplo: la pareja que está teniendo un affair. 

André tiene un lío con su compañera de curro,mucho más joven - el tipo de hombre que quiere ser el papá universal y que debería preguntar, en plan crudo, ¿Te gustaría ser mi viuda?  El André de marzo no sabe que ella le ha dejado en esos meses, y cuando al llegar el André de junio se entera, entra en shock y le lleva a una reflexión a base de "verse a sí mismo desde fuera". Sí, que era demasiado viejo para esa chica ya lo sabía, pero "saber algo no es lo mismo que vivirlo", como piensa en un punto. Este dolor sobre la dualidad espejo-cámara ya me la había planteado yo antes, cuando te pillan en una foto desprevenida y pienso: "qué vieja estoy". André...
"se mira al espejo para afeitarse cada mañana, y ambos han terminado por domesticarse mutuamente. Aquí, sin embargo, la cámara es incorruptible, no hay indulgencia en su alta definición, ni cortesía en su ángulo: está viendo a un anciano".
Y sigue...
"No todo el mundo tiene la oportunidad de ser testigo de su propia caída desde lejos, de sentir pena por uno mismo, sin sentir realmente autocompasión".
Porque hay un punto muy importante: todos nos autoengañamos muchas veces, es un mecanismo de defensa para sobrellevar ciertas cosas inasumibles: el profesor me suspendió porque me tenía manía, la violaron porque iba provocando/estaba borracha/entró en aquel baño, "todo va a ir bien" o... añada su propia historia. Pero imagina que tienes a tu copia delante: ¿para qué mentirle sobre algo que son datos, que ha pasado?
"Siempre puedes engañarte a ti mismo, pero ¿cual es el punto de mentirte a ti?"

Disculpas por el mantel navideño-
es lo más parecido a "mantel celebratorio" que tengo

Para terminar, nota política. No he leído mucho sobre Le Tellier, pero ideológicamente veo que defiende lo que más o menos la gente de bien: la democracia, la lucha contra el cambio climático y en contra del fascismo, el extremismo, los techobros, y suma y sigue. Es bastante evidente que el personaje del presidente de los EE.UU. está inspirado en el boniato con gorra -y eso que solo tenía su primer ciclo entonces-, y que no tiene demasiada simpatía ni por los militares ni por las religiones -o me parece a mí, tres citas para ver si exagero:
"La religión es un pez carnívoro en las profundidades abisales. Emite la más tenue de las luces y necesita una gran oscuridad a su alrededor para atraer a su presa".

"Cuando le preguntaron cuál era su religión y dijo que no tenía, la entrevistadora le dijo que entonces era atea, y ella contestó: "Para mí, Dios es como el bridge—nunca pienso en ello. O sea, no me defino porque me importa un pepino el bridge, ni me alineo con otra gente a las que les importa un pepino el bridge" (se refiere al juego de cartas)

"Todas las figuras religiosas funcionan con ese software: aquí están nuestras creencias, encuentren los hechos que las prueban".
Corolario: "La anomalía" se lee como un placer culpable y con la curiosidad de qué juegos de Oulipo te has perdido. Para mí el final ha sido un poco Itaca, pero ha merecido la pena el viaje.  Al fin y al cabo, es de las pocas veces que he disfrutado un libro del "género ciencia ficción" - aunque tal vez merezca ser reclasificada: la idea de encontrar a una duplicada de mí misma en un aeropuerto más bien encaja en el "género terror". 

08 noviembre 2010

De cómo el sexo bajo la lluvia se introdujo en el imaginario colectivo

Este párrafo prepara mi siguiente divague. Entono un mea culpa por ponerlo sin traducir, sé que con el google translate no va a ser lo mismo, pero así es la red. Además, como vengo diciendo, Traduttore Traditore. Para quien sepa de qué (maravilloso) libro se trata, un premio. Enjoy.

She opened the door and looked at the straight heavy rain, like a steel curtain, and had a sudden desire to rush out into it, to rush away. She got up, and began swiftly pulling off her stockings, then her dress and underclothing, and he held his breath. Her pointed keen animal breasts tipped and stirred as she moved. She was ivory-coloured in the greenish light. She slipped on her rubber shoes again and ran out with a wild little laugh, holding up her breasts to the heavy rain and spreading her arms, and running blurred in the rain with the eurhythmic dance movements she had learned so long ago in Dresden. It was a strange pallid figure lifting and falling, bending so the rain beat and glistened on the full haunches, swaying up again and coming belly-forward through the rain, then stooping again so that only the full loins and buttocks were offered in a kind of homage towards him, repeating a wild obeisance.

He laughed wryly, and threw off his clothes. It was too much. He jumped out, naked and white, with a little shiver, into the hard slanting rain. Flossie sprang before him with a frantic little bark. Connie, her hair all wet and sticking to her head, turned her hot face and saw him. Her blue eyes blazed with excitement as she turned and ran fast, with a strange charging movement, out of the clearing and down the path, the wet boughs whipping her. She ran, and he saw nothing but the round wet head, the wet back leaning forward in flight, the rounded buttocks twinkling: a wonderful cowering female nakedness in flight.

She was nearly at the wide riding when he came up and flung his naked arm round her soft, naked-wet middle. She gave a shriek and straightened herself and the heap of her soft, chill flesh came up against his body. He pressed it all up against him, madly, the heap of soft, chilled female flesh that became quickly warm as flame, in contact. The rain streamed on them till they smoked. He gathered her lovely, heavy posteriors one in each hand and pressed them in towards him in a frenzy, quivering motionless in the rain. Then suddenly he tipped her up and fell with her on the path, in the roaring silence of the rain, and short and sharp, he took her, short and sharp and finished, like an animal.

20 octubre 2010

El entierro prematuro


Sleep, those little slices of death;
Oh how I loathe them.

Como ya dije, no leí "Treasure Island" ("La isla del tesoro") cuando se debe, pero sin embargo devoré "Narraciones extraordinarias" ("Tales of mistery and imagination") en Octavo de EGB, cuando una debe leer a Poe. Recuerdo que todo el libro me causó una gran impresión y, de todos los relatos, el que recuerdo con más nitidez es "The premature burial" ("El entierro prematuro"). Aquello era horror en estado puro: ser enterrado vivo, como el protagonista del relato, que tiene una enfermedad que le hace quedarse en un estado catatónico que puede ser interpretado como muerte.

Antes de contarnos su historia, el protagonista describe unas cuantas de casos clínicos de sufrientes de esa misma enfermedad, detalles de cómo fueron enterrados y... encontrados. En un caso, un enamorado fue a velar el cadáver de su amada, en estado de negación sobre su muerte, y entonces ella despertó de su catatonia, y fueron felices y comieron perdices. El narrador pasa entonces a hablarnos de su obsesión con su propia enfermedad y con los preparativos para poder salir de la tumba: parece tener claro que es una cuestión de "cuando" y no de "si". En su panteón familiar, por ejemplo, instala una campana, para poder alertar al mundo si despierta allí. Pero, evidentemente, Poe siendo Poe, el narrador no va a tener la suerte de despertar en su panteón familiar, porque nunca sabemos dónde nos puede esperar la muerte, o, en su caso, el estado catatónico.


Pasados los años descubrí que Poe era uno de los autores favoritos de Simply The Best, Julio Cortázar, y que lo tradujo al castellano (traduttore traditore en este caso?). Debe haber unas cuantas tesis doctorales por ahí comparando relatos de uno y de otro, estudiando influencias: por ejemplo paralelismos entre mi relato favorito del Gran Cronopio "Casa tomada" y el de Poe "The fall of the house of Usher". Influencia también de Poe en Melville, como dije el otro día divagando sobre Moby Dick, con "The narrative of Arthur Gordon Pym", con el blanco como horror.

También descubrí al Poe poeta, al que ya conocía, sin saberlo vía Radio Futura desde hacía muchos años...



It was many and many a year ago,
In a kingdom by the sea,
That a maiden there lived whom you may know
By the name of Annabel Lee;
And this maiden she lived with no other thought
Than to love and be loved by me.

Pero hay que ver lo que divago. Toda esta introducción para hablar de una película que no he visto, pero que, al leer las críticas me recordó a Poe. En el festival de Sundance una cinta titulada "Buried" ("Enterrado") ha sido un éxito. Está dirigida por Rodrigo Cortés, un director de Orense que ha recibido muy buenas críticas por lograr que ver a un tipo encerrado en un ataúd, con un móvil durante 90 minutos sea una experiencia.

No he visto la película (lo cual, como se sabe, no es óbice para que yo divague sobre ella: terrible). Al Pedalista no le gusta el terror/suspense y a mí, que me gusta si la peli es buena, me da auténtico pavor, luego le doy la brasa durante las dos horas en plan acoso y pellizcos. Por la noche, la gracia sigue (tras "Ringu" (Hideo Nakata, 2000), tuvo que acompañarme al baño). La conversación en el cine cuando se abre el telón y hay algún tipo de miedo/ansiedad envuelta siempre ocurre una conversación ritual en la línea de "no me has avisado". Siempre le aviso, pero olvida.

Así que técnicamente le podría arrastar al cine a ver "Buried" y luego no se acordaría de ninguna conversación. Pero el otro día me pasó algo. Como he contado algunas veces, escucho un programa de radio de la BBC en podcast en el que hablan de cine cada semana. El crítico es una risa y su fluidez verbal me sigue dejando pasmada (aparte de sus conocimientos). Hablando de "Buried", contaba que estuvo toda la peli agarrándose del brazo de otro crítico, que hiperventilaba, que miraba la puerta pensando en escapar, que se tenía que recordar "estás en un cine, no hay problema, Ryan Reynolds es un actor" etc, etc. Y cuando acabó de hablar, como siempre, pusieron un corte de la película.

¿Dónde, de todos los lugares de mi rutina diaria, podía estar yo cuando escuché el corte de un tipo respirando a toda velocidad, gritando, desesperándose en una llamada telefónica donde le querían poner "en espera" cuando les decía que estaba enterrado vivo, no sabia dónde, y que necesitaba ayuda?

Bingo.

A muchos metros bajo tierra: en el metro. Perdón, no en el metro, metro que están imaginando. Imaginen el metro de Tokio, el del DF. Elevénlo a tres y tienen la línea más mogollón de todo Londinium, que a las 8:30 está en máximo apogeo. Sardinas en lata no es una metáfora que le haga justica, porque éstas por lo menos tienen el tórax a un lado y la cola en otro. Aquí es auténtico puré de personas recién duchadas (se agradece), todos con sus cascos, escuchando a Bach, Arvo Part, The Killers. Menos la mendas, que está escuchando a un tipo hiperventilar como loco (ah-ah-ah-ah-ah) y hablar muy deprisa, y el metro no se mueve (ah-ah-ah-ah), parece que estamos parados entre estaciones, y parece que me falta aire (ah-ah-ah-ah), y si me agarro del brazo de este de al lado, y esto es un metro, ahí esta la puerta, no hay problema, Ryan Reynolds es un actor, y....