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04 julio 2026

Llegada a México DF, la ciudad más peligrosa del mundo

Nota por si alguien se está preguntando si el divlog ha sido hackeado.
Este divague fue escrito por una tal K en 2004: Di todavía no había nacido. De viaje sabático por Latinoamérica, K no sabía de la existencia de Blogger -fue Diva quien lo introdujo unos años después, en 2009. De hecho, Di existe gracias a ese protoblog que K escribía en unos documentos de Word y compartía por un sistema arcaico (msn groups o algo así) con sufrientes amigos y familia. Diva leía esas entradas y así comenzó nuestra relación epistolar. Cinco años después, me propuso empezar D&D y hasta aquí. Aquel protoblog se llamaba Itacalog, y en él también escribe el Peda (el artista entonces conocido como I) que resume los duros días y rutinas del mochilero -algunas veces con demasiado realismo- y K, que eminentemente divaga. Uno de mis proyectos es irlo colgando aquí poco a poco, pero nunca hay tiempo. Sin embargo, estos días, en preparación de un futuro viaje, voy a colgar unos cuantos —no sin cierto sonrojo. Ándele, ahí vamos.

Sábado, 07.08.04 Hotel Buenos Aires (México DF)

Llegada a México DF, la ciudad más peligrosa del mundo

Veinte millones de habitantes, mil emigrantes que llegan por día y una reputación como para andar con el ojo occipital bien graduado. A la gran urbe llegan a las 6:20 pm nuestros héroes, cargados con sus mochilas y ya sin su bigote, que el sobrepesado pensaba que lo hacía invisible en esta población (entre nosotros, más se aproximaba a actor porno holandés que a mexicano). En la ínclita Rough Guide avisan por activa, pasiva y neutra en contra de tomar un taxi así como así. Hay que ir a por un boleto de los “taxis autorizados”, que hacen una fila inmensa (¿40, 50 taxis?) como aves de rapiña. Los pedalistas: !lejos de ellos tomar un taxi! Si son secuestrados, que sea en un callejón oscuro, pero no en un taxi. Así que salen en busca de una camioneta (bus) que lleve al Zócalo, cerca del cual se alojan. Pero no es tan fácil.



Todos los buitres les llaman en inglés para que suban en sus vehículos (muchos de ellos viejos Volkswagen Beetles muy monos pintados de blanco y verde, sin asiento del copiloto para que los pasajeros pasen a la parte de atrás) cuando ellos caminan en busca de la parada de camiones. Llegan a un punto donde hay un escalextric que me río yo de los de Los Ángeles, así que han de retroceder, y cuando empiezan a preguntar por buses los dirigen hacia la otra dirección. Tras cruzar la equivalente de la Avenida das Américas de Río (una vía de miles de carriles y el consabido frenesí, perseguidos por unos malos con coleta y, por supuesto, bigote***), le hemos preguntado a un conductor de bus si iba al zócalo y nos ha negado que los buses fueran hasta este lugar (¡después de que nos lo han indicado varios antes!)



En ese momento pasa un bus vacío con “Zócalo” escrito al frente. Le gritamos, y para (no hemos visto en este país paradas de bus, la gente se para donde le parece y el bus los recoge, es como un taxi colectivo). El viaje con este hombre ha sido impagable, y de lo más surrealista. Nos ha llevado por calles intrincadas del centro de la ciudad, calles llenas de gente, tal como me imaginaba yo la Ciudad de México. En su mayor parte, estaban recogiendo el mercado ambulante que ha estado allí durante todo el día (como una especie de rastro por todas las calles, todos los días). El camión se iba llenando; la música que entraba de los distintos puestos de la calle se peleaba con la que llevaba nuestro conductor. Alguna gente desde la calle me saludaba, mandaba besos. El conductor de repente para en un puesto de venta de DVDs ilegales, escoge uno, hace que el vendedor se lo pruebe para ver que funciona, le da unos pesos, y se lo lleva. Todo esto con el bus lleno, sin bajarse y creando el subsecuente atasco detrás. Para otro par de veces, se saluda con lo que supongo son dos mafiosos (a estos no les cobra), y sube una mujer que se sienta a su lado y a la que tampoco cobra. Al llegar a un punto a dos “cuadras del zócalo”, nos indica por señas que nos bajemos; pese a que le hablamos en castellano, insiste en comunicarse solo por señas con los brazos. (7 ag)




***Nota para las madres, yaya y pi: Todo esto son recursos estilísticos, hipérboles desaforadas que en ningún caso son reales. No quiero decir que me las invente: este hombre de la coleta ha existido, con sus dos amigos, y han cruzado con nosotros, y de hecho hemos comentado al verlos “secuestradores, cuidado” y nos hemos reído, pero los pobres ni nos han mirado. Así que tranquilidad. (k, 7.08.04)


itacalog i

Lo primero que hacemos es ir a arreglar el cable del ordenador que se nos ha fastidiado. Nos cuesta un poco pero al final muy bien. Compramos El País y recogemos la ropa que habíamos dejado para lavar. A las doce nos vamos de Xalapa, en la camionera ADO compramos tres hojaldras, agua y el cortauñas más buscado de occidente.


Luego, cinco horas de autobús con un par de pelis a cada cual más insoportable. Dormimos un poco, el autobús es de auténtico lujo y el paisaje, precioso. Llegamos al DF a las 18.20, nos cuesta encontrar el bus adecuado, pero el trayecto hasta el Zócalo es impagable, y el mismo Zócalo impresionante. El hotel no está muy bien (no Rosa Venus) y encima no saben si tendrán habitación para el día siguiente. Salimos a cenar, K se pone mala, igual por la altura, igual por el antimalariano que ha tomado en ayunas. Luego miramos habitación en otro hotel, paseo por el Zócalo, chocolate caliente en un puesto de Chiapas y al hotel a escribir y ver la TV, pq dan "Traffic" (gran imagen desde helicóptero del Zócalo DF y gran Benicio) (i, 07.08.04)