17 de mayo de 2011

"La caja negra" de Amos Oz, o más vale tarde.

Nota: No suelo desvelar la trama de las novelas o las películas cuando divago. Esta es una excepción. Por si aún queda alguien ahí afuera que no la ha leído. :)

El bloguerío andaba incarnato con esta novela: no eran recomendaciones sin más, eran estados de semitrance. Uno de esos libros que había abierto en canal a algunos de los que habían seguido el consejo, y que había removido cosas que algunos no esperaban ni llevar dentro. En fin, que es de lo que va la literatura: no hay sensación mejor que ser el sujeto de ese estado de fervor/iluminación. Hace años que tengo cuidado con este tipo de recomendaciones, porque una tiene una edad, y ya he leído algo de lo que a otros les ha partido en dos, les ha mostrado la luz, les ha hecho mejores. Corolario: me he dado cuenta que las cuerdas que un autor toca en cada uno son mundos diferentes. Incluso lo que agita en uno mismo en distintos momentos de la vida. No sé, por ejemplo, para mí "Rayuela", novela con la que entré en ese no-tocar-el-suelo, es un libro del final de la adolescencia, y siempre permanecerá allí: mitificado, adorado. Que si lo hubiera leído ahora, no habría sido lo mismo, supongo. Ni para bien ni para mal, habría sido otra cosa.

Este era mi primer pero a leer "La caja negra". El segundo era la traducción. Y sí, lo sé todo: sé que me perdería obras monumentales de la literatura universal si no leyera traducciones, sé que soy neurótica, sé que debo cambiar el chip. Lo hemos hablado en este blog mil veces, pero así lo veo yo. Leo, claro, traducciones, pero tienen que ser clásicos inevitables o muy muy recomendadas. Como Oz. A este respecto, para quitarnos el fantasma del traduttore traditore de entrada, tengo que decir que he notado como, a medida que avanzaba en la novela, me iba relajando más y más (terapia de exposición, que le llaman, ves, Di? Tú puedes!). Al principio, me costaba, porque por mucho que insistan, sigo encontrando forzada la preadjetivación, "subir a las frescas montañas", me siguen chirriando expresiones tipo "tocaba tus atributos viriles", y sigo opinando que traducir "asno" en lugar de "burro" (seguro que literalmente era "asno", pero sinceramente, alguien que escribe vaca con b en castellano es un "burro") no es sabio. Bueno, no sé si me fui soltando yo o la traductora, pero la cosa medio fluyó.

El contenido, por dónde empezar: Oz toca muchos temas en esta novela epistolar. Las relaciones, el fanatismo, el poder. Sin duda, uno de los que ha dejado más tocado al personal (por lo que podido leer ahora, antes de escribir esto en los comentarios de los otros blogs) ha sido la relación entre Alex e Iliana. Para mí, personalmente, esta ha sido la parte que más me ha interesado de toda la novela. Pero no me ha impresionado por lo horrible, por el odio, por el veneno que destila. Para mí, desde el principio queda claro que es una historia de amor. Y todavía, dentro de los insultos, los silencios, las humillaciones monetarias y autohumillaciones con punto maso, rezuma una atracción a lo bestia, de las de "ni contigo ni sin ti", una pasión de novela, de película, de las que no resiste el sofá y los recibos, el lavaplatos y la lista de la compra (“nos quedábamos en la cama hasta las diez, maltrechos y exhaustos por la crueldad de la noche pasada (…) como un par de boxeadores entre asaltos”). Es una amor de esos que nos gusta leer, de los de polvo bajo la lluvia a lo Lady Chatterley, de los de grandes traiciones que son en el fondo sumisiones ("follaba con otro, pero pensando en ti", “me follaste de pie como si me acuchillaras”), de endorfinas perpetuamente en el punto ebullición.

En ese duelo epistolar y vital, en mi opinión, a Iliana se la come Alex, sin guarnición. Su silencio, al principio, y sus cartas frías, yendo al grano, pidiéndole, por favor, que corte el rollo dramático (“te apremia representar el papel de heroína clásica”), la hace parecer aún mas histérica, más desequilibrada, más necesitada. Sus actitudes de esclava sexual, que según leo han estimulado las fantasías de algún lector, son propias de la fantasía de un escritor. Masculino. Oz usa su voz literaria a través de ella, diciendo cosas de belleza desgarradora, pero su identificación con lo que cuenta está en otro personaje. Iliana no me parece una persona interesante ella sola: demasiado egoísta, inmadura, siempre en relación con los hombres con los que se relaciona. Poco puedo decir de su personalidad, aparte de sus claros rasgos de trastorno límite, cuando las de los hombres son muy marcadas: ella vive en relación a ellos. Es ex-mujer, madre, mujer, pero quién es ella?

Sabemos mucho de Alex, el personaje mitificado por Oz a lo largo de la novela (“Tu cuerpo de gladiador (…), tu expresión de príncipe torturado, el poder de tus ojos grises, el resplandor de tu atormentado espíritu, el escudo helado de tu voluntad de hierro”). Y a quien no le atraiga, por malo, por listo (“y tú, guadaña en mano, siegas la discusión con una o dos frases”), por frío, por generoso, por enamorado, por tal-vez-no-tan-malo, que de un paso adelante. Es, al cabo, un héroe byroniano, un Mr Rochester del Siglo XX. Que habla poco (eso echo de menos), pero para decir cosas como “sus labios aran el menguante vello de mi pecho”. Y, para colmo, cuando vive en Londinium, su dirección es en Hampstead Heath. Dan ganas de ir a volar cometas con él.

Oz también nos hace un retrato al óleo (por no decir un examen del estado mental) de Michel Sommo, el segundo marido de Iliana. Y de su mano entra el segundo tema de la novela: el fanatismo religioso (en este caso, judío) al que claramente representa, por contraposición a Alex, que es la razón, la inteligencia, la coolez. Como en lo único que soy tan cool como Alex es en este escaso aprecio por fanatismo religioso, sea cual sea, ver cómo Oz lo vapulea en cada una de las cartas que escribe Sommo es de lo mas cómodo. Oz demuestra ser un escritor que conoce lo básico de su oficio: no masticándonos el tema sino simplemente dejándole hablar (en este caso, escribir). Y esto puede parecer una obviedad, pero es que estaba leyendo una novela terrible recientemente que me regalaron en la que el autor se permitía aclararnos ciertas cosas, en lugar de dejarnos concluir a nosotros con lo que pensaba/sentía/hacía el personaje.

Lo cierto es que leyendo la visión del mundo de Sommo (“está escrito”), una piensa: "no hay solución" (“hace tiempo que acabé con los que son como usted y me dediqué a tipologías más complejas”, le dice Alex). Pero hay un factor que le redime, y es otra de las partes interesantísimas del libro: su relación con Boaz, el hijo de Iliana y Alex. “El vikingo beduino” (qué preciosa descripción), el hijo pródigo, el vástago producto de las limitadas habilidades-ahora está claro-para las relaciones de su madre. El crío abandonado por su padre. Boaz es el personaje, para mí, más positivo de la novela: un chico dejado por sus padres, que crece sin necesitar a nadie (“se rodea los hombros con los brazos cruzados. Este es el abrazo de los que no tienen a nadie”) y que esta a punto de acabar en el arroyo, pero que logra salir gracias a su inteligencia, el apoyo de Sommo y su manera particular de ver la vida: "vive y deja vivir", “pasarlo bien” (“esta idea, es la fuente de todo pecado”, le dice Sommo). Alejándose de todo dogmatismo, sin aceptar demasiados consejos (aunque sí el dinero de Alex porque, como él dice “no ganó el dinero con su esfuerzo. Creció de los árboles”)). Su paciencia con Sommo parte de su superioridad cognitiva: en el fondo ve, como el lector, que Sommo es un buen hombre, limitado en su inteligencia, fanático, torpe, pero buena persona. Durante la lectura, a ratos suspiras exasperada por sus reacciones, pero en otras ves que el pobre tiene buena intención. Para él, la vida es un valle de lágrimas, y su objetivo es recuperar la tierra prometida. Todo esto hace totalmente incomprensible que Iliana, que ha estado con alguien como Alex, haya acabado casándose con este pobre mendrugo. Pero así es Iliana: lo convierte en “un humilde violinista de restaurante a quien le ha sido permitido tocar un Stradivarius”.

Dicen que uno lee libros para, entre otras cosas, ver cómo los demás solucionan problemas vitales que nos podrían, disfrazados de esto o aquello, pasar a cualquiera. Por eso personalmente suelo ser reticente a los finales que el autor soluciona con la enfermedad o la muerte. Evidentemente, ambas parte de la vida, pero es algo con lo que no contamos en nuestro programa “solucionar conundrums”. Eso no nos pasará (aunque nos haya pasado), pensamos, y correctamente, porque uno no debe confiar en que la vida decida por uno. En la novela, la enfermedad terminal en uno de los personajes clave va a dar con un final no elegido, sino condicionado. No es lo mismo quedarse a cuidar a un moribundo (“velar los espasmos de la muerte”) que decidir vivir con alguien que rebosa energía. Muchos factores entran en juego en una decisión como esa, y me quedo con la duda de saber qué es lo que ellos hubieran hecho de haber podido dirigir el rumbo del final.

Me gusta una frase de Alex cuando escribe a Sommo sugiriendo que tal vez haya sexo de nuevo entre Ilinana y él, para concluir, unas líneas más abajo: “Duerma tranquilo, su esposa le es fiel. No hay salidas nocturnas (…) salvo en la imaginación de nosotros tres. Donde no pueden entrar ni los carros de combate ni las escaramuzas de la redención.” Es en nuestra imaginación donde por fin puede brillar otro final. Pero a un autor que escribe cosas como esta: “y en la ventana había una puntiaguda luna musulmana velada tras siete capas de niebla”, se lo puedo perdonar casi todo.

6 comentarios:

  1. Tiene cojones la cosa de que pongas "tocaba tus atributos viriles" como ejemplo de adjetivación antepuesta. Hay que venir más a Ispanhia y/o tener amigos malos o malos amigos que te resalten las pifias. (Estoy pensando ahora en la ambigüedad de "malos amigos" si lo consideramos como anteposición o posposición del adjetivo).

    El caso es que en la segunda mitad del primer párrafo (no cuento la "Nota") dices cosas tan interesantes que corriste el riesgo de terminar el divague sin hablar de la novela de Oz; y como nos pongamos a "acariciar" esos temas, puede pasar lo mismo. Así que ¡ea!, lo dejo. Pero me ha gustado mucho, que lo sepas: ¡Y no es una compensación por el tirón de orejas anterior! (También paso, esta vez, del tema traducción sí/no).

    "La caja negra" es un novelón de esos que te sacuden el polvo que se te va acumulando dentro de la mente con la absurda vida que llevamos. Y me refiero al polvo común cabrón que nos obliga a pasar un paño por las superficies, y la aspiradora por el suelo. No esos "polvos" manuales que se "sacudió" tu amigo con Iliana. Por cierto, tu amigo tiene buen gusto (yo no lo hice porque llevo así como 30 años algo desganado).

    Desde luego que es una maravillosa historia de amor: es la médula espinal de la novela. Y eso, cuando se hace bien, nos gusta a todos. ¡Pero transmitir eso a base de emails es genial! Cuando empecé a leerlo porque Molinos estaba muy pesada (a ti, Molinos, todo honor y toda gloria), tuve un primer momento de duda, porque las novelas epistolares suelen aburrirme. Pero cuando llevaba 30 páginas me di cuenta de que me había metido en algo vivo: es un privilegio del homo sapiens, eso de vivir lo de otros. Solo por eso sería una pena que el mundo se acabara demasiado pronto. Pocas novelas consiguen eso y solo por eso ya merece la pena; y lo único que lamentas es que se termine.

    Lo que dices de Boaz y de Sommo es justo y certero. Añadiré solo una cosa: una obra es una genialidad cuando hasta los personajes secundarios cobran vida; y el padre de Alex, pero sobre todo su abogado, me resultaron impresionantes.

    Una última cosa que ya voy de largo: no estoy de acuerdo con lo que dices de los finales de enfermedad o muerte. Cuando una novela ocupa una vida, debe incluir esos finales: es algo que forma parte de la gloria de estar vivos. Además, cada enfermedad y cada muerte es distinta de las de los demás: como lectores, tenemos derecho a conocer esos finales. Me declaro, pues, partidario de las historias que nos llevan hasta el polvo último (que es algo muy distintito del “último polvo”.

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  2. Bueno..entonces te ha gustado, ¿no?

    Coincido contigo en que el mejor personaje es Alex. Desde la primera palabra suya que lees en las cartas te deja muerto. Sabe dónde está y sabe a donde llegará retomando el contacto con ella.

    Coincido en que ella resulta a veces un poco cargante pero no se engaña.

    Y coincido con NáN en que en una novela epistolar es impresionante que las cartas que escriben todos..incluido el abogado, Sommo..etc..sean igual de importantes para la historia..

    Y sí, la historia de amor es de esas de darse empujones para mantenerse a distancia porque sabes que en el momento en que te enganches ya no hay vuelta atrás.

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  3. Uno breve breve... lo primeor, gracias MO por la recomendación... podría haber entrado a comentar al abogado et al, pero creo q ya me estaba yendo un poco del word count ;) Ya sabía yo q ti tb te gustaba Alex.

    NAN, gracias por ser amigo malo... ahora lo cambio-no quiero q la gente se enganche ahi, con todo lo q hay q comentar de este libro! (btw, que bien estaría tener un editor q se molestara en leer los divagues antes del publish!)... evidnetemente ocn el "atributos viriles" me refería no al preadj sino a un sintagma q sólo se usa en castellano de modo irónico, if any. A mi me chirría, pero si a ti no, pues mejor.

    Me gustaría escirbir más sobr el final... ha sido un poco a modo boutade, pq claro q me parece normal q Hans Castorp muera... y aquí tal vez también tenga su sentido (Alex, q nunc aha pedido ayuda, ahora esta necesitado, etc etc)... pero pero pero.. no hay time!

    muxus a los dos

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  4. Disculpen me incluya en tan selecto y minoritario grupo de comentaristas de hoy.
    Ya comenté en su dia que me enganchó ese amor a la maldad, no a pesar de la maldad.
    Me gustó el abogado que permite encajar las piezas que de otra manera estarían deslavazadas.
    Voy a meter un poco de mal: La novela me gustó, pero con el tiempo se me está apagando en la memoria y en la euforia.

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  5. Txelos, lo de grupo selecto no sé. Lo de minoritario, gracias por restregármelo.. te crees q no vivo ocn horror cada seguidor que tienes más q nosotras o qué? Eres malo.

    Hablando de maldad, no sé donde viste tanta maldad en la novela.

    Maléfica.

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  6. A ver, a ver, que hay para todos:

    .-No es una historia de amor porque Iliana es incapaz de amar a nadie, ni siquiera a sí misma, y eso Alex lo tiene claro. Por no querer no quiere ni a sus hijos. Iliana tiene un desorden de la personalidad de libro que hace que actúe como actúa.

    .-Alex podría haber amado pero al final se mueve entre la curiosidad, el remordimiento y la certeza de su muerte cercana. Creo que todo lo que hace o dice se pude explicar por una de esas razones. Pero no hay ni venganza, ni amor en lo que hace.

    .-La traducción se nota, y las preadjetivaciones también. No son muchas, no son pesadas, pero haberlas haylas.

    .-Oz consigue diferenciar muy bien las voces de todos exagerando ciertos rasgos de cada uno (y cuando no puede utiliza el telegrama): el factor religioso, el desorden de la personalidad, el inadaptado e ignorante. El más racional, Alex, el más equilibrado, es con el que todos nos identificamos más fácilmente. Y aún así, socialmente no es ninguna joya: también tiene su punto y su pasado autista.

    That's my opinion.

    Para mí no es una novela de sobresaliente. La leí rápido, la leí fácil, pero estoy con ECDC en que la olvidaré rápido y fácil. Y está bien trabajada, bien estructurada y bien cerrada, peor a mí no me acaba de llegar. Igual es porque no vi esa historia de amor, porque al exagerar ciertos rasgos se pierde cierta credibilidad, porque me pilla lejos. No sé.

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