3 de marzo de 2010

¿Esponja o tamiz? Dos tipos humanos.

"A veces lo que sueño creo que es verdad, y lo que me pasa me parece que lo he soñado antes... Además, lo que ha pasado no está escrito en ninguna parte y al fin se olvida. En cambio, lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre" (Elena Fortún, Celia en el colegio)

Esta frase de un libro inicia otro, "Caperucita en Manhattan" de Carmen Martín Gaite. Y la razón por la que inicia también mi divague de hoy es por la parte que me toca, con la que me identifico: mi manía, tal vez obsesión, de intentar que no se me escapen ciertos momentos. De intentar guardar en mi memoria aquello que me ha dado felicidad aquí y ahora, allí y entonces.

Esto me lleva a un nuevo capítulo de mis "tipos humanos": la persona-esponja y la persona-tamiz. Un esponja es aquel cuya vida consiste en absorber, tragar, chupar, aprehender información, y ahí se queda. Un buen esponja puede leer, ver películas, viajar, escuchar música (todas o alguna de ellas, y más). Un esponja puede ser una enciclopedia andante, si tiene buena memoria, o síndrome de Asperger, o bien ir olvidando.

Una persona tamiz es aquella que puede hacer todo o parte de las actividades citadas arriba, pero además necesita procesarlo y sacarlo de alguna manera. Un esponja se queda con lo visto/oído/sentido, mientras que un tamiz tiene que hacer algo con ello. Creo que muchos blogueros somos tamices. Procesamos el día, lo que nos pasa, lo leído, lo visto, y lo ponemos sobre el teclado.

Yo empecé con esto del tamicismo cuando era niña y escribía en esos diarios con candado que te regalan en la comunión. Más tarde, si leía un libro o veía una peli que me apasionaba, muchas veces escribía "una crónica", que era una especie de reseña para mí, con lo que me iba a quedar del libro cuando todo se me hubiera olvidado. Alguna vez puede que torturase a algún amigo con la reseña adaptada, y alguna vez esto dió lugar a conversaciones interesantes. También escribía muchas cartas, y de hecho así es como logré que se enamoraran de mí.

Pero donde la Di-tamiz alcanza cotas insuperables es en los viajes. Desde que recuerdo, he llevado un diario de viaje. Al principio eran unos cuadernos de Din A5 de espiral, de distintos colores. Ahí me escribí Escocia, Brasil, y tantos otros. Justo antes de partir para nuestra aventura latinoamericana, apareció un portátil en uno de esos sorteos de la entonces empresa del Peda. Se trataba de uno de esos IBMs primitivos que ya nadie quería, pero que nos hizo un gran papel. Tan viejito era el pobre que no se podía conectar a internet ni le iba la batería.

Lo primero implicaba grabar lo escrito en disquettes (si, tenia disquetera!) y lo segundo, tener que escribir siempre colgada de un cable, pegada a la red eléctrica. Os preguntaréis para qué necesitaba los disquettes, y es que en los meses que viajamos por Latinoamérica escribí lo que debía ser el embrión de este blog (cuando aún no existían los blogs). Escribía por las noches, grababa en un cutredocu de word, y al día siguiente, en los cibercafés, entre emails y prensa, colgaba los divagues en un grupo de msn que ya ni existe. Diva ganó mi corazón ya entonces siendo la seguidora número uno (ella ya maquinaba este blog, o algo).

Para el tema del cable, una imagen vale más que mil palabras. Imaginad a la prebloguera-Di en la estación de buses de Tulúm (México) escribiendo en una esquina, con su IBM conectado a un enchufe que, haciendo oídos sordos a cualquier norma de seguridad e higiene, tenían los mexicanos ahí aparente, enmedio de una pared. Pero es que a medida que avanzaban por el país, descubrieron los pedalistas que en muchas estaciones había enchufes a ras de suelo (¿para los aspiradores?), donde montábamos nuestro campamento durante las largas esperas hacia otra ciudad.

Y es que un viaje sin diario no debe ser lo mismo: para mí sería un auténtico dolor el no poder, al final del día, sentarme un rato a pensar sobre la pantalla todo lo que he visto y conocido (y aquí tuvisteis un ejemplo). Por no hablar de las fotos. Cómo dejar a los vaivenes de la memoria, esa embustera, las imágenes que nos han hecho abrir las pupilas y erizado la piel. Por supuesto que la cámara no puede captar siempre la inmensidad de lo que ves (por eso me gustan menos los grandes edificios que los mercados caóticos), pero a veces, puede incluso mejorar una realidad, u ofrecernos otra que nos haga soñar que hubo un día que aquello lo vivimos.

Los tamices procesan, juegan con la información, la hacen suya y producen algo diferente, que está abierto a la crítica o a la alabanza, algo mejor, peor, eso da igual. Los esponjas se quedan con la información para ellos, para siempre, no se manchan. Unos son hombres de acción, otros se quedan en las ideas.

Pero las ideas solas, sin praxis, nunca han cambiado nada.

Nunca han movido el mundo.

14 comentarios:

  1. Bueeeeeno, lo que haces con un diario o con una foto, es fijar unas percepciones para siempre, pero eso habla mucho más de la que escribe o la que saca la foto que de la realidad tal como era. Las percepciones evolucionan, lo que ayer me gustó mucho hoy puede que me deje indiferente, o la peli que vi la semana pasada y no me hizo tanta gracia puede que dentro de un mes vuelva a mí con otros bríos y otra perspectiva. ¿Y cuál es la percepción que vale?

    Por cierto, nunca antes se calificó a los escritores como hombres de acción...

    ResponderEliminar
  2. Llevo todo el día pensando y creo que también debo ser tamiz, porque en un tamiz también se queda algo, también retiene algo además de lo que evacúa.

    Sin embargo yo no he llevado diarios de viaje, aunque lo he intentado. Sí he llevado diarios de polluelos y alguna cosa he escrito acerca de ellos. Ahora lamento no haber escrito más porque mucho de lo que no he escrito se me ha olvidado y lo que anoté permanece, sesgado sí, pero ahí está.

    Así, escribir, se convierte en mi caso en un acto de egoismo fundamentalmente. Escribo para mí, a veces para aclarar ideas, otras para retenerlas en la memoria, otras para recordar vivencias, para saber cómo me sentí, para volver a ver lo que ví...

    Mexico, México... que recuerdos más generales por no llevar un di-ario... No me olvido de las ganas con las que esperaba tus comentarios entonces porque de alguna forma revivía yo lo que vivías tú. Y las fotos, digitales!!!!. Cuando yo viajé nomás tenía cámara de carrete y aún así... cuánto disfrutaba!!

    Di, me ha gustado tu entrada. Mucho. Eso del corazón que dices, me ha llegao al ídem...

    Vamos a dejar de tirarnos flores que parecemos folclóricas al uso:
    Ea, tu más!!! Que arte hija, que arte!!!

    ResponderEliminar
  3. Hola Anónimo,

    La percepción que vale es siempre la tuya, con independencia de si ha cambiado o no. Es normal que evolucione y en eso radica, a veces, la gracia.

    Resulta sorprendente redescubrir situaciones, películas,fotos o escritos, lo que sea. A mi me gusta...

    Bienvenid@ al blog!

    ResponderEliminar
  4. En muchas ocasiones vale más ser un esponja que tamizar. Quiero decir, que si las ideas sin praxis no mueven el mundo, estaría bien que pasaran a la praxis sólo las ideas buenas.
    Como dije en su día, el advenimiento de la era post-ideológica será la única forma de evolucionar a mejor. Me remito al mundo tal y como va.
    Por cieto Di, ¿eres la de la foto?

    ResponderEliminar
  5. Anónimo, perception is reality!
    Subjetivismo puro y duro. Y el subjetivismo llevado al extremo es objetivo. Si un libro me encantó hace 20 años y ahora no puedo con él, las dos percepciones son reales, las dos valen, y como el libro no ha cambiado o cambia la percepción o he cambiado yo...

    ResponderEliminar
  6. Joder, Ababol, el post-ideologismo no deja de ser una ideología, peligrosa, por cierto.

    Yo también estoy con las esponjas, si no ya hace tiempo que me habría hecho con mi propio blog... Cantidad de gente que va por la vida opinando y escribiendo y vomitando y chillando, y podían esponjarse un poco, la verdad (no lo digo por vosotras, Di-vas, que ya veo que va a haber un antes y un después en la Historia del Pensamiento marcado por la irrupción de vuestro blog...)

    ResponderEliminar
  7. Anonimo, claro q las percepciones son totalmente del que las plasma y en ellas se retrata. Claro q evolucionan, por eso a algunos nos gusta ver como evolucionamos (o involucionamos) con ellas!)Valen todas, es que antes eras otro.

    Y los escritores claro q son gente de accion: escriben. O acaso crees q la accion es solo la q se ve en las pelis de idem?

    Salud

    Di

    ResponderEliminar
  8. Queri-diva, cofolklorica,

    Te pongo otra frase q me he encontrado esta maniana en el mismo libro, descripcion de la abuela de "Caperucita en Manhattan":

    "Era muy aficionada al licor de pera, fumaba tabaco de picadura y tenia un poco perdida la memoria. Pero no porque fuera demasiado vieja, sino porque a fuerza de no contar las cosas, la memoria se oxida".

    Pero eso no nos pasara a las Di-vas.

    Beso

    Di

    ResponderEliminar
  9. Ababol, No estoy de acuerdo. Hay gente con ideas grandes q nunca se ha movido del sofa. Igual soy muy conductista, pero no eres lo que piensas, eres lo que haces.

    Y si, claro q soy la de la foto. Que insinuas? q la no-normalidad no me sienta bien?

    Besis

    Di

    ResponderEliminar
  10. La entrada de hoy me ha recordado a una historia que leí hace poco. Con motivo de la celebración del nacimiento de Torrente Ballester, la fundación que lleva su nombre ha organizado una exposición con fotografías tomadas por el propio autor. Lo que más llamó la atención de los organizadores del evento es que la mayoría de las fotografías son de paisajes, lugares, etc. En la mayoría, no hay personas.

    Lo más poético es la explicación que da su hija. Las fotografías en realidad son documentos tomados por Torrente Ballester. Medio ciego, por donde iba se apoderaba de la realidad parcial que veía mediante su cámara. Después, esos instantes robados inmortalizados por una lente, le sirvieron para recrear/reconstruir/redactar/crear/reimaginar, etc. pasajes de sus libros, para recordar después lo que quisiera de ellos. Esas percepciones parciales que fuero sus fotografías le sirvieron para escribir Los gozos y las sombras o Fragmentos de Apocalipsis ambientado en Santiago.

    ResponderEliminar
  11. Dear Basaja, tu no tienes tu propio blog pq en el bosque hay mucho trabajo, que si coger setas, que si los gnomos del poblado vecino...

    Ya sabes q un divagante pidio q te establecieras y es algo q, si no fueras esponja, tal vez harias.

    Este blog te saca un poco de tu esponjez, asi q nos damos las gracias mutuas- a ti por seguirnos y a nosotras por ser la vanguardia del pensamiento occidental del momento.

    Di

    ResponderEliminar
  12. Por cierto, creo que soy esponja tamizada.....

    ResponderEliminar
  13. Querida Lili,

    Muchas gracias por compartir esta historia... que interesante.

    Torrente Ballester le quito con su "Off Side" las ganas de escribir a un conocido mio, q estaba el pobrecito escribiendo su propia novela, y en un momento paro y se pregunto "pero que hago yo escribiendo esto?"

    Tengo en mi recuerdo "La saga/fuga" como uno de elos mejores libros que he leido. Cuanto me rei con el loro de Castroforte. Es enorme.

    Besos

    Di

    ResponderEliminar
  14. Muy bueno Lili, yo tambien. O tamiz esponjoso... :)

    ResponderEliminar

¡Bienvenid@ a DD!

Poniendo aquí tu comentario te arriesgas a que Diva o Di continúen divagando.

Quedas advertid@.

Gracias por divagar.