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13 septiembre 2022

Serial: Mirada (des)apasionada semanas después

En Septiembre de 2018 -hace 4 años- comencé a escribir ficción. No era la primera vez que lo hacía, he escrito unos cuantos relatos tanto en el blog como fuera de él, pero nunca me había planteado escribir "una novela". Y va entrecomillado porque me da pudor llamar así a “Serial” (tengo tentaciones de robarle el "nivola" a Unamuno, aunque por estas otras razones-él lo usó para distanciarse del estilo de novela imperante -realismo- a finales del siglo XIX). Al principio, en casa, se reían y es la forma como mejor he llevado esto: "cómo va tu novela", decían con retintín, o "no me puedo creer que hayamos venido a Yorkshire porque aquí performa la novela de la amá" (esta fue Mini en aquellas maravillosas vacaciones pandémicas que subimos a los páramos donde transcurre Serial).

Mi familia



Enmedio de todo, la pandemia
Ah sí, pandemia: esto es uno de los pequeños eventos que tuvieron lugar desde que empecé con esto. Crisis que se podía también ver como oportunidad: corría la primavera de 2020, cuando creíamos que íbamos a hacer todas esas cosas pendientes tipo ordenar fotos o volver a aquel instrumento. Pero nada, no ocurrió -tampoco el instrumento o el hornear (bien). Varias razones, pero una clara es que seguí escribiendo el blog (lo que pasaba tenía tal urgencia que no podía dejarlo de lado para contar una historia ambientada hace 25 años) e iba intercalando Serial. Tampoco ocurrió en la primavera de 2021. Por fin, a finales de la de 2022, el 27 de Junio en concreto, le di al último “publicar”. Casi 4 años y 130.000 palabras después (más de esto luego).
Ni una pandemia pudo acortar el proceso


Parones: pedir demasiado al lector
A veces hubo épocas de parón... creo que incluso una de varios meses. No fue nunca por bloqueo o similar, simplemente no me sentaba: la vida se imponía y no encontraba momento. Retomarlo tras los paréntesis largos era duro, yo misma no me acordaba y era mucho pedir que alguien lo hiciera, me hago cargo. Si siempre Serial tuvo menos lectores que las entradas del día-a-día del blog (que ya es decir), cada vez fue quedándose con menos. Esto me pareció del todo comprensible, pero yo no solo disfrutaba escribiendo, es que creía en esta historia - o mejor dicho, en esta no-historia, porque hasta el final no pasa mucho. Entonces pensaba que esos capítulos casi solo de "ideas" o pacientes puntuales tal vez se podrían leer como entradas independientes, porque la trama era lo de menos. Lo de más era mostrar un ambiente y que en él se propiciaran ideas: no me interesa la acción, aunque al final hubo bastante-para mi gusto.

Serial: Pura adrenalina


Las musas
Creo que ya he contado alguna vez qué me dio la idea de Serial: leí "The secret history" de Donna Tartt, una historia de estudiantes de clásicas en un campus universitario. Siempre me han gustado las "novelas de campus" como género- aquí hay una lista-, un grupo de gente que vive en una institución apartada de la sociedad -generalmente una universidad-, y lo que allí pasa. Pero esta era muy mejorable: demasiada acción y muy poco "mundo clásico". Para mí, hubiera mejorado si en lugar de describir el tiempo que pasaban subiendo y bajando a la cabina (era esa época) hubiera incluido largas conversaciones entre los estudiantes y algún profesor sobre literatura y filosofía de Grecia y Roma.  

Las obsesiones propias
Entonces surgió la idea: yo en una novela de otros querría leer sobre el mundo clásico, pero si yo pusiera a hablar a personajes míos, de qué temas hablarían? Dicen que todos llevamos al menos una novela /nivola dentro, y la mía tendríá personajes que hablan de la mente y del comportamiento, de literatura, de qué es naturaleza y qué es adquirido, de la experiencia de salir de tu casa a un país extranjero, del género humano, de qué significa la maldad, de cómo hemos de abrirnos paso las mujeres. Mis temas. 
Sus temas

El lugar: Banderley, otro personaje
Luego, dónde estarían mis personajes? En un sitio que me gustase, donde quisiera yo pasar muchas horas. Ese lugar podría ser Yorkshire, en concreto un edificio victoriano fantasmagórico al que podría llamar Banderley (homenaje espero obvio a Manderley), que sería un personaje más de la nivola. Había vuelto al principio: iba a ser una novela de campus -en la que el campus era un hospital enmedio de la nada. 



Escritura de mapa o de brújula?
Así que con esas mimbres, me lancé. Sin saber nada de lo que iba a ocurrir ni siquiera en el siguiente capítulo, sin conocer a la prota -ni saber al principio su nombre- ni que iba a evolucionar como lo hizo.  O sea, hice una "escritura de brújula", partiendo solo de las ideas de arriba, sin conocer la historia. 




Me encanta escribir el blog pero esto era aún mejor - aunque más duro. Al no haber escrito nunca ficción de cierta extensión, lo que no sabía es lo que me iba a divertir no saber cómo iba a terminar el capítulo (en este caso, la entrada).  Que me sentaba al teclado sin saber qué, y partía de una imagen, o una canción, o una idea, y de repente, me salía todo de corrido. Por ejemplo, a veces estaba leyendo un ensayo o un artículo y aprendía cosas, y en lugar de hacer una entrada fría de blog, lo digería y convertía en una conversación entre dos personajes. 

¿Ha funcionado eso? No lo sé: para mí sí, porque he leído el ensayo y me apasiona el tema, pero no sé cómo funciona con los potenciales lectores para los que los neurotransmisores no sea su interés especial. También he tenido que cuidar con las dis-cronías, porque hay cosas que se saben hoy que a finales de los 90, no. 

De todas formas, tal vez no sea objetiva, pero lo que firmemente creo es que no hay otra disciplina más apasionante que el intentar entendernos y entender al otro, luego mientras escribía, tenía claro que a mucha gente eso le iba a interesar. No sé si lo he transmitido bien, pero espero que se haya sentido con la vehemencia que creo esto. Siempre he pensado que, en las manos de un@ gran escritor@, el potencial de Serial hubiera sido enorme.



El gran tema: la voz
No le di vueltas a encontrar una voz, eso sí que sabía que iba a ser la mía, la del blog, tal vez un poco más cuidada. A ratos con humor, a ratos intensa, a ratos didáctica. Iba a ser en primera persona porque me resultaba más fácil, aunque sabía que corría el riego de que se me identificara con la protagonista. Si Madame Bovary c'est moi, que decía aquel, era yo Mariona Calleja? Evidentemente, todo lo que le pasa a ella no me ha pasado a mí, pero su voz, sí, c'est moi. 

Cómo manejar el río de montaña loco que son mis ideas
Mi técnica para escribir es diferente de esos escritores que dicen que "no ponen la palabra adecuada hasta que la encuentran". Yo escribo la entrada super rápidamente, de corrido, sin tener en cuenta el estilo. Las ideas me vienen todas de repente, y las tengo que atrapar, que no se me escapen. Después de esa versión, la empiezo a trabajar, una y otra vez. Es terrible pero la versión final siempre tiene más palabras, porque se han extendido ideas como con tentáculos. Soy así, una rollera.

Habrá que ir terminando, que esta gente se querrá ir
Mientas escribía, iba pegando las entradas en un docu de word. Cuando llegué a las 80.000 palabras pensé que tal vez debería pensar en ir terminando (se aconseja que una primera novela debe tener entre 80 y 120 mil palabras). Entonces no estaba ni de lejos cerca del final porque, no olvidemos, tenía que "resolver un misterio", que había dejado sugerido por ahí y que ni yo misma sabía exactamente cual iba a ser. 



Entiendo ahora a los escritores que hacen trilogías o sagas, o cuyos personajes salen en varias de sus novelas porque yo podría haber seguido escribiendo sobre la vida en Banderley indefinidamente: simplemente integraba en la vida de ese grupo de personas -a los que cada vez iba conociendo más yo misma- cosas que me interesaban a mí, lo que yo escuchaba, leía o veía. 

A partir de ese momento, perdí la libertad del principio, en el que me ponía a escribir y a ver qué salía. Sé que es lo que dicen todos pero (atención, esto tiene un tortazo, pero es que fue así), entonces las historias se empezaron a cerrar casi ellas solas.  

También sentí cierta preocupación sobre la sensación de vacío que iba a tener al terminar: ya no iba a pasar más tiempo con esos personajes y en Banderley (esto me ha pasado alguna vez con libros leídos). 

La poda: ese dolorosísimo proceso
Serial tiene 129,000 palabras. Según Stephen King en "On writing", hay que quitarle 12.900 (10%). Ese es mi trabajo ahora, y me va a costar un dolor. No sé bien para qué. Y aquí enlazo con el futuro de Serial, que tampoco sé cual es. De momento, que lo tengo que leer del tirón, a ver si se sostiene. En esa lectura, tendré que "podar" y encarar algunos temas como los tiempos verbales que desde hace mucho sé he cambiado (de escribir en al pasado pasé sin darme cuenta al presente, y me gusta más). Dejar pasar un tiempo y luego... no sé. 

"Voluntarios"
Aparte del par de divagantes que han ido leyendo (os quiero), tengo a algunos amigos que "se ofrecieron". Dos de ellos no me han dicho nada. Otro es psicólogo y está leyendo una traducción informática al inglés (pobre): la parte "ensayo" de Serial es su profesión, luego no es un buen termómetro sobre si esa parte es aburrida para lector de fuera del ramo.  Hace poco empezó un amigo del Peda que tiene tres novelas publicadas y cuando llegan sus emails los abro con la emoción de una niña a la que le dan las notas. 

Serial: solo para iniciados?


Y al final... donde empieza todo
La sensación de vacío no llegó tal vez porque desde que le di a "publicar" al Serial 50, he tenido un largo verano de por medio con mucho que escribir. Pero antes de irme comencé esta entrada, para aclararme yo misma sobre qué era eso que me había ocupado tanto tiempo físico y mental. Hoy la termino, más de dos meses después sin haber llegado yo a una respuesta racional clara -como me gustan a mí las cosas. 

La respuesta -nada racional, pero muy clara- me encontró a mí una noche de agosto. Por la huelga de trenes tuvimos que coger un autobus desde el aeropuerto. Cuando llegamos a Londres me di cuenta de que el bus paraba allí, en Victoria Coach Station, el lugar donde llega Mariona Calleja al comienzo de Serial. Esta estación es también a la que llegué yo hace 25 años, y he pasado muchas veces sin ni siquiera considerarlo. Esa noche al ver el rótulo y salir por el pasillo hacia la calle descubrí que la idea de mí misma allí, recién llegada, nunca me causó -ni ahora tampoco, claro- ni una fracción de la emoción que me estaba provocando pensar en Mariona con sus maletas en Victoria Coach Station donde, como siempre, llovía. 

Victoria Coach Station: Aquí empezó todo


01 junio 2026

"The corner that held them" de Sylvia Townsend Warner: Marxismo, feminismo y risas en un convento de monjas del SXIV

 Me lancé a leer "The corner that held them" ("La esquina del mundo que las guardaba", traducción libérrima mía -parece que la sacó del Libro de Salomón del Antiguo Testamento-  creo que no ha sido traducido al castellano) tras la recomendación de uno de mis críticos literarios británicos. La novela habla de la vida diaria de monjas en Oby, un convento benedictino perdido ("la esquina") en Norfolk, en el SXIV. Es una novela histórica bastante especial, porque quién podría imaginar que en ese contexto iba a haber feminismo, marxismo y humor - y antes de empezar, un ejemplo de esto último: las monjas consideran su aislamiento como algo beneficioso porque así tenían "menos peregrinos, pedigüeños y además podían ir andrajosas". 


El crítico admitió que gente de su club de lectura la había encontrado durilla, pero la idea de monjas encerradas en el final del medievo me parecía irresistible: ¡una novela de campus con monjas! Dame gente encerrada en cualquier sitio [convento, abadía, universidad, internado, hospital psiquiátrico...] y ahí estaré. Y lo que me convenció del todo fue leer un poco sobre su autora, Sylvia Townsend Warner: necesitaba saber más de una mujer con una vida como la suya - ¿y qué mejor manera de conocer a una persona que leyendo su ficción?



Sylvia: una vida de novela
Merecería un divague aparte, pero me arriesgaré a reproches de mi suegra por la extensión y lo meteré todo aquí. Sylvia Townsend Warner nació en 1893, hija única de un profesor de historia de la prestigiosa Harrow School. Fue educada en casa por su padre y otros profes del colegio. Su pasión adolescente era la música e iba a estudiar composición en el extranjero cuando estalló la Primera Guerra Mundial: como Vera Brittain, perteneció a esa "generación perdida", a la que Brittain tanto lloró en su "Testamento de juventud". Durante la guerra trabajó en una fábrica de municiones, pero cuando murió su padre se vino a vivir a Londinium sola, y trabajó en un proyecto académico de música eclesiástica de la época de los Tudores. Allí conoció a un tipo casado y con cinco hijos con el que tuvo un affair.



Vivía en Bayswater -barrio al noroeste de Hyde Park- y un amigo de Harrow la introdujo en el grupo de Bloomsbury. Warner escribía poesía y en 1925 publicó su primera novela, "Lolly Willowes", calificada como "subversiva" -se publicó dos años antes que el voto femenino, tres antes que "Una habitación propia"). Me encanta el tema: una "spinster" (solterona, que decían antes) que se da a la brujería tras la guerra como la única manera de ser independiente. Tuvo tanto éxito que Warner se pudo dedicar a la literatura y al periodismo -escribió relatos para el New Yorker. En 1927 publicó "Mr Fortune’s Maggot", la historia de un misionero "sodomita" [sic] que en lugar de convertir a un grupo de isleños de los mares del sur, pierde él mismo la fe - probablemente Unamuno no había leído a Warner cuando publicó "San Manuel Bueno Mártir" en 1931; mi teoría es que el espíritu de una época es lo que genera ideas en paralelo, incluso en lugares lejanos. 


En 1930 se compró un cottage en East Chaldon, Dorset, para huir del jaleo de Londinium, pero cuando conoció y se enamoró de la poeta Valentine Ackland se fueron a vivir allí. Se referían a su relación como "matrimonio" y escribían poesía abiertamente lesbiana. 

No solo eran outsiders por eso: en 1935 se unieron al Partido Comunista, escribiendo propaganda y recaudando fondos, lo que les ganó la etiqueta de "subversivas peligrosas" y fueron espiadas por el MI5 durante 20 años. Me encantaría que algún día alguien me considerase la mitad de eso. Solo he leído este libro, pero veo por ahí que los temas de su literatura eran rechazo a la Iglesia, empoderamiento femenino, y subversión de las normas sociales. 
"La gente más feliz que conozco son los que han tirado la toalla en lo de ser respetables"
Viajaron a España dos veces durante la Guerra Civil: en 1936 a Barcelona a trabajar con la Cruz Roja y en 1937 como delegadas en la Conferencia de Escritores Internacionales, donde hizo amigos izquierdosos que mantuvo toda su vida. Cuando cayó la República, volvieron a Dorset. Ella, como en mi opinión debería ser la izquierda, mantuvo siempre una posición internacionalista. "After the Death of Don Juan" ("Tras la muerte de Don Juan"), publicada en 1938, es una alegoría del surgimiento del fascismo en España. De rabiosa actualidad: me tendré que hacer con ella. 


Como es de la generación de Brittain, vivió las dos grandes guerras. A veces me pregunto si nosotros nos escandalizamos de lo que está pasando en el mundo actualmente, que no lo vivimos de primera mano, qué tuvo que ser para esa gente: ser testigos de la repetición de la misma barbarie. Trabajó como voluntaria, alojando a refugiados del Blitz y en esa época empezó a escribir la novela de la que vengo a divagar hoy. 


La relación con su pareja atravesó épocas tormentosas ya que Valentine tuvo un largo affair con una escritora rica americana, Elizabeth Wade White, y en 1950 dejó el Partido y se hizo católica. Pobre Warner: pese a todo, cuando Valentine murió de cáncer, sufrió un duelo terrible y en 1998 se publicó un libro con la larga correspondencia entre ambas titulada "I'll stand by you", como la canción: qué bonito. Warner murió en 1978. No he estado en Dorchester pero leo que hay una estatua en la que Warner está sentada en un banco con su gato: también hay una igual en Richmond de Virginia Woolf, y con esa sí que tengo foto:

Virginia Woolf en Richmond

Virginia me da secretos de escritura
(que tenga una habitación propia, por ejemplo)


No hay trama en "The corner..."
O de eso avisó Warner y eso dice la gente en el podcast de Backlisted; o sea, la novela es un río que fluye a través de las décadas -de 1349 a 1392- y la autora es como si hubiera hecho un "corte longitudinal" en una línea del tiempo y simplemente nos hubiera contado lo que en ese espacio pasa. La novela no termina, simplemente, para, dijeron los críticos, aunque no sé si estoy totalmente de acuerdo: yo sí que le he encontrado un final. Pero tal vez sea cierto que ha habido muchos finales durante la narrativa: de hecho, muchos de los capítulos se titulan con el nombre de la abadesa de turno, y asistimos a los complots para elegirlas, a sus visiones de cómo liderar el convento, a sus muertes.  

Leí un rato en este columpio de Hilly Fields,
un parque con vistas que no conocía

Cosas de monjas medievales que igual no sabías
Las monjas de esta novela tienen todas el título de "Dame" (sería el equivalente de "Madre" o "Hermana" o "Sor" en órdenes contemplativas como las cistercienses o las benedictinas). Es a ratos complicado distinguir a Dame Sybilla de Dame Eleanor de Dame Isabel, y todas las demás -aconsejo hacerse un dramatis personae, que yo no hice, pero no ha sido un problema, se puede leer. 

Las monjas terminan en el convento por diversas razones -la de entregarse al Señor no me ha parecido una de peso- algunas por pobres. Otras son ricas -de familias de toda la vida de la zona- y traen dote [una de ellas, provisión de un año de vino!], y estas reciben un trato especial: ¡hasta criadas tenían!  Hay incluso facciones según los apellidos, e.g."no queremos a otra Stapleton de abadesa".  

Hay monjas ciegas o que se están quedando por el humo de las velas [una descripción de un ahogamiento la hace ella], monjas sordas o que se están quedando, monjas jóvenes tontas a las que se les da trabajos manuales, monjas que regentan la enfermería, monjas que se arrodillan para despedirse de otra haciendo un ejercicio de odio mutuo y autocontrol, monjas que tienen hijos, monjas viejas y poco agraciadas: "de nadie se podía esperar que mantuviera su belleza en Oby; como mucho, una expresión agradable"... y estoy usando el plural porque generaciones de monjas se van sustituyendo y estos rasgos se repiten. 

También hay algunas con sus rarezas particulares: Dame Lilia se quiere hacer anacoreta, o como se diga, aspira a que el obispo le dé permiso para meterse en una celda y ya no hablar el resto de su vida [pienso que esta debía ser una salida para las personas con autismo de la época]. Hay una monja tan mala que "hasta la muerte no quería llevársela y la tierra darle entierro" y su maldad venía de "excesivo aprendizaje: todo el día leyendo libros" y "a veces ladrando porque sabía tanto de gramática que podía transformarse en un perro". De verdad, me parto.  

No son las de Oby monjas buenas, sino que pecan todo el rato: hablan en las comidas, comen dulces en sus dormitorios, cotillean, toman el nombre de Dios en vano, y tienen mascotas. Por no hablar de comer y beber, que recordemos que les dejan como dote un año de vino.

Son un grupo de mujeres que, pese a vivir juntas y saber que les espera la muerte en ese mismo recinto, entre ellas, no se conocen, porque como dice Warner "para que haya intimidad debe haber antes libertad, la de elegir si te acercas o te alejas"-cosa que estas monjas obviamente no tienen. 


No solo monjas en el convento
También hay "corrodians", una de las palabras medievales que no venía en el diccionario: se trata de ancianas ricas que se iban a pasar los últimos años de su vida en el convento (yo conozco a unas monjas que tienen una "casa" en un barrio muy pijo de Londinium que también tienen a señoras ancianas de posibles: había una que se trajo hasta el piano a su habitación). Y una viuda que se trinca al cura, mejor dicho, al falso cura. 

Me explico: al principio de la novela aparece un tipo itinerante, Sir Ralph, que se hace pasar por cura y como el anterior se ha ido por la Peste Negra (detalles abajo), las monjas le dejan vivir allí pretendiendo -o lo creen de verdad? - que es cura. Sir Ralph se pasa con ellas el resto de la novela, sobreviviendo a varias abadesas y muriendo solo al final.  En un par de momentos de la narrativa, el cura se vuelve loco, y como método curativo bien establecido de la época le ponen "un gallo negro en la cabeza" -hasta que se corrompe y ponen uno nuevo y sucesivos- sin mucho cambio en su condición. El cura loco se convierte en una rutina de la casa, en una molestia a la que se han acostumbrado.

La Peste Negra
Es una novela histórica porque, pese a estar en una esquina a la que es difícil que llegue el mundo, la historia se filtra por sus muros. Cuando comienza la Peste Negra - que había empezado en Asia Central en 1338-9 y llegó a la isla en junio de 1340 vía un barco en Dorset- el cura anterior, el verdadero, les anuncia, "con calma, como se habla cuando no hay esperanza", que se va. Un par de monjas han muerto de "la pestilencia" (me encanta esta palabra) y él dice que tiene que abandonarlas porque ahí afuera la gente está cayendo en la herejía, "¡se están confesando o bendiciendo unos a otros!" (a falta de curas que o bien se han muerto, o han huido). Al cura no le importan las almas que van a morir sin sus bendiciones, sino que se extienda la herejía: de esta manera, perderían el control sobre la gente. Las monjas se agobian: ¿quién les va a dar a ellas la extrema unción? 

Marxismo
No es esto el único ejemplo de anticlericalismo en una novela sobre monjas: ya hemos dicho que Warner era subversiva y comunista y, de hecho, esta obra ha sido calificada de "marxista" por los académicos. Esto es así porque, en contraste con las novelas burguesas cuyo motor es la vida interna emocional de los personajes, aquí el personaje principal es una comunidad que vive en un mismo edificio, y su vida diaria nos da un atisbo de lo que era la sociedad en la Inglaterra del SXIV, donde los braceros o los jornaleros tenían que vivir itinerantes en busca de trabajo porque total, sin un techo sobre la cabeza "te puedes ir sin pena. Si no tienes tierras, no tienes que quedarte". 

Y una de las principales preocupaciones de las monjas es, por supuesto, las finanzas: lo que entra y sale para mantener el convento. Vamos, que los modos de producción de lo material determinan la vida social, política e intelectual. ¿Hay algo más marxista que eso? Se habla mucho de las dotes que traen las monjas y hay una crítica a algunos de fuera del convento que piensan que las monjas han de vivir en pobreza: qué tontería es esa? De hecho, a una de las abadesas se le mete en la cabeza la construcción de una torre, y siguen adelante con ese proyecto con el dinero que podían haber compartido con los pobres del pueblo, afectados por la Peste Negra. La imagen popular era que las pobres monjitas vivían "de avena y rocío", cuando en realidad, como he dicho, las monjas tenían sirvientes y "las monjas y los sirvientes se hicieron al lujo que hubo que contratar a más sirvientes para las monjas, y más para servir a los sirvientes"  Espero que con estos ejemplos esté logrando transmitir el tono y el humor de Warner, pero el mensaje es claro: las monjas no eran mejores que los curas, "impostoras, timadoras, avariciosas, opresoras del pueblo", se dice en algún punto.

Y por último, el momento histórico que elige Warner para cortar la historia es la Revuelta de los Campesinos de 1381, causada por una combinación de factores como la Peste Negra que venían arrastrando por décadas, los altos impuestos por la Guerra de los Cien Años, y el sistema feudal de servidumbre. Dicen que esta revuelta ha sido usada como símbolo de la izquierda y en la literatura socialista -incluyendo por William Morris, que además de sus diseños de textiles era uno de los nuestros. 

Feminismo
Con las credenciales de la autora, una lesbiana marxista leninista, no hace falta que explique que la novela es profundamente feminista. Un grupo de mujeres que se autoorganizan, aunque la sociedad les obligue a pretender que obedecen a curas, custodios y obispos. Ahí van unas citas:
"El obispo se había enfadado con nosotras porque mostramos demasiada independencia rechazando a Dame Emily. No nos queremos hacer un nombre por tener demasiada independencia".
"Sin duda, al obispo le molestaban las monjas estudiosas". 

"La viuda era una mujer sin hijos y con suficiente riqueza y buen humor como para no querer otro marido

"No tenía ninguno de los instintos de las mujeres que no viven en conventos de obedecer a los hombres"

La muerte
Y como con ella termina la vida, con ella intentaré terminar el divague. Como hemos seguido de cerca lo que pasa en Oby, un punto geográfico, a través de los años, los personajes vienen y se van o, más frecuentemente, mueren, con lo cual hay bastantes reflexiones sobre la de la guadaña. Una cosa que me impactó de la película "Camino" (Fesser, 2007) sobre una niña del Opus Dei con cáncer es que toda su familia decía que estaba feliz porque al morir iba a estar enseguida en el cielo, qué suerte, y en la escena de la muerte, familia y personal sanitario aplauden. Me dio muchísimo miedo esa película y sobre todo esa gente, los fanáticos religiosos, por sus ideas delirantes y su capacidad de autoengaño. 

Pues bien: aquí hay una monja de solo 23 años que se está muriendo pero que piensa que, después de todo, "le daba pena cambiar la ambigüedad de este mundo por las certezas del siguiente". La abadesa también había lanzado loas a la muerte con los mismos argumentos que los del Opus, pero esta monja moribunda sabía que era por los problemas económicos del convento -hay un momento en el que una de las abadesas piensa que la muerte de dos monjas jóvenes que han traído buena dote al convento es un gran beneficio: buen balance entre beneficio y pérdida.

Pero además, la monja joven reflexiona sobre la vida que ya no tendrá, y me ha encantado porque ese mismo sentimiento tuve yo en un hospital mugriento hace ahora... 16 años: "se dio cuenta de los años que se perderá, de los eventos que pasarán que no verá, de los muchos pensamientos que podría tener -y que nadie los pensará. El mundo era profundamente interesante y un convento el lugar ideal para meditar sobre él". Me encanta que una mujer a principios del SXX ponga estas ideas en un personaje del SXIV y sea algo tan actual hoy, en el SXXI: al fin y al cabo, es una de las magias de la literatura.

Y luego está el otro lado: el cuidado de una monja a la que le cuesta mucho morirse y las pobres terminan agotadas y desilusionadas de tanto velarla, porque "desilusiona constatar que la compasión, estirada demasiado, se materializa en nada más que en una carrera de resistencia". Esto es terrible, pero es así.

Corolario
Así se mueve la novela,  entre reflexiones de gran profundidad como las de arriba e ideas graciosas ["la frecuente calamidad de los encamados, ser visitados por gente aburrida"], Warner te acaba metiendo en el día a día de una comunidad cerrada en la que no pasa nada [sí, hay un asesinato al que no se le da ninguna importancia, no es esto "El nombre de la rosa"] y pasa todo. Porque es en las relaciones de los personajes donde los autores de novelas de campus te muestran su cosmovisión, su manera de ver la vida. Y quién iba a decir que convento medieval, marxismo, feminismo y risas iban a entrar en la misma frase.

~~~

PS.  El Náufrago exazerbayano en su comentario ha hablado del convento de Santa Catalina de Siena en Arequipa, y aquí está el divague donde pueden ver unas fotos. Gracias al Náufrago R!

09 agosto 2025

"Tierra de empusas" de Olga Tokarczuk: Buenísimos ingredientes para un guiso que personalmente me ha desilusionado


"Tierra de empusas" es una de esas novelas que cojo con muchas ganas: en primer lugar es de Olga (Tokarczuk), de la que me quedé flasheada por su "Los errantes" y "Sobre los huesos de los muertos". Segundo, por su subtítulo: "una historia de terror en un sanatorio". Tercero, porque es un homenaje a "La montaña mágica", uno de esos libros fundacionales. O sea, pensaba que tendría calidad literaria garantizada por la autora y luego, qué me puede gustar más que una "novela de campus" (gente encerrada en un sanatorio para tuberculosos en la naturaleza centroeuropea), donde encima hay miedo ("horror story!"), y además la posibilidad de que me devolviera a los 23, que es cuando leí "La montaña mágica" . Este dato lo recuerdo porque es la misma edad que tiene el prota, Hans Castorp "al que una arruga en el puño de cualquiera de sus camisas de color causaría verdadera indisposición". Nota: esta descripción de Hans la escribo de memoria -su tono de persona con monóculo nos hacía mucha gracia en la época-  para ilustrar la plasticidad de la memoria de esos (maravillosos) años.

Con estas alforjas y sin ninguna referencia lo compro y me lo llevo ilusionada a mis vacaciones: empiezo con él ya en el metro camino del aeropuerto, y luego está anotado en distintos medios de transporte y lugares variados donde me he parado a leer. Pero, ay, mi análisis en una palabra: desilusión. Tal vez lectores que vengan sin mi mochila la disfruten más, no lo sé. Para desilusionarte tienes que haber tenido una expectativa, como la tenía yo. 


El planteamiento es el mismo de "La montaña mágica": un joven con tuberculosis -la enfermedad romántica por antonomasia a la que se llamaba "consumption", que mató desde Yeats hasta Orwell, pasando por las Bronte, Kafka, Balzac y Bécquer- llega a un sanatorio en las montañas - era la única manera de paliarla en la época, hasta que Robert Koch encontró su bacilo. Bécquer tuvo en Bellver de Cerdanya su propia montaña mágica y la historia de cómo en mi infancia me creía a pies juntillas que en cierta mesa de una antigua fonda se sentó el autor, tal vez a escribir "La cruz del diablo", ya lo conté aquí. 

En el sanatorio, que está en los Beskides de Silesia (Cárpatos entre Polonia y Chequia), el protagonista de nombre impronunciable e indeletreable va a aprender por exposición a otros pacientes mayores que tienen largas conversaciones entre ellos. O sea, combina dos géneros que amo: el bildungsroman o novela de crecimiento y lo que yo llamo novensayo, aquel que, enmedio de la acción (o no acción, porque suele pasar poco), los personajes introducen ideas. Ni que decir tiene que a mí no me importa que no pasen cosas si el contenido de las conversaciones es bueno. Aparte de "La montaña mágica", otro novensayo ochomil (hola NáN) es "Moby-Dick", lleno de disgresiones (e.g. un capítulo hablando del color blanco, otro de ballenas...) que la hacen, además de una novela aventuras, pura filosofía existencialista. Y otro con el que siempre me lo paso fenomenal y releí hace poco "El nombre de la rosa".

Pero divago, y volviendo a esas conversaciones vespertinas de  los señoros que se alojan en la "Residencia para Ídem" (la autora lo llama "Casa de huéspedes para caballeros"), el principal problema que le encuentro a "Tierra de empusas" es que esas charlas nunca llegan a ser demasiado interesantes para mí. A ver, tengo subrayados, anotaciones varias, incluso algún asterisco... pero en absoluto me parece que las conversaciones de los personajes, en especial las de un tal August August, humanista y socialista (trasunto del Setembrini de Manns, mi personaje favorito) y Longin Lukas, católico y tradicional, den el nivel de una "novela de ideas". Por ejemplo, pasan tres páginas hablando del diablo, que podría ser apasionante... pero no. Tal vez es que han pasado 30 años y naturalmente, cosas que entonces me parecían novedosas, hoy ya no me aportan nada nuevo (o será que llevo toda una vida profesional intentado entender "El Mal" para dejar de llamarlo "el diablo"?), pero con "La montaña mágica" el poso que me queda es que el sanatorio representaba simbólicamente el estado de Europa, sus tensiones y zozobras políticas justo antes de la Primera Guerra Mundial, con reflexiones que a mí en ese momento me aportaron. Eso sí, no es que Tokarzcuk no haga de vez en cuadro un óleo del momento político actual, lo hace -y dejo aquí un ejemplo: aunque el libro está ambientado en 1913, no me digan que esto no es rabiosa actualidad: "su padre pensaba que la culpa de los desastres nacionales y los fallos de la educación venían de una crianza blanda que animaba la feminidad, la sensiblería y la pasividad, hoy modernamente referido como"individualidad". Lo que contaba era la hombría, la energía (...)". ¿Suena esto como un discurso familiar? Mi corolario de este párrafo es que igual cada novela tiene su edad y su momento. 


Aquí la mayoría de las conversaciones terminan en el mismo tema: la mujer. Los se
ñoros son una banda de misóginos desaforados, y cuando al principio lees un par de comentarios en la línea "a los hombres, la fuerza de voluntad les puede ayudar a vencer las tentaciones de la locura, pero las mujeres prácticamente no la tienen, con lo cual, no tienen armas para luchar" piensas, ah, esta es Olga, o "tuvo el valor de morirse en el parto!" (dice uno de ellos, irritado de que su mujer le dejara colgado con el bebé) y ya piensas, esto es doble Olga: feminismo y sentido del humor. Yo iba poniendo el símbolo feminista cada vez que salía alguna de estas conversaciones y está el libro lleno. Pero en un punto, cobran un sentido totalmente distinto: se me ocurre mirar el final y hay una "nota de la autora" en la que explica que todas, to-das, las citas del libro sobre las mujeres son literales y tomadas de autores como Ovidio, Platón, Darwin (sí, parece que escribió que las mujeres "representamos un estadio pasado, inferior de la evolución": y yo como un groupie ante su tumba!!), Freud (sin sorpresas aquí), Schopenhauer (ídem), San Agustín (ay), Nietzche (ya dejo los comentarios), Yeats, Conrad, Burroughs, DH Lawrence, Somerset Maugham, Durkheim, Kerouac... y suma y sigue. A toda esta peña, algunos que conformaron el pensamiento occidental y otros a los que probablemente hayamos leído y admirado, los pone la autora frente al espejo: de ahí venimos. 

El feminismo que destila la novela está hasta en su título: las empusas son unas criaturas de la mitología griega, malévolas y seductoras, que cambiaban de forma presentándose como distintos animales y si no existiera el riesgo de que el divague se me fuera de las manos ahora me metería con que eran hijas de Hécate y demás, porque documentándome llevo ya 12 páginas abiertas. Pero no: considero la posibilidad, respiro, la veo pasar, y ya. Por supuesto también se habla de brujería, y anécdotas que, como lo de las citas de los sesudos escritores e intelectuales, temo que estarán bien documentadas y no serán ficción: aquella en la que había tantísimos juicios por brujería que no había pasta para todo ese aparato, y se lo hacían pagar a sus maridos, otras en las que las mujeres de un pueblo se fueron a los bosques como consecuencia, y el pueblo se vino abajo (quién lo mantenía a flote? eso). Ideas como que el cuerpo de la mujer pertenece a la sociedad (qué actual eh? que se lo digan a los antiabortistas que creíamos era una batalla ganada). Y mucho más. Aquí abajo, la empusa:



 Si todo lo de arriba te parece suficiente para que la novela se merezca el subtítulo de "historia de terror", no estás desencaminada. Es una vez más el humor de Tokarzcuk, porque si lo que se espera leer es un clásico "whodunit" á la Agatha Christie, esto no se lo va a encontrar aquí - mientras leía pensaba que la razón por la que me gustan este tipo de novelas podría ser porque en el fondo, lo que se hace es ahondar en la psicología de los personajes. Como no tengo a nadie con quien comentar el libro, miro en aquella web de libros y mucha gente enfadada porque el asesino no es el ama de llaves.  Como digo, entiendo que esto son bromitas de Olga y no me importaría,  si no fuera porque el tema sobrenatural a mí me aburre: quién pillara asesinos concretos como el gran Jorge de Burgos! Eso sí hay imágenes potentes en la novela entre las que destaco el asco que da una sopa de sangre llamada czernina o uno de los personajes clavándose agujas en el culo mientras se masturba.


 
Espero no dar la impresión de que esta novela es fallida, aunque yo no la haya disfrutado todo el rato, hay muchos momentos en los que la autora muestra su músculo de narradora y voy a terminar con una de sus metáforas para ilustrar esto, en las que además se nota que estudió psicología: cuando habla de las vulnerabilidades humanas, del punto de "menor resistencia" de cada persona lo compara con la formación de las perlas: "así como cuando entra un granito de arena en un mosculo, este lo neutraliza con nácar formando una joya, todas las líneas de desarrollo de nuestra psique se formarán en torno a nuestro puto más débil. Cada anomalía estimula una actividad mental particular (...) lo que es débil en nosotros nos da fuerza. Este esfuerzo constante por compensar nuestras deblidades gobierna toda nuestra vida. Mira Demóstenes, era tartamudo y terminó siendo el mejor orador. No a pesar de ello, sino por ello" . No digo que esté totalmente de acuerdo con el contenido, pero la metáfora es potente. 

Ah, y casi me olvido del giro de guión final, muy en sintonía también con los tiempos en que vivimos. Esta sorpresa, que sí que no me la esperaba, está bien, pero el hecho de que me haya acordado ahora, así, al final, precipitadamente, indica el limitado valor emocional que supuso para mí -recordamos lo que nos mueve. Anoche logramos convencer a Mini para ver otro clásico del feminismo con nosotros en el proyector y seguro que nadie se olvidará nunca de su final: dos mujeres símbolo de las mierdas que las mujeres teníamos que sufrir en los 90, y sque seguimos sufriendo ahora, pisando el acelerador y diciendo: que os den. Que es un poco lo que dice Olga siempre con sus libros, y solo por eso, sigue siendo una maestra.


25 junio 2018

"Disgrace" ("Desgracia") de J.M. Coetzee: Algo salvaje

Un divague que empieza con mi desacuerdo con la traducción del título del libro recensionado: sensación de dejá-vu, divagantes? Pero es que "disgrace" puede ser "desgracia" en el sentido de "caer en desgracia", pero no la desgracia primera que se piensa en castellano; es más verguenza, deshonra. Tenía que decirlo. Sigamos, pues.

Hay que aclararlo porque el catedrático de literatura protagonista de la novela cae en desgracia espectacularmente tras un affair con una estudiante, una de sus alumnas. El libro fue publicado y ganó el Booker en 1999, otro contexto del nuestro. Esa era la época en la que un profesor te decía algo así raruno ("usted practica algún deporte para mantener ese cuerpo?" o "qué perfume lleva?") y te parecía que el problema igual eras tú. Era la época pre-#MeToo, que empezamos a mirar con estupor, y que nuestras hijas afortunadamente mirarán con escándalo y nos dirán, "ma, cómo (no) hacíais eso?"  El caso es que estamos en los 90, y el catedrático no es que tenga un affair, como pone en la contratapa, la realidad es que el catedrático acosa-y derriba-a la alumna, que no quiere claramente seguir con la historia. Más tarde, la hermana menor de la chica pensará con repugnancia:"Así que este es el hombre con el que mi hermana ha estado desnuda, con el que se lo ha hecho!" y su exmujer le plantea si cree que una chica joven encuentra algún placer en meterse con un tipo de 52 en la cama, si cree que ella encuentra ese cuerpo algo atractivo que mirar. Esto es importante anotarlo para todos esos que se creen que como "maduros interesantes" tienen interés sexual para la mayoría de las jóvenes. Ding-dong: no. Gracias Coetzee por estos contrapuntos, por mostrarnos también cómo lo vemos nosotras. 

El catedrático aprovecha su posición de poder, acorrala a la chica y el concepto de "consentimiento" o lo que ella quiera ni se le pasa por la cabeza. Piensa en él. "Bueno o malo, simplementento lo hace. No actúa por principios, sino por impulsos, y la fuente de sus impulsos es una oscuridad para él. Su locura no era de la cabeza, sino del corazón". Qué bonito, no? Entren los violines. Locura del corazón. El tipo contraataca, con sus propios juegos mentales para justificarse, para salir ileso, y como para algo es catedrático de literatura, lo hace formalmente bien: "quizás sea el derecho de los jóvenes el estar protegidos de ver a los viejos en los estertores de la pasión. Para eso están las putas, para soportar los éxtasis de los feos". Y aún lo remata más, en el juicio improvisado que le hacen en la uni, en el que se declara culpable, con frases como "era un esclavo de Eros". Es así como piensa defenderse?, le dicen,  "No es una defensa-contesta-lo que queréis es una confesión. Ahí la tenéis". Qué incómodo, le preguntan entonces sobre su arrepentimiento ("En el calor del momento, no hay dudas"), a lo que sin despeinarse les contesta que "declararse culpable es una declaración secular, pero que el arrepentimiento pertenece a otro universo de discurso". Me gusta. A ratos logra casi envolverte con su relato: "En todo caso, la cuestión  no es si lo sentimos, sino qué va a cambiar ahora que lo sentimos.  Tras una cierta edad, uno es demasiado viejo para aprender lecciones, uno solo puede ser castigado y castigado". Pero lo que está en el fondo de su discurso es que él obraba según su naturaleza, y ya. Un dinosaurio moral, pero hay curiosidad por oir al dinosaurio hablar. Humbert Humbert viene a mi cabeza. "Ningún animal aceptará una justicia que le castigue por seguir sus instintos"

Aquí estamos en los primeros capítulos del libro: en ese punto crees que estás leyendo una novela de campus con el gran tema "poder" en su frecuente presentación de cintura para abajo. Bien, te gustan las novelas de campus, ese género literario que ha dado libros tan chulos como 
Pero no: Coetzee entonces da un volantazo y el catedrático -enfrentado a su "caer en desgracia" particular ante su pequenio círculo de la torre de marfil que es la universidad - decide escapar.

Para el tema "campus" era fundamental localizar la novela cronológicamente (a grandes rasgos, todos los campus se parecen), pero para la huída-hacia-adelante es vital localizarnos geográficamente: Sudáfrica. Y cuando uno huye de una ciudad universitaria hacia el campo, no es lo mismo hacerlo en Europa que en Sudáfrica. Allí verdaderamente estás en el fin del mundo. Y cuando empiezan a pasar cosas, en un chamizo-granja donde vive su hija hippie, entonces sientes la vulnerabilidad de ese gran espacio abierto, salvaje, en el fin del último continente, el del corazón de las tinieblas, el continente oscuro.

El primer shock que sufre el catedrático es su hija. Tener una hija hippie, "que se ha dejado" (refiriéndose al peso, la ropa, esos zapatos "cómodos"), en un hombre que valora tanto la belleza de las jovencitas, tiene que ser un palo importante. "Dejarse, lo que pasa cuando uno se retira del campo del amor", o cuando sospecha si su hija es gay "Amor sáfico, una excusa más para engordar". Claramente vemos por lo que valora el catedrático a las mujeres, ya sabemos que es una joya de hombre. Pero no es tan fácil. Como en toda buena novela, o como en la vida: hay luces y sombras, cumbres y valles, y a medida que avanza, constatas con dolor que el catedrático es un tipo con el que te podrías echar dos cervezas. Y eso hace la novela aún más compleja y más infinita su gama de grises. 

Sudáfrica inmediatamente evoca la palabra "apartheid" con todo su horror, pero aún así, como Coetzee ha despistado al lector con la universidad al principio, yo sigo asumiendo, por alguna razón, que los personajes son blancos. De hecho, he tenido que pararme y re-chequear conmigo misma, porque en la universidad todos los personajes los pienso blancos (y luego leo que la alumna abusada es mestiza). Pero más tarde, en el campo, he de volver las páginas para comprobar si cuando introducen a Petrus (el en principio ayudante luego vecino de la hija)  dicen algo de su color de piel, y no lo hacen, y lo mismo con otros personajes. Yo sigo en alerta porque vivimos en un mundo tan occidental-céntrico, que pese a vivir en una de las ciudad más multiculturales del mundo, me cuesta pensar, de entrada, en otras razas. Igual soy sola yo, pero necesitaba explicarlo porque esto ha sido una de las cosas que me han chocado del libro, que me han hecho sentir incómoda -y eso que hay muchas, muchas cosas para sentirse incómoda leyendo "Disgrace". Y no sé si he caído en una trampa diseniada por Coetzee, o una tontería mía. Pero escuece, porque la violencia racial, la tensión entre los negros y la minoría de blancos es un hecho y es palpable en toda esa parte de la novela. El eje de la tensión cambia: de poder de género a poder racial.  Casualmente, esta semana ha ido el padre de un compa de Mini, sudafricano blanco, a hablarles a los ninios del apartheid. Este hombre se fue de Sudáfrica como resistente de guerra, otro insumiso como nuestro Peda. La profesora es también sudafricana, y Mini me contaba como ambos admitían en la charla que pertenecían a una minoría de ricos, como blancos que son, que tenían casa con piscina y servicio. La profesora es tan tan cool, que nos ha pedido permiso a los padres para enseniarles "Invictus" pese a ser para mayores de 13, y les ensenia el "Madiba dance" y luego todos lo bailan en clase... Me pone una gran sonrisa en la cara...


Las consecuencias de la injusticia sistémica que fue el apartheid las sufre el catedrático y su hija una vez ahí fuera, en lo salvaje.  Recuerdo, aunque hace más de 25 anios que leí "La casa de los espíritus" su conclusión: «Me será muy difícil vengar a todos los que tienen que ser vengados, porque mi venganza no sería mas que otra parte del mismo rito inexorable». En "Disgrace", el catedrático intenta abrir el foco, encontrar en la política y la historia una explicación al ataque que reciben por parte de tres negros, que su hija se niega a denunciar (para su exasperación): "es un riesgo poseer cosas, porque no hay suficientes cosas para tanta gente. Las cosas tienen que circular para que todos disfruten de ellas, luego el que te asalten no es maldad, es simplemente parte de un enorme sistema de circulación, de redistribución de la riqueza". En otro punto reflexiona que los negros "igual piensan que tienen que cobrarse algo de mí, por vivir en su tierra. Les debo algo". Otro incidence en la gran campaña de resdistribución. 

“He would not mind hearing Petrus's story one day. But preferably not reduced to English. More and more he is convinced that English is an unfit medium for the truth of South Africa. Stretches of English code whole sentences long have thickened, lost their articulations, their articulateness, their articulatedness. Like a dinosaur expiring and settling in the mud, the language has stiffened. Pressed into the mold of English, Petrus's story would come out arthritic, bygone"

El párrafo anterior, reflexión sobre lo inapropriado del inglés para capturar la complejidad sudafricana, ocurre cuando Petrus llama a su hija "su benefactor." Benefactor: la palabra chirría. Hay en el fondo una lucha del orden establecido, que era duenio-blanco-empleados-negros. El inglés está podrido por dentro, "solo te puedes fiar de los monosílabos, y ni siquiera de todos". 

El  bienestar animal es otro de los grandes temas que recorren la novela, y a mí es uno que me ha gustado particularmente porque tal vez yo sea un poco como el catedrático. No me apasionan los animales, algunos directamente me disgustan y no puedo imaginar una vacación más aburrida que ir a fotografiar cebras. Eso sí, tengo un atractor para ellos, según Fashion, y por ejemplo, sobre Nara su golden, ejerzo un imán especial: Nara me ve y viene a que la toque (en la frente, que como decía la Yaya es donde les gusta). El catedrático es un indiferente así, pero durante la novela, viviendo en el campo desarrolla cierto sentido y por ejemplo, lleva muy mal que dos cabras con las que se había encariniado acaben asadas en casa del vecino para una fiesta, o lo que les pasa a los perros en la clínica de una amiga de su hija. Como el catedrático, no hace falta ser apasionado de los bichos para odiar ver a cualquiera de ellos (sí, también los que me disgustan), sufrir. Ya hablamos, a tenor de Sapiens, de las aberraciones que estamos haciendo a las vacas en granjas, y en conciencia, yo debería hacerme ya del todo vegetariana. 

En mi libro de literatura folk, explican como "Disgrace" fue publicado cinco anios tras las primeras elecciones libres en Sudáfrica y supone un contraste brutal con otra literatura llena del optimismo de la nueva nación. El estado de desgracia, de haber caido en desgracia, se extiende como una mancha de aceite a tantos niveles. El catedrático se niega a explicarse bien en su juicio por abuso, su hija mantiene silencio ante un ataque brutal: no hay palabras para la reparación. El pesimismo es total y el paso del tiempo, envejecer está siempre presente en la novela: por primera vez el catedrático intuye lo que supondrá ser un viejo, cansado, sin esperanzas, sin deseos, indiferente al futuro. Ya lo ha vivido todo, desde el adulterio, "donde todo el tedio del matrimonio es redescubierto" hasta la poesía en vena “según mi experiencia la poesía te habla y te llega a primera vista o no te llegará nunca. Hay un destello de revelación y un destello reflejo de respuesta. Es como el rayo. Como enamorarse”. Ya ni las teorías valen, cuando te han partido la cara y apestas, "eso es la teoría; agárrate a una teoría y a la comodidad de la teoría".

Esta es una novela sobre relaciones de poder a todos los niveles, escrita en un lenguaje áspero, sin florituras, que te raspa tanto por su forma como por su contenido. Todo en ella es incómodo y escuece, y su amargor te persigue durante días. Qué se podía esperar de un caer en desgracia no solo personal, sino colectivo.

17 noviembre 2021

"El camino de Ida": Metadivagar, leer (furiosamente) y salir a vivirlo con Ricardo Piglia

Emilio Renzi, personaje recurrente de los libros de Ricardo Piglia es, según la contratapa de mi libro "un divorciado cincuentón, solitario e inseguro q mata el tiempo en Buenos Aires". Vendido. Pero además, así comienza "El camino de Ida":

"En aquel tiempo vivía varias vidas, me movía en secuencias autónomas: la serie de los amigos, del amor, del alcohol, de la política, de los perros, de los bares, de las caminatas nocturnas. Escribía guiones que no se filmaban, traducía múltiples novelas policiales que parecían ser siempre la misma, redactaba áridos libros de filosofía (¡o de psicoanálisis!) que firmaban otros".

Anda que no nos gusta aquí un buen comienzo de libro, y este tiene una energía, una vibración y unas ganas, que yo solo quiero seguir leyendo para pasear mi fracaso al lado del de Renzi.

Nota: Antes de empezar apuntar que, como casi siempre, no voy a contar la trama -que sin rubor es desvelada en el resumen de esa multinacional que vende libros, y también en algún titular de entrevista con el autor. Con dolor, porque es uno de MIS temas, pero quiero que el divagante tenga la misma experiencia que yo he tenido: re-descubrir esa historia aquí ha sido tan chulo como cuando supe de ella por primera vez en el pasado. Sería una traición contarlo, es mejor ir poco a poco preguntándose, de qué me suena esta historia. Releo el párrafo y objetivo cumplido: no se entiende nada, vamos bien.

"El camino de Ida" es una novela de campus, un (otro) género muy apreciado en el divlog. Renzi, académico argentino es invitado a una estadía en una universidad estadounidense por la profesora Ida Brown. Como buena novela basada en el cerrado mundo académico, conocemos a algunos estudiantes, sus neurosis y relaciones, las pugnas y luchas de poder: "Hubo un silencio eufórico. No hay nada más violento y brutal que el choque entre las figuras que nacen y los profesores establecidos: son enfrentamientos sin reglas fijas pero siempre son a muerte". Pero todo esto, superficialmente: a quien describe bien Piglia es a Ida Brown, y así como el otro día dije que no me daban ganas de ir a tomarme un té con el (presunto) autor de una trilogía, con Ida me dan ganas de irme de tequilas:

"Era frontal, directa, sabía pelear y pensar -esos dos verbos van juntos. (...) Trabajaba para la élite y contra ella (...) solo la leían los especialistas, pero actuaba sobre la minoría que reproduce las hipótesis extremas (...) No creía en la propiedad privada, salvo lo referido a su campo de estudio. (...) Decía que no era una mujer en sentido estricto, tampoco un varón. Hablaba en broma, me provocaba. (...) Para ella, su belleza era algo superfluo y sonreía resignada ante las miradas -como la mía- que trataban de desnudarla. Usaba los verbos en presente y la ironía reforzaba su encanto. (...) Tenía costumbres sexuales poco recomendables, frecuentaba los dark rooms, los clubs de swingers y los locales de S/M"

Les presento a Ida Brown, quién más se viene de mojitos? Todos: precisely (los que no, que lo dejen aquí). Es uno de esos personajes con los que quieres pasar más rato, como Renzi, que acaba teniendo con ella una historia basada en el misterio, "En definitiva, era una desconocida pero, por qué la sentía tan próxima? La había inventado, como he hecho tantas veces, para luego decepcionarme". Y pasar más tiempo también con Piglia, que parece que conoce a la Di de 2021, pese a haber escrito la novela en 2013: todos sus temas me interesan, me preocupan, me apasionan -por favor, no sacar conclusiones con la última línea de la descripción de Ida.


Primer ejemplo: el bilinguismo: "Me interesaban los escritores atados a una doble pertenencia, ligados a dos idiomas y dos tradiciones". La manera cómo piensa Renzi, que es lo que escribe Piglia es, me he dado cuenta, muy parecida a la mía- y supongo a la de cualquiera que viva permanentemente en dos o más idiomas, tal vez más acusado si uno de ellos es el inglés, el idioma del imperio que exporta tantas palabras del mundo de la tecnología y demás moderneces. Durante toda la novela Piglia va intercalando palabras y conceptos en inglés que son absolutamente spot-on (dan en el clavo). O sea, cuando alguien que maneja a diario las dos lenguas los ve, se da cuenta de que no ha sido vaguerío, ni esnobismo, ni pobreza léxica lo que ha llevado al autor a escribir esa palabra en inglés en lugar de su equivalente en castellano. En primer lugar, porque probablemente no exista ese equivalente, pero da igual: a veces puede existir, pero es que spot-on es lo que va ahí, escúchalo. Piglia usa "paper" y "undergraduate", "beat generation", "teaching assistant", "scholar" y "Bildungsroman", y suma y sigue. La verdad es que me ha dado mucha vida y me ha quitado parte de culpa por mi spanglish vital. Al final, tras largas sesiones de serena reflexión, autoterapia casi, concluyo que esta es mi voz. Porque así es como pienso. Y no es vagancia, ni esnobismo, ni falta de léxico: si escribo en castellano y se me cruza una palabra en inglés (y por "se me cruza" quiero decir algo que tal vez no pueda razonar, porque es "música", es una nota que me suena mejor ahí), la pongo. Sin traumas pero con la esperanza de que esa música suene también así para otros-que algunas veces será que sí, otra no. Pero así es la comunicación, o la incomunicación.

                 ¡Desde el corazón del infierno,
                   yo te apuñalo!

Otra de mis conocidas debilidades (volví a sopesar que Piglia fuera lector de este divlog, pero hasta mis debilidades son mainstream) también está presente en la novela: Moby-Dick. Uno de los académicos del campus es experto en la-mejor-novela-ever-en-inglés. Había escrito un libro de referencia, en su casa tenía objetos personales de Melville y había llegado a la conclusión de que el capitán Ahab había surgido de la lectura de Melville de las obras de Shakespeare, porque "empieza como una libro sobre la caza de ballenas y termina como una obra de la magnitud de Macbeth", con ese tono trágico y altivo. Nota: aún no he dicho que Renzi es un experto en WH Hudson, un naturalista y escritor argentino real. Pues bien, en uno de sus libros hay un largo capítulo dedicado a "La blancura de la ballena" en Melville, y ese capítulo hasta tiene un divague en este divlog porque es la leche. En este punto estoy en éxtasis. Según Renzi, "lo más difícil en una novela es hacer salir a los personajes de casa, y Melville les hace dar la vuelta al mundo en un barco ballenero": Melville, el p... amo.

Y esto que sigue no es un interés autista de estos míos, esto va de esas coincidencias que ocurren de vez en cuando durante las lecturas. Va de "basements", los semi-sótanos de esos de "Sola en la oscuridad". En mi misma casa hay uno donde vive Rose, la anciana no-adorable del edificio, al que nunca hemos bajado, porque como todo buen divagante sabe, Rose tiene un tarado. Tal vez teme que llamemos a servicios sociales o a la policía: nada más lejos de nuestra intención, ahí cada uno con sus especiales intereses sexuales. En la cultura americana, nos dice Piglia, cuando se baja al basement se puede esperar lo peor, pero el scholar este de Moby Dick lo que tiene es un acuario con un tiburón blanco. [Llegaré a la coincidencia? - se preguntará ya desesperado, tal vez autolesionándose, el lector?] No, no ha habido encuentro con tiburón (blanco), pero sí descenso al basement de nuestro amigo F (con el que comimos la tarta "Mediterrani", hay que remontarse unos divagues) que tenía, aparte de lo esperable (vino, trastos, etc), una pared forrada de estanterías con las obras completas de Engels, Marx, Lenin y demás panda. Cuando le pregunté, disimulando la risa, que cómo tenía ese material allí dijo, todo serio, "que esto hoy en día no lo puedes tener arriba, en la librería del salón". Muy grande.


Los recuerdos como un defecto de fábrica, que nos impiden pensar, seguir con nuestra obsesión particular, o del momento. Me ha recordado a los flashbacks del enfermo de estrés postraumático, de los que te has de librar para seguir funcionando. Si estás resolviendo un algoritmo, una memoria intrusiva solo consigue molestar. "L​os recuerdos llegan para distraernos de lo que queremos pensar. Considero la memoria inesperada un defecto de fábrica, un error de disenio. El flujo absurdo de reflejos olvidados turba el alma y nos distrae de nuestras verdaderas obsesiones".


Pero sin duda, lo que más me ha afectado y parecido directamente spooky de toda la novela son las descripciones de Piglia del acto de subrayar. Yo tengo una relación muy intensa con el subrayado/anotado de los libros (permiso para saltar este párrafo si no se entiende ya nada). Está en un punto tan patológico que yo no podría dar un libro mío "vivido" a nadie, ni podría leer un libro en el que no puedo subrayar. Comencé con "esto" (herramienta? compulsión? 
esclavitud?) a los 17 con la lectura (cómo olvidarlo) de "El retrato de Dorian Gray". Hasta ahí, anotaba saludablemente algunas frases que me gustaban en un cuaderno o tal vez en aquellas carpetas clasificadoras que teníamos. Pero Dorian Gray me sobrepasó (quien haya leído cualquier Wilde me entenderá, este en particular), así que este ritual se quedó. Como toda esclavitud moderna, es placentera y no hay ningún interés en terminar con ella, por si alguien se pregunta. He conocido a gente que lo hace y gente pasional del no hacerlo "dejar los libros limpios" y suele ser un tema que no deja indiferente a nadie (bueno, a los que se han saltado este párrafo, que no entienden nada). El libro se subraya o anota, obviamente, para una misma, pero también para el que vendrá después, que puede ser una nieta que casi no me haya conocido, o un chico que se compra un clásico de segunda mano que resulta fue mío. Con tus subrayados vas dejando miguitas de quien eres y, como dijo Valeria Luiselli, para los que no tienen este gran invento llamado blog, "Mis diarios son las cosas que subrayo en mis libros".

Y qué mayor acto de amor que leer los subrayados de tu amad@? Piglia: eres un genio.  "Subrayada por ella, parecía otra novela y parecía también un mensaje personal. Usaba señas privadas, pequeñas marcas, signos leves, por ej una ! y en caso de interés especial escribía ojo con varias rayitas verticales en el párrafo que no quería olvidar". Ay virgencita: si hubierais leído mis subrayados empezaríais a entender porqué me estoy preocupando. Rayitas verticales! Signos de admiración! Nunca se subraya con tinta! Y qué bonito: "Fui siguiendo las marcas, como si estuviera leyendo con ella..... al releerlo, seguir las pistas... tejer un relato secreto, en voz baja, no subrayaba cualquier cosa que le hubiera gustado escribir". Para concluir: "Es fácil reconocer el alma de una mujer en su manera de marcar un libro (atenta, minuciosa, personal, provocadora), porque si uno ama a una persona, hasta las discretas señales que deja en un libro se parecen a ella".

Así que, si se puede conocer a una persona por lo que subraya, qué me dicen por lo que escribe? Claro que todos hemos oído historias de escritor@s maravillosos, de aquell@s que nos hemos dormido abrazad@s a sus libros, que luego se dice que eran unos indeseables. Cómo es posible? Piglia cuenta que la "psicocrítica" trata de descifrar la psicología del autor a partir de sus "metáforas , formas adverbiales, repeticiones y familia de palabras" (e.g. "algunas leves incorrecciones que podían hacer suponer una tendendia a la hipercorrección de los middlebrows"). Pero como dice un personaje, "No se trata de descubrirlo, sino de imaginarlo".

Intento imaginar a Piglia, en lugar de descubrirlo, y todo me gusta. Leo una entrevista en la que dijo que estaba convencido de que “sólo me lee un grupo de amigos y eso para mí es el éxito”, y aún me gusta más. Describe sin conocerlo, este blog y a los divagantes, un "grupo de lectores convencidos del carácter encantatorio de los textos literarios". O tal vez son imaginaciones mías y, como todos los grandes, nos describe y apela a todos. Y nos anima a ser mejores, "una suerte de Quijotes que primero leen furiosa e hipnóticamente las novelas, y luego salen a vivirlas".