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28 noviembre 2021

Almudena Grandes: Una parte de mi "novela de formación"

 Al género de la "novelas de formación" (también conocido como "Bildungsroman" o, en inglés. "Coming of Age") pertenecen aquellas que hablan de los años de aprendizaje del personaje principal, en los que crece psicológicamente y, a través de ellos el autor nos lleva a entender cómo se ha convertido en el adulto que es. Ejemplos me vienen a la cabeza un montón leídos en la época pre-divlog (luego no hay hiperenlace, felicitémonos) como "El guardián entre el centeno", "El señor de las moscas", "The bell jar", "Diarios de motocicleta", "Lazarillo de Tormes", "La montaña mágica", y otros de estos últimos doce (ooops) años como "Matar a un ruiseñor", "Middlesex", "La amiga estupenda", "Oliver Twist", "La breve vida maravillosa de Oscar Wao" o "The falconer". Entre los primeros, los pre-blog, también está un libro del que hablaré luego titulado "Las edades de Lulú", de Almudena Grandes, que tristemente falleció ayer. 

En mis últimos años de adolescencia caí por casualidad en unas conversaciones radiofónicas entre tres personas. Ocurrían diariamente de 11 de la noche a 1 de la madrugada, y hablaban de lo divino y lo humano. Uno era un pintor e historiador de derechas, que aún así me caía muy bien; otro, un antropólogo comunista de la Universidad de Barcelona que era mi mito absoluto y luego estaba Almudena Grandes, una escritora que hacía poco había ganado "La sonrisa vertical" con Lulú. Yo no la había leído, y empecé con "Malena es un nombre de tango", porque es el libro que ella publicó cuando escuchaba ese programa. Sin ninguna referencia literaria, lo compré únicamente porque ella, la autora, me caía bien. Creo que no he vuelto a hacer esto ya más. 

Grandes y Matute
Esas tres personas entraban en mi habitación cada noche, y eran un sueño para mí. Recuerdo perfectamente la situación: sentada en mi mesa de estudio -hacía primero de carrera-, la casa se empezaba a quedar en silencio y yo sintonizaba la radio, a ver de qué hablaban hoy. Me auto-engañaba pensando que "estudiaba con el programa de fondo", pero lo que hacía era empaparme con la sabiduría y la cosmovisión de los tres. Con ellos aprendí lo divertida y necesaria que era la provocación, muchos de los libros que leí fueron referencias de aquella conversaciones (la maravillosa "Los hijos muertos", de Ana María Matute por ejemplo, recomendado por Grandes), y mejoré en aquello de "pensar"-todavía estamos en ello. Todo el tiempo en el que no me estudié las mitocondrias fue el tiempo mejor empleado de mi vida, porque esos tres monstruos contribuyeron un poco a que yo sea quien soy: fueron un trocito de mi personal "novela de formación". 

Algunas veces he leído en redes sociales comentarios de otra gente que escuchaban ese programa en esa época y siempre parecen haber estado en un momento vital similar al mío. En aquella época obviamente nada de esto de conectar por internet existía, luego yo no podía comentar el remolino que habían dejado esas conversaciones en mí por la mañana con nadie. Mis compas de la facultad estaban, como Dios manda, memorizando las mitocondrias - no hay más que ver el resultado de una vida solo leyendo sobre las mitocondrias, a juzgar por algunos de sus comentarios en el grupo de whastapp de la promoción. Pero divago, lo que quería decir es que los comentarios de estos desconocidos me indican que nos creemos parte de un club que vivió aquellas noches, cuando teníamos 19 años, como algo especial y mágico, y parte de nuestro aprendizaje.

Como digo, comencé con "Malena", un libro del que no recuerdo mucho de la trama, pero sí el tema: ser cierto tipo de chica/mujer -no como las de mi cole de monjas o como mis amigas- en la España de la época.  Como ejemplo, recuerdo un par de cosas. Una, en la adolescencia de Malena, su descripción de los movimientos de cadera del chico que le gusta, el guaperas de toda la vida, jugando al pinball. Dos, la última frase de la novela: ella decide darle una oportunidad a un tío basándose en su elección de adjetivo al piropear sus piernas. "Malena, tienes unas piernas cojonudas". Y ella piensa, "si me hubiera dicho bonitas, o preciosas, me habría dado igual, pero ha dicho cojonudas". Le entiendo perfectamente: el lenguaje hace la realidad, tu lenguaje te define: ante un tío que en lugar de "follar" me diga "hacer el amor", yo me visto y me voy. Pues eso. (Saludos a mi suegra :))

Luego leí "Lulú" (anécdota: la tenía en la mesilla cuando vino a visitarme el médico de toda la vida, no sé qué me pasaría. La cogió, miró la cubierta y me dijo: "¿Esto no es un poco fuerte?"), y enseguida vi bien claro por qué una desconocida había ganado "La sonrisa vertical". Quien se quede con que es solo una novela erótica -me descubro ante estos trozos, saber escribir de eso- no ha entedido nada. Es una Bildungsroman en toda regla en la que podemos llegar a entender su relación obsesiva y ante todo, de poder, con su pareja, desde su infancia (si hubiera sabido lo que es una Bildungsroman en esa época, se lo podría haber dicho al médico). A partir de ahí, iba leyendo casi todo lo que publicaba como quien escucha a una amiga mayor que te cuenta lo que es la vida de otras mujeres, en partes de las cuales podía verme reflejada a veces, o no. Aunque no volvió a la literatura erótica, la mayor parte de sus personajes eran mujeres de armas tomar, que hacían cosas, y que además eran pasionales y se enamoraban como bestias. Por esto, algún amigo con el que hablaba yo de libros la miraba por encima del hombro con aquello tan irritante de "literatura de mujeres", como si el amor y la pasión no fueran una parte de la vida. Hay literatura buena y mala: superadlo. 

Biblioteca del Paraninfo en Vetusta


Hace unos años, en Febrero de 2013, vino Grandes a Vetusta a presentarle un libro a Julián Casanova, catedrático de historia de la Univetus, estudioso de la memoria histórica. Yo pasaba por Vetusta justamente y me presenté en el Aula Magna del Paraninfo, una sala preciosa, como todo el edificio -la biblioteca es para morir de Síndrome de Stendhal, y en ella pienso cuando Mariona Calleja va a la de Banderley. Al final, un grupito fuimos con nuestros libros a que nos firmara y fue una de esas ocasiones en las que una se plantea que igual es mejor no saludar a gente que no te conoce pero que ellos ha significado algo para ti. Supongo que estaría cansada, y aunque nos firmó, yo sentí que la habíamos molestado. Al final, eso no era la feria del libro . 


Independientemente de lo anterior, lo cierto es que, a medida que iba creciendo, sus libros ya no suponían lo mismo para mí. Esto es un ejemplo claro de cómo ciertos libros, da igual cuando te encuentren que te van a trastocar de todas maneras -hablamos de los ocho miles que nos decía NáN-, pero hay muchos otros que te han tocado a los 20, pero a los 40 ya no. Dejé de leer a Grandes en el tercero de la saga de los "Episodios de una guerra interminable", e hice divagues de los dos primeros aquí:
"Inés y la alegría" y "El lector de Julio Verne". Luego mi amiga Mónica me regaló "La madre de Frankenstein" por el tema de la salud mental, y me reafirmó en mi posición: ni siquiera hice divague, aunque anoté aquí mi pequeña pataleta por la pobre documentación sobre el tema psiquiátrico, en el que se dan datos no-científicos que equivocarán al lector sobre lo que es genético y lo que es adquirido.

Grandes dice que todos los libros de esa saga terminan mal, obviamente, porque el fascismo ganó la guerra y se quedó 40 años. Todas son historias de gente que perdieron, pero lucharon, y eso es lo que importa. Por eso hace volver a los exiliados en los epílogos, para de alguna manera forzar un final feliz. Al final de esta entrevista que le hizo Pablo Iglesias en La Tuerka en 2018, le pide que brinde por algo y ella dice "ya que estamos en Abril, por la Tercera República, que espero verla antes de que me muera". Y aquí se me ha quedado el corazón helado, como el título de una de tus novelas, Almudena. 

Pero aquí nos quedamos los que esperamos la Tercera República y tantas otras cosas con las que soñabas. Cosas que a día de hoy no prometen pero por las que, como hicieron tus personajes, merece la pena luchar. Gracias por tu parte de traerme hasta aquí. 


10 enero 2018

Volver a los 22 con "La mirada de los peces" de Sergio del Molino

Toda esta historia comenzó en dos institutos de barrio de Vetusta.


Y no, no fui yo: yo no engrosé las listas del instituto de mi barrio, porque mis padres consideraron que todo estaba bien en el colegio de las Madres del Paseo de los Pájaros-que-cantan-bien, y que podía seguir allí en BUP. Cómo se equivocaban: nueve años más tarde, cuando le tocó a mi hermanita (la artista que no era aún conocida como Fashion), ya me había dado cuenta de todo lo que me había perdido en ese colegio de monjas conforme y alumnas formales. Así que logré que Fashion comenzara Primero de BUP en el Instituto donde, para dejar más claro que rompíamos -ella en persona, yo vicariamente- con todo lo que las Madres representaban, además elegimos ética, en lugar de religión.





Aburrimiento y pipas con sal
Dice Sergio del Molino en su última novela "La mirada de los peces" que la característica transversal de los chavales de los institutos de barrio de la Vetusta de los 90 era el aburrimiento, y relata interminables tardes comiendo pipas en bancos de parques- que apenas se diferenciaban de los descampados, paisaje definidor y siempre de fondo en la novela. Me he reído mucho con él: "dicen que el primer paso para la heroína son los porros; yo digo que son las pipas con sal". Pero tras terminar el libro, me he preguntado, retóricamente: "Aburrimiento?" Sergio del Molino, yo te lo digo: el Aburrimiento con mayúsculas se inventó en el Paseo de los Pájaros-que-cantan-bien. Igual no había descampados, pero era el verdadero erial.

"La mayor parte de la gente que tratamos a los dieciséis se vuelve extraña de adultos, incluso extranjera".
Del Molino tenía un par de colegas del insti importantes: Asteres que acabó en Físicas, para quien lo importante era "ser elegante", y Rober que tenía una hermana mayor y le introdujo a cierta música-escapando de aquella época en la que eran todos heavys, como en Vetustilla de la Torre.

Hablando de Vetustilla, el arquetipo del "pueblo", Del Molino habla de que "todos tenían pueblo" y cuando volvían de él, aún eran una versión más bruta y asilvestrada de ellos mismos, si eso era posible. Yo no "tuve pueblo" en mi infancia-íbamos a la Cerdanya, la tierra de la Yaya, otro planeta. Pero por los 11-12 años mis padres compraron la casa de Vetustilla y allí entré en contacto con ese mundo. Allí era yo de nuevo una marciana porque si algo hizo el colegio de las monjas del paseo de los pájaros que cantan bien es que yo ya nunca hablaría como ellos o me tocarían sus mismas preocupaciones (tales familias no se hablan porque). Hoy en uno de esos pueblos me ahogaría.

Pero mis amigas del colegio tampoco eran como Asteres y Rober, gente de la que podías aprender, con las que podías compartir. Estas chicas tocaban el piano sin pasión ninguna por la música, sino porque papá quería, iban a Inglaterra en verano a aprender inglés sin ningún interés-yo las superaba en las notas sin haber pisado la isla, y esquiaban sin ningún amor al deporte. Todo eso porque es lo que hacía alguna gente que vivía alrededor del paseo de los pájaros que cantan bien.
Así que yo, pasados los años y mirando atrás, me doy cuenta de que he sido una extranjera desde siempre, en diferentes contextos: no es de extrañar que me tuviera que ir de la península para acabar siéndolo por derecho propio. Y aquí empiezo a encontrar puntos en común con Del Molino, que se siente así en Vetusta (no era de allí, llegó de peque), y esa sensación de "extranjero" transpira durante la novela. Dice que le incomodan "las formas bruscas de algunos aragoneses, la nobleza parece una obsesión y el orgullo es una forma de resentimiento". Impagables las páginas que dedica a los inefables "cabezudos, arquetipos monstruosos, representantes de la otredad, tipos marginales, despreciables, ajenos a la tribu".

Los vascos, los argentinos, Barricada, follar
No solo parezco compartir otredad con Del Molino, sino un montón de intereses comunes (como diría Sábato "las casualidades no existen"). Cuando describe a "los vascos", esos seres exóticos que aterrizaban en la Univetus, que siempre eran más radikales, más de izquierdas, y que todos llevaban un lauburu colgado del cuello "se lo ponen en la maternidad", decíamos. Compartimos la fascinación por ellos, y yo de hecho terminé con uno de esos espécimenes de supuesto Rh-.
Cuando describe lo suyo con Barricada, ya directamente me saltaban lágrimas de emoción, y no puedo dejar de enlazar que ESTUVE VIÉNDOLES en Londinium! (gran noche).

Por no hablar de Cortázar, mi escritor fetiche, del que casi no he divagado porque casi todo lo leí en aquellos años vetústicos sin blog, con el que coincidimos hasta en relatos favoritos "Manuscrito hallado en un bolsillo", y Sábato, y la necesidad de hacernos argentinos y tomar té en el London City en la Avenida de Mayo.

Y además usa el verbo follar en lugar de esas cursilerías que usan algunos para describir lo que hacen con su pareja. Olé tú Sergio.

Foco: Aramayona entra en escena
Pero divago: porque yo había venido aquí a hablar de un libro-no mi potencial "Bildungsroman". Estábamos en que Fashion había escapado del moridero monjil y había aterrizado en el instituto del barrio donde, tras ser amenazada de muerte (de buen rollo) por unas chungas de otra clase y un par de incidentes más, una vez que se uniformó como ellos (capas de camisetas, palestino, carpeta forrada del Che et el) y se alió con algún chaval enterado, pasó a ser respetada y a disfrutar del insti, donde terminó años más tarde COU con sobresalientes por un tubo.
Pero estamos en Primero, donde la pobre se intenta hacer un lugar, y en concreto en su primera clase de Ética. El profesor era "el nuevo", un tipo con gafas que iba con una muleta y que "parecía inofensivo" que dice Del Molino. Era interino, aquellos "cuyo objetivo es aburrir a los alumnos hasta que vuelva el aburridor oficial que está de sabático, o teniendo hijos, o de baja por depresión". Se llamaba Antonio Aramayona.

Correría el año 93. Yo todavía estudiaba en la soporífera Univetus: lo mío era de nota, del coma con las Madres al estupor en una de las facultades más carcas de la Univetus-me consta que en Ciencias y demás había gente normal. Fashion y yo nos juntábamos tardísimo a comer en casa, donde nos esperaba un plato de loquefuera delicioso (dice mi yo actual, con su limitado éxito/interés culinario) cubierto por otro plato. Todos se habían ido de tan tarde, y recuerdo esas comidas con gran cariño: la peque, con la que desde siempre me encantó hablar, se estaba transformando en una adolescente divertida e interesante y yo estaba allí -mis últimos años en casa- para disfrutarlo. Por supuesto el nuevo instituto era tema estelar, y en concreto ese profesor nuevo de ética que vino a revolucionar la clase, el curso, y al instituto. Hasta a nosotros (el Peda et moi) nos tocó su varita.

2mun2
Nosotros éramos los hermanos mayores universitarios de aquel grupo de chavales que congregó al llegar al insti, y lateralmente participamos en algunas de sus movidas. Por ejemplo, la revista 2Mun2, un fanzine que se imprimía, como la del autor, en la fotocopiadora no sé si del insti o de la Casa de Juventud (divague: gran reflexión de Sergio sobre las famosas Casas que, en realidad, no eran para integrar a la juventud problemática, para sacar a los gitanos del gueto, o a los chavales que no habían llegado al instituto. Las Casas tenían rejas para mantener a los chicos que acabarían en la uni dentro, separados del resto, haciendo actividades típicamente progres como revelado en cuarto oscuro, teatro, bailes y... por supuesto fanzines) .

Yo ya ni recuerdo lo que escribí en aquel embrión de blog comunitario, agitprop en estado puro, pero cómo olvidar la aportación del Peda, de la que ya he divagado aquí antes. Se titulaba "20 años ya" y era un alegato en contra del Borbón por su 20 aniversario como monarca, en la época en la que la corona era intocable. Me enternezco de recordar cómo la editorial del fanzine sufrió y se debatió entre no publicarlo "porque nos podían cerrar la revista". Ahí estábamos chavales planteándonos los límites de la libertad de expresión, y Aramayona sobrevolándonos.

Aramayona se va al insti de San José, zona de guerra
Sergio conoció a Aramayona un anio después, porque tras aquel Primero de BUP épico en el insti de Fashion, le trasladaron al Instituto del Barrio de San José, donde estudiaba él. La novela es mucho Aramayona, y mucho San José, y mucho más aún Sergio del Molino. El sí que ha escrito una Bildungsroman.

Su instituto era una auténtica zona de guerra, el vandalismo que describe es tan bestia que he tenido que comprobar con Fashion que no había olvidado parte de las conversaciones de las comidas al microondas (acelgas, ternasco, mmm). Pero no: fuera de la etapa de "las chungas", Fashion confirma que esas burradas de San José no pasaban en su insti. El propio Del Molino comenta lateralmente, cuando se conocen, como estos eran alumnos "más alegres y sofisticados" que ellos-será por el aire y el sol del "pulmón de Vetusta". Porque cuando Aramayona comenzó en San José, ya le seguía una reputación de "adorado por sus exalumnos" que le habían despedido con lágrimas. Aramayona mantuvo a estos exalumnos en contacto, y formaron "una fraternidad interinstitutal" con los del de Sergio. Y con ambos grupos la lió parda en el "festival de la paz".

"Vamos a reventar el festival"
Esta frase resume un poco la idiosincrasia Aramayona y Sergio lo cuenta en un capítulo. Al leerlo, enormes flahsbacks de cuando Fashion me explicaba lo que estaban planeando comiendo cardos o tal vez borrajas. "Tengo que sacar ropa pija, de la que usaba cuando iba a Green con las del cole... vamos a hacer una performance... a ver, van a estar haciendo un festival en el insti de San José, de apoyo a los refugiados, los excluidos, ese rollo.... entonces nosotros, que estaremos infiltrados entre el público, empezaremos a gritar diciendo que todo es una mierda, que fuera refugiados, gitanos y tal... guay, no?".

Del Molino cuenta el desenlace de aquella historia, y no veas la ilusión que nos ha hecho a Fashion y a mí encontrarla en un libro. El la incluye como otra ilustración de quién era Aramayona y cómo forzaba los límites para ver cómo reaccionaba la gente, para que se extrañaran de quien podían llegar a ser en determinadas circunstancias... para que se conocieran mejor. Hay otros ejemplos como terribles dilemas morales en clases de ética (cooperas o compites, traicionarías si bajo presión)... todos eran muy él.

Dice Del Molino que se equivocan los que comparan a Aramayona con el profe inspiracional de "El club de los poetas muertos", porque Aramayona había venido "a hacer de nosotros unos terroristas", dándoles a este grupo de chavales que estaban "hechos de carpe diem" conciencia de su propio poder.

Conceptos aramayónicos
Recuerdo tardes de conversaciones en el salón de su casa, que estaba al fondo de un pasillo que me encantaba, forrado de libros. Hablábamos de Insumisión, cuando el Peda la iba a hacer y cuando la había hecho, de política, de libros, de nuestras familias.. Fue él quien una tarde me dijo si me había dado cuenta de que yo era probablemente la persona más importante en la vida de mi hermana. Por ahí estaban a veces Begoña su entonces mujer y Begoñita su hija. Hablábamos de pertenecer, nos ayudaba a mirar lo cotidiano desde fuera: de él es el concepto de "aragonés enfadado" que desde entonces hemos adoptado: "el aragonés, decía, es un carácter perpetuamente cabreado", y pensaba en mi profe de geología que nos decía "los gallegos son suaves, dulces, y los aragoneses bruscos, ariscos: es todo el paisaje". Qué gran verdad: en Vetusta para contestar "no lo sé" algunos dicen "lo sabes tú". Es agresividad en vena, que ellos no sienten como tal.

Recuerdo una noche en "La trompetilla", un sitio cool de jazz con él y este grupo tan diferente de mis compas de la facultad, o en el Café La Palma. Creo que en aquella época yo ya había dejado "Radio La Granja", o seguro que Aramayona habría venido a algún programa.

El periódico, cartas al director
Cuando empezó a escribir artículos en El Periódico (en el que Del Molino cuenta que al final le censuraron), me hizo tanta ilusión que escribí una carta al director para felicitarles por tener alguien como el profesor escribiendo. Nos reímos mucho porque, en aquella época, escribíamos estas cosas a mano y al transcribir mi carta, mi letra les confundió y lo que yo había escrito "terminar con las lacras de la humanidad" apareció como "las larvas de la humanidad". Cuando lo leí casi me da un yu-yu y llamé a Aramayona, que me dijo "no, no queda mal... lo tomé metafórico". Y más risas.

Y esta es la inmerecida dedicatoria de su libro de recopilación de aquellos artículos, "Con otra mirada", que nos regaló y que tengo aquí al lado.






Amor tristanisoldiano
Sergio tuvo a Andrea en la época del instituto: esa chica atormentada repetidora con la que se enviaban mensajes en las clases, que se fueron extendiendo hasta hacerse larguísimos, y que él descubrió, muchos años después, que ella había guardado como un tesoro. Esta es una de las partes que más me gustan de la novela: Sergio nos cuenta que, con las urgencias de la adolescencia, él quería un tipo de amor (el de Hollywood-llevado-a-San-José, supongo) que ella no le podía dar así en ese momento. Pero pasados los años, él se da cuenta de cuánto le quiso, de otra manera, y se maldice por no darnos cuenta de todas las formas a las que nos cerramos porque no son "a nuestra manera".

Cazador de sentimientos
Andrea asistía a sesiones de "psicoanálisis" con Aramayona en su piso, en ese salón al final del pasillo, sesiones de las que no quería nunca hablar y que la dejaban taciturna. Aún recuerdo cuando nos contaba las "situaciones dantescas que algunos alumnos vivían en sus casas" (refiriéndose a violencia doméstica), y todo esto a nosotras nos sonaba a chino, a un país o continente diferente.

Del Molino describe a Aramayona como un cazador de sentimientos ajenos, le interesaba ahondar en lo que mantenía despierto al otro por las noches. Me encanta cuando Sergio le contesta, a propósito de su comentario de no haber superado el duelo de su hijo: "No sé lo que es el duelo, Antonio, no tengo ni idea ni quiero saberlo. No aspiro a superar nada, este dolor es mío y me gusta. Lucharé contra quiera quitármelo". Estas frases me ponen los pelos de punta: qué preciosidad.

A mí, hoy en día, me parece extraño que se dedicara a psicoanalizar a una alumna -aunque nos contó que tenía una licenciatura en psicología y había sido psicólogo industrial (de empresa). Del Molino nos cuenta una cena, tras la presentación de su libro, en la que él mismo le dijo que "el psicoanálisis había sido más que superado, que era puro chamanismo" y Aramayona se ofendió. Dice Sergio muy acertadamente que solo las cosas sobre las que no estamos muy seguros pueden llegar a ofendernos, y me tranquilizaría pensar en Aramayona dudando de esta pseudociencia, de ahí esa defensividad. La verdad es que no recuerdo conversaciones con él sobre este tema, y en todo caso en aquella época yo era estudiante y, aunque había leído a Freud, aún no existía salvo en sus paniales la Medicina Basada en la Evidencia, así que la conversación habría sido muy otra.

Perder el contacto
Cuando nos vinimos a Reino Unido aún no existía el email como algo generalizado, y supongo que nos manteníamos en contacto con él por teléfono cuando volvíamos a Vetusta de vacaciones. No recuerdo mucho más de esos años, sí que se separó de su segunda mujer, y de que una vez nos llamó porque su hijo planeaba venir a Inglaterra. Poco a poco fuimos perdiendo el contacto, aunque sí que más adelante tuvimos su email.

Pasó el tiempo y le hice un google, y allí encontré su blog y también los escraches que le hacía a la consejera de educación de Vetusta, plantándose ante su puerta todos los días durante 2 años para pedir una educación laica y gratuita. Pensé en escribirle, y por alguna razón no lo hice. Por eso me han dado ganas de abrazar a Sergio cuando cuenta cómo siente que "le falló" cuando no publicó algo que le pidió en contra de los neonazis (una de sus luchas de la época, parece ser que Vetusta fue skinhead-central).

No sé porqué, pero no le escribí, ni le llamé, y tal vez fue exactamente por lo que cuenta Del Molino: se había convertido en una estrella (en un "santo laico, al que la gente mostraba su devoción"), y tal vez me daba miedo no encontrarme con Aramayona, el de la distancia corta. Sergio lo dice mucho mejor que yo:

"Me gustaba donde me podía dar ejemplo y donde no quería darnos ejemplo. Donde se dan los abrazos y no caben los aplausos"

"Finalizar"
No sabía que otra de sus luchas como activista había sido por el derecho a morir dignamente. Cuando le conocimos tenía la pierna amputada, pero aún se manejaba con una muleta. Cuando tomó la decisión de "finalizar", como lo llamaba él, ya tomaba 31 pastillas diarias, por graves problemas de salud, y tenía que ir en una silla motorizada.

No sé si el Aramayona que nosotros conocimos, o el nuevo, el superestrella, planeó su muerte como parte de su lucha. En cierto modo recuerda a la película "La vida de David Gale" de Alan Parker de 2003, donde se fuerza el que un inocente sea ejecutado, para demostrar las maldades de la pena de muerte. Pues Aramayona quiere demostrar que una vida vivida sin quererla, no merece la pena ser vivida. En su caso debido a sus enfermedades, una vida dependiente no es vida y prefiere terminar cuando aún no está en esa situación.

Para llamar la atención sobre el tema, Aramayona fue el protagonista de uno de los documentales de la serie "Tabú" de Jon Sistiaga sobre la muerte. Yo no había podido verlo en Londinium, y por fin lo vimos estas pasadas vacaciones de Navidad, mientras estaba leyendo "La mirada de los peces". Un tour de force.

En el docu, Aramayona cuenta lo que le ha llevado a tomar esa decisión, habla con mucha gente, cena con una selección de ex-alumnos (Sergio está presente, y es impresionante, tanto leer esa noche, como verlo en el docu), se muestra su vida con las terribles practicalidades del día a día, la oscuridad del pasillo y del salón, que no recuerdo así en absoluto, tan triste, tan solo, tan vacío. Lo recuerdo con luz, y con libros, y con risas, y con ideas, y a ratos me enfurruño con él, porque, tío, te entiendo, pero tenías tanto en esa cabeza que compartir... pero a la vez, quien soy yo para juzgarte, Aramayona.

Somos lo que nos contamos
Como decía Harari, las historias que nos contamos han movido y mueven el mundo. Del Molino habla de nuestras vidas como "un amontonamiento de sucesos, que solo se explican por el azar, y que somos nosotros, animales narrativos, quienes le damos forma y significado". Quiso el profe de filosofía dar una clase literatura con su muerte? se plantea el autor: "Si Antonio se mostraba y se dejaba narrar, como yo me narro y me dejo narrar, era para no tener que narrar lo que no quería dejar al aire". Era demasiado coherente, pero ojalá hubiera sido más humano, porque eso va la humanidad, de fallar a veces.

El libro me ha encantado, y no he dicho lo suficiente lo bien escrito que está. Y este es, seguro, el divague/recensión de libro más personal que yo nunca haya escrito. Por supuesto por Aramayona, pero también porque la vida de Sergio, o más bien, su manera de ver la vida, me son tan familiares, que leerlo ha sido como estar hablando con un antiguo amigo por horas, toda la noche. Ese amigo de instituto que nunca tuve pero... para qué están los libros si no para suplir todas aquella vidas no vividas en primera persona. Gracias Sergio.

22 agosto 2025

"Libre" de Lea Ypi: Una novela de crecimiento en la Albania comunista maravillosa


Lea Ypi es profesora de Teoría Política en la London School of Economics (LSE). La primera vez que oí hablar de ella fue en el podcast "Past, present, future" en el que colaboraba de vez en cuando, en concreto en una serie sobre la "Historia de la Libertad". Yo no sabía nada de su libro, que llevaba un tiempo en casa, y había sido leído por el Peda, que no consideró una prioridad recomendármelo (o sea, no dijo nada). Así, pasó a la estantería de leídos y se podía haber quedado ahí. Imperdonable.

Pasaron los meses y cuando decidimos ir de vacaciones a Albania, me puse a investigar sobre autores albaneses, y así es como encontré el libro que me estaba esperando en la estantería. Me había quedado claro que el autor albanés más recomendado era un tal Ismael Kadare, que murió hace un año, pero ya que tenía a Ypi aquí, decidí empezarlo. Poco me imaginaba que este iba a ser para mí uno de los mejores libros del año -y estamos en agosto.

El libro fue escrito en inglés en 2021, y su título completo es "Free. Coming of Age at the End of History", traducido al castellano como "Libre: El desafío de crecer en el fin de la historia" (ed. Anagrama), pero dejadme mi propia traducción: "Libre: una novela de crecimiento en el fin de la historia", porque una "coming-of-age" es lo que en alemán -y en teoría literaria- llaman un "bildungsroman", una novela que te cuenta precisamente eso, cómo ve el mundo una niña o adolescente mientras crece. Tengo que crear una etiqueta con ese concepto, pero de momento resumí unas cuantas leídas y divagadas en el primer párrafo de aquí

En todas las críticas de este libro te van a contar este planteamiento: Lea Ypi nació en Tirana en 1979, en pleno comunismo. La voz narradora es la de Ypi con 11 años y hasta su adolescencia, y nos va a llevar a través de los acontecimientos históricos de su país en esa época. 

Breve resumen de la historia de Albania
Estas memorias son, aparte de la mirada muy particular -y para mí, encantadora- de una niña, un libro de historia. Una historia que no se me había ocurrido contrastar nunca con los albaneses que he conocido hasta ahora: ni con Iris, una compañera de trabajo que tristemente falleció, ni con Sokol, un albañil que trabajó en casa. Nunca había leído un libro escrito por albaneses y hasta hace poco, interesado por el país. Mi única aproximación cultural a Albania era haber visto, cuando la estrenaron, "Lamerica", la peli de 1994 de Gianni Amellio (el sábado pasado la volví a ver). Esta es una de las mejores cosas de viajar: de repente, un país te coloniza. Así que voy a empezar con una breve intro histórica para quien, como yo hasta ahora, supiera casi nada de este país, porque me va a ayudar con el resto del diario de viaje para explicar cosas, y también en este divague.
  • Pasado remoto: Como todos los países de los balcanes, este es un país por el que han pasado muchas civilizaciones, desde los Ilirios a los romanos, los bizantinos, los eslavos, y finalmente los otomanos. 
  • Imperio otomano (desde finales del SXIV hasta principios del SXX): estos siglos explican que la mayor parte del país sea musulmana, aunque también hay ortodoxos y católicos. Tanto los nobles como gente corriente se fueron convirtiendo al islam, estos últimos para evitar impuestos a los cristianos. En conversación con el Náufrado Ro aprendí que el territorio donde hoy está Albania central (territorio del héroe nacional Skanderberg) había sido en su día parte de la Corona de Aragón: esta se habíá unido con el Reino de Nápoles en 1442–1458 y, vía ello, Albania central se convierte en territorio vasallo de la Corona de Aragón/Nápoles, a ratos compitiendo con Venecia. A finales del SXIX, el imperio otomano se iba debilitando a la vez que los sentimientos nacionalistas en Albania se hacían más fuertes. En las Guerras de los Balcanes de 1912-13, el Imperio otomano perdió la mayor parte de sus posesiones europeas. 
  • 1912: Declaración de independencia. La "Conferencia de Embajadores" en Londres delinea los límites de la nueva Albania independiente, dejando a muchos albaneses fuera. La siguiente década fue de gran inestabilidad, luchando por tierras en los límites. Todo esto también se vió afectado por la Primera Guerra Mundial.
  • 1925: Autodeclarada monarquía. Ahmet Zogu venía de una familia noble y ascendió pronto en política, finalmente coronándose a sí mismo como rey: "Rey Zog I". Sin sopresas si digo que gobernó autoritariamente, buscando balancear fuerzas con Yugoslavia e Italia, pero para los años 30, Italia ya tenía una gran influencia en Albania. 
  • 1939: Mussolini invade Albania, así que Zog tiene que exiliarse.
  • 1939-1943: Ocupación italiana
  • 1943-1944: Ocupación de la Alemania nazi. Para noviembre de 1944, el Movimiento de Liberación Nacional (LANC), liderado por los comunistas, con su habilidad en guerra de guerrillas y conocimiento de lo rural y las montañas,  poco a poco fueron tomando control y ya en 1944 habían liberado a casi toda Albania. 
  • 1946: Enver Hoxha y otros líderes comunistas tomaron el control y declararon la República del pueblo, un estado de partido único. Hoxha estableció una rígida dictadura estalinista hasta su muerte en 1985. Construyó miles de búnkers por todo el país, asustado de posible intervención extranjera.  Nacionalizó las empresas y para finales de los 40 los albaneses no podían tener ninguna propiedad, desde coche hasta gallinas. Se enfocaron en industria pesada para ser autosuficientes, a expensas de cosas del día a día, incluyendo comida. Hubo un gran desarrollo de los sistemas de la salud y de la educación, transmitiendo ideología marxista-leninista a los niños desde peques [de esto habla mucho Ypi en su memoria]. 
  • 1950-1960: Albania se va aislando de los países occidentales e incluso de anteriores aliados comunistas como la URSS, después de la muerte de Stalin. Hoxha criticó la de-estalinización de Khrushchev como "revisionista", y también se llevó mal con la Yugoslavia de Tito.  Por supuesto, artistas e intelectuales sufrieron represión y la voz más clara en oposición al régimen fue el escritor Ismail Kadare.
  • 1985: Hoxha muere, siempre un gran varapalo cuando hay mucho de "culto a la personalidad" y "amado líder" en un sistema. Miedo da el mundo de hoy.  El Partido siguió cojeando un tiempo, pero con los cambios que se venían en Europa del Este en los siguientes años, estaba claro que el sistema iba a caer. En diciembre de 1990, Albania vio su primera manifestación anti-comunista
  • 1991: El gobierno convocó las primeras elecciones con varios partidos que llevó a la formación de un gobierno democrático y la caída de los comunistas. El Partido Democrático de Albania ganó, pero pasar de una economia tan centralizada a un sistema de mercado es complejísimo. La privatización de las empresas estatales no se hizo sin corrupción, hubo mucho desempleo, hiperinflación. Los subsidios comunistas también se acabaron y la gente se tuvo que buscar la vida de mala manera, algunos como delincuentes. Los 90 fue una década caracterizada por el caos y la desilusión.
  • 8 de agosto de 1991: si tienes cierta edad, recordarás esta imagen de abajo. El Vlora partió de Durres hacia Italia con miles de albaneses desesperados. Se puede leer toda la historia aquí.  Ahí termina también "Lamerica".
  • Hacia 1995 surgieron sistemas piramidales de estafas en los que cayeron más de dos tercios de la población, que perdieron todo su dinero. 
  • 1997: Revueltas muy severas, en las que grupos armados llegaron a tomar partes de zonas rurales y el gobierno declaró estado de emergencia. La comunidad internacional mandó tropas para restaurar la paz.

En fin, que no me ha quedado breve -sorpresa- pero es que este recorrido es fundamental para entender el libro, y también para dar contexto al resto de nuestro viaje por este país, desde por qué canta el muezín* igual que en Marruecos, hasta la arquitectura bizantina, pasando por gastronomía otomana. Cuando empecé a escribir el divague iba haciendo ideas sueltas y era complicado de entender, así que a medias decidí añadir la cronología de arriba y ordenar cosas que me han interesado de la memoria de Ypi históricamente. Así que eso me obliga a empezar con el pasado, con su abuela.

(*) Nota: En un momento del libro Ypi pregunta si el muezín realmente canta o es una grabación, que tienen una apuesta en el colegio. Me he visto en shock cuando he descubierto que es una grabación. Toda la vida imaginando a ese anciano vestido de blanco subiendo lentamente las escaleras de caracol de los horribles minaretes -parecen cabezas nucleares- al alba para cantar... y es una grabación! 

Nini, la abuela
Para mí, el mejor personaje de estas memorias es la abuela paterna de Ypi, Nini, que le hablaba en francés y decía cosas como "no llores, haz algo!". Había nacido de Tesalónica y cuando se deshizo el imperio otomano y se creó el estado de Albania (recordemos, en 1912), muchas familias de la diáspora que se habían movido por todos los Balcanes volvieron a Albania. Ella pertenecía a la élite, y al llegar a Tirana fue de las pocas mujeres que trabajaron en la administración y fue invitada a la boda del Rey Zog. Allí conoció a su marido y abuelo de Ypi, que fue luego encarcelado durante 15 años cuando llegaron los comunistas, por haber pertenecido a la clase alta (hay en el libro fotos de ellos esquiando: quién esquiaba en Albania en esa época?). 

Nini sabía del privilegio con el que había crecido, y sospechaba de la retórica que lo había justificado. No pensaba que "consciencia de clase" y "pertenencia a una clase" era lo mismo. Creía que no heredamos nuestras ideas políticas, pero que las elegimos libremente, las que suenan bien, no las que son más convenientes o van con nuestros intereses. "Perdimos todo, pero no nos perdimos a nosotros mismos, nuestra dignidad, que no tiene nada que ver con dinero, títulos, honores". O sea, esta es una mujer que ha crecido como aristócrata, luego llega el comunismo que despoja a su familia de todas esas cosas, y luego ve caer el comunismo y llegar el caos. Nunca tuvo fe en "recuperar sus propiedades" , pero aún así hacen un viaje a Tesalónica en el que la acompaña Ypi, que da para un capítulo agridulce.

Con todas las diferencias, ese capítulo me ha llevado a un viaje que hice con la yaya a Barcelona cuando tenía más o menos la edad de Ypi. En aquella visita creo que estuve en un hotel por primera vez, paseé por una gran ciudad por primera vez y fuí a un parque de atracciones -el Tibidabo- aunque esto no fue mi primera vez! Y en esto hay una similitud con Ypi, claro que para ella todo fue aún más salvajemente nuevo porque Albania había estado completamente aislada del mundo durante el comunismo, mucho más que otros países que habían vivido regimenes opresores- cuando llega allí los niños locales que no saben quién es Apolo y Afrodita, pero le hablan de un tal Micky Mouse.  Es la primera vez que sube en avión [nota: mi primera vez en un avión fue a los 19] donde ve por primera vez una bolsa de plástico de colores y donde se sorprenden de que les den comida (ah! esa época) - en cajas de plástico, con sus cubiertos, que ellas no se comen porque ya llevan sus byreks envueltos en papel de periódico (esa abuela me representa) -claro que se las llevan "por si tienen hambre luego".   

Sus descripciones de "primera vez" que anota en su diario -idea de Nini, viva Nini- son maravillosas para entender lo que era la vida en un país comunista, y la grieta comunista-capitalista:
(...) "fue la primera vez que sentí aire acondicionado en la palma de mi mano, que probé plátanos, que vi semáforos, que llevé vaqueros, que no tuve que hacer fila para entrar en una tienda, que crucé un control de fronteras, que vi una fila de coches en lugar de de humanos, que me senté en un baño en lugar de ponerme en cuclillas, que vi a gente siguiendo a perros con correa en lugar de perros vagabundos siguiendo a gente, la primera vez que me dieron un chicle en lugar de su envoltorio, que vi cruces encima de las tumbas, que vi paredes cubiertas por anuncios en lugar de propaganda anti-imperialista, la primera vez que vi la Acrópolis, pero solo desde fuera porque no teníamos dinero para pagar la entrada".

Progaganda en la escuela 
La vida colegial de Ypi en la albania comunista de los 80 no era muy diferente de la mía con las Madres del colegio del paseo de los pájaros que cantan bien en esa misma época, empezando con cosas prácticas como que se dividían en grupos de cuatro para limpiar la clase y siguiendo por las sesiones de propaganda ideológica.  Ella tenía una profesora, Nora, que era la divulgadora de una ideología y de su amado líder, Hoxha, y  nosotras teníamos a las monjas, un curso tras otro hablando de lo mismo: Jesús, María, Dios, el Demonio (personalificado, cuando éramos más mayores, por el PSOE, entonces en el gobierno). De todo esto ya habló Pilar Palomero en "Las niñas", basándose exactamente en MI colegio de Vetusta.

Voy a incluir unas citas de lo que les decía Nora, la profe fanática, que siempre tenía "respuestas claras, sin ambiguedades" a cualquier duda, porque espero que ilustren el contenido de unos principios -en este caso, marxistas-leninistas- y los contrasten con los que me dieron a mí:
"La profesora Nora nos explicó en el pasado la gente se congregaba en unos sitios llamados iglesias, sinagogas, mezquitas para cantar canciones o recitar poemas dedicados a algo o alguien llamado Dios. (...) Explicó que había habido disputas entre los grupos para ver cual de sus profetas tenía razón. (...) Entonces había llegado El Partido, y cuanta más gente había aprendido a leer y a escribir, y a entender cómo funcionaba el mundo, más se daban cuenta de que la religión era un ilusión que creaban los ricos y poderosos para dar falsas promesas a los pobres de que tendrían justicia y felicidad en otra vida. (...) No hay vida tras la muerte -explicaba Nora-, es una manera de hacer que la gente deje de luchar por sus derechos en la única vida que tienen, para que se beneficien los ricos". 
"Nora explicó que el socialismo no es perfecto, es una dictadura, la del proletariado. Es diferente, y por supuesto mejor que la dictadura de los burgueses que opera en estados imperialistas occidentales. En el socialismo, el estado está controlado por los trabajadores, no por el capital, y la ley sirve a los intereses de los trabajadores, no aquellos que quieren incrementar sus beneficios. Pero la lucha de clases no había terminado: tenían enemigos externos, como la URSS, que había dejado atrás las ideas del comunismo y se había convertido en un estado imperialista represor, e internos, como la gente que había sido rica y había perdido sus propiedades y privilegios, que seguían intentando socavar el gobierno de los trabajadores".
"Fuera de Albania, la gente nunca sabía los nombres de las personas que manufacturaban las cosas, de los trabajadores. Solo se recordaba los nombres de las fábricas donde se hacían, y de sus dueños, y de sus hijos".
"En el colegio nos enseñaban a pensar en término evolutivos. Estudiábamos la naturaleza con los ojos de Darwin y la historia con los de Marx. Distinguíamos entre ciencia y mito, razón y prejuicio, duda saludable y superstición dogmática. Nos enseñaron a creer que las ideas buenas sobreviven como resultado de nuestros esfuerzos colectivos".
Estos son los principios que se machacaban a los escolares en un país último bastión del comunismo rabioso y, sinceramente, no puedo más que suscribir uno tras otro. Compara esto con el Cordero-de-Dios, el "hubo atrocidades por las dos partes" y la asignatura "Hogar" para chicas solo.



"No te metas en política"
En el cole de Ypi les preguntaban si tenían algún miembro de su familia que hubiera luchado en la resistencia al fascismo durante la ocupación. Por supuesto, estar relacionado con los terratenientes y ricos de siempre que habían abrazado el fascimo era vergonzante y los niños llevaban orgullosos ejemplos de familiares partisanos. Conociendo de dónde venían no es difícil imaginar que cuando Ypi preguntaba a sus padres, después de pensar mucho salían con "el tío abuelo del primo segundo de la esposa de mi marido", cosas así. También hablaban entre ellos de miembros de la familia que estaban "en distintas universidades". 

O sea,  en su casa ocurría aquello que pasaba en muchas casas españolas, incluida la mía, en las que "no se hablaba de política". Yo tenía solo cuatro años cuando se murió Franco, pero a medida que iba creciendo me di cuenta de que en mi casa no se hablaba de franquismo, ni para bien ni para mal. Fue solo cuando le empecé a preguntar a la yaya "preguntas cerradas" sobre el tema que me empezó a contar cosas, tanto del franquismo como de la guerra. Pero la consigna general era siempre por parte de la yaya "no te metas en política".

La niña Ypi se creía todo lo que les contaba la profe Nora a pies juntillas como la niña Di lo de Madre Celsa, Madre Antonia, Madre Petra: con la furia de la infancia queríamos ambas que nuestras familias fueran más papistas que el papa. Mi familia era creyente, pero relajada: la yaya siempre me contaba historias veladas con un trasfondo "cuida con el clero", por ejemplo que una de sus monjas les decía (hablamos de Barcelona en los años 20): "niñas, no os hagáis nunca monjas", o que el cura tal les decía "haced lo que digo, no lo que hago". A Ypi le hubiera gustado que sus padres (y su abuela, que también vivía en la casa) tuvieran la foto de Hoxha que la mayoría de los albaneses tenían en el salón. Pero no.

Los tumultuosos 90 
Como he explicado en la sección histórica, no fue nada fácil esta transición a una economía de mercado cuando cayó el comunismo. Ya sabemos que el lenguaje es un arma poderosísima de cambiar el mundo, y Ypi nos cuenta cómo de repente todo el mundo comenzó a hablar de "la sociedad civil", más o menos sustituyendo a "El Partido" de antes. Otros nuevos términos: "liberalización" (que sustituyó a "centralismo democrático"), "privatización" (que sustituyó a "colectivización"), "transparencia" (que sustituyó a "autocrítica"), "luchar contra la corrupción" (que sustituyó a "lucha anti-imperialista"). Todas estas ideas eran sobre libertad, pero no la libertad del colectivo -que se había convertido en una palabra sucia-, sino la del individuo. 

Y luego está el de "reformas estructurales". El padre de Ypi consigue un trabajo en esta nueva sociedad como director general del puerto de Durres, el mayor de Albania. Les pusieron teléfono en casa y al padre chófer. Pero claro, había que empezar a "cortar costes" en aras de la productividad y el primer objetivo eran los trabajadores menos cualificados que llevaban allí una vida, en su mayoría de origen gitano. Esperaban en la puerta de su casa: "buenos días, jefe, eres un buen hombre jefe, tengo tantos hijos, jefe, solo un par de años más, por favor, llevo aquí desde los 13, no he robado nada, de verdad, es por el alcohol, ya voy a beber menos". Pero hay que "modernizar" y el padre no puede verlos como máquinas: "míralos, son personas, tienen lágrimas en los ojos". En esta parte del libro a mí también me dan ganas de llorar. 

La madre de Ypi -un personaje en contraposición al padre en el que no entro- dice en un punto que los países que fueron comunistas la gente no es de izquierdas o de derechas, sino que se dividen entre "comunistas nostálgicos" o "liberales esperanzados". Bueno, eso es lo que yo llamo izquierdas y derechas. 

Al final, por qué fueron tan agitados los 90? La comunidad internacional se dedicó a repetir el mantra del "polvorín de los Balcanes", con tantas religiones, grupos étnicos y diferentes maneras de ver la vida. Sin embargo, Ypi tiene claro que es que el colapso del sistema económico (mírese arriba en historia el timo aquel de los sistemas piramidales que arruinó a tanta gente), las diferencias de clase, no el acento o la manera de vestir de la gente lo que causó el derrumbe de esta sociedad. Sí, es la economía, idiota que le dijo James Carville a Clinton en 1992. 


Libertad
Este es el título de esta memoria y un concepto sobre el que la autora, profe de filosofía, vuelve una y otra vez. Quien esté preparado para un podcast de alto nivel -y en inglés, sorry-puedes escuchar la serie de "Past, present, future" en el que Ypi es la invitada titulada "Historia de la libertad".  Voy a terminar con un par de ideas sobre este tema, que sobrevuela toda la memoria. 

Volviendo a la infancia, cuando era peque, Ypi no se planteaba lo que era la libertad: en lo que a ella concernía, era libre. Un día en 1991 cuando vió una manifestación de jóvenes (a los que llamaban "hooligans") exigiendo "libertad", no entendió nada. Cuando tras la caída del Muro de Berlín oyó a sus padres decir que iba a haber "elecciones libres" en Alemania del Este, ella preguntó, perpleja: "qué se elige en elecciones no libres?" (esto también recuerda a las votaciones que organizaba Franco, que siempre ganaba su moción por el 99%). Sus padres parecieron incómodos y desviaron el tema: "No te alegras de que Mandela ha sido por fin liberado?" le dijeron.

Está claro que durante el comunismo no había libertad pero, cual es la libertad en el capitalismo?: "No es que a los pobres no se les dejen  hacer todas las cosas que los ricos pueden hacer; es que no las pueden hacer, aunque les dejen", dice su padre. 

Cual es la libertad que tienen los albaneses cuando cae el comunismo, les quitan las ayudas, la sanidad y la educación? Sí, pueden ahora emigrar -como de hecho hicieron muchísimos, la misma Ypi primero a Italia y ahora vive aquí en Londinium- pero, quién los quiere? Lo que ocurrió con los albaneses fue un piloto de la represión y el temor al inmigrante que vemos hoy en día. 
"Antes, uno habría sido arrestado por querer irse. Ahora que nadie nos impedía emigrar, ya no éramos bienvenidos al otro lado. Lo único que había cambiado era el color de los uniformes policiales. Nos arriesgábamos a ser arrestados no en nombre de nuestro propio gobierno, sino en nombre de otros estados, los mismos gobiernos que nos habían instado a liberarnos. Occidente había pasado décadas criticando a Oriente por sus fronteras cerradas, financiando campañas para exigir libertad de movimiento y condenando la inmoralidad de los estados empeñados en restringir el derecho a salir. Nuestros exiliados solían ser recibidos como héroes. Ahora eran tratados como criminales.

Quizás la libertad de movimiento nunca había importado realmente. Era fácil defenderla cuando alguien más se encargaba del trabajo sucio del encarcelamiento. Pero ¿qué valor tiene el derecho a salir si no hay derecho a entrar? ¿Eran las fronteras y los muros reprensibles solo cuando servían para mantener a la gente dentro, en lugar de mantenerla fuera? Los guardias fronterizos, las patrulleras, la detención y represión de inmigrantes que se implementaron por primera vez en el sur de Europa en aquellos años [1990] se convertirían en práctica habitual en las décadas siguientes. Occidente, inicialmente desprevenido para la llegada de miles de personas que ansiaban un futuro diferente, pronto perfeccionaría un sistema para excluir a los más vulnerables y atraer a los más cualificados, al tiempo que defendía las fronteras para "proteger nuestro modo de vida". Y, sin embargo, quienes buscaban emigrar lo hacían porque se sentían atraídos por ese modo de vida. Lejos de representar una amenaza para el sistema, eran sus más fervientes defensores"
Termino con esta reflexión, que dará una idea del tono y nivel del libro. Con él se aprende historia -Ypi describe acontecimientos locales como las primeras elecciones en Albania y acto seguido abre el zoom y te cuenta que hacía poco habían matado a Ceausescu en Rumanía cantando La Internacional, la guerra del golfo acababa de empezar y en las tiendas de souvenirs empezaban a vender trozos del Muro de Berlín-, y además se disfruta de una voz narrativa deliciosa, que a ratos te hace reír, otros llorar y siempre pensar. No puedo recomendar más este libro. 



25 febrero 2021

"The Falconer" de Dana Czapnic: En Nueva York, las estrellas se ven en el planetario

The Falconer
 "The Falconer" es una estatua en Central Park que yo no conocía. Tal vez, divagante, si has visitado La Gran Manzana o te has fijado en las películas, te suena la de Alicia (en el País de las Maravillas), pero como a mí, no la de este chico haciendo volar un halcón, todo fuerza y poder. Un chico haciendo algo, vs. Alicia o cualquier otra chica representada en pintura o estatua, en una actitud pasiva: estando simplemente- con suerte, vestida. O con cara de piedra siendo la Justicia o la Libertad o cualquier otro valor noble, con la teta fuera. Lucy Adler, la protagonista de esta novela, que se titula como la estatua, "The Falconer" (ópera prima de Dana Czapnic, 2019) cree que los niños y los chicos se lo pasan mucho mejor que las niñas y las chicas, y por ello se identifica con la estatua del chaval del mayor parque de su ciudad. Ella también quiere hacer, no simplemente estar. 

Han descrito a esta novela como "El guardián entre el centeno de los 90", si Holden Caufield fuera una chica de 17, medio judía, medio italiana. Esto es refrescante, porque una de las críticas al clásico de la novela de formación ("Bildungsroman", "coming of age") de Salinger ha sido que Holden es tan WASP que lo aleja de todos los que no lo somos. Para mí fue una novela maravillosa cuando la leí en el Pleistoceno, aunque tal vez las mujeres nos hemos acostumbrado a leer a hombres blancos -wasp o no- como si fueran el patrón oro, y nos adaptamos. A ellos sin embargo no les pasa lo mismo: tengo amigos, en principio no sospechosos de cavernícolas,  que hablan de "literatura de mujeres" sin rubor (gente que lee, imaginen). Pero esto ocurre hasta en las mejores familias y en las mismas librerías neoyorquinas, nos cuenta Lucy, la prota: tras buscar sin éxito a  Simone de Beauvoir en la sección "Filosofía", es re-dirigida a "Estudios femeninos" por el asistente. Nota a mí misma: otro clásico de la novela de formación en Nueva York, esta vez de chica (yupi),  es "Un árbol crece en Brooklyn" (Betty Smith, 1943), que yo no he leído. Mea culpa, o culpa del patriarcado? 

Lucy Adler y yo tenemos algunas cosas en común, para qué negarlo. Las dos éramos adolescentes (ehem, jóvenes) en los 90, esa época (maravillosa) sin aparatos en la que te ibas de casa y a saber dónde parabas (pensaban tus padres). Las dos jugábamos al baloncesto, claro que ella mucho mejor que yo, por algo considera que "la defensa en zona es para pusilánimes" (que es precisamente la que nosotras solíamos hacer-cómo olvidar aquel partido en el que nos enfrentamos a unas máquinas que nos turraron a individual y no hubo nada que hacer: ahí aprendí la diferencia entre "querer ganar y querer machacar"). Ambas consideramos que la mayor parte de la gente es idiota (aunque desaconsejo ser explícita con esto, divagante, la cara de una conocida fue un poema cuando solté una versión de "no confío en algo que tanta gente dice que les encanta. Ese es mi problema con Jesucristo y Hollywood. La mayor parte de la humanidad tiene muy mal gusto. No me fío de su opinión en dioses o en pelis"). Ninguna nos hemos hecho una manicura en la vida. Las dos teníamos inmensa curiosidad y aunque no he podido quedarme joven eternamente-por algo no soy un personaje de novela-, lo que sí he podido es "estar para siempre abierta a maravillarme con las cosas". Ambas empezábamos a rebelarnos contra las injusticias, por ejemplo ser chica en un mundo donde se conocen a los Salinger pero no a las Smith.

También hay cosas que no compartimos, la primera y más obvia es una adolescencia en Nueva York. La novela comienza en una cancha de baloncesto pública y es tan Nueva York como "Taxi Driver", "Manhattan" o "King Kong"- curioso leerla justo después de "La edad de la inocencia" (la Nueva York de Wharton y la de los 90 no son dos planetas aparte, están directamente en diferente dimensión) y del documental de Fran Lebowitz "Pretend it's a city", sobre la ciudad. Leyéndola me he paseado de nuevo por sus calles mirando hacia arriba, me he sentado en uno de esos restaurantes con mesas de formica, y he intentado un tiro de tres puntos en una de esas canchas con olor a cannabis. Claro que no en todo pierde Vetusta: en Nueva York hay que ir al planetario a ver las estrellas, porque ni rastro en el cielo saturado de luz y contaminación; por lo menos en mi infancia me harté de ver estrellas de verdad. Y así describe Czapnic Times Square a esas horas en que todo el pescado está vendido-me pregunto cual sería el equivalente en Vetusta y se me ocurren un par de sitios llenos de nadies donde una pertenece tras esas noches de naufragio:

"The adrenaline soaked desperation that usually fills the atmosphere is replaced by the last morsels of despair, the globules of oil you find lining the bottom of a Chinese take-out box. A place full of nothings. After my wreck of a night, I belong here"

Pero empecemos (no fear, divagantes, que no voy a contar la historia). Lo que sigue es una amalgama de "temas" -no los que los críticos literarios que saben de lo que hablan pondrán en su lista-,  los que me han tocado a mí, en este momento vital: con todo lo que compartí o me separó de la prota, y teniendo una hija que si no tiene 17 los tendrá en cinco minutos, y eso cambia aún más la perspectiva (dicen que los que tenemos hijas nos hacemos más feminista-yo no sé si eso era posible, pero hey). Primero,  Lucy ha perdido el poco "capital social" que tenía cuando expulsan a su mejor amigo del cole privado al que van, y se queda colgada un tiempo. Porque Lucy no encaja en lo que la gente espera: no es una Barbie, sino una chica alta que mira al suelo cuando anda ("el suelo, mi amigo") o que se esconde detrás de una cámara ("la cámara puede ser un escudo o una capa que te hace invisible") y que, sinceramente, si fuera lesbiana ayudaría mucho al resto, porque por fin podría ser metida en una de sus taxonomías. "Porque es mucho más fácil cuando una encaja en la categoría de niñita agradable buenachica guarra chicazo  femenina lista despistada-en lugar de ser una persona entera metida en conversaciones constantes, a  veces discusiones, a veces guerra a veces paz con todas las fracciones de ella misma. Tengo que vivir en un mundo donde el ser humano entero que soy hará a otra gente sentirse incómoda y encontrar una manera de que no me importe".  Pero no pasa nada, "no todas nacemos sabiendo quienes somos", le dice un personaje a otro, "si tu madre es Gloria Steinem, no habrás crecido con Barbies". Las demás nos lo habremos tenido que currar solas, y no deberíamos culpar a las que quisieron ser princesas demasiado tiempo. Hasta que les llega el momento "ahá"- "esos momento en el que el realismo sustituye al romance", cuya aparición no puedes predecir y que tal vez son limitados. Piensa en hoy, 25 Febrero de 2021: ¿cuántos momentos "ahá" te quedan en la vida? 

Lucy va a un cole privado por todo el sacrificio de sus padres, que son inmigrantes de segunda generación, y han conseguido buenos trabajos gracias a la educación, pero sus abuelos eran clase trabajadora. En ese cole se mezcla con los hijos de la gente con mucha pasta, y se da cuenta del efecto venenoso de tener demasiado dinero, de que el dinero tiene su propia religión. La desigualdad le explota en la cara en un partido de basket entre su cole (el privilegio) y un colegio público (de esos que tienen detector de metal en las puertas): ese partido es en sí mismo una crítica social impresionante. En su cole hay también gente con beca como su mejor amiga Alexis, latina, hija de madre soltera, y que quiere escribir, pero que acaba estudiando medicina, algo práctico para los pobres que se quieren subir en la escalera social. Solo los ricos se pueden permitir vivir del arte o la literatura.  "Cada cínico es un soñador decepcionado".

Pero Lucy tiene una prima pintora de las que tienen que currar llamada Violet, que comparte loft con otra, Max. Violet tiene la habilidad artística y Max tiene las ideas. Cada una tiene lo que a la otra le falta, pero en este mundo, lo que cuentan son las ideas. "El arte de Max no cuenta una historia, es todo "statement" (declaración, afirmación, eso). Es todo político. Es un atajo a la raíz del problema, como escribir un manifiesto de 50 páginas en lugar de Guerra & Paz. Venderá bien por su sensibilidad pop, y por su mensaje, limpio y claro y cabreado". Venderá: cómo olvidar al atracador Hirst y sus secuaces. O a la misma Lebowitz comentando una subasta en Christie's: la gente aplaude cuando alguien compra el Picasso, cuando se da un martillazo con un precio, en lugar de cuando el Picasso entra en la habitación. Y así todo.


Dana Czapnic by S. Rosokoff: Olé tú Dana!
 Las artistas Violet y Max son tal vez la voz de Czapnic: "El príncipe encantador era un necrófilo y tenía un fetichismo con los pies" (ahí va eso, Disney!) o "Mira, lo mejor que puedes esperar de la vida es terminar en un trabajo con seguro médico y un tipo que vea las mismas series que tú y que no esté demasiado en lo anal". Esta frase es de enmarcar. De lo del seguro médico y los USA ya hablamos en este divague, a propósito del libro "Such a fun age", el terror de millones de americanos de estar sin sanidad. Pero alucino con lo "del anal": que alguien escriba esto en la época en la que en toda la imaginería que nos meten en películas y series, es sexo de espaldas (¿se ha fijado alguien?) es lo revolucionario. Once upon a time, los más ancianos del lugar recuerdan que había distintas posibilidades, variedad, incluso hay tratados indios del tema. Hoy, no: todo son mujeres mirando a la pared mientras les estiran de la coleta. Bien, pues aquí las modernas estas hablan de tíos no fijados en "lo anal" como un valor. Ole tú. 

Pero dejemos momentáneamente el sexo [-"nooooo - Tranquilos, ha dicho momentáneamente, luego vuelve" ("El sendero de Warren Sánchez", Les Luthiers)-], porque yo un par de párrafos arriba estaba diciendo que los padres de Lucy, segunda generación, habían conseguido y mantenido un buen trabajo, sobre el trabajo de la primera generación. Pero salvedad: es su padre, porque su madre, que lo consiguió inicialmente, ya se sabe: no salía a cuenta mantenerlo una vez que tienes hija. Me pregunto por los sacrificios que hicieron esas mujeres, en aquella época: ¿merecieron la pena? Por supuesto que no. Hasta la propia Lucy lo sabe, cuando mira con pena a su madre, y solo tiene 17.  

Qué difícil es ser chica, algunos no se dan cuenta: quieres que te reconozcan por lo que piensas, por lo que escribes, pero a la vez quieres ser guapa. ¿Por qué te importa eso? Nietzsche dice que la mejor belleza es la que infiltra la mente y el corazón gradualmente y la llama "la lenta flecha de la belleza". Pero Lucy  preferiría tener la belleza de una bala, de esa que te deja estaqueado en el camino (como decía Cortázar del amor), aunque la otra, que no registras inicialmente, se queda flotando en tus sentidos y al final es maravillosa. Pero "ser guapa es más divertido que tener principios", le dice una boba que la maquilla para una noche de fiesta. Y al final, quién quiere ser, como le dice Violet, "mujeres que a los 40 tiran la toalla: se cortan el pelo, se engordan siete kilos, se empiezan a comprar la ropa en la Planta "Señora" del ECI?" Personalmente, el día que pase de las corners de G-Star de Planta Joven a la Planta Señora será el fin.  

Lucy va también creciendo políticamente. Me encanta cuando la lógica animalista la lleva a hacerse vegetariana (yo estoy casi ahí, 30 años después, pero claro, el ibérico) y aún más su aproximación al mundo del consumismo. Lucy se plantea,  "Cual es el punto de todo este exceso? no necesitamos todo esto, ¿no?, ni siquiera queremos todo esto" o, cuando le preguntan si cree que va a cambiar el mundo y ella contesta: "no, pero al menos no voy a contribuir a su miseria". Esta idea me parece clave para cambiar el mundo, porque empezamos a ser legión. "No quiero convertirme en otro humanoide produciendo basura y comprando inútiles piezas de plástico y ocupando espacio. No quiero ser un consumidor. Quiero crear algo, descubrir algo, enseñar algo o salvar algo". Go Lucy!

Sobre maneras de hacerse vieja, "nadie crece, la gente solo envejece". Nadie quiere "live slow, die old" (vive lento, muere viejo), aunque casi todos parece que vivimos así.  Pese a todo, perder el tiempo como solo se hace cuando eres joven-a menudo pienso en eso, ahora que no podría hacerlo. Una frase que nos decimos a veces con el Peda es "la vida adulta era esto"... la vida adulta es papeleo dice algún personaje, no recuerdo ya cual. Pero lo más importante, cómo queremos vivir nuestras vidas: cuando estaba en primaria, Lucy va con su clase al salón de actos a ver despegar el Challenger. Todos sabemos cómo termina, pero Lucy piensa que esos astronautas ya sabían que ese riesgo existía, y aún así, estaban en esa nave, y concluye que "sea lo que sea que haga en la vida, quiero quererlo tanto que los riesgos que ello implique merezcan la pena".  Ah, volver a los 17. Cuando aún no se sabe que hay que tener mucho cuidado cuando enfocas la foto, porque pronto la foto acabará sustituyendo al recuerdo.

Y a esos recuerdos los moldearemos y con ellos crearemos mitos o fantasmas, según nuestra personalidad. Lucy, que reconoce que "nadie ama de la manera que la gente es amada en la poesía", piensa en su amor de los 17 como "siempre serás mi ilusión óptica favorita. Pero un día en el futuro, cuando piense en ti, mi corazón dará un vuelco y el aguijón del momento tendrá nada que ver contigo sino con la chica de 17 años que te quiso, y es a ella a quien no quiero olvidar". 

No puedo recomendar lo suficiente este libro: sí, incluso a ti, cavernícola que crees que nada tienes que ver con una adolescente, a ratos empanada en canchas de basket. Pero por supuesto al resto, quienes hemos mirado estrellas tirados en el césped de la ladera del Parque Grande-o equivalente.