17 de octubre de 2017

Día de aventuras que incluye ser rescatados a los gritos de "Aya Aya" (Malta 4)

Martes, 17 de Octubre de 2017


Esta mañana es la última que estamos solos, ya que "los señoritos" (léase con acento de Hattie McDaniel cuando dice Srta. Escarlata) vuelven de Sicilia (me dio un rato de coña pensando en "Arriba y abajo", los señoritos (voz de Gracita Morales) son los dueños del villorrio y nosotros "los de abajo", "sección servidumbre" que diría Bryce. Total que aprovechando que no están nos damos un baño muy chulo (llamémoslo de ahora en adelante "refrescante", o sea, de esos que te metes y juras en hebreo, pero luego te acostumbras y te quedas bien), que acabamos en bolas, porque para algo somos "los de abajo" dejados a nuestro libre albedrío, tomándonos la justicia por nuestra mano (nunca habéis pensado lo que harán los mayordomos y demás peña en Buckingham Palace cuando la reina se va a Balmoral? Saltar en los colchones de plumas es lo mínimo! Mini no está de acuerdo en algunos de nuestros excesos, pero ya se sabe que los niños son muy conservadores. 



Hoy nuestro objetivo es el sur de la isla, donde hay varios puntos interesantes para nadar. Por supuesto, hay que atravesar el terror de autovías alrededor de Valetta, e hiperventilo considerando que tenemos que estar muy pronto en el aeropuerto el último día, y la imagen nuestra perdidos siguiendo a Bolitazul por todos esos excalestrics me da pavor. Como ya han pasado unos días no recuerdo si nos perdemos mucho, o solo lo justo, pero en algún punto de la tarde temprana estamos ya acercándonos a la península de Delimara, que a su izquierda (mirándola de frente, desde un mapa) tiene la horrorosa Bahía de Delimara (adjetivo no gratuíto sino por la estación energética que ocupa gran parte de ella: las chimeneas se ven desde muy lejos y dan terrible bajón). Aparcamos cerca de ellas, y vamos por un camino un rato, hasta que llegamos a un pequenio aparcamiento con dos coches (cómo han llegado hasta allí?) donde un anciano se está quitando el neopreno al lado de un pulpo tendido como si fuera una camiseta mojada. Bajamos escaleras y allá al fondo vemos la mítica St. Peter's pool (la piscina de San Pedro). 



Las fotos que habéis visto por ahí no mienten: el agua es verdaderamente así de verde y transparente. Se trata, de nuevo, de una zona geológicamente interesante, porque se nota que esto fueron cuevas, y un día un buen trozo de la bóveda de una cayó (como el año pasado vimos en aquella cueva (Megalissi)  en kefalonia, donde cantaba el barquero),  y dio lugar a esto. Hay bastante gente, y no quiero ni imaginar lo que debe ser esto en verano. Se puede entrar la agua por la zona de la izquierda, donde hasta hay unas escalerillas de piscina, por allí nadas y terminas en la entrada de la gran cueva sin techo que es la piscina de San Pedro. Puedes seguir nadando y sentarte en trozos de cueva que aún quedan hacia dentro, con cuidado de que los "saltistas" no te caigan encima. 



Lo de saltar, unos 5-6 metros, ni me lo planteo... pero ahora mi tarea consiste en prohibirselo a mis compas de viaje, que son dos inconscientes. Vemos todo tipo de gente saltando, incluso dos musculados que hacen parejita y uno va de cara y otro de espalda, todo a la vez. Me recuerda esos retos de saltos de Red Bull tan chulos que hacen en sitios emblemáticos (claro que mucho más altos). Aquí os enlazo un video muy simpático enviado por el divagante Lux de un hombre que se lanza con su perro (que solo salta con él, tal es su lealtad perruna).




El caso es que el snorkel aquí también está muy bien, y nos pasamos un rato encantador viendo pececitos. Porque para emociones, ya vendrán durante la tarde: somos los Pedalistas, recuerden,  anda que no nos gusta meternos en La Boca del Lobo (no, en serio, no nos gusta... solo que a veces, acabamos). Y hoy no es una excepción. 

Todo comienza por mi gran sugerencia de volver al coche por otro camino, pues "por aquí arriba" (hacia el sur de San Pedro) habrá buenas vistas. Sí, efectivamente, seguimos bordeando  la parte este de la península de Delimara, donde todo lo que se ve es un mar fantástico (recordemos que al otro lado está la central energética). No sabemos que al final está el "Delimara Point" y en un punto nos planteamos si deberíamos ir hacia adentro (cruzar la pequeña península). Ni que decir tiene que Mini, amante de la aventura, está disfrutando con este "salirnos de lo conocido" y se ofrece a meterse por un sitio a ver si hay salida. Por supuesto!!! Venid, venid!! aquí se sale a la carretera. Pero cuando subimos y la alcanzamos nos encontramos con los pies en una tierra roja removida, que si no fuera seca parecerían arenas levemente movedizas.... Mini, donde nos has metido? Solo queda tirar para adelante, estamos de lleno pisoteando (lo menos posible, por los laterales) campos de cultivo de honrados señores malteses. Subimos una pared-delimitación de esas que hacen con piedras, y allí hay un hombre cavando su parterre. Yo les digo a mis compas y creen que exagero: esto llega a ser en los EE.UU. y el hombre nos da la bienvenida con un par de disparos de su rifle, con suerte al aire. Sin embargo, le digo al hombre, con cara de pena: "LOST!" (Perdidos!) y él sonríe y nos da unas cuantas directrices de cómo salir de ahí hasta el camino.

Llegamos al coche con tierra roja entre los dedos de los pies, polvo y sal, que ya traíamos del baño. Tres zombies (y no de estos nuevos que corren, precisamente). Nos metemos al Hundai dispuestos a que Bolitazul nos vuelva a engañar. Nos lleva alrededor de toda la bahía de las chimeneas (en la esquina más al oeste hay una sub-bahía llamada "Pretty Bay"... seniorrrr) y por fin parece que vamos encaminados a nuestros siguiente destino: Blue Grotto (La gruta azul).

Parece que hay que pasar por un pueblo llamado Zurrieq, y desde allí se baja hasta la gruta. Bolitazul dice que por aquí, que por allá... son carreteras muy comarcales, pero vamos bien. En un punto, nos pasamos un desvío por el que Bolita quería que nos metiéramos, y se pone a saltar y a hacer esos aspavientos de princesa malcriada que conoceréis, así que tiramos para atrás, y nos metemos por ese camino que ella quiere. Al principio, bien: un camino sin más. De repente, vamos entre esos pequeños muros de piedra que se hacen para delimitar los campos, solo que estos son más altos de lo común y, esto... se van estrechando. Tanto tanto que justo cabe el Hundai, y que nos empezamos a plantear si esto ha sido una buena idea. Bolita está en su salsa, casi no se mueve, simplemente está disfrutando de la situación.

En ese momento, dos hombres de campo de unos 70 años vienen por el camino hacia nosotros. No entendemos lo que dicen pero empiezan a gritar, se ponen las manos en la cabeza y hacen gestos de "esto no está pasando". Cuando los tenemos encima nos dicen que ese camino no es para coches, que cómo nos hemos metido ahí, que cada vez se hará más estrecho, y otras profecías así. Y ahora que hacemos? Le pido (imploro) al del bigote que abra un portón que entra a un campo a la derecha para dar la vuelta, pero nos dice que no es suyo...no podría llamarle? En estas que aparece otro anciano de frente, esta vez en bicicleta, y el del bigote dice que le sigamos, que el siguiente portón es el suyo, y que nos lo abre, y yo a punto estoy de bajar del coche y besarle.

Abre el portón y, con gran dificultad, el Peda mete el Hundai en el huerto del buen hombre. Los tres nos van dando indicaciones a grito pelado: "AYA, AYA,  AYA!!!", mientras hacen esos gestos que les encantan a los hombres, de cualquier país que significan "todo el volante". Ni que decir tiene que pisoteamos algunas lechugas, pero la situación es extrema. Yo llego a estar sola, sin la calma secular del Peda y directamente habría roto a llorar, mientras espero a un helicóptero. Qué nervios terribles, mi pie derecho apretando a un freno imaginario, y cuando por fin logramos estar enfocados de nuevo en el camino, aún estoy temblando. Les damos mil gracias a los agricultores, a los que imagino contando esta anécdota en el bar, la de los guiris con coche en el camino la huerta. Y todos descojonándose (a falta de otro verbo tan gráfico). Después de haber dado la vuelta y todos los sudores, hay un punto en el que oímos un scracth y más tarde al bajar vemos las rayas que le hemos hecho en la puerta... en fin, el seguro se encargará, dice el Peda siempre ommmm.

El día de aventuras aún no ha terminado, porque ahora ya estamos cerca de la Gruta Azul, pero hay un mirador que da al mar y a las cuevas, y mis compas quieren parar para hacer la foto y comer algún snack. Cuando bajamos a la foto, por un estrecho camino, cual es la siguiente pesadilla particular que me podría encontrar? Eso: unos pajarracos enormes (halcones creo) ahí en unos palos, y un búho en jaula, dispuesto a salir. Los tiene ahí un tipo disfrazado de juglar que cobra porque la gente se los ponga en el brazo y se haga el souvenir. Yo ya he explicado lo que pienso de ponerse pájaros en ningún sitio, así que no abundaré en el tema. Que me quedo sin el mirador, y muy feliz (no me trataré, gracias).

Los barquitos que salen a ver las cuevas de la Gruta Azul terminan a las 17:00 horas. Voy a la ventanilla y... son las 17:00 horas. Pero el hombre dice que "si vienen otros, nos llevan", y el caso es que viene una pareja de españoles de unos 50 (él es "Cariño", todo el rato, muchas veces) y otra gente al fondo. El paseo está bonito, nos metemos en cuevas, pasamos por debajo de arcos y hace luz de la tarde que da buen color a las rocas, aunque según la guía hay que hacer esto, para luz perfecta, a media maniana: este es un hito que los Pedalistas nunca iban a conseguir, aceptemos nuestras limitaciones. Cariño ha dicho que lo mismo, que "con lo bien que se está con una cervecita a las 11:30". Guau, cariño va a tope.

No sé a qué hora terminamos, pero aún estamos con ánimos para irnos hacia el oeste a una cala de esas que el mar hace una piscina natural entre las rocas, Ghar Lapsi. Como hay poca luz ya, el azulverde transparente que me encanta ya no está, y hace fresquito. Hay algunos niños locales recogiendo sus bolsas, que se van, y un grupo de mujeres, sus madres o más bien abuelas, sentadas al fresco. El Peda y Mini se dan un baño y cuando salen, al subir para el coche, vemos la puesta de sol (abajo en la piscina la tapaban las rocas). 




Un día completo... ahora hay que volver, cruzar toda la isla, perderse "lo normal", y por fin llegar a casa, donde ya nos esperan "los dueños" (querrán que hagamos la plata?), y esta vez Mini conoce a Izzy, su hija, y desaparecen en la cama elástica. A Mini se le olvida que tiene hambre y que hay que cenar...

3 comentarios:

  1. No veo la foto de tres inconscientes saltando al vacío !!
    Bien, veo que se trata del típico caso de pavor escénico.
    Planteemos una aproximación al tema que satisfaga? a todas las partes.
    Procedimiento.
    1 Situarse a la orilla del mar en zona segura de arenita.
    2 Convocar una reunión familiar con un solo punto en el orden del día.
    Gritar Aaaaaeeeeeooohh !! tres veces seguidas de forma caótica y rebelde (familia que grita unida familia feliz).
    3 Dirigirse al mar con paso firme y decidido.
    4 Saltar las olitas de la orilla de la forma más ridícula posible.

    Si esta experiencia es superada conjuntamente y de forma afable,ruego me sea comunicado para proponer un segundo ejercicio.
    ...
    Nota : en caso de duda ruego evalúen lo bueno que para la salud mental pueden llegar a ser estos ejercicios gimnásticos. Tan breves e intensos como aconsejables.

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  3. Queridisimos DRIVER y LUX: casi me animáis al evento con vuestros consejos paso a paso (driver, al principio he creído q ese conjuro familiar era para saltar los 5 metros, y me has convencido!) y las historias del Barón Luxhaussen, con sus morritos calientes besadores... Mirad, coo todos tengo mi precio, y mientras q no sujetaría un búho POR NADA DEL MUNDO, aquí sí q saltaría por una cantidad sustanciosa... pero no hablemos de dinero...

    Ya me ha dicho Fashion q los divagues son tan largos q puede vicariamente sentir lo agotador de nuestro viaje... así q no os culparé de no haber llegado al final, la parte del rescate aya aya.... pero Mini dice q esos dos rescatadores vienen a ser el equivalente malteés de Sigue y Taka, los japos aquellos beodos con los q nos fuimos a cenar q decían "uuuuuu".

    muxus lovelies desde Victoria, Gozo

    di

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