14 de octubre de 2017

Lucha de yos: a cual dejas a cargo de tus vacaciones? (Malta 1)

En el libro que estoy leyendo (Homo Deus, de Harari), para explicar la diferencia entre el “yo que vive la experiencia” y el “yo que se la narra” hacen un experimento. Pero antes: el yo-experiencia es nuestra consciencia en el momento, y el que narra es el recuerdo que tenemos más tarde. Está claro que los dos no van de la mano: si así fuera, nadie se animaría a, por ejemplo, tener un segundo hijo (informo: después de pasar el dolor extremo del primero). Las mujeres sufrimos ese dolor en el momento (y en algunos casos, durante horas) y luego, pasado el tiempo, se recuerda una nebulosa. Y lo vuelves a hacer. Hay experimentos que demuestran que al yo narrador no le da demasiada importancia a la duración del proceso, pero sí a los picos y al momento final, y hace una especie de media.

Pero las decisiones más importantes de nuestra vida son tomadas por nuestro yo narrador, el de las historias-bolas- que nos contamos. Elección de pareja, de trabajo, tipo de familia... Y para demostrarlo, aquí va el experimento.

Imagina que te ofrecen dos vacaciones y tienes que elegir. La primera consiste en ir a un sitio que está bien, correcto, no sé, una ciudad bonita y civilizada, donde puedes pasear y aprender. Vuelves satisfecha, pero tampoco es el éxtasis. La segunda consiste, sin embargo, en el éxtasis padre: la mejor vacación que nunca hayas podido soñar. Cierra los ojos y piensa. Para algunos será irse de escalada a tal montaña, para otros visitar los parques temáticos de nosedónde, para los de más allá seguir la ruta que hizo Darwin, para mí, ir a un sitio con historia, mar transparente, paisajes impresionantes, buena arquitectura  y poca gente. Imagina esas dos vacaciones, y puedes elegir una, pero hay una condición: si eliges la segunda, ese viaje que siempre has soñado, en el  trayecto de vuelta final has de tomar una pastilla que te hará olvidar todo lo que has vivido. Qué eliges?

En mi estudio reguleramente científico (n=2) Peda y Mini ambos votaron por la segunda: la mejor vacación y olvidar, antes que una mediocre que siempre se recuerde. Yo comienzo a pensar y, qué angustia! Yo, que fotografío y escribo y cuento y grabo para atraparlo todo. To-do. Qué agonía, qué difícil: no somos lo que hemos vivido? Pero dónde queda el carpe diem, vive el momento?

En un rato volamos a Malta, esa isla del Mediterráneo que nos ha recomendado un amigo del club de los 100 (ha estado en más de 100 países). Y me pregunto: en el avión de vuelta me diré, vale, dame la pastilla, porque no cambio esto por unos días recordables en una destino correcto sin más? Atentos a este espacio...


8 comentarios:

  1. Sólo en el caso de que los Caballeros de Malta salgan de sus sepulturas y os obliguen a tragar las pastillas del olvido bajo amenaza de convertíos en galeotes encadenados, sólo en ese caso tragar con el pastilleo.
    Aunque claro, por Malta suele navegar el bajel pirata que rapta a los viajeros intrépidos y roba prisioneros a los de Malta.
    Y no olvidéis a los turcos. Cuando lleguen a las costas más vale que recordéis al punto vuestras clases de esgrima.
    ...
    Será imposible olvidar tales aventuras.

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  2. Yo me quedo con la memoria sin lugar a dudas. Ya se encargará ella de convertir lo anodino en extraordinario.

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  4. Dedicamos la mayor parte de nuestra vida a enterarnos de las narraciones de otros y a crear las nuestras, así que la respuesta ha de ser, por fuerza:

    1. Hasta que el cuerpo y la mente están "hechos" (esta fase suele terminar cuando es necesario dormir al menos 2 o 3 horas antes de ir al trabajo, la importancia suprema la tene "el experimentar".

    2. A partir de ahí, la narración tiene la prioridad.

    Ojo, que esto no cambia de un día para otro. Pero ya desde mi hoy una experiencia maravillosa pero olvidada tiene la misma falta de importancia que un sueño del que no recuerdas nada.

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  5. El autoengaño es la mejor arma
    de nuestra cocotera
    para hacernos digerible nuestro pasado
    y reiventarlo
    dandonos argumentos, ciertos o no,
    para construir
    el personaje que queremos ser.
    Bss

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  6. Yo me quedaría con la memoria, claramente. No se me ocurre nada peor que perder la memoria, es lo que hace que sepas quien eres, mira los enfermos de Alzheimer o demencia senil, quizás han tenido vidas extraordinarias pero si no las recuerdas, si no sabes qué las has tenido ¿quien eres? Y quizás, algo mediocre (o que te lo parece) con el tiempo se vuelve extraordinario. Por mi experiencia, mis mejores recuerdos no son de momentos extraordinarios sino de momentos que cuando ocurrieron pensé que eran chorradas.

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