20 de julio de 2018

Día perro en Skopelos (Sp7)

20.07.18 (viernes)

Los estudios donde llegamos ayer a las mil son tres casitas en plan abierto con mezzanine (en la parte de arriba está la cama, y abajo hay un sofá-cama para Mini). El techo es inclinado, blanco, con vigas, y es lo primero que veo al despertar. Cuando salgo al porche, descubro que el lugar es maravilloso y además nos ha tocado la primera casita, la que está al lado de la piscina. Sigo pensando que es el mejor lugar que hemos estado estas vacaciones en relación calidad-precio. Además, solo ocasionalmente vemos pasar a algún otro alquilado, y nunca hay nadie en la piscina, así que uno de los sueños pijos de Mini -"piscina privada"- se cumple. 

Desde nuestro porche
















Piscina entre olivos y limoneros
















Como nos prometimos la noche anterior, hoy va a ser un día de tranquilidad. Yo estoy dando el último empujón a las 600 páginas de libro de Tressel y echarme bajo un olivo y frente a esa piscina es estar en el cielo. Así que, con la sola interrupción del desayuno (donde Mini se queja por las abejas que nos visitan), y de ir a un super a comprar básicos, estamos por ahí tirados hasta las 5 de la tarde, cuando hacemos pasta rápida y por fin salimos. 



Primero vamos a la que creemos es la playa de Velanio (otro día se confirma que es la de Stafylos). Un baño agradable, pero ya hay que ir moviéndole de la sombra. Es precioso que hay pinos por las montañas que rodean la playa.  estas islas son puro bosque.



En las playas griegas yo no recordaba lo que veo aquí: cambiadores. Una especie de cabinas con 3 lados, donde te pueden meter a (en nuestro caso) ponerte el otro bikini hasta la siguiente playa. Así que nos cambiamos y vamos a explorar Skopelos Town. 











Skopelos Town (la Hóra) es exactamente lo que imaginas de un pueblecito griego que sube por la montaña: casas blancas, puertas azules, contraventanas a juego, ropa tendida, bugamvillas, gatos tirados en escaleras, calles estrechas, iglesia, ortodoxa, campanillas de timbre, señoras tomando la fresca (como en Ejpain, y creo que hasta el cuerpo de las señoras mayores mediterráneas se parece)... hay un restaurante en todo lo alto que se puede clasificar de gentrificado, pero aparte de eso, todo parece bastante auténtico. Ahora a veces me planteo si me gustarían, ciomo la primera vez que fuí, hará 9 años las Cícladas. Veo las fotos perfectas de Ia en Santorini, con su iglesia colorista y sus casas (ya todos hoteles con infinity pools mirando a la caldera) y... no me gustan. Demasiada postal. 

Por supuesto no vamos al restaurante ese bien, pero descubrimos unos abajo, donde parece que hay griegos y donde dan gyros para llevar. Los gyros se hacen con pan de pita, y luego les meten vituras de ese cerdo que gira en el sable, cebolla, tomate, salsa tzatziki, no sé si algo más de ensalada, y patatas fritas. Me encantan! Cuando nos vamos hacia casa nos dice el Peda, sabéis cuánto han costado los 3 gyros? 7.5 euros!!! La cena más barata del mundo. 

Cenamos a gustísimo en el porche de casa. La piscina esta iluminada, y los murciélagos bajan a beber como si fueran aviones de guerra. Los grillos cantan. La lavanda huele... a lavanda. Tal vez haya estrellas... Soy feliz. 

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