El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interestante y todo eso (Holden Caufield)
Si no las escribo, las cosas no han llegado a término, solo las he vivido (A Ernaux)
La vida real no está a la altura de escribir sobre ella (J Eugenides)
Escribir es persuadir a un extraño de que se quede (R Cusk)
El camino del exceso conduce a la sabiduría (W Blake)
En el libro que estaba leyendo, el asesino empieza a escribir un diario: no es que me haya dado por aludida, eh. Sin embargo, sí por el lugar común "todo asesino vuelve al lugar del crimen": aquí estoy, una vez más, dispuesta a divagar (qué es eso, sino un diario), sobre mi último periplo fuera de esta isla. A la que he vuelto con un jet-lag espantoso, y pensarán que exagero, pero si ya tengo mis problemas con las mañanas ("early morning awakening": un síntoma, un castigo, una oportunidad?), ahora con la hora para atrás británica más la del cambio horario, esto ya es un festival. Vamos, que a las 11:30 de la mañana me comería un asado, o tal vez un Chow Mein, ya que vivo en esa franja horaria.
En fin, que estoy un poco pasada de vueltas y, aunque el título llame a engaño (qué son los títulos, sino una vil estrategia de marketing para el pobre divagante despistado que pasa por ahí), I have to come clean: este es un mero divague de viajes (as if, ahora que no se viaja) que, si no es lo tuyo, recomiendo dejar. Ya. Volveremos algún día con escritos serios "de divulgación" como dice Fashion (en serio? yo hago divulgación? Ten fans para esto) y lo que sea que se está convirtiendo este blog. Ah sí, libros y hasta una peli tengo por ahí. Pero not tonight, Josephine.
He pasado unos diez días en la península; el divagante de pro debería saber que esta es una época de celebraciones rituales en La Nostra Famiglia: cumple la hermanísima. Específicamente en La Cerdanya (esta debilidad familiar), Barcelona (atencion, sección bibliofilia) y brevemente Vetusta (alguien ha leído al gran escritor de viajes Bill Bryson?: "I come from Des Moines, Somebody had to", pues bien: "soy de Vetusta, alguien tenía que ser").
Despertar en Bellver
De La Cerdanya, solo dos cosas (o ya me metería en una turra de esas de los verdaderos viajes, coladas y demás). Esta vez alquilamos un apartamento que querría fuera mío porque cuenta con el récord Guinnes de mayor número de horas-de-sol-en-terraza de occidente. Por mi temita este del sueño, me levantaba la primera (con caballos en el prado de enfrente, el césped aún escarchado) y me sentaba a leer (Piglia: qué maravilla de libro, esto lo cuento otro día) con el sol a la izquierda del ventanal. Luego se iba moviendo poco a poco, hacia el centro y al cielo le salían globos aerostáticos (todos a una: ohhh) e iban desfilando los compas: primero el Peda que se iba a correr, luego Fashion, según dice, también insomne (aprendiza), y ya Mini y JAL, y el Peda que venía del forn con ingentes candidades de coca (aunque lo parezca por mi escrito, no de esa) y nos poníamos a desayunar, intentando establecer qué tipo era mejor: crema, piñones o bollo (la última, hacedme caso). Y la combinación made-in-heaven: coca con turrón de chocolate, que el Peda encontró en Charter, el super local. Sé lo que se está pensando: ese turrón de chocolate infantil, del que se sale hasta las piiii en navidad, sí. Pero todos sabemos que el primero de la temporada sabe a gloria (particularmente al emigrante) y, en fin, hubo más de una tableta. Como nota curiosa, ya no pone su marca en el frontal (que omitiré, a menos que me manden aquí una caja) sino las dos palabras más bonitas en lengua castellana ("Es benigno"... noooo): "Te quiero" (blogger: dónde los emojis de corazones?). Y como en el apartamento había decoraciones navideñas (para los que suben en esas fechas: esquí de día-escatología de turno de noche), ya las sacamos y bueno, este es el resultado:
Que le suban el sueldo al de marketing
Xmas en octubre-aún sin escatología aparente
Tras ese desayuno, el sol era tan bestia que ya me podía salir a leer a la terraza, y al poco rato se iban uniendo el resto, hasta que alguien razonable (JAL) decía que había que salir a la excursión de turno. Yo podría haber estado todo el día allí, sin problemas, me entiendan:
El segundo punto a destacar del finde va enlazado con mi gratitud a la divaganta ANNA que ya en verano (no pudimos por carretera cortada) me recomendó ir a ElQuerforadat, un pueblo en lo alto de la montaña. Como estrategia de persuasión para mis compas de viaje: "hay un restaurante pichi" (ya se sabe cómo de fáciles son los foodies), claro que omití que lo llamaban "proyecto". El pueblo es el típico de piedra, muy bonito, ni un alma (15 habitantes), todo paz - también podría pasarme aquí unos días buenos con libros, chimenea, (turrón de) chocolate y un teclado. Volviendo al restaurante, nadie me cree, pero no fue mi culpa: se trataba de una foodtruck roja en un prado en pendiente, cerrada y con un cartel diciendo "ponnos un whastapp". Tal vez lo de proyecto me debería haber hecho sospechar: unos hipsters que han vuelto a sus orígenes y ofrecen "cocina de autor en un marco incomparable" (sí, las vistas son absolutamente impresionantes). "En su cabeza, era espectacular". Pero vaya, Anna, te debo una, a mí me pareció una gran excursión, incluso con la truck cerrada (o tal vez por eso, ji). Que no se sufra porque mis compañeros encontraron restaurante en nosequé pueblo a la bajada en el que los hipsters fueron denostados por los locales, y luego me hicieron parar en otro pueblo llamado "Bar" a encontrar "un bar" (son así de básicos), que no existía. Como ir a York a preguntar por el jamón de York.
El Querforadat
"El proyecto" foodie
En la sección Barcelona del post os ahorraré el apartado foodie (que básicamente fagocitó al resto) porque es imposible escribir sin dormir al personal de lo que a una aburre, así que me centraré en mi nuevas peregrinaciones por las librerías de la ciudad. Nota: solo citar dos pastelerías con sendas tartas, oj: "Mediterrani" de La Pastisseria -"de autor" también y doy fe-, y "Llimona" de Mauri. Tengo fotos, pero no soy tan plasta (*).
(*) Lo que soy es fácil así que, por posterior aclamación popular, aquí van:
Es la amarilla de la derecha: decisions, decisions...
Esto es ya hacernos daño- atención capa de mousse
Llimona
Venga, va, librerías:
>>>La primera es Ona, de la que ya hablé en agosto, pero que estaba cerrada. Esta vez pude entrar y es una preciosidad, especialmente en la planta de arriba en la que hay textos por las paredes. Es enteramente de literatura en catalán y observé que acababan de editar "El cuarteto de Alejandría" y recordé que solo leí el primero, "Justine".
>>>La segunda es La Central del Raval, y que asocio a aquellas vacaciones con el Náufrago Ro, que hacía como que estudiaba por allí cerca. Justo ahora cumple 25, así que en aquella época haría poco que la habían abierto, y todavía no tenía un jardín muy mono que es hoy cafetería-para-guiris. Es una antigua capilla -véanse los arcos-y cuando veo estas cosas (junto con la iglesia-bar de Nottingham), creo por unos instantes en el progreso. Leí una entrevista a una de las fundadoras que explicaba que no tenían miedo a las multinacionales porque era en esos jardincitos, o terrazas, donde ellos -o todas estas nuevas librerías- se diferenciaban. La gente viene a ellas para encontrarse con los libros, con autores vivos o muertos, y con gente a la que le gustan los libros. Siento un poco de envidia porque eso es justo con lo que incluso el mejor blog de libros no puede competir.
>>>La tercera fue "my local", La Central de Mallorca, de la que también he hablado, por la que paso varias veces en cada visita. Una mañana quedé en su terraza con ELENA RIUS y hablamos de todo un poco (el Brexit de las Pequeñas Cosas un interés común, me intentó recomendar novela negra...) y me regaló su último libro "El camino a la publicación" con la dedicatoria más mona posible: "Para Di, que tal vez algún día escriba un libro". Gracias Elena, por el libro y sobre todo por la esperanza!!
#mi elenarius collection
Según nuestro amigo Dp (el que me recomendó a Solá y también a Piglia), con el que callejeamos luego durante horas por el gótico, hay un relato del libro que acabo de empezar, "Exhalación" de Ted Chiang, que habla de un futuro que está al llegar con esta historia del metaverse, en el que tendremos un avatar (Maléfica es mía, desistid) que quedará con el de mi amigo, pongamos en Shibuya a cenar un ramen, mientras los dos estaremos en nuestra casa. O podrán perderse por los pasillos de las mejores librerías del mundo. Será como whatsapp, en el que tendremos conversaciones, solo que mucho más perfecto, será como estar ahí, pero sin estar. Con quién decidiremos entonces pasar el tiempo real? Viejuno total, pero si esto es lo que viene, esta es otra de esas veces en las que me alegro de tener 50 y no 20.
Dp, no sé si llevado por las pintas de guiri de mis compas de piso (no así yo, que soy como el Marcus Brody de Indiana Jones "habla una docena de idiomas, se mezcla con el pueblo, desaparecerá, no volverán a verle") nos lleva a comer a un puesto de La Boquería. A mí me parece un tourist trap, pero what-do-I-know. La comida está bien, aparte de una cosa de textura "interesante" llamada "capipota" que, mientras mastico, rezo para que sea seta. Pero no, uj, qué asco. Y me pierdo por algún pasillo, y parece que puedo ver a los Manel grabando el video de "gent normal" (con gente muy normal), su genial versión del "Common People" de Pulp. La canción es un himno, y ya divagamos de ella aquí hace siglos, (el "Common People" de Pulp meets "Últimas tardes con Teresa" de Marsé).
Ah, el espíritu de Marsé, que seguro que andaba por los pasillos de alguna de las librerías de Barna y al que me hubiera llevado a hablar de libros y de la vida y de la gente normal a esa terraza de La Cerdanya al sol.
Viure com ho fan els altres Veure les coses que veu la gent normal
Es medianoche en Banderley, cuando en teoría nada
pasa; cuando pasa todo lo que merece la pena contar. Un grupito de cuatro,
armados de linternas y mochilas, susurros y alguna risa, salen por una puerta
lateral, herrumbrosa y abrumada de hiedra, que un día alguien se olvidó de cerrar. Debía ser usada
para entrar el carbón, o como acceso al bosque. Han dejado atrás el engendro, entre catedral y fortaleza, que es la fachada frontal de Banderley-Central, iluminada por focos de luz cálida. Al grupo le sobra un miembro
para ser la "Bande á part
Los de Bande á Part corriendo por el Louvre
" godardiana, pero podrían encajar perfectamente con la imagen de delincuentes corriendo por el Louvre como críos, los nueve minutos de rigor. Nuestra banda sigue por caminitos, a
ratos casi cerrados por helechos gigantes, que se meten en las tripas del
bosque, en la boca del lobo. Todos llevan jerséis -pese a ser 23 de Junio, cosas
de la latitud- y ganas de sentir la insignificancia del ser - ese
ejercicio ineludible cuando una se planta en cuasi-soledad bajo un cielo
estrellado. No hay luna, y a medida que el grupito avanza en la noche, las
luces de Banderley son solo un recuerdo.
Esto voy pensando mientras avanzamos, ahora
ya en silencio, escuchando de fondo lo que deben ser animales, tal vez pájaros nocturnos. Y así es como voy a empezar a escribir lo que pase esta
noche, y de ahora en adelante, todo lo demás. Tengo que, de alguna manera,
empezar a anotar lo que ha ocurrido en todos estos meses que llevo en
Banderley: para no olvidar, para pensar y, en plan ambicioso, quizás para entender. A esta band
á parte nos une el delito del paseo astronómico de Richard, interesado y
autodidacta de las estrellas. La formamos, aparte de nuestro guía, Isabel Archer, la que quiere ser
psiquiatra solo como una vía para escribir ficción, Will, con el que
tengo algún asunto pendiente, y yo.
Es oficial: el bosque, tan de noche y una vez dentro, da miedo. Nos encaminamos hacia una pradera en un claro, subiendo
la montaña. Ellos han hecho esto otras veces: siguen unas señales
fluorescentes que nos flashean cuando las iluminamos con las linternas.
Detrás hemos dejado el camino por el que fui a hacer supervisión aquella mañana
con Steen. O eso creo, imposible determinarlo con exactitud: la noche es otro
país, otro continente del día.
Isabel y Will son de la casa verde y Richard les cuenta lo que es vivir en la amarilla, con Duncan y su obsesión con los psicópatas, con Morgana, y con el caso clínico Sandip.
Y conmigo, a quien acaba de conocer de otra manera desde que me escucha algunas tardes hablar
por teléfono, que está en una esquina del salón, con Wences. Parece que "soy otra persona".
- Y
además -continúa- los españoles habláis demasiado rápido. Hice A levels de
español, y no pillo ni una palabra de lo que dices.
-Los británicos siempre habéis hecho A levels
de algún idioma europeo, y nunca habláis ni entendéis nada. -digo- Lo tenéis demasiado
fácil: el resto se esfuerza en entenderse con vosotros. Y lo de la velocidad, yo no lo noto...
-Pues dicen que es el segundo idioma que se habla más rápido en el mundo, por detrás del japonés. Por lo que he leído -Isabel lo ha leído todo- las palabras y las expresiones en español suelen ser más largas que en inglés. O sea, es un idioma "poco denso" y para decir lo equivalente a otros en el mismo tiempo, hay que acelerar. En inglés, masticamos más las palabras... es para darle sentido a cada palabra corta.
-mmm, no lo había pensado, es cierto, -digo- en
inglés se prefiere la brevedad, por ejemplo: "first
come, first served"... estas cuatro palabras capturan algo que en castellano hay que decir de una manera muy larga: "el
primero que llegue -o que se apunte, o lo que sea, porque aunque sea metáfora de restaurante, esto se extiende a todo- será
servido en primer lugar".
- De todo esto que habláis, lo que me interesa más es cómo hablar uno u otro idioma afecta a nuestra manera de pensar. - comenta
Will- Tuvimos un colega griego aquí hace un tiempo, ¿te acuerdas Richard?,
que su manera de hablar y particularmente de escribir era tan retorcida, le
costaba tanto llegar al centro de la cuestión, que yo me preguntaba si es que
su idioma les hace pensar así...
-Bueno, eso tal vez aplica a mi lengua materna –les digo, pensando si somos retorcidos- Desde que estoy aquí
me he dado cuenta de que el castellano puede ser en algunas cosas menos
preciso, más ambiguo... en algunas cosas, eh, en tiempos
verbales os ganamos en precisión. El inglés es más explícito, directo.. emm... más económico.
He leído por ahí que necesitamos el 15% más de palabras en castellano para
llegar al mismo nivel de estilo y exactitud comunicativa que en inglés...
-Pobres traductores... los libros tendrán más páginas, claro -dice Richard que va el primero de la expedición pero está escuchando- Y además tenéis
esa cosa tan curiosa de dos verbos diferentes para "to be", ¿no?
-Ah claro, "ser y estar" -digo en castellano- Con ellos se
implica un estado permanente o transitorio: "ser aburrido versus
estar aburrido", por ejemplo. O también se puede implicar ser más activo: "estar durmiendo versus estar
dormido". Tú haces las cosas, no solo ellas te pasan. Aunque “estar
enamorado", por ejemplo, no sé si pertenece al ejemplo de la
transitoriedad o a que es un acto de la voluntad.
-Quiero pensar lo segundo -dice Will, y como no le
veo la cara no sé si está siendo irónico.
-Ahhh qué romántico Will -dice Isabel con una
carcajada que me suena forzada - yo creo que con según quién, hay que esforzarse mucho para eso, hay
que ser activo. Pero también hay gente que pasivamente se deja querer...
-Esto lo aprendiste con Austen, ¿no? - contesta Will. Menos mal que no nos estamos viendo las caras.
-Ermmm, precisamente, Will: recuerdo una anécdota sobre comparativas culturales de idiomas, una frase de aquel rey español, Carlos V - bien por Richard y su esfuerzo ímprobo por desviar el mal rollo.
-No la conozco, cuenta! - mi voz suena demasido entusiasta.
-Este rey decía algo así como que... si era necesario hablar
con Dios, usaría el español; si
con amigos, el italiano; en actividades amatorias, por supuesto el francés, y si lo que quisiera es amenazar, el alemán.
-Ahh, sí, sí... yo la conocía distinta: con su caballo hablaba alemán- digo, y todos se ríen. Prueba conseguida.
-No hablo español -dice Isabel- pero al oído me
suena, no sé, ¿más poético, más lírico?
-Bueno, yo no puedo ser objetiva - y me paro un
momento - pero al ser la estructura menos rígida que en inglés, puedes dar matices a una palabra según dónde la pongas en la
frase: esto es un gran recurso en nuestra literatura.
-¿Y en qué idioma piensas? - este es Richard, y
esta pregunta me la han hecho muchas veces.
-Si hablo en inglés, en inglés... sin
acento, eh? - y me río - y... también he recordado algún sueño en
inglés.
-Qué interesante...
- Y por supuesto, hay cosas que puedo decir en un idioma y no en otro, me pasa con ambos. Hay sentimientos o ideas que no tengo en el otro idioma. Y tienes razón, Richard, con lo que dijiste al principio de esto: creo que soy un poco diferente persona cuando hablo uno u otro...
-Total que convendremos que el inglés es más
un idioma de negocios, de ciencia, de tecnología. Ir al punto sin perdernos,
sin desviarnos… -resume Will.
-Y el español es más retórico, lleno de
redundancias...
-Hey, chicos, aquí es! - nos grita
Richard, que se ha adelantado.
Por fin hemos dejado atrás el bosque y estamos en
un claro, arriba en la montaña. Richard está mirando al cielo mientras da
vueltas sobre sí mismo, hasta que se para. Nos
sentamos en el césped, apagamos las linternas. Sigue habiendo ruidos que no identifico, tal vez crujir de árboles. No hay viento, no hace frío. Huele a tomillo, a
espliego. Se ve negro el brezo que de día es violeta. Especie protegida, muy
hermanas Bronte. Will e Isabel abren las mochilas: cuatro vasitos y una botella
de líquido transparente. Era una sorpresa, me habían dicho: un licor de Yorkshire hecho con enebro, de esos que
te quema la garganta. Para ver estas estrellas no hacía falta haber subido
hasta aquí. Ellos se toman cuatro seguidos. Yo me paro al segundo, el efecto es el mismo.
Ahí estamos los cuatro, echados sobre el
césped. Mirando al cielo en una isla no conocida precisamente por sus
observatorios astronómicos. ¿Quién dijo noches de cielos claros? Richard
ha debido leer mi mente:
-Dentro de todo, la costa este que corre paralela a
donde estamos, el Parque Nacional de los Páramos del Norte de Yorkshire, como
sabéis, es de los mejores lugares para ver estrellas. - parece un verdadero profesor. Se hace un silencio, y
sigue- Dicen que en algunas circunstancias, de septiembre a marzo, se
puede ver desde aquí hasta la Aurora Boreal... aunque claro, lo mejor es ir
hacia el norte, a las Shetland. Pero para estrellas, el bosque de Dalby o los acantilados de la costa entre
Saltburn y Scarborough pueden ser una
fiesta: ¿os animaríais a ir otro día?
Nadie contesta. No puedo hablar por los demás, pero
yo estoy tirando a hipnotizada (enebro e inmensidad allá arriba mediante). No quiero pensar en nada, solo que siga hablando. Si este momento tuviera banda sonora sería "Starman".
There's a starman waiting in the sky He'd like to come and meet us But he thinks he'd blow our minds
- Mirad, la galaxia Andrómeda es el objeto más
lejano que se puede ver a simple vista desde los páramos. La doncella
encadenada. Está a dos millones y medio de años luz... ¿veis, parece como unos rayitos así
muy tenues bajo aquella constelación zigzag que es... Casiopea, otra galaxia
espiral, similar a la nuestra, con 300,000 millones de soles y la tira de
planetas.
Richard se para un momento. Casiopea: siempre
me gustó ese nombre, siempre me gustaron los nombres griegos, sus sonoridad:
Cassandra, Calíope, Hipatia, Atenea, Hermiona, que suena un poco como
Mariona...
There's a starman waiting in the sky He's told us not to blow it 'Cause he knows it's all worthwhile
-Sabréis que las lluvias de meteoritos pasan en épocas definidas del año, por ejemplo, las Perseidas en agosto, las Oriónidas en octubre, las Leónidas en noviembre y Gemínidas en diciembre. Pero hoy lo que podemos ver -ya habréis visto alguna, ¿no? - es un montón de estrellas fugaces, causadas por detritus de cometas y asteroides cuando se chocan con la atmósfera terrestre, haciendo que se evaporen.
Había que pedir un deseo, al ver caer una - y
yo he visto millones en los eternos veranos de mi infancia. En aquel pueblo de
vacaciones, por las noches, jugábamos a la goma o al descanso, o lo mejor, a
polis y cacos con linternas por callejones oscuros, e incluso hacia la huerta.
Si me tocaba con la amiga adecuada, que se atrevía a alejarse lo suficiente,
llegábamos hasta el molino y nos echábamos junto al río a mirar el cielo. En la
adolescencia, nos reuníamos en una casa vieja deshabitada, "la peña".
Allí se hablaba, se jugaba al Trivial toda la noche, al póker de dados, se
aprendía a beber y a besar. Yo seguía queriéndome escapar de esas cuatro
paredes para ver las estrellas y sentir lo mismo que siento hoy: que nada
importa, en realidad, tanto.
I had to phone someone so I picked on you Hey, that's far out, so you heard him too
Switch on the TV, we may pick him up on channel two
-Cuando miro al cielo una noche, pienso en cuánto han cambiado las ideas de las personas que lo han mirado décadas, siglos, milenios antes que yo -este es Will, que me ha devuelto con su voz a los páramos, a través de los años y los kilómetros.
-Cierto -dice Richard- la mayoría de las culturas antiguas vieron imágenes en las estrellas del cielo nocturno, pensando que estábamos en el centro del universo. Todo revolvía alrededor de nuestro pequeño planeta: por él ocurría todo, salían y se metían las estrellas. Las más lejanas dibujaban animales, dioses o personas gigantes en el cielo. Eran distintas según las estaciones. Hacían crecer a los animales, traían lluvias, decían a la gente si era bueno cultivar o casarse o matar a los animales. Decidían tu vida.
Ahora estoy en segundo de BUP, en latín con aquella profesora bajita y parlanchina que nos contaba historias de la mitología al final de cada clase. Como que Hefesto creó el escudo de Aquiles, sobre el cual hizo la tierra, el cielo y el mar, el sol y la luna, y todas las constelaciones. O que en el siglo V a.C., ya la mayoría de las constelaciones se habían asociado con mitos, y las estrellas ya no se identificaban simplemente con ciertos dioses o héroes, sino que se percibían como divinas. Recuerdo cuando nos hablaba de Ptolomeo de Alejandría, el primer catalogador de estrellas o de que, aunque usamos sus nombres latinos, los mitos detrás de las constelaciones se remontan a la antigua Grecia. Aquella profesora era una cuentacuentos nata, como lo debían ser aquellos griegos que empezaron a inventarse historias mirando al cielo en las noches de Creta o el Peloponeso.
Look out your window, I can see his light If we can sparkle he may land tonight Don't tell your poppa or he'll get us locked up in fright
-Los planetas. Primero Mercurio, solo 116 días por año; cuando morías, te enseñaba el país de los muertos. Venus, que te hacía enamorarte del primero que pasara por la calle. Marte, el dios de la lucha, joven y loco. Júpiter, el más fuerte de todos los dioses y su padre, Saturno, que controlaba el tiempo...
No sé cuánto tiempo pasa hasta que comienza a hablar de nuevo, he perdido la noción del todo y de todo. Entonces nos cuenta que, hace un par de noches fue el solsticio de verano, la noche más corta del anio. Y yo caigo que, precisamente, esta es la noche de San Juan. Richard habla de la magia asociada al solsticio y yo siento nostalgia (¿se puede tener nostalgia de algo que nunca se ha tenido?) tremenda por la noche de las brujas en una playa. ¿Por qué no fuí a La Lanzada -donde has de nadar siete olas-, aquella vez? Re-escribo: nostalgia de una noche de San Juan en una playa sin nadie: ¿eso existe? Esto son unos páramos perdidos al norte de Europa, pero lo importante: estamos solos. Richard está hablando de Stonhenge, donde se celebra en esta isla el solsticio: hordas -luego, no iré- de hippies abrazando las piedras. Parece que uno de los objetivos de los qu elo construyeron, hace 2500 anios, era crear un reloj o calendario, ya que alinearon las piedras cuidadosamente con los movimientos del sol. Aunque los cambios graduales de la precesión del eje rotacional de la tierra supone que los antiguos no veían el mismo cielo que se ve hoy.
La entonación que ha usado Richard también es
de cuentista, no se la había escuchado antes. No sé, de nuevo, si será el enebro,
pero he sentido que me acunaba, que iba acompasada con el bum-bum de mi
corazón. Luego sabré que lo que ha pasado se llama "pentámetro
yámbico", un tipo de verso muy usado por Shakespeare. Cada uno suele estar compuesto de dos sílabas, no acentuada y acentuada, sin rima, y suena algo así como "da DUM
da DUM da DUM da DUM". Es muy reconfortante: el galope de un caballo, o el
retumbar de tambores de procesión dentro de tu caja torácica. Y así me
encuentro, siguiendo su ritmo con mis dedos sobre el esternón. da DUM da DUM da
DUM. Y Starman, claro.
Ruido de vidrio me devuelve a la noche a ras de
suelo de los páramos. Isabel está sacando la otra botella y aunque es obvio que
no lo necesito, bebo como los demás. Enseguida se ha roto la magia del
espectáculo sobre nuestras cabezas, la mitología en clase de latín, las noches
en el molino a reventar de estrellas fugaces. Todos nos estamos riendo de
un juego de palabras ni tan gracioso: es la fase en la que todo es hilarante. Lo
siguiente es Will aullando, Richard sobre él, pretendiendo reducirle, e
Isabel llenando los vasos de nuevo. El licor es impresentable: ya no hay duda.
Estado liminal, en el límite, en la barrera entre la desinhibición y el intento
de control, gana la primera:
-¿Sabéis una cosa? - les digo. Y ellos paran
el forcejeo y se vuelven a sentar- He empezado a escribir.
Y dejo la frase ahí, a ver qué pasa. Como si
supiera que eso iba a desencadenar algo. Como si no hubiera tenido elección, porque
algo me decía que eso era la llave para abrir cosas. También aquel candado que
alguien me regaló para Navidades. Pero tic-toc, tic-toc, interminables, no sé,
¿cinco segundos? Y solo se oye una lechuza y las ramas y los grillos y
cuando ya es insoportable, Isabel dice:
-¿Por qué? ¿Por qué ahora? - ¿es agresivo, o
me suena solo a mí? Como si la estuviera ofendiendo por algo, como si tuviera
ella el monopolio de la escritura de Banderley.
- Porque este último año ha sido... em, duro. La escritura me habría ayudado a entender por qué ha sido tan
difícil.
-¿Has escrito antes? -pregunta Will.
-Sí, siempre he escrito, pero al llegar a Banderley cometí el error de no seguir. Estaba
sobrepasada por todo, sin tiempo de nada. Bueno... excusas y un error.
-¿Y para quién? - sigue Will. Y se da la
vuelta sobre el césped hacia mí, sujetándose la cabeza con el brazo. Isabel y
Richard siguen de espaldas mirando a las estrellas.
-He escrito muchas cartas, y luego algún texto
suelto para revistas en la uni. El resto, escribía para mí.
-Si no publicas, si no compartes, no eres
escritora - dureza en la voz de Isabel, que no se ha molestado en mirarme.
-Es que yo no quiero ser escritora, yo quiero
escribir - le contesto, incorporándome.
- Tener la valentía de dejarlo ir, que no sea solo tuyo. Que pase a ser de otros, que harán con ello lo que quieran. Y se transformará en otra cosa: de eso va escribir.
-Gracias, Isabel por la breve intro a la filosofía de la escritura -le digo, igual un poco agresivamente- Pero mepregunto por qué cada vez que he sugerido hacer un taller de escritura en Banderley, o se cambia de tema o alguien me quita los carteles.
-¿Estás lista para una historia? -dice Will
-Will... -le reprocha Isabel, que se acaba de
sentar.
-¿Qué pasa? Mariona ya puede saber esto... es
una de los nuestros.
"Gooble Gobble Gooble Gobble We Accept Her We Accept Her One of Us One of Us!".
"She's
one of us, she's one of us", pienso. Otra freak, como ellos. La escena de "La
parada de los monstruos" destierra a Starman de un plumazo. Gooble Gobble Gooble Gobble. Soy una de ellos, una de ellos, una de ellos... caigo de nuevo sobre mi espalda y vaya: a la vez que yo, cae una estrella fugaz.
Sostenía yo en el pasado que el psicoanálisis era una patraña como intervención potencialmente curativa o incluso paliativa, y exhortaba a que se limitara al arte. Pero con el paso del tiempo, para mí ha acabado interfiriendo ya hasta en literatura y/o cine, y he de mirarme obras que incluyen interpretaciones psicoanalíticas con la distancia de quien ve burradas del pasado "que hay que poner en su contexto histórico", e.g. no censuremos "Lo que el viento se llevó", usémoslo para enseñar a los niños de dónde vienen los problemas raciales en los EE.UU. por ejemplo. Me fastidia esta situación -yo era más feliz cuando no pensaba en esto- porque el otro día consideraba si "Rayuela" me gustaría tanto ahora como con 20 (no lo he releído, aparte del maravilloso capítulo 93, que me sigue pareciendo maravilloso), pero al leer hace no mucho “62, modelo para armar”, algunas de sus pedradas psicoanalítico-surrealistas me chirriaron. Pero debo ser yo (no sós vos, Julio, soy shó), que me estoy haciendo mayor.
El surrealismo es, como todo el mundo sabe, una corriente artística y literaria de principios de SXX, según la rae "que intenta sobrepasar lo real impulsando lo irracional y onírico mediante la expresión automática del pensamiento o del subconsciente". En una misma frase, irracional, onírico, subconsciente: amartillo el revólver. Así que ninguna sorpresa cuando André Breton en su "Manifiesto del surrealismo" de 1924, cita al Tío Sigmundcomo una de sus influencias. A partir de ahí, todo es posible: el surrealismo y el psicoanálisis están muy unidos. A ver, en artes plásticas (vs. literatura) no me chirría tanto: el Magritte con la Granny Smith en la cara no me ofende, un teléfono con una langosta, sea, y siempre me han gustado fotógrafos como Man Ray o aquí hablé de la exposición de Dora Maar. Pero en cine, el tema es que además de lo visual, tienes la narrativa, y aquí es donde se me meten los fantasmas de Lacan y Jung y Klein y por supuesto Dr Fraud, y dudo. Uno de los mayores representantes del surrealismo en cine es Luis Buñuel (cómo olvidar la escena de Un perro andaluz (1928) -colaboración con Dalí -con la que siempre me tapo los ojos ) y, por fin estoy llegando al punto que intentaba hacer desde la primera línea: este finde he visto "Viridiana".
Vale, me ha costado dos párrafos, pero es que tenía que introducir mis dudas sobre la narrativa (o más bien interpretaciones del) surrealismo antes de meterme a hablar de "Viridiana", una de esas pelis que una no recuerda si se vio en otra vida. Muchas escenas nos son familiares, tal vez porque han sido usadas repetidamente para ilustrar desde el fetichismo hasta los males del capitalismo y del franquismo. Hay que decir que los simbolismos que usa Buñuel se ven pelín básicos (un gato saltando sobre un ratón, en esta encerrona universal que es esta peli) hoy en día, pero volvamos al contexto, igual no haya que rasgarse las vestiduras al ver que el guionista de "Buñuel y la mesa del rey Salomón" escribió: “Buñuel era un misógino convencido, como todos los surrealistas. Su imaginación era desbordante, pero en lo personal era tremendamente convencional". Le excusa ser hombre de su tiempo? Desde luego no a los misóginos del día de hoy. Al lío:
Cámara, acción: un señor mayor rico pide, vía la Madre Superiora, que su sobrina novicia Viridiana vaya a verle para despedirse. Ella es una rubia tipo las que le gustaban a Hitchcock (otro que le daba también a la imaginería simbólica), pero cándida y muy santa. El tío, Don Jaime, interpretado por Fernando Rey es un absoluto creep y no encuentro palabra exacta para traducirla al castellano: el verbo "to creep" significa trepar, arrastrarse, deslizarse, moverse con lentitud. Algo así como haría una serpiente o un animal untuoso, asqueroso. Creep además en inglés tiene la connotación de que da miedo, "creepy", y exactamente eso es este Don Jaime. El tercer personaje principal representa lo contrario, la falta de represión, es el hijo bastardo que aparece más tarde, Jorge, interpretado por un joven Paco Rabal guapísimo y... qué voz. Pero no hay que esperar a Jorge, cuando Viridiana llega a la mansión, ya empieza el festival surreal.
Uma Thurman en aquella gran escena de Pulp Fiction
Comparte Buñuel su fetichismo de los pies y los zapatos con otros como Berlanga y Tarantino. En Viridiana, los pies están presentes del principio a fin -es más, dicen que filmó setenta planos con pies, algunos eliminados. Hay pies de niñas saltando a la comba, hay pies que caminan, hay pies colgando, Jorge se lava los pies en un barreño, y por supuesto, lo más evidente, está el creep adorando un zapato de tacón fino, y finalmente poniéndoselo. Buñuel decía -en la línea también de Berlanga- que a él estas cosas le interesaban pero no por ello las ponía en práctica: lo veo plausible, cada uno aúpa con sus fantasías sexuales y fetiches, que no tienen porqué ser representados o "performados" luego.
"L'age d'or" (1930): Lya Lys chupa el pie de una estatua
"Yo no soy fetichista del pie, pero en muchas películas mías sale mucho el pie. Algunos críticos me llaman "pedófilo"... Ya desde La edad de oro, donde la protagonista chupaba el dedo gordo del pie de una estatua... Todos somos un poco fetichistas. Aunque algunos exageran... Puedo tener esa obsesión, como la de los insectos... En realidad, los pies y los zapatos, de hombre o de mujer, me dejan indiferente. Me atrae el fetichismo del pie como elemento pintoresco y de humor. La perversión sexual me repugna, pero puede atraerme intelectualmente".
Pero ahí entran los del psicoanálisis y las interpretaciones: que si Buñuel usa el pie / zapato como simbolismo de "un amor que no puede ser consumado". En serio? Tenéis un problema si creéis que vuestra interpretación es lo real (a mí, en otro contexto, me han desmontado una interpretación porque la suya era la "válida"). Sobre todo, tenéis un problema porque no se puede ni podrá demostrar.
Con Berlanga también comparte el interés por el sadomasoquismo (esa imagen de Catherine Deneuve atada en "Belle de Jour"-“Es bella como la muerte y fría como la virtud”, dijo de ella), que no está tal vez demasiado presente en "Viridiana", porque al final este Don Jaime tiene que drogar a Viridiana para poder llevar a cabo otro de los intereses sexuales del director, la necrofilia. Esta escena es de lo más perturbadora (no hay contexto que valga, lo he intentado), y además no es anacrónica: no solo aún pasa el que te puedan echar algo ("spike") en una bebida en un bar, sino simplemente el que estés tan inconsciente tras haber bebido en lo que tú creías era una noche de juerga, que acabes siendo una Viridiana más, sin el vestido de novia ni el glamour de la mansión, en manos de cualquier tío que no ha entendido -o que se pasa por el forro- lo del consentimiento sexual, caballo de batalla de #Metoo, y del que hemos divagado ad nauseaum en este blog.
El creep y su necrofilia
Y no olvidemos otra tercera obsesión: el voyerismo (la criada- con quien el creep se relaciona de una manera despótica, escuece verlo- espía por la mirilla a Viridiana para contárselo al señor). Buñuel explicó que le viene de mirar por los agujeros de las casetas de baño playeras en Donosti (vuelvo a inspirar). Fwd: el otro día escuché con nuevos oídos una canción que nos parecía tan normal en los 80 ("no sé lo que me pasa últimamente/no dejo de espiar a mi vecina de enfrente"), y fwd aún más, por poner una nota positva a este párrafo: por lo menos el "upskirting" (fotografiar desde debajo de la falda a alguien sin su consentimiento) es ahora delito.
Otro de los temas subyacentes de la peli donde abunda la imaginería simbólica es el religioso (para empezar el título toma el nombre de una santa medieval). Buñuel estudió en los jesuitas de Vetusta -no hay más preguntas- y decía que era "ateo por la gracia de Dios". Viridiana se lleva del convento no solo un crucifijo XL, sino también una corona de espinas (que en un punto arde: "simbología al alcance de todos"). Y claro, luegos nos preguntamos porqué los anglosajones piensan que los católicos están todos obsesionados con el sexo y follan como locos impulsados por la represión de siglos. [Nota: en primera escritura, me ha salido "los católicos estamos obsesionados con el sexo" (los actos fallidos), tal vez porque a mí ya me han dicho más de una vez los ingleses aquello de "una vez católico, siempre católico", al explicar que intento que el catolicismo no tenga nada que ver conmigo, que yo soy -ex (tienen hasta expresión, "lapsed catholic")]. Pero divago. Nosotros los divagantes ya sabemos que esta generalización no es cierta, pero quién puede culpar a los extranjeros que se han visto todos los ciclos de Buñuel: en concreto, esta película es un festival del tema que toca todos los tropos del catolicismo: la monja virginal incorruptible, que acaba siendo corrompida (ningún católico me ha dicho que se lo quiera montar con una monja, pero anglosajones, sí), la caridad cristiana con el grupo de indigentes que acaban liándola parda (y dando esa gran imagen de "La última cena", abajo), la culpabilidad sin haber hecho nada malo (y en el caso de Viridiana, intentando redimirse salvando a la panda de mendigos), el otro crucifijo que se convierte en navaja, el pecar solo con la cabeza ("te ofendí solo con el pensamiento", le dice el creep a Viridiana cuando al final no la viola-cómo son estos católicos, pecar solo por no poder sacar al oso blanco de sus mentes).
Al censor le gira 360 la cabeza con esta escena
La peli fue la primera que filmó en Espania Buñuel tras 20 años de exilio en México (en 1961), producida por el marido rico de Silvia Pinel (la actriz que interpreta a Viridiana) junto con la productora española UNINCI (su dirección estaba bajo comunistas como Juan Antonio Bardem). Tras varias aventuras, Viridiana co-ganó Cannes (la única peli española hasta la fecha) pero creían que la poli es tonta, el diario oficial del Vaticano la encontró blasfema y fue censurada (cuando le preguntaron a Buñuel si tenía intención de blasfemar con la peli, lo negó añadiendo "pero el Papa Juan XXIII sabe más de esas cosas que yo", me encanta), y no fue vista en España hasta... 1977. Este tema de las prohibiciones siempre me ha fascinado: no hay nada para ciertas personalidades como que te prohíban ver o leer algo - hasta hay una entrada cuando el divlog era baby -cuando yo aún tenía el don de la capacidad de síntesis, ya perdido y sin solución, parece- dedicada a mi relación con "los libros prohibidos". Pero qué prohibir? Dicen que cuando Franco la vio en pase privado pensó que era "una sucesión de chistes baturros".
Y un par de notas antes de terminar, la primera sobre aspectos formales: la peli, en blanco y negro por supuesto, está tan bien fotografiada que solamente por eso merecía la pena verla. No es fácil iluminar escenas nocturnas: aburrida de ver pelis que se ven fatal. Aquí es fotograma tras fotograma perfecto. Por no hablar del coro del Aleluya del Mesías de Handel de fondo, una maravilla, en particular en las escenas anárquicas y enloquecidas de los mendigos.
La segunda es sobre la desesperanza, el pesimismo que en el fondo recorre la película: hay una escena, basada en una observación de Buñuel, en la que Jorge ve a un perrito atado a una carreta, obligado a correr tras ella y al ser enfrentado a esta crueldad, se lo compra al carretero. Enseguida, la cámara se gira y enfoca a otra carreta con otro perro atado de la misma manera, sufriendo lo mismo. Cual es el punto de salvar a un perro o, igualmente a un grupo de mendigos como intenta hacer Viridiana, si hay tantos en el mundo? Esto da mucho más vértigo existencial que ningún crucifico-navaja o que gente chupando pies: claro que esto, como todo lo importante, se le escapa como siempre al Vaticano. Y a los psicoanalistas, que seguro que lo interpretan como la obsesión de Buñuel por su guapísima madre viuda.
Deberías saber que lo que hiciste hace hoy un año no estuvo bien, Nara: nos rompiste el corazón. Eso sí, tuviste a bien dejarnos a tu fanstasma, al que sigo viendo recorriendo los lugares donde contigo fuimos felices. Aquí en Londinium es Brixton o la ladera de Brockwell Park donde te revolcabas por el césped y por la nieve; en Vetusta es la tirolina, o la terraza o por el canal; en Barcelona hay tantos sitios: en tu esquina de la casa de los Jekes, paseos por El Born donde te sacaban agua en las terrazas, en las tiendas de el Paseo de Gracia y por supuesto, en La Central de Mallorca donde plantabas tu corpachón en el pasillo más transitado, obstaculizando al personal; en Bellver, encontrar por la mañana que te habías subido a dormir a una cama, nadando en las pozas del Salt del Molí, o en cualquiera de los paseos a Pi o a Talló.
Todo el mundo sabe que tú y yo teníamos una conexión especial y todo el mérito fue tuyo: no sé porqué te fijaste en mí. Nada más verme, venías a poner tu cabeza sobre mi pierna, y yo entonces te pasaba mis dedos por la frente, desde los ojitos para atrás y te decía en mi terrible catalán las cosas que aprendí de la Yaya: "petita bonica". Qué felicidad solo recordarlo.
Han pasado muchas cosas este año que no has estado aquí, algunas malas, otras muy muy buenas, que tengo muchas ganas de contarte cuando te vea por ahí - yo estoy atenta. La última vez fue este verano: estábamos en Bellver con los Jekes (sí, los que te tenían secuestrada, tú y yo sabemos que habrías querido venirte conmigo) y aquella noche terminamos, tras un par de jarras de sangría, en una verbena popular. Entonces sonó tu canción, que lo es porque yo no la conocía hasta que Fashion me dijo que eras tú. Y vaya si lo eres, reina: no podemos vivir sin ti.
Yo me quedo para siempre con mi reina y su bandera