9 de abril de 2015

"Justine", el primero de "El cuarteto de Alejandría" de Lawrence Durrell (LZ5)

Un día más de "Resort Life" (es eso "vida"?), paraíso del antropólogo, del ornitólogo, del observador de los tipos humanos... del bloguero.  Pero no solo de tomar el pulso a la realidad vacacional caspa vive el bloguero, así que en el lobby me terminé "Justine", el primer libro de "The quartet of Alexandria", de Lawrence Durrell. "El cuarteto" es una recomendación de Molinos, que lleva meses, si no años, planeando con NáN una relectura conjunta. Yo me he lanzado por mi cuenta, y he atravesado varias fases.

La primera es WOW. Una comienza la novela y parece que está leyendo un libro de aforismos. Durante y al final del divague incluyo algunas de las frases que ilustrará a la perfección lo que quiero decir. Son las sentencias que coleccionaba en mi adolescencia en las carpetas y hoy en día en docus de word (muy desactualizados).  Tal fue la impresión de estos "comprimidos de saber y forma" (esto es un homenaje, que conste), que una noche, sonié que divagaba precisamente esto mismo. 

"The cocktail-party-as the name itself indicates-was originally invented by dogs. They re simply bottom-sniffings raised to the rank of formal ceremonies" (. 140)

"Whenever I enter a school and see a multitude of children, ragged thin and dirty but with their clear eyes and sometimes angelic expression, I am seized with restlessness and terror, as though I saw people drowning" (Tolstoy) (p. 185)

"One is not an ordinary man if one can say things so pointed that they engage the attention and memory of others" (p.171)  
La siguiente fase, o tal vez sea anterior incluso a la anterior, es La Ciudad. Una de las cosas que atrae a alguien como yo (urbanita máxima) es el hecho de que la novela está impregnada por ella, ES la ciudad. Aunque nos narre las historias de cuatro de sus habitantes en un momento de, valga la redundancia, la historia, en realidad es Alejandría, ese lugar mítico, la protagonista. Muchas novelas SON una ciudad: París y "Rayuela", Barcelona y "La verdad sobre el caso Savolta", Dublín y el "Ulises"... Como me apasionan las ciudades, el vivirlas a través de la literatura es algo que me hace dar saltitos. Pero además, si es Alejandría... porque esta es la ciudad de Kavafis, como he contado en este blog ad nauseaum, uno de mis poetas favoritos. Kavafis es "no digas que fue un suenio" y noches cubanas, como decíamos ayer, pero además, sin duda, su Itaka es mi poema favorito. Así que una novela que hace referencia a El Poeta y La Ciudad como esta, tiene ya muchos puntos para gana mi corazoncito. 

"I have had to come so far away from it in order to understand it all! (...) I see at last that none of us is properly to be judged for what happened in the past. It is the city which should be judged though we, its children, must pay the price" (p.17)

Entonces conocemos a Justine, una mujer misteriosa que enamora a los hombres sin esfuerzo. Está casada con Nessim, un egipcio riquísimo, y el narrador relata cómo él cae en sus redes, y los orígenes de ese amor, fascinación, hechizo, enfermedad. Y ahí comienzan mis problemas: no me enamoro de Justine. Estas mujeres que en mi adolescencia me podían también de alguna manera atrapar, hoy las veo como ejemplos de ser "emocionalmente inestable" a lo grande. Escarlata O'Hara? En mis anios tiernos me parecía un ejemplo de arrojo e independencia; de adulta... me parece otra cosa. En una novela tienes que sufrir, querer, amar, odiar a los que por ella pasean... te tienen que IMPORTAR. Y no sé si Justine me importa mucho.

Remontamos cuando el narrador habla del amor y la amistad, me gusta que le haya dedicado tanta reflexión a la complejidad del límite entre ambos: 


"In fact we outrage love, for we have proved the bonds of friendship stronger". (p. 155)

"It was, if you like, the flirtation of minds prematurely exhausted by experience which seemed so much more dangerous than a love founded in sexual atraction". 

Pero como he dicho es ante todo un libro lleno de reflexiones sobre el amor (véase "aforismos"), que son de enmarcar:

"It is hard to fight with ones's heart's desire;  whatever it wishes to get, it purchases at the cost of the soul"

"It is not our brains or instincts that love picks-but our very bones" (p. 89)

Formalmente, entre grandes descripciones y momentos excelsos, combina largos párrafos en los que Durrell me pierde por completo. En un punto, cuando estoy sola y confusa en un desierto, o cuando soy el naúfrago que se está ahogando, voy a la introducción: me pasa solo a mí? Y entonces me encuentro con que Jan Morris dice que la novela está "ornamentalmente sobre-escrita" y que "pocos lectores navegarán algunas de sus partes sin saltárselas". Y como me siento incapaz de dar esos saltos, cuando estoy ya desesperada en alguna de esas partes oscuras, pensando en abandonar, entonces a la siguiente sentada, Durrell me vuelve a subir a la cima con reflexiones tipo

"Prohibitions create the desire they are intended to cure"

"What I most need to do is to record experiences, not in the order in which they took place-for that is history-but in the order in which they first became significant for me". (p.97)

"Guilt always hurries towards its complement, punishment: only there does its satisfaction lies" (p. 121)
 ... que me da combustible para otras 20-30 páginas. Y así, en pura montania rusa llego al final: agonía y éxtasis.

Me quedan tres de los libros del cuarteto que no sé si leeré. Me he quedado como con la serie aquella de Barnes sobre un triángulo amoroso: tras el primer libro (Talking it over) no me dieron ganas de pasar otro libro con esos tres. Ahora he decidido poner "tierra de por medio" con otros libros y decidir más adelante. Pero soy fácil de convencer. Porque con esta frase termina el libro: cómo no derretirse y desear violentamente haberla escrito una misma?

"Does not everything depend on our interpretation of the silence around us?

7 comentarios:

  1. Primero y para que quede claro: Justine es insoportable, dan ganas de abofetearla desde el minuto uno, es intensa, misteriosa, egocéntrica y un coñazo.

    Segundo, no llevamos años planeándolo. Lo planeamos el año pasado. Yo cumplí y Nán se entretuvo con sus cosas. ¿Cómo surgió el plan? Pues porque yo leí El Cuarteto con 19 años y me pareció "sobre escrito", pesado a ratos y tenia continuamente la sensación de que era demasiado joven para entenderlo todo, que me estaba perdiendo algo.

    Me lancé a releerlo tras escribir un post sobre un libro que tengo con la correspondencia entre Durrell y Miller y confieso que me acojonaba aburrirme. Cogi Justine y a pesar de que ella es inaguantable me gustó mucho, aunque coincido contigo en todo.

    Te recomiendo que leas los otros tres, no es una historia contada desde cuatro puntos de vista, es otra cosa. Es la ciudad y ellos pero como si los vieras por un caleidoscopio, son los mismos cristales pero al cambiar de posicón parecen distintos y algunos dejan de verse.

    ResponderEliminar
  2. Aunque soy un chico, nunca me enamoré de Justine.
    Me crucé con ella en una exposición de acuarela y se puso a hablar de grabados.
    Un coñazo.
    ¿ por qué se califica de coñazo algo aburrido y cojonudo a algo divertido ?
    Preciso explicación clara.
    ...
    Me voy a acabar el encargo de Ire, un cuento africano.
    Temo que me aplique un collejón, si no hago la entrega a tiempo.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, quizá se me pasó el arroz de esa relectura casi 50 años después de la primera. Hace dos o tres meses lo reintenté. Me compré el primero porque no lo encontraba en mi biblioteca, pero pasaron dos meses y volví a no encontrar el nuevo ejemplar. Mis librerías son un caos.

    Así que, vistas las cosas cómo están. Creo que con el doc de aforismos apuntados por Di, me conformaré. (Además, en el mail lo encuentro casi todo).

    ResponderEliminar
  4. Te acabo de mandar el cuento por e-milio, Ire.
    Espero le guste al destinatario.

    ResponderEliminar
  5. Es curioso cómo se refleja esto de las cosas de "tener que estar con esa persona" a lo largo del tiempo. ültimamente sale muy poco la figura de la mujer que enamora en los libros que aspiran a ser literatura. Ahora sólo "atraen", y en cuanto te descuidas te sueltan una perorata sobre la evolución y la necesidad de resultar atractiva/o. Lo mismo vale para los hombres. Salimos perdiendo ahora :.(.

    ResponderEliminar
  6. Di, he estado afanosamente buscando una fotografía de Justine, la segunda la segunda esposa de Durrell (Lawrence). Pero, al encontrarla, muy asín misteriosa, o misteriosa-misteriosa, no me ha parecido la Justine, la verdad. Tal vez sea porque se parece mucho a una tía mía, no sé.

    A mí, al verla, más que enamorarme sin esfuerzo me han entrado ganas de pedirle un colacao templadito de los suyos. Ojo, ¡que les daba un puntito (¿la forma de aplastar los grumitos quizás?) que nunca más volví a probar!

    ResponderEliminar

¡Bienvenid@ a DD!

Poniendo aquí tu comentario te arriesgas a que Diva o Di continúen divagando.

Quedas advertid@.

Gracias por divagar.