Miércoles, 25.08.04 Hotel Juárez (México DF)
Teotihuacán o mis disquisiciones con los monumentos "magnificent"
Hoy hemos visitado Teotihuacán. Las pirámides del sol y la luna. Sé que nos había sido recomendado apasionadamente por Cristina, pero yo ya sabía que no iba a ser lo que me iba a llevar en mi retina de México D. F. y alrededores. Es impresionante, una máquina del tiempo que te transporta, pero aun así, no es de lo que yo vaya a escribir un párrafo arrebatado. Me pasa casi siempre lo mismo: el Taj Majal (recomendado apasionadamente este por Rogelio) es también impresionante y bellísimo, pero tendré que hacerme con mi diario de la India para ver que sí, pero no. Lo he visto, y ya está. Sin más. Me gusta, sí, mucho. Pero mi cámara se las encuentra difíciles para hacer salir a tanta belleza fotogénica. (k, 25 ag)
La larga conversación con Raymundo Castillo o de cómo aún queda gente que cree que hay que leer a Marx
Los pedalistas salen después de cenar a tomar algo y eligen la Casa de los Azulejos, un sitio impresionante de esos que abundan en el DF. El Patio de la Infanta de Zaragoza queda en un burdo aprendiz al lado del restaurante en el que pasamos el rato. Mantenemos una conversación sobre el significado y lo que conllevan las propinas, inconscientemente preparándonos para la que se nos venía encima.
Al llegar al hotel y pedir la habitación, está en recepción el mismo tipo gordo de mediana edad que ya conversó brevemente con nosotros el otro día. Hoy, sin embargo, no nos va a dejar escapar tan fácilmente. Nos pregunta por nuestro viaje (tema socorrido que aman los viajeros), y desde el principio queda claro que Raymundo, que así se llama, es un tipo con ideas propias.
Está a punto de cumplir los 50 años, y es ingeniero de sistemas, lo que significa que hace software para las más variopintas multinacionales. Es de Ciudad Juárez, al norte y en su midlife crisis (o sea, crisis de madurez a la que yo le tengo unas ganas…). Cerró su empresa, se cogió a su mujer y a sus dos hijos y se fue seis meses a Europa: a Londres, a Madrid, a Milán, a París, a Praga, a Berlín, a Sevilla, a Roma, a Granada…
Tiene una lista de diez museos a los que quería ir antes de morirse y ya sólo le queda el Hermitage (¿sin hache?) y nos habla del Plan Puebla-Panamá, nos explica porqué los Estados Unidos tienen los días contados, habla del Tratado de Libre Comercio, de las maquiladoras, de Vicente Fox y López Obrador, de los espaldas mojadas y su situación con los yanquis, de que volvió de Europa creyendo que hay alternativas al modelo americanos, de su admiración por Rodríguez Zapatero (¿pero qué habrá hecho ese hombre para que lo quieran tanto?). Raymundo está convencidísimo de que el sistema yanki colapsa en pocos años “porque se está vendiendo tan barato porque compran en China”. Los chinos no devuelven dólares a los EE.UU., mientras que los mexicanos devuelven. Se produce demasiado, la gente de la calle cada vez tiene menos dinero, no podrán comprar, el capitalismo se hunde”. Todo el que haya estudiado algo de economía sabrá de los ciclos y de los sistemas que se agotan, pero lo refrescante de Raymundo es que él lo ve como algo inminente: vamos a ser testigos de la caída del capitalismo. (k & i 30 ag)
itacalog
Despierto a las 7.45, leo, levantamos, desayunamos, internet y en metro y bus a Teotihuacán. Grande, pero no shocking. Volvemos por la tarde, a cenar una ensalada a La Gioconda, luego a leer y escribir aquí. A las diez salimos a la Casa de los Azulejos a echar un pote. Cuando volvemos, hablamos con Raymundo Castillo un buen rato de lo humano y de lo divino, y a las doce y cuarto a la habitación.

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