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15 julio 2026

Los pedalistas y las visas, de nuevo. Ex-Convento de Santa Catalina de Siena, hoy hotelazo. De boda en Oaxaca.


Viernes, 27.08.04 Hotel Posada del Rosario (Oaxaca)

Los pedalistas y su particular relación con las visas: tragedia en varios actos de cómo sobrevivir a la burocracia mexicana ("Solo para envidiosos"-sección ironía con las molestias del viajero)
Por si alguno de nuestros lectores aún no sabe la realidad, habrá que poner ya las cartas sobre la mesa: los pedalistas son un desastre. Ángeles lo sabe, y tendrá que hacer el papeleo de las tasas de su coche allá por noviembre.

También lo saben de buena tinta los empleados de tierra de Gulf Air y los funcionarios de la embajada India de Holborn, Londres. Y es que cuando los pedalistas compraron su billete hará ya dos años con destino Delhi no pensaron nunca en la posibilidad de que la visa no se la hicieran en el aeropuerto. Los pedalistas son seres ingenuos, que viven en la ilusión de que el mundo es un lugar eminentemente bueno donde brilla el sol, y donde la gente te da palmaditas en la espalda, a no ser que sean malos, lo que llevan siempre bigote y a veces parche. Hará cosa de dos años, como digo, los Pedalistas, en pleno proceso de facturación en Heathrow, tuvieron que darse de bruces con la realidad de que el gobierno indio hace pelas a costa de los visados que la gente solicita en su embajada, y solo en su embajada (no hay aeropuerto que valga, véase Marruecos o Tailandia). Así que, resumiendo que es gerundio, estos dos seres indefensos tuvieron que posponer su vuelo un día, y pasar una mañana de sábado sonriendo a un señor con turbante para que les hiciera la visa de urgencia (con la consabida penalización por ser urgente y sábado). Mejor no entrar aquí en cómo intentaron cambiar el destino de su viaje “a cualquiera que no se necesite visa” y mejor no entrar en cómo el sentido común de la azfata de tierra previno mayores males. Esta historia, que les ha servido para recibir todo tipo de calificativos en la Pérfida (“too laid back-horizontal”) y cachondeo (hay q ver a Angeles y Steve cuando volvimos a dormir a su casa aquella noche), no ha servido, sin embargo, para q aprendan la lección: fuera de la soleada Europa, existe un documento llamado visa, cuyo objetivo no puede ser otro q el de sacar pelas y que hay q respetar. O lo peor puede pasar.

Por ejemplo, ser expulsado del país y no poder volver en 5 años. Nuestros héroes ya se vieron en estas hace muchos años más en el metro de Praga, donde una panda de mafiosos descubrieron que no habían picado el billete de metro.

Pero me voy del tema. Centrémonos en el aquí y ahora. Cancún, 5 de la tarde, hora mexicana. Muchas horas de vuelo, despiertos desde las 5:30 am españolas. En el avión rellenan el papel de la visa, en el que dice algo de 180 días. Cuando, despues de mucho rato en la fila, el funcionario de turno escribe el numero 30 en el agujerito de los dias que pueden estar en el país, ellos estan en otra cosa, desde luego, porque es solo 29 días mas tarde, en Patzcuaro, cuando el pedalista detalllista se le ocurre mirar el pasaporte (seguro que por hacer mofa de la foto de su compañera) y ve que tienen visa solo para 1 dia mas. Comienza la tarea de solucionar-problemas, qué van a hacer.

Surgen diversas opciones: la primera es ignorarlo porque probablemente no se den cuenta en aduanas (inocentes, lo primero es que la frontera será Chiapas, zona militarizada por excelencia, la segunda porque el gobierno mexicano, como el indio, hace pelas a costa de esto, como he apuntado). La segunda, es posponerlo e intentar solucionarlo cuando lleguen al DF. 

Y lo intentan, a fe mía, que lo intentan. Pero no es fácil, porque no saben dónde ir: el consulado español ayuda tanto como siempre, sea cual sea el lugar donde se les aproxime. De un departamento los pasan a otro. Les dan incluso el celular de un tipo que a saber quién es. Toni Cano -su contacto periodista del DF- les avisa que les puede costar una “buena multa” en la frontera. Así que deciden ir a inmigración en su siguiente punto: Oaxaca. 

Como en Oaxaca los pedalistas se alojan en uno de los mejores hoteles de la temporada, no se dignan a escrutar el cielo hasta bien avanzada la mañana. No sé si se ha anotado que ese despertar a las 7 am, producto del cambio horario, de las dos primeras semanas ha desaparecido por completo.
Se toman un zumo de naranja, buscan cansinamente la oficina de turismo, y allí les dan la dirección de inmigración, que cierra a la 1 pm, y son… las 12. Se ven obligados a tomar un taxi. No sabemos si puede ser interpretado como una señal, pero el taxista se pierde en un montón de flores. Vamos a la calle Pensamiento, entre la prolongación de Eucalipto y Almendros. El pobre se mete en Begonias, Geranios, Violetas, Azucenas, Prolongación de Jacintos, y los pobres pedalistas ven correr los minutos y saben que nunca saldrán de allí. Medio se tiran del taxi cuando ven un edificio con apariencia de oficial “Oficina de desempleo”, y de allí sale un funcionario que les explica cómo llegar al Pensamiento. Le dan las gracias al taxista, que ya es como de la familia. El buen hombre les ha explicado, entre otras cosas, los secretos de Mezcal, que intentarán escribir en otro documento si el tiempo y sus efectos acompañan.

La oficina de inmigración es un edificio que parece una casa, con una sola planta. A la puerta hay un guarda de seguridad, y una recepcionista, ociosísimos. En la misma salita, al fondo a la izquierda, un señor al que explican su predicamento. Mientras él mira y remira los pasaportes y las famosas tarjetas turísticas, los pedalistas se dan codazos avisándose del cartel que avisa de la multa que se pagará por haber perdido la tarjeta de marras: 420 pesos mexicanos. Ellos habían sopesado el “perderla” como opción. Suspiro: se alegran de estar allí. Entonces, el funcionario levanta la vista y les informa que tienen que renovarla evidentemente, lo que supone 210 pesos del ala y que, atención, tienen que pagar una multa por los días que se excedieron, 4, luego 460 pesos, lo que hace un total de 880 pesos por pedalista, total final 1760 pesos (fanfarria). Puede que estas cifras no digan nada a nuestros lectores, pero háganse a la idea de que cuando uno viaja, el dinero pasa a tener otro valor totalmente distinto al de cuando estás en casa, y sobre todo si estás “on a budget” como los pedalistas. Hoy han pagado por dormir 180 pesos, ayer por cenar 90 pesos. Un hotel de superlujo en México puede valer los 2000 pesos. Por eso no traduciremos a euros o similar, porque cuando uno está en casa, o de viaje de 15 días, no está pensando “por ese dinero podría comer o dormir tantas noches”, pero en esta situación automáticamente se hace. 

Así que la pedalista visceral le dice al hombre que no van a pagar ese dinero, que nadie les dijo que era para un mes y algo más. El funcionario les dice que esperen, y les hace pasar al poco rato a ver al Licenciado Rusbel Enríquez, para servirles. Rusbel lleva una camisa blanca de lino muy mexicana, y un bigote ad hoc. Rusbel está muy serio, y escucha la historia sin pestañear. Cuando por fin habla, se muestra escéptico a que los pedalistas se dieran cuenta hace solo unos días. El pedalista negociador le dice que entonces qué hace aquí, si eso es mentira. Rusbel les avisa contra ir de ilegales por el país, pero ambos le encaran con el hecho de que es mejor perderlo que ir allí, porque la multa es menor. Rusbel se da cuenta de la incoherencia, y ellos le preguntan “¿qué es lo peor que puede pasar si no lo renuevan?”. Rusbel avisa contra la deportación e incluso cárcel. Los pedalistas intentan negociar cuántos días en chirona (no saben las autoridades mexicanas que están tratando con un ex-convicto), y el pobre Rusbel no puede dar crédito a sus oídos. En un punto se empieza a reír, parece que le hace gracia eso de “igual hemos estado en peores sitios que en la cárcel”. El pobre hombre coge el teléfono, y al final viene con un trato: pagan cada uno 180 pesos de multa en lugar de la burrada que pedían antes. Los pedalistas aceptan reluctantes, ya que la idea de la cárcel empezaba a sonar interesante para una crónica de estas, pero estaba el inconveniente de la deportación: si fuera a Guatemala, su próximo destino, sin problema, pero ¿y si los deportan de vuelta a la madre patria? Rusbel les da un millón de formularios que han de pagar en un banco, justificar que tienen dinero para pasar aquí un mes, y hacer fotocopia completa de todas y cada una de las páginas de los pasaportes. Increible. 

Todo esto a contrarreloj, porque para entonces ya es la 1 pm, y ellos cierran, pero “llamen a la puerta que les abriremos”. No aburriremos a los fieles lectores con estos aburridos trámites burocráticos, pero sí con esta bella anécdota final. Como los dos pedalistas tienen la misma cuenta del banco, hay que justificar ese dinero por separado. Rusbel, ni corto ni perezoso, le da un folio en blanco al pedalista detallista y le dice que copie al dictado. ¿Y yo? Pregunta la ingenua pedalista femenil. “No, solo el.” El dictado reza tal que así: “yo, de nacionalidad …bla bla bla…. y pareja de….bla bla bla…… me hago RESPONSABLE de la señorita bla bla bla”. A la pedalista feminista se le ponen los pelos de punta por doble razón: seguro que Mary Woolstonecraft se está revolviendo en su tumba, pero es que además esto es lo más parecido a casarse que probablemente haga en su vida. Los trucos que llegan a usar los hombres para agarrarla a una. (k, 30 ag)

Boda en Oaxaca (léase Uajaca)
Mañana estamos invitados a una boda: Iglesia de Santo Domingo, a las 13:00 horas. Les hemos explicado que somos ateos, que no nos gustan las bodas, que tenemos un vuelo que tomar, pero han insistido. 

¿Cómo nos hemos metido en este berenjenal? Nada buscado. En una plaza de la ciudad, al final de la tarde, vemos un grupo de gente con una banda de música y dos muñecos grandes, como cabezudos (kilikis para los que no entiendan la anterior acepción aragonesa) que son el novio y la novia. Toda la pequeña multitud luce la misma camiseta (“mañana vamos a la boda de la Vero y el Flavio”) junto con un colgante que termina en un tarrito-chupito donde les echan mezcal (la bebida típica de Oaxaca). Paramos a unas señoras madres de familia respetables que van al final de la comitiva, y que al poco rato queda claro que están bajo los efectos de la bebida antes citada. Nos explican amablemente que están celebrando esta boda que tendrá lugar mañana y que esto es muy típico de Oaxaca. Una insiste en que beba mezcal de su tarrito, y al final aparecen 12 mariachis de negro que salen de un coche con cristales tintados, y mientras abrillantan sus armas, sugieren amablemente que vayamos a la boda al día siguiente. Seguiremos informando. (k, 27ag)






Banda sonora de México
Cena en un restaurante italiano en Oaxaca. Entono un mea culpa, pero es la primera vez que vamos a uno que no sea mexicano, por la ensalada más que nada, aunque también hemos comido unos spaguetti a la crema de aguacate (qué buenos, con aceite de oliva, ajo, perejil y aguacate, claro). La banda sonora de fondo era un concierto de Ana Belén, Víctor Manuel y creemos que Pablo Milanes (tal vez algún otro más) y suenan cosas como “Solo le pido a Dios”, “Ay, amor”, “Contamíname”, “Solo pienso en ti”, etc… El segundo mea culpa viene porque yo fui en su día a ese concierto. (k, 27ag)

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itacalog
Despertamos tarde, salimos a desayunar un jugo y a inmigración (en taxi) donde nos dicen que por la broma de la visa tenemos que pagar la friolera de 460 pesos cada uno. Sopesamos seriamente la cárcel y la expatriación. Al final conseguimos que nos reduzcan la multa a 180 pesos cada uno, y dedicamos toda la mañana a gestiones (banco, internet y fotocopias y vuelta a ver al licenciado Rusbel Enríquez). 

Luego tomamos unas sopas en el Mercado 20 de Noviembre y al hotel a descansar un poco. Salimos hacia las seis, a ver un par de iglesias y el Hotel Quinta Real [ex-Convento de Santa Catalina de Siena] que nos encanta. 









Vemos una forma muy especial de celebrar las vísperas de una boda y cenamos en un italiano, bien. Después, de noche, hay mucho joven y volvemos a ver a los de las vísperas bajo los efectos del mezcal. Damos una vuelta, tomamos cerveza y chocolate (Oaxaca tiene tradición de chocolate) y a casa a escribir y leer un poco. (i, 27.08.04)



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