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15 febrero 2010

Besos envenenados

¿Alguien se acuerda de aquella mofeta con acento francés que perseguía en plan "pesao" a su pobre enamorada a los gritos de L'Amour!!!? (el Tayo de la época, persiguiendo a Mini, pero sin el hedor). Pues algo así ha resultado l'amour de estos días pasados, en cada esquina: amor sano, radiante, con final de película de Hollywood.

Por eso quiero hoy hablar de una de las muchas otras versiones del amor. El amor que consume, que arrebata, que no deja razonar, trabajar, funcionar. Que te obsesiona, que te hace mirar el buzón mil veces, que te tiene pendiente del teléfono, que te hace escribir tonterías por la noche que romperás a la mañana siguiente. El amor como enfermedad, amor como veneno, amor como un mal del que hay que huir porque nos está matando. Y es que ya decía Oliver Goldsmith en el siglo XVIII que "la amistad es un comercio desinteresado entre iguales; el amor un intercambio abyecto entre tiranos y esclavos".

Mucho antes, Ovidio en su "Ars amatoria" habla de lo que hay que hacer para conseguir enamorarse y en "Remedia amoris" de lo que hay que hacer para sacudirse uno el hechizo de un amor no correspondido o no conveniente. Pócimas, medicación, brujería... es que el amor es una enfermedad. Y así lo cantaron en la que creo es mi canción favorita de Los Rodriguez...   

 

 A otros, como Sabina, les encanta esto del amor fou, fatal, imposible, sobre todo como contraposición del amor estable, amor de sofá: "porque el amor, cuando no muere mata/porque amores que matan nunca mueren". Para Sabina, el peor veneno es "un amor civilizado con vecina y escena del sofá". Puesto así, ¿quién firmaría contento a la entrada de la institución? (Ref: "El matrimonio es una gran institución. Suponiendo que usted quiera vivir en una institución", Groutxo Marx).

Pero chicas, lo más es tener veneno en la piel: os lo dice una que puede dar fe de sus resultados. Desde Radio Futura todas queremos ser brujas consumadas... Es que la palabra veneno (del latín venēnum) suena bien en tantos idiomas (el "poison" inglés viene de francés antiguo, "poción mágica" y del latín potio), en tantas citas ("Dame veneno para morir o sueños para vivir"- que escribió Gunnar Ekelöf ) e incluso en el cine ("Tu nombre envenena mis sueños", de Pilar Miró que no he visto. ¿Estará a la altura del título?) 

 Y ni la tradición poética se ha librado de la maldición pasión-veneno. Hasta el propio Bécquer escribía: 
Una mujer me ha envenenado el alma, 
otra mujer me ha envenenado el cuerpo; 
ninguna de las dos vino a buscarme, 
yo de ninguna de las dos me quejo. 

Como el mundo es redondo, el mundo rueda. 
Si mañana, rodando, este veneno 
envenena a su vez ¿por qué acusarme? 
¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron? 

Y para terminar, mi favorita: gracias Lope, por tanta pasión. 
Desmayarse, atreverse, estar furioso, 
áspero, tierno, liberal, esquivo, 
alentado, mortal, difunto, vivo, 
leal, traidor, cobarde y animoso; 

no hallar fuera del bien centro y reposo, 
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo, 
enojado, valiente, fugitivo, 
satisfecho, ofendido, receloso; 

huir el rostro al claro desengaño, 
beber veneno por licor suave, 
olvidar el provecho, amar el daño; 
 
creer que el cielo en un infierno cabe, 
dar la vida y el alma a un desengaño, 
esto es amor: quien lo probó lo sabe.

La fuerza del poema todo hace palidecer a los romcoms edulcorados del momento. Al leerlo me dan ganas de escalar tapias por la hiedra, envuelta en mi capa de Cyrano, de no coger aquel avión en el aeropuerto de Casablanca, de que no se acabe ese beso bajo la lluvia con Moonriver de fondo, de ir corriendo hacia Jack Lemmon como la Maclaine al salir del apartamento. 

 Lope nos quita el miedo, nos da alas para huir: por muy malo, por muy calavera, por muy negro que sea su caballo... mezclándonos con la niebla de la noche. Hay muchos que tal vez no me entiendan... pero quien lo probó, lo sabe.

14 febrero 2011

L'amour a lo clásico

Con esto de llevar ya un año de amor (digo, de divlog), una empieza a preguntarse qué escribió hace exactamente doce meses sobre estas fechas. Y hacia mediados de Febrero, cuando todos los supermercados hablan de LOVE, no es dificil imaginar sobre qué estaba divagando.




De todas maneras, le doy al historial y, masoquísticamente, me leo la entrada. La llamé "
Besos envenenados", le colgué unas cuantas canciones, a Lope-de-Vega-esto-es-amor-quien-lo-probó-lo-sabe, y hablé de la manera que más vende (o tal vez sea yo sola?) del amor: pasión, veneno, pócima, descontrol (después de todo, quién se va al cine o se lee un libro de una pareja sentada en el sofá viendo la tele?). Está mal autocitarse, pero lo que buscamos es Cyranos que trepan muros, gente en blanco y negro con sombrero que no cogen aquel avión en el aeropuerto de Casablanca, besos bajo la lluvia con Moonriver de fondo o carreras desesperadas del uno al otro como Lemon/Maclaine al salir del apartamento.

Así que hoy, sabiendo que aquel divague ya está hecho, busco algo diferente, me pongo la túnica y trato de encontrar "El banquete" de Platón, que leí hace un montón de años. No lo encuentro. Me enfado con mis estanterías, escaneo en mi cabeza las de las Vetustas, igual está allí. Desempolvo las carpetas amarillas del explorer, y aquí aparecen unas notas que copié al terminarlo. Que hablan por sí mismas...
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Eros es acompañante y servidor de Afrodita, porque fue engendrado en su fiesta de natalicio y, al mismo tiempo, es por naturaleza amante de lo bello, y Afrodita es bella. Así pues, por ser hijo de Poro (el Recurso, que a su vez es hijo de Metis, la Astucia) y Penia (la pobreza), Eros ha quedado en las siguientes condiciones:


En primer lugar, es siempre pobre, y dista mucho de ser delicado y bello, como cree la mayoria, sino que es duro y flaco, descalzo y sin hogar, duerme siempre en el suelo y sin mantas, acostado al raso en puertas y caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia, por tener la naturaleza de su madre.


Pero, por otro lado, de acuerdo con la indole de su padre, está al acecho de los bellos y de los buenos, y es valeroso, intrépido e impetuoso, cazador formidable, que siempre está urdiendo alguna trama, ávido de conocimiento y fértil en recursos, amante del saber a lo largo de toda su vida, formidable mago, hechicero y sofista.


Y no es por naturaleza ni inmortal ni mortal, sino que unas veces en el mismo dia florece y vive, cuando tiene abundancia de recursos, y otras veces muere, pero vuelve a revivir a causa de la naturaleza de su padre; mas aquello que consigue, siempre se lo va gastando, de suerte que Eros ni carece de recursos nunca ni es tampoco rico, y está, a su vez, en medio de Ia sabiduría y la ignorancia.


Pues ocurre lo siguiente: ninguno de los dioses ama la sabiduria ni desea hacerse sabio (porque ya lo es), ni ama la sabiduria cualquier otro que sea sabio. Por su parte, los ignorantes ni aman la sabiduria ni desean hacerse sabios, pues eso mismo es lo penoso de la ignorancia, el no ser bello ni bueno ni juicioso y creerse uno que lo es suficientemente. Asi, quien no cree estar necesitado de una cosa, no desea aquello que no cree necesitar.(...) es precisamente la sabiduria una de las cosas mas bellas, y Eros es amor respecto de lo bello, de suerte que es forzoso que Eros sea amante de la sabiduria, y, como es amante de la sabiduria, se halla a medio camino entre sabio e ignorante. Y la causa de esto es también su nacimiento, ya que procede de un padre sabio y fértil en recursos, pero de una madre no sabia y carente de ellos. (...). Creiste, según me parece deducir, que Eros era Lo amado, no lo que ama. Por eso, pienso yo, Eros te parecia absolutamente bello, porque lo susceptible de ser amado es lo realmente bello, delicado, perfecto y digno de ser considerado feliz, mientras que lo que ama tiene un carácter diferente, tal como yo to he descrito. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
En la imagen, el Eros de Piccadilly. Así que va por Londinium, las noches estrelladas, la nata con alguna fresa fuera de lugar, las aguas cristalinas desérticas, las palomitas dulces con su compa, los libros maltratados con mucho boli rojo, las olas, los acantilados, Tajabone de fondo, las fotos con la que te ha tocado una varita, su risa, y va por todos mis otros amores. Y por el divagante osado que haya llegado hasta aquí.

02 julio 2010

Corazón tan pretencioso

Como sigo sin internet (ni teléfono!), no me queda otro remedio que colgar un refrito. No suelo escribir crónicas de libros que no me han gustado, pero "Corazón tan blanco" de Javier Marías me dió para uno de esos chats vía email pre-blog con quien me lo recomendó. Además, al final está la crónica del Pedalista (así que hoy "dos por uno"). Disculpadme por no traducir a Auden en su cita sobre croniquear lo no-disfrutado, pero la vida es dura sin conexión...

"Attacking bad books is not only a waste of time but also bad for the character. If I find a book really bad, the only interest I can derive from writing about it has to come from myself, from such display of intelligence, wit and malice as I can contrive. One cannot review a bad book without showing off" (W.H. Auden)

Corazón tan blanco, q no ha logrado robar el mío, tal vez porque aspira a ser tan rojo. Y además es del Madrid. Y eso q lo tenia fácil: con Macbeth one cannot go wrong. A mi Shakespeare me lo pone encarnado, escarlata (el corazón, se entiende). Es mas, en uno de mis múltiples escritos inacabados (no me diagnostiques, ya lo hago yo) uso en un punto justamente alguna metáfora de Macbeth ("Will all great Neptune’s ocean wash this blood/Clean from my hand? No; this my hand will rather/The multitudinous sea incarnadine/Making the green one red") Arghhhhhhhhhhhhhhh. Sus manos manchadas de sangre tras The DEED (q tanto repite Marías) tiñe el mar verde de rojo-rojísimo. Otro hipoputa el bardo, como el gran cronopio, q nos quita a los pobres aprendices de brujos las ganas de escribir.

Marías sin embargo, me da ganas de escribir. Formalmente no me ha aportado casi nada... no hay frases de esas cuya belleza exalta (no sé, "el patio nevado de luna" de Landero, o "cómo se van sucediendo los humores en los alambiques de mi alma" de Martin Gaite, y tantos…), no hay esa intensidad pasional q altera, no sé, Lope ("eso es amor, quien lo probó lo sabe").

Y reitero lo de pretencioso pq Marías cree q lo q le salva son esos largos párrafos pseudofilosóficos en los q elucubra sobre alguno de los grandes temas del libro. Algunas de las reflexiones me han parecido mas o menos interesantes (luego entro), pero para eso yo leo ensayos, no novelas, en las q necesito q la forma me enamore. Vale, he de admitir q las ultimas paginas me han reconciliado un poco pq la manera como cierra el libro es lograda, y empieza a tomar de aquí y de allá, y entonces una brizna q dejo reiteradamente en la pagina 30, 68, 189, y 364 se recoge y tiene sentido. Aunque no salve al libro.

El contenido... bufff. Entremos al trapo, y menudo temita: los secretos. Partamos de la siguiente:

“Todo aquello no era en si mismo un secreto o podía no haberlo sido, pero quizás ya lo era por haberlo callado (…) el secreto no tiene carácter propio, lo determinan la ocultación y el silencio, o la cautela, o tb el olvido, no comentar ni contar pq escuchar es lo mas peligroso y no es evitable, y es solo entonces cuando suceden las cosas, cuando no se relatan, contarlas es espantarlas y ahuyentar los hechos”

Totalmente de acuerdo: contar es ahuyentar, espantar, desmitificar. Por el hecho de callar algo, por pequeño q fuera, le estamos dando una importancia q tal vez no tuvo. Técnica retórica para enganchar al lector: personalización. Quizá llega un momento en el q las cosas quieren ser contadas, ellas mismas, quizás para descansar, quizás para hacerse por fin ficticias. Aquí el amigo Marías vuelve a algo tan viejo como q contar es por definición alterar, manipular, tergiversar, incluso cuando es algo pasivo y no lo intentamos. Pero claro, no has descubierto la rueda: contamos spr nuestra versión, y en cuanto q versión es algo q no corresponde exactamente con lo q seria la versión del otro, y así hasta el infinito. Pq no existe la Verdad, como nos dice, solo versiones de la misma.

Y sigue “Quizá hay q aceptar el engaño, q es parte de la verdad como la verdad del engaño”. Pero el engaño es un proceso activo y no es parte ni siquiera de la versión, o q se lo digan al q lo padece (el engaño, o el secreto). Creo q la versión, aunque sea ficticia y solo una aproximación a la verdad, da siempre libertad al q la recibe. El silencio, la ocultación, incluso para proteger es malo. El desvelar el secreto (o aun mejor, el no darle importancia y nunca ocultarlo, aunque no sea facil hilar una palabra con la otra para describir una situación en la q nos metimos, q desde fuera y a toro pasado, sabemos q no deberíamos), es intrínsecamente liberador para el q lo cuenta, y sobre todo para el q lo recibe. No entiendo a esa gente q dice “si haces tal o cual, prefiero no saber”. Esa gente esta activamente pidiendo q les quiten el control sobre su propia vida, están pidiendo vivir anestesiados, vivir en una mentira, ser esclavos.

Tener la información (perdón, versión) es jodido siempre, pq conlleva decidir, mojarse y tomar las riendas de tu vida. Puede esa persona luego decidir, por ejemplo, matarse como hizo la segunda mujer del padre del protagonista (Ranz). La prefiero muerta por su mano q viva sin saber q su marido mato para estar con ella. Ranz no guardo silencio pq pensaba q ya la tenia, creía q no tenia nada q perder, y ese fue su error (Guarda silencio quien ya tiene algo y puede perderlo, no quien ya lo perdió o esta a punto de ganarlo).

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Aquí va el Pedalista (que no sabe nada de esto..)

Una de las cosas que más me ha llamado la atención del libro ha sido que hasta la página 343 no aparece el nombre del protagonista, o por lo menos, del narrador, ya que es una novela (¿?) coral. La verdad es que no sé si es o no una novela, porque el narrador no habla nunca de sus sentimientos y eso la hace muy fría. Cuando habla de los sentimientos de los demás, lo hace de unos sentimientos intelectualizados y siempre los presupone. Los diálogos no son vivos, no son fluidos, excepto ocasionalmente.

La trama, la percha donde cuelga el vestido de la forma, está muy bien llevada. Todo el libro es la preparación de la explicación de lo que pasa en el primer capítulo, casi en la primera página. En ese sentido la estructura es perfecta y la culminación redonda. Sin embargo uno nunca se siente cercano a esos personajes, no hay afecto entre ellos, todo está demasiado intelectualizado y pensado como para que el libro fluya.

La forma es curiosa. A veces retuerce la sintaxis hasta la exasperación, del lector y de la sintaxis misma, y no sé muy bien cuál es el objetivo. No creo que la irritación, pero nunca se sabe. También repite constantemente expresiones, ideas, frases, comparaciones y metáforas, y lo hace, para mi gusto, tan a menudo que al final uno se aburre. Hay que andar con cuidado con esas cosas, porque el lector puede ser lo suficientemente inteligente como para hacer esas asociaciones por sí mismo, y no digo que a veces no haya que provocarlas, pero abusar de ellas es una forma de llamar tonto al lector, e indirectamente a sí mismo.

El tema de fondo es muy interesante pero la tesis que mantiene durante todo el libro parece que se cae al final. O no. De todas formas, los secretos guardados y los secretos padecidos darían para un ensayo mucho más pasional que esta novela. Ese tema tratado de otra forma podría ser mucho más cercano al lector que lo que lo hace Javier Marías, que siempre conserva mucha distancia y eso transpira por todo el libro.

10 noviembre 2010

"Fuck!!! Ha escrito Fuck!!!"

Este pasado octubre se cumplieron 50 años de famoso juicio en la Old Bailey (Tribunal Central de lo Penal) tras el que terminó la prohibición (que había durado 32 años) de la novela de D.H. Lawrence "Lady Chatterley's lover" (El amante de Lady Chatterley). La novela había sido calificada de "obscena" por los censores por su manera de hablar de sexo de una manera abierta y explícita. De particular susto fue que se escribiera así, tan clara, la palabra "F" y, la terrorífica "C". Hay que ver la cara de cualquier inglés si alguien pronuncia la palabra "CUNT"-coño-, incluso en un contexto relajado, no importa que se esté bajo el efecto de pintas y pintas de cerveza. Es una palabrota tabú como yo creo no tenemos en castellano: por lo menos nunca he visto esa reacción en mi lengua materna, ni con blasfemias, ni con tacos de índole sexual.

Pero divago. El juicio fue simbólico pues representaba la lucha entre el estado censor y la libertad de expresión. El libro ya había sido publicado en Florencia en 1928 de manera privada y en 1929 ya había cinco ediciones piratas recorriendo Europa y Estados Unidos. Es lo que lo que tienen los libros prohibidos, pero no voy a hablar hoy de ellos, porque ya hablé aquí, el divlog recién estrenado. Eran mis libros prohibidos, los de la España de los 80.

De lo que quiero hablar hoy es del libro en cuestión, de la maravilla de novela que nos dejó este hijo de un minero casi analfabeto de las Midlands y de una antigua directora de colegio, en todos los aspectos: su forma y su contenido. El título deja claro que uno de los grandes temas del libro es la represión sexual; y el otro, para quien no lo conozca, es la grieta entre las clases en una sociedad esclerotizada por la tradición, pero en el fondo no tan distinta de la nuestra.

Constance es una de las dos hijas de un matrimonio rico, aunque no aristocrático. Es "demasiado femenina para ser tan lista", la presenta Lawrence. Tiene un padre librepensador, que lo único que desea es que sus hijas sean "libres" y que "se realicen". Para ello, no sólo las inclina al estudio, sino que usa parte de su fortuna en que sus hijas vean el arte de primera mano en Florencia, escuchen lo que es música en Dresden, en fin, esa clase de experiencias iniciáticas, que acaban incluyendo "la experiencia física del amor".

Clifford Chatterley sí que es aristócrata, y "parece tan viejo, hecho de capas y capas de desilusión, creadas generación tras generación". Si ya era virgen cuando marchó al frente, al volver sus heridas le impiden ser el amante que una mujer como Constance necesita. Y entonces aparece Mellors, el guardabosque de sus propiedades. Mellors no es simplemente un rudo hombre del campo, estuvo en el ejército, y se supone que viajó, vió mundo. Reniega de la hipocresía de la sociedad, con frases tan elocuentes como "Folks should do their own fuckin’, then they wouldn’t want to listen to a lot of clatfart about another man’s."

Y no hace falta que siga contando. Desde el punto de vista de Connie, "a woman has to live her life, or live to repent not having lived it", está claro. Pero es que además, cuando una mujer educada con alas en los pies se ve enclaustrada entre aquella sociedad y con aquel marido comienza a tener ideas que mucha gente que sólo ha vivido una relación acaba planteándose: "Was it actually her destiny to go on weaving herself into his life all the rest of her life? Nothing else? (…) But how could she know what she would feel next year? How could one ever know? How could one say YES for years and years?" o "Perphaps the human soul needs excursions, and must not be denied them. But the point ofd an excursion is that you come home again."


Y quién no ha sentido, detrás de su esternón, la fuerza de esta metáfora (que yo encuentro preciosa)? "Inside herself she could feel the humming of passion. Like the after-humming of deep bells". El zumbido, la casi imperceptible vibración de la campana que ha dejado de sonar, partiendo del centro de tu corazón.
Quien lo probó, lo sabe.

Puede parecer así, a simple vista, una historia manida, una aventura de la que la mayoría incluso podría atreverse a lanzar hipótesis sobre su final, pero hay que leerlo: la novela está tan bien escrita, de una manera tan sensible a la vez que tan salvaje (cómo se puede hablar si no de sexo, o por lo menos del sexo que tienen esa pareja de desesperados, con toda la carga de siglos que llevan en las espaldas). La escena en la que follan en la lluvia es gloriosa (y digo "follan", parafraseando a Lawrence, pero también porque es el verbo para explicar lo que hacen. No he soportado nunca el afectadísimo galicismo "hacer el amor"), y por ello la incluí ayer aquí.

Pero es que el libro está lleno de reflexiones con las que absolutamente todo el mundo, aunque no haya tenido una relación apasionada con un amante de otro mundo, de otra esfera social, se puede identificar. Siempre digo que esto es lo que hace a una obra enorme: que sus personajes sean tan de carne y hueso que, en alguna parte de ellos seamos nosotros, y que por ello temblemos con sus decisiones cuando, desde nuestro sofá, las sabemos equivocadas. Aún así, soñaremos con que yerren, porque así es la vida: un erial lleno de errores que a veces nos suben muy alto, pero por los que pagamos luego la caída. Y pese a todo, el "volvería a hacerlo". Porque de eso debe ir esto de estar vivo. "If lack of sex is going to disintegrate you, then go out and have a love affair".

El tema "planteamiento vital" está presente en toda la novela. Evidentemente, de entrada tenemos a una mujer que tiene muy poco que ver con la mayoría de las mujeres de la época. Es feminismo del bueno, del que sugiere que es la independencia económica la única que nos hará siempre y en todo lugar libres a las mujeres: "You can make a break if you wish. You have an independent income, the only thing that never lets you down".

Pero luego además, está el tema de clase, y el tema de que las pasiones nos hacen lo que somos, por ejemplo la compasión ("It is the way that our sympathy flows and recoils that really determines our lives"), el escepticismo sobre la masa ("An individual may emerge from the massess. But the emergence doesn’t alter the mass"), la injusticia de un sistema de clases tan evidente a la razón ("Give me the child of any healthy, normally intelligent man, and I will make a perfectly competent Chatterley of him. It is not who begetsus that matters, but where fate places us"), la visión (ya en esa época) sobre la locura del consumo, de esta sociedad bulímica que engulle y vomita para tener el estómago listo para el siguiente atracón ("That's our civilization and our education: bring up the massess to depend entirely on spending money, and then the money gives out", y "If I could only tell them that living and spending isn’t the same thing! But it’s no good. If only they were educated to live instead of earn and spend).

Ya al final, la genial "Money poisons you when you've got it, and starves you when you haven't" (El dinero te envenena si lo tienes, te mata de hambre si no lo tienes"). Como envenenó a Clifford Chatterley por generaciones, y como mató poco a poco a familias de mineros que dejaron sus pulmones bajo tierra, como el padre del propio Lawrence.

Eso sí, lo verdaderamente escandaloso es que Lawrence escribió "FUCK".

20 diciembre 2021

"Gente Normal" ("Normal People") de Sally Rooney. Cuidado: Propaganda marxista!

Nos gusta la tirolina en Vetusta
No tenía ninguna intención de leer a Sally Rooney, pero un día, mirando el periódico -tampoco tú habrás escapado a la promoción de su tercera novela-, caí de rebote en un titular del Daily Hell (de rebote, eh? - cada uno leemos lo que nos confirma en nuestra ideología, no se me echen al cuello por flirtear con ese panfleto tory) que me fascinó:
"La ultra-izquierdista Sally Rooney salpicó sus novelas con ideas comunistas". Yo ya sabía que la historia de amor de "Normal People" ocurre entre dos personajes de distinta clase social, pero lo de la propaganda comunista, que ella se defina abiertamente como marxista y las buenas críticas por su nivel literario es lo que me ha traído hasta aquí: a la página en blanco de blogger. Ahí voy.

Nota: Tal vez esto ya haya dejado de ser un blog, que tienen su propia etiqueta (como la de extensión razonable, no superior a las tres mil palabras- a menos que seas Dominique Cummings con sus diez mil) y haya pasado a convertirse en tesinasbaratas.com. Entono un mea culpa pero en mi defensa diré que he puesto títulos a modo de boyas para náufragos, y que cuando se llega a la playa, se está muy bien. Ahora sí, ahí vamos.


Sally Rooney: "No vine aquí para hacer amigos"

Rooney: Se la suda caerte bien
Roon
ey es una irlandesa de 30 años que ha publicado tres novelas y que no hace ningún esfuerzo por "caer bien". Desde la foto de la contratapa te mira medio seria, medio arrogante, medio llevando el peso del universo sobre los hombros (así de aburridos son los marxistas): no es la imagen de la chispa de la vida. En las entrevistas es lo mismo: se queja del "infierno de la fama" con gestos de claro hastío (veo al pobre fotógrafo diciéndole eso de “sé tú misma”, y ella con ese “pout”, haciendo pucheros). Pero cuando una lee la letra pequeña puede entender que la invasión de la prensa en su vida privada (¿cuánto hay de tus protas en ti?) y la de los odiadores-profesionales (rojaaa, feminaziiii) la han dejado exhausta.

¿Y cómo ha llegado hasta aquí? Hija de técnico de telefónica y de maestra, ambos socialistas. En su casa se hablaba de política en las cenas. Estudió literatura en  el Trinity College en Dublín. Fue "campeona de debate", de lo que se aburrió cuando llegó a ser la mejor.

Se nota que es lista, de esa manera effortless (sin esforzarse). Habrá gente que lea "Normal people" y, de tan sin esforzarse, creerá que es solo una historia de amor. Mi contratapa dice que es "una historia de fascinación mutua, amistad y amor" - yo diría que es más que eso.

¿Trama, quién quiere trama?
Stephen King -véase el divague de ayer- ya está tomándose las sales porque en “Normal People” no hay demasiada historia, no pasa mucho. Connell y Marianne están estudiando en el mismo instituto público de una vetusta cualquiera en el noroeste de Irlanda. Marianne es hija de una familia de clase media (atención, eufemismo: en la cultura anglosajona, "clase media" es "clase media-alta") y Connell de clase trabajadora. La madre de Marianne es abogada y Connell es hijo de madre soltera. Ambos padres están ausentes: al de Connell nunca se le conoció y el de Marianne falleció. Para ganarse la vida, entre otras cosas, la madre de Connell limpia la enorme casa de la madre de Marianne. Connell come patatas fritas de bolsa de sabor “sal y vinagre” y ella paquetes de fruta deshidratada orgánica.

¿Por qué estarías dispuesto a perder tu "capital social"?
En el instituto, Connell tiene enorme capital social: muchos amigos, es bueno al fútbol, guapo, liga sin parar, todo el mundo le conoce. Marianne, sin embargo, está en números rojos: no tiene amigos, no es físicamente atractiva, es "la rara", una paria. Ser amigo de Marianne en público supondría pérdida automática de estatus y tal vez la exclusión del grupo.

Connell habla con Marianne cuando va a buscar a su madre, que está con guantes amarillos frotando alguna superficie – con suerte no el baño. Así comienzan una amistad escondida, que ella acepta sin ni siquiera plantearse que podría ser de otra manera porque, como veremos durante la novela, la autoestima no es su punto fuerte. Connell se da cuenta de que ella es profundamente libre, no como él, que vive a expensas del que dirán, pero eso no cambia las cosas de cara a la galería.

La orquídea que me cargué, "enderezándola"

Esta amistad pronto comienza a salpicarse con encuentros sexuales, que son los únicos para la solitaria Marianne pero que se convierten en los Únicos para Connell, no en el sentido exclusividad: Únicos con mayúscula. Me encanta cuando Rooney describe una de sus conversaciones después del sexo, en las que él se atreve a formular en palabras cosas que nunca había hecho antes, hablan sobre sus vidas, las cosas que les importan, las novelas que él lee, la investigación que ella hace, lo que pasa en el mundo, y todo eso con la conciencia de que dentro de un rato volverán a hacerlo y que eso hace la conversación mucho mejor, y el sexo también mucho mejor. “La mayoría de la gente pasan por la vida sin nunca sentirse así de cercanos con nadie”.   Eso es algo que los rollos de una noche, novedosos y emocionantes, nunca podrán dar. 

Nota: Gran polémica con el contenido sexual en la serie de la BBC sobre la novela. No la he visto, pero desde luego en la novela la frecuencia sexual es normal, solo ahí para que quede claro que hay entre ellos una conexión especial que es comunicación y es magia y un componente clave de su tira-y-afloja durante los años. Porque, aunque luego tengan otras relaciones -algunas incluso funcionales, en el caso de él- ninguna llega a ese nivel. Como diría Lope, "quien lo probó, lo sabe". Y hay gente que no lo prueba nunca.

El momento en el que decides la persona que vas a ser
Al terminar secundaria, no hay duda sobre lo que va a hacer Marianne - lo que hacen todas las Mariannes del mundo: ir a Dublín a estudiar a la prestigiosa Trinity College. Pero ante Connell se abre algo mucho más incierto y terrorífico: decidir qué clase de persona va a ser.

Puede quedarse a estudiar en una universidad cercana o ir a Trinity, que es lo que quiere Marianne. Si se queda en la universidad de su vetusta, seguirá manteniendo su grupo de amigos, se sacará un título normal, tendrá una buena chica como novia y la gente pensará que le ha ido muy bien en la vida. En Trinity, acabará en cenas con gente que hablan de política internacional, tendrá sexo con chicas que terminan siendo bisexuales y nunca volverá a Vetusta, donde la gente se olvidará de él y “el viejo Connell, el que la gente ahora conoce estaría muerto de alguna manera, o peor, enterrado vivo y gritando bajo tierra”. Muchas veces pienso que las decisiones que tomamos en la década de los 20 son para la mayor parte de la gente las más decisivas de tu vida porque, como en el caso de Connell, van a perfilar la clase de persona que vas a ser.

Y tú que creías que ibas a ser cool para siempre
Por fin, ambos desembarcan en Dublín, donde Connell estudia literatura, que “ni siquiera es una carrera con la que puedas luego encontrar un trabajo” (los hijos de la clase trabajadora estudian carreras prácticas, como derecho o medicina, no arte o filología), pero a él la literatura “le mueve”, siente lo que su profe llama “el placer de ser tocado por el Gran Arte”. Connell se plantea cosas que me interesan como que “la misma imaginación que usa como lector es necesaria para entender a la gente real y también para llegar a la intimidad con ellos”. Sé que Connell ha sido un cobarde para con Marianne en el insti, pero es el personaje con el que yo  me identifico. Y creo que Rooney también.

Enseguida se da cuenta de la tremenda grieta entre él, que estudia, que lee, que prepara sus clases, y los estudiantes de la clase media-alta (llamémoslos “white-collar”) que aparecen en clase sin haber preparado nada, pero con su auto-confianza secular no se preocupan por esto, o porparecer creídos o ignorantes. Las conversaciones son abstractas, carentes de detalle… “van a la universidad cada día a tener debates acalorados sobre libros que no han leído”. Esa gente que, dentro de su mediocridad, nunca tendrán ningún problema para encontrar trabajo porque luego “se ayudan entre ellos”, así son los ricos: hoy por ti, mañana por mí. Connell sufre un ataque de la típica desconfianza en uno mismo de los blue-collar (gente de clase trabajadora) entre los sobre-confiados white-collar. A veces se siente tan mal que piensa que su personalidad “es algo externo a él, manejado por las opiniones de otros”.

Connell va a presentaciones de libros, y otros eventos, y este párrafo expresa de una manera muy bonita aquello de la cultura como una representación más de clase social (¿ya hablamos del “Distinción” de Bourdieu no?):

“He knows that a lot of the literary people in college see books primarily as a way of appearing cultured. When someone mentioned the austerity protests that night in the Stag’s Head, Sadie threw her hands up and said: Not politics, please! Connell’s initial assessment of the reading was not disproven. It was culture as class performance, literature fetishized for its ability to take educated people on false emotional journeys, so that they might afterwards feel superior to the uneducated people whose emotional journeys they liked to read about. Even if the writer himself was a good person, and even if his book really was insightful, all books were ultimately marketed as status symbols, and all writers participated to some degree in this marketing. Presumably this was how the industry made money.”

Connell carece del “capital cultural” de Marianne y en Trinity, el tablero cambia. Marianne, de origen social parecido al resto en Trinity, encaja perfectamente cuando sus opiniones cuentan e importan en los foros de la intelligentsia.

Eres muy antigua, Di, esto no pasa en la vida real
Este desclasamiento de Connell me parece uno de los temas más interesantes de la novela. Habrá gente a la que esto pase desapercibido, y luego los que aseguren que esto ya no pasa hoy en día y que los que aún creemos en la existencia de las clases sociales estamos pasados de moda – este es el discurso de gente de la clase media-alta de toda la vida, o bien los que han saltado de clase y han olvidado sus orígenes.

Tengo un par de historias que, como esto es un blog personal y no The Londinium Review of Books voy a contar (pero existe el scroll, para eso he puesto títulos), es mi pequeña sección de agit-prop (en la que una vez más, echaré de menos a NáN). La historia primera ocurre en el Reino Unido y viene de primera mano de un compa de trabajo blanco inglés que no es que venga de la clase obrera manual (los “blue-collar” antes citados)), pero sí de una familia de padres sin educación universitaria ni dinero-de-toda-la-vida. El terminó en Cambridge (vía una “Grammar School”, coles públicos de secundaria selectivos según resultados académicos, -no el bolsillo de tus papis, que es el sistema actual-, que existían en UK en los 80.) y me ha contado experiencias de inseguridad y “no pertenecer” muy similares a las que he descrito de Connell.

La segunda ocurre en la infame univetusta: en mi facultad había un grupo, los “hijos de-” de la profesión que nos ocupa, que eran amigos de antes entre ellos, les conocían de antes los profesores y luego, se casaron entre ellos. Y aquí es cuando se pone todo shakespeariano con la tierna historia de amor de un chico de barrio enamorado de la hija de una saga de generaciones al que los amigos le decían “olvídate, no estás en su liga”. Y atención: la liga no era que ella estaba demasiado buena, como solemos pensar cuando se habla de “estas ligas”, sino la otra liga, la del estatus.  Oh, hace 30 años de eso, Di, qué rollo eres… pero puedo seguir con historias del rabioso presente en los coles de UK, donde las cosas son mucho más sutiles en las formas, pero si rascas, no hay nada nuevo bajo el sol.

La fina línea entre ser snob y tener limitadas habilidades sociales
Así que en este punto de la novela (y del divague… ¿terminaré en algún momento?) tenemos a Marianne y Connell en Trinity, cada uno con sus nuevas percepciones de sí mismos, haciendo las cosas que se hacen en la universidad, incluyendo distintas relaciones. Porque ellos nunca han sido oficialmente pareja y no es que esta relación “no pueda ser” por la diferencia social entre ellos - ella no tiene buena relación con su familia, así que no es esa situación de “no estarás saliendo con el hijo de la limpiadora” – sino por razones más complejas que a mí, personalmente, me han parecido menos interesantes que el que se explorase la grieta social, que la hubieran hecho aún más marxista (Daily Hell: podría haber sido peor).

Para explicarlas, habrá que entender quién es Marianne, y aquí va la visión de ella de otro personaje, Helen, la novia de Connell, una buena chica estudiante de medicina con quien Connell tiene una relación saludable y funcional. Helen intenta ser agradable, por ejemplo, elogiando su pelo, pero Marianne tras un gracias apresurado vuelve a su “tema profundo” (pongamos la situación palestina) de turno, resultando casi un poco autista. Helen la define como “self-absorbed” (totalmente centrada en sí misma) y “attention-seeking” (que busca atención).

- “Pero no es una snob, le interesan de verdad esas cosas, en el cole ya era así”, le dice Connell.

- “Parece la típica estudiante de arte, seguro q te parece super-chic” (…). “Está todo el rato flirteando con diez tíos a la vez, buscando su aprobación” – es la conclusión de Helen. Y Connell se da cuenta que Helen es la que le conviene, con ella se siente seguro, es leal, es buena, saca lo mejor de él, con ella no se siente nunca avergonzado ni dice cosas raras durante el sexo. Pero, ay, si fuera tan fácil como querer lo que nos conviene…

Marianne, en lugar de entablar relaciones con buenos chicos que le convienen, se lía con auténticos gilipollas, pijos de libro de texto que presumen de loquesea sin darse cuenta de que todos saben que es una fanfarronada. Uno de ellos es “the most effortlessly confident person that Connell has met. Nada es un reto para él. No parece que tenga capacidad para ningún conflicto interior”. Este tipo es el primero de un patrón de novios de lo menos edificante, que son la contraposición de Connell.

Barata formulación psicoanalítica de Marianne

Y esta es la parte de la novela que me sobra.

Marianne viene de una familia en la que fue víctima de abuso físico por parte de su padre y de su hermano. Esto es formulado como la causa de su falta de autoestima y como la razón por la que ella no puede permitirse una relación con alguien que la trataría bien como Connell.

Según Rooney, Marianne, en esa cuesta abajo y sin frenos del auto-odio y auto-desprecio termina no solo en relaciones con gilipollas, sino que los tíos le pegan, humillan y sexualmente viene siendo clásico sado-masoquismo. Personalmente, me parece simplista la relación causa-efecto “mi padre me pegaba, busco ahora a novios que me pegan”. Porque soy horrible, no me quiero nada, lo merezco, es lo que he conocido… o cualquier otra razón de chamán psicoanalista. Sí me interesa, desde el punto de vista de la psicología, por qué la gente elige (¿o termina en?) relaciones sado-masoquistas. Querría saber qué compleja combinación de biología y ambiente te llevan a querer obedecer a alguien que te manda comer comida de perro de un bol (uno de los relatos más perturbadores que le leído nunca está en “Ventajas de viajar en tren” de Antonio Orejudo, sobre una mujer que se acaba convirtiendo en “el perro de su dueño”) o similar. Lo del dolor se podría explicar porque terminaciones sensoriales de placer y dolor sean las mismas pero la formulación “todos los que se expresan con masoquismo fueron traumatizados en la infancia" no es la explicación siempre y en todos los casos. Pero la investigación es parca en respuestas.

Mi debilidad: cuando hablan de escribir
Llega el verano y cada uno hace de nuevo lo esperado: Helen se va de prácticas a un hospital en los EE.UU., Connell hace inter-rail con dos amigos y Marianne está en la casa de su familia en Trieste con una amiga y su novio abusivo de turno.

Esta parte sobre su correspondencia me encanta. Connell escribe a su novia terminando con “te quieros” sin complicaciones ni conflicto, y a Marianne, emails cada vez más largos, que lee y relee antes de enviar. Le escribe sobre las ciudades por las que pasa, sobre su experiencia de escribir - atrapar sus experiencias en palabras, sobre que estaba escribiendo relatos. Y Marianne: los quiere leer, porque “si son tan buenos como tus emails, serán estupendos”. Y Connell: “No son tan buenos como mis emails”. El contenido de sus emails es diferente: ella quiere saber sus opiniones sobre las cosas, tiene curiosidad por su vida y su visión de algo cuando ella tiene un conflicto. El, sin embargo, escribe sobre que está de su lado, que sufre con ella si ella sufre, que la entiende y empatiza.

Queríamos (aún más) marxismo, Daily Hell
Cuando terminan la carrera, a ambos les dan una beca de postgrado, que para Connell significa tener ingresos fuera de trabajar en vacaciones, poder seguir viviendo en Dublín y para Marianne es simplemente una cuestión de prestigio, porque no tiene ni idea del valor del dinero, ni de lo que cuestan las cosas, un chute para su autoestima que le confirma lo que siempre sabía de todas formas, lo que estos pijos saben de todas formas: que son especiales.

Porque Marianne nunca había “visitado el país del trabajo remunerado, en el que se cambiaban bloques de su extremadamente limitado tiempo en la tierra por esa invención llamada dinero. (..). El tiempo es pura física, el dinero es un constructo social”. Y una de sus amigas, que tiene que trabajar le dice que “ella también está viva mientras trabaja, viviendo experiencias. Tú no estás trabajando, pero el tiempo también pasa para ti. No lo tendrás de vuelta”. Marianne no compra la moralidad del trabajo.  

Y no es hasta la página 173 (de 266) cuando Marianne y Connell hablan de que la madre de Connell limpiaba su casa, y Connell le pregunta si no le considera “su amigo de clase trabajadora”, como quien tiene un amigo gay, y uno negro. Otra excentricidad. “Supongo que venimos de unos pasados muy diferentes, en el aspecto de clase”, le dice él, y Marianne contesta: “No pienso mucho en ello”. Claro.

Me gusta su sutileza y me descubro ante el Daily Hell, que ha llegado hasta esta página y realizado la importante labor social de alertar a la población de los peligros de esta propaganda comunista y bolivariana.

Donde -tranquis -no se cuenta el final
Ya he dicho que esta es una novela donde no pasan muchas cosas, y como siempre, lo que hará que te mueva es que “te pasen cosas a ti leyéndola”. Qué me ha pasado a mí? Iba pensando, subrayando, anotando temas que a mí personalmente me llegaban. Sufría con ellos [“Connell felt a pleasurable sorrow come over him, which brought him close to tears. Moments of emotional pain arrived like this, meaningless or at least indecipherable”], envidiaba formalmente algunas frases [“sentir un alivio tan grande que era casi como pánico”, “una voz lo suficientemente falsa como para sonar sincera”], me venía arriba con ellos [“No soy una persona religiosa, pero a veces creo que Dios te hizo para mí”] y a medida que avanzaba sentía un deja-vú sobre, para mí, El Tema de La la land.

Y lo que pasa al final, en el último párrafo, me llegó tan de sorpresa, tan sin esperarlo (esperaba un final de esos modernos abiertos, vagos) que cerré el libro y por primera vez me puse a llorar, con lágrimas y ruido, como si estuviera sola en casa-que lo estaba. Es un final tan triste, tan bonito, tan perfecto, y tan imposible de explicar para quien no lo lleve dentro, que solo lo puedo resumir con una frase que no es mía, sino de Gloria Fuertes que dice:

"Amar es llevar a quien amas a donde quiere ir"


12 septiembre 2013

El "arte" de la seducción: Tu técnica eres tú

Pili y Mili son dos chicas que a un observador externo le podrían parecer parecidas: ambas llevan una melena más o menos lisa, ambas tienen los ojos claros, ambas trabajan en una oficina en plan abierto. En la misma ciudad, o hemisferio, eso no nos importa, pero sí que, socioculturalmente han sido expuestas a los mismos estímulos y experiencias. Pili y Mili no se conocen pero ambas atraviesan por ese estado de gracia que ocasionalmente azota a los mortales: el enamoramiento.

El objeto de esa obsesión, en ambos casos, es un compañero que se sienta a 45 y 63 grados de su escritorio, respectivamente. El de Pili es un morenazo de ojos negros y pestañas rizadas que, de tan guapo -Pili cuenta en su estado delusional (qué es el amour sino una delusion)-  los primeros días casi evitaba por aquello de lo que escocía el contacto visual directo. El de Mili es castaño claro y juega al rugby, está tan cuadrado, -cuenta Mili en sus estado delusionnal etc-, que de verlo le dan calores.

En la ofi hay muchas ocasiones para el "intercambio de impresiones", dejémoslo así. Ni Pili ni Mili están en el mismo equipo que sus ojazos y cuadrado, pero comparten departamento. En la fauna del plan-abierto moderno, hay diversas actitudes para obtener lo que se requiere (ese informe, ese formulario): hay gente que opta por plantarse físicamente delante de tu mesa con los brazos cruzados, otros se sientan en la esquinita y otros envian emails, aunque estés a metro y medio. Y no, así-llamados-especialistas, dejen de diagnosticar, no tienen porqué estar en algún punto del espectro autista, lo que ustedes no saben es que el email abre todo un mundo en esto del ligoteo. Por no hablar del resto de "las redes sociales", a saber lo que será esto. Hay gente que, oiga, está ahí todo el día y, llámenme antigua, pero yo es que pensaba que la gente, cuando no esta "conectada" o subiendo "updates" estaba viviendo la vida real (lo que antes era La Vida Loca, vaya), y que los que están ahí mirando y colgando y contestando son los grises, los fijos, esa cosa. Y además, me cuentan,  paradojas de la vida, las cosas que la gente comparte con su así-llamado teléfono inteligente, tienden a ser bastante tontas. Pero no si se está en la fase ligoteo antes mencionada, en la que hay que ser ingenioso, ocurrente, y gracioso. Vaya, enseñar la plumas. 

Pero divago. Todo esto para decir que tanto Pili como Mili tienen una relación epistolar (hoy en día, emails y whatupsups) de lo más interesante con sus chicos. Todo empieza, inocentemente, pidiendo un infome, datos, o lo que sea. El otro contesta y luego las gracias, y a la semana, sin darse uno cuenta, ya hay entre líneas. Lo divertido que es ligar por mail. Quien lo probó, lo sabe (gracias Lope). La cosa va in crescendo, ya Pili y Mili se despiden para el terrible y larguísimo fin de semana esperando ávidas a que llegue el lunes.

Que, por fin, llega. Pili y Mili vuelven a la oficina hechas dos pinceles: Pili intenta que no se note mucho; Mili ya pasa de todo. Los chicos están allí, cuadrado más moreno, habrá estado entrenando con el solazo que hacía, y ojazos más sonriente. Empiezan a disparar emails. Pili y Mili sienten el corazón saltando. La cosa va cuesta abajo y sin frenos, los emails cada vez son más frecuentes y llega la cena de despedida antes de las vacaciones. 

Oscar Wilde decía aquello de "el suspense es terrible, espero que dure", y lo de "la incertidumbre es encantadora, la bruma hace a las cosas maravillosas". Pues bien, ni Pili ni Mili parecen haber leído a Wilde. El hecho de que Mili se diera unos besos con el cuadrado cruzando el puente antes de que a él le entraran prisas, y que Pili lo hiciera en aquella discoteca donde se acabó la noche, da un giro a ambas relaciones. El sábado por la mañana, ambas tienen un mensaje: les ha encantado, son muy majas, grandes amigas con algo más, desde luego, pero ninguno de los dos está listo para una relación. No es nada personal. Sin acritud.

Mili pasa todo el fin de semana dándole vueltas. Cómo es posible? Ella había cofirmado y no, no se le conoce pareja. Tampoco es gay. Por qué, entonces, el juego de email? Que ella sepa no lo tiene con nadie más de la oficina. Qué puede este NO querer significar? Se va a rendir ella? Pues menuda es Mili... no me conoce.

Pili pasa todo el finde dándole vueltas. Cómo es posible? Ella había confirmado y no, no se le conoce pareja. Tampoco es gay. Por qué, entonces, el juego de email? Bueno, él tiene razón, era divertido. Toma y daca, a ver quien es más ingenioso. Un masaje de egos. Compartir referencias. Todo bien. Qué puede este NO querer significar? Pues eso, que NO. No significaba nada mas para él y ella, como una idiota, se ha flipado. De hecho, qué plasta, se ha colgado como una gilipollas por el ojazos de la oficina. "Y yo allí con mi flor como un gilipollas, madre", piensa. Qué verguenza.




Menos mal que están las vacaciones de por medio. A primeros de Septiembre, Pili y MIli vuelven a sus respectivas oficinas. Pili ha traído alfajores de Argentina, estuvo en Buenos Aires con una amiga. Pasa por ahí ojazos, le saluda correctamente y sigue hablando con el resto. Se come las entrañas porque ojazos esta aún más guapo que en primavera, y auqnue creía que el verano le iba a hacer bien en esto del olvido... va a ser más difícil de lo previsto.

 Mili estuvo en el campeonateo internacional de rugby, que total estaba cerca de donde pensaba ir de todas formas. En Gales, les ha traído unos dulces con forma de puerro (símbolo nacional). No logró ver a cuadraddo, pero por si acaso. Entonces le maileó, y le envió whatsups. También textos. Y comentó en su blog (de rugby, sí). El primer día de trabajo Mili le deja un dulce especial para él encima de su mesa (con forma de puerro).

Otoño. Ojazos mira su email interesado cuando le llega un mensaje de Pili, siempre correcto y aséptico. Echa de menos las bromas y los entrelíneas de antes. Pili cada día esta más interesante. Recuerda vagamente que besaba bien.

Cuadrado le ha dicho mil veces a Mili que no está listo para comprometerse y demás zarandajas. Mili insiste. Claro que sí, le dicen sus amigas, en el amor como en la guerra! Todos dicen lo mismo:  A por él! Sigue mandando emails, el-que-lo-sigue-lo-consigue. Y dice "él me mira a los ojos y me dice que no me quiere, pero yo sé que sí".

Pili se ha apuntado a un curso de escritura creativa. Pero no por ello se ha salido de lo estrictamente profesional en los emails a ojazos, y ha ignorado -mordiéndose el labio inferior- sus pequeños juegos de palabras. Que estaría muy bien seguir con eso, piensa Pili, si yo no hubiera sido tan tonta de colgarme. 

Mili va al ginmasio cada tarde. Y cada mañana se debe levantar al alba, porque parece que va a una boda en lugar de a la oficina. 

                                                                       ****

Navidad. Es la fiesta de la oficina. Canapés, vino y todo el mundo allí. Ya cierran. La chica que para un taxi sola es Pili. La que sale del brazo de un jugador de rugby aficionado se llama Mili.




21 marzo 2021

Serial 27. Oversleep. Cuida con lo que deseas. Medea y el libre albedrío.

Hoy me he dormido. Desde que estoy en Marcé, con las depresivas y psicóticas postparto, sus bebés, y las encantadoras enfermeras, me he debido tranquilizar -cuando estaba en Kraepelin me despertaba a las cinco de la mañana, qué espanto. Igual porque aún no he conocido a Steen, que no vino durante mis primeros días -"está en enlace en Whitby", decían-, y luego se fue a un congreso en Toronto. La vida en esta planta es paz: sin Cook, sin Sister Harding, sin los palmeros de Cook. Hay mucho trabajo pero, una vez que hemos pasado planta, me suele dar tiempo para quedarme un rato junto al último moisés. Le doy el dedo índice al bebé de turno, se supone que para comprobar el reflejo de presión, pero en realidad para enfrentarme a esos seres tan pequeños que me dan un miedo tan grande. No quiero tener hijos: no me gusta en lo que se convierten todos los que los tienen. No hay una sola de mis amigas con bebé a cuya vida quiera aspirar, ni quiero usarlos como excusa para no hacer nada con la mía. Gran lista de razones: la maternidad no es para mí. O mejor dicho, su parafernalia es lo que no va conmigo, el parque, el carrito, las conversaciones. Porque cada día en la planta constato que esos seres que huelen tan bien y hacen ruiditos tan monos en las cunas, son para mí un imán. Me cuesta admitirlo pero cada vez que la enfermera me pasa uno y lo sostengo -patosísima-, me dan ganas de comerlo a besos. Se llama disonancia cognitiva a aquel estado en el que tu mente y tu corazón van por caminos opuestos, me recuerdo. A mí esto me ha pasado mil veces en la vida, y en Marcé descubrí solo una expresión más de este proceso. Que hay que seguir el camino del corazón es lo que todos los libros de autoayuda dictaminan, y por ello una ha de remar en contra- aunque a los veintipocos has de alinearte con el corazón, sin fisuras. Luego entra la cabeza, mi lista de razones irrefutables, y el que a los cuarenta sigue con... ah no, eso aplicaba a política: el que a los veinte no es de izquierdas, no tiene corazón y el que lo es a los cuarenta no tiene cabeza. Qué estupidez, si hasta la ideología está escrita en los genes (esto dará para cena con amigos, cuando vuelva). Lo que sí es cierto es que los cuarenta son una buena edad para mirar atrás y valorar si el camino que elegiste mereció la pena. El menos transitado, versus la autopista más segura: y alguna gente soñará con haber tenido más vidas para probar otras maneras. Qué pena tener solo un tiro en esto, sin posibilidad de rebote.

Así que esta mañana me he dormido espectacularmente: son las 9. Inútil salir corriendo, ya es muy tarde. No hay nadie en casa, salgo a la sala en camiseta blanca, tal como duermo. Pongo la tetera, pero un post-it: "no hay leche". Genial. ¿Tanto les cuesta subirla? Yo no voy a bajar ahora en bragas a por la botellita de cristal. A ver qué hay por aquí: una infusión de "jengibre y limón", “vigorizante”, se le ocurrió al de markéting. Recojo los Weetabix y saco un yogur de kilo: una cucharada en un bol, fresas, muesli. Se ha terminado ya el "Today Program" de Radio 4, las noticias con el inglés más de la reina que la propia reina- aquí en el norte nadie habla así. Están con los “Discos de Isla Desierta”: su sintonía es una mañana de verano sin planes.

Al salir de la ducha me enfrento a la desolación que es mi armario: nada que ponerme. Me eligen unos vaqueros negros, esos que los ingleses no se enteran que son vaqueros, por otro lado prohibidísimos en hospitales. Pero estos, que no pueden tener el "501" más claramente en la etiqueta, les pasan desapercibidos. Por encima -demos el día libre a la camisa blanca- un jersey de cuello alto, también negro. Pareces un atracador, Mariona, le digo al espejo del cuarto de Morgana. Necesito un collar, diría ella -es una enviada de mi madre: soy demasiado sobria vistiendo-, pero hay mil. Venga, el de las bolas de lava de Santorini, a juego con un anillo muy grande que definitivamente no soy yo. Un reto aguantar más de media hora con anillos: me los quito, pongo, juego con ellos, me molestan, fuera. Una razón más para no casarme.


Bajo y al lado de la puerta están los zapatos de todos: Wellingtons, deportivas embarradas, y mis botas italianas de tacón alto cuadrado al lado de  varios pares de stilettos de Morgana- algún día le explicaré por qué me niego. Fuera, a la izquierda, han dejado la botella de leche en su cestita metálica. Que la suban ellos -sonrío- que voy tarde.

Marcé y son casi las diez - ya me quedaré por la tarde. La enfermera jefa, siempre relajada y amable, hoy con un punto de pánico: "Mariona, qué tarde vienes... te está esperando el Dr. Steen". Qué puntería: ha vuelto el encantador de serpientes de su congreso, quién iba a saberlo. Me acerco a su puerta.

-Pase!

-Hola, buenos días - como no dice nada, sigo hablando- Soy Mariona Calleja, la residente que... está cubriendo la planta unos días.

-Sí, hablamos por teléfono un par de veces antes de Canadá -se hace un silencio- No la imaginaba así.

Dicen que en psicoterapia, todo lo que va a pasar en años de sesiones entre terapeuta y paciente ocurre en los primeros tres minutos: luego, todo es repetir ad nauseum esa interacción. Algunos lo extrapolan a la supervisión, que en el fondo es una especie de terapia, con su transferencia y su contratransferencia, una partida de ajedrez donde sales a ganar, pero cuando conoces el juego, entiendes que lo mejor son las tablas. Muchas veces después he recordado esta frase –“No la imaginaba así”- como ilustración de su talante y mi perplejidad, una y otra vez. Habré luego re-elaborado, de eso va la memoria, pero en ese instante tan breve –“No la imaginaba así”- sentí que ya había pasado una eternidad desde que entré en esa habitación. Lo había aprendido todo y mi victoria consistió esta vez en no llenar el silencio, no intentar rescatarle de ese agujero en el que él tal vez no era consciente de haberse metido. “No la imaginaba así”: y lo cierto es que, mientras le sostenía la mirada, no tenía ni idea a lo que se refería. Pero supuse que este no iba a ser el principio de ninguna gran amistad: qué sabio lo de los tres primeros minutos de la psicoterapia.

-Dra. Calleha -se remueve detrás de su escudo, la mesa- lo primero, quiero darle las gracias: ha llevado la planta muy bien esta semana.

-Gracias a usted, y sobre todo a las enfermeras, tienen mucha experiencia.

-Es un buen equipo. Y gracias también por dejar el suyo y venir con nosotros, ya le di las gracias al Dr. Cook. Sé que no es fácil en plena rotación...

-No importa, de verdad. -Vamos a dejar de comernos las pollas, pienso. Soy el Señor Lobo, deme un problema, Steen- ¿De qué quería hablar hoy?

-Tenemos un caso complicado que quiero discutir con usted: intento de infanticidio – Jo-der con el Señor Lobo, ¿no querías problemas? Lo he pensado tan alto que igual me ha oído.

Se levanta, abre un armario archivador lleno de notas clínicas, saca tres carpetas enormes. Son para mí. Lo tengo delante y siento una especie de júbilo interior infantil: subida en mis botas soy un poco más alta que él. Solo una mujer que haya tenido enfrente a un gilipollas con cierto poder podrá entenderme. Creo que él lo nota:

- Hágame el resumen clínico... y mañana, venga antes. Si no le importa.

Por la noche, en el sofá amarillo de la sala comunal, extiendo las notas en la mesa baja y apilo los tres libros que he cogido en la biblioteca. No podré ir a nadar hoy, gracias Steen. ¿Quién eres? Un tipo de unos 55, guapetón, con traje hecho a medida. Su acento no es de por aquí, suena a pijo del sur. Todas las enfermeras están enamoradísimas de él, especialmente la Sister, que tendrá su edad. Un caso de tensión sexual no resuelta de veinte años, seguro. Lo de las enfermeras jóvenes no lo entiendo: si te pone un tío 30 años mayor, igual hay que hacérselo mirar. Steen es un pequeño jeque con su harén casto, a golpe de aleteo de pestañas ha aplacado un potencial complejo de Napoleón. Cómo sobrellevar de otra manera el aburrido matrimonio al que vuelve cada día, los niños ya en la universidad, su mujer abriendo la botella de Chardonnay cada noche un poco antes.

Qué imaginación tienes, me decía una amiga en el cole. Igual debería empezar a escribir estas historias absurdas que me invento, una forma más de sublimación. Céntrate: ahora tengo que leer estos tres archivos y mirarme la parte legal del infanticidio. Cruzo las piernas sobre el sofá y me recojo el pelo. Entonces entra Sandip.

-Hola doctora Calleha - este formalismo, irónico cuando lo usa el resto, es literal con él.

-Hola Sandip, ¿qué tal tu día?

-Bien, gracias, ¿y el tuyo? - hey, Sandip progresa adecuadamente, me ha preguntado por mi día.

-Bueno, haciendo cincuenta cosas a la vez y...

-¿Cincuenta cosas? Eso es simplemente imposible. Tienes doce pacientes en tu sala. En el improbable caso que tuvieras tres trabajos por paciente, no te darían cincuenta - y hace ese ruido con la garganta, un tic vocal.

-Sandip: -ya no me sorprende su ser concreto, solo sé que tengo que ser directa- tengo que leerme estos tres archivos enteros... - sigue de pie, mirando, ajeno a mi lenguaje corporal- ¿Te importa dejarme sola?

Por fin. Abro la primera carpeta de la mujer acusada de intento de infanticidio. Tendremos que hacer una evaluación detallada porque este caso va a juicio. Querrán saber si, después de lo que pasó, esta madre puede aún cuidar a su hijo o se lo han de quitar y darlo en acogida, tal vez adopción. Demasiada responsabilidad.

Por el nombre, veo que es una mujer oriental. Veintidós años, primípara, trabaja en el restaurante de comida para llevar de la familia de su marido. Toda su familia de origen está en China. Malas relaciones con sus suegros. Nace su hija tras un parto vaginal normal, 39 + 1 sin complicaciones. Apgar de 8, normal. No hay cianosis ni ictericia. Se le da de alta el mismo día. Esa noche la mujer no duerme en absoluto, y no solo por el bebé. A la mañana siguiente comienza a reportar ideas obsesivas al marido, con pensamientos recurrentes de hacer daño al bebé. Su marido tiene que ir al restaurante, no hay apoyo social. Altos niveles de ansiedad, vacío interior, culpa e ideas de no valer nada. Los pensamientos mórbidos se incrementan con la total falta de sueño. La familia extensa cree que no pone de su parte, que debe intentarlo más. Conflicto. Aparecen las ideas suicidas, de gran intensidad, que la familia ignora. Las ideas obsesivas se tornan en maneras de acabar con el bebé, asfixia o ahogo, asfixia o ahogo, no ve más allá. Luego irá ella, pero no puede pensar ni planear tan lejos, luego ella. Su marido vuelve a casa, se ha acabado la tinta de la impresora del restaurante, y allí se encuentra un cuadro dantesco, y al bebé cianótico. Pero aún había tiempo: en el hospital lo resucitan. Ahora solo falta que nosotros la salvemos a ella.

Sobrecogida, cierro las notas y las abrazo contra el pecho, como hacía con aquella carpeta clasificadora en las que copiábamos frases y poemas y letras de canciones de la adolescencia. Consulto uno de los libros, infanticidio: por ley, se define como producir la muerte de un niño menor de doce meses (neonaticidio, en el primer o segundo día) por su madre, bajo circunstancias que de otra manera serían asesinato. El "balance de la mente" (término legal) de la madre en ese momento se supone está alterado, se considera una forma de homicidio, y por ello es tratado de una manera indulgente. Un tercio de las mujeres que cometen infanticidio están psicóticas, han perdido todo contacto con la realidad, siguen instrucciones de alucinaciones auditivas o ideas delirantes. Algunas terminaron con sus hijos porque no eran deseados, por compasión (enfermedad grave, malformación) y un grupo menor por venganza (Síndrome de Medea). El infanticidio está asociado con intento de suicidio posterior en más de la mitad de los casos.

Suspiro, me levanto, le doy a la tetera, me quedan dos archivos por leer. Vuelvo: en la pila de libros que me he traído de la biblioteca se asoma "Medea". A menudo, cuando algo me sobrepasa en la vida, recurro a alguna forma del arte, a los que lo han contado antes: "Azul" de Kieślowski, hace años. Paradójicamente, porque la ciencia tranquiliza y el arte remueve. Esta vez le toca a Eurípides, una edición de hace décadas, que huele a polvo y papel viejo. Solo voy a echarle un vistazo rápido y vuelta al archivo dos. Cuando oigo la puerta de abajo – Sandip, que se va-, ya estoy en horizontal en el sofá: me he enganchado.


Medea representa el arquetipo de la “doncella que ayuda” de la mitología griega- otro ejemploes Electra. Medea ayuda a Jasón en su búsqueda del vellocino de oro, para que sea rey. Tiene algo de bruja -por algo es sobrina de Circe-, aunque esto no la protege de enamorarse como una bestia de Jasón. Esta manera de describir el amor de los griegos, me planteo, es de la que ha seguido tirando el amor romántico hasta hoy: Eros le clava una de sus flechas de punta dorada, y la pobre ya ha perdido el control. Locamente enamorada: quien lo probó, lo sabe- gracias Lope. Pero “el amor al que falta mesura no aporta a los humanos renombre o virtud”: qué curioso, esta frase está subrayada (¿por quién, hace cuánto, por qué?). Al llegar a Corinto, para trepar políticamente, Jasón traiciona a Medea y la abandona por la princesa Glauca. Pero menuda es Medea: se venga dándole a la novia un vestido de boda envenenado, que se convierte en llamas cuando se lo pone. Pero no se queda ahí la cosa: "El odio es una copa sin fondo: verteré y verteré”, y Medea mata a dos de sus tres hijos para castigar a Jasón. Y otro subrayado: “Más fuerte que el amor de un amante es su odio. En ambos incurables las heridas que deja”. Por fin se escapa a Atenas volando en el carro de oro de su abuelo Helios.

-¿Mariona?

- Qué susto me has dado! – tras gritito y salto. Es Morgana.

-Llevo diciendo buenas noches desde abajo -dice mientras se sienta en el sillón de enfrente- ¿no hay nadie? ¿Qué lees?

-No, solo he visto a Sandip, que se ha ido. Es “Medea”, tenía que leer un caso complejo de intento de infanticidio y estaba procrastinando…

- ¿De qué va esto? -y coge el libro como si estuviera contaminado.

-Es una tragedia griega, no la había leído hasta ahora… Pero en serio, has de leerla: tiene una sofisticación psicológica increíble. Fíjate qué cosas dicen otros personajes: -le quito el libro y busco- “De todas las criaturas que tienen mente y alma no hay especie más mísera que la de las mujeres”. Pero se nota que Eurípides siente compasión por Medea, mira qué frase dice ella: “Y dicen que vivimos en casa una existencia segura mientras ellos con la lanza combaten, más sin razón: preferiría estar en el frente de la batalla tres veces más que pasar por los sufrimientos del parto una sola”.

Me quedo mirando a Morgana, que creo no entiende mi estado de gracia. Decido en contra de contarle lo de los subrayados. Entonces dice:

-Sí, totalmente de acuerdo en lo del parto, y en que hay que tener compasión por estas mujeres. Pero historias de venganza como la que me cuentas no son frecuentes más que en el teatro griego… de hecho los hombres también lo hacen y…

-Desde luego, llevo un par de semanas en perinatal y entiendo perfectamente porqué la sociedad desde el principio de los tiempos ha sido benévola con las mujeres que matan a sus hijos. Incluso cuando no se tenía la información de la organicidad que tenemos ahora, algo intuían…

-Pues sí… en el juicio os preguntarán por el maldito libre albedrío, ¿podía ella haber hecho otra cosa?… al final, ¿qué es el libre albedrío? -y abre los brazos - Nosotros no podemos creer en esto ya más: estudiamos genes, neurotransmisores, hormonas, el cerebro, la evolución… y es claro que somos el resultado de la suerte o mala suerte que nos ha venido dada por la biología. Por ello, el sistema penal no tiene ningún sentido, y menos con estas mujeres. Piensa en el córtex frontal, la parte más evolucionada, que nos hace hacer “lo correcto”, incluso cuando esto es lo más difícil de hacer: gracias a él, retrasamos la gratificación, planeamos a largo plazo, controlamos los impulsos, regulamos las emociones… cuando tu lóbulo frontal está jodido, vas a tomar las decisiones más impulsivas y equivocadas. Yolanda te lo dirá: más del 25% de los sentenciados a pena de muerte en Estados Unidos tiene síndrome del lóbulo frontal, generalmente tras contusión cerebral en la zona. No es gente “mala”, no es gente “sin alma”… es una máquina a la que los frenos no le funcionan!

-Pero, ¿no piensas que nuestros colegas los psicólogos han conseguido mucho trabajando con premios y castigos? ¿En serio crees que es todo solo “suerte biológica”?

-Totalmente. Piensa en hace 400 años: si le preguntaran entonces a la persona más científica las razones por las que aquel desgraciado tenía lo que hoy sabemos es un ataque tónico-clónico, en el que ponía los ojos en blanco y sacaba espuma por la boca, diría que era por posesión diabólica. Nos costó 300 años poder llamar a esto epilepsia. Afortunadamente, solo nos costó 50 años, en el Siglo XX, desmontar que eran las malas madres frías las que causaban la esquizofrenia. Y 30 años, que la vagancia no es la causa por la que hay niños que no se centran en los estudios… cuando más aprendemos sobre la biología, más entenderemos los comportamientos…

-Claro, porque la gente lee de una madre que ha asfixiado a su bebé y piensan… a la hoguera con ella, pero somos nosotros los que hemos de hacerles entender que esto ha estado fuera de su control. Dentro de 100 años, nos mirarán alucinados pensando que en algunos lugares del mundo aún mandan a la gente a la silla eléctrica.

Nos quedamos mirando, en silencio. ¿Qué pensará ella? Yo, que este trabajo no es nada si no es compasión: del latín compassio que a su vez, del griego, συμπάθεια, “sufrir con”. No se lo digo, pero me sonríe y aprieta la mano, mientras se levanta para irse:

-Suerte, y te queda bien ese collar.

Le guiño el ojo mientras me lo enrollo en la mano izquierda. Por cierto, ¿dónde habré dejado el anillo?