Me envía el Pedalista un enlace a la siguiente noticia: "Guatemala se cubre de ceniza tras la erupción del Pacaya".
Gran conmoción, porque el Pacaya es nuestro volcán, aquel al que subimos cuando hacíamos las Américas, y con el que quedó para siempre puesto el "tick" en la sección "volcanes". Adivinaron bien: los Pedalistas son almas urbanitas, aunque de vez en cuando hagan estos excesos.
Y como es finde y todos duermen, tal vez no se entere nadie de que lo de abajo es un refrito (originalmente escrito la noche del 10 de septiembre de 2004; las fotos son de su día...)
Viernes, 10.09.04 Posada Doña Olga (Antigua)
De cómo los Pedalistas intentan derribar su fama de urbanitas escalando el volcán Pacaya
El otro día escribe mi suegra preguntando "cómo llevo los pájaros de la selva revoloteando a mi alrededor", mi hermana diciendo que mis padres se han reído "con anécdotas de los monos de Tikal", y mi amiga parisina apunta que “no me ve mucho en la jungla.” Lo que el mundo no sabe es que en referencia al tema "naturaleza" yo me uní a la escuela cortazariana bastante tarde (más o menos cuando me salieron las muelas del juicio, y con ellas, el ídem). Julio escribía brillanteces como “el campo, ese lugar donde los pollos pasean crudos” (seguido de un razonamiento impecable sobre que lo que verdaderamente interesa de un día de campo es el libro, la música y en su caso, el scotch de las cinco, a la vuelta a casa). Hay documentación que muestra que de niña y adolescente, fui la cabuyera más decidida, asidua de la montaña (glubs, ¿esa era yo?), que hice rápel, escalada y otras lindezas. Pero estoy intentando deshacerme de toda evidencia.
Así que hoy nos hemos embarcado en lo que ahora puedo calificar de Aventura con mayúsculas al mejor estilo Camel-Tropic: la subida a un volcán que está cerca de la ciudad de Guatemala, que lleva activo este año desde el 12 de julio. Hay dos excursiones posibles: una a las 6 am, otra a la 1 pm. No sé si a estas alturas habrá que explicar al lector qué hora eligen los Pedalistas para subir al Pacaya.
El paisaje es impresionante, y la subida muy dura. En algunos momentos siento que mi corazón no aguanta, pero sí lo hace, el traidor. Como dice Leonel, “no importa la fuerza, para subir hay que ser positivo, está todo en la cabeza.” Me parece simpático oír semejante cosa en este contexto (en otros, le daría dos tortas). Nos cuenta cómo hace poco subió con cuatro mujeres, con sus bastones de andar, rango de edades entre 60 y 80 años (la de 80 llegó hasta el penúltimo trozo. Increíble). Imagino a "Las chicas de oro". Según subes, vas dejando las nubes por debajo, y más arriba vemos caballos salvajes, mientras en todo momento nos observa el volcán de fondo, echando humo sin parar.
Llega el momento de bajar, y el tramo inicial es muy muy divertido. Bajamos por una ladera de piedras y arena volcánica, pero hay tantas, y es tan profunda, que resulta ser algo muy parecido a esquiar. Te resbalas, pero lo que tienes que hacer es seguir hundiendo los pies en el siguiente paso, nunca parar. Algunas veces, acabo con el culo (tal que en la pista de esquí). Cuando se acaba esta parte, tenemos todos las deportivas llenas de volcán, menos Leonel, gracias a sus katiuskas. El resto de la bajada es evidentemente mucho más fácil, vamos hablando entre nosotros o con Leonel, hasta que ya casi al final se pone a llover torrencialmente. Está oscureciendo, y no podemos andar más rápido. La lluvia cae como solo cae en el trópico, nada que ver con lluvia civilizada que responda a chubasqueros. Llegamos a donde nos espera el bus absolutamente chipiados. Las deportivas, los calcetines, los pantalones… lo único pasable de cintura para arriba. Las dos horas de autobús por carreteras oscuras y a paso lento se hacen cuasi infernales. Llegamos y al hotel directos, mojados y cansados, a ducharnos con agua bien caliente.
Según escribo, me trato de convencer de que ha merecido la pena… pero este es uno de los casos en los que Ítaca es mejor que el camino.
Pub=20.05.2010
Una vez, en Guatemala, en el lago atitlan con otro volcan, lo subimos de mañana, pero andandito. Veías como por sus laderas se sucedían los cafetales, los mejores cafetales del mundo, y eso en el pais donde más he pagado por un triste y cutre café, de esos americanos que llaman. Se sucedían los cafetales, hasta que la vegetacion cambiaba. Cambiaba tanto que aquello ya no era café, al guía le preguntamos por aquellas plantas y decía que las desconocia, "las desconosco señor...". Jeje, se creía el guía que me la juagaria. Aquellas plantas eran de Marihuana, que los indios la trabajaban por encima del café. De mientras en las orillas del lago, esos estudiantes siempre etrenos con sus creditos vacacionales la fumaban como locos en San Juan y en Sann José de atitlan. Al bajar del volcan me hice como que me perdía un rato, y corté unas pocas ramas y las metí en mi macuto. "Maximon", nos esperaba en el pueblo de abajo todo borracho con el ron que le daban, los cigarros que se fumaba, y el sacristan de aquella cofradía contaba el dinero que les sacaba a los pobres indios y a nosotros, los idiotas turistas. A unos por los milagros que les pedían y a nosotros por enseñarnos el santon de madera y sacarle unas fotos.
ResponderEliminarYo a Maximon, le pedí una cosa ... papel de fumar para liarme unos cigarritos de Atitlan con aquellas ramas tan "desconosidas" por el guía.
K, .... "rulando"
"K" siempre sorprendente...
ResponderEliminarEste tipo de esfuerzos siempre dejan huella, mucho más en urbanitas que tras marcar a fuego sus experiencias de aventura extrema quieren hielo con sus copas, sobre todo si el ron es bueno, y se exponen a las espantosas e inoportunas consecuencias por culpa de sus vicios... mucho mejor lo desconosío y el agua caliente de los Pedalistas.
Have a nive week...
Yo quiero ir a Guatemalaaaaa!!!
ResponderEliminarK, peligro es poco para lo q tu tienes. Oye, pero q nosotros tb lo subimos andandito, no sé si queda claro. Pero fuimos a sus base en tocinera pq estábamos en Antigua (quisiera morirrrr).
ResponderEliminarLo de Maximón es increíble, tengo un refrito q lo subo cualquier finde. Lo fuimos a visitar con unos q conocimos por ahí de Portu(galete)con los q nos reímos un montón. Te cuento una cosa de ellos en el siguiente comentartio a Amanita (se verá porqué)...
muxus
di
Amanita, puede una seta peligrosa NO ser urbanita? Digo.
ResponderEliminarTotal q tu entrada de la balada de scorpions me ha recordado la siguiente anécdota con la gente de Portu tras visitar a Maximón. Estábamos tomando algo y suena, en pleno middle of nowhere in Guatemala "Al otro lado del silencio". Y el de Portu, un jevitrón entraniable: "tíosssssssss, qué pasote, los Angeles del Infiernoooooo.... mira mira, se me pone la carne de gallina, los pelos como escarpias". Esta era otra de las baladas jevis de mi pasado oscuro, así q a mi tb se me erizó el corazón un poquito...
di
diva, algo habrás hecho... por ej, no enviarme las fotos q te he pedido...
ResponderEliminarRecuerdo muchos años atrás, un programa de TV, en el cual el famoso aventurero Miguel de la Cuadra Salcedo, machete en mano se batía en la densa y tropical selva guatemalteca, cortando lianas y avanzando duramente entre rios y fangos, ante el acecho del Jaguar y el acoso de la "contrarevolucionaria", hasta que tras muchos esfuerzos llegó al poblado nativo donde le tienen a Maximón. Al estar yo en Guatemala, y querer visitarle, me vinieron aquellas imagenes y pensé que lo de la visita sería pelin complicada. Tan complicado que le pregunté a un Indio que por allí ví, y me contesto que bastaba con coger la barquita que cruzaba el lago ... este si "conosía" a Maximon, ... y al barquero del lago también.
ResponderEliminarUhmmm, ... un buen ron. Ron Zacapa.
K, ... afilando machetes.