29 de mayo de 2010

El Pacaya erupciona sin consultarnos!

Me envía el Pedalista un enlace a la siguiente noticia: "Guatemala se cubre de ceniza tras la erupción del Pacaya". Gran conmoción, porque el Pacaya es nuestro volcán, aquel al que subimos cuando hacíamos las Américas, y con el que quedó para siempre puesto el "tick" en la sección "volcanes". Adivinaron bien: los Pedalistas son almas urbanitas, aunque de vez en cuando hagan estos excesos.

Y como es finde y todos duermen, tal vez no se entere nadie de que lo de abajo es un refrito (originalmente escrito la noche del 10 de Septiembre de 2004; las fotos son de su día...)


De cómo los Pedalistas intentan derribar su fama de urbanitas escalando el volcán Pacaya


El otro día escribe mi suegra preguntando "cómo llevo los pájaros de la selva revoloteando a mi alrededor", mi hermana diciendo que mis padres se han reído "con anécdotas de los monos de Tikal", y mi amiga parisina apunta que “no me ve mucho en la jungla.” Lo que el mundo no sabe es que en referencia al tema "naturaleza" yo me uní a la escuela cortazariana bastante tarde (más o menos cuando me salieron las muelas del juicio, y con ellas, el ídem). Julio escribía brillanteces como “el campo, ese lugar donde los pollos pasean crudos” (seguido de un razonamiento impecable sobre que lo que verdaderamente interesa de un día de campo es el libro, la música y, en su caso el scotch de las cinco, a la vuelta a casa). Hay documentación que muestra que de niña y adolescente, fuí la cabuyera más decidida, asidua de la montaña (glubs, esa era yo?), que hice rappel, escalada y otras lindezas. Pero estoy intentando deshacerme de toda evidencia.

Así que hoy nos hemos embarcado en lo que ahora puedo calificar de Aventura con mayúsculas al mejor estilo Camel-Tropic: la subida a un volcán que está cerca de la ciudad de Guatemala, que lleva activo este año desde el 12 Julio. Hay dos excursiones posibles: una a las 6 am, otra a la 1 pm. No sé si a estas alturas habrá que explicar al lector qué hora eligen los Pedalistas para subir al Pacaya.

Dos horas de autobús pleistocénico lleno de jóvenes europeos y yanquis. Lo de jóvenes es especialmente doloroso, porque realmente somos los padres de la expedición. Una a veces se para a pensar en el descuelgue generacional del viajero treintón, porque la mayor parte de la gente que está viajando como nosotros, durante meses o año, están todos a punto de ir a la universidad, o acaban de salir. Ello se debe al sistema educativo de muchos países europeos, donde el estado da préstamos que se cobrará mas adelante. Ello no quiere decir que no haya gente de nuestra edad, y mayores, viajando. Yo no los he visto, pero haberlos, haylos. Pero al final una tiene la impresión de que la gente de 33 están haciendo todos otras cosas, que a mi me parece que aún queda mucho tiempo para hacer. Probablemente me equivoque, pero para eso cada uno elige su propio camino a esa Ítaca que, en el día de hoy, es un cráter que echa lava.

Cuando el bus que conduce “el pelón” (así llamado pq se rapa el pelo pq no le gusta que le salga blanco-este hombre tb debe tener sus dilemas a tenor del párrafo anterior, llamémoslo complejo Peter Pan) o “el pinto” (pq le sale la barba a ronchos), ya no puede avanzar más, nos recoge Leonel. Este hombre de 39 años va hablando con nosotros casi toda la subida, y nos da impagable información sobre casi cada orden de la vida, empezando por los apodos del pelón, hasta llegar al numero de hijos ideal, que en su caso es 3 (rompiendo la media guatemalteca de 8). Leonel lleva unas katiuskas, y a la bajada comprenderemos porqué. Nada más salir, nos informa de que subiremos durantes dos horas, que son sólo 3 kms y medio, pero que hay q salvar un desnivel de 700 metros (de los 1.900 mts a los 2.600 que tiene la cima.)

El paisaje es impresionante, y la subida muy dura. En algunos momentos siento que mi corazón no aguanta, pero sí lo hace, el traidor. Como dice Leonel, “no importa la fuerza, para subir hay q ser positivo, está todo en la cabeza.” Me parece simpático oír semejante cosa en este contexto (en otros, le daría dos tortas). Nos cuenta cómo hace poco subió con cuatro mujeres, con sus bastones de andar, rango de edades entre 60 y 80 años (la de 80 llegó hasta el penúltimo trozo. Increíble). Imagino a "Las chicas de oro". Según subes, vas dejando las nubes por debajo, y más arriba vemos caballos salvajes, mientras en todo momento nos observa el volcán de fondo, echando humo sin parar.

Al final del la montaña, nos espera el tramo mas difícil, lo que se me antoja vertical. El paisaje es totalmente distinto a nada que hayamos visto antes: lava seca, roca volcánica porosa, no vegetación. Es como estar en la superficie lunar. El volcán entró en erupción por última vez en el año 2000, y se ve claramente por donde pasó el río de lava. La pendiente es muy empinada, y es una combinación de arenilla y piedrecillas, todo material volcánico. Esta ultima parte es increíblemente difícil de subir. Resbala y es demasiado empinada. Al final hay rocas firmes donde agarrar los pies, y tras un caminito llegamos al cráter.

El cráter es un agujero inmenso, en medio del cual hay como una chimenea con forma de pirámide de base circular, de cuya parte superior sale humo azufroso, y de vez en cuando, cuando esta humareda se despeja, lava. Viene a ser como los rescoldos del crepitar del fuego. Al pasar un rato, empezamos a tener mucho frío, y nos ponemos jerseys y anoraks. Hay un perrito pequeño y delgadísimo que ha subido todo el camino con nosotros, no sabemos si esperando algún resto de comida. Es monísimo, me lo hubiera traído. Leonel lo bautiza “perrito volcánico.”

Llega el momento de bajar, y el tramo inicial es muy muy divertido. Bajamos por una ladera de piedras y arena volcánica, pero hay tantas, y es tan profunda, que resulta ser algo muy parecido a esquiar. Te resbalas, pero lo que tienes que hacer es seguir hundiendo los pies en el siguiente paso, nunca parar. Algunas veces, acabo con el culo (tal que en la pista de esquí). Cuando se acaba esta parte, tenemos todos las deportivas llenas de volcán, menos Leonel, gracias a sus katiuskas. El resto de la bajada es evidentemente mucho mas fácil, vamos hablando entre nosotros o con Leonel, hasta que ya casi al final se pone a llover torrencialmente. Está oscureciendo, y no podemos andar mas rápido. La lluvia cae como solo cae en el trópico, nada que ver con lluvia civilizada que responda a chubasqueros. Llegamos a donde nos espera el bus absolutamente chipiados. Las deportivas, los calcetines, los pantalones… lo único pasable de cintura para arriba. Las dos horas de autobús por carreteras oscuras y a paso lento se hacen cuasi infernales. Llegamos y al hotel directos, mojados y cansados, a ducharnos con agua bien caliente.

Según escribo, me trato de convencer de que ha merecido la pena… pero éste es uno de los casos en los que Ítaca es mejor que el camino.

7 comentarios:

  1. Una vez, en Guatemala, en el lago atitlan con otro volcan, lo subimos de mañana, pero andandito. Veías como por sus laderas se sucedían los cafetales, los mejores cafetales del mundo, y eso en el pais donde más he pagado por un triste y cutre café, de esos americanos que llaman. Se sucedían los cafetales, hasta que la vegetacion cambiaba. Cambiaba tanto que aquello ya no era café, al guía le preguntamos por aquellas plantas y decía que las desconocia, "las desconosco señor...". Jeje, se creía el guía que me la juagaria. Aquellas plantas eran de Marihuana, que los indios la trabajaban por encima del café. De mientras en las orillas del lago, esos estudiantes siempre etrenos con sus creditos vacacionales la fumaban como locos en San Juan y en Sann José de atitlan. Al bajar del volcan me hice como que me perdía un rato, y corté unas pocas ramas y las metí en mi macuto. "Maximon", nos esperaba en el pueblo de abajo todo borracho con el ron que le daban, los cigarros que se fumaba, y el sacristan de aquella cofradía contaba el dinero que les sacaba a los pobres indios y a nosotros, los idiotas turistas. A unos por los milagros que les pedían y a nosotros por enseñarnos el santon de madera y sacarle unas fotos.

    Yo a Maximon, le pedí una cosa ... papel de fumar para liarme unos cigarritos de Atitlan con aquellas ramas tan "desconosidas" por el guía.

    K, .... "rulando"

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  2. "K" siempre sorprendente...
    Este tipo de esfuerzos siempre dejan huella, mucho más en urbanitas que tras marcar a fuego sus experiencias de aventura extrema quieren hielo con sus copas, sobre todo si el ron es bueno, y se exponen a las espantosas e inoportunas consecuencias por culpa de sus vicios... mucho mejor lo desconosío y el agua caliente de los Pedalistas.


    Have a nive week...

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  3. K, peligro es poco para lo q tu tienes. Oye, pero q nosotros tb lo subimos andandito, no sé si queda claro. Pero fuimos a sus base en tocinera pq estábamos en Antigua (quisiera morirrrr).

    Lo de Maximón es increíble, tengo un refrito q lo subo cualquier finde. Lo fuimos a visitar con unos q conocimos por ahí de Portu(galete)con los q nos reímos un montón. Te cuento una cosa de ellos en el siguiente comentartio a Amanita (se verá porqué)...

    muxus

    di

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  4. Amanita, puede una seta peligrosa NO ser urbanita? Digo.

    Total q tu entrada de la balada de scorpions me ha recordado la siguiente anécdota con la gente de Portu tras visitar a Maximón. Estábamos tomando algo y suena, en pleno middle of nowhere in Guatemala "Al otro lado del silencio". Y el de Portu, un jevitrón entraniable: "tíosssssssss, qué pasote, los Angeles del Infiernoooooo.... mira mira, se me pone la carne de gallina, los pelos como escarpias". Esta era otra de las baladas jevis de mi pasado oscuro, así q a mi tb se me erizó el corazón un poquito...

    di

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  5. diva, algo habrás hecho... por ej, no enviarme las fotos q te he pedido...

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  6. Recuerdo muchos años atrás, un programa de TV, en el cual el famoso aventurero Miguel de la Cuadra Salcedo, machete en mano se batía en la densa y tropical selva guatemalteca, cortando lianas y avanzando duramente entre rios y fangos, ante el acecho del Jaguar y el acoso de la "contrarevolucionaria", hasta que tras muchos esfuerzos llegó al poblado nativo donde le tienen a Maximón. Al estar yo en Guatemala, y querer visitarle, me vinieron aquellas imagenes y pensé que lo de la visita sería pelin complicada. Tan complicado que le pregunté a un Indio que por allí ví, y me contesto que bastaba con coger la barquita que cruzaba el lago ... este si "conosía" a Maximon, ... y al barquero del lago también.

    Uhmmm, ... un buen ron. Ron Zacapa.

    K, ... afilando machetes.

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