15 de noviembre de 2013

Cuando un libro escuece

Soy de las que dejan los libros. Sin problemas, sin traumas. No pasa frecuentemente, pero pasa. No me siento mal, ni derrotada, ni pienso, como alguna gente, "tal libro pudo conmigo". No: no era mi momento, consideré que estaba mal escrito... en fin, un número de razones.

Sin embargo, no entendí nada cuando, hará unos meses, dejé una novela de uno de mis autores contemporáneos (que leo poco, y él es uno de ellos) favoritos. Una amiga me regaló el último de Julian Barnes "Levels of life" ("Niveles de vida"? no sé cómo lo traducirán) y ya he contado aquí el entusiasmo que me causó su "The sense of an ending" ("El sentido de un final"). He leído muchos otros suyos y, aunque ninguno ha llegado al nivel de "The sense", en general me han interesado/movido/inspirado. Me gusta formalmente, tiene unos insights sobre la vida geniales, y su sentido del humor es... inglés.

"Levels of life" comienza hablando de globos aerostáticos. Una empieza a leer y piensa, interesante, a ver dónde nos lleva la metáfora. Porque debe ser una ídem, piensa una mientras avanza y sigue con la historia de los globos aerostáticos, y los pioneros del vuelo en globo aerostático, y el globo aerostático más rápido y... sopor. Le doy unas buenas decenas de páginas y me siento incapaz de seguir con un ensayo sobre un tema que no me interesa (otra cosa sería si se hablara con extremo detalle de ballenas, por ejemplo, eso me lo empollaría todo) y ni el autor logra inocularme (por contraposición a Melville, que hace amante de los cetáceos a cualquiera que comience a leer El Libro).

Pero divago. Casualmente, el otro día terminé "Talking it over" ("Hablando del asunto" lo titularon en castellano, oh dear), escrito por un Barnes mucho más joven, en 1991. En las reseñas lo venden como "un triángulo amoroso". Diez años después, Barnes escribió la segunda parte: qué ha pasado con los tres personajes en tiempo real, una especie de "Before sunrise/sunset/midnight" literario.

El libro tiene, como siempre con él, reflexiones interesantes sobre el amor, las relaciones, la vida... pero no es un triángulo. Y además, las relaciones no se desarrollan así. Las relaciones suelen ser el resultado de interacciones. Ay, mira lo que ha dicho. Oh, qué mirada me ha echado. Aj, qué sonrisa. Me encanta como piensa. Está bien buen@. No estoy de acuerdo, pero qué bien expone su punto. Le gusta Cortázar!! Hace fotos! Qué gracios@ es, me parto de risa. Las relaciones, desde luego, pueden empezar con que un@ tí@ que te ha visto un par de veces hinque la rodilla y te exponga un pedrolo, pero no suele pasar. O flores. O bombones. No: la gente se enamora y liga tras una serie de transacciones personales. Así que ese es para mí el primer fallo de guión.

Pero si olvidamos la trama, Barnes habla de conceptos interesantes, por ejemplo el "proceso del amor": de "fall in love", a "be in love" a "love" a "fall out of love"- enamorarse, estar enamorado, amar, desenamorarse. La prota ama a su marido, pero se está enamorando del amigo de su marido. Como está en la primera fase de ese guiso, y la memoria se ve embotada por los neurotransmisores de lámour, no se da cuenta de que se sigue un proceso, y luego estará enamorada del amigo, para pasar, con suerte, a amarle, con una dosis mucho menor de neurotransmisores. Nuevamente, una vida tranquila, paseo en barca versus la montaña rusa inicial. Hay gente que va a la feria y prefiere la barca. 

Los personajes de la novela van contando su experiencia en primera persona, así que oyes todas las voces. Es un proceso interesante, aunque al principio me exaspera que los dos hombres tienen personalidades muy marcadas ("Un matrimonio siempre se compone de un moderado y un militante") y ella parece gravitar enmedio con trazo más grueso. Otros personajes, amigos, familia, también hablan. Los padres de ella, por ejemplo: franceses, el padre dejó a la madre por una alumna de 17 años. La madre reflexiona: "solo hay una regla inmutable del matrimonio: el hombre nunca deja a su mujer por una mujer mayor". Otro personaje dice "Dejé ese matrimonio porque ella dejó de ser divertida, empezó a ser una persona de mediana edad que se tomaba muy en serio". La gente cambia, y aquí estamos para ser felices, y reír... se tiene UNA vida. You Only Live Once. YOLO. Porque, como dice otro personaje, "a medida que pasa el tiempo con alguien, poco a poco pierdes el poder de hacerles feliz, pero tu capacidad para hacerles daño permanece inalterable". Ah y luego está el cínico: "El amor es solo un sistema para hacer que la gente te llame cariño después del sexo", "si el dinero se compara con el amor, el matrimonio es la cuenta"."No ha terminado hasta que deja de doler".

Termino la novela. Pero no me duele, ni siquiere escuece: me quedo sin curiosidad de saber qué les pasa a esos tres en diez años ("Love, etc." se titula la secuela) y, pese a las ideas, sigo pensando que Barnes no ha bordado la trama esta vez. No será mi año-Barnes, me pregunto.

Pasan unos días.

"Levels of life" y sus globos aerostáticos, ahí semiabandonado en mi estantería, es rescatado por alguien. Es lo que tiene tener los libros: tal vez algún día alguien los mire y les de una segunda oportunidad. 

Me llega un mensaje del rescatador: "He llegado a la tercera parte de Barnes, tras el rollo de los globos aerostáticos... cómo me he puesto de llorar en el metro... lo escribe tan bien, es tan salvaje lo que cuenta". Me pongo a llorar yo misma, dentro del coche, porque tengo una idea -conociendo su biografía- de cual puede ser el tema de fondo, y es de verdad salvaje. Cuando recupero el libro de nuevo a mi estatería, abro al azar la tercera parte y leo:

"En la vida, al principio el mundo se divide a grosso modo entre los que han tenido relaciones sexuales y los que no. Más tarde, entre los que han conocido el amor y los que no. Y más tarde aún (...), el mundo se divide entre los que han sufrido Dolor, y los que no. Estas divisiones son absolutas: son trópicos que cruzamos".


Esta frase sí me ha escocido.




22 comentarios:

  1. Guau. Buff. Ay.

    Supongo que, consciente o inconscientemente, has elegido la foto recordando esta cuarteta de Mi Guel Hernández, que el tío solo necesita 4 versos para hablar del enamoramiento y el amor:

    "Me tiraste un limón, y tan amargo,
    con una mano cálida, y tan pura,
    que no menoscabó su arquitectura
    y probé su amargura sin embargo."

    Tu Barnes cuenta muy bien los ciclos, aunque falta uno relativo a los años finales, que nos contó tan magníficamente Hanneke en su peli Amour.

    He llegado a una fase en la que me organizo yo solo lo que quiero leer, pasando de un autor a otro por afinidades (y leyendo a cada autor "a muéte"). Así que no me hace ninguna gracia que venga alguien y me convenza de leer a otro autor, de recorrer otra nueva radial a los infiernos. Este tuyo, aunque tenga problemas de trama (¿y qué buen autor no los tiene?), parece lleno de fulguraciones y tendré que darle un espacio y un tiempo.

    Mi cabeza de hidra de 200 serpientes, tendrá que abrir hueco a la serpiente 201.

    Maldita seas.

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  2. Me da con que la foto tiene más que ver con "the lemon table" o quizá con que el limón escueza (lo hace?) o por lo menos es ácido.

    Me parece una división lícita, pero sólo eso. No me escuece. No estoy escocida ;·)

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  3. Sobre este tema y el final...Un matrimonio feliz de Rafael Yglesias.

    ...no sé para qué digo nada que luego no me hacéis ni puto caso.

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  4. Como no lo he leído, comentaré lo de dejar los libros. Yo también lo hago. Cuando era más joven no lo confesaba. No me atrevía a decir que Crimen y Castigo se me había caído de las manos porque lo consideraba, como tú dices, una especie de derrota. Me pasaba lo mismo con la comida: tenía que comerme todo lo que me ponían en el plato, aunque no me gustara o ya no tuviera hambre. El momento de la Gran Revelación llegó con El señor de los anillos: no pasé de la página cincuenta, y eso porque un amigo me dijo que si leía cincuenta páginas y era capaz de dejarlo me invitaba a una cena. (Juro que no quería la cena: quería sentir su emoción cuando me hablaba del libro). Ahora, con los libros y la comida hago lo mismo: si no me gusta comento educadamente: "tiene una pinta deliciosa, pero creo que me va a sentar mal" Puede que así en el futuro pille las cosas con más gana y no me exponga a una indigestión segura.

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  5. Carajo, fui ayer a Tipos Infames a comprar el libro para leerlo este finde, pero es el último y no ha salido la versión de bolsillo (la que te cabe en un bolsillo y no te lo vacía de euros).

    El año que viene será.

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  6. Hola panda,

    NáN, me encanta Hernández pero no conocía/me acordaba de este poema.. tampoco tiene q ver con lo la "lemon table" de DIVA... pero en el fondo sí q tiene q ver con lso dos: me gustaba la foto (del mercado de Mahón o Ciudatella), y los limones son ácidos y amargos, como el amor a veces.

    Sobre comprar el libro, NáN, yo no lo haría, como tú espero al paperback. "Levels" (regalo) como he dicho no lo terminé y la frase final me escuece, me duele, en el contexto de su vida: su mujer se murió en 37 días desde el diagníóstico y él habla del Dolor. Empatizo con él, aparte de q cuando has leído a un autor , crees q "le concoes"... sufres por/con él.

    MO, pero claro q te hacemos caso.. perdona, quién de todos tus seguidores ha hecho un divague enterito de "La caja negra", "El último encuentro" y "Lo q amé", los 3 libros q más te han impactado (ves? yo tb tengo memoria) Dime QUIEN.

    CESITA, a mi con la comida me sigue pasando: odio tirar comida. Prefiero ponerme poco y repetir q dejar. Una alemana me dijo una vez,c omo justificándose, q sus abuelos habían vivido la Guerra Mundial y no asumían q sus hijas dejaran comida en el plato. Yo no la viví, pero las Madres del Paseo-de-los-pájaros-q-cantan bien hicieorn su trabajo...:) NO he leído el Senior de lso anillos,me encanta tu anécdota... Sé q ese mundod e enanitos no me interesa, ya tá.

    Os mando besos de sabadete

    di

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  7. A mí mi madre me educó con el siguiente principio: "Siempre debes dejar algo en el plato, aunque te apetezca muchísimo, porque si no dejas nada en el plato, y no queda nada en la fuente de servir, puedes dar la impresión de que te has quedado con hambre".

    Claro que mi madre era muy rara. Casi todas echan la culpa de los desmanes a los amigotes. Ella me decía: "Eres un buen chico, pero un mal ejemplo para tus amigos. Sería mejor que no les hablaras de tus ideas".

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  8. Sí Nan, eso es pq tu madre era posh y terminárselo todo era de muerto de hambre. A mí, no contenta con lo mío, tb me fastidia q se dejen los demás (no pq infiera q no les ha gustado mi cooking) pq cada vez odio más el despilfarro y las cosas. Ya os daré las señas d ela cueva donde me retiraré en breve ;)

    Lo de q eras un mal ejemplo paRa tus amigos es IMPAGABLE. aÚN NO había oído un caso así... :) Pero tennía razón! qué insight! :):)

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  9. ¡Qué fina tu madre y que razón tenía! Para mí también estás siendo una mala influencia. El otro día, sin ir más lejos, estuve a punto de pillarme en la biblioteca un libro de Allen Ginsberg. ¡Menos mal que al final pude contenerme!
    Yo también tengo problemas con la comida que se dejan los demás en el plato. De hecho, si quiero perder un par de kilos, no tengo más que dejar de comerme lo que los niños se dejan en el plato. ¡Qué cosa tan ridícula! Tuve mi epifanía un día en que vino un amigo de Enano a comer a casa. Durante la comida le dice a su amigo: "no te preocupes si no te gusta algo. Si te lo dejas ya se lo comerá mamá"

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  10. pues que no se repita. Sobre todo si es Howls, lo coges y te lo lees.

    Contra el despilfarro, la solución es cocinar lo justo. En casa no tiramos nada. Pero cuando trabajaba, en el bar de menú donde comía (hasta que empezaron a subir precios y solo íbamos un día por semana) me llamaban "el media ración".

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  11. Nán, -perdona que me pare a analizar esto, mi madre también es muy de mirar las formas- me parece que tu madre tenía muy imbuído lo de preocuparse de dar la imágen adecuada. La forma de darla varía según las circunstancias. Pero hoy en día veo cada vez más frecuentemente bodorrios por todo lo alto -mierda de toreros con la escoria política, por ejemplo- en los fucking periódicos, y más en las revistas. reverdecen los ecos de sociedad. No es sólo ostentación, el fondo es mantener los lazos entre la gente bien -asquerosa, digo forrada-, la que se libra de la quema de la crisis, vaya.
    Se les educa en observar y cumplir las normas para quedar bien, y para ellos tiene importancia hacerlo. Y para los trepas, tembién.
    En el fondo, lo que quieren las madres es que no nos rechacen.

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    1. Bueeeno, Ire, efectivamente no es el tema. Pero puedo decirte que mi madre vivió en un entorno very, very posh, y además militar, así que el cumplimiento de ciertas normas era muy estricto. Pero con 20 o 21 se "desclasó" totalmente, al casarse con un empleado y pasar a vivir exclusivamente de lo que él ganaba,: cocinar, fregar los suelos, ocuparse de todas las labores de la casa y desde el día veintitantos comprar de fiado,

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    2. Pero le quedó la educación, y la transmitió a sus hijos. Eso es lo que digo, y que la educaron así porque en su círculo familiar era importante observar mucho esas normas, porque ayudaban a relacionarse y a medrar.
      Tampoco es el tema, Nán. Pero todo esto es un ejercicio que tuve que hacer de adivinating; de tu madre, no, de la mía.

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    3. Creo que estás en un error, Ire. Es cierto que para muchas personas las manners son una especie de símbolo de status o un código secreto que usan para reconocerse entre ellos. Pero eso es una prostitución de la cortesía. Las personas realmente bien educadas saben que las buenas maneras son una forma de hacerle la vida más agradable a los demás. No es cierto que las formas no sean importantes. Toda idea debe presentarse de alguna forma y es decisión de quien la presenta que esa idea sea entendida, que agrade, que sea bella o emocionante...Cuando la madre de NáN le recomendaba dejar algo en el plato era por cortesía hacia la cocinera: es terrible percibir que tus invitados se han quedado con hambre. A ella no le importó lo que su círculo familiar pensara de su marido pobre, pero sí le importaba que su hijo hiciera que los demás se sintieran incómodos. Por eso lo de la comida o lo de decirle que era una mala compañía. Con un par de pequeños detalles nos hemos hecho a la idea de que debió ser una mujer magnífica y realmente bien educada.

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    4. Yo me he esforzado al máximo para dejar claro que hablo de comportamientos, y no del carácter de nadie, CS. Equivocada o no en lo que me parezca, siempre he hablado de comportamientos. Porque no estoy juzgando a nadie.

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    5. ¡Nunca pensé que estuvieras juzgando a nadice Irecita! En realidad el comentario viene por una conversación que tuve con Enano porque se quejaba de que usara cinco platos, una cuchara de sopa, dos tenedores (uno de carne y uno de postre) y dos cuchillos para cenar un caldo, una tortilla y una manzana. Me decía el enano que no entendía tanta parafernalia cuando sería más cómodo meter la tortilla en el pan y comerse la manzana a bocados en la puerta de la nevera. "Es que eres muy pija, mami" Entonces le dí este discurso sobre las formas y sobre lo agradable que es que las cosas sean bonitas y que esto no lo hacemos para distinguirnos sino para convivir con la belleza. Y luego leí tu comentario y me pareció que estabas en el bando de Enano y me salió así. Era un alegato en favor del la importancia de las formas y no una crítica. (Comprende que soy de bellas artes: a veces me siento en una permanente defensa de lo inutil que probablemente no tenga mucho sentido. ¡Siento que te hayas sentido mal!)

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  12. Ay, me doy cuenta que lo delos bodorrios se puede interpretar mal. Yo no he puesto el ejemplo de los bodorrios por el círculo social que venga nadie, sino como algo en lo que se manifiesta que las relaciones, y la formas -no considero buenas formas esos bodorrios, pero ellos sí- importan. Y parece que gustan, antes lucían en páginas interiores de revistas, ahora están en portada. Y en los periódicos. Mi teoría es que cuanto más pobres seamos los demás, más boato y despilfarro tendrán las bodas de hijas de políticos con hijos de toreros, porque deben dejar muy claro en su grupo que a ellos no les ha llegado la quema.

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  13. Por último, viendo esas portadas es cuando me entran ganas de poner un buen petardo en esas iglesias, a todos, a los que ostentan el lujo y a los que los cobijan. Nán, ahí sí me entra el ánimo revolucionario, revanchista o lo que quieras.

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  14. Vuelvo para decir, que sí...que te has leído los tres libros que te he recomendado.

    Sobre dejar comida en el plato...luego vuelvo a decir algo.

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  15. No hay mal rollo, Ire. Solo que la "etiqueta" de los años 10 y 20 del s. XX tiene poco que ver con las horteradas de la gente del corazón de hoy.

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  16. Nán y CS, entonces y ahora había patanes y refinados que afectaban las mismas maneras. Los patanes se muestran sin pudor en las revistas, no puedo poner ejemplos de refinados de portada de revista, porque no están.
    A mi lo que me importa es entender el comportamiento, y me importa por mi experiencia.

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  17. Leo en la novela de Castán, La mala vida, pp. 48-49, que por fin esta tarde he podido empezar:

    “La grandeza, el verdadero lujo, está en esa displicencia algo aristocrática, en el sentido no peor de la palabra, de dejar las cosas un poco a medias: esa copa de coñac que se abandona por la mitad en la terraza del bar, las monedas que no terminan de recogerse del todo de la bandejita en la que el camarero nos traía los cambios de la consumición, los platos sin rebañar, las tardes enteras de sopor y molicie, malgastadas sin culpa porque la vida sobra ... Es mil veces preferible dejar siempre algo en el plato, desdeñar con elegancia parte del festín...”

    Te aviso Txelo’s, que me está entusiasmando.

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