3 de septiembre de 2010

Tocada y ... hundida

Es curioso, el mismo día que escribo una entrada sobre lo que me gustaría un cambio en mi vida laboral me ocurre lo siguiente. ¿Una lección de humildad, un jarro de agua fría, un toque de atención, una señal? No lo sé, quizá todo eso y nada a la vez. ¿Debería conformarme con lo que tengo? ¿Es malo querer cambiar?

Me avisan de recepción que hay un señor que quiere verme, me dicen el nombre y no me suena. Yo por lo general recibo a todo el mundo aunque no me suene de nada. Luego les puedo dedicar más o menos tiempo, pero en general y si no estoy metida en un merdé, atiendo a todos y todas. El nombre no me suena, pero en cuanto lo veo lo reconozco. Es un carpintero de unos cincuenta y pocos. Me suena de cuando yo era pequeña. Había estado en mi casa haciendo alguna chapucilla. Lo recuerdo como un tipo simpático, eficiente y me parece que debe ser buena gente. Tras unas breves palabras de cortesía, entra sin rodeos: busca trabajo.

Que si la cosa está muy mal, que si abre el taller y no tiene trabajo, que si hay que anticipar el dinero a los proveedores, que si a él no hay ningún cliente que le anticipe, que se encuentra muy mal, que la cosa va de capa caída desde hace más de un año, que antes con la construcción se iba tirando, pero que ahora no hay más que proyectos pendientes pero que no se ejecutan,  que si empezó un trabajo y le dejaron colgado y por ende sin dinero, que si tiene miedo de caer en una depresión, que su mujer también está sin trabajo, que... a ver si yo puedo ayudarle, que trabajaría en lo que sea. 

Joder. Me siento fatal en mi privilegiada situación. Casi culpable. Imagino que él no se siente nada bien tampoco. Por un momento me pongo en esa situación desesperada que describe y siento escalofríos. Debería de intentar hacer algo por él, pero en la empresa en la que trabajo tampoco están las cosas como para tirar cohetes, ni tampoco somos una ONG, además forzar una entrada de "loquesea" no suele dar buenos resultados en RRHH. Alguna vez he tenido un desencuentro por eso y me he comido algún sapo. Me quedo su teléfono y prometo que si sé de algo le llamaré. Ojalá pueda.


7 comentarios:

  1. Que uno vaya a una clínica porque le duele un pié y vea que hay gente en urgencias, no implica que uno no se mire el pié y siga cojeando, sólo da una perspectiva.

    Pero se nota una insatisfacción con lo que haces, habría que pensar que es real y que es bagaje y una vez pensado esto, qué puedes hacer, esa libertad de la que hablabas! para que sea un desafío y aprendas y seas... Diva?

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  2. El Sistema produce, a la par, riqueza y pobres: cumple su cometido. No puedes cargar con los resultados de lo que no es tuyo.

    Has sentido compasión. La compasión es un sentimiento intransitivo: el objeto de la compasión impulsa en ti esa sensación, pero la compasión no devuelve nada hacia el objeto. No lo cambia, ni ayuda. Solo te cambia a ti.

    Creo que quien no es capaz de la compasión huele a muerto. Estoy acostumbrado a percibir ese hedor. Y sí es útil, aunque no para quien te la provocó en ese momento: te hace tomar partido, mueve la sangre y hueles a persona viva; que no en este caso, sino en otros, está preparada para ayudar.

    Y si la cosa no es así, seguro que se le parece.

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  3. NäN, desde mi opinion el sistema produce más pobres que ricos, en una escala desproporcionada. El caso del carpintero, es comun en el gremio de la construccion.Es verdad que está de capa caida, muy caida. Pero no queda otra que continuar en el tajo, ya que siempre hay algo. Lo que está claro es que no volveran las cosas al ritmo de hace dos o cuatro años atrás. Se está produciendo una limpia de gente, y el chapucero que todavía no te termino de apretar el grifo pero ya lo cobró no tiene cabida ya. Ni el inmobiliario que venido de vendedor de alfombras o melones, se puso a vender pisos y se gastó la pasta en ferraris, yates y fiesta, tampoco tiene espacio hoy día.Lo siento por el carpintero honrado. Pero si me parece justo en el caso del vendedor de melones. Lo malo es que están en el mismo gremio, y muchas veces pagan justos por pecadores.

    Me ha gustado lo del olor a muerto, es cierto. A veces lo percibo.

    K, ... sin especulación, ni chapuceros, mucho mejor.

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  4. Claro K, totalmente de acuerdo. Pero fíjate que decía "riqueza y pobres", no "ricos y pobres". La riqueza va a parar a muy pocos (que además suelenesconderla) y durante un tiempo, llena los bolsillos de mediocres sin escrúpulos.

    Esa fue la causa, en mi opinión, de la crisis general. Y sobre todo aquí, desde la ley Rato, puso en marcha un enorme crecimiento del dinero producido que sirvió a muchos. Luego, Zapatero no quiso pinchar el globo y adelantar la caída, así que se aprovechó de lo mismo.

    Corruptos, chapuceros y mediocres se beneficiaron: el resultado es un aumento demencial de la pobreza... lo que sucede también en otros países.

    Me ha gustado mucho un artículo sobre la economía en Bután, con su medidor "felicidad interna bruta". Es un sito pequeñito pequeñito. Pero me gustaría que fuera creciendo ese enfoque. Te dejo la dirección:
    http://www.globalizate.org/ps290810.html

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  5. Gentes capaces de vivir con lo mínimo, y en espera de que se mejoren ciertos servicios que cualquier pais necesita no ya para desarrollarse, sino para sobrevivir con unos minimos higienicos sanitarios, como hospitales, agua corriente y electricidad. La felicidad en sí misma, como concepto basico para sobrevivir y para el día a día,como moneda de cambio, basada en una crencia religiosa.

    Siempre me ha gustado el concepto ecologico que el budismo ofrece.

    La diferencia radica en la religion o creencia de ese pueblo frente al nuestro, aún y empeñandonos en decir sobre ella que es opio de los pobres,pues bienvenido sea ese opio. Nuestro opio siempre ha sido el dinero, y lo que ello conlleva.

    Pero por otro lado, y al igual que sucede con el vaticano, seguro que los palacios reales estan llenos de oro, diamantes y obras de arte.

    K, ... ohmmmmmmmmmmmm.

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  6. Ya sé que no es comparable, pero no estaría mal que se crearan también unos índices que transmitieran una sensación más real de cómo van las cosas. Mejor todavía, porque ya sé que existen índices de desarrollo y tolereancia: esos índices deberían ser muy publicitados y que los tuviéramos muy en cuenta a la hora de tomar decisiones. Prefiero un país con menos PIB y un desarrollo más extendido.

    Y tienes razón en que los países con esa religión abordan el problema ecológico con más suavidad.

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  7. Cuando las cifras se convierten en personas concretas, es difícil evitar la empatía, el verse en su lugar y no imaginar la angustia, la desesperación, el no saber por donde tirar. Si tienes mano suficiente como para echarle un cable, Diva, no dejes de hacerlo.

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