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31 julio 2011

"¿Quién teme a Virginia Woolf?": No para los pusilánimes

Imperdonable: a mi (avanzada) edad, hasta hace una semana aún no había visto ni la versión teatral ni la película que titula el divague: "¿Quién teme a Virgina Woolf?" Por fin, hace unos días me pasó por encima ("ver" no es exactamente el verbo) la peli, dirigida en 1966 por Mike Nichols y protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton. Aún me estoy recuperando.

Basada en la obra teatral de Edward Albee, los temas son muchos y no dejan al espectador indiferente. Se palpa que es un guión teatral, desde casi la primera escena. La obra recibió varios premios de la época, pero no consiguió el Pulitzer de teatro, debido a sus obscenidades y procacidad. Evidentemente, esto no es lo que deja k.o. al espectador de hoy en día, pero sigue habiendo mucho tomate.

Elizabeth Taylor y Richard Burton, pareja conocida por su relación tempestuosa, y un par de matrimonios fallidos, representan en escena precisamente eso: una pareja con una relación tsunami ("tempestad" no hace justicia a lo que se lidia en esa plaza). La película comienza con la pareja, regresando a casa de una fiesta -más bien hundidos que tocados por el "alcohol de 96 grados" (como dice él luego: "Martha, para ti lo de siempre, alcohol de 96?"). Y continúa con la conversación que se desencadena cuando, al entrar en casa, ella cita a Bette Davis en cierta escena de película, y él no lo pilla, o no lo quiere pillar. Esta primera parte de la peli, en la que están solos, el diálogo es inteligente, ingenioso, despiadado, humillador. Se odian, se aman, se necesitan, se repelen pero, sobre todo, hacen esgrima dialéctica. Es tan buena y tan ácida la ironía, los ataques, la falta de piedad de cada uno con el otro, que en esos momentos no hay quien no piense que tal vez sea mejor vivir en ese continuo límite con un contrincante como aquel/aquella, que en una relación balsa de aceite donde una ameba vegeta al otro lado del sofá.

Martha: Oh-ho, you pig.
George: Oink, oink.
Martha: Fix me another drink… lover.
George: My God, you can swill it down, can't you?
Martha: Well, I'm thirsty.
George: Oh, Jesus.
Martha: Look, sweetheart, I can drink you under any goddamn table you want, so don't worry about me.
George: I gave you the prize years ago, Martha. There isn't an abomination award going that you haven't won.
Martha: I swear to God George, if you even existed I'd divorce you.

Si existieras, me divorciaría de tí.
Tal vez esta frase la podría decir una mujer de hoy en día, con una vida propia que no sea la de "señora de". Si existieras, o más bien, si yo existiera, me divorciaría de ti. Y es que uno de los problemas-pantalla, que esconde otros muchos más terribles, es que él no ha cumplido profesionalmente como ella ambicionaba (se ha quedado en Catedrático asistente, siendo el padre de ella rector). Si le exige tanto, es también una sublimación de otro de los temas mar-de-fondo que recorren la obra? Martha debía cumplir como esposa y florero. Pero, ha cumplido?

Tras el primer acto, y como buena tragedia griega que tal vez no tenga coro pero sí necesita un público ante el que representar el drama, aparece la pareja de recién casados que acaban de llegar a ese endogámico mundo universitario. No saben que, aceptando la invitación de este par en la fiesta anterior de pasarse para tomar la última copa, están metiéndose en un lodazal de los peores: aquellos en los que el barro del otro va a acabar salpicándote, y hasta qué punto. Esta pareja inocente, pero al final también con su propia mochila (quién no la tiene), acaba siendo pasto del dúo George-Martha, analistas, pacientes, artistas o basureros. Su catarsis, gentileza de dos leones, no es exactamente lo que se dice un final de fiesta con fuegos artificiales. O tal vez sí. Personalmente, prefiero la primera parte de la peli. Tal vez en medio haya alguna escena de la que prescindiría, pero el final de esta la tragedia en tres actos, es de los que te dejan mirando a los créditos, sin moverte de la butaca. Ah, esas pelis son las mejores, sea la razón que sea la que te impide moverte y salir a la luz.

Por último, unas líneas sobre “el duelo interpretativo”, y disculpen el lugar común. Dicen que, durante mucho tiempo, se comparó la relación Burton-Taylor con la de George y Martha. Taylor está impresionante, pero no sé porque, una acaba pensando que ese papel de alcohólica borderline no es interpretado. Sin haber leído prácticamente nada de ella, la Taylor me parecía así en la vida real. Burton es otra cosa: hijo de mineros galeses, actor sin formación famoso por su Hamlet, y con un físico espectacular, en mi opinión lo borda. Contenido y en ebullición, sobrio y ebrio, humillante y flagelado... impresionante. Y qué voz…

No para los pusilánimes. Pero esos no leen este blog.

30 julio 2011

Hoy me acuesto con él


- Conexión a internet - 60 euros


- Linterna nueva en decathlon - 16 euros


Cantar en la cama las canciones que pollito ha aprendido en el campamento y dormir con él después de estar quince días sin verlo, no tiene precio.



Tonight, hey, hey, heeeeeee eee, heeeeee eee.......






27 julio 2011

Mujeres al mando: necesitamos más

El último día, cuando parecía que divagaba gratuitamente sobre los dos chicos a los que superviso en el trabajo... en realidad, pues eso: parecía. Nada es gratuito. Comencé a escribir sobre las relaciones entre los géneros en el trabajo no precisamente motivada por la película "Horrible bosses" (Seth Gordon, 2011), que no he visto, sino por una noticia. Que me llevó a recordar aquel experimento que se hizo con una mujer mandando sobre cuatro hombres, un hombre sobre cuatro mujeres, y otras combinaciones. Parece que el hombre que mandaba sobre tanto cuatro mujeres como un grupo mixto, se sentía en la cumbre, pero la mujer que mandaba a cuatro hombres se sentía… incómoda. Se especula que la razón es porque las mujeres están más por la cooperación y el altruismo, y eso en el capitalismo salvaje, oiga, no vende nada. Aquí lo que ha de primar es competir y dar órdenes. Y esto a muchos tipos, sea por la testosterona, sea por la (mala) educación, se les da muy bien.

Así es cómo, para ilustrar, empecé a contar mis aventuras con Griego y Egipcio, con los que no me siento nada incómoda. Pero como ya sabemos, tal vez no sea mutuo. El Griego es un hombre tradicional (recordemos: a su Big Fat Greeek Wedding fueron nada menos que 2500 invitados) y tal vez, el Señor be ha puesto en su camido con una Misión. Por ejemplo: la noche de autos que salimos con el equipo, sufría por no poder pagarme las copas. “Hasta ahí podíamos llegar: aquí las copas las pago yo, que para eso gano bastante más que tú”, pensaba la Di solidaria. Lo que en realidad dije: "hasta aquí podíamos llegar: aquí las copas las pago yo, que para eso soy feminista de la vieja escuela". Creo que Griego no había oído esta expresión en su vida: para él una feminista debía ser la versión femenina suya, o sea La Gruffala. Sólo necesita otros 6 meses de más inmersión. Su mujer me lo agradecerá.

Pero divago. La noticia que me hizo saltar en mi sofá (y a Mary Wollstonecraft en su tumba) fue lo que pasó hace poco en una empresa italiana de unos 30 empleados. Azotados por la crisis, como todo Pepe, deciden quitarse de encima a casi todas las trabajadoras, y dejar en plantilla a los hombres. El razonamiento es algo que parecerá una hipérbole mía para atrapar al lector: "el sueldo de ellas es una ayuda, pueden volver a casa a cuidar a los niños y a limpiar". Pero no, no es un truco retórico: es la realidad. Ahí ni entraremos.

Los trabajadores, simpáticos ellos, han seguido yendo al trabajo sin que eso de la solidaridad laboral fuera con ellos. Pero ellas han ido a la huelga: por lo menos, solidaridad de género. Buf, qué concepto tan anticuado. La solidaridad antigua estaba relacionada con el parentesco (y aún sigue muy vigente en ciertas sociedades, donde tener un primo bien situado puede ser sinónimo de colocarte bien), y en el Siglo XIX comenzó la solidaridad de clase (otro concepto dinosaurio, vamos). O sea, se pensaba en la línea: a un trabador o trabajadora (como yo), con un par o cinco hijos (como yo), con sus problemas para llegar a fin de mes (como yo), etc etc (como yo), le echan del trabajo, y yo le ayudo a muerte, primero porque me podría pasar a mí, pero segundo y más importante, porque sólo juntos se consiguen las cosas. Ahora, los dinosaurios sabemos que hace un rato que se extinguieron y, como diría Marsé "ahora lo que la gente quiere es comprarse una gabardina y tener coche". Tal vez se haya vuelto al primo o al amiguismo como la única forma de solidaridad. Y eso con suerte, eso si no se va totalmente a la bola personal.

Los italianos no es que estén innovando con esto: las mujeres, a lo largo dela historia, han sido un comodín que han de trabajar cuando los hombres están en la guerra, pero cuando vuelven y hace falta trabajo, o en épocas de crisis como la del 29 o ahora, pues vuelta a casa “a cuidar el hogar”. Tras la Guerra Mundial incluso apreció Bolwby con su teoría del apego explicando porqué los niños debían estar con sus mamis y no en guarderías. La teoría del apego tien muchos puntos válidos, pero no sirve para ser usada como arma política para quitar las mujeres su independencia.

Además, hablando de independencia, los informes de Oxfam, y Unicef son bastante claros en el hecho de que, a día de hoy, la mayor parte de las mujeres del globo mantienen a sus hijos ellas solitas. Eso del proveedor y la distribidora está pasando a la historia, y no hay más que pasearse por las zonas más pobres de Londinium, donde los padres no existen. Mejor no pensemos en la sabana etíope. Así que si los italianos de esta empresa se creen que las empleadas a las pagaban 900 euros se van a casa en plan Laura Brown de “Las horas” (Stehen Dalwdry, 2000), la llevan clara. Estas mujeres se irán a una casa donde, en muchos casos, no habrá un marido y, lo que es peor, ni siquiera su pensión de alimentación de los niños.

Los hombres siguen ganando de media un 20% más que las mujeres, por el mismo trabajo. Se sigue creyendo que el capital humano masculino es mayor que el femenino. Esta diferencia de salario es así por medidas que los hombres han creado, porque mayor salario significa mayor poder. Hay más mujeres en la universidad, teniendo los mejores resultados, pero luego son ellos los que se llevan las cátedras y los que están en los consejos de dirección de las empresas, porque algo pasa en la treintena de las mujeres que… no sé, de repente se nos encoge el cerebro?

Si tienes cerebro, úsalo. Intenta ser una de esas jefas, altruistas y cooperantes, es una paso hacia el camino menos equivocado.

Y si un tío te quiere pagar una copa con las credenciales “soy un tío”, pregúntale cuánto gana. Si acabas pagando tú, son buenas noticias.

24 julio 2011

Superviso a dos tipos: uno egipcio, otro griego.

En el trabajo, se entiende. Y a partir de agosto, a tres.

En la profesión que imposto de día, vas progresando hasta llegar a los supuestos laureles durante un período casi eterno (cuánto dice que estaban los curas, 12 años?). Una de las prebendas del laurel consiste en supervisar (o sea, mirar por encima del hombro, super-visare) a los pequeños saltamontes que eras tú hace cuatro días.

En este momento, superviso a dos tipos: uno egipcio, al que le queda bien poco para tocar la cima, y uno griego, que asegura la tocó en Grecia, pero que empezó de nuevo al llegar al Reino Unido. A partir de comienzos de agosto, se añade al lote un inglés, al que le tengo unas ganas horrorosas. Todo estereotipos inconfesables, pero será coincidencia que la mayoría de los ingleses con los que he trabajado y yo vemos la vida (laboral) de una manera similar. Pero con estos mediterráneos, hay que armarse de paciencia.

El egipcio es un mocetón de 1.90 y más tirando a gordo que a cuadrado. Pero yo esto es algo que disculpo: siempre me han gustado los armarios de dos puertas, aunque los malogro (pobre Pedalista). Luego la vida en común los trata mal y pierden "las asas del amor", como llamaría el egipcio a sus mollas lumbares. El egipcio es simpático, carismático, y un tanto cantamañanas. Me cae bien, pero a mí es que no me gusta que alguien venga el primer día y me diga: "Don't worry, Di, I work like a dog" (no lo he traducido por razones obvias... en castellano es difícil buscar un sinónimo de dog aquí que no sea racista, y pensar en un dog... buf, mejor lo dejo). Decía que no me gusta la gente que se pone esas medallitas sin haber siquiera empezado a cortar el bacalao. Tío, curra, y luego te diré yo si trabajas como un japonés. Y es que el dicho "dime de lo que hablas, y te diré de lo que careces", o en culto, "excusatio non-petita, accusatio manifesta" es total actualidad en mi departamento.

Campodetenis (hay que haber leído "Asterix Legionario" para entender esta referencia, sorry) tiene una buena anécdota la mañana after the night before. Tras una juerga del equipo, el pobre tenía que ver a unos clientes a las 9 am, con una resaca del diez. Luego me cuenta: "estaba fatal, así que hice la cosa ésta de la hospitalidad… les saqué una bandeja con té, galletas y de todo, para ir comiendo yo, que me moría". Parece que los clientes salieron con una impresión inmejorable de nuestro servicio, que normalmente no ofrece desayuno, os lo aseguro. "Full English Breakfast anybody?". Aún nos reímos con eso. Como se puede apreciar, soy una jefa de lo más entrañable.


El griego es otra cosa. El griego es que el primer día que lo vi pensé que era directamente el Gruffalo, o, por contextualizar, Saturno devorando a sus hijos (véase Goya). Es un hombre pequeño que destila testosterona por cada poro de su (puag) piel. Y no testosterona de la buena, sino una especie de olor, barba cerrada, melena señorito-andaluz, y pantalones ajustados. Y dientes como de bruja: cuando sonríe (o hace un gesto intentándolo), es dantesco. El griego es muy griego: solo le falta una túnica y una mano elevada al cielo para esgrimir su razonamiento-siempre equivocado. De los principios conceptuales de nuestra común profesión, el pobre griego no tiene más que un par claros: mezcla ciencia con folklore, y da por científicas sus opiniones. Cada supervisión es una batalla, porque me reta todo lo que le intento hacer considerar desde otro ángulo. Un día le confesó a otro compañero que en un test de personaliad le había salido “que no asume bien que le den órdenes las mujere, y que era narcissta”. Chapeau, ha pillado a la jefa adecuada. Pero como es una pasivo-agresivo, a veces me acaba dando pena, porque cuando ve que no tiene razón, se hace la víctima. Este momento es casi aún más odioso, porque me acaba dando pena. Y encima el tío quiere que sea su analista!!!, preguntándome lindezas como : "crees que soy sarcástico? No lo intento ser". Y yo: "esto no es tu terapia, Griego, pero cuando te maileo diciendo que te quedan tres informes retrasados por terminar no se me contesta con un "I know!". Sí, seguido de exclamación.

El egipcio viene a supervisión con disculpas (ya sabe todo lo que tiene retrasado, ya sabe, ya sabe) y elogia cómo huele mi oficina, "mmm, que infusión tan agradable" (como diría un naufrago mío: "a la abuelica con pistolicas de agua"). El griego viene con la espada, y cuando ve que la única posible es la de Damocles que tiene encima de su cabeza, se hace el pajarito en apuros. Y mi trabajo no es ayudarle en sus inexistentes habilidades sociales, no tengo yo la culpa de su Asperger.

Buf... me quedan otros seis meses de griego y otros tantos de egipcio.

No puedo esperar al inglés.

22 julio 2011

Well, everybody hurts... sometimes.

Soy más de "Happy Shining People", pero hoy me siento así. 

Y la letra no me consuela.

Take comfort in your friends
Everybody hurts. 
Don't throw your hand. 
Oh, no. Don't throw your hand

Huérfanos: literatura, cine, imaginario colectivo

Un día cualquiera, una se sienta inocentemente con su hija a ver una peli y se encuentra con Mowgli, de "El libro de la selva", el niño abandonado en el bosque del que se cuidan animales y alimañas. Al día siguiente, se va a la estantería a ver qué libro leer ahora y el primero que se postula (léeme, léeme!) es "Oliver Twist". Qué fascinación han tenido los escritores con esto de la orfandaz, concluimos.

"Oliver Twist" se publicó en 1847 y bueno, lo de Dickens es casi patológico: Pip y Stella en "Grandes esperanzas" son ambos huerfános, y también David Copperfield. Esa época particular en Londinium -donde los niños sin familia en las calles eran una plaga tipo los de las favelas de Brasil actuales- dio lugar a que diversos benefactores fundaran organizaciones de acogida, algunas de las cuales existen aún hoy en día, como Coram y Barnardos. En el mismo año que "Oliver Twist", pero cambiando la hacinación urbana por la bucólica campiña inglesa, se publica "Jane Eyre" de Charlotte Bronte, otra clásica huérfana de la literatura, y unos años más tarde (1876), al otro lado del charco otra novela que para siempre grabó en nuestra retina el Mississipi: "Las aventuras de Tom Sawyer"... vaya, otro huérfano.

El tema de la orfandad, tal como lo plantean estas obras, siempre me había sobrecogido de niña. La palabra "orfanato" era terror auténtico. De hecho, uno de los sonidos e imágenes con los que, año tras año, hago aún un reflejo condicionado de nudo en la garganta es el de los "niños de San Ildefonso". Yo no sé si estos niños son aún huerfános, pero desde que me lo dieron como un hecho de pequeña, simplemente me rompe el corazón. Claro que todo este terror habla de lo que era mi visión como hija. Y si me pasara a mí, y si se murieran mis padres. Pero ahora, existe un miedo mucho más atroz, un pánico todavía mayor: y si le pasara a Mini, y si se quedara sin padres.

Hace un tiempo, cuando en alguna noche de lo menos edificante me planteé por algún instante que Mini se pudiera quedar sin madre (la evolución de cierto postpoeratorio no iba precisamente viento en popa), hice primero lo que haría todo el mundo: desesperarme, llorar, y cabrearme un montón, sin saber bien con quién. Una vez terminado con esto, con el beep beep de los monitores de uno y otro de fondo, comencé a pensar en las múltiples muestras de orfandaz en la literatura y el arte, y en concreto, la orfandaz de madre. No voy a entrar en los cuentos de hadas, donde las pobres Cenicientas, Blancanieves, Bellas (antes de Bestias), etc, no tienen ninguna madre, aunque sí padre, que en las dos primeras se casa con una arpía. Pero es que Disney sigue con la tradición años después: la narrativa de "Finding Nemo" pasa por cargarse a la madre en la primera escena, dejando a un padre neurótico y asustado en esto de educar (más bien proteger del mundo cruel) él solito a su hijo que quiere nadar libre.

Una de mis pelis favoritas es "Novencento" (Bertolucci, 1976), que tiene como protagonista a uno de los personajes más carismáticos de la historia del cine, Olmo Dalcó, un partisano que le da el contrapunto a Ricardo, el señorito interpretado por De Niro. Olmo tiene una mujer tan cañera como él, una de esas maestras con ideas revolucionarias, que muere de parto. Olmo educa a su hija Anita en los valores de ambos. Es una peli imprescindible, como también lo es "Tasio" (Montxo Armendáriz, 1984). Tasio es un hombre que se niega a doblegarse trabajando para el rico dle pueblo y también pierde a su mujer cuando su hija tiene 6 años. Y qué decir de la madre de "Billy Elliot" (Stephen Daldry, 2000), que tiene un corto papel en la peli: hace de su fantasma. Otro ejemplo reciente del que podré hablar cuando Mini tenga edad de merecer y me haga partícipe de las pelis o los libros que desconozco es Harry Potter.

La orfandad en la literatura infantil tiene como misión el hacer que los niños se identifiquen con otros que, partiendo de unas circunstancias muy duras, logran tener éxito.  Niños que, en el fondo, no lo son tanto porque tienen que tomar decisiones que tal vez no son propias de un niño. La función en literatura/cine de adultos varía. Olmo tiene una relación muy especial con su hija que pasa, de alguna manera "a sustituir a la madre" en el aspecto intelectual. La madre de Billy Elliot sería la única que apoyaría su pasión por el baile, contrapunto del mundo ultra-masculino de su padre y hermano mineros. O yo-que-sé, estos son mis análisis, cada uno interpretará la función según lo vivido, que es al fin y al cabo lo que hace que un libro o una peli te haga "tocado-y-hundido" o que te resbale.

Cuántos años resbalándome, sin prestar particular atención a este batallón de huérfanos en la literatura. Hasta que un par de beeps en la noche los trajo a todos de golpe.

20 julio 2011

Confía en mi

Consuerte y yo tenemos diferentes actitudes ante lo que es una visita médica:

- Consuerte intenta escaquearse todo lo que puede y no iría nunca. Eso sí, una vez que va, se entrega, es manso cual corderito.

- Yo, en cambio, voy al médico la mínima pero una vez allí dudo de todo y pongo en práctica aquello de "busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo".

Mi polluela Nina, llevaba un día con el ojo rojo, parecido a una conjuntivitis. Consuerte fue el encargado de llevarla al oftalmólogo. Elegimos uno al azar, total era un asunto de poca importancia. Al volver a casa pregunto a Consuerte:

- ¿Como ha ido la visita?

- Nina tiene algo en el ojo, no sabe si es un quiste o alguna cosa pegada. Ha intentado sacarla y no ha podido. Dice que volvamos mañana que la dormirán y así se la podrán sacar o en todo caso si es un quistecillo se revienta fácilmente y tal...

- ¿Co...como?. Vamos que el tío no se lo ha sacado y encima pretende dormir, anestesiar mañana a Nina!!! Pero si no lo conozco de nada ... Ni loca.

Mi cabeza va a 100 por hora mientras trato de elaborar un plan alternativo a la visita de mañana. A la vez imagino quistes, astillas clavadas, cegueras varias y otra serie de desgracias.... Que se le va hacer, no puedo evitarlo.




Llamo a una amiga cuyo marido es médico y le explico lo sucedido. Me aconseja otro oftalmólogo en otra ciudad. Me dice que vaya de su parte.

Al día siguiente a las 9 llamo y me dan cita. Recorro los 110 km que nos separan y me planto allí dispuesta a ganar la batalla. El Doctor Cumlaude, mira a Nina. Efectivamente tiene algo en el ojo pero no es un quiste. Suspiro aliviada. Conociendo la "sinceridad" y "espontaneidad" de Nina le he contado al Cumlaude que ayer estuvimos en el ambulatorio y que un "médico" trató de extraer lo del ojo y no pudo etc...

Nina no deja de preguntar:
- ¿Qué es eso? ¿Me va a doler?
- Es un pincel mojado y con eso te voy a sacar lo que tienes metido.
- Esa flecha es como la de ayer mamá - me informa porque como yo no fui a la visita. 
- ¿Por que me levantas las pestañas?
- Quiero mirar si hay algo debajo del párpado - le explica Cumlaude.
- Ayer no me lo hicieron. ¿Para que son esas gotas?
- Son de color amarillo y sirven para ver si ha quedado algo en el ojo. 
- ¿Podré ir a la piscina?
- Hoy no, pero yo creo que mañana ya podrás bañarte... Ya está.
- Bien! - Nina sonríe y todo fluye de nuevo.

Recorro el trayecto opuesto aliviada. Llamo a Consuerte y le explico lo sucedido. Me comenta que ya que tenemos la visita concertada con el médico de ayer sería bueno aprovecharla, verificar que no tiene nada y así quedar bien con él.

Por el camino instruyo a Nina sobre el pundonor médico y la conveniencia de no decir que ha ido a otro oftalmólogo. Parece que lo entiende. Por la tarde su padre, la lleva de nuevo a la consulta y le avisa de que no debe decir nada sobre la visita de por la mañana:

- Confía en mí, papá - le dice Nina antes de entrar en la consulta.

Como era de esperar, el oftálmologo del día anterior comprueba encantado que ya no tiene nada en el ojo. Comenta que a veces esta cosas ocurren, que puede haber salido solo etc. Consuerte asiente y calla. 

- Para comprobarlo te voy a poner un líquido en el ojo de color...

- Amarillo!!! - dice Nina encantada de saber tanto y dominar la situación.

- Muy bien, lo has adivinado - comenta él mientras Consuerte le hace señas a Nina para que no diga nada. - A ver, a ver, bueno pues parece que no tienes nada. Un poco de herida tan solo. Así que te pones esta crema 3 veces la día y nada de piscina hasta el lunes.

- Pero el otro médico ha dicho que hasta mañanaaaaaaaaa !!!!- Consuerte estruja a Nina en sus brazos mientras la intenta ahogar y cambia rápidamente de conversación.









18 julio 2011

Yaya: eres la mejor!

Hoy es el cumpleaños de La Yaya. Alguna vez he hablado de ella aquí, pero desde luego ni remotamente lo suficiente para que se vislumbre lo que creo me ha influido. La razón-no precisamente por falta de material-es porque ella es una persona muy privada, que odiaría saber que sus historia andan por ahí rondando por el éter de internet.

La Yaya cumplía los 16 el día que estalló la guerra civil. Hacía poco que se habían mudado a vivir al pirineo catalán desde su Barcelona natal por recomendación médica, ya que su madre sufría del corazón. Gustavo Adolfo Bécquer, aquejado de tuberculosis, había pasado por el mismo pueblo, donde escribió "La cruz del diablo" -me han hecho creer que en la mesa de unos amigos de la Yaya, cuyos antepasados tenían la posada. La Yaya siempre ha sido muy catalana, de las de todos los apellidos, pero eso no le impidió enamorarse de un argentino, hijo de emigrantes aragoneses, El Yayo, que decía eso de “Che!”.

La Yaya tiene una manera muy particular de ver la vida. Yo la resumiría como “si no tienes lo que quieres, quiere lo que tienes”. Es generosa, optimista, y le dan miedo los cambios. Aún me acuerdo la noche anterior a campamentos de niña cuando andaba yo un poco nerviosa, y ella siempre me decía: “si no quieres ir, no vayas, eh? El dinero da igual”.

En Mayo, cuando estuve en Vetusta, le puse el vídeo que incluyo para felicitarla hoy. Se titula “Aniversari” y es de Manel, un grupo que canta en catalán que me gusta mucho. Le pedí que me lo explicase (por la traducción) y, al final, toda seria me dice: “Todo esto él lo sueña”. Creo que el principio, que me recuerda a alguna escena buñuelinana por lo bizarro, la dejó un poco descolocada. Pero el vídeo es como un corto que, en mi opinión, alcanza su mejor momento hacia el minuto 4:50, en la escena en la playa, un canto a todo lo que supone para mí el Mediterráneo.

Felicidades, Yaya.

estirar-me una estona i per fi relaxar-me celebrant
el plaer indescriptible que es estar amb tu avui que et fas gran

16 julio 2011

Carmen

Será por un cúmulo de coincidencias, pero tengo a mi alrededor un número inusitado de cármenes (e incluso un Carmelo): cármenes de distintas generaciones, color de pelo, y maneras de ver la vida. Hoy es su día: felicidades. No sólo por la onomástica (ellas no tienen santa, sino directamente virgen!) sino también por el nombre: no todo el mundo tiene uno tan cargado.

El personaje de Carmen ha sido considerado un mito, porque en él coinciden elementos de la mitología arquetípica. Partiendo del tradicional tema del amor fatal, Carmen representa precisamente a la femme fatale. Bella y seductora pero terrible, manipuladora, cruel y vengativa. Pese a ello- o tal vez por ello-los hombres se sienten atraídos por ella. Así es como la muestra Prósper Merimeé en la novela, dicen que tomando elementos de diversas obras entre las que están "La gitanilla" de Cervantes, "Viaje a Espania" de Gautier o "Notre Dame de Paris" de Hugo.

Luego vino Bizet y endulzó todo con la ópera, prescindiendo de los elementos más salvajes, y creando por ejemplo a Micaela, la buena chica, en las antípodas de Carmen. La música de la ópera embrujó a Strauss o Mahler, qué otra cosa podía ocurrir? Y aunque dicen que el libreto es inferior a la novela, aquí van mis líneas favoritas y a la Callas interpretándolas. Dedicadas a todas mis cármenes (y carmelo) que, sin tener ninguno de los rasgos psicopáticos de nuestra heroína, tienen el embrujo. Feliz día, guapas.

L’amour est enfant de Bohême,
Il n’a jamais jamais connu de loi.
Si tou ne m’aimes pas, je t’aime.
Si je t’aime, prends garde à toi!

15 julio 2011

Instrucciones para ampliar la versatilidad de su bikini

Por aclamación divagante tras el ídem del otro día, aquí van las instrucciones exactas de cómo ponerse una parte de abajo de bikini como parte superior. 

 En primer lugar, un par de conceptos. Ya se estableció que las parte de abajo de bikini pueden ser de varios tipo: culotte, "normal" (con un mar de variaciones) y, bueno, tanga. Antes de nada señalar que la opción tanga no sirve para esta rienda suelta a la creatividad. En un momento se vera porqué. 

 Si miramos a esa parte del bikini de frente, tendremos la superior (A), que una vez puesta queda anclada en algún punto de la cadera, y el agujero derecho (D) e izquierdo (I) de pierna. Si lo miramos por detrás, tenemos una masa de tela que cubre los glúteos. 

 Por definición, la parte que va en la cadera (A), puede perfectamente encontrar su lugar en el mundo también a la altura del tórax. 

 Proceso: 

 1. Métase el bikini por la cabeza a modo de camiseta. La parte superior (A, o "agujero gordo", para los divagantes más obcecados) se encontrará en contacto con nuestras costillas. 

 2. El resto de nuestro tórax, extremidades y cabeza saldrá por otro agujero (pongamos el izquierdo, I). En ese momento, coja la parte que une a los dos agujeros y póngala sobre un hombro. 

 3. El último agujero (D) va de ese hombro a la axila derecha. 

 Para los que aún no lo vean, lo que hace función cobertora del glúteo hace aquí función cobertora de las glándulas mamarias. Hete aquí que un tanga no tiene aplicación. El resultado es un top a lo romano, rompedor. 

 De lo mundano, a lo espiritual, lo elevado. Ayer fuí a ver "The tree of life", la peli de Terence Malick que ganó Cannes. Como me consta que no ha llegado a la península no contaré lo de los dinosaurios. Es una peli de esas de imágenes increíbles, que a un amigo de cuyo juicio cinéfilo me fío "le cambio la manera de ver la vida". Yo parece que no aprendo, porque ya debería saber que estas epifanías pocas veces son compartidas. Dicen que en un cine de Dalston, un barrio de Londinium, tras el último fundido negro, un final de esos que se toma a sí mismo muy en serio, dada la extrema importancia de los tópicos tan masivamente vitales que ha tocado, uno rompió a reír, y le siguió todo el cine. Una carcajada histérica unida que, desde luego, a mí y a mi amiga nos habrían ido la mar de bien. 

 Tenía que sacarlo de dentro (sal de mí, sal de mí!), aunque fuera escondidito en un divague sobre bikinis. Ahora me siento mejor, y la cabeza ya sólo gira 170 grados.