18 de julio de 2011

Yaya: eres la mejor!

Hoy es el cumpleaños de La Yaya. Alguna vez he hablado de ella aquí, pero desde luego ni remotamente lo suficiente para que se vislumbre lo que creo me ha influído. La razón-no precisamente por falta de material-es porque ella es una persona muy privada, que odiaría saber que sus historia andan por ahí rondando por el éter de internet.

La Yaya cumplía los 16 el día que estalló la guerra civil. Hacía poco que se habían mudado a vivir al pirineo catalán desde su Barcelona natal por recomendación médica, ya que su madre sufría del corazón. Gustavo Adolfo Bécquer, aquejado de tuberculosis, había pasado por el mismo pueblo, donde escribió "La cruz del diablo" -me han hecho creer que en la mesa de unos amigos de la Yaya, cuyos antepasados tenían la posada. La Yaya siempre ha sido muy catalana, de las de todos los apellidos, pero eso no le impidió enamorarse de un argentino, hijo de emigrantes aragoneses, El Yayo, que decía eso de “Che!”.

La Yaya tiene una manera muy particular de ver la vida. Yo la resumiría como “si no tienes lo que quieres, quiere lo que tienes”. Es generosa, optimista, y le dan miedo los cambios. Aún me acuerdo la noche anterior a campamentos de niña cuando andaba yo un poco nerviosa, y ella siempre me decía: “si no quieres ir, no vayas, eh? El dinero da igual”.

En Mayo, cuando estuve en Vetusta, le puse el vídeo que incluyo para felicitarla hoy. Se titula “Aniversari” y es de Manel, un grupo que canta en catalán que me gusta mucho. Le pedí que me lo explicase (por la traducción) y, al final, toda seria me dice: “Todo esto él lo sueña”. Creo que el principio, que me recuerda a alguna escena buñuelinana por lo bizarro, la dejó un poco descolocada. Pero el vídeo es como un corto que, en mi opinión, alcanza su mejor momento hacia el minuto 4:50, en la escena en la playa, un canto a todo lo que supone para mí el Mediterráneo.

Felicidades, Yaya.

estirar-me una estona i per fi relaxar-me celebrant
el plaer indescriptible que es estar amb tu avui que et fas gran

3 comentarios:

  1. Que suerte tener abuelas !! Yo hecho de menos la que me cuidó tantos veranos eternos.
    caracola

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  2. Es cierto Caracola, una buena abuela es como una hada madrina. Nuestros veranos en aquel pueblo del Pirineo q cito eran geniales: ponía un cubo grande esos de recoger la ropa tendida al sol para q se calentase el agua y me pudiera bañar a mediodía... te puedes imaginar lo caliente q estaba esa agua de as montañas ocn dos horitas de sol...

    Las dos abuelas de Mini estan deseando q les lleguen esos veranos eternos de abuelas, me consta.

    Un hug

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