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28 diciembre 2025

Desmontando a Holden: Una visión psiquiátrica del prota de "El guardián entre el centeno"

Querida Mini,


"Nunca voy a leer las cartas que os escribíais con el aitá, ya tendré bastante con pasar cinco años leyendo tu blog", dijiste el otro día hablando de nuestra correspondencia cuando nos conocimos, así que no sé si algún día leerás esto. Pero da igual, voy a escribir este divague como si fuera una carta para ti. Porque resulta que, cuando leía el monólogo interior de Holden Caulfield, el adolescente que quiere ser "El guardián entre el centeno", muchas veces te veía a ti. Tu rebeldía, tus frustraciones, tu buen corazón, tu tristeza por dejar la infancia que terminará en cuatro meses.  



Yo leí este libro cuando tenía tu edad, más o menos, y lo único que recordaba era que me caía bien ese chaval de 16, con el que supongo me identifiqué, y que me encantó su voz. Ahora, más de treinta años después, me sigue pareciendo que la voz que usa Salinger para escribir a Holden es lo mejor de la novela [hay palabras que hoy no impactan nada pero en 1951 eran escandalosas, pero también hay un ritmo, una cadencia que “se oye”, un estilo maravilloso], y además, me sigue cayendo bien Holden.


Y antes de empezar, una nota sobre releer: no lo hago mucho (el año pasado, por ejemplo, "El nombre de la rosa"), lo que releo es siempre muy seleccionado (como ya tenemos una edad, ¿debería abrir un distintivo?). Pero una idea interesante: el otro día alguien dijo que al releer “estás juzgando a la lectora que fuiste”. Y es que no hay como volver a un texto que no ha cambiado para darte cuenta de cuánto has cambiado tú. Casi nada.

El mantra

Ya he dicho que la voz es lo más hipnotizante de esta novela, y sobre lo que se ha escrito mucho: por ejemplo, que Salinger usa las repeticiones para darle esa sensación de coloquialidad, de verdad. Yo, al poco de empezar a notarlas, las empecé a anotar, sobre todo porque me recordaba al primer consejo de escritura que daba Chuck Palahniuk, en su libro "Consider this": inserta un coro (griego) que repite una máxima durante el libro, acorde al personaje, que marca el fin de la escena [e.g. “La primera regla de Fight Club es que no se habla de Fight Club]. Nota: como te dije el otro día cuando vimos la peli de Fincher, de la que te gustó sus "politics", has de leer el libro.

Aquí son frases, latiguillos, muletillas que usa Holden todo el rato: "and all", "she really was", "that kills me", "I swear to God", "or anything", "I'm not kidding", "I'm not crazy about", "old + name", "that's all", "that sort of stuff drives me crazy". No puedo traducirlas porque muchas de ellas cambiarán según contexto. Hay algunas, como el "he/she/it really was" para rematar una frase, que es constante.

Otra técnica de Palahniuk: Salinger se dirige al lector todo el rato (como a veces las blogueras hacemos con los divagantes): "if you know what I mean", "that I told you about", "if you really want to know the truth". Te increpa: es más que un blog,  parece que te está escribiendo una carta. 



El chaval de clase media-alta

Una de las críticas que a veces he oído de esta novela es que cuenta la angustia vital (la alemana "angst" me gusta más, tal vez por onomatopéyica) de un niño de clase bien, al que echan de su enésimo internado pijo, y pasa tres días gastando dinero en Nueva York. Sin embargo, hay observaciones sociopolíticas, de las que daré ejemplos. Siempre se escribe desde la biografía, o vivida en primera persona o vicariamente: JD Salinger era hijo de un importador de comida judío que había hecho muchísimo dinero y que vivía en Park Avenue en Nueva York. Desde pequeño no se conformaba y quería llevar otra vida que la que le había preparado su familia. Rebedía, no pertenecer: Holden.  


Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, Salinger se alistó, marchó a Europa y fue testigo de lo peor de lo que el ser humano es capaz. Y hay quien dice que "El guardián" es una novela de guerra, de alguien traumatizado que derrama sus fantasmas. Por ello tal vez en mi lectura pensaba mucho en Kurt Vonnegut y su "Matadero 5": otro hombre tocado por el horror y que también usa latiguillos: “So it goes” : "Es lo que hay" o “Y así todo”). Aunque no te estalle en la cara, como en “Matadero 5”), hay antimilitarismo en “El guardián: “Mi hermano odiaba al ejército más que a la guerra. (...) Todo lo que hacía era ser el chófer de un general cowboy (...) Nos dijo que el ejército estaba lleno de cabrones, como los nazis”. Por dar un primer trazo de la manera de estar en el mundo de Holden: “Me alegro de que hayan inventado la bomba atómica y esas cosas. Si viene otra guerra, me sentaré justo encima de ella”.

Pero volvamos al internado donde arranca la novela. Holden no encaja en ese lugar que dice modela a chavales en "hombres espléndidos": pero él no conoció allí a ninguno de esos, "quizás a un par, pero que ya debían ser así antes". Piensa que "cuanto más pijo el colegio, más ladrones hay" y en general, odia la falta de autenticidad de todo el mundo.

Holden hace observaciones personales de los chicos muy acertadas: aquel que pasa por tu habitación como por error, que nunca quiere que parezca que ha venido a visitarte. Aquel que pega con su toalla en el culo de la gente, intentando hacer daño: "ese tipo no es solo una rata de crío; será una rata toda su vida". Estos chicos que terminarían en una universidad de la Ivy League: "todos esos cabrones estaban cortados por el mismo patrón: traje de franela gris, chaleco Tasersall tirando a mariquita. No iría a esas facultades ni muerto, por Dios". O el chico introvertido, que nunca sale a la pizarra, que sufre bullying, y que un día se tira por la ventana: todo muy poetas muertos, solo que Salinger lo hizo antes. 

¿Es el despertar de una conciencia de izquierdas otro tema, o soy yo?

Por un lado, a Holden no le gustan los pijos (me dicen que ahora se les llama cayetanos) de la Ivy League, pero cuando está en Nueva York y conoce a unas monjas dice: "Esto suena horrible de decir, pero puedo odiar a alguien solo porque lleve maletas baratas". En el internado, uno de los chicos le acusa de burgués 

"Al principio solo bromeaba cuando decía burgués, y a mí me daba igual; era bastante gracioso, de hecho. Luego, después de un tiempo, se notaba que ya no bromeaba. La cuestión es que es muy difícil compartir habitación con gente si tus maletas son mucho mejores que las suyas; si las tuyas son realmente buenas y las de ellos no. Uno piensa que si la otra persona es inteligente y tiene sentido del humor, le dará igual de quién sea la mejor maleta, pero no es así. De verdad que no." [At first, he only used to be kidding when he was saying bourgeois, and I didn't give a damn—it was sort of funny, in fact. Then, after a while, you could tell he wasn't kidding anymore. The thing is, it's really hard to be roommates with people if your suitcases are much better than theirs--if yours are really good ones and theirs aren't. You think if they're intelligent and all, the other person, and have a good sense of humour, that they don't give a damn whose suitcases are better, but they do. They really do.”]


O sea, el principio es gracioso, pero enseguida se empieza a sentir incómodo y ya en Nueva York comenta que le molesta estar en una cafetería desayunando café y huevos con bacon, y el tipo de al lado solo tome café con tostada. En el fondo, le molesta la desigualdad y me pregunto: ¿es un tema del libro un chico privilegiado que desarrolla ideas socialistas? No es lo que se asocia con este clásico del SXX, pero tengo varios ejemplos (con las monjas, con las mujeres ricas que hacen caridad con sus visones y barras de labios). 





Metaliteratura

Holden pertenece a una familia en la que la escritura es importante: su hermana pequeña es buena escribiendo y su hermano mayor se ha ido a Hollywood a trabajar como guionista. Holden lo califica como “prostitución", porque le parece que eso es venderse, en lugar de escribir por el arte. Salinger escribió relatos para el New Yorker, y parece que para que te publiquen allí, has de escribir como "un escritor de relatos del New Yorker", a lo que él se negó, y aún así le publicaron. No “se prostituyó”.


Y cuando digo que yo me debí identificar con él, sería por cosas como "los mejores libros son aquellos en los que querrías que el autor fuera tu amigo y le pudieras llamar por teléfono cuando quisieras". Holden llamaría a Isak Dinesen, pero no a Somerset Maugham. Claro que en aquella época yo no había todavía leído "On human bondage", pero pienso como él: Maugham no es el primer escritor al que elegiría para llamar precisamente -tampoco a Salinger, que le dio luego por todo tipo de movidas chungas, desde religiones y espiritualismos tántricos hasta liarse con mujeres de las que podría ser padre, o abuelo.

¿Existencialismo en vena o depresión clínica?

Una cosa que me ha pasado por encima como una apisonadora desde mi primera lectura es una carrera profesional. Esto me impide evaluar a los personajes como antes: ahora está siempre ahí "el ojo clínico".  Lo que antes me parecía un chico que se planteaba los grandes temas universales, el sentido de la vida y esas cosas, ahora me parece un chaval que igual está deprimido. 


No exactamente por preguntarse ante un viejo "¿por qué hostias sigue vivo?" -la juventud es así de inconsciente- sino porque ya en la superficie, hay varios factores que pueden contribuir a un trastorno del estado de ánimo en el pobre Holden: no solo se ha suicidado un compañero de internado delante de sus narices, sino que Allie, su hermano pequeño, falleció de leucemia. Cuando nos dice que "yo tenía solo 13 y me iban a psicoanalizar y todo porque rompí todas las ventanas del garaje", suena exactamente como una presentación depresiva en un chaval: no tienen por qué llorar y estar abatidos, como haría un adulto. Cuando oigo a representantes de ciertas tendencias decir que alguien que hace eso, sin pararnos a entender, necesita "mano dura", me subo por las paredes.

Cuando está hecho polvo, habla en alto con Allie. Su hermana pequeña le dice en un punto: “Holden, Allie está muerto”. Pero nada ilustrará el dolor de este adolescente como la escena en la van a visitar la tumba en el cementerio. Es un párrafo tristísimo, desolador y maravilloso a la vez, precisamente por ese tono casual de adolescente perdido. Es imposible meterte más en la cabeza de alguien:

“Llovió sobre su miserable lápida y sobre la hierba que tenía sobre la tripa. Llovió por todas partes. Todos los visitantes del cementerio corrieron a toda prisa a sus coches. Eso fue lo que casi me volvió loco. Todos podían subirse a sus coches, encender la radio y todo eso, e ir a cenar a algún sitio chulo; todos menos Allie. No lo podía soportar. Sé que solo es su cuerpo y todo eso lo que está en el cementerio, y que su alma está en el cielo y todas esas mierdas, pero de todas formas no podía soportarlo. Ojalá no estuviera allí. No lo conocías. Si lo hubieras conocido, sabrías a qué me refiero. No es tan malo cuando sale el sol, pero el sol solo sale cuando le apetece”. [“It rained on his lousy tombstone, and it rained on the grass on his stomach. It rained all over the place. All the visitors that were visiting the cemetery started running like hell over to their cars. That's what nearly drove me crazy. All the visitors could get in their cars and turn on their radios and all and then go someplace nice for dinner- everybody except Allie. I couldn't stand it. I know it's only his body and all that's in the cemetery, and his soul's in Heaven and all that crap, but I couldn't stand it anyway. I just wish he wasn't there. You didn't know him. If you'd known him, you'd know what I mean. It's not too bad when the sun's out, but the sun only comes out when it feels like coming out.”]

Muerte y más adelante, suicidio. Y la razón por la que Holden no lo lleva a cabo, es por no molestar a quien le encontrara: he leído esto antes -no recuerdo la fuente-, pero seguramente Salinger lo dijo también primero:


"Lo que realmente me apetecía era suicidarme, saltar por la ventana. Probablemente lo habría hecho si hubiera estado seguro de que alguien me cubriría al caer. No quería que un montón de curiosos idiotas me miraran mientras estaba todo con sangre". [“What I really felt like, though, was committing suicide. I felt like jumping out the window. I probably would've done it, too, if I'd been sure somebody'd cover me up as soon as I landed. I didn't want a bunch of stupid rubbernecks looking at me when I was all gory.”]

La irritabilidad puede también ser un signo de depresión (o puede ocurrir más frecuentemente en gente con TDAH, ver abajo), pero este enfado con todo y con todos es algo muy evidente en Holden, y la razón que alega la gente que no lo soporta. Holden piensa que está "rodeado de gilipollas" (Holden, me representas). Mil cosas le cabrean, pero la principal, sin ninguna duda, y que se repite durante toda la novela es la falsedad, la hipocresía (el famoso "phony"). Ya su colegio está lleno de falsos, y luego se los va encontrando en su huida hacia adelante en Nueva York. Esto es también muy adolescente y me enternece: yo era tal que así. Cuando tenía 19, estrenaron Cyrano de Bergerac y yo creía que tenía que ir por la vida con capa y espada desfaciendo entuertos, como él. Tenía que hablarlo todo con todo el mundo porque, seguro, lograríamos llegar a una conclusión amigable. Con los años, descubres que con la mayoría de la gente no merece la pena molestarse, así que, en ese sentido, me he convertido en una falsa a los ojos de Holden. Lo siento darling [Holden 1, Di 0].

Y frecuentemente de la mano de la depresión viene su hermana la ansiedad: "cuando de verdad me preocupo por algo, no hago el tonto. Incluso tengo que ir al baño si estoy preocupado por algo. Solo que no voy, estoy demasiado preocupado para ir. No quiero interrumpir mi preocupación para ir". Salinger: maldito genio, cómo lo sabes todo?




¿Y tal vez Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)?

Seguimos con mi catarsis, o dejémoslo en "con otra de mis deformaciones profesionales". Me diréis, hoy en día todos tenemos TDAH, con las pantallas "and all". Pero es que en 1951 leer la experiencia de problemas de concentración e impulsividad en Holden cuando nadie hablaba del tema, me hace sentir un poco menos impostora: "empecé a bailar ese claqué, solo porque me apetecía", "dijo que yo era salvaje y que no tenía dirección en la vida", "nunca me importa demasiado cuando pierdo algo", "casi nunca escucho", "soy demasiado ruidoso", “algunas veces, es duro concentrarse”, “asentí porque me estaba mirando y eso, pero no estaba seguro de lo que estaba hablando” (no hace falta tener TDAH para esta última, con ser teen vale). Me encanta el hecho de que grandes descripciones clínicas se han dado en la literatura antes de entrar en los manuales médicos - igual tengo ahí un divague.

Nota: sobre el tema diagnósticos, el Peda dice: “hoy, todos son psicópatas, autistas, trastornos de la personalidad, lo que sea… antiguamente, eran solo hijos de puta”. Holden ya dijo una versión de esto mucho antes de que naciera el Peda:

“Cada vez que hablas de un tipo que es un cabrón, muy malo o muy creído, y se lo comentas a una chica, te dirá que tiene complejo de inferioridad. Puede que lo tenga, pero eso no le impide ser un cabrón, en mi opinión.” [“Every time you mention some guy that's strictly a bastard— very mean, or very conceited and all— and when you mention it to the girl, she'll tell you he has an inferiority complex. Maybe he has, but that still doesn't keep him from being a bastard, in my opinion.”]


Sexual politics
Hay libros, pelis, series, que envejecen peor que otras. La semana antes de Navidad nos vimos parte de la filmografía de Tarantino contigo y, dentro de que siempre han sido políticamente incorrectas, con el tema de las mujeres no han envejecido mal [larga vida Beatrix Kiddo]. La visión de Holden de las chicas y las relaciones es contradictoria a ratos —no hay que olvidar que estamos en 1951—, pero tiene muchas cosas que me gustan.

  1. Consentimiento, cuando eso ni existía
Holden describe al guaperas del internado y su técnica para meter mano -o quién sabe, culminar- con las chicas: básicamente hacerse el pesado, comenzar con una voz muy sincera y pasar de ella pese a que repita, “no, por favor, no". Esto, como sabemos, ha seguido a la orden del día y todos asumiendo que era lo normal hasta #Metoo: lo del consentimiento no es algo que pensaran en general los tíos que importaba.  Pero mirad a Holden: 

"O sea, ella te sigue diciendo que pares. El problema conmigo es que yo paro. La mayoría de los tíos no lo hacen. Yo no puedo evitarlo. Nunca sabes si de verdad quieren que pares, o si solo están muertas de miedo, o si solo te dicen que pares para que, si sigues adelante, la culpa sea tuya, no de ellas. En fin, que paro". [“I mean – she keeps telling you to stop. The trouble with me is, I stop. Most guys don't. I can't help it. You never know whether they really want you to stop, or whether they're just scared as hell, or whether they're just telling you to stop so that if you do go through with it, the blame'll be on you, not them. Anyway, I keep stopping.”]


  1. Hacer manitas

Monísimo cómo describe eso tan encantador de hacer manitas (y en esta cita se puede ver algo del sentido del humor de la novela, del que aún no he hablado, pero hay mucho):


"Hacíamos manitas todo el tiempo, por ejemplo. No parece mucho, lo sé, pero ella era genial para hacerlo. A la mayoría de las chicas, o se les queda muerta o creen que tienen que estar moviéndola constantemente, como si temieran aburrirte o algo así. (...) Con Jane, ni siquiera te preocupaba si te sudaba la mano. Lo único que sabías era que eras feliz. De verdad que lo eras. [“I held hands with her all the time, for instance. That doesn't sound like much, I realize, but she was terrific to hold hands with. Most girls if you hold hands with them, their goddamn hand dies on you, or else they think they have to keep moving their hand all the time, as if they were afraid they'd bore you or something. (...) You never even worried, with Jane, whether your hand was sweaty or not. All you knew was, you were happy. You really were.”


  1. Algunas de sus observaciones sobre las chicas
Holden sabe que las chicas feas "lo tienen muy duro en la vida". Así es Holden: las feas, porque lo son, y las guapas, porque deben ser tontas, y las que llegan arriba, porque son ambiciosas y trepas y suma y sigue. Ser chica, 80 años después, sigue siendo duro.

Con otra chica se da cuenta que con la gente que sabe mucho de teatro y literatura cuesta más tiempo saber si son inteligentes o no. Esto sigue siendo así: hay gente que confunde el ser culto con la inteligencia. Generalmente, la gente que se interesa por la cultura suele ser más avispada, pero no siempre. 

  1. Dejarse llevar por el momento
“Le dije que la quería. Era mentira. Pero lo sentía cuando se lo dije. Soy un loco”. Ay Holden, quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Eso es dejarse llevar, y eso pasa: eres tan real. Luego ya lo cantó Britney: “Ooops I did it again, I played with your heart/ Got lost in the game”

  1. Rrrraro rrrraro

Pero en una de sus noches en el hotel de Nueva York, cuando el ascensorista le trae una prostituta, no piensa decir no de entrada: ¿en serio? Sin embargo, cuando la tiene ahí, es incapaz de hacer nada. Dice "me sentí más deprimido que con ganas de sexo" (en otro punto había dicho "el sexo es algo que no entiendo, lo juro"). Pero lo más interesante de esa escena es su observación sobre la chica, que no le dice gracias cuando le ofrece algo: "no es su culpa, simplemente no sabe qué es lo que hay que hacer" ("she did not know any better"). Para que luego digan que no hay política. Todo es política.

Unreliable narrator

Pero... ¿quién describiría a un adolescente hoy en día con una prostituta? Hay muchas cosas que hace Holden en esos tres días prenavideños (me ha gustado leerlo justamente en las mismas fechas) en la Gran Manzana (me gustaría haberlo leído en NY: nota mental de releerlo en futuras visitas) que me parecen inverosímiles para un adolescente: ¿qué adolescente viaja en taxi, pide el desayuno a la habitación del hotel, se olvida de coger las vueltas? La conclusión es que Holden, en realidad, es el unreliable narrator (el narrador del que no se puede confiar) por excelencia: a saber qué fue o qué fue solo en su mente hiperactiva. 


El título, la leyenda

No he empezado explicando el título porque tenía que refrescaros quién es Holden para que se entienda. Hay una canción popular escocesa de Robert Burns que Holden no recuerda exactamente, pero en su interpretación dice que él lo que querría ser en el futuro (aquella terrible pregunta, "qué quieres ser de mayor") es el que está en medio de los campos de centeno, que terminan en un precipicio, atrapando a los niños que allí juegan, librándoles de la caída. Una vez que has comprado el buen corazón de Holden, su historia, su desnortamiento vital, es fácil de entender por qué querría dedicarse a eso en la vida.  


A saber qué leyó entre líneas de esa novela el tipo que mató a John Lennon (ya contamos aquí que tenía un ejemplar en el bolsillo), igual que el que mató a la actriz Rebecca Schaeffer o al que intentó asesinar a Ronald Reagan. Si Salinger se había recluido y no quería saber nada del mundo (ni de sus editores: me hace gracia que uno le dijo: “tú no quieres que te publique, tú quieres que te imprima” ; el p. amo), después de estos desastres aún se metió más en su mundo, y una de sus fotos, ya de mayor, gritándole a un periodista, es de las más reproducidas en internet. Nunca quiso que saliera ninguna imagen de Holden en la portada -le había prestado su físico-, ni vender los derechos para el cine. Total, ¿para qué? Si es un libro que no para de vender -lleva ya 80 millones de copias vendidas. 

Corolario
Cuando hacia el final Holden habla del olor del museo, “como si hubiera estado lloviendo fuera, y era el único lugar acogedor en el mundo”, me queda claro que otro de los grandes temas de este libro es la nostalgia por la infancia que está a punto de perder su protagonista. Holden piensa que “hay cosas que deberían quedarse de la manera como son, por ejemplo, los esquimales y los indios del museo, que cada vez que los visitas están igual, pero tú cambias cada vez que los visitas”. Volvemos, y cerramos el círculo con la relectura, es reencontrarte con quien eras la última vez que viniste al museo o cuando leíste ese libro por primera vez. 

Esta relectura no me ha hecho entrar en conflicto con la Di adolescente: me he reencontrado con alguien a quien no me importaría llamar por teléfono para hablar un rato -solo un rato. Quizás leer “El guardián entre el centeno” pueda ser una aproximación a conocerme a tu edad, Mini, ya que siempre expresas curiosidad por conocer a esos extraños, tus padres de adolescentes.

Para darte el último empujón, anotar que leerlo no te costará cinco años, como este blog de entradas larguísimas. Y es que como diría Salinger, que todo lo dijo antes, en boca de nuestro héroe de hoy, Holden Caulfield:
“El problema conmigo es, me gusta cuando alguien divaga. Es más interesante y todo eso”. [The trouble with me is, I like it when somebody digresses. It's more interesting and all.]

10 diciembre 2025

"Canciones de amor y de lluvia" de Sergi Pámies: Yo también quiero donar mi cuerpo a las letras

El padre de Sergi Pámies era de un pueblo cerca de Vetusta llamado Tauste, pero vivió en Cataluña, donde fue político comunista. Su madre era catalana, periodista y activista. La vida de su familia, el por qué su padre y su tío estuvieron tan involucrados políticamente (spoiler: su hermano mayor fue asesinado al principio de la Guerra Civil), el cómo se crece en una familia tan comprometida y cómo ha intentado educar a sus hijos sobre ese tema, la cuenta en un relato ("El nicho") hacia el final del libro que acabo de leer, "Canciones de amor y de lluvia" (2013), editado por Anagrama.


La foto de la portada es fea con avaricia, así que el resto de las fotos del divague no tienen nada que ver con el texto. Y no, no le han robado la contraseña del blog a Scrooge: pese a las imágenes navideñas, soy yo. Lo que ven es el resultado de entrar en plan curioseo a una iglesia que no conocía pese a estar cerca de casa y aún estoy perpleja ante el festival de árboles. El cotarro lo dirigía un número de personas de mediana y avanzada edad, muy ocupados preparándolo todo para una tarde de villancicos (aquí llamados carols) interpretados por niños del cole local, mince pies (pasteles típicos de la época), mulled wine (vino caliente con canela) y proselitismo. Uno me pilló por banda y me contó todas las veces que había estado en Ejpein, aunque, lo sentía, no en Vetusta. En 1966 vio la final del único mundial que ha ganado Inglaterra contra Alemania en un bar en Ibiza, lleno de ingleses y alemanes- "oh sí, el de Bobby Charlton", dije [de algo tuvo que servir el maldito examen de ciudadanía, ahora tengo ese dato ocupando sitio en mi cabeza]. Pero divago; vuelvo al libro.



Antes de llegar al relato autobiográfico con el que he comenzado, ya me había leído la wiki de Pámies y buscado su foto, porque la que ponen en el libro no sé si va en serio o es irónica: mira a la cámara con una cara, tal vez mueca, que yo solo pondría de risa. Mi conclusión es que es de broma, porque durante la lectura me ha demostrado que tiene sentido del humor. Hay mucha retranca o somarda, o como se diga eso, humor que a ratos puede llegar a ser negro. Me encanta reírme con la literatura y no es tan frecuente en castellano, siempre lo digo. Busco en mis notas y no encuentro ninguna precisamente de humor para intercalar aquí. Ah sí, ya: "en ese restaurante se junta la hipocresía de los clientes que fingen que allí se come estupendamente, y la falta de escrúpulos de los propietarios, que fingen saber cocinar".

Hay mucha metaliteratura: otro factor para decir sí. En "Dos coches mal aparcados", la madre escritora les dice a los hijos que "todo lo queráis saber sobre mí está en mis libros". No puedo evitar sonreír: alguna vez, ante alguna conversación, he pensado (o incluso he dicho, pero solo a alguna persona de extrema confianza) "escribí un divague sobre este tema". Puedo llegar a ver el día en el que remita a la gente aquí para respuestas. Como si hubiera alguna, solo hay preguntas y algunas mal formuladas. Pero además, Pámies habla de libros y del proceso de escritura muchas veces, por ejemplo, lo que nos pasa cuando releemos, que es como examinarnos a nosotros mismos en el pasado. 



Habla de un tipo de personaje que me recuerda a uno de Bryce Echenique (o tal vez a él mismo, no recuerdo): una persona cuyo objetivo es no molestar, pasar por la vida de puntillas. Así como hay narcisistas que siempre quieren ser el centro de todo, en el otro polo del espectro están estos. Yo conozco a alguno y también me ponen bastante nerviosa. Pero el prota de "La vida inimitable" no llora al nacer como un primer paso para pasar desapercibido en la vida. Para explicarte su manera de estar en el mundo, usa lenguaje tan chulo como este:
"nunca probó las drogas: intuía que los paraísos artificiales acaban siendo tan decepcionantes como los infiernos naturales".
Pámies es mayor que yo, pero como este libro fue publicado probablemente cuando él tenía mi edad, siento también cercanía en los temas generacionales: la inquietud por los hijos adolescentes que están de juerga por la noche ("Todo el mundo lo hace"), los padres que se hacen mayores, resacas que duran un año... Y en el lenguaje (¿alguien se acuerda de cuando a terminar una relación se le llamaba "cortar"?). 


Hay varios relatos que son existencialismo en vena (tal vez no lo que necesito en este momento vital): como olvidar  uno estremecedor titulado engañosamente "El tiempo", porque en realidad va de matar el tiempo (un dolor para los que no soportamos aburrirnos). Primero matas una hora o una tarde, y luego ya pasas a matar los días o las semanas.  O de "donar tu cuerpo a las letras": esto hace quedar al donarlo a la ciencia en una vulgaridad utilitaria.

Pero uno de sus temas fundamentales son las relaciones de pareja: la crudeza con la que se aproxima al tema pone los pelos de punta. Hay una pareja que no tiene nada que decirse que busca un destino vacacional sin ningún interés, y Pámies acepta resignado: "si no fuera transitoria, la pasión no existiría". Habla de gente de belleza tan espectacular que perderla con la edad resulta traumático, del idealismo como método de supervivencia, de gente cohesionada por la euforia de la indignación, de que es mejor ser esclava de tus vicios que de tus virtudes. 

Termino con la mejor: "Lo que ocurre a partir de ese momento parece mentira, y por lo tanto es mejor contarlo como si fuera verdad". Qué grande, pero también está el reverso: con la ficción, se pueden contar más verdades que con un ensayo, o documental, o entrada de blog personal.  Tal vez tenga que añadir esta frase a la cabecera de metaliteratura del divlog, donde todo se cuenta como si pareciera verdad, o volver a los relatos o seriales y que se cuentan como si fuera mentira. 








08 diciembre 2025

Dieciséis años divagando

 Hoy cumple este blog 16 años. Quien quiera historia, resúmenes, reflexiones sobre la fugacidad de los blogs, por qué sigo escribiendo y todo eso, lo puede encontrar en entradas anteriores de este mismo día, o en el distintivo "metadivagando". Hoy solo voy a contar una breve anécdota.

En el mes de octubre leí "La canción del verdugo", un true crime espectacular, y me dije: "Tengo que releer a Capote". Había leído "A sangre fría" aún en Vetusta y en castellano, y me parecía fundamental revisarlo en inglés, treinta años después. Lateralmente, le cuento al Peda que voy a comprarlo como siguiente paso en mi plan. Parece que no escucha, pero al rato vuelve con el siguiente anuncio semi-triunfal: "tengo una mala noticia", a la vez que me enseña el libro en inglés que acaba de sacar de la estantería. En concreto, su última página: en verde, como siempre, está su firma y la fecha en la que lo terminó.  Debajo, en rojo, como siempre, está la mía y una fecha: 23 de junio de 2009, cuando lo terminé. 


No recordaba en absoluto haberlo releído: era un blanco total en mi memoria. La tentación es culpar al "brain fog" (¿cómo llaman esto en castellano? ¿La niebla mental?) de la menopausia, pero ya con 20 compré "Las manos sucias" de Jean Paul Sartre - cuando lo tenía leído y subrayado en casa. Mi conclusión es clara: necesito desesperadamente este blog como almacén de memoria. No es casual que releyera este libro el verano antes de comenzar D&D; si hubieras estado aquí, divlog, no habría ocurrido. 


No digo que recordarlo todo sea ideal: igual de cruel que es olvidar, lo es no poder olvidar. La memoria nos juega buenas y malas pasadas todo el rato, y supongo que escribir un blog (o un diario) es una manera de controlar lo que no queremos olvidar. Y si además, hay aunque sea una sola persona al otro lado, ya merece la pena compartirlo en lugar de dejarlo en carpetas amarillas. 

Nota: hoy he leído una de esas Newsletters (los nuevos blogs que te inundan esa cuenta de correo que tienes para ese efecto) que, con 11.000 seguidores, anunciaba que lo dejaba entre otras razones, "en ese momento alto, antes de que el engagement empezara a morir poco a poco". Y he pensado que la gente que escribe y lanza estos mensajes en una botella al océano de internet tiene motivaciones muy distintas. Las mías no han cambiado desde hace mucho tiempo —no voy a decir 16 años porque justo cuando empezamos, no tenía ni idea de lo que era esto. Solo sabía que me gustaba escribir. Con los años he descubierto yo sola que me ayuda a pensar, y gracias a gente como Annie Ernaux que me ayuda a que las cosas lleguen a término: "si no las escribo, solo las he vivido". Otros, como Capote con el que he empezado esta reflexión, me han dado esta frase a la que siempre vuelvo:
“Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse. [...] La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal".

Y después de esta Madre de Todas las Miradas de Ombligo, como esto se está poniendo muy serio, terminemos con una nota irónica pero totalmente real: a quien sea que lea esto, da igual que solo hoy o que desde hace un tiempo...

Agradecida y emocionada
Solamente puedo decir
Gracias por venir

No sería lo mismo sin ti. 

Love

di





03 diciembre 2025

Es la época de los monstruos

El viejo mundo está muriendo. El nuevo tarda en aparecer. Y en este claroscuro nacen los monstruos.” ['"Il vecchio mondo sta morendo. Quello nuovo tarda a comparire. E in questo chiaroscuro nascono i mostri.''].
Antonio Gramsci 

Esta frase del filósofo y político italiano tendrá un siglo, pero es perfectamente aplicable al día de hoy. Los monstruos de su época los conocemos perfectamente: Hitler, Stalin, Mussolini, Franco... y los de la actual, también. Las casualidades no existen [gracias, Sábato], pero en los últimos días mis páginas y mis pantallas se han llenado de monstruos góticos o victorianos. De la literatura gótica en general ya hablé aquí. Hoy me voy a centrar en la segunda ola, con los escritores románticos (1798-1824), que son los okupas que se han infiltrado. 


Pero antes: no sabía lo que eran los "inviernos volcánicos" hasta el otro día. Se trata de una reducción de temperatura por la presencia de ceniza volcánica y partículas de ácido sulfúrico en la atmósfera que obstaculizan el paso de los rayos del Sol. Tampoco que 1816 fue el llamado "año sin verano" por las erupciones del volcán Mayon en Filipinas en 1814 y rematadas con la del monte Tambora en Indonesia en 1815 (la más grande en 1300 años). Esto además coincidió con la década final de la Pequeña Edad de Hielo, un enfriamiento previo que venía produciéndose periódicamente desde mediados del siglo XIV.

Hubo muchas consecuencias de este verano tormentoso y desapacible -los que más lo sufrieron, como siempre, los pobres- ya que se vieron afectadas entre otras cosas las cosechas, pero la que nos interesa hoy es lo que les ocurrió a un grupito de privilegiados que trataban de veranear en el lago Lemán. Dos poetas, Lord Byron y Percy Shelley, un joven médico, John Polidori y la hija de la sufragista Mary Woolstonecraft y el filósofo anarquista William Godwin. Ella era Mary Godwin, más conocida por Mary Shelley, con esa maldita manía de los europeos de cambiarse el apellido -esa gran parte de tu identidad- por el del marido. Pero en el no-verano que nos ocupa, Mary todavía no estaba casada con Percy, que era un seguidor de su padre y sí estaba casado y con dos hijos. Cuando volvieron de esas vacaciones, Mary estaba embarazada pero no se casaron hasta que la mujer de Percy se suicidó enseguida (algo más romántico que eso?). Hay mucho más de esta historia aquí, pero yo voy a volver al lago Lemán. 

Villa Diodati

Lord Byron -ese malote de la poesía, para más datos aquí-  había alquilado una mansión con Polidori, que era su médico personal, llamada Villa Diodati desde junio a noviembre de 1816. Percy, Mary y Claire Clairmont (la hermanastra de Mary con la que Byron había ya tenido un affair en Londinium, por supuesto; me encanta cómo otra de sus múltiples amantes dijo que Byron era “mad, bad and dangerous to know”) estaba en una casita cercana llamada "Maison Chapuis", pero se pasaban bastante por Diodati a tener conversaciones literarias y darle al láudano. Parece que durante tres días de lluvia incesante a Byron se le ocurrió la famosa proposición: vamos a contarnos y a escribir historias de fantasmas.

"Y así se romperá el corazón,
pero roto seguirá viviendo"

Mary escribió un relato que luego daría lugar a una de las novelas góticas más épicas de la literatura en inglés: "Frankenstein o el nuevo Prometeo".  Creo que ya he comentado que Mini está haciendo la comparativa de este libro con "El cuento de la criada" en el A Level (~COU) de Literatura: temas como poder, control y el uso de la opresión, la política del cuerpo, el ser un "outsider", responsabilidad y consecuencias, el "unreliable narrator"... [cómo se enriquecería este blog si yo cursara esa asignatura]. Yo este libro lo leí en Uruguay (o sea, en ese no-tiempo cuando no existía el divlog), así que tristemente (para mí, felizmente para la lectora) no tengo para enlazar. Pero el fin de semana vi la versión cinematográfica de Guillermo del Toro en el que los 197 cms de Jacob Elordi (ou mama) encarnan a La Criatura. Los visuales son muy del Toro (cómo olvidar "Pan's laberynth" o "Crimson Peak") y la historia, rabiosamente actual: Victor Frankenstein (Fronkonstín!) juega a ser Dios, es el "creador" que no se hace responsable de su creación y pasa lo que pasa. Se podrían establecer paralelismos con la IA, que está siendo desarrollada sin frenos ni tener en cuenta posibles consecuencias, y de cómo innovación sin ética nos lleva al desastre. 


El doctor Polidori tampoco se durmió en los laureles, y en esos días escribió su novela corta "The vampyre" que terminé el otro día. Los vampiros son mi figura del terror favorita: que se quiten los zombies lentos o rápidos, el hombre-lobo o los gremlins. Pero además, este texto inspiró luego a Bram Stoker para su "Drácula", una de mis novelas tótem. Aquí, el vampiro glamouroso es un tal Lord Ruthven -cuyo físico parece inspirado en Byron- y tiene todas las características de seductor irresistible -"con una sonrisa de exultante malignidad sobre sus labios"- que tanto nos gustan. 



Y por fin, ha querido el azar también que, terminando un libro que iba leyendo a trompicones, me haya topado con el último monstruo de estos días: Jack El Destripador. El libro es "Historias de Londres", la compilación de retazos de esta ciudad que escribió el periodista Enric González (también autor de "Historias de Nueva York" y de Roma, el muy sortudo con sus corresponsalías). Sí, parece increíble que todavía no hubiera leído este libro, obligatoria para todo espanis en Londinium y que lo tengo en casa por duplicado: a nuestra copia reglamentaria se unió en 2008  otra, regalo de una amiga que ahora vive en Nueva Zelanda a una Mini de dos meses, prometiéndole que disfrutaría algún día mucho de este ciudad -como sin duda ha hecho. Mini se ha intentado resistir a casi todas nuestras recomendaciones y pasiones, pero a las de viajar, Grecia y Londinium, como al vampiro Ruthven, no se ha podido resistir. 



La lectura de este librito ha sido agradable -aunque varias veces me he encontrado no estando de acuerdo- y aún he aprendido de rincones de la ciudad que no conocía -y que contaré en próximas entregas; el distintivo "Londinium" no se acaba nunca. Un detalle me ha llevado a la conclusión de que llevo tantos años que ya soy parte de las "fuerzas vivas ejpañolas"  es que conozco a uno de los personajes que se pasean por el libro: el corresponsal Iñigo Gurruchaga. Un donostiarra con sentido del humor inglés, que aún se está riendo de mis carpetas amarillas de Windows donde clasifico mi vida -mención especial a la titulada "temas de interés". Pero aquella cena me llevó a una reflexión profunda y terminé cambiándole el nombre. 

Pero divago: yo quería hablar de Jack el Destripador y las historias que de este monstruo victoriano cuenta González. Así como hay mucha gente que cree que Sherlock Holmes existió, hay otros que creen que Jack el Destripador fue una leyenda, pero no. Jack creó el terror en la zona de Whitechapel, una zona paupérrima del este de Londinium, mientras que el tío Karl escribía "El manifiesto comunista" en un cuchitril del Soho. Todos los fantasmas de las clases acomodadas victorianas estaban allí. Conan Doyle dio su opinión sobre quién podía ser, pero nadie estaba preparado para un asesino en serie: eso es un concepto moderno, yo diría casi norteamericano. Por cierto, el FBI ha hecho un "profiling" sobre la clase de persona que era Jack, y no, no era un miembro de la familia real, ni un anatomista, ni es bisnieto de Aníbal Lecter. Nos gustan nuestros monstruos con caché, pero frecuentemente, ya ves, no lo tienen. 

Es la época de los monstruos: llenan las páginas de los periódicos a diario. Y no tienen el caché de un anatomista delirante, de un conde seductor, de un monstruo que solo quiere que le quieran. Es la época de los monstruos y nuestro deber es desenmascararlos.