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30 agosto 2018

"Slouching towards Bethlehem" ("Los que sueñan el sueño dorado"") de Joan Didion

"Arrastrarse hacia Belén" ("Slouching towards Bethlehem"-el título es un verso de un poema de Yeats) es un libro que recoge artículos que la escritora Joan Didion fue publicando en distintos medios durante la década de los 60, y que fue publicado en 1968. Mientras todo estaba pasando en el lado de acá, en París, ella llevaba una década escribiendo en el lado de allá sobre la fractura de América y otro verso del mismo poema, "things fall apart; the centre cannot hold" ("las cosas se desmoronan; el centro no se sujeta") da una idea de los grandes temas del libro. 

Se divide en tres partes: 1. "Estilos de vida en la tierra dorada", cuyo primer capítulo "Los que sueñan el sueño dorado" da título al libro en castellano (lo encuentro extraño, pero eso me dicen mis contactos -Mo- e internet), publicado por Mondadori. 2. "Personal" (que contiene los inmensísimos "Sobre tener un cuaderno de notas", "Sobre el amor propio", "Sobre volver a casa") y 3. "Siete lugares de la mente" (me apasionan "La costa de la desesperación", "El cuaderno de Los Angeles" y "Adios a todo eso"). 

Por dónde empezar. Si os contara que este libro estaba en mi estantería probablemente desde hace unos 15 años... hace tiempo compramos una de esas colecciones de "clásicos de los 60", que incluía libros de Kerouac, Mailler, Miller, Burroughs, Ballard. Una de esas colecciones que no he leído- una confesión: hay muchos, demasiados libros en mi estantería que no he leído, que parecían "una buena idea en ese momento", y que algún día espero leer, no sé cuándo, en la jubilación? Pues este Didion estaba ahí, con su extraño título, escondido entre todos los hombres "importantes", y en el que me fijé al principio del verano yendo a buscar otra cosa. No había leído nada de ella, y sé que Mo la había recomendado. Así que lo saqué de la caja de los 60 y pasó a mi habitación. 

Lo leí al volver de Grecia y, solo con el prefacio, quedé deslumbrada. Cuando eso pasa, te puedes poner a dar saltitos de ilusión porque seguro que va a significar horas y libros futuros en muy buena compañía. No estás con la duda, como el libro anterior que leí de si te gusta este autor, de vamos a darle unas páginas más. Desde la primera, lo sabes. Y eso no pasa tan frecuentemente. 

1. "Estilos de vida en la tierra dorada"
La primera parte me atrapa además porque es California, el Mojave, el desierto, el Santa Ana, serpientes de cascabel (rattlesnakes), el final de la Ruta 66. Me transporta al verano de 2014, los Pedalistas por allá, o a la lectura de Lucía Berlin. El primer artículo, la historia de una de esas mujeres que se creen al pie de la letra todas las promesas del Sueño de la Tierra Dorada, el sueño americano, y les sale rana. Aquí el futuro siempre parece bueno porque nadie recuerda el pasado, aquí donde una persona de cada 38 vive en un tráiler.  "Cada voz parece un grito. Es la estación del divorcio y el suicidio". Ella quería ver el mundo "y supongo que lo encontró". En contra de lo que piensa Tolstoi, para Didion "los matrimonios infelices se parecen unos a otros" y en esta historia no solo han llegado a "la tregua tradicional, en el punto en el que tantos se resignan a cortar tanto las pérdidas como la esperanza". Se hace un artículo sobre ella porque acaba pasando la raya, cargándose al marido, y termina en una cárcel que, dice Didion, está llena de mujeres que, como ella, de alguna manera entendieron mal la promesa de la tierra prometida. Bueno, los extraños casos en los que son ellas las que matan parece que hay que justificarlos, cómo esta mujer que parece tenerlo todo hace esto. Será el Santa Ana (el viento que enloquece, que también aparece en otro capítulo), será el champán, será el color de tus ojos verdes ciencia ficción. Qué será será. 


En esta primera parte hay capítulos dedicados a John Wayne (por mucho que me aproxime a su edad, este hombre siempre será para mí "un viejo"), a Joan Baez (qué pedrada, todo va de "sentimientos", sus ideas políticas son "vagas" pero ella siente mucho), gente que se toma tantos paracetamoles hasta un punto "a este lado del suicidio". Me gusta tanto esta frase: es visual. Veo la línea, y a partir de aquí, como en todos los espectros, algo pasa, en este caso la muerte, pero estás a un pelo, estás en este lado de la precaria frontera entre la vida y la muerte. 

Capítulo de probable autista rígidamente comprometido con una inmutable compleja doctrina de alguna rama del comunismo más oscuro (a los que Didion comprende, "estoy cómoda con estos que viven fuera en lugar de dentro, aquellos para los que la sensación de horror es tan aguda que acaban en compromisos extremos y destinados al fracaso (...) aprecio los elaborados caminos con los que la gente intenta llenar el vacío". Igual está sicótico, tal es el nivel de amenazas que ve en todo. 

Y el de Howard Hugues, el millonario de la peli de Scorsese, con DiCaprio. Los americanos han hecho de este tipo un ídolo, pero más bien un placer culpable, privado, que no se puede admitir.  Es un héroe no-oficial: "la enorme divergencia entre lo que decimos que queremos y lo que queremos, entre lo que oficialmente admiramos y secretamente deseamos, entre la gente con la que nos casamos y la gente que amamos". Didion sospecha que la vida es verdaderamente un escenario. 

Casarse en Las Vegas, casarse en absurdo. "No hay tiempo en las Vegas, no hay día ni hay noche, no hay pasado ni hay futuro". Qué perfecta confirmación de mi idea de esta ciudad, así es como la imagino, con sus luces de neón, DeNiro  en la mesa del casino, yo de Marilyn, tú de Elvis, todo ahí parado como en aquellas pelis. Ya era así en el 67, cuando Didion escribió este artículo. 

Y por fin, el último que da título al libro (al menos en inglés) "Arrastrarse hacia Belén" es el más largo y nos cuenta la vida de diversos hippies metidos en drogas y en hippismo general en San Francisco en la época. Eran los jóvenes de la América fracturada de la que habla Didion en estos artículos emigrando allí y siendo la parte visible de la herida. Los que nos cuenta Didion: un panda todo el día colgados, aburridos, aburrientes. 

2. "Personal" 
Los artículos van mejorando a medida que avanza el libro y ya he decidido que de "Sobre tener un cuaderno de notas" tengo que hacer un divague separado. Es que soy yo, Didion, me estás contando a mí, petal, y aún no había nacido. 

"Sobre el amor propio" (self-respect, se dice en inglés, y me pregunto si estoy traduciendo bien, el matiz), tan lleno de verdad, porque cómo negar que el peor engaño es el autoenganio, que el amor propio (o auto-respecto) no tiene que ver con la aprobación de otros, a los que podemos engaña con relativa facilidad, ni con la reputación, algo con lo que la gente con coraje no necesita para vivir. La gente con auto-respeto tienen el coraje de asumir sus errores. No tenerse auto-respeto es ser la audiencia de un documental sobre uno mismo con todos tus fallos. Didion piensa que el autorespeto es una cuestión de voluntad, que hay que educarlo... no lo tengo tan claro. 

"Sobre volver a casa" es otro de esos en los que me identifico plenamente con Didion: la relación compleja con su familia. Esas llamadas telefónicas que no dejaron de terminar en lágrimas hasta pasados los 30. Lo que supone volver a casa y volver a la adolescencia. El matrimonio es la traición clásica.

3. "Siete lugares de la mente" 
Y por último, estos siete lugares de la mente que todos tenemos, siete lugares, o tal vez más o menos. "La costa de la desesperación", o la exhibición no de las maneras bonitas de gastar el dinero, sino de lo duramente que el dinero se hace, escaleras de mármol para mostrar a mujeres (migrañosas) guapas. 

"Guaymas, Sonora", que me lleva a ese lugar de mi mente llamado Bolaño y México, y las rutas que una ha de comerse por tierra, porque volar es "missing the point". 

"El cuaderno de Los Angeles" y el Santa Ana, el viento que hace las delicias de los siquiatras con aspiraciones antropológicas (o viceversa, ah  no, que los antropólogos no reconocen la psiquiatría). 

Y por último, "Adiós a todo eso", como el perfecto final para el libro, adiós, adiós, dormir dormir... una de las cartas de amor más bonitas que he leído para una ciudad. Didion vivió de muy joven, cuando comenzaba a escribir, en Nueva York, y describe exactamente lo que es "no es país (en este caso, ciudad) para viejos", ese algo que comparte del todo Londinium. Y aún añade, NY es una ciudad para los más ricos y los más pobres, no hay intermedio. Ay Joan, el mundo es ahora ese escenario, qué hemos hecho. En NY se llora en Navidades, y se pasan en el teléfono intentando encotnrar un vuelo. En NY podías perder las tardes porque tenías todas las tardes del mundo por delante. En NY se está de paso, no se considera el futuro, todo el mundo sabe que volverá a donde sea. Y así le pasó a Didion: en este artículo que cierra este libro maravilloso explica como su cuerpo -sabio-dijo basta, y se deprimió, y probó el sabor de la desesperación. Y tuvo que volver a la tierra dorada. Lo que nos lleva, círculo completo, al principio del libro. Los que suenian con la tierra dorada. 


03 septiembre 2018

"Sobre tener un blog", inspirado en "Sobre tener un cuaderno de notas" de Joan Didion"


El otro día, divagando sobre el libro de Joan Didion "Slouching towards Bethlehem" me di cuenta de que lo que quería escribir el artículo titulado "Sobre tener un cuaderno de notas" no iba en aquel divague-recensión del libro. Y eso que mis divagues no son análisis, sino más bien simples ejercicios narcisistas en los que hablo de ese libro enmarcándolos claramente en el momento vital por el que yo esté pasando. 

Por supuesto esto nos lleva a para qué escribo, porque no pretendo hacer críticas que se pudieran presentar como un trabajo de fin de curso. Lo que busco es pensar, aclararme (esto ya lo conté aquí, en un divague bisoño titulado "De tiranías varias: bloguear y trainspotting" hace 8 años, en el blog embrionario) y así encontrarme a mí misma, no me engaño. Lo sé, es una mirada de ombligo egocéntrica, como el que hace sus máquinas frente a un espejo en el gimnasio, ni más ni menos. Pero es que no me encuentro sola en esto: es precisamente lo que dice Didion en su artículo, lo que escribimos los que llevamos "un cuaderno de notas" (que hoy podría ser un blog), lo hacemos para nosotros, y sobre nosotros, sin ninguna duda. Orwell también decía algo parecido en su genial "Por qué escribo":“All writers are vain, selfish, and lazy, and at the very bottom of their motives there lies a mystery". 

Desde luego, hay algo más: pocas cosas hacen más ilusión que a alguien le dé por comentar y te diga que le has animado a leer un libro, o ver una peli, o visitar una ciudad... el deseo de compartir algo que te ha hecho feliz es humano, y cuanto más desarrollado lo tengas, yo creo que más capacidad de felicidad tienes. O el querer transmitir una idea, esto también es orwelliano: "I write it because there is some lie that I want to expose, some fact to which I want to draw attention, and my initial concern is to get a hearing.”



Didion describe lo del cuaderno de notas no como un interés autobiográfico detallado... eso sería aburrido. Una vez conocí a un hombre que llevaba, durante los últimos 45 años de su vida escribiendo en cuadernos cuadriculados una letra por día: G, F, B (Good, Fair, Bad), sobre si sus días habían sido buenos, regulares o malos. Sería un tostón anotar "me levanto, voy a lavarme los dientes, hoy el cielo está soleado" (por eso tal vez siento ansiedad por aburrir con mis diarios de viaje, que sí que son eso, diarios, pero que considero "necesarios" porque los viajes son situaciones excepcionales, y desde que empecé a viajar llevaba un cuaderno para escribir cada noche). Pues bien: el blog (o cuaderno de notas) no es para recordar lo que hacías cada día, sino para recordar quién eras: aquella extraña de 15 años, no era yo, quién era? Y Didion hablan de la Joan de 17 que no la intimida, pero la de 23 es más inquietante. Esto es chocante y cualquiera que se haya leído, en cartas o escritos del pasado lo habrá experimentado, la perplejidad (en  mi caso vergüenza ajena) de la persona que eras. Yo no sé cómo me llevaría con la de 17, pero me darían ganas de abrazar a la de 19 y decirle que tranquila, que todo irá bien, y darle un par de tortas a la de 29. Esas conversaciones en tu mente pasan a ser excruciantes si tienes a esas chicas delante de ti con sus escritos... a mí hasta me empieza a dar pavor ir a hace 8 años, los comienzos del blog.

Didion habla de estos especímenes que necesitan escribir, lo califica de compulsión no-entendible por los que no la tienen, y supone que esto empieza en la cuna. No sé desde cuándo, pero yo siempre me recuerdo escribiendo. Al principio en unos diarios con candado que me regalaban de pequeña, cuadernos de espirales de los campamentos, de los viajes... a saber dónde estará todo eso. Y me encantaban las redacciones del colegio. Desde pequenia, me he inventado historias en la cama para dormirme, que siguen una noche tras otra, como un serial. 

"Niños que al parecer sufrieron al nacer cierto presentimiento de pérdida", dice Didion de los que escribimos. No queremos perder la memoria, no queremos perder a la niña Di, no queremos olvidarnos, pero tampoco que que nos olviden. A veces he pensado que este blog es una carta larguísima para mi hija, y tal vez para mis nietas, y las que vengan detrás. Tal vez no les interese, pero lo que daría yo por tener una versión de blog de mi tatarabuela, que entonces dejaría de ser una desconocida para mí, como de hecho lo es. Precisamente mientras preparo este divague me llega una carta de mi viejo amigo J, y me incluye este texto de un libro que ha estado leyendo "Un final para Benjamin Walter" de Alex Chico:

"Por eso escribes, para consignar un olvido. Esa es la terrible paradoja a la que tienes que enfrentarte. La escritura se convierte en la constatación de una ausencia. La prueba de que algo se ha perdido por el camino. Tú no eres más que un pequeño eslabón en la larga marcha de la desmemoria. Un cuadro minúsculo dentro de otro cuadro" . 

Guau. Las casualidades no existen, que decía Sabato.

Nos olvidamos de todo. Nos olvidamos del amor y de las traiciones igualmente, de lo que susurramos y lo que gritamos, y de quienes éramos. Es increíble, yo a veces no recuerdo en absoluto cosas "importantes" que pasaron, lugares donde fui, gente con la que pasé tiempo, con la que estudié o trabajé.  J., al que conocí en un campamento en Galicia cuando tenía 16, me habla de gente y de anécdotas que protagonicé, y tengo un blanco. No recuerdo nombres, ni caras. No recuerdo libros, ni divagues que he escrito. Me quiere sonar que escribí sobre algo y he de hacer una búsqueda en mi propio blog. Otras cosas las recuerdo muy bien, tengo conversaciones grabadas a fuego, conversaciones que no parecen importantes, "aquella persona que hace 20 años que no veo dijo esta frase en tal lugar", por qué? Hay cosas que no quiero olvidar: el otro día reí muchísimo con uno de mis legendarios despistes o meteduras de pata, y ayer, lo intenté contar en una cena de amigos y se había ido. Solo recordaba la risa y aún sigo buscando su instigador. Y si lo encuentro, lo escribiré... no te me escaparás esta vez. 

Una vez establecido que no hay otra opción para los que escribimos, para qué más lo hacemos? Otro de mis amigos, Santi Gascón, dice que él escribe "para que le quieran". Lord Byron decía que "si no escribo para vaciar mi mente, me vuelvo loco". DeLillo que los escritores escriben "para salvarse a sí mismos, para sobrevivir como individuos". Cortázar no lo tenía muy claro: "Siempre he escrito sin saber demasiado por qué lo hago, movido un poco por el azar, por una serie de casualidades". Por desesperación, como Bolanio. Pero hoy para terminar, me voy a quedar con el prefacio de Truman Capote en "Música para camaleones":

“Entonces, un día comencé a escribir, sin saber que me había encadenado de por vida a un noble pero implacable amo. Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse. [...] La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal".

Noble, pero implacable amo.

08 septiembre 2018

"El centro cederá" , el docu sobre Joan Didion

"The centre will not hold" ("El centro cederá"): seguimos en el mismo poema de Yeats que da título al relato y luego al libro de Didion sobre el que llevo divagando la última semana, "Slouching towards Bethlehem". 

La terraza se la hizo Indiana Jones
"El centro cederá" es el documental que sobre la escritora filmó su sobrino,  Griffin Dunne el año pasado. Verlo nada más haber leído sus artículos es un total dejá-vu, porque hay trozos que son literalmente párrafos de aquellos que yo había subrayado: sobre Nueva York, sobre John Wayne, sobre escribir, sobre tener un cuaderno de notas. También habla de su vida, su relación con el también escritor John Dunne y sobre la hija que adoptaron juntos, Quintana Roo (como el estado mexicano). Su matrimonio no es que fuera un jardín de rosas siempre, supongo que como todos los matrimonios, pero se querían, y su hija bebía demasiado, la parte oscura de un ser atormentado, pero con una zona luminosa que adoraba Joan. 

Su vida era la típica de escritores: en un punto alquilan una casa en una playa medio desierta en Malibú, donde les visitan músicos, escritores, actores... quién era el carpintero que les hizo la terraza de madera, las escaleras a la playa? Harrison Ford! Y así todo. Ella tenía manías de escritora: cuando un escrito no iba para adelante lo metía en el congelador. Con Dunne, se editaban el uno al otro, se leían y releían. Ver las paredes forradas de libros es una gozada. 

"El año del pensamiento mágico" es el libro que escribió tras la muerte inesperada de Dunne, de un infarto. Al poco tiempo murió Quintana, y finalmente, aunque le costó mucho, escribió "Noches azules". No he leído ninguno de los dos... me da miedo.

Ver a Didion en el documental ha sido para mí un poco como enamorarse. He colgado fotos en los pasados divagues para que cualquiera vea la belleza y el porte de esta mujer. Pero es su vivacidad lo que trasciende, ser guapa no es suficiente: tiene unos de los ojos más expresivos que he visto (y eso que frecuentemente se los esconde tras gafas oscuras). En el documental, en concreto en la entrevista actual que le hace su sobrino, vemos hablar a Joan, y quedo atrapada en su campo magnético.


Su cara es otra, parece que se ha deformado alrededor de la boca, que ahora es enorme. su cuerpo es el de una anoréxica: un esqueleto. Sus manos... podría escribir un divague sobre sus manos. Son unas manos que me recuerdan a personas muy mayores a las quiero, manos llenas de tendones y de huesos, y de venas enormes muy oscuras, manos muy, tal vez demasiado expresivas. Didion las pone frecuentemente frente a ella, como una actriz de teatro... usa muchísimo su cuerpo para expresarse, y es el cuerpo de una ancianísima, a ratos medio espástica, que superficialemente parece que se va a romper, que lo que diga no vaya a tener mucho sentido. Pero entonces, dice cosas como "oro" (cuando le pregunta qué supuso encontrar como periodista a una ninia de 5 anios tomando ácido cuando visitó a los hippies en San Francisco). El contenido de lo que dice es tan agudo, tan profundo, tan verdad... es increíble cómo funciona su cabeza. El cuerpo le está fallando, tan castigado como ha estado por la vida pero el cerebro... es una maldición o una bendición seguir teniendo esa clarividencia cuando el cuerpo no acompania? La gran pregunta. 

El centro cederá, las cosas se desmoronan.  Siempre. Y terminas el documental queriendo cogerle las manos. 


24 diciembre 2021

Joan Didion: Gracias, mi Audrey Hepburn de la literatura

 Decía Cortázar en un relato titulado "Burla burlando ya van seis delante" que, "más allá de los cincuenta años, empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes. Los grandes magos, los chamanes de la juventud parten sucesivamente". Vale, esto ya lo usé en 2010, cuando murió Miguel Delibes. Pero luego no en 2018 con Philip Roth, o en 2020 con Juan Marsé o  Rosa María Sardá  y ni hace un mes cuando escribí sobre lo que había supuesto para una chica de cole de monjas de una vetusta cualquiera leer a Almudena Grandes a los 20. Deben ser los 50, o no sé qué, pero otra gran maga se ha ido: Joan Didion, a los 87.

Mi entrada sobre su "Slouching towards Bethlehem" ("Los que sueñan el sueño dorado") está frecuentemente en la lista de derecha (las entradas más visitadas del mes o el año o algo). Me gustó tanto ese libro de relatos o reflexiones o hiperinteligentes entradas de blog que tuve que romperlo en dos partes y luego escribir sobre uno de los capítulos "Sobre tener un cuaderno de notas" en el que reflexiona obviamente sobre escribir. También divagué sobre el documental "El centro cederá", donde es imposible no enamorarse de ella a la vez que divertirte mucho imaginando el cortocircuito que para muchos debió suponer que una mujer tan lista y que escribe a ese nivel, pueda ser a la vez tan guapa y estilosa, una Audrey Hepburn de la literatura.

Aún tengo por leer sus dos libros más famosos, sobre la muerte de su marido y su hija: no lo he hecho porque me da miedo. Aunque en el pasado leí este tipo de libros, imposible desde que tengo a Mini. Hay una frase suya que podría resumir el terror: "Sé lo que es el miedo. El miedo no es por lo que has perdido. (...) El miedo es por lo que aún has de perder". Lo haré, supongo, algún día, cuando esté en ese estado mental.

Pero termino este pequenio recuerdo con una frase suya que es todo lo contrario al miedo, es más bien un canto al valor, a vivir peligrosamente que tal vez en tiempos de pandemia algún imbécil -y hay mucho ahí afuera manifestándose- pueda interpretar literalmente; pero esos no llegarán aquí. Porque se puede "capturar el momento" desde un libro o un teclado o un cuaderno de notas. Gracias Joan, por haberlo hecho.

“No estoy diciendo que hagas el mundo mejor, porque no creo que el progreso sea necesariamente parte del paquete. Solo te estoy diciendo que vivas en ese mundo. No solo para soportarlo, no solo para sufrirlo, no solo para atravesarlo, sino para vivir en él. Para mirarlo. Para intentar hacerte una idea. Para vivir imprudentemente. Para correr riesgos. Para hacer tu propio trabajo y estar orgulloso de él. Para capturar el momento. Y si me preguntas por qué deberías molestarte en hacer eso, podría decirte que la tumba es un lugar bonito y privado, pero que no creo que nadie se abrace allí. Tampoco cantan, ni escriben, ni discuten, ni ven la marea del Amazonas, ni tocan a sus hijos. Y eso es lo que está ahí por hacer y hacerlo tuyo mientras puedas; buena suerte con eso".

27 marzo 2023

De la amistad y el aburrimiento: auto-terapia a partir de "Esto es placer" de Mary Gaitskill y las "Almas en pena irlandesas" de McDonagh

Filia: Amor entre amigos
 Una película, un libro,  y una conversación por whatsapp a trompicones con dos de mis mejores amigos: de ahí parte este divague que no va a hablar de la peli ni del libro ni de la conversación, sino de algún aspecto de la amistad, al que llevo dándole vueltas algún tiempo -por razones personales. 

La peli es, claro, "The banshees of Inisherin" de Martin McDonagh (en castellano, "Almas en pena en Inisherin"; las banshees no son exactamente almas en pena, pero no entremos en la traducción, que me lío) y la novela corta "This is pleasure" ("Esto es placer") de Mary Gaitskill. Para referencia, McDonagh es el director de pelis como "En Brujas" o "Three Billboards Outside Ebbing, Missouri" y en un relato de Gaitskill se inspiró (malamente: según ella, hicieron una versión comercial y vainilla) la peli "Secretaria" (Steven Shainberg, 2002), aquella que explora -vainillamente- el sadomaso, que es uno de los temas de Gaitskill [entre otros temas tabú sobre conflictos internos femeninos]. 

En esta novela corta (a diferencia de Dorothy Parker "que le prometió a su mamá nunca decirla", me gusta esta palabra en inglés "novella" ) que recomiendo mucho, se explora la amistad entre una mujer y un hombre. Bueno, realmente este no es el tema principal -pero lo saco porque enlaza con uno de mis "valientes testimonios" más tarde: lo que ha causado controversia de este texto ha sido el mostrar "gamas de grises" en el tema #Metoo (imposible no recordar el famoso relato "Cat person" de hace unos anios). Empieza con una cita de Joan Didion de su “The Women’s Movement” (1972): "The idea that fiction has certain irreducible ambiguities seemed never to occur to these women, nor should it have, for fiction is in most ways hostile to ideology". ("Parecía que a estas mujeres nunca se les había ocurrido la idea de que la ficción tiene ciertas ambiguedades, porque la ficción es en su mayoría hostil a la ideología"). No estoy de acuerdo en la segunda parte de la frase (nota: que está descontextualizada, así que no sé lo que quiso decir Didion exactamente, pero me lanzo con lo que parece, puedo estar equivocada), la ficción no tiene por qué no contener ideología (de hecho, en según qué contexto el no contenerla es ideología), pero sí con la primera: que la ficción puede en según qué casos permitir explorar ambiguedades mejor que la no-ficción. Y en esa cuerda floja hace equilibros esta novella. 

 Ludus: el flirteo como juego
Gaitskill nos habla de Quin, un editor lleno de glamour y carisma, al que le encanta flirtear con mujeres que le entren en el juego. Está casado y con hija: Quin quiere a su mujer y ella sabe perfectamente con quién se ha casado -la manera de ser no se "desconecta" cuando uno se casa. Durante la novella Gaitskill explora el predicamento de este hombre a través de la mirada de Margot, su amiga  y él mismo, en capítulos intercalados. Han sido amigos durante veinte anios, al principio de los cuales él intentó el juego del flirteo, como suele hacer, y como ella le dejó claro que no estaba interesada, no se repitió. Pese a esto, la amistad siguió (Nota: bien por Quin aquí, no todos los tíos responden así a eso, aunque haberlos haylos -mi N no es statistically significant, pero es). Total que Quin es un buen amigo: está siempre ahí para ella, el tipo de amigo que le aconseja qué ropa llevar a un sarao, que le da conversación cuando ella va a embarcar porque tiene fobia a volar, que se ofrece a llevarle el dinero en su bolsillo para que no tenga que cargar con el bolso en una fiesta. Margot sabe que él no tiene esa relación solo con ella porque es transparente y además él le va contando todas las historias de flirteo-amistad intensa que tiene con otras mujeres durante este tiempo. Ella siente ambivalencia ("tratas a la gente como entretenimiento", le dice en un punto), a la vez que atracción porque él, además de un amigo que está ahí para ti, es muy divertido: con Quin nunca te aburres.
 "This was what he most liked: to give advice about the strange, small, things that can sit oddly close to a person’s heart, and sometimes press against it painfully. I could call him at any time and, if at all possible, he would drop whatever he was doing to give me advice about"
Y con el aburrimiento enlazo con "Almas en pena", la peli, en la que un amigo le dice a otro que  no quiere seguir siendo su amigo (que allí consiste en ir al pub local a diario a tomar una Guinness) "porque le aburre", porque es "dull" (aburrido) y él quiere usar su tiempo en tocar el violín para trascender. Como decía Oscar Wilde, un gran pensador en esto de las amistades,  "un aburrido es alguien que te quita tu soledad sin darte companía". El guionista pinta al "dull" como una persona de pocas luces, pero vamos a ver: todos los días de tu vida, mismo lugar en el que no pasa nada, con la misma persona? No hace falta que tu amigo sea de pocas luces para que te aburra. Pero da cierta pena porque el pobre aburrido no entiende nada, él quiere seguir la amistad a toda costa. 

Entender más sobre el final de las amistades era el tema que me atraía de esta película, pero ha sido una pequenia decepción. Supongo un caso de "no sós vos, soy shó", porque es buena, pero no es la peli llena-de-diálogo-por-guionista-judío que a mí me gusta (alguien se acuerda de aquel chico Josh Radnor que hizo "Liberal Arts", o el Woody Allen de "Hannah y sus hermanas" o Greta Gerwig o Aaron Sorkin o Noah Baumbach o Nora Ephron... esa es la idea). "Almas en pena" tiene una fotografía ma-ra-vi-llo-sa (quien no quiera ir a Irlanda de vacaciones después de esto no tiene corazón o, como la que firma, vive por estas latitudes; spoiler o más bien reality check: ese verde no sale con el sol ni la luz que tiene la peli). De fondo está la guerra civil y se ha hablado de "metáforas de hermano-contra-hermano" pero este "novedoso tropo" a los spanish ya nos aburre: otro metáfora facilona más y gritaré. Y esta además es desagradable, gore y buscando efecto, pero despista  por una avenida que no le permite explorar Lo Importante como yo habría querido -y eso que admito que no hablan ni piensan igual la neurótica intelligentsia de Manhattan que los granjeros irlandeses perdidos en una isla en 1923. Pero igual deberían haber ambientado esta peli en otro sitio y aquí haber hecho un docu vegano.  

Eso sí, gran fotografía

Así que en la peli el abandonado no entiende nada y esto me lleva al confesional/autoterapia -donde interpreto primero a la amiga dull y más tarde a la amiga del "fop" (dandi, presumido) que te cuenta aventuritas. Al lío.  


Amigos que desaparecen
porque tu bebé es aburrido: I get it
Yo tenía una granja en Africa, digo una amiga a la que conocí en campamentos a los 12 anios (ella tenía 15). A mí esto de la escritura me ha metido en varios líos vitales y en este caso, se siguió esa amistad interprovincial gracias a Correos y Telégrafos. Ella al terminar la uni se vino a vivir a UK y pasados los anios, cuando yo vine, ella nos abrió las puertas de su amigo Steve -al que yo había conocido anios antes cuando vine de prácticas a Aberdeen y pasé unos días por Londinium. Steve estaba por entonces rodando en el Himalaya (esto es cierto, aunque parezca un atrezzo de guión), y hasta que encontré trabajo -dos semanas- el Peda y yo acampamos allí. Yo esto nunca lo olvidaré y siempre les estaré agradecida. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, estaba claro que mi amiga y yo no teníamos nada en común. Steve y ella venían a vernos al norte de vez en cuando, hablábamos por teléfono, y cuando vinimos a Londinium, quedábamos para comer muy de vez en cuando. Pero cada vez era más aburrido, no había ningún interés en común. Entonces, cuando nació Mini, oh, ella se distanció: dejó de devolverme las llamadas y poco a poco, la cosa desapareció. Steve con el que seguíamos en contacto -mucho más en común que con ella- me decía, "oh, no es nada, está cansada de amigas con hijos". Yo entendí perfectamente que para los sin-hijos, es un auténtico rollazo quedar con amigos con críos y lo acepté sin acritud. 


Pasaron los anios y hace poco Steve me llamó para decirme que ella estaba pasando por un mal momento, que seguro que agradecería que volviésemos a nuestra amistad. Todo volveríá a ser como antes, según él, ya que yo no tendría que levantarme de la mesa a quitarle a Mini el césped de la boca en el parque. Algo me decía que lagarto-lagarto pero, sobre todo preocupada porque estaba mal, le escribí. De esto hace ya más de dos meses, y nunca he tenido respuesta. Corolario: había algo más pero como no se me ocurre 
nada "malo" que yo le haya podido hacer, deduzco que el aburrimiento era bi-direccional.  Me queda pendiente la confirmación, pero la verdad es que podré conciliar el suenio sin saberlo.

Este tema del aburrimiento es importantísimo porque por mi personalidad [luzco grilletes judeocristianos en los tobillos y cierta tendencia a la autoflagelación y  la culpa], soy incapaz de dar esquinazo a alguien aburrido que es buena persona. Es el caso con esta chica: ella habíá sido generosa conmigo y su única falta es que no teníamos conversación. Me costaríá menos con otras personas que sabes que son más "cabronas" pero que son divertidas, y aquí enlazo con mi segunda amistad inexplicablemente rota, con el tío tirando a mamón que te cuenta historias pero que es divertido, como Quin. Margot en la novella de Gatskill sigue siendo amiga de Quin -siendo él un cantamanianas- también porque se echan muchas risas. Nota:  La línea de Margot es esta: le sigue siendo leal a esa amistad después de que él caiga en desgracia porque no cree que es un depredador. Su propia mujer, cuando todo explota, le dice "no eres un depredador sexual, eres solo un bobo". Hay que leerlo para decidir si tú piensas que es solo un cantamanianas inofensivo o un depredador.

Mi segunda amistad rota no tiene ninguno de estos tintes dramáticos, al igual que en la primera, tampoco sé qué ha pasado, pero tiene en común con el libro que era una amistad intra-género. Más sobre esto en el maravilloso "Una historia íntima de la humanidad"  de Theodore Zeldin que tiene algo sobre las amistades entre hombres y mujeres en el capítulo "Por qué la amistad entre hombres y mujeres ha sido tan difícil: la Amitié Amoureuse". Libro que por otro lado me regaló el segungo ex-amigo: caramba, qué coincidencia.


Y ambas amistades también tienen en común que no han tenido un punto y final. C
on las relaciones amorosas, siempre hay un punto y final (a veces, punto y seguido, o muchos y seguidos, pero esa es otra historia) más o menos sonado. Hay una escenificación de la ruptura, una performance. Luego sigue un duelo. Pero en las amistades, qué pasa? Generalmente, nada, simplemente darte cuenta -más o menos conscienctemente- de que es demasiada inversión, y las vamos dejando morir pasivamente y poco a poco, zas, se ha ido. (aunque yo también he tenido alguna amistad que se terminó con un bang!, que ahora me da pena, tal vez podríamos haberlo hecho de otra manera, claro que ahora estoy "en frío" y entonces estaba muy "en caliente").  Como digo, en estas dos, será la edad, se ha acabado sin escenificaciones, ni conversaciones, ni nada. Por qué no las provocas -las conversaciones, se entiende- se lo preguntaría, si existiera, ese unicornio, el divagante menor de treinta.  Pero como no existe, no empezaré un nuevo párrafo -los que hemos llegado hasta aquí, lo sabemos todos-, sino con una frase de una persona que bien me hubiera gustado tener por amiga: nunca un momento aburrido con el Tío Oscar, tal vez ni en esa isla donde no debe parar de llover. 

"Es absurdo dividir a la gente entre buenos y malos.
La gente es encantadora o tediosa"

 




06 enero 2019

"Los ejércitos de la noche" de Norman Mailer

"Los ejércitos de la noche" ("The armies of the night") de Norman Mailer llegó a mí por aquel tratado de literatura para dummies que leí hace meses, que puso en evidencia de nuevo mis lagunas literarias-más bien mares interiores, por su tamanio. Ponían a esta novela, publicada en 1968, como ejemplo de aquel género de la "novela de no ficción", que había comenzado Capote en 1966 con "A sangre fría". 

De hecho, el nacimiento del género enfrentó a ambos, que antes eran amigos, pero a raíz de la publicación de "Los ejércitos de la noche", Capote y Mailer compitieron por quién era el padre/el mejor/ el que la tenía más grande, del nuevo género. Testosterona (bostezo), que parece que a Mailer le sobraba, porque si apasionante es su novela, igualmente fascinante resulta-por lo menos para su estudio psiquiátrico- su personalidad: un macho alfa, que no solo se enfrentó a Capote, sino que le partió la cara a Gore Vidal ("si hubiera un "Figh Club" para escritores, Mailer sería Tyler Durden"),  acuchilló a una de sus seis u ocho mujeres en una fiesta, y suma y sigue. "Más grande que la vida" que se dice en inglés, parecía Norman, que murió en 2007:  una tiene sus dudas sobre si se iría a tomar un té con él, pero lo que es imposible es no sentirse atraída por su personalidad sobre el papel. Probablemente, sí, me iría a tomar ago con él, probablemente tequilas- a él lo veo con un whisky doble, sin hielo.



El 21 de Octubre de 1967 hubo una manifestación masiva en Washington DC para protestar contra la guerra de Vietnam: "la Marcha del Pentágono". Norman Mailer era uno de ellos, y de los días anteriores y de ese día surgió "Los ejércitos de la noche", subtitulada "Historia como novela. La novela como historia", porque está dividida precisamente en esas dos partes: en la primera nos cuenta su diario personal (su entrada de blog) de lo que pasó en aquella mani y la segunda intenta ser una especie de resumen desde fuera de los acontecimientos, en particular tras su arresto, incluyendo las horribles cargas policiales y la noche durísima que pasaron los que quedaron.

Quién estaba en la mani? Los de siempre. Quién apoyaba a la guerra de Vietnam? Ditto. 50 anios después, y seguimos igual. Apoyaban los que apoyan a Trump: militares, rednecks, policías, trabajadores manuales, el mundo rural. Versus los hippies, los estudiantes, los comunistas que aún no han salido del armario, la clase intelectual urbana. Nada nuevo bajo el sol. Mailer describe esto muy bien, y los enfrentamientos de las clases sociales, los ricos manifestantes frente a los polis pobres controlándolos. La clase media que no hace nada con sus manos ni tiene la tierra, pero sí la pasta. La clase trabajadora es fiel a sus amigos, la media a sus ideas.  Han estado siempre ahí, estos trumpistas? Nunca se han ido? 


Pero no quiero hablar de la novela, que recibió el Pulitzer de no-ficción y el National Book Award, sino de ese Mailer al que el autor se refiere en tercera persona, como hace Sábato consigo mismo en uno de los libros que con más carinio recuerdo, "Abbadón El Exterminador". Aquel antihéroe que se ríe de sí mismo (desde el principio, me atrapa el humor de Mailer), pero también cruelmente de los demás. Me pregunto... le quedaron amigos tras publicar esta novela? Gracias a él he conocido a alguna de las figuras intelectuales de los 60, que estaban como él, comprometidos políticamente: Robert Lowell, poeta, Dwight McDonald, crítico, Paul Goodman, analista político, Micth Goodman, escritor y miembro, junto con el pediatra Dr Spock de los "Cinco de Boston", que habían firmado en 1968 un manifiesto en contra de la guerra. Algunos de estos están con Mailer en la manifestación, y el día antes de la mani hacen con él dicursos en un teatro. Una empieza a conocer a Mailer con su escena de necesidad imperiosa del banio, cuando no hay tiempo, y está muy lejos, y donde hay no luz, ergo se acaba meando por todo el suelo, haciendo un lío, preocupado porque los limpiadores van a pensar que esto es parte de la protesta, estos izquierdosos son unos guarros, y llegando tarde al escenario-donde evidentemente, cuenta esta historia. Pero no solo es esta anécdota, con la que me podría identificar perfectamente-me desmayé en una charla una vez, así que todo es posible-, sino sus reflexiones laterales, tan acertadas: cuando baja y se mete entre la gente, nos habla de la intimidad que normalmente se crea entre el orador y el público, que es algo mágico que todo el que ha hablado para grupos ha experimentado-cuando no te desmayas. De observaciones como esta está la novela llena. 

Me imagino a Mailer como el típico judío neurótico, una especie de Woody Allen en fiestas, que no sabe hablar del tiempo y que, como no puede tolerar la pausa, que es el abismo, la llena con "la más extravagante amalgama de posibilidades". Un día está hablando con otro escritor-ambos no han leído casi nada del otro, piensa, y a la vez sospecha que ambos estarán considerando que esa conversación estaría mucho mejor empleada, de todas maneras, en un artículo. Deformación profesional? Versión elevada de "esto me dará para divague"? En algún momento me recordaba a mi amado Phillip Roth... "el sexo es mejor sucio, condenado, incluso esclavo... nada de limpieza, dénme culpa!"... esperaba q saliera Portnoy por ahí en cualquier momento. Pero no. 

Aunque Mailer es irreverente, y me parto cuando cuenta cómo los anarquistas de Libération, preparados para terminar con esta sociedad y cambiarla por una pacifista sin leyes,  tuvieron serios problemas para imprimir un artículo suyo en el que escribía la palabra tabú por antonomasia del inglés: CUNT. Me recuerda tanto a Lady Chatterley ("ha escrito Fuck!") como a la gran historia del Peda y su artículo sobre el Rey Emético, cuando cumplió 20 anios en el trono, en una revista de barrio, igualmente antisistema.

“Years ago in 1959 when Dellinger was already an editor on Liberation (then an anarchist-pacifist magazine, of worthy but not very readable articles in more or less vegetarian prose) Mailer had submitted a piece, after some solicitation, on the contrast between real obscenity in advertising, and alleged obscenity in four-letter words. The piece was no irreplaceable work of prose, and in fact was eventually inserted quietly into his book, Advertisements for Myself, but it created difficulty for the editorial board at Liberation, since there was a four-letter word he had used to make his point, the palpable four-letter word which signifies a woman’s most definitive organ: these editorial anarchists were decorous; they were ready to overthrow society and replace it with a communion of pacifistic men free of all laws, but they were not ready to print cunt.” 

La novela tiene un contenido muy profundo. Por supuesto él ya había escrito antes "Por qué estamos en Vietnam" ("y si dejamos Vietnam, y toda Asia se vuelve comunista?"), y hay un capítulo solo dedicado a esto. Pero hay mucho más: no solo están las dos américas que antes he mencionado, la rural y la urbana, la proguerra o la anti, sino que dentro de los oponentes a la guerra hay dos claras generaciones: la de Mailer y los suyos, hombres para lo que la palabra es todo (en su mayoría, escritores), y la nueva generación de hippies ("la instintiva prevención de un carnívoro frente a a un asceta"), flower-powers, New Age (que describe muy bien Joan Didion en el capítulo que da título a su libro de relatos "Slouching towards Bethlehem"), seguidores de Joan Báez, que según aprendí en otro capítulo de Didion, tenía también una pedrada severa, revolucionarios de fin de semana.  "Lo que parecía significativo aquí era la idea de una revolución que precedía a la ideología;  la Nueva Izquierda parecía haber adoptado esta idea para esta Manifestación". Mailer y su generación pensaban que sería la palabra, la literatura, lo que cambiaría el mundo: Hemingway, Orwell, Mailer... desde la novela creían que podrían poner todo patas arriba ("convertirte en un buen filósofo amateur, una vocación indispensable para el novelista ambicioso porque si no, o es otra cosa que un amargado entretenedor, un cuentacuentos"). Hoy me desespero de leer contratapas de novelas y novelas que, disfrazadas de presunto intimismo, solo se miran al ombligo. 

"El nihilismo tal vez será la única manera de contestar al totalitarismo", "El Leninismo es un equivalente mental a levantar pesas en el gimnasio: el cerebro trabaja, se oxigena, respira, y termina con incrementos en su vigor y tono, pero el problema permanece. Es un gran isntrumento de análisis en un mundo hecho de acero", son dos frases más que dan una idea de lo inabarcable que es divagar sobre esta novela. Es un clásico del SXX que hay que leer para aprender, para reír, para no olvidar, y para darse cuenta de que merece la pena salir de nuestro ombligo y mirar hacia fuera. No sé quién inventó la novela de no-ficción, y no me importa. Lo que me no me gusta es no haber descubierto a este monstruo hasta ahora: Norman Mailer, Larger than Life. 



08 marzo 2019

Quiero (mujeres trabajadoras)

"Sáltatelo hasta la parte en la que la princesa llega
a lo más alto en la escalera corporativa"
Quiero que dejen de decir que son femeninas,   
                     no feministas
Quiero decirle "fuck you" en su cara
                 a ese imbécil
                 del trabajo              
Quiero sentir el pánico y la emoción de
                 nadar con ballenas
Quiero que mi hija estudie lo que quiera,
                 no "algo con salidas"
Quiero gritar al mundo que el chocolate
                tiene flavonoides y
                es una supercomida
Quiero volar, además 
               de soñar que vuelo
Quiero que todas las niñas crezcan 
               con la absoluta convicción de que 
               ellas pueden
Quiero ser paciente, 
                                    más paciente, 
                                                             menos impaciente
Quiero comer cualquier cosa 
                      que cocina mi madre.
                      Cualquier.Cosa.
Quiero que ninguna mujer se quede en casa
Quiero que, cuando hablamos, mis amigas 
                  que están lejos
                  sigan estando cerca
Quiero bañarme en una poza de montaña
Quiero reirme tanto que llore,
                 y las cosquillitas detrás del esternón
Quiero ir en bici a todos los sitios,
                 y que siempre sea cuesta abajo
                 y sin frenos como en La Graciosa, Mini
Quiero romper esquemas,
Quiero que todas seamos
                feministas salvajes
Quiero que mi hermana abra un blog, o un canal
               de youtube para reirme
Quiero gritar, en esta semana de afonía,
                 si es posible desde un acantilado
Quiero que salgamos todas a las calles,
                 y a las fábricas
                 y a los hospitales
                 y a las oficinas
Quiero comer fresas con nata, y chocolate
                derretido por encima (por los flavonoides, claro)
Quiero estar con la Yaya otra vez
Quiero el momento en el que Mini lea 
                Virginia Woolf
                Martin Gaite
                George Eliott
                Ana María Mature
                Joan Didion y
                las Bronte               
Quiero ser valiente
Quiero volver a tomar la leche con Cola-Cao
                justo como la hacía la Yaya,
Quiero que la Seguridad Social no se hunda pero
Quiero que los nacionalismos se hundan
                en el fondo de una sima
Quiero seguir hablando con mi suegra de libros
                por muchos años
Quiero viajar a lugares remotos y sin prisa,
                y escribirlo cada noche
Quiero hablar con la Colina, y con Vicenta, y con Lorenza
                saber quienes eran
Quiero hacer fotos para que digas
                qué buen ángulo, no se me hubiera ocurrido
Quiero que los divagantes estén 
                siempre aquí
Quiero recordar que Mini hoy me leyó en alto a Mary Shelley: 
               "Beware, for I am fearless 
                 and therefore powerful"
Quiero que nunca jamás haya una mujer
                 dependiente de un hombre
Quiero que entendamos que hay que hacerlo
                 juntas
Quiero derrotar al individualismo porque 
                 ya lo decía Tácito, "quienes luchan por separado
                 son vencidos juntos"         
Quiero vivir con menos
Quiero mirar las estrellas 
              en el desierto
Quiero comer croquetas de mi suegra
Quiero hacer importante divulgación: donde se consume más chocolate
              hay más Premio Nobel
              por metro cuadrado
Quiero salud, quiero amor,
             y lo suficiente para una vida digna
             para tod@s
Quiero dar patadas en el culo a todos los niñios
            que osen ser desagradables con las niñas
Quiero cantar "Libre" a toda vela
Quiero que ninguna chica se enamore
             de un pavo  20 años mayor
Quiero que mi hermana reciba una oferta
             que no pueda rechazar
Quiero lanzar una lanza o tirar una lanza, o lanzar una jabalina 
              o como se diga romper una lanza
Quiero bailar eso inconfesable 
              con mis amigas en la playa de noche
Quiero negarlo todo
Quiero sobredosis de endorfinas
Quiero luchar contra los elementos
Quiero volver a Itaca, donde
              ni que decir tiene
              me bañaré en pelotas. 


Quiero todo esto
yo no puedo seguir viviendo así:
es una decisión irrevocable.

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(Pequeñísimo homenaje a José Agustín  Goytisolo,
 va para todas las mujeres trabajadoras)