Se divide en tres partes: 1. "Estilos de vida en la tierra dorada", cuyo primer capítulo "Los que sueñan el sueño dorado" da título al libro en castellano (lo encuentro extraño, pero eso me dicen mis contactos -Mo- e internet), publicado por Mondadori. 2. "Personal" (que contiene los inmensísimos "Sobre tener un cuaderno de notas", "Sobre el amor propio", "Sobre volver a casa") y 3. "Siete lugares de la mente" (me apasionan "La costa de la desesperación", "El cuaderno de Los Angeles" y "Adios a todo eso").
1. "Estilos de vida en la tierra dorada"

En esta primera parte hay capítulos dedicados a John Wayne (por mucho que me aproxime a su edad, este hombre siempre será para mí "un viejo"), a Joan Baez (qué pedrada, todo va de "sentimientos", sus ideas políticas son "vagas" pero ella siente mucho), gente que se toma tantos paracetamoles hasta un punto "a este lado del suicidio". Me gusta tanto esta frase: es visual. Veo la línea, y a partir de aquí, como en todos los espectros, algo pasa, en este caso la muerte, pero estás a un pelo, estás en este lado de la precaria frontera entre la vida y la muerte.
Capítulo de probable autista rígidamente comprometido con una inmutable compleja doctrina de alguna rama del comunismo más oscuro (a los que Didion comprende, "estoy cómoda con estos que viven fuera en lugar de dentro, aquellos para los que la sensación de horror es tan aguda que acaban en compromisos extremos y destinados al fracaso (...) aprecio los elaborados caminos con los que la gente intenta llenar el vacío". Igual está sicótico, tal es el nivel de amenazas que ve en todo.
Y el de Howard Hugues, el millonario de la peli de Scorsese, con DiCaprio. Los americanos han hecho de este tipo un ídolo, pero más bien un placer culpable, privado, que no se puede admitir. Es un héroe no-oficial: "la enorme divergencia entre lo que decimos que queremos y lo que queremos, entre lo que oficialmente admiramos y secretamente deseamos, entre la gente con la que nos casamos y la gente que amamos". Didion sospecha que la vida es verdaderamente un escenario.
Casarse en Las Vegas, casarse en absurdo. "No hay tiempo en las Vegas, no hay día ni hay noche, no hay pasado ni hay futuro". Qué perfecta confirmación de mi idea de esta ciudad, así es como la imagino, con sus luces de neón, DeNiro en la mesa del casino, yo de Marilyn, tú de Elvis, todo ahí parado como en aquellas pelis. Ya era así en el 67, cuando Didion escribió este artículo.
Y por fin, el último que da título al libro (al menos en inglés) "Arrastrarse hacia Belén" es el más largo y nos cuenta la vida de diversos hippies metidos en drogas y en hippismo general en San Francisco en la época. Eran los jóvenes de la América fracturada de la que habla Didion en estos artículos emigrando allí y siendo la parte visible de la herida. Los que nos cuenta Didion: un panda todo el día colgados, aburridos, aburrientes.
2. "Personal"
Los artículos van mejorando a medida que avanza el libro y ya he decidido que de "Sobre tener un cuaderno de notas" tengo que hacer un divague separado. Es que soy yo, Didion, me estás contando a mí, petal, y aún no había nacido.
"Sobre el amor propio" (self-respect, se dice en inglés, y me pregunto si estoy traduciendo bien, el matiz), tan lleno de verdad, porque cómo negar que el peor engaño es el autoenganio, que el amor propio (o auto-respecto) no tiene que ver con la aprobación de otros, a los que podemos engaña con relativa facilidad, ni con la reputación, algo con lo que la gente con coraje no necesita para vivir. La gente con auto-respeto tienen el coraje de asumir sus errores. No tenerse auto-respeto es ser la audiencia de un documental sobre uno mismo con todos tus fallos. Didion piensa que el autorespeto es una cuestión de voluntad, que hay que educarlo... no lo tengo tan claro.
"Sobre volver a casa" es otro de esos en los que me identifico plenamente con Didion: la relación compleja con su familia. Esas llamadas telefónicas que no dejaron de terminar en lágrimas hasta pasados los 30. Lo que supone volver a casa y volver a la adolescencia. El matrimonio es la traición clásica.
3. "Siete lugares de la mente"
Y por último, estos siete lugares de la mente que todos tenemos, siete lugares, o tal vez más o menos. "La costa de la desesperación", o la exhibición no de las maneras bonitas de gastar el dinero, sino de lo duramente que el dinero se hace, escaleras de mármol para mostrar a mujeres (migrañosas) guapas.
"Guaymas, Sonora", que me lleva a ese lugar de mi mente llamado Bolaño y México, y las rutas que una ha de comerse por tierra, porque volar es "missing the point".
"El cuaderno de Los Angeles" y el Santa Ana, el viento que hace las delicias de los siquiatras con aspiraciones antropológicas (o viceversa, ah no, que los antropólogos no reconocen la psiquiatría).
Y por último, "Adiós a todo eso", como el perfecto final para el libro, adiós, adiós, dormir dormir... una de las cartas de amor más bonitas que he leído para una ciudad. Didion vivió de muy joven, cuando comenzaba a escribir, en Nueva York, y describe exactamente lo que es "no es país (en este caso, ciudad) para viejos", ese algo que comparte del todo Londinium. Y aún añade, NY es una ciudad para los más ricos y los más pobres, no hay intermedio. Ay Joan, el mundo es ahora ese escenario, qué hemos hecho. En NY se llora en Navidades, y se pasan en el teléfono intentando encotnrar un vuelo. En NY podías perder las tardes porque tenías todas las tardes del mundo por delante. En NY se está de paso, no se considera el futuro, todo el mundo sabe que volverá a donde sea. Y así le pasó a Didion: en este artículo que cierra este libro maravilloso explica como su cuerpo -sabio-dijo basta, y se deprimió, y probó el sabor de la desesperación. Y tuvo que volver a la tierra dorada. Lo que nos lleva, círculo completo, al principio del libro. Los que suenian con la tierra dorada.

















