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23 octubre 2026

"Kudos" ["Prestigio"] de Rachel Cusk: mi conversación sobre sus conversaciones

 "Kudos" es la última novela de la trilogía que Rachel Cusk escribió entre 2014 y 2018, protagonizada por Faye, una escritora que viaja y cuenta conversaciones con gente que se va encontrando. La primera es "Outline" ("A contraluz") y la segunda "Transit" . Los leí en 2021 y 2022 respectivamente, y me había guardado "Kudos" ("Prestigio") un poco a modo de "libro de emergencia": apuesta segura para llevarte a un viaje corto sin otro de reserva -de hecho, tras años en mi balda, me lo llevé a la semana de Donosti a principios de septiembre. Pero quien crea en los Hados tal vez considere que lo dejé estos años para coincidir con el momento vital de la narradora cuyo hijo "se va este otoño a la universidad a estudiar Historia del Arte". Este otoño se ha ido mi hija a la universidad, a estudiar un grado similar. 

Antes de nada, una línea de fetichismo: me encanta la edición, la fuente de esta trilogía, pero especialmente la portada de esta. Y esta foto facilona la llevaba un tiempo pensando y ocurrió en el vuelo a Bilbao: 


Me he tenido que releer los dos divagues anteriores para enfocar este: “Outline” estaba estructurado como diez conversaciones que empieza Faye en el avión y continúa en Atenas, donde va a dar un curso de escritura creativa. En "Tránsito", Faye se muda con sus dos hijos a Londinium tras su divorcio, habla con albañiles del este, se enamora. En "Kudos", Faye comienza también sus conversaciones en un avión: esta vez va a una ciudad indeterminada del sur de Europa -yo imaginaba Lisboa- a promocionar su último libro, son también diez personas: su vecino de asiento en el avión - como en "Outline"-, la que le hace la entrevista, el guía turístico, la de la editorial... A todos ellos les pregunta mucho, interesada en sus historias, dándome una fuerte impresión de psicoanalista -o simplemente de escritora haciéndose con contenido. A propósito de esto, tal vez el divagante haya seguido la movida literaria del verano: en su último libro "La vida de M.",  parece que habla -y no bien- de Natalie Portman, de la que era amiga. Parece que su primera novela tuvo que ser retirada porque alguna persona de su círculo al que había convertido en personaje la llevó a juicio por difamación. No recuerdo ahora quién dijo aquello de "si tengo que elegir entre mis amigos y la literatura, me quedo con la literatura": pues eso.  Aquí tenemos no solo una trilogía en la que no pasa nada, sino que además, no importa quién dice qué. Cusk ha dicho  “No creo que el personaje exista ya [en la literatura]”. Y es así: terminarla es quedarte con ideas  que te han movido, intrigado, dejado pensando, vomitadas por un coro griego todos con la misma máscara.

Faye entabla conversaciones y yo voy a hacer lo mismo con Faye, o con Cusk, o con las múltiples máscaras. Da igual. Si la lectura es entablar una conversación silenciosa con la autora, el autor, que algunos anotamos en los márgenes, la lectura de este divague va a ser rizar el rizo, va a ser conversar conmigo mientras yo converso con los demás. No sé qué saldrá. 

Para empezar, no es solo que Faye pregunte como una psicoanalista, sino que siempre tiene una idea que parece tomada del psicoanálisis y que, por tanto, a mí no se me había ocurrido: por ejemplo, alguien está de viaje y se siente "sin amarras y a la deriva" ["unmoored and adrift"] y llama por teléfono a su pareja. Y la reflexión es: "quizás llamándole pierdes la oportunidad de aprender algo”. ¿De aprender de ti misma, de la relación?  ¿Hay que ser valiente para no llamar? Pero "ninguno de nosotros sabemos hoy en día el grado de nuestro valor o cobardía porque estas cualidades raramente se ponen a prueba". Difiero: supongo que hay menos situaciones donde tu integridad física está en juego, pero hay muchas que requieren valor. Hay gente todos los días exponiéndose: desde Sally Rooney, que ya no puede vender más libros en UK por su apoyo a "Palestine Action" hasta toda esa gente, muchos jubilados, a los que arrestaron por defender a este grupo [todos claramente terroristas, se entiende]. Y aún hay mucho de exponer tu cuerpo: lo saben quienes ejercen su derecho a manifestarse,  arriesgando que la poli les saque un ojo con una pelota de goma (ah, eso lo prohibieron, ¿no?) o que les den candela sin guantes, que sabe mucho mejor. 

Sobre la identidad y el cambio de perspectiva de esta durante la vida. Por ejemplo, en el colegio, un chico que es malo en deporte pero es "bookish" (lector, siempre con un libro bajo el brazo) probablemente sea poco popular. Pero pasan los años y entonces todos nos damos cuenta de que el cerebro cuenta más que darle bien a una pelota. Es "la venganza de los nerdos", el nuevo cuento del patito feo, pero sin lo físico. Aún así, una presentadora de TV dice que ella necesita ser guapa mientras que el tipo que sale con ella no, "pero no estoy en absoluto interesada en ese ejemplo de desigualdad. En lo que estoy interesada es en el poder, y el poder de la belleza es un arma útil que a menudo las mujeres usan mal o menosprecian”. Tampoco me convence: sigo sin entender por qué Wyoming sale con una chica mona al lado (la segunda, antes había otra). No me gusta usar el poder de la belleza para cosas en las que ser bello no importa. 

Cusk es buena describiendo el tic de un personaje que te abre su personalidad entera: "Le costaba tanto tiempo formular la pregunta que cuando terminaba, descubría que él tenía la mejor respuesta a esa pregunta". Están esas personas, o luego mis némesis personales:  las que siempre preguntan, aunque no tengan duda- cuando lo hacían al final de clase sin importarles que el resto se quería ir y ahora se han reencarnado en los que han de hablar siempre en las reuniones. Los sospechosos habituales a los que les encanta oírse. Por eso evito los comités, las reuniones y otras ocasiones para la ducha del ego de cuatro. Demasiadas reuniones y demasiados pocos emails: porque escribir requiere un esfuerzo mayor de argumentación para concluir un plan - en una intervención oral muchos se van de rositas sin haber aportado nada. Cuántas reuniones de las que sales pensando, ¿qué hemos sacado en claro hoy?  

"Dar el sol por hecho" y toda la felicidad que te da verlo desde tu ventana, eso los que viven en países mediterráneos, ni se lo plantean. Cuando vives en UK, te das cuenta cuando hace sol -no como hoy, que llueve, que no hay luz-, y lo celebras exageradamente: en tu interior, aunque sea. Y si está gris, a veces por semanas, has de ignorarlo y tomar las riendas de tu felicidad [y tomar Vitamina D], porque no te viene dada. Esta es mi lectura de la frase, "las personas que viven bajo el sol no toman responsabilidad de su felicidad". 

"Es paciencia, resistencia y lealtad lo que trae resultados, no la ambición y el deseo", mmmmm: define resultados.  Lo que parece estar claro, por entrevistas con ancianos, es que todos se arrepienten de haber trabajado demasiado. Si lo sabemos, ¿por qué no paramos? ¿O lo dicen por quedar bien? Hay un tipo de los que aquí se llama "high flier", con trabajo de altos vuelos, que tiene un Excel llamado "Libertad" para saber en qué día, cuando los números cuadren, se podrá jubilar. Ya no son los veleros los que se llaman así, ahora son las hojas de Excel. Corolario: su 1st Class, sus 5 estrellas, sus 5 tenedores, su esclavitud. Pero de la rueda de ratón es difícil bajar. Si Di no hubiera tomado las riendas por la noche de la profesional de día, esta última tendría ahora más publicaciones profesionales. Pero, ¿para qué? ¿Reconocimiento de quién necesito? 

Y por supuesto, mucha literatura. Resulta que el santo grial de las editoriales son los autores que escriben libros que se venden bien, a la vez que mantienen una conexión con "los valores de la literatura". Libros que la gente disfruta leyendo sin sentirse menospreciada porque los vean leyéndolos. Claro, hay gente pa tó,  gente que leía las "50 sombras de Gray" en el metro sin rubor, que no se enteran de que lo que están leyendo es menospreciable por los snobs de los libros. Pero todos somos menospreciables por otros en otras facetas de la vida: seguro que estoy cometiendo infracciones en el vestir, en la decoración de mi casa, con la música que me gusta.  ¿A alguien le importa un pimiento? A mí me la suda [¿será la edad?], como a los que disfrutan de "libros de aeropuerto" se la tiene que sudar lo que pensemos los booksnobs de lo que tienen entre manos. 

Me encanta este párrafo sobre la imaginación, lo pongo entero:
"Esos escritores que no planean, escritura brújula vs. escritor mapa (que lo planea todo), de qué van: su obra no es el resultado de pensar cuidadosamente, de un esfuerzo artístico o simplemente del trabajo duro.. lo suyo viene de inspiración divina, o peor, de la imaginación. (...) El que había leído a la narradora sabía  que, si tenía imaginación, tenía el sentido común de mantenerla escondida. "Y no hay lugar mejor para esconder lo que sea que lo más cercano posible a la verdad, como todos los mentirosos saben"
No sé si aquí Cusk se está autoflagelando por su faceta de sanguijuela -o vampira, siempre es más elegante- literaria. Está claro que todos escribimos desde la biografía -también la soñada-, pero hay gente que aún puede inventar una situación, crear un personaje a modo de Frankenstein, con piezas de muchas personas que ha conocido, o de rasgos psiquiátricos que has leído en el CIE-11. Y me fascina lo de que el mejor lugar para esconder una mentira sea cerca de la verdad. Y no me sale ningún ejemplo ahora, pero me sigue encantando.

"A un escritor solo se le da poder por el acto de que alguien lea sus libros", y supongo que esto será verdad para quienes viven de ello. Pero, ¿somos escritores los inéditos? Yo no digo que soy escritora, solo que escribo, y el que alguien lea mis escritos no me da ningún poder en absoluto. Tendré que esperar a que me descubra un magnate, pero dados los años que llevo aquí, no pinta bien.  

Y por supuesto que hay feminismo: las mujeres escritoras: "pocas son reconocidas, o por lo menos no hasta que se les ha juzgado como ya no un peligro porque se han convertido en viejas, feas o muertas". Me río con lo de muertas. Aunque hace poco leí que las editoriales querían escritoras jóvenes y monas, para vender sus libros en IG. ¿Alguien ha visto a Zadie Smith o a Annie Ernaux vendiendo sus libros así? 

"Ya no estoy interesada en tener un hombre. Mi cuerpo está buscando privacidad, se esconde bajo estas ropas holgadas." ¿Será la menopausia la gran liberadora? [el bajón de estrógenos, otra venganza del altísimo por lo de Eva] O será el momento cultural? Aprendo mucho con Mini, que me explica que hay que sentirse mal y no alegrarse si un chico te dice algo positivo: es "como necesitar la validación de un tío". Estoy muy mayor. Pero no tanto como para ponerme ropas holgadas.

Sobre los niños, tantas cosas: la mujer rica que se queda en casa a cuidar de sus hijos y los trata como “activos”. El hombre que "estaba muy domesticado y parecía el padre ideal"  ( ¿ser buen padre es estar domesticado?) Otro, inseguro del valor de la paternidad, pero "el rato que pasamos en el café fue uno de esos momentos de estado de gracia". El mismo hombre que pega al perro para educarle, porque "no entrenas a un perro enfadándote y no hablándole una semana", como se supone entrenas a las personas. No deberían los adultos hacer el "silent treatment" a los niños, pobres. "Los niños toman los cambios de humor de sus padres personalmente y creen que tienen la culpa": a veces, la tienen. 

¿Qué es la historia más que recuerdos sin el dolor? Porque hoy todos queremos vivir sin ninguna de las incomodidades del pasado. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Ah, pero con anestesia. Y con antibióticos. Y con divorcio. Y sin curas. Fuck los nostálgicos.

"La mayor parte de las preguntas son solo un intento de determinar que hay conformidad". Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho. Aunque la confrontación no es que dé miedo, es que aburre: según con quién, ya conces el punto final. No merece la pena: esto es hacerse vieja, me digo. 

La impostura.  No creo que la mayoría imposte: la gente se lo cree, los he visto. La madre abnegada, el profesional ocupadísimo, la moderna enterada. O aquí, "La conversación nunca era real: era la conversación de gente imitando a escritores teniendo una conversación". Se creen escritores y hablan así. 

Del segundo libro de la trilogía, "Tránsito" saqué una frase que me gustó tanto que la puse de epígrafe en el blog ["Escribir es persuadir a un extraño de que se quede"]. Voy a terminar con la que más me ha gustado de "Kudos" en la que Cusk cita a Píndaro, el poeta de la Grecia clásica, que escribió en sus Odas Píticas (Pítica II.72), «conviértete en lo que eres» [«γένοι᾿, οἷος ἐσσὶ μαθών»]. A veces cuesta encontrarlo.

Termino el divague y con él mi conversación con Cusk y la trilogía. Voy a la estantería a encontrar los otros para hacer una foto final.  No tiene la luz ni la expectación de la primera; es el adiós a una gran trilogía que se ha terminado.







20 octubre 2026

De cómo los Pedalistas acabaron en una secta y de lo que allí aconteció [Méx17]

 Martes, 28.07.26: Ska-P, timados, bajona en Puerto Escondido, encontramos la luz

Tras un rato buscando alojamiento en Puerto Escondido por internet, encontramos un apartamento con buenas vistas y lo reservamos. Toca despedirse de Cocos -algunas con más pena que otras- e incluyo la vista de las piscina desde nuestra terraza para que se haga una idea el divagante de que era todo bastante discreto. Nunca vimos a nadie en pelota picada por los pasillos y, como dije, no te encontrabas a la gente como su madre los trajo al mundo en el buffet del desayuno- no había restaurante. Otra cosa era en otro de los hoteles que, según nos contó la mexicana del "puterío", le había dicho un repartidor que allí todos iban en bolas, desde los recepcionistas hasta los camareros.




Adiós Cocos y Zipolite, y hacemos el brunch en la playa en Mazunte, en El Pescador 

Cositas que una se encuentra en la calle principal de Mazunte en las fotos de abajo. Siento si con la primera os he pegado el "Vals del Obrero" de Ska-P. Nunca está de más recordarlo, pero a mí ya se me ha pegado y estará conmigo durante todo este divague.

En esta democracia hay mucho listo que se lucra
Exprimiendo a nuestra clase social
Le' importa cuatro huevos si tienes catorce hijos
Y la abuela no se puede operar
Somos los obreros, la base de este pueblo
En el que siempre pierde el mismo "pringao"
Un juego bien pensado en el que nos tienen callados
Y te joden si no quieres jugar
¡Resistencia!
¡Des-o-be-dien-cia!



De hecho, me va muy bien Ska-P porque en nuestro trayecto a Puerto,  encontramos a algunos de los iconos de la Revolución Mexicana: Pancho Villa, bueno, y el de abajo no sé si es un icono o un mero charro mexicano y yo me he venido arriba: ¡Viva México, cabrones!



El apartamento está pasado el aeropuerto, no queda claro por dónde ir con la bolita azul del googlemaps y de repente nos encontramos en medio de la nada, en camino de barro. Vemos una casa que podría ser, pero ahí no hay nadie. Pregunto en una tienda en la que sirven a través de rejas y nadie sabe nada. Hay unos hombres trabajando en la construcción que nos miran desde el tejado. Es todo desolador. Contactamos con el dueño por WhatsApp y nos dice que él no anuncia el sitio en esta plataforma, sino en otra: que le hagamos un ingreso y ya tal. Intentamos hablar con nuestra plataforma sin conseguirlo y, cuando ya está claro que es un timo, volvemos a Puerto a tranquilizarnos, tomar algo y decidir.

Esta es la playa de Puerto, que nos parece deprimente y llena de gente, después de donde venimos. Por favor, quédense con este nombre: Zicatela y la línea blanca de sus olas - es playa de la izquierda, y mañana entraré en ella. 

Vamos por la calle principal paralela a la playa buscando un café y lo más cercano es una tienda de Choco Mios -misma cadena que en Oaxaca-  donde nos ofrecían quedarnos a tomar un café en la terraza en medio de gente taladrando. Acabamos en un restaurante de pescado, pierdo un componente de la cámara -que luego encuentro - y otros despropósitos. Parece que no es nuestra día, pero tras un rato nos lanzamos, como cuando éramos aventureros, a ver si alguien bondadoso da alojamiento a estas cuatro almas. 




Hemos seleccionado cinco sitios para quedarnos: los primeros en Puerto o no existen o no hay recepción. Nos vamos a la otra zona, Brisas de Zicatela, que está en la playa aquella de las olas de la foto de arriba y allí en el segundo, por fin, nos aceptan. Ya es tarde, aún no de noche y el lugar tiene buena pinta, con una piscina central y unos cuantos edificios de colores alrededor del jardín. La habitación tiene cocina dentro y estamos enfrente de la piscina. 

Cuando nos estamos despidiendo del recepcionista, que nos ha puesto un garrafón de agua, loado, nos dice que "como hoy es martes, justo invitamos a cenar a los huéspedes". Aunque veo a mis compas reticentes -son así-, a mí me parece una magnífica idea el no tener que lanzarnos a las calles, agotados como estamos, a buscar un restaurante. No solo eso: por las mañanas a las 9:30 hay yoga y a las 15:30 Aqua-Gym en la piscina. Todo incluido, pero sin falta de pulsera. Es un hotel familiar y pequeño, y son simplemente amistosos.   

 Subimos, pues, conmigo a la cabeza, a la sala donde por la mañana ocurre el yoga y los martes por la noche el -nos enteramos en breve- "meet & greet". Al llegar, hay como tres grandes mesas corridas, con unas 20-25 personas sentadas esperando no se sabe a qué [a nosotros?] mientras una chica en una esquina toca el sintetizador con temas de ayer, de hoy y de siempre. Hay unas señoras mayores que están ya trajinando con la cena, pero antes tenemos que escuchar el "Piano man" o "American pie". 

Pero no, cuando termina la del sintetizador, entonces nos llama a levantarnos en un círculo y a presentarnos al grupo: nuestro nombre, de dónde venimos, esas cosas. Y en un lado del corro hay un anciano con un andador que parece es el fundador y dueño del lugar, que no habla español pero tiene a su lado a un traductor. 

W tiene 87 años y nos cuenta su vida: es yanki, estuvo en la Guerra de Vietnam, de donde salió poco menos que con un consejo de guerra y con trastorno de estrés postraumático. Entonces vio la luz, se cayó del caballo y se hizo cristiano. No me queda claro cómo acabó en Puerto, pero entonces montó este hotel, una comunidad de amor y paz. Tiene varios hijos que continúan su labor cristiana por otros sitios - no me quedó claro si en pequeña cadena hotelera. Yo todo esto de Yísus lo veo venir desde el principio, cuando leo en la parte superior derecha de la camiseta del traductor australiano, "Christian surfers" [surfistas cristianos]. Miro a mis compas que intentan no mantener contacto visual conmigo, pero yo todo lo que querría decirles es que estoy estática: esto es oro para mi blog, y para las cenas con amigos: huyendo de un hotel nudista, acabamos en una secta!

Comienzan las presentaciones: todos son mexicanos, menos un gringo casado con una mexicana y una familia que viene de París pero tiene conexiones mexicanas. Nosotros tres somos de los últimos, y yo tengo que pensar muy bien lo que digo porque tengo a la Policía del Cringe a mi izquierda, que se hará el harakiri si "sobrecomparto". Así que simplemente les cuento que semos ejpanioles y que estuvimos en México hace 22 años, que nos gustó tanto que hemos traído a nuestra hija. Por fin nos sentamos a cenar y en nuestra mesa causa gran simpatía el acento british de Mini [tenemos al gringo casado con mexicana y sus hijos] y la conversación fluye. La cena está muy bien, típica mexicana, y al terminar, damos las gracias y nos vamos. 

Yo me doy un baño nocturno sola en la piscina y a la salida, vamos a dar una vuelta por la calle comercial detrás del hotel en busca de sandía, que no encontramos, pero sí melón, mango, yogur y granola para desayunar. Cuando volvemos a dormir, cerca de la medianoche, nos damos cuenta de un pequeño detalle en el que no habíamos reparado al llegar  porque aún era de día: 


Oh   -   my   -   fucking   -   God

17 octubre 2026

"El código de los Woosters" de P.G.Wodehouse: Qué historia más tonta, qué manera de reír

 No podía tener una lectura más radicalmente distinta a los tres últimos libros mexicanos, llenos de drama, abandono, pobreza, desolación, atrocidades, que este libro. No es solo cambiar las coordenadas espacio-tiempo de un país a otro, de una época a otra: es salirse de este planeta y de esta dimensión. "The Code of the Woosters" ["El código de los Woosters"] fue publicado en el Reino Unido en 1938 y es, según la crítica, el mejor de la saga de Wooster, un aristócrata chorlito y bobo, y Jeeves, su mayordomo -no exactamente, luego lo explico-, un hombre culto e inteligente. El autor escribió un total de quince libros con estos dos personajes -de ellos, 4 de relatos. Yo no había leído nada, pero Elena Rius es una gran fan y lo tenía en mi "pendientes". Cuando vi que había un podcast titulado "El código de los Woosters: ¿el libro más divertido nunca escrito?", decidí que iba a empezar por él. Esto ocurrió nada más llegar de México, a principios de agosto, para asegurar el shock cultural. 

De "Temporada de huracanes" a
temporada de geranios

P. G. Wodehouse nació en 1881 en Guildford, al sur de Inglaterra, un poco de rebote porque sus padres, que vivían en Hong Kong -entonces colonia británica-, pasaban por allí de visita. Tras sus primeros dos años en HK, criado por una canguro china, mandaron a los tres hijos de vuelta a UK, quedándose los padres en las colonias -costumbre arraigada en esta gente de clase alta. Aún quedan vestigios de esto hoy en día: los ricos en este país aún mandan a sus hijos a internados a la campiña tan pronto como pueden -una me dijo: "ellos mismos te lo piden"-, y también he conocido enviar a la hija con anorexia a una unidad en Sudáfrica. Cosas veredes. Pues bien, no sé si los hermanos Wodehouse lo pidieron, pero el análisis -psicología de sillón, tal vez- que leo por ahí es que esta situación dejó "cicatrices" evidentes en él y otros escritores que vivieron esta situación, como Thackeray, Saki, Kipling y Walpole. Pero ya en Londinium, los años más felices de su vida fueron los que pasó en Dulwich College, al que dejo a la derecha cuando me dirijo al curro -maldiciendo a los todoterrenos que van a dejar a los futuros dirigentes de este país, atascando mientras la South Circular. He escrito otras veces sobre este colegio, en general para mal, porque uno de sus exalumnos es Nigel Farage, el tipo que nos llevó al Brexit con mentiras, que ha recibido financiación ilegal de millonarios y que ahora aspira a presidir el país desde la ultraderecha más rancia, o porque podía ser parte de la "cultura de la violación".  Pero también tiene positivos, como su arquitectura -es precioso, pero no me pregunten de dónde vino ese dinero-, o como que dio a otras figuras literarias como a Raymond Chandler y Graham Swift (con beca), entre otros. 

Antes de empezar, un punto contextual importante es entender el rol de Jeeves, al que he descrito como mayordomo porque no conozco la palabra en castellano, pero no era exactamente eso. Si alguien recuerda el divague de la biblioteca de John Rylands, la fundadora Enriqueta era la "companion" de la segunda mujer del potentado. Lo de "lady's companion" era un legado de las antiguas "damas de compañía" de la corte: mujeres de buena familia que acompañaban a las ricas. Pues bien, Jeeves es el equivalente masculino [en inglés llamado "valet"], un sirviente que es un "caballero" ("a gentleman's gentleman") que está al tanto de las necesidades solo de su empleador, no de toda la casa, como lo estaría un mayordomo. Como las "lady's companion", esto es un legado de los "valets de chambre" de la corte. Hoy se les llama PAs (asistentes personales) y yo tengo a algunos colegas que llaman así a su secretari@ [yo prefiero "team admin", administrador del equipo], pero es erróneo, son sus "asistentes laborales", no "personales". Los muy ricos son los que se permiten tener esto último, alguien que te reserva el teatro, controla si hay que ir a la lavandería, o manda flores a tu amante [esto me suena de alguna peli que no localizo]. De nuevo: misma cosa con distinto envoltorio. 


Antes de empezar, aquí tenéis a esos dos grandes monstruos de la interpretación británica en la serie que hizo sobre esta saga la BBC de 1990 a 1993: Hugh Laurie y Stephen Fry.  ¿Quién pega más para el papel del arist
ócrata y quién para el "gentleman's gentleman"? Yo lo he tenido que buscar porque me parece complicado: los dos tienen un acento tan posh (pijo, fresa ;)) en inglés que eso lo complica aún más. Hagan sus apuestas y la respuesta, al final del divague (si pudiera, boca abajo).

Por fin, ahí vamos. Empezaré con lo malo: no suelo describir las tramas -salvo en contadas ocasiones, y aviso- y en este caso, tranquis, no va a haber spoilers. Es una típica comedia de enredo [si fuera visual sería "slapstick"] en la que un señorito se mete en líos despatarrantes y su mayordomo -en realidad no, pero- le saca del apuro. La historia, grosso modo, va de cómo una jarrita de leche con forma de vaca ("cow creamer" se llama, e incluyo foto abajo por si alguien, como yo, no visualiza que tamaño despropósito pudiera existir) que muchos codician desaparece y hay que encontrarla. Pero hablamos de 300 páginas, luego hay que darle vueltas y vueltas, y la historia, que al principio me parecía un poco boba, al final, de TAN boba me llegó a irritar. Terminé aburrida y con la firme decisión de "una y no más, Santo Tomás".


Ahora, habiendo sacado la bilis de mi cuerpo -y admitiendo que debo estar equivocada porque la crítica la pone por las nubes- voy a empezar con la forma. Este es un libro en el que, desde la primera página, me empecé a reír a carcajadas. Literal [bro]. Está escrito con ese inglés repipi que tanto nos gusta ["he took our entrance in the wrong spirit"], y en el que me encantaría ser fluida, que es una delicia de leer tan grande ["so I should be disposed to imagine, sir" o "it unquestionably takes the eye, sir"] que le perdonas toda la tontería que te está contando. Como sé que al Peda le gustan esas frases tanto como a mí, se lo recomendé pese a la historia bobalicona, y le gustó. Ahora, no sé si lo recomendaría en traducción, porque no sé si funcionará [si alguien lo ha leído, por favor, comenten!], o a alguien que lea por el contenido. Yo siempre digo que solo leo por la forma, que me da igual lo que me cuenten, pero aquí he tenido momentos de debilidad: la historia es tan terrible.

Como he dicho, no tiene ninguna reflexión social, no pone nada en su contexto histórico, más que en una ocasión: hay un personaje -de los malos- que es el líder de un grupo llamado "Los Salvadores de Inglaterra", una agrupación fascista (dice la palabra, no es cosa mía) mejor conocida como los "Black Shorts". Esto se traduciría literalmente como los "Pantalones cortos negros", pero hace el juego de palabras con los "Black Shirts" que eran los "Camisas negras", milicias fascistas italianas [un ejemplo de su humor finísimo y de la desolación de que estos salvadores de la patria existen en todo momento y lugar]. Bueno, igual soy injusta: también se mete con la poli "el policía no tenía nada en su cabeza aparte del casco", y con los curas gordos: "tanta mantequilla local y la vida fácil de estos curas... me parece que uno los tiene que pillar en Cuaresma". Pero también la inevitable misoginia, el ruido de fondo de la vida en los años 40, a los que volvemos: "hay ciertas mujeres que uno respeta, admira, reverencia, pero solo en la distancia", "la tendencia de no poder distinguir entre el bien y el mal de las mujeres es notoria" o incluso "no le he levantado nunca la mano a una mujer". Guau: gracias Wooster. 


Me encanta el continuo "banter" (toma y daca) entre Wooster y Jeeves, en el que queda claro que Jeeves es el hombre de alta cultura y el solucionador de problemas, mientras que Wooster es el aristócrata sin intereses "high brow" (cultura elitista), básico por demás. Venga, un par de ejemplos: "¿Sabes a quién me refiero, Jeeves, el tipo del gato?", "Macbeth, señor, un personaje de una obra del difunto William Shakespeare". Y al rato, "Eureka! - como dijo Arquímedes" "Oh, fue Arquímedes el que dijo eureka? Pensaba que era Shakespeare". También me he reído mucho cuando a Wooster no le sale la palabra "es un recluso confirmado; así es como lo llamarías si  por casualidad supieras la palabra" y a menudo, Jeeves sale en su  auxilio. Pero pese a todas las referencias high-brow en la novela -había que tener un cierto capital cultural para entender todas ellas- Wodehouse era publicado en revistas por capítulos a modo de folletines y se consideraba a sí mismo un escritor "middle-brow". 

Es un maestro de la descripción, sobre todo de Jeeves, que es la quintaesencia del mayordomo inglés imperturbable: "No diría que sonrió -prácticamente nunca lo hace-, pero un músculo sobre la boca pareció temblar un poco por un instante" ["I wouldn't say he smiled—he practically never does—but a muscle abaft the mouth did seem to quiver slightly for an instant"].

Y la voz que consigue para Wooster es también genial: usa expresiones de slang de la clase alta urbana ["if he had seen anything of old So-and-so lately or knew what had become of old What's-his name", "mens sana in corpore whatnot"] y abreviaturas que a mí me parecen hilarantes: "the gravity of the situash" ("la gravedad de la situash"). O palabras que últimamente se han puesto de moda como el "¿estás cucut?" ["have you gone cuckoo?"] o el delulu ["do you agree with me the situation is a lulu?"]. 


En fin, que la dinámica del mayordomo siendo mucho más listo que el aristócrata me encanta [Wodehouse ya sabía entonces que el humor siempre ha de disparar hacia arriba], y ahora toca ver si el divagante ha adivinado quién representa mejor al más agudo del tándem Laurie-Fry. Está claro, ¿no? Fry es Jeeves. Y tal vez seguiría leyendo estas tramas tontolinas si Wodehouse me diera más Jeeves y menos Wooster. Es mi héroe: parece que le puedo oír diciendo cosas como "Recuerdo el incidente vívidamente, señor" ["I recall the incident vividly, Sir"] o "Estoy contento si le di satisfacción" ["I am glad if I gave you satisfaction"].

No sé si he dado mucha satisfacción con este divague, dando pistas de si este libro es o no para el divagante. Quedo a la escucha.

11 octubre 2026

La hija pródiga vuelve el finde: "A Tale of Manchester Life" ["Una historia de la vida en Mánchester"].

 Este fin de semana ha vuelto Mini de Mánchester por primera vez desde que la dejamos allí el 17-18 de septiembre. Mi curva de aprendizaje sobre el mundo universitario británico está en lo más alto: cada día hay nuevos sintagmas del inglés que desconocía, impregnados de sociología barata y antropología de garrafón que no puedo esperar a compartir aquí.  

"Y el sexto día,
Dios creó MANchester"

A los estudiantes de primer año se les llama "freshers" y viven en los "halls" que describí en aquel divague. El segundo año ya pasan a vivir en pisos, pero este primero les sirve para hacer amigos, sobre todo en su hall. Ya conté que tienen una sala comunal y un bar -además del comedor- donde un equipo llamado ResLife organiza actividades a diario: una noche, karaoke, otra Abba, y suma y sigue. Nunca me han gustado las cartas, y a saber a qué juegan, pero es otra actividad del salón comunal ese. 

Aparte, como es una ciudad muy universitaria, estas primeras semanas han tenido ofertas para entrar en los clubs (discos), o para comprar ciertas cosas.  Las fotos que incluyo las he sacado de su IG, no me las ha compartido. En esta primera ya hay calabazas, y parece que la semana de Halloween en cuestión va a ser de fiesta diaria. 


En su grupo de amigas hay inglesas, pero también australianas y yankis. En su planta hay muchos estudiantes de China. Tienen fama de retraídos, empollones y, en general, de no hablar inglés.  Todos estudian ingenierías, cosas aeroespaciales, ciencia hardcore. En su clase [recordemos, Literatura Inglesa], con casi todos blancos. Hay una chica china de su pasillo que tiene a sus padres viviendo con ella en la habitación -y sospechan que también a un hermano. Cuando entran a la cocina y han estado ellos, el olor de lo que sea que han cocinado es terrible. Detecto un pelín de incoherencia cuando tuvimos que escuchar las loas a un piii Chow Mein en una estación de buses mexicana. Le recordamos que, aunque sean chinos, también es racismo. 



Un clásico -que todo el mundo en el curro me está preguntando- es si ya ha tenido la "freshers flu" -la gripe de los freshers. Al principio, mientras sus amigas iban cayendo una tras otra, se creía inmunizada porque recientemente pasó la "Interrail Flu". Pero claro, acabó con el susodicho catarro, y verla tan mal en la distancia fue de lo peor de estas semanas. "Toma paracetamol, bebe agua, cuánta fiebre tienes". Pero en cuanto se le acabó el poco paracetamol del botiquín que le dejé, por supuesto no iba a comprar más, ni a comprar un termómetro, que se me había olvidado meter. Nota: este fin de semana se ha llevado uno nuevo, y paracetamol. Esta imagen de abajo me recuerda a aquella escena de "Trainspotting": "el baño más sucio de Escocia".


Es curioso que aunque empieza a conocer a gente de su clase, las mayores amistades son con la gente de su hall. El Peda y yo le contamos que, como ambos estábamos en casa de nuestros padres, los amigos que hicimos en la uni eran casi exclusivamente de nuestra carrera- aparte de algún amigo de un amigo. El Peda rememora cómo con este grupo de clase -todo chicos, son vasconavarros- quedaban en la biblio por las tardes y así "se animaban estudiar". En mi carrera era todo mucho más individualista, y yo en la biblio solo conocí al Náufrago Ro que era todo menos un animador para el ídem. En la imagen de abajo vemos un civilizado café que se tomó con una compa de la carrera en un receso. Nota: ha conocido allí a dos andaluzas de intercambio [no sé si con el pii Brexit, se le puede llamar Orgasmus todavía]. ¿De qué ciudad, querida hija? Y ella, "Andalucía, no es eso una ciudad?" Lloro. 


Otro concepto similar al de la "freshers' flu es el "flatcest" y viene de la combinación de "flat" (piso, halls en este caso) e "incest" (incesto). O sea, tener sexo con alguien que vive en tu edificio o piso. Es algo a evitar porque luego vives innumerables situaciones "awkward", incómodas, loquesea. Cuando se le pregunta disimuladamente por los chicos, la respuesta es "meh" y "no me gustan los cortos y los altos son feos".  Mini, no se dice "cortos", se dije "bajos"; en castellano ser corto significa otra cosa. Ah vale, probablemente me olvide. Nota: esta niña necesita un año de inmersión en la península, ¿o no? 

Aquí un par más de ejemplos de la "vida en los halls": desde Alfie, uno que puso un cartel en su puerta con teléfono y todo -ya es amigo- hasta una "tía muy rara", que envía mensajes al grupo quejándose del robo de su zumo de mango, que le paguen las £3 que costó porque "lo necesita para tomar su medicación". A Mini también le quitaron unas latas de bebida carbonatada que le habían regalado en un evento de freshers: es la jungla ahí fuera, amigos: no sé si apelar a la fibra sensible de la medicación ablandará al ladrón.  



Aún me estoy riendo con esto: según Mini, cuando se oyen petardos en Mánchester, son camellos que indican la localización a sus clientes para que vayan a comprar drogas. ¿Qué sentido tiene esto? ¿No irá también la policía? Mini desconoce los detalles, pero todo el mundo en su barrio sabe que ese es el código.  Le pregunto a la IA de turno, que asegura es una "leyenda urbana", no solo de Mánchester, sino de otros países anglosajones. Una posible explicación, me digo, es que pronto es Bonfire Night y empiezan con los petardos un mes antes- habrá que observar si siguen tras el 5 de noviembre. También me río cuando pone un WhatsApp desde el cuarto de la lavadora toda fastidiada porque acaba de pagar las £3.10 y se ha olvidado de poner el jabón - no creo que se le olvide más. La lavadora suele ser una fuente de noticias: la lucha por ella es complicada porque si llegas tarde a recoger la tuya "el de detrás tira tu ropa al suelo". Salvajes.  

De sus cuatro asignaturas, el Peda y yo hemos convenido cuáles nos gustaría cursar, a saber: "Literatura e Historia" (el Peda), "Leyendo Literatura" (ambos), "Teoría y Texto" (ambos) y "Mapeando el Medievo" (ninguno). Me da mucha pena que tenga que leer y trabajar "Beowulf", que viene a ser el "Cantar de Mio Cid" anglosajón. Se trata de un "poema épico anónimo en inglés antiguo en verso aliterativo". Se desconoce su fecha, aunque se cree que del siglo VIII al XII -cuatro siglos arriba o abajo, qué más da: no os pilléis los dedos. La obra se conserva en el Códice Nowell o Cotton MS Vitellius A XV y está aquí online y en vivo en la British Library, por donde he pasado justo hoy, ya que está al lado de Euston, la estación desde donde se coge el tren de vuelta. Y ya pasé por allí y divagué hace tiempo sobre otros manuscritos que me emocionaron [de George Eliot, de Oscar Wilde, de las sufragettes, pero ni mencioné este: ¡imperdonable!].



De "Leyendo literatura" están con el de abajo, novela que no conocía, pero si es lectura elegida por popes de la academia mancuniana, habrá que mirársela.

 Una noche que tenía que leer 30 páginas de "Beowulf" para el día siguiente y yo estaba sola en casa me propuso que nos conectásemos en videollamada, y trabajásemos en paralelo: ella leía y yo escribía este blog. Funcionó! Fue un rato muy chulo. 


Hoy, como digo, la he acompañado a Euston y luego me he ido a Coal Drops Yard a mirar unas deportivas. De allí he bajado a pasear por el Regent's Canal, donde está aquella librería en un barco de la que ya hablé aquí: "Words on the Water".  Hoy había una mujer tocando el saxo en la cubierta:


Me he puesto a mirar en unas cajas de segunda mano y ahí estaba esperándome Elizabeth Gaskell, la autora decimonónica que escribió sobre las tensiones en la sociedad industrial que se estaba desarrollando en Mánchester. Pensaba empezar por "North & South", una de las más famosas, pero la que estaba allí era "Mary Barton", su primera. Me ha encantado la tapa y cuando la he abierto, su epígrafe: "A tale of Manchester life". 


Como decía Sábato, "las casualidades no existen". Acabo de dejar a mi hija camino a Mánchester y me encuentro a Gaskell aquí, así que lo he comprado. Y me han puesto el sello del barco. Enseguida escribiré un par de líneas en esta misma página con este "así llegué a ti", para que Mini algún día del futuro, cuando haya olvidado esta anécdota -o sea, el nanosegundo tras habérsela contado hoy por teléfono al llegar-, pueda saber cuándo y dónde este libro y yo nos encontramos. Hasta la siguiente entrega de "A Tale of Manchester Life".


08 octubre 2026

"La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo: Que el malismo se pase de moda

 "La cabeza de mi padre" de Alma Delia Murillo ha sido el último libro mexicano de este verano, lo terminé a principios de agosto, justo al llegar a Londinium. Fue recomendación del Náufrago Ro antes de que supiéramos que veníamos a México, y cada vez que lo intentaba encontrar en una librería española, estaba agotado. Por fin, lo compré en la librería Ghandi de Coyoacán. Vengo diciendo que el tema de los hombres como pinches pendejos ha sido generalizado en mis lecturas sobre este país, y el de Alma Delia Murillo no va a ser menos. La otra noche, viendo la peli de Sorogoyen, "El ser querido", en la que Javier Bardem hace de un padre ausente y Victoria Luengo de su hija tremendamente enfadada, recordé el libro de Murillo: padres ausentes los hay en todos los sitios pero en el caso de México, la cifra de estos pinches pendejos es escalofriante. El 50% de los mexicanos vive sin padre.  


Murillo estudió Literatura Dramática y Teatro y después de múltiples trabajos en empresas, ahora se dedica a escribir. Empresas en las que pronto aprende que, como mujer, "no has de ser ambiciosa, ni pedir cambios, sonreír, complacer y hablar en plural de lo que hagas, aunque lo hayas hecho tú sola". A los 40 años, tras soñar que se iba a morir, decide salir a buscar a su padre, que había abandonado a su madre con nada menos que ocho hijos pequeños y se había largado a Lázaro Cárdenas, sin dejar rastro. La autobiografía comienza muy fuerte, con "las siete cosas que hacer en esa zona". 
"La primera es sobrevivir a la pobreza, la segunda es sobrevivir al hambre, la tercera es sobrevivir a la falta de servicios de salud, la cuarta es sobrevivir a la falta de oportunidades, la quinta es sobrevivir a la guerra criminal por el control del aguacate, la sexta es sobrevivir a la falta de educación, la séptima es sobrevivir al narco". 

Aunque justo antes ha dicho algo que me ha robado el corazón: "en este país todos somos hijos de Pedro Páramo". La lectura de este clásico fue una de las razones por las que quise volver a México: 
"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". 
Y es verdad, Pedro Páramo es el hijo de todos los padres ausentes del mundo. Es Alma Delia Murillo, que no se queda en Rulfo, sino que usa muchas referencias en la novela, desde el  "King Lear"  de  Shakespeare, el "Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé! Golpes como el odio de Dios" de César Vallejo, hasta "La invención de la soledad" de Paul Auster, pasando por "Ordesa" de Manuel Vilas. 

Buah, las referencias le encantan a La Vampira de Referencias, pero hay algo que me gusta aún más, la metaliteratura, y de eso, este libro está lleno. En la primera página ya confiesa que escribe sin mapa ni guía en estrategia narrativa [escritura brújula, también la mía], y plantea el contar cómo empezó todo, que no el principio: "el principio no puedes escribirlo; quién sabe si alguien lo puede escribir". No descubre nada cuando reflexiona que todos escribimos la novela de nosotros mismos, más o menos encubierta, y que para controlar el pánico "hice lo que suelo hacer para controlarlo, me senté a escribir".  Porque "escribe, dice la voz del inquilino que me habita y que me regala la distancia para mirar a través de ella". Y la mirada, cómo la historia puede ser la misma, pero si mueves el lugar desde donde la ves, te das cuenta de que el verdadero milagro es cambiar el punto de vista (?es el destino maldito por quitarnos el padre, o maldito el padre por irse?). Y frases dramáticas de las que me gustan, como que "escribir es un acto mucho más cercano al abismo que al proyector de luces", o algo que me representa: que escribiendo aprendemos a mirar la condición humana. 



Pero, ¿cómo se siente una niña sin padre?  "No te conozco, pero he pasado tanto tiempo contigo, y lo primero fue la vergüenza". Desde las miradas en el colegio hasta cuando se echa un noviete y le pregunta aquello de "qué hace tu papá, qué hace tu mamá". Y, "no tengo papá". Y, el tipo desaparece: parece que a su familia no le gustó que la de Murillo no fuera "normativa", eufemismo actual de "normal".

Tal vez por la endémica ausencia de padres en México, existe veneración por las madres . El Día de la Madre es "un carnaval frenético del fanatismo que no conoce límites", pero  el problema de eso es, como siempre, quien se queda fuera [cómo no recordar el maravilloso "El domingo de las madres" de Swift aquí]. Una amiga suya sin madre vivía aterrorizada con ese día y Murillo compara: aunque a ella le incomodaba el Día del Padre, no tenía la carga demoledora de lo que le caía a su amiga. Antes, esto ni nos lo planteábamos; hoy en día, los almacenes envían mensajes a los clientes unos días antes, por si alguien quiere "quedarse fuera de los emails de promoción —al final, son eso: ocasiones para el consumo— del Día de la madre/padre/lo que sea".  Todo se va al garete, pero la sociedad es más empática, se plantea estas cosas, o no reírse de los gangosos, los cojos, los gordos. Y sigamos adelante con esto: no dejemos que el malismo gane.

Y eso que la relación con su madre es compleja, nada inusual en mujeres en las que ha habido un cambio cultural grande entre sus generaciones. Dice que de adolescente la odiaba, pero algo cambió cuando comprendió, con el viaje de los años, que no solo era su madre, sino que era una mujer. Cuando su madre se enamoró, Murillo fue testigo de su transformación en "fiera amorosa" y lo que le alegró verla vivir eso. Porque el enamoramiento -agotador como es- es el mejor estado de los seres humanos. Curioso lo de enamorarse como una bestia, cuando hacemos tantas cosas para no sentir, para habitar paraísos anestesiados. "No queremos experimentar emociones indomesticanas (...) pero solo en el amor somos depredador y presa, solo en el amor queremos matar y al mismo tiempo mostramos el cuello como lobo rendidos al alcance de un te amo que podría ser más letal que un disparo". Aquí enseña la patita su generación: nos enseñaron a vivir el amor como enfermedad, obsesión, descontrol, como "cuando no muere mata", y creo que los Z que vienen ahora verán esto un poco marciano.


La infancia de Murillo está recorrida por la pobreza -imaginemos, madre soltera con ocho hijos- y la describe como quien no ha estado ahí de turismo. La dentadura es un gran indicador de pobreza, y ella la tiene destrozada. Y hay que ser "bravo" porque no se sobrevive a la pobreza siendo "mansos y suavecitos", y ella vaya que si lo es. Odio la palabra "manso", casi tanto como cuando usan "humilde" para indicar pobreza. Ahora hay un nuevo eufemismo: vulnerable.

Los pobres salen de casa a las 4 de la mañana y vuelven, reventados, a las 10 de la noche: al horario laboral hay que sumarle seis horas al día en el metro para llegar al centro desde la periferia inmunda donde vivan; jornadas que acaban por enfermar a cualquiera. Murillo, tiene ansiedad -la combate con correr, "el más poderoso ansiolítico"- habla del miedo a que descarrile o lo que sea, y eso que aún no había ocurrido la tragedia de Tlahuác en la que un tramo del metro de la Ciudad de México colapsó y mató a 26 personas en 2021. Pero igual da que se hunda: a esos mismos millones de pobres no les queda otra que meterse en la ratonera, a veces solo para poder pagar el pasaje del día siguiente. 

También conoce el hambre, y lo motivador para la acción que es. Por ello, dice, "las clases altas heredan generaciones de abúlicos, de huevones hipotiroideos, de desgano y atonía muscular, convertida en depresión". Se me dibuja el personaje claramente: los he visto, los conozco, les daría un tortazo. Tenemos muchas cosas en común, Murillo y yo: ella también se cabrea antes ciertas cosas, pero yo aún no me he roto la mano contra la pared o he pegado ese tortazo. "Confundía el enojo con un alto sentido justicia; pero el enojo también es un gran activo, puedes resultar inspirador y mover montañas". Totalmente, en este momento hay mucha gente acampando en Sol por rabia, por cabreo, por enojo que dirían en México. 

Y es que es imposible no cabrearse ante actitudes que encima te juzgan por tu pobreza: algo  habrás hecho, mira lo bien que me ha ido a mí, tú no te esfuerzas. Los patrones, las empleadoras y los maestros sermonean a los pobres por ser pobres, les insultan por haber osado traer al mundo tantos hijos: cómo se atrevieron. No puedo ni imaginar la rabia acumulada durante  toda una infancia, escuchando a los bienpensantes de siempre reprocharle a su madre que haber tenido tantos hijos es motivo de vergüenza. 



Pero salir de la pobreza, cambiar de clase social en México es casi imposible, si no has ido a universidades privadas casi no tienes posibilidades: las define como el robo más flagrante, donde pagan para obtener conocimientos sesgados y aceptación social, pero también es muy crítica con la educación pública: "la real y pontificia universidad virreinal determinó que la educación era un privilegio monárquico y condenó al analfabetismo a más de la mitad de la población, que sigue siendo la mayor tragedia de este país". Así que hacerte un hueco es difícil y no hablemos de si no tienes padre, o de si admites que
 "tu mamá trabaja aseando casas, vendiendo ropa, inyectando y limpiando el culo de viejecitas moribundas a las que su familia mezquina no quiso pagarles una enfermera de verdad y el trabajo recayó sobre la señora de la limpieza, tan linda, tan generosa, tan como de la familia, a la que siempre compensan con ropitas y zapatos usados".
Esta frase me lleva a las pelis de Cuarón: ya hablamos de "Roma" aquí, y en unos cuantos divagues, cuando cuente nuestro intento por llegar a las Bahías de Huatulco, "Y tu mamá también", aunque en esta solo se cita de pasada. Ay, las criadas de Cuarón, que le dejaron suficiente mala conciencia como para hacer esas pelis. Pero es tan verdad, y tan dura. 


La religión en México da consuelo a muchas de estas personas: es un verdadero drama. Los llama "cristianos tropicales", manipuladores del dolor ajeno, cuyo activo más valioso religioso es el miedo - "el escote, el leer cualquier texto que no fuera cristiano, la filosofía, la ciencia, todo lo que te quite el miedo no les gusta". Pero lo que los hace directamente unos sinvergüenzas -y de nuevo me (nos) hace hervir la sangre- es que les exigen el diezmo de lo ganado en esas jornadas inhumanas que he descrito arriba. De verdad que no se echan suficientes bombas. 

Nuestro mayor punto de desencuentro ha sido que ella haya sido abducida por la secta del psicoanálisis.  Escribe cosas como "construyendo la psique", "no se me escapa la relación de los arquetipos, pues el padre por antonomasia es Dios Padre, el más chingón de todos los padres" y hace interpretaciones psicoanalíticas que la confortan - e.g. "la esencia del amor de su padre era un amor que esquivaba, la manifestación más alta de su amor por su ausencia". Envuélvelo y ponle lazos, pero no. Tristemente, el psicoanálisis es como la religión: pura superstición y si los otros cobran el diezmo, los psicoanalistas no se quedan atrás. 


Y para terminar con otro de los grandes temas, cómo no, el feminismo, porque en México debería ser obligatorio: ser mujer y crecer en un país donde asesinan a 11 mujeres cada día es sobrevivir. Bolaño necesitó mil páginas para que aquello no se nos olvide jamás y Murillo, con muchas menos, logra también hundirme en un pozo negro, profundo, con su historia de abuso sexual. 

Lo sufrió por primera vez en manos de un vecino- claro, este abuso infantil lo cometen casi siempre personas del entorno. 
"Odié a Mariano, con el odio de una legión entera. Odié a mi madre por estar trabajando. Me odié a mí misma por ser capaz de entender lo que había ocurrido. Odié a mi padre, porque no estuvo ahí para cuidarme. Odio profundo, odio ácido, odio gigante en mi alma de 6 años. Odio y miedo. Rabia, resentimiento descomunal, pero ni una palabra. Aprendí a proteger con el silencio. Intui que hablar lo dinamitaría todo".
Ahí empezó todo, pero enseguida sigue la aventura de ser mujer en México. Elige tu propia aventura: en el metro, tipos masturbándose delante de ella o que la tocan de soslayo, o incluso uno que le mete la mano entre las piernas, y los agentes de la patrulla la tratan de disuadir de denunciar "porque es muy engorroso". Si pese a todo, decides seguir con la aventura de la denuncia, uno de los policías que te toma declaración, te llamará por la noche para invitarla a salir. 

Puedes pasar a la pantalla del abuso del médico, cuando tenía unos 20 años y el tipo unos 55. Ahí vive lo que está ya tan bien descrito no solo por otras mujeres, sino en los libros: no puede moverse. "Cuando me empezó a tocar, ya sabía que tenía que levantarme. Pero estaba paralizada en un estado de animal acorralado por la ansiedad. Por el miedo".

Cuando publica su historia, recibe mensajes con centenares de experiencias similares de otras mujeres: primero el padre, luego los tíos, los hermanos mayores, violan a la hija, sobrina, hermana, con la impunidad de un sistema que protege al abusador. Leyendo esto, nos cuenta, terminó de derrumbarse aquella fantasía suya del padre protector.

No sorprende pues, que las mujeres mexicanas tengan asumido que cada día en cada espacio público, en muchos privados y en cada intercambio profesional, habrá un hombre que las acose. Eso sí, cuando en 2019 distintos grupos de mujeres se manifestaron en CDMX desde el "por qué tan solita" de la calle hasta los feminicidios gritando consignas y grafiteando reclamos, la respuesta del gobierno fue violenta. Pero no solo ellos, sino también un sector importante de la sociedad, alarmados por paredes y monumentos manchados y cubiertos con diamantina rosa. Los de siempre. 

El libro es también México, "el impío barrio de Polanco", "las librerías de viejo por el centro histórico, donde me robaba libros" y algunas frases chulas "pero para que haya cicatriz se necesita una herida", "aquello era el más feroz de mis presentes" y muchas cosas más que -por increíble que parezca- no caben en un divague. Es un libro para cabrearse y desesperarse, y revolverse contra la injusticia y contra los que se ofenden porque nos rebelemos, porque el grafiti en una fuente no es plan, chica. Es un libro para identificar al enemigo: todos esos babosos hipotiroides de toda la vida y los que ahora, se han subido a la moda del malismo que no vamos a aceptar.



Y por terminar en una nota alta, aquí va una frase en la que Murillo hace referencia a su diario de viaje cuando se lanzó, como en una Road Movie, a buscar a su padre. 
"Hoy lo evoco todo como un sueño, y lo que sé con precisión no es porque me lo devuelva la memoria, sino porque tuve cuidado de anotarlo en el libro aquel que se convirtió en mi bitácora del viaje".
Hay que escribirlo, o no lo has vivido del todo (gracias, Annie): así que hasta la siguiente entrega de "Los Pedalistas en México", que ya quedan pocas.