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14 octubre 2026

Nuestra road movie intentando llegar a las Bahías de Huatulco no es "Y tu mamá también" [Méx15]

 Domingo, 26.07.26:  Playa Zipolite, Bahías de Huatulco

Amanece en Cocos y por primera vez en México el Peda va a correr [su diario= "7 km, por carretera, bien"]. ¿Alguien aprecia lo que se ahorra el divagante con que yo no corra? Porque deambulando se piensa —hola, peripatéticos— y se me ocurrirían aún más cosas que escribir aquí. Y, ¿alguien aprecia lo que se ahorría el divagante si fuera el Peda el bloguero? Con su conceptismo vital, en un par de párrafos tenía el día hecho. En fin, que yo me bajo sigilosamente -Mini duerme- a la piscina, donde no hay nadie. Me encanta, está perfectamente integrada con el ambiente, al igual que el hotel. Me recuerda a los Jameos del Agua de Manrique en Lanzarote. 


Pero claro, la cabra tira al monte y lo que tenía que pasar, pasó. Nadie en la piscina, casi nadie en el hotel -recordemos, es temporada baja aquí- y la felicidad de nadar en bolas: irresistible.  Al rato viene el Peda de correr y se mete también - él con bañador.


Porque claro, nadie estaba mirando, pero de regreso a la habitación hay evidencia de lo contrario: la pequeña victoriana está negando con la cabeza y murmurando "esto ya lo sabía yo" en inglés decimonónico. Mis aclaraciones de que no había nadie no funcionan. 



Bajamos a la Playa de Zipolite con el Peda para dar un paseo. No se sabe exactamente de dónde viene el nombre, se 
cree que en náhuatl quiere decir "playa de los muertos". Y no sé si será por eso, pero tiene el dudoso honor de ser una de las diez playas más mortíferas del mundo. Mundo. 
Me da rabia porque en ninguna foto se van a captar las olas tal como eran: monstruos. 

No se ve, pero estas olas hacen el "Tubo mexicano" muy bonito, y luego cuando rompen, parece que nada:

A lo largo de la playa hay edificaciones que parecen mantenerse de milagro, porque cuántas veces les entrarán esas olas por las puertas y ventanas y los techos de los porches de palapa (hojas de palmera seca). Han de protegerse como en la guerra. 

Después de ducharnos, vamos a desayunar a un sitio descrito por el Peda como "pijo y caro" -en realidad son cuatro mesas en la calle y sacan la comida por la ventana de una casa.



Hemos de salir a explorar, pero imposible decir no a un baño en la piscina - vestidos. Hoy están dos de un grupo de 4-5 chicos españoles gays, también vestidos. Por fin cogemos el coche hacia las Bahías de Huatulco, que están hacia el oeste, dirección opuesta a Puerto Escondido.

De camino paramos en Estacahuite en plan "baño rápido" pero hay mucha gente.

Pasamos y seguimos hacia Huatulco, pero enseguida nos encontramos con la carretera en obras. Hay muchos tramos en los que está de tierra y se va muy lento, cosa que no importaría si a la derecha se pudiera ver el mar -menuda rutaza escénica sería esa- , pero se interpone la jungla exuberante, como diría el autor de cualquier Rough Guide. Volvemos al asfalto, nos animamos, pero a los pocos kilómetros, vuelta al "ripio" (camino de tierra, sin asfaltar). Esta palabra la rescato de los diarios de 2004: cuánto ripio chupamos en aquel viaje, a veces noches enteras en bus. Bajo en una de esas Bety Abarrotes de carretera -mismo género polvoriento y /o caducado- a preguntar si es todo el camino así, y la mujer dice vaguedades. Tras un desvío que nos hace rodear mucho rato nos damos cuenta de que no vamos a llegar. Es duro tirar la toalla, pero decidimos volver, no por donde hemos venido, sino por los pueblos  de arriba. 
 

En fin, un día fallido, pero a veces estas cosas pasan. No es fácil, ni siquiera con la carretera bien -el día que se termine- visitar esta zona. Me explico: las Bahías de Huatulco son nueve, con nombres tan chulos como Chachacual, Chahué, Tangolunda, Maguey o Cacaluta, y tienen un total de 36 playas. Muchas de ellas son vírgenes y solo se puede acceder con lancha, porque están rodeadas por la selva del Parque Nacional Huatulco. Hay algunas que están ya sobreexplotadas, con hoteles de las grandes cadenas que no tienen interés para mí -para eso no llegas hasta aquí, que no es precisamente fácil. Llegar a las playas que a mí me gustan es complicado. 

A la que queríamos llegar nosotros, Cacaluta, se accede caminando 20 minutos por un sendero tras bastante conducción por la selva - a la que habríamos llegado 3 días después por la carretera de ripio.  ¿Por qué Cacaluta?  La culpa la tiene como siempre el boogie, digo Mini, que llegó ella solita a la peli de Alfonso Cuarón de 2001 "Y tu mamá también", y le encanta. Nosotros no la habíamos visto desde su estreno allá por Nottingham [a veces mido la vida por lugares] y la vimos otra vez en el proyector [¿he dicho que tengo un proyector y una pared blanca? ¡Me encanta!] hace unos días. Le propusimos a Mini verla juntos, antes de irse a Mánchester, pero nanai, que hay mucho sexo [pobre, la entiendo, quién quiere ver eso con sus padres]. Nota para el futuro divagante que lea esto con fecha de julio: aunque esta entrada esté publicada el día que ocurrió, esto lo escribo en octubre.

Por dónde empezar con la peli. Primero, yo recordaba que me había gustado, pero no tanto como esta segunda vez. Fenómenos rarísimo a día de hoy, que muchas pelis me dejan fría y hasta me da miedo revisitar viejas favoritas, por si acaso. Como por aquel entonces no existía el divlog, no sé exactamente lo que pensé, tal vez, por tener yo 30 años, no pude entender todos los ángulos a los que se accede 25 años después.  Porque en mi caso a esa edad todavía no había entrado en la edad adulta, seguía como los chicos luchando esos estadios finales -claro que 10 años mayor que ellos. Ahora pienso que no di ese paso hasta que volví del viaje del 2004 y la vida empezó a ir super rápido. Y no es que entonces no apreciara que en una road movie lo importante es el trayecto, no dónde llegas: ya había entonces descubierto a Kavafis, ya era entonces Ítaca mi poema favorito. Y supongo que sabría apreciar la voz en off del narrador, que ahora desde el principio me engancha.  Me encanta- le pongo un whastapp a Mini con esto, y está de acuerdo. 

Luego, imágenes como esta; uno de los moteles donde se quedan una noche [¿he dicho que es una road movie?]. 

No me puede gustar más la piscina llena de hojas, la sensación de lo inacabado con la hormigonera ahí, la sospecha de que un asesino en serie ha pasado por alguna de sus habitaciones… la escena me gusta -sí, hay baño entre las hojas- y de ella se pueden sacar varias fotos como esta. 


Luego, el contenido. Quizás la primera vez me quedé con que era el coming-of-age [bildungsroman!] de dos niñatos a los que se les sale el semen por las orejas, a los que una chica [me niego a decir mujer, Verdú tendrá 30 años] les intenta enseñar lo que han de hacer para que las futuras chicas con las que estén lo pasen bien, que el sexo no es únicamente una liberación de entropía, por ponerlo de una manera sutil. 



Pero además, la peli es mucho más que eso y Cuarón deja que la cámara se separe de sus protagonistas y se vaya a enseñarte la realidad: a los lados de la carretera hay cruces, hay policía tomando los datos a campesinos, hay indígenas de mirada triste. Y por supuesto el más abiertamente frontal comentario político por parte del narrador: pasan por el pueblo de la criada-niñera de Tenoch, el chico rico y él piensa y no dice nada [de nuevo, la mala conciencia de Cuarón y las criadas], o la historia de la nieta de una mujer que vende alebrijes en un puesto: murió de insolación en el desierto de Arizona, cuando sus padres buscaban un futuro mejor. Y luego está la mejor, la de lo que le pasa al pescador que ocasionalmente lleva a gente con su lancha a esas playas vírgenes cuando llega la multinacional que construye hotelazos en la bahía a la que no vamos a ir. Mini, también tocada por este trozo, me manda esto:



Porque la peli también habla de gentrificación, de quitar a las personas su manera de vida, de cuánto se puede mantener en el tiempo una amistad de chavales de distinta clase social, de la [mala] educación sexual de los chavales en los 90, de la importancia de las pequeñas cosas -no sabemos cuánto tiempo dura esto que llamamos vida-, de que en las franjas hay otros que malviven. 

Para terminar, confesar que durante todo el divague he tenido pegada una canción: la del baile del trío hacia el final de la película. Hay muchas escenas de baile de pelis que nunca olvidaremos: la de Pulp Fiction, la de La La Land, la de Band a parte, la de Dirty Dancing, y la de "Y tu mamá también" es, también,  una de esas. 

No llegamos a Huatulco, pero no olvidemos: lo importante, es el viaje.


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