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26 septiembre 2026

Biblioteca John Rylands de Mánchester: Stendhalazo

 Como decíamos ayer, nos lanzamos al turisteo sin preparación alguna, sin guías ni mapas ni brújulas, con la seguridad de que vamos a volver, de que esto es solo una primera aproximación a Mánchester. Es un viernes por la mañana en el que la gente va al trabajo, se toma un café [de especialidad] en un receso, se casa, y nosotras vamos observando todo, como dos habitantes más de la ciudad -por una vez, no vamos disfrazadas de turistas- aunque en un punto cogemos un bus circular gratis [gratis!] que va por el centro. Por tanto, no sabíamos nada de la biblioteca John Rylands, y quizás por descubrirla así,  siguiendo un cartel, pasó lo que pasó. 

Llevábamos ya un verano de dos bibliotecas espectaculares: la Vasconcelos en CDMX y la Palafoxiana en Puebla (pronto en su quiosco), y la Rylands ha sido la guinda. Entramos por una puerta lateral de un edificio moderno, donde venden parafernalia turística y un señor nos indica por dónde ir. No hay seguridad, no te abren el bolso, no hay que pagar: simplemente, a la derecha y suban las escaleras. 

Antes de subir, está la foto de la estatua de Enriqueta, me imagino en una catedral. Ella es la mujer que fundó la biblioteca en honor a su marido, John Rylands, que murió en 1888. Me parece más interesante su vida que la de él: Enriqueta nació en La Habana en 1843, hija de un comerciante de Yorkshire y una mujer supongo, por el nombre, cubana. Estudió en Nueva York, París y Londinium. Se hizo "companion" de la segunda mujer de John Rylands - estas eran mujeres de buena familia que asistían a las ricas, un legado de las antiguas "damas de companía" de la corte. Cuando la mujer murió, a los ocho meses, Enriqueta se convirtió en la tercera mujer del primer multimillonario de Mánchester: Rylands tenía la mayor empresa textil del Reino Unido, y ya en las escaleras se encargan de dejar bien claro que se benefició del esclavismo a través del comercio transatlántico de algodón- ya conté que las universidades británicas están investigando y escribiendo informes sobre sus conexiones históricas y financieras con el comercio de esclavos . Volviendo a Enriqueta, un poco práctica de riesgo lo suyo porque, como decía Oscar Wilde [pero con los padres], "perder a una esposa puede considerarse una desgracia; perder a ambas ya parece un descuido". Pero bueno, el "emprendedor y filantropista" como dicen en la wiki tenía 74 cuando se casaron, Enriqueta le sobrevivió y decidió hacer una biblioteca en su honor.

Lo primero: qué maravilla es esa, una biblioteca, no una iglesia, un mausoleo, un cenotafio, un obelisco. No: una biblioteca. De estilo neogótico, que les gustaba a los victorianos. Dicen que le costó un millón de libras - el equivalente de £100 millones hoy: poco me parece. Abrió el 1 de enero de 1900. Con toda esta info llegamos a la primera planta, dejamos la zona moderna y nos encontramos con este pasillo:

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Perdón, ¿es esto un castillo? ¿Vamos a una cripta? Y a los lados tiene puertas que dan a salas como esta:


Al final hay una imprenta. Es una "columbian / eagle press", hecha de fundición de hierro, e inventada en 1813 por el americano George Clymer. Parece que aún la usaba un impresor en el SXX y todavía funciona.


Pero esto no es todo, hay escaleras a un segundo piso, tal que así: 


Y entonces llegas a la sala principal. O sea, la foto con la estatua de Enriqueta, que pensé que era en una catedral, es la biblioteca. Sin rodeos: se me saltan las lágrimas, tal es el Stendhalazo.  Por supuesto, he de recomponerme en nanosegundos porque al lado tengo a The Queen of Cool que me lanza una mirada lateral rápida. Pero aquí puedo contarlo porque sé que, con ciertas lectoras del divlog, podríamos habernos explayado, abrazado, exclamado oh-ah a gusto. 

Contenida, como buena victoriana, aun así camino sobre algodones, en un estado de "awe", que se traduce como "pasmo", pero no es eso: es admiración, es maravilla, es sorpresa, es "wonder", de wonderful.

Y a los lados hay salas, con las que termino, en las que, como dijo Annapetons en un comentario, hay estudiantes con sus fosforitos, sus portátiles, sus totebags, sus piercings y su inmensa suerte de poder venir, un viernes cualquiera lluvioso, a estudiar aquí. 




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