20 de octubre de 2015

"The Children Act" ("La ley del menor") de Ian McEwan: De tu mano al precipicio

La protagonista de la ultima novela de Ian McEwan, "The Children Act" se encuentra con dos dilemas morales: uno en casa, otro en el trabajo. A punto de cumplir los 60, su marido, un académico de clásicas le plantea que ha decidido a tener un affair: necesita vivir la Pasión otra vez, tal vez la última. En su trabajo como jueza en la High Family Court (juzgados donde van casos complejos, en su caso tema de familia), se enfrenta con el Testigo de Jehová de casi 18 años (pero todavía no, y esto es el quid de la cuestión) que no quiere aceptar una transfusión de sangre, y sin ella morirá. 

Este es el planteamiento del que parte el libro. Cuando una piensa que su vida es complicada, y entra en la de Fiona, pues da un respiro. Cuando una cierra el libro cada noche y se queda un rato mirando la tapa,  piensa en la lluvia que no deja de caer en toda la novela, y ese color y esa prisa. Otras vidas. 

Fiona y su marido, una pareja de altos profesionales sin hijos viven en Gray's Inn, una de las cuatro asociaciones de abogados y jueces de Londinium. Como se dice en inglés, for the sake of completion, quiero nombrar las cuatro: The Honourable Society of Lincoln's Inn, of the Inner Temple, of the Middle Temple y la que nos ocupa, of Gray's Inn. Para los turistas de tercera generación, aquellos que ya os sabéis Westminster y aledaños, ir a a dar un paseo por, por ejemplo Temple, está muy bien. Es una de los secretos de Londinium que descubrí en aquel año de baja maternal con Mini (qué rabia no haber tenido blog en esa época: tendríamos aquí una detallada guía de "Londinium de día y entre semana"). Andando con mi hija en el carrito dando vueltas, de repente, me encuentro con una calle que tiene una barrera de coches y un guarda en una casita. Me acerco y sí, los viandantes pueden pasar, y básicamente lo que te encuentras es un grupo de casitas victorianas encantadoras, alrededor de un parquecito aún más. Las puertas están abiertas, y en los recibidores, grandes paneles de madera con los nombres y los títulos de los abogados (aún no distingo las diferencias: barrister, lawyer, solicitor, attorney, counsel-prosecutor es fiscal, hasta ahí llego). 

Gray Inn's Square-isnt it lovely?
Pero divago. Como decía, la vida de Fiona no solo es la Ley durante sus largas horas de trabajo, sino que además viven en una "Total Institution" que supone residir físicamente en un plaza donde todos se dedican más o menos a lo mismo. Fiona toca el piano y sus aficiones son, evidentemente, desperadamente de clase media (que ya sabemos que en inglés, "clase media" significa precisamente clase media-alta, yo diría directamente, clase alta). No hay ningún tipo de crítica, sino más bien una aceptación sin peros al statu quo, que sorprende sabiendo que McEwan viene de clase trabajadora, y es más, su hermano fue dado en adopción en la infancia y hoy en día es albañil. Pero no sé cómo tratará este tema en otros libros porque no leído demasiado a este autor (tres o cuatro novelas?), y me consta que sus inicios fueron de lo más inquietante. Con motivo de los 40 años de publicación de su primer libro "Primer amor, últimos ritos", escribió un artículo en The Guardian, "Cuando era un monstruo", del que me quedo con este párrafo:

 "And as far as I was concerned, fiction was synonymous with freedom. The legal struggles to publish Joyce’s Ulysses, the Lady Chatterley trial, the wild transgressions of books such as Roth’s Portnoy’s Complaint and Burroughs’s Naked Lunch persuaded me that to write fiction was to be obliged to take the reader by the hand to the edge – and jump. The business was to find a boundary, then cross it".

("Escribir ficción conllevaba llevar de la mano al lector hasta el borde-y saltar. El tema era encontrar un límite, y cruzarlo").

No solo por cuánto quiero las tres primeras novelas que cita (la cuarta habré de revisitarla), sino porque me encanta esa desiderata de lo que debe ser la literatura: llegar al abismo, y saltar. Precioso. Conclusión: debo darle mi mano más, a ver si de verdad me lleva al precipicio?

Leyendo "La ley del menor", una se acaba preguntando si, disfrazado de las niceties de la clase media, en el fondo no está otra vez metiendo el dedo en la llaga. No, el marido sesentero que quiere tirarse a la de 28 no parece ninguna transgresión-tal vez su honestidad de admitir que una pareja a los 60 ya no está en la cama como a los 25 sea novedosa. El tema de la pareja esta ahí, de fondo, como la lluvia que no deja de caer en la tapa del libro.

Pero el tema fundamental es la religión. En el mundo de lo políticamente correcto, donde todos sabemos que hay que respetar las maneras de ver el mundo de todos, McEwan, un confeso ateo que ya se metió en un medio-lío por decir algo en contra del islamismo, plantea el eterno tema de la transfusión de sangre a un Testigo de Jehová que es además, un menor. El hospital quiere transfundir, los padres y su comunidad no. Y, claro, él tampoco. Dentro de tres meses, si sigue pensando NO, se le respetará. Pero hoy tiene 17 todavía, y ahí entra la jueza, a decidir sobre la vida o la muerte de un tercero. Conceptos muy establecidos en la jurisdiccion britanica como el de a Competencia Gillick se debaten en la novela: un menor de entre 16-18 años puede aceptar tratamiento si es competente, dando igual lo que digan sus padres. ?Pero qué dice el Estado (vía esta jueza)?

Por supuesto, igual que no desvelaré qué pasa con su marido, tampoco lo haré con respecto a la transfusión (aunque algún divagante lo preferiría, para quitarse la tensión de la trama). Lo que sí que quiero decir, antes de terminar, es que con esta novela he entendido personalmente algo mejor en lo que consiste el trabajo de un juez de familia/menores (no criminal/penal). El mismo McEwan describe que el primer embrión de esta novela partió de una cena que tuvo con un grupo de jueces, las conversaciones que oyó y, más importante, el libro que leyó donde se resumían veredictos de uno de esos jueces, Alan Ward. Cuenta McEwan que, mientras avanzaba, se iba dando cuenta de lo similar que era aquel oficio al suyo. En particular aquello que leía era un prosa prácticamente literaria: "limpia, precisa, deliciosa"

"It was the prose that struck me first. Clean, precise, delicious. Serious, of course, compassionate at points, but lurking within its intelligence was something like humour, or wit, derived perhaps from its godly distance, which in turn reminded me of a novelist's omniscience. I continued to note the parallels between our professions, for these judgments were like short stories, or novellas; the background to some dispute or dilemma crisply summarised, characters drawn with quick strokes, the story distributed across several points of view and, towards its end, some sympathy extended towards those whom, ultimately, the narrative would not favour".

... "seria, compasiva, inteligente, con humor, o ingenio, derivada al vez de su distancia, que me recordaba a la omnisciencia del escritor".

"La ley del menor" es un libro correcto. Un libro que he subrayado mucho pero que no me ha cambiado la vida, ni me ha agitado, ni cuya tapa he besado al acabar. Pero sí que la he mirado, pensativa, después de cada sesión de lectura. 

McEwan: tal vez mi conclusión es que voy a dejarme llevar de tu mano al precipicio.



5 comentarios:

  1. El oficio de juez es uno de los más difíciles de esta sociedad, por varios motivos.
    1 su obligación es la de hacer cumplir unas leyes que se suponen redactadas con vistas a proteger al conjunto de la sociedad, cuando en realidad la sociedad cambia y evoluciona a una velocidad de vértigo.
    2 el aparato administrativo con el que cuenta el juez es tan lento, que la velocidad de su desarrollo ocasiona a veces más problemas que los que trata de solucionar.
    3 los jueces se ven obligados a aplicar unas leyes que juegan con aspectos morales de gran intensidad, y donde el factor humano se ve involucrado de tal forma que su opinión al respecto debe quedar en un doloroso segundo plano, lo cual les genera auténticas encrucijadas vitales de las que no todos salen indemnes.
    4 para complicarlo todavía más, los jueces deben ser independientes, con lo cual suelen vivir con un cierto grado de aislamiento de la sociedad a la que juzgan y protegen a un tiempo.
    ...
    Estas conclusiones que comparto con vosotros no son fruto ni de sesudas lecturas ni de estudios comparados.
    Es mucho más simple. En la barra de un bar, apretándonos unos güisquis con amigos que trabajan en la judicatura, he tenido ocasión de escucharles, de sentir su profunda soledad ante el devenir de sus decisiones, y sobre todo de leer en sus rostros lo contradictorio de tener que decidir en base a unas leyes que han sido redactadas por otros.
    Sí, lo habéis adivinado, ellos y ellas son humanos, y como tales tienen conciencia.
    Y su trabajo consiste en aplicar las leyes, no en tener conciencia.
    Razón última de su profundo desgaste y de su insistencia en los términos de independencia total.
    Me lo dijo uno tras la tercera copa.
    Ya que estoy solo y con un marrón de narices encima, al menos dejar que si me equivoco, lo haga yo solo.
    Y luego, pagó todas las copas, por si acaso nos teníamos que ver alguna vez en un juzgado.
    Y se marchó con cara de tener sobre su cabeza todo el peso de la Ley.

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  2. Con respecto a la parte literaria, tres cosas:

    a) Hace muchísimo que no leo a este autor; y la verdad es que lo que has contado de él me impulsa a hacerlo, pero lo que has contado de la novela me quita las ganas de hacerlo precisamente con ésta. Quizá porque “menefrego” de los problemas morales de la clase alta, que cuando son llevados a un extremo se rompen (porque lo que es su deseo mayor es seguir disfrutando de los privilegios que tienen, aunque sepan bien que son parte de la causa de la desgracia de centenares de millones de personas). Paso de ellos y sus atufantes vidas... salvo si se trata de analizar sus maquinarias en cuanto que maquinarias del Enemigo. Así que, McEwan, en otra ocasión será (nada de lo humano me es ajeno, pero no puedo atender a todo).

    b) Decía Stendhal que el Código Civil era el muestrario del mejor estilo que un novelista debía intentar apropiarse. Y McEwan parece confirmarlo.

    c) Si alguna vez quieres leer Naked Lunch de Burroughs, me ofrezco a llevarte de la mano y saltar contigo. No somos demasiados los que consideramos a este autor el único prosista válido hasta decir basta de la Beat Generation. Raro, tóxico, duro. Nada fácil si te lanzas a ese mar feo, lleno de pecios, sin conocer algunos datos. Un poco repugnante como persona, un prodigio de inteligencia como autor.

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    1. ¿Por qué, y por qué, es tan frecuente esta combinación de inteligencia y repugnancia en la literatura de la segunda mitad del xx en adelante?. No es retórica, conozco a mucha gente que piensa de verdad que quien llegó a hacer algo, leáse escribir un buen libro...que es el caso...o tal vez buenas pelis de autor, era un asco de ser humano y que así son las cosas...

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  3. Hola babies...

    DRIVER.. siempre he pensado que odiaria ser juez, ya por el concepto. "Juzgar", quién soy para ello? Tras el leer el libro he llegado a la conclusion de debe ser menos malo q abogado.. nunca he podido entender cómo un abogado, q sabe q su cliente ha cometido un crimen, usa trucos para q no lo parezca.

    NAN, "Naked lunch" lo empecé, pero ya hemos comentado q a mí estos de autores en drogas no me llegan. Lo hablamos a propósito de "On the road", q a ti te encanta y a mi no. Avepto tu oferta de mano para Burroughs.. principios de 2016?

    muxus, q estoy haciendo la presenatción.. por cierto... ayer no la hice por terminar el diavgue mcewan.. y hoy otros divagues emepzados me llaman.. q conste...:)

    di

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  4. Me parece muy interesante, es un buen conflicto que enfrentamos todos, el aunar la libertad que quieres pensar que tu sociedad le da a gente que hace cosas que no harías (hablo de cultura, religión, etc) y los límites éticos de esa sociedad. Debería venir con una nota al final del libro "si piensa que usted está libre de este tipo de conflictos, es que vive recluído en su casa".

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