25 de octubre de 2015

"And the Band Played Waltzing Matilda"

Una serie de factores han creado "la tormenta perfecta" para que no pueda divagar: tengo que preparar la conferencia del viernes, la bestia del trabajo ruge más hambrienta de lo normal, Mini está en Vetusta. Esto último es un arma de doble filo porque, aunque podría dar más tiempo para el divague y el poderío, en realidad libera las noches para salir a escandalizarme con la cotización del mojito en esta enloquecida ciudad, para recorrer el refugido antiaéreo que hay justo debajo de mi casa, o para ir al cine ("Sufragette" de Sarah Gavron, "Crimson Peak" de Guillermo del Toro, "The Martian" de Ridley Scott). Todo esto lo quiero divagar, quizás algún día. 


Mientras tanto, esta canción de Eric Bogle suena a ratos de fondo por mi casa. Y siempre es buena ocasión para colgar algo antimilitarista, particularmente en estos días de otoño en que empiezan a florecer esas horribles amapolas rojas en las solapas de los británicos. 
Volveré...


10 comentarios:

  1. Espero con cierta urgencia un divague sobre El marciano...fui a verla recientemente (no digo nada) y tiene alguna brizna que vale algún que otro debate.

    Buen Domingo!

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  2. TOMAE! Feel free de contarnos los Temas q te llegaron ya, pq no veo la luz al final del túnel y entiendo lo de la urgencia! :)

    feliz domingo tb....

    di

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  3. ¡Qué chula la canción! (Hoy he aprendido que "waltzing Matilda" significa "vagabundear" en australiano. ¡Nunca te acostarás sin saber una cosa más!)

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  4. La letra es preciosa también, para escucharla despacio.

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  5. Pues yo estoy con una otitis de caballo...
    Eso mola, que estoy muy liada con el trabajo, joer qué caros están los mojitos. Sí señor. Mucho lo mejor para "lo del viernes".

    Las amapolas...yo digo que los londinenses viven en un estado mental prebñelico peremne inducido por las poppies. Ahora estarán en los ojales, pero la de las estatuas son perennes. Que se lo digan a Rose, que por qué está así...

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    1. Ire, no hay males buenos, eso está claro, pero la otitis ¡qué latosa es! Lo siento, espero que te mejores bien prontito.

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  6. Di, ¿para qué desearte lo que no necesitas? Así pues, no te deseo suerte para con la conferencia porque la vas a bordar. Pero si insistimos en hablar de suerte, la tendrán, de seguro, todos los asistentes por serlo, por escucharte.

    Bien, terminado el peloteo, vayamos al grano.

    A la letra de la conocida copla (Waltzing Matilda) nunca le presté atención. Pero confesaré que cuando la oí anoche no entendí, pese a intentarlo, ni un carajo. En cambio, ahora que he leído la letra se me ha hecho la luz.

    ¿Billabong, Billy, Jumbuck, Matilda, Squatter, Swagman, Waltzing…? No entendía nada.

    Pero ahora, ya digo, sí: Un errante de hatillo toma para su provecho una oveja que se alejó de su hato (hatillo y hato: obsérvese la primorosa filigrana: gracias, gracias) para beber; hecho que denuncia el propietario terrateniente o ranchero y entonces va y se pone y dice que se presenta donde el vagabundo con tres rangers —o algo parecido— para reclamar la oveja, ante lo cual el indomable trotamundos se arroja al agua porque prefiere morir a ser detenido... Y desde entonces, allí se escucha al fantasma del vagabundo cantando Waltzing Matilda, Waltzing Matilda, Waltzing Matilda, en invitación a mantener su rebeldía asín tipo-Lute con la gallina.

    Hm, sugerente...

    Pero me temo que hay otra interpretación a esta letra tan rica en simbología.

    Veréis, volviendo a la glosa, o explicación previa, que hace Rolf Harris en el vídeo, no estoy de acuerdo en una cosa.

    Yo traduciría «Who’ll come a Waltzing Matilda, with me?» como «¿Quién bailará conmigo»?, diga lo que diga Harris y la Wikipedia (que traduce como «¿Quién vagabundeará conmigo?». ¿Ein?). Es más, en otros vídeos se ve, efectivamente, al trotamundos bailoteando gentilmente con su hatillo. Lógico. Como aquí; o
    aquí; o en éste, de los años cincuenta; o en éste, que es el más explícito o probatorio.

    Rolf Harris, al afirmar que la expresión Who’ll come a Waltzing Matilda, with me? NADA tiene que ver con bailar evidencia, por muy australiano que sea, que no ha pasado noches y noches al raso sin más compañía que las estrellas, el hatillo… y un sueño. Vaya, disculpad que me haya emocionado de mis propios recuerdos hechos palabras: Las estrellas, el hatillo y un sueño. Uf. Bueno, sigo, sigo… Aquellos bragados hombres a la par que sensibles y caballerosos, aquellos varoncitos aventureros de los que ya, en estos prosaicos días que nos han tocado vivir, sólo quedan su desvaído recuerdo y un servidor de ustedes, ¿qué creéis que hacíamos cuando en las desalmadas noches teníamos algo que celebrar y no sabíamos de una mujer en cien millas a la redonda? ¡Pues claro: bailar! Bailar delicadamente pegados a nuestro hatillo mientras le susurrábamos cositas al lío de cama y ropa. Y es que, se me ocurre, bailar pegados es bailar, igual, qué digo yo… ¡igual que bailan los eucaliptos con los koalas (el agua con los ornitorrincos también valdría)! Abrazadísimos los dos, sintiéndonos la piel. En suma, ¡bailar pegados es bailar, caramba!

    Hasta aquí bien, pasable. Pero lo que todavía no entiendo es qué pinta aquí, en todo esto, ¡una oveja!

    Una oveja…

    Por favor, creedme si os digo que no soy malpensado por naturaleza, antes bien lo contrario. Pero, francamente, lo de la oveja me inquieta. Y si cabe, me inquieta más que una letra que aspira a ser el himno nacional, que todos cantan tomados de la mano, con visible emoción y regurgitar de nalgas, la canción que ha servido para inaugurar olimpiadas o tantas cosas así, sea un bruto, garrulo, canto al nefando vicio de… Bueno, mejor me callo. Simbología, eso; sí, mejor así.

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  7. Lo siento mucho, los enlaces 4º y 5º están cambiados. Pero bueno, dudo que alguien haya llegado tan lejos leyendo este pestiño de comentario. Ea, a dormir.

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