"Hay un error que consiste en pensar que la transformación es lo mismo que progreso. Las cosas pueden parecer muy diferentes, pese a permanecer igual. El tiempo parecía que había alterado todo menos la cosa que de verdad tenía que cambiar (...) El paso del tiempo cruelmente meticuloso".
Se puede progresar, se puede regresar. Se puede andar en círculo 360 grados y llegar donde estábamos. Qué bonita la frase del tiempo cruelmente meticuloso: solo a ciertas edades la empiezas a entender.
Festival literario
Faye es invitada a un festival donde comparte mesa redonda con tres tíos, a saber: El moderador, el típico encantador y encantado de haberse conocido con traje hecho a medida, slim-fit (la palabra en inglés, por si a alguien le interesa, es "dapper") y dos escritores que están en el "circuito saraos festivales literarios", ya se conocen de previos y por ello saben que cuentan siempre lo mismo. Uno escribe de sus traumas infantiles, para él "todos los escritores buscan llamar la atención" y "la escritura es una venganza" (en su caso, de su abuso, aunque valora que "la crueldad es una manera de que te hagan caso"). Contar historias es terapéutico porque "tú controlas la historia, que es mejor que ella te controle a ti". Hazte con la narrativa, hazte con el poder. Es una de esas personas a las que les encanta escucharse, y apenas deja espacio al otro escritor, un nerdo de garaje, que "sufre de deficiencia de vitamina D de tanto estar en tu sombra'', le bromea. Este segundo tipo escribe novelas donde "no pasa nada, o por lo menos nada que la gente reconozca que merece la pena escribir" (inevitable no ver a Cusk aquí) y cuando empezó a escribir su novela en su cuartucho mal ventilado no quería que nadie supiera de él. Luego su libro explotó, él fue expuesto, aunque "no sabía si podría escribir de nuevo - su relación con el mundo no era lo suficientemente dinámica". [Volvemos a Bukowski-vive y luego lo escribes].
Así que ahí tenemos el escenario: tres tíos y Faye, que queda para el final y a la que casi no dejan tiempo. ¿Suena familiar? Ella, en lugar de hablar, de escucharse a sí misma, lee un trozo de su obra. Menos mal que alguien le dice: "no sé cuándo escribiste eso, pero es a mí a quien estabas describiendo" (esto nos ha pasado tantas veces como lectores, y me puedo imaginar la ilusión de que alguien te lo diga como escritora). Si no llega a ser por ese momento, se sufre por ella.
Es raro que los escritores no tengan miedo de estos eventos porque escribir y leer son "transacciones no físicas". Igual que me planteo ese "qué harías tú" en situaciones descabelladas (y, sí, también, en una ataque preventivo de la URSS), también alguna vez he pensado si yo iría a hablar "de mi libro" (o incluso de mi blog) en este tipo de foros. Al final, mi conclusión ha sido siempre no. Y hay una frase de Cusk que me ha encantado y que me lo ha corroborado: "Escribir es persuadir a un extraño de que se quede"
"To be reminded of the fundamental anonymity of the writing process, the fact that each reader came to your book a stranger who has to be persuaded to stay".
Y además de persuadir a un extraño, lo que pasa es que gusta ser una extraña también para ellos. La idea de que alguien te lea sin saber nada de ti, que sea la escritura puramente, tus historias, lo que les persuada a quedarse. Ahora recuerdo que, menuda coincidencia, aquel programa de radio que hacía yo en la época de la uni se titulaba "Quédate" (porque la sintonía era el "Stay" de Maurice Williams & The Zodiacs):
… Stay, ah just a little bit longer,
Please, please, please, please, please,
Tell me that you're going to
… Come on, come on, come on, stay...
¿Captará el divagante cierta disonancia aquí? Porque yo leo sobre la vida de los autores, me interesa saber desde dónde escriben. Vale, touché, qué más da. Todo esto son hipótesis tipo qué-harías-tú-si-pudieras-ser-invisible. Juegos mentales.
Y ningún festival o congreso que se precie puede terminar sin El Final Enloquecido, ese momento de despersonalización en el que te ves desde fuera, como una actriz en un escenario y piensas, ¿esto está pasando? Desde terminar bailando en una jaula de discoteca en traje, hasta acabar "crashing" en una habitación con colegas que son en realidad extraños a las 5 am, hasta algo moderado como lo de Faye, que acaba siendo besada por el dapper en la puerta de su hotel:
"sentí su ropa cara y su piel caliente debajo. Se separó y me dijo "eres como una adolescente", y me siguió besando mucho rato".
Albañiles albaneses: todos tenemos uno
Igual que todos hemos tenido un peluquero "del mundo de la noche", todos en Londinium hemos tenido un "builder" albanokosovar. Como estos divagues de libros son en realidad una excusa para contar mi vida (tenía un borrador de un divague titulado "narcisismo de la vida real vs, narcisismo bloguero”, lo cual demuestra mi profundo insight), ahora viene cuando debería escribir de Sokol y Armando, cuñados y residentes en Londinium, albanokosovares que acamparon aquí en casa más tiempo del planeado y que dieron un juego impresionante para potenciales entradas de blog, que nunca escribí. Teníamos serios problemas de comunicación, sobre todo por whatsapp. Sokol, que era el fluido, decía "Chííís" al final de cada frase (chís es su versión de Yísss, Yísus, Jesús, Jesucristo). También me llamaba madám (afrancesado, qué chic), parecía mucho mayor que yo (siendo menor). Venía en bici algunos días con tablones al hombro, no sé cómo no acabó en comisaría por suponer un peligro al tráfico, y la ataba con una cuerda, literal. Aspiraba todo fenomenal, incluso el pasillo comunal (había oído las llaves de Rose un día, y eso bastó). Al final de la obra descubrí que era un negacionista de las vacunas porque "Dios le ayudaría" y "era de un pueblo de las montañas, gente fuerte, chís". Hice lo que pude -nivel tengo un póster provacunas en mi ventana y pegatinas-, sin éxito. A la vuelta de Navidades hablamos y me dijo que había estado "muy mal, con la gripe". Cuando sugerí si era covid, "no, chíííís, madám, no" y además, de qué me había servido a mí vacunarme si (yo sí) lo había cogido. En fin, que tenía que haber escrito las historias de Sokol porque era una fuente inagotable de diversión.
Como decía, Faye también tiene uno y una amiga suya, que está en una fase perdida de la vida, incluso se lía con el suyo. Esta amiga cubre otro de los capítulos: llega tarde al té con Faye, aparece llena de polvo blanco de vivir en una obra permanente, y le cuenta a Faye que se acabó liando con su albañil (o más bien el que manda al albañil qué hacer, este país es así), un hombre mayor que, ella reflexiona "incluso una mujer independiente como yo había caído en la trampa de ser cuidada". Faye le habla de otra amiga común, casada con un tal Dan, que es el hombre perfecto, pero según ella estos hombres no existen, "están todos pillados, son posesiones... como una pintura cara de museo". La pobre habla de cosas tan desoladoras como "tener la sensación de ser el testigo invisible de la soledad de otra persona".
Cusk siempre mete puyitas a los corredores, lo recuerdo de "Outline" y eso a mí me gusta, porque a mí me gusta meterles puyitas a los corredores. No lo puedo evitar: me caen mal, y más durante la pandemia en que los llamaba los "aerosoles ambulantes", que te respiraban encima. Aquí está la cita de los corredores de este libro:
"Todo el mundo que conozco está corriendo maratones para ONGs, pasan su tiempo entrenando y comiendo saludable, y yo comiendo comida precocinada y teniendo la vida emocional de una adolescente. (...) Igual la gente corre maratones para poner en práctica sus fantasías de escapar".
Volviendo a los albañiles albaneses, uno le cuenta a Faye cómo en el pasado, cuando trabajaba en una terminal de Heathrow, los despedían cada viernes, y re-contrataban el lunes. Es el mercado, amigos. Le contaba cómo veía reunión tras reunión de familias [quien quiera llorar puede ponerse una peli de domingo por la tarde, o verse el final de "Love Actually" en las "Arrivals" de Heathrow. Bobadas, por hacer daño de verdad, si quieres llorar ponte el principio de "Up"... yo no puedo]. Decía que la pobre cuadrilla de albañiles viendo abrazos de madres y padres e hijos, mientras sus familias están en Albania, a ver cuándo ahorran para ir. Qué bonito se puede hacer una arenga en literatura sin que lo parezca, verdad? No me lo digas, demuéstramelo: eso es escribir bien.
Flecos
Como me pasa a veces escribiendo estos divagues locos sin lógica ni concierto (me hace gracia la gente que dice "no me lo leo porque planeo leer el libro". As if), me quedan unas notas sueltas que no sé dónde meter. En realidad, podría hacer un párrafo entero con cada una de ellas, creedme, pero quiero publicar esto hoy, por razones de agenda vacacional. Así que al lío con las frases, sin desvaríos míos adjuntos (bueno, máximo una línea):
“Hay gente que sabe lo que quiere escribir, pero no cómo hacerlo"
Son los que van a los cursos de escritura creativa. Otros inconscientes se lanzan sin saber ni qué ni cómo. Si os contara.
"El Mal era un producto de la derrota, de dejar el esfuerzo, abandonar la autodisciplina cuando tenemos el deseo delante. Era un estado de pasión."
Yo digo: Viva el Mal, Viva el Capital.