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22 mayo 2016

Niñas madres: Lo sabes pero, les has visto la cara? #childmothers

 Vi una foto en el BMJ de una niña de 14 años que me impactó: no porque no supiera que esto pasa, sino por enfrentarme a la cara de la niña, apenas unos años mayor que Mini.


 
Pero hay un proyecto: como siempre, la organización Plan Internacional, pionera defendiendo a las niñas, se ha unido con el Fondo de Población de las Naciones Unidas para llamar la atención sobre este problema: se estima que más de 2 millones de niñas menores de 15 años dan a luz cada año. Por supuesto, suelen estar fuera del colegio (o lo han de dejar como consecuencia) y muchas están casadas (aquí, 16 historias de niñas que rechazaron que las casaran). Los riesgos de estos embarazos y partos son enormes: unas 70, 000 niñas mueren al año como consecuencia.

Pero estas cifras son estimaciones: muchas son invisibles y este proyecto, fotografiado por Pieter ten Hoope, llamará la atención sobre el tema como una prioridad de salud pública vital.


Para acabar con las #childmothers (aquí tenéis la web, que merece mucho la pena)


 Porque eres una niña.

18 mayo 2016

Junior doctors: UNIDOS HEMOS PODIDO

Jeremy Hunt, el ministro de sanidad, tiene en su agenda, como buen tori, fragmentar el NHS (National Health Service, Seguridad Social británica) para venderlo finalmente a proveedores privados. Digo finalmente pero esto ya está pasando. Si le sumamos las charlas supersecretas del TTIP que se nos viene encima sin casi saberlo, tenemos una Seguridad Social destruída, vamos al modelo yanki. Esto es lo que hace la derecha, si se le deja.

Los junior doctors en Reino Unido llevan diez meses de acciones, incluídas huelgas sin precedentes (en la última no atendieron ni siquiera a emergencias, que fueron cubiertas por los médicos seniors) y, en contra de lo que la prensa facha y el gobierno ha intentado vender, esto no era por la pasta. Trabajar durante turnos y turnos sin descanso nos pone en riesgo a todos los pacientes: nadie debería querer eso. Quiero que mi médico esté en sus plenas facultades en todo momento, también si tengo un ataque de apendicitis a las 2 am. Pero Hunt y los suyos lo vendieron como una lucha por la pasta, y dieron datos falsos de mortalidad en los fines de semana para instigar que los junior doctors (y todos los demás, depués) trabajaran el fin de semana como si fuera un día de labor-al mismo precio, claro.

Hoy, por fin, se ha llegado a un acuerdo entre el BMA (British Medical Association, el sindicato médico) y el gobierno. Tendrá que ser votado por los juniors doctors dentro de unas semanas, pero un principio de acuerdo, que han aceptado los líderes del sindicato, se ha hecho realidad. 

Felicito a los junior doctors, a los pacientes del NHS y a los que aún creemos la vieja máxima de que la unión hace la fuerza, y que ante el "divide y vencerás" de gente como Hunt y sus perros de la media, nada tienen que hacer. El slogan del BMA todos estos meses ha sido: "WE ARE ONE PROFESSION. WE STAND TOGETHER" ("Somos una profesión.  Estamos juntos")

Claro que sí: UNIDOS PODEMOS.

15 mayo 2016

Mi vecino Totoro (Tonari No Totoro, となりのトトロ ) de Hayao Miyazaki

Hoy ha sido la celebración del Mini-cumple, junto con una amiga. nos hemos llevado a todos los niños de clase más algún amigo de fuera al cine: 21 enanos de 8 años en la sala: mis disculpas a los adultos que estaban allí simplemnte intentando ver una peli de animación.

Hemos elegido un clásico de 1988 de Hayado Miyazaki, el famoso director japonés del Studio Ghibli que ganó el oscar  (que no recogió como protesta por el bombardeo de Iraq), años depués en 2001 por "El viaje de Chihiro". Aún recuerdo el impacto de Chihiro, muy pre-Mini. Ya divagué sobre ella aquí "Soy una niña, hay escapatoria?", en el Pleistoceno del divlog, capturando precisamente el espíritu feminista de la obra de Miyazaki. Otros de sus temas son el medio ambiente y el pacifismo.

No quiero contar la trama, pero he querido que este divague sea una nota para no olvidar, porque la peli me ha llevado de nuevo a Japón: aún no he terminado las crónicas y me ha dado añoranza de ese viaje que aún no he terminado, precisamente porque no está procesado: falta que escribir, falta que ver y seleccionar las fotos, falta poner la guía arriba, junto con sus compañeras, y eso no ocurrirá hasta que "haya cerrado" Japón.

Los personajes de las pelis japonesas tiene todos los ojos muy redondos: solo los ancianos que aparecen pueden ser japoneses, y suelen ser todos terriblemente decrépitos. Las dos niñas protagonistas recuerdan mucho a Chihiro (la hermana mayor Satsuki, de unos 10-12 años, espigada y chicazo, con pelo corto y minifaldas como solo se ven en Japón) y a Ponyo (la pequeña de 4 años, Ponyo, Ponyo, es una niña pez... Miyazaki se inspiró en Tomonoura este pueblo maravilloso de pescadores del que hablé en su día). El padre es un ser encantador y la madre, hospitalizada, da bastante miedo. Porque la peli parte del cambio de casa de la familia para estar más cerca del hospital donde está la madre (cambio de ciudad: el mismo planteamiento que en Chihiro). Yo al principio, como no sale la madre por ningún sitio me asusto, pensando "es otra de las múltiples pelis/historias donde se mata a la madre", pero no, está claro que molestamos, pero esta vez nos dejan solo en hospital.

Como decía, no sé si habría visto la peli con los mismo ojos de no haber estado en Edo hace un mes: las puertas y ventanas correderas, las sandalias de madera a la puerta de la casa, la necesidad (religiosa) de descalzarse, las cajas de bento (comida para llevar), dormir sobre el futón, (en una habitación exacta a la nuestra!), las mochilas de los colegiales, tan cuadradas, la familia bañándose  en el onsen (Satsuki todavía enjabonándose fuera al principio de la escena), los cableados eléctricos... Aparte de su imaginación, a ratos (al menos en otros filmes) rarura, lo que MIyazaki hace como los ángeles es dibujar: los paisajes de esa japón rural de posguerra son preciosos, así como los detalles como los árboles que hacen un túnel por el camino, o las mariposas que rodean a Mei cuando visita a Totoro por primera vez.

Hoy he vuelto a Japón: gracias Studio Ghibli.

05 mayo 2016

Elecciones para alcalde: me enfrento con un tory



Elecciones de alcalde en Londinium. Voy a votar a última hora, voto en contra, más que a favor: que no salga el tory de turno, Zac Goldsmith (en la izquierda en la foto), hijo de millonario, más de lo mismo, o peor que Boris. En la derecha el candidato laborista, Sadiq Khan, hijo de emigrantes pakistaníes y de conductor de autobus.




Londinium es dos ciudades, y hay una que no me gusta nada: la mega-Montecarlo, donde companias ficticias compran propiedades millonarias en el centro que tienen vacías, y que expulsan a los ricos de siempre hacia Zona 2, y luego todo es un castillo de napies que cae, donde unos empujan a otros fuera de la zona donde antes se podían permitir, y todos pierden, perdemos. Lo explica muy bien este artículo "Londinium está fallando". Tras leerlo, hay una sensación de apocalipsis, de sálvese quien pueda, de fue bonito mientras duró, de mí misma mirando mi vida aquí como un suenio, desde un futuro no tan lejano.

Ojalá que no. Ojalá el cacareado sentido común british pare esta máquina. Y no sé si ninguno de los candidatos lo logrará, porque la hidra tiene demasiadas cabezas -que necesitan más que un alcalde y su equipo- para cercenarlas todas. Pero quiero creer que alguno, por lo menos, lo intentará. Y ese no es Goldsmith.


A la salida de la Polling Station (Colegio Electoral), una pareja con la escarapela azul de los conservatives nos han preguntado por el número de nuestra tarjeta de voto, y la siguiente interacción ha ocurrido:

-No hemos recibido la tarjeta... (Nota: minutos antes, votando, no nos han pedido nada, ninguna identificación: solo el nombre, y nos han tachado de una lista. Como si quiero mandar a Rose que vote por mí)

-Ah, entonces vuestra dirección

-Para qué?-pregunto, y la mata de pelo del tipo toma protagonismo: es un pelo enorme, con ondas, muy pegado al cráneo (no flequillo suelto). Es un pelo que solo puede ser conservative. O sea, el hombre no ha tenido elección

-Tranquila-se ríe-no vamos a llamar a tu casa...

-De verdad? Ya lo dudo-le increpo- me habéís mandado emails sin suscribirme...

-Nosotros? Los conservatives?

-Sí -yo a todo esto muy sonriente-, y te aseguro que no son bienvenidos..

-No estás con nosotros? -el pelo sigue sin moverse

-Trabajo para el NHS (Servicio Nacional del Salud), con eso te lo digo todo... (zasca!)

-Pero...

-Sí, y no entiendo porqué se me identificó como simpatizante... he intentado unsuscribe y me seguís enviando...

-Oh, de verdad que te quitaremos (todo esto sin saber mi nombre)...


Y entonces se lanzan a preguntar lo mismo a gente que sale... que espero les hayan soltado más zascas!


Porque amo a Londinium: Fuera Tories!

19 abril 2016

Test

Bueno, esto era verdaderamente un test, sin trampa ni cartón. Pero ya que está aquí me dice el Peda: "cuelga esta canción", para no dejarlo en blanco. 

El sábado vino una amiga de Mini a jugar y, cuando se turnaban para pedir canciones -momento disco-, la ninia pidió esta, que nunca habíamos oído...Sí, hijos: así llega hoy en día la música a nuestra vida.

A mí me dan ganas de salir una noche entera a bailar a túneles como este que acaban de abrir en Rotherhithe, en el sudeste de Londinium: el Brunel Museum. Entrad aquí, ya veréis qué chulo. 

09 abril 2016

Tokio Narita-Londinium Heathrow (J23)

09.04.06-Tokio-Londinium

Desde la primera vez que oí que el principal aeropuerto de Tokio se llama Narita, sentí cierta ternura (imagen: un cachorro de labrador o golden). Todo porque la perra de Fashion y JAL se llama Nara (homenaje a la ciudad donde fuimos atacadas salvajemente por cervatillos, recuerden) y es tan mona. El caso es que volamos de Narita (habíamos llegado a Haneda, en el sur) sobre las 10:00 am, lo que significa levantarse hacia las 6, habiendo dormido poco (los neuróticos), teniendo una masa de tiempo amorfa ante nosotros, que no me atrevo a llamar día.

Es extraño el meterte en un avión por tantas horas: lo primero que tratas de hacer es luchar con armas lógicas, por ejemplo no cambiar la hora del reloj hasta "estar cerca", para más o menos saber cuántas horas llevas como una sardina en lata. Todo es inútil: cuando vuelas en una franja horario similar, estos pequeños trucos son medio-posibles; ahora, cuando llevas un desfase horario de 8 horas y te vas a meter 11 horas de una tacada, y luego otra hora y media hacia el final, los truquitos no sirven.

Pero antes de esto me refiero a las fotos del tren en el que vamos a Narita y aparecemos muy desmejorados, blancuchos y con el estómago triste (pese a la ingente cantidad de material para emergencias que llevamos en las mochilas: nada sobró, nos lo comimos todo). Tras el metro, cogemos el tren lento, que viene incluido en nuestro pase, y cuando llegamos al aeropuerto, hay unos medio nervios de "habremos hecho tarde". Pero no: esperamos para facturar en KLM, con los que volvemos, y una vez pasada seguridad, en la tienda compramos alguna galleta para los trabajos.

Embarcamos y una de las primeras emociones es.. el Monte Fuji a la izquierda!! Nos lo avisa el capitán, y como estamos sentados otra vez (grrr) en la fila de 4 del centro, Mini y yo salimos pitando a hacer fotos en uan de la sventanas. había visto alguna foto de esas que corren por Instagram del Fuji desde el avión de esas de quitar el hipo. Las mías.. ehem. Pero lo vimos, y esas cosas hacen ilusión: unas de las que más, ver el parque triángulo invetido dfrente a mis casa al volar a Heathrow (que también vemos esta vez, muchas horas después) y la concha de Donosti, de pasada desde Vetusta. Los "sights" de Vetusta no tiene mucho mérito, pero la última vez me asombré de lo pequeña que es la ciudad del viento.

No pegamos ojo en las 11 horas: hay tanto por hacer! Yo llevo el notebook para adelantar divagues, pero no hay tiempo. También mi libro ("Kassel no invita a la lógica" de Vila-matas, que casi no he leído este viaje, tal es mi dedicación a empaparme de datos para este divlog), que no leo. Porque hay.. películas!!! Y luego hay que comer: os lo digo, nos dan insuficiente, y eso que me como algunas cosas de Mini que no le gustan, pero aún así, tirar de mochila se hace imperativo. Pero las pelis:

-"The hateful eight" de Tarantino. Quede dicho que el "Tarantino de época" es el que menos me gusta. Soy más de Reservoir, Pulp Fiction o Kill Bill. Comienzo a ver la peli y en un punto del principio me replanteo mi "versión original-only", porque no entiendo ni papa. Tres factores: 1. Samuel L. Jackson es un actor tricky de entender ya "en reposo". 2. La peli ocurre en una ventisca de nieve, y el fondo es un "fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii" continuo. 3. Me encuentro en un avión, donde el ruido del motor es un "bahhhhhh" constante (y mejor que no pare, claro). Entonces tomo la decisión ejecutiva de verla en castellano y aquí ya nos deslizamos cuesta abajo y sin frenos: está doblada al mexicano. Y ya no me la puedo tomar en serio. Samuel L. Jackson llamando a los malos de una banda "malandrines" me hace sonreír. Me recuerda algo que leí recientemente de una peli de Jesucristo en mexicano en la que él hablaba de "sus cuates" por los discípulos. Así que no puedo hacer un análisis serio de la cinta, salvo que, Quentin, echo de menos a las heroínas fuertes tipo Black Mamba: aquí cada diente que le rompían a la pobre única mujer de la peli, me lo tomaba personal.

No se vayan todavía, aún hay más, y la cosa empeora:

-"The revenant". Mejor no volver a repetir lo mal que me cae el mexicano Iñarritu (ad nauseaum descrito en "Birdman") y esta peli sinceramente me parece un tostón inenarrable. Claro, me dirán, que hay que verla en una pantalla grande, que en un avión no es plan. No: las interrupciones de las bandejas eran una brisa fresca, el untar mantequilla sobre el bollo era volver a la realidad de los sentidos, beber zumo de naranja de concentrado, estar viva. No quiero pensar lo que debe ser estar en un cine y tener que únicamente atender a esos bonitos paisajes, con alguna escena gore y la trama de traición básica.

-Creo que veo una tercera, pero no recuerdo! me suena que no era de época y que no la terminé... Ah, también veo un capítulo de "Friends", el único capítulo de "Friends" que hay en todo el archivo. Mi historia con este serial es la siguiente: nunca he visto Friends, pero veo capítulos sueltos cuando la ponen en algún hotel, avión, y tal. Soy seguidora oportunista. El caso es que siempre me río, y siempre pienso: "cómo pudo Brad dejar a Jeniffer, con ese pelo y la buena pareja que hacían". No puedo evitarlo: eso es lo que pienso cuando veo a Rachel. También veo un capítulo suelto de "Frasier", el primero: correcto, típico, no creo que vea más cuando lo encuentre en un avión.

-Ah, ya recuerdo, la tercera peli fue "Joy", sobre la mujer que inventó la fregona en los USA en los 70s. Feminismo de la época y una yaya genial.

En punto de la sobredosis filmográfica y de teleseries... que nos abrochemos los cinturones! Estamos llegando a Amsterdam. tenemos como 45 minutos para trasbordar, pero como llegamos con adelanto, no hay que correr. Y el vuelo a Londinium ya es juego de niños, poco más de una hora, donde nos
dan comida y bebida (sí, estamos así de desesperados, ya no hay víveres), y finalmente nos depositan en Londinium Heathrow.Antes, sobrevolamos la city y vemos el parque triángulo invertida enfrente del que vivimos (en mala foto, derecha). Una ilu!

Que fácil es este metro: nos metemos ahí, un par de cambios y, en una hora estamos en nuestra estación. Deben ser como las 7 de la tarde británicas, no quiero ni saber qué hora de la madrugada para nuestros pequeños cuerpos fantasmas. Aún así, creo recordar que nos arrastramos a Tesco para un "imprescindibles" y hacemos las llamadas telefónicas de rigor.

Y aquí y así termina mi diario japonés. Hasta el siguiente viaje.

08 abril 2016

Ultimo día en Toklo: Ueno, Asakusa, Jimbocho (J22)

08.06.16-Tokio

Aquí estoy directamente saltando sin red, porque el Peda no hizo diario: es nuestro último día en Tokio y solo tengo las fotos y la memoria para guiarme. Así que enhorabuena: será un divague haiku.

Ueno, sakura por los suelos
y cisnes en el lago
Rodin, Le Corbusier
y Estrella Galicia.

Bueno: ya lo dejo. Hoy nos movemos en la zona noreste del Palacio Imperial (que situamos más o menos en medio de ese monstruo llamado Tokio, monstruo que, no sé si lo he dicho, gracias a las magníficas comunicados no se vive como tal: no da pereza moverse entre las zonas). Akihabara, nuestro barrio, esta también en esa zona, más hacia el centro, y Ueno pilla a dos paradas de metro hacia el norte. Nada más bajar del metro nos encontramos con un restaurante español donde nos saludan efusivamente y donde tienen Estrella Galicia.

Lo más famoso de Ueno es su parque (Ueno Koen), que es donde toda la ciudad se encamina para ver la floración del cerezo. Verdaderamente, está precioso, y en un momento, a la bajada de la ladera en cuya parte superior hay un templo (donde nos hacen de nuevo el dibujo símbolo del templo y a Mini le regalan una cajita con dos dulces) hay una "nieve" de sakura encantadora. Un conocido que estuvo me comentó que, precisamente en este parque, cuando "nevó" sakura, un grupito de japoneses aplaudieron y él se unió a las celebraciones. Yo solo le hice fotos a Mini que, cual Elsa de Frozen, por unos breves instantes parece angelical.

Hay una especie de paseo que termina en otro templo, junto al lago, y está abarrotado de chiringuitos de comida: palos de esos con tres bolas que nos dio Nishimoto en Fukuyama, mazorcas de maíz, noodles, pescaditos rebozados pinchados en un palo, lo que supongo que son plátanos rebañados en chocolate con sprinkle de colores... todo lo que quieras, pero venimos recién desayunados. Tras darnos un voltio perezoso por el otro par de templos, vamos a rodear el lago. Parece que es una reserva natural de aves, y termina en una especie de rastro donde venden monedas viejas, cosas inservibles, bisutería. Para salir de la zona y volver al metro pasamos por un par de museos, uno el National Museum of Western Art, diseñado por Le Corbusier, y que desde que descubrimos el brutalismo vemos con nuevos ojos. Hay esculturas de Rodin por los jardines: Los burgueses de Calais, El Pensador, Las puertas del infierno y otras. Pasamos por un Starbucks en la estación antes de salir para nuestro siguiente destino hoy: Asakusa.

Asakusa tiene el templo budista más venerado de Tokio, el Senso-ji, y eso lo hace un lugar de peregrinación para budistas y turistas por igual. En la guía lo describen como "ambiente de carnaval" y realmente lo que se vive a su alrededor (está al lado del río, tiene el Tokio Skytree en el horizonte) viene a ser como unas fiestas patronales. La calle que termina en el templo viene a ser un equivalente, más estrecho y con chiringuitos en lugar de tiendas, de la calle Alfonso de Vetusta que termina en nuestro propio (horrible, donde esté La Seo) templo de peregrinaje y turisteo. Las tiendas aquí ofrecen muñequitas japonesas, papeles, cosas de escritorio, amuletos... mucho más aceptable que la oferta de "El Mañico" et al, pero tal vez sea por la distancia, que lo perdona todo. Un japonés en "El Mañico", lo vivirá con exotismo? Preguntas, preguntas...

Pero es que además aquí encontramos la mayor densidad de mujeres y niñas vestidas con kimono de todo el país, que ya es decir! Hay una niña de 4 años a la que la familia obliga a posar junto a un cerezo a la que fotografió todo el que pasaba por allí. En el templo hacemos los rituales de siempre, y a la salida cruzamos puentecitos encantadores con peces naranjas gordísimos. Vagamos por las calles, compramos un colgante, encontramos una especie de almacén llamado "Quixote" que tienen peceras a la entrada y Mini se cuelga ahí un rato (con peces, vive dios, rarunos del diez).
















Alguna compra más (como odio comprar) y de camino al metro encontramos un edificio tipo oficina de turismo-centro cívico de barrio, donde paramos un rato para subir a ver Asakusa desde las alturas, y a dibujar lo que nos ha parecido Japón en tarjetas, que luego va a una pared.

Próxima estación: Jimbocho. No aparece ni en la guía pero está hacia el oeste de nuestro barrio y es la "zona de los libros", montones de librerías pegadas unas a otras donde perdernos. Pero antes hay que cenar y logramos encontrar en la zona un restaurante de tempura recomendado por la guía: Hachimaki, donde dan "tendon" que aunque suene mal es en realidad tempura (vegetales, gambas, pescado rebozado) sobre arroz blanco al vapor. Hay distintos tipos y los hombres solitarios que tenemos a ambos lados de la barra toman la opción enorme que viene en una caja cuadrada bonita. Cocinan allí, delante de nosotros y son muy simpáticos. Cuando salimos, ya es bastante tarde y cuando llegamos a las librerías, la principal a la que íbamos está cerrada.. entramos en una donde, tras unas cuantas, me dicen que no se pueden hacer fotos.

Volvemos caminando a casa... es nuestra última noche en Tokio. Al llegar, toca empacar y prepararnos mentalmente para el macro-vuelo del día siguiente. Mental y prácticamente, porque me entran las neuras de, y si no oímos la alarma? Fashion (por whatsapp), me puedes llamar a las 6 am mías? (que aún será la noche tuya). Y otras comedias por el estilo. Al final, consigo poner la alarma en uno de mis paleoteléfonos y me encomiendo a las musas del sueño...

07 abril 2016

Chuchos con bolso, Karaoke: The Return, Araña de Roppongi, Salir de Shinjuku (J21)


07.04.16 jueves. Tokio Midtown, Karaoke, Roppongi Hills, Shinjuku

Aquí ya estoy tirando del diario telegráfico del Peda, porque mi memoria falla: llevamos tres semanas casi en Japón (y más de un mes de vuelta) y los días, particularmente en Tokio, se difuminan. Este es el que se anunciaban lluvias, y sí, llueve, cosa que no hemos vivido tanto en Japón y menos mal, pero debe llover mucho: ya he hablado de la cultura del paraguas transparente. Nuestro apartamento-lujo y limpiadores midnight-, no tiene paraguas complimentary para los alquilados, un gran error. El caso es que nos despertamos tarde (los cuerpos ajados, tras Disney) y nos cuesta salir, pero además, una vez en la calle, decidimos volver a "cambiar el calzado", como nos cuenta el Peda en su diario. No sé ya si hablé de mis dudas en Londinium, maleta abierta, sobre qué zapatos llevar, que esto no es verano y sus fáciles sandalias y deportivas, pero a estas latitudes marzeantes? Deportivas y... botas? No, las botas son incómodas de llevar en maleta y además en país que hay que ir descalzándose todo el rato, apuntó Fashion, no son plan. Así que al final me acabé llevando unos zapatos "Ecco" que tengo para emergencias de esos feotes (a mí me gustan, y son cómodos, pero recibo feedback de mi hija, por ejemplo) que no he llevado en todo el viaje pero que, mira, hoy llueve y van a ir mucho mejor que las deportivas por las que se cuela el agua. Mini también tiene problemas con el velcro de sus Heeleys (estas deportivas con ruedecitas para patinar), que también se cambia [Nota sentimental: Cómo olvidar a Mini con sus ruedas en el templo aquel de Kioto de los mil toris, que casi se mata y el momento de su extracción, que casi me saco un ojo con la rueda volando). Total que, por fin, con Eccos y sin Heelys, nos lanzamos a las calles.

"Por la maniana" (cito al Peda) vamos a Roppongi. Esta zona está, para orientarnos, al suroeste del Palacio Imperial y en ella está el "Triángulo del Arte" que forman en Suntory Museum of art que está en el complejo que forma Tokio Midtown, el Centro Nacioonal de Arte y el Mori Art Museum en Roppongi Hills (otro macro-complejo). Según dicen en la guía, la "Tokio Tower" sigue siendo el retro landmark de la zona, aunque ahora le ha quitado el protagonismo la enorme Tokio Skytree que está en Asakusa (noreste del Palacio Imperial) y que mide 634 metros, el segundo rascacielos del mundo tras uno de Dubai. Tiene dos zonas de observatorio, un planetario y un acuario. Nosotros nos tropezamos con el Skytree son quererlo desde las escaleras exteriores de nuestro edificio: no sé si jugábamos con Mini a pillar o era la noche que esperábamos a los limpiadores-nocturnos, pero el caso es que, de repente, una especie de nave espacial de colores cambiantes llamó nuestra atención. Pero no bajó alienígena ninguno y, en venganza, no fuimos. También porque en la guía avisaban de las filas sin conocimiento, y ya hemos pagado por todos nuestros pecados en Disneyland.

Pero divago: estábamos en el complejo Tokio Midtown, una especie de ciudad-en-un-edificio con apartamentos, tiendas, muesos, restaurantes, centros de convenciones, todo alrededor de la Midtown Tower, en cuya planta 45 comienza el Hotel Ritz al que subimos en plan no paletos sino plan hacernos con bolsa de oxígeno para continuar con la Revolución. Un lobby-restaurante de techos altísimos, alguien toca un piano de cola, y gente a la que abofetería con gusto juega con hojas de lechuga en platos de disenio... Bajando al suelo, nos debatimos si tomar un Starbucks pero está petado, y acabamos cruzando el centro -que está lleno de influencias japonesas, como un torii en la entrada del mall, o un bosque de bambú en el atrio alrededor del cual hay restaurantes- para salir por un lateral a un puente que cruza una calle para dar a otro museo. (me seguís? sé que no). Pero es que allí hay una tienda de objetos para chuchos ricos, que diría el naúfrago Ro. Yo pienso "cuánta tontería" frente al escaparate y sé que ganaré las iras de algunos lectores, pero es que los que no somos amantes de los animales no acabamos de tener esa sensibilidad. En esta tienda venden desde unos carritos para perros (o sea, como los de bebés, y perdonen si no entiendo nada, porque yo pensaba que a los perros se les saca para que CA-MI-NEN) hasta conjuntos para perros, incluídas las mochilas, que ya hemos visto bastantes perros con su vestido-mochila. No habría que denunciar a los dueños por abusivos, hacerle llevar al chucho sus propios objetos de necesidad por la calle en mochila con cremallera? (qué llevarán? un hueso de plástico? una barrita energética? chicles? o el móvil perruno, el último grito?). También es peluquería o spa o lo que sea, y una mujer le lava la cabeza al paciente can, y no quiero imaginar lo que el pobre piensa cuando se lo secan. Mientras tanto, ya estamos en 21_21 Design Sight, un centro en el que ha colaborado el diseniador Issey Miyake (el Peda tuvo su perfume en algún punto), pero no voy a pasarme otro párrafo halandoos de este sitio, que lo podéis encontrar en la wiki, y era mucho más importante lo de los perros con bolso.

Caminamos hacia Roppongi Hills y antes intentamos comer primero tempura, luego lo que sea. Encontramos un sitio con fotos que nos llaman, y cuando subimos y nos vamos a sentar... hay por lo menos tres tíos fumando. Nos vamos: de verdad que no puedo entenderlo (es mi día tonto), no les molesta a ellos? Acabamos en un Go-go curry como aquel del barrio. Este está semi-subterráneo y al principio estamos solos en la barra (no hay mesas), con las dos camareras pero luego llegan unos cuantos. La comida es muy parecida al otro sitio: cerdo rebozado, arroz, y esa salsa marrón curry.Me planteo este sistema de pagar la comida en una máquina, donde los pobres camareros han de ayudarte a pagar: es esto para ahorrar tiempo o para que no toquen el dinero? (si es esto último, muy fan).

Al salir descubrimos un local de karaoke. Mini ya tiene mono tras la explosión de Fukuoka y volvemos a entrar. Esta vez tenemos ventanas y estamos en un piso como 8-10. La ciudad sigue moviéndose ahí abajo, mientras que nosotros paramos el tiempo con los éxitos de karaoke que tan bien conocen los divagantes, aunque la mayoría son de nuevo cuño, porque Mini manda más rato del deseable. Pero claro, esto del karaoke se hace por ella, no

Al salir caminamos a Roppongi Hills, otro complejo del arte, fashion y poderío, donde entramos en una tienda de Diesel con Mini (como siempre, no nos ponemos de acuerdo) y nos damos de bruces con la arania de bronce gigante de Bourgueois (Maman), que también estuvo (si no la misma, parecida) a la entrada de la Tate Modern hace un tiempo.

Nuestro siguiente destino en Shinjuku, el barrio del oeste donde está el hotel de "Lost in translation". Mi idea de Shinjuku antes de llegar es Blade Runner a la enésima potencia, la guía la describe como "el moderno corazón de Tokio". Modelno? Tras lo que hemos visto? Yo de verdad espero ver volar los taxis y si es posible encontrame con el joven Harrison Ford y decirle "olvida a Sean, seré tu replicante". Pero lo primero, hay que centrarse en llegar, o más bien SALIR de la estación de Shinjuku: en la guía ya comentan que si es un gran nudo de comunicaciones, conectando tres terminales de tren y múltiples metros, y que pasan por ella dos millones de personas al día. Tiene nada menos que 60 (SESENTA!) salidas, así que la guía sugiere "que dios os coja confesados", que es mi traducción libre al "cuando te encuentres perdido, sal a la superficie tan pronto como puedas y allí llora" (o busca nosequé rascacielos).

Evidentemente, nos perdemos: pasillos y pasillos y acabamos en una especie de autopista bajo tierra, con lo que por fin seguimos los consejos de la Rough. Una vez arriba nos hacemos unas fotos en una plaza redonda, porque ya es de noche y, aunque no hay coches voladores, divagantes eso es Blade Runner. Y ahora falta subir a uno de ellos, que se llama "Tokio Metropolitan Government BUilding", de nuevo un macro-complejo con dos torres gemelas, una de ella nuestra víctima (o nosotros la suya, que la risa va por barrios). Ascensorista y todo guiris, que al llegar arriba, deben sufrir nuestro mismo shock: primero las vistas son WOW, vale, pero, para llegar a los ventanales hay que pasar por... alguien recuerda el hangar del Volcán Aso, un "Mañico" japonés? Bien, aquí hay otro pero, parecía que no era posible, peor. Camisetas, Hello Kitties, muñecos, imanes: una parada de los monstruos del souvenir.

Salimos como podemos (esas visiones pasan factura luego, pesadillas y flashbacks) y vamos a dar una vuelta por este corasao tokiota, acabando en Omoide Yokocho ("el callejón de los recuerdos", nombre oficial, "el callejón del pis", nombre oficioso, de la época en la que no había baños) es como el Tubo de Vetusta, solo que mucho más estrecho,- para nosotros más exótico-, y lleno a los lados de restaurantes -pasillo llenos de gente, 7-9 personas máximo. Allí dentro están cocinando tras la barra, y el vapor del ramen se mezcla con el humo del tabaco con el sudor de los ejecutivos con la brisa de la calle, porque está todo abierto. Está bajo los arcos de las vías del tren (parece ser que es donde pasa todo en las grandes ciudades), y tal vez un horrible complejo de los que he hablado termine con él: sería una pena porque es un lugar atmosférico, lleno de farolillos y carácteres de esos de foto, a los que les robo alguna.

No recuerdo entrar a Shinjuku tan traumático como salir... solo se que estamos muy cansados y que llegamos a Akihabara tan derrotados que logro persuadir al Peda para comernos cualquier cosa en el apartamento. Pasamos por un nuevo super que descubrimos (también bajo los auspicios de los arcos del tren), y el Peda se compra sushi. Me siento mal de no haber ido a restaurantes de sushi (pescado crudo sobre arroz o enrollado en alga) y sashimi (pescado crudo sin más), porque simplemente no puedo con el pescado crudo (yuk). Lo sé, cómo eres así, Di? Lo soy: tomadme o dejadme, no comeré pescado crudo. Ni aves. Ni mejillones. Lo demás, mira. Nosotras pillamos lo que pensamos que es cerdo rebozado sobre arroz (katsu-don), pero al llegar a a casa... es p... pollo! Ceno yogur.  

06 abril 2016

Tokyo Disney: Socorro (J20)

06.04.16-Tokio Disney

 *Nota: como vengo diciendo, lo más fascinante de Japón son sus habitantes, así que en este divague, las fotos van a ser de gente, en lugar del castillo de la Bella Durmiente, que ya lo tenéis muy visto...

Todos los Disneyland deben ser más o menos parecidos en todo el mundo. El divagante que quiera una descripción detallada de nuestro paso por el de Anaheim, Los Angeles, puede seguir el enlace. Le dediqué dos divagues! Hoy más bien quiero dedicarle medio, porque necesito ya acabar esta serie de Japón y este es nuestro ante-penúltimo día.


Elegimos este miércoles porque parece que va a llover el jueves. Como es tradición, el día-disney empieza mal porque... no mola ponerse el despertador de vacaciones. Si en nuestra anterior disney-gesta entrábamos al parque a las 9 de la mañana y salíamos a la medianoche, esta vez nos personábamos en el parque a las 9:40 am y salíamos a las 21:30. Doce horas, doce, que una vez más casi acaban conmigo (fuimos derrotados antes que en California, lo sé, pero aquí el frío cuando cae la noche y las hordas tuvieron mucho que ver).




Las hordas. A esto hay que dedicarle un párrafo, porque si bien yo pensaba que Disney en California estaba petado, no había visto nada. Japón es, ante todo, gente. En una cantidad que palidecer a cualquier otra que yo haya visto antes. Y disneyland es una burrada. ya decían en la guía "espera filas" y sí, una esperaba filas... pero tanto?? El sistema fast-track que tienen (puedes coger tickets de entrada rápida asignada a una hora en algunas atracciones) se acaba ya a las 2... luego a partir de esa hora has de esperar toda la fila, o no subir en nada medianamente adrenalínico.




Por la mañana comenzamos por "Automóviles Torregrosa" (gracias, Marisa), lo que en Disney equivocadamente llaman "It's a small world", porque "es tradición" , como dice Mini. Aquí es donde empezamos, sin saber muy bien dónde nos metíamos en Los Angeles, y tenía ser aquí: se trata de unas barquitas que recorren los distintos continentes, con muñequitos vestidos de holandesas, sevillanas, e incluso salen Quijote y Sancho! La música se te pega irremediablemente para el resto del día: es tradición.




Como somos astutos, ya habíamos pillado Fast Track para "Space Mountain" (nuestra favorita, una montaña rusa en la oscuridad, donde no ves lo que viene, pero sientes que vuelas entre estrellitas). Como estamos en la higuera, al llegar nos informan que habíamos cogido para "Star Tours", un simulador de La Guerra de las Galaxias, en el que ya habíamos estado también en LA (aquí con nuevos perosnajes). Es tan logrado que hasta te mareas: y sí, me medio volví a marear.




Hay alguna atracción aquí que no estaba en LA, por ejemplo, la "casa encantada". Ni siquiera a mí me dio miedo, yo que en la Cueva del Terror de Vetusta , me metía bajo el brazo de mi padre y no salía hasta que terminaba. Pero cuentan que cada vez que íbamos quería volver a entrar, para no ver nada (mi pobre padre se la sabe entera). Pero es que la de Vetusta daba mucho horror porque estaba toda oscura y, de repente, zas! te salía un monstruo.


Lo mejor de este día en Disney (que, por cierto, el Peda que lleva las cuentas afirma que es el que más gastamos en comida-luego cuento) fue poder hacer infinidad de fotos a gente rara, en concreto chicas de aquellas otaku, lolitas, cosplay... de todas aquellas tribus extrañas. Las había por doquier, disfrutando a tope en ese mundo infantil. Lo peor fue la comida, como digo: por alguna razón teníamos mucha hambre y había, claro, filas para hacerte con lo que fuera. Para tres trozos de pizza esperamos un buen rato (ataques de hambre, no). Un pequeño trauma particular es que mucha gente se paseaba con unas patas de pollo gigantes y marrones, qué pollo: pavo!! Cuántos pavos fueron sacrificados ese día para alimentar a esa masa de japoneses en disney?! Ya habré dicho alguna vez que desde hará un año no como pájaros (tras un artículo en The Guardian) y que jamás he comido patas así, con el hueso. Bueno, pues, vi a un bebé! Le estaban dando de esa pata!!! No tengo palabras...


Tenemos, por fin, Fast Track para Space Mountain, pero hay que hacer tiempo y acabamos en unas canoas que recorren el río, y en teoría tenemos que remar. Os ahorraré los detalles. Luego la montaña rusa nocturna, en la que podríamos pasarnos todo el día, es una chulada. Tiramisús, Cocacola y patatas fritas, y entonces pasa la cabalgata, para la que la gente pilla sitio como con más de una hora de antelación. La música es pegadiza y me recuerda a la maid de la noche anterior.



De allí vamos a "Splash Mountain", el tronco ese que va por un río y acaba con una bajada desde lo alto prácticamente vertical. En LA subimos dos veces y nos encantó. Aquí llegamos y hay... dos horas y 20 minutos de espera. Yo, que siempre digo que no hago una cola para casi nada (fuera de este maldito parque temático, es obvio) digo que paso, pero Mini insiste. Y la realidad es que si no esperas allí, ahora que ya es la tarde y no hay Fasta Track de nada, tendrás que esperar en otra o irte a las atracciones infantiles aburridas. Las montañas rusas son ya territorio tomado. Yo fantaseo, sintiendo mucha pena de mí misma, con que ese tiempo es más que un vuelo Londinium-Vetusta, o que un tren entre las propias Vetustas, o que... pero entonces descubro que tengo mi móvil y que puedo dedicarme a divagar!!! Y eso hago (debería haber divagado en presente, sobre aquel día, en lugar de hacerlo hoy, más de un mes más allá).




Por fin llegamos y ... uuuuuu....aaaa.... finito. Como es el día del hambre (no sé qué me ha dado), me como una salchicha a la salida y nos vamos hacia Tomorrowland, donde hacemos una medio fila para una cosa desconocida en LA "Buzz Lighteyears Astro BLasters", un rollo de disparar con pistolitas de láser a simpáticos alienigenas (a la abuelika con pistolikas de agua). Oh, nueva cabalgata al salir! Es de noche y es la parade de luz y sonido. La luz es espectacular.




Ya estoy muy cansada, medio pido clemencia a Mini: déjanos ya ir a casa, Miniiiiii. Pero venga, Space Mountain, una vez más. En fin, me pongo la manta a la cabeza (en concreto las medias) y ale, vamos a chuparnos esta otra gran fila para la úl-ti-ma ride. Jugamos a cosas, divago, veo la vida pasar delante mía y por fin: se acaba.




Volvemos en metro a Akihabara, piltrafas humanas. Entramos a comer ramen y gyoza y arroz frito a un chiringuito frente a la estación. Nos suben arriba: jefe, pero usted ha visto nuestro estado? No se cómo trastabillamos a casa. Prueba conseguida. Mini: dos disneys en menos de dos años, espero que nos elijas una buena residencia de ancianos.