6 de abril de 2016

Tokyo Disney: Socorro (J20)

06.04.16-Tokio Disney

 *Nota: como vengo diciendo, lo más fascinante de Japón son sus habitantes, así que en este divague, las fotos van a ser de gente, en lugar del castillo de la Bella Durmiente, que ya lo tenéis muy visto...

Todos los Disneyland deben ser más o menos parecidos en todo el mundo. El divagante que quiera una descripción detallada de nuestro paso por el de Anaheim, Los Angeles, puede seguir el enlace. Le dediqué dos divagues! Hoy más bien quiero dedicarle medio, porque necesito ya acabar esta serie de Japón y este es nuestro ante-penúltimo día.


Elegimos este miércoles porque parece que va a llover el jueves. Como es tradición, el día-disney empieza mal porque... no mola ponerse el despertador de vacaciones. Si en nuestra anterior disney-gesta entrábamos al parque a las 9 de la mañana y salíamos a la medianoche, esta vez nos personábamos en el parque a las 9:40 am y salíamos a las 21:30. Doce horas, doce, que una vez más casi acaban conmigo (fuimos derrotados antes que en California, lo sé, pero aquí el frío cuando cae la noche y las hordas tuvieron mucho que ver).




Las hordas. A esto hay que dedicarle un párrafo, porque si bien yo pensaba que Disney en California estaba petado, no había visto nada. Japón es, ante todo, gente. En una cantidad que palidecer a cualquier otra que yo haya visto antes. Y disneyland es una burrada. ya decían en la guía "espera filas" y sí, una esperaba filas... pero tanto?? El sistema fast-track que tienen (puedes coger tickets de entrada rápida asignada a una hora en algunas atracciones) se acaba ya a las 2... luego a partir de esa hora has de esperar toda la fila, o no subir en nada medianamente adrenalínico.




Por la mañana comenzamos por "Automóviles Torregrosa" (gracias, Marisa), lo que en Disney equivocadamente llaman "It's a small world", porque "es tradición" , como dice Mini. Aquí es donde empezamos, sin saber muy bien dónde nos metíamos en Los Angeles, y tenía ser aquí: se trata de unas barquitas que recorren los distintos continentes, con muñequitos vestidos de holandesas, sevillanas, e incluso salen Quijote y Sancho! La música se te pega irremediablemente para el resto del día: es tradición.




Como somos astutos, ya habíamos pillado Fast Track para "Space Mountain" (nuestra favorita, una montaña rusa en la oscuridad, donde no ves lo que viene, pero sientes que vuelas entre estrellitas). Como estamos en la higuera, al llegar nos informan que habíamos cogido para "Star Tours", un simulador de La Guerra de las Galaxias, en el que ya habíamos estado también en LA (aquí con nuevos perosnajes). Es tan logrado que hasta te mareas: y sí, me medio volví a marear.




Hay alguna atracción aquí que no estaba en LA, por ejemplo, la "casa encantada". Ni siquiera a mí me dio miedo, yo que en la Cueva del Terror de Vetusta , me metía bajo el brazo de mi padre y no salía hasta que terminaba. Pero cuentan que cada vez que íbamos quería volver a entrar, para no ver nada (mi pobre padre se la sabe entera). Pero es que la de Vetusta daba mucho horror porque estaba toda oscura y, de repente, zas! te salía un monstruo.


Lo mejor de este día en Disney (que, por cierto, el Peda que lleva las cuentas afirma que es el que más gastamos en comida-luego cuento) fue poder hacer infinidad de fotos a gente rara, en concreto chicas de aquellas otaku, lolitas, cosplay... de todas aquellas tribus extrañas. Las había por doquier, disfrutando a tope en ese mundo infantil. Lo peor fue la comida, como digo: por alguna razón teníamos mucha hambre y había, claro, filas para hacerte con lo que fuera. Para tres trozos de pizza esperamos un buen rato (ataques de hambre, no). Un pequeño trauma particular es que mucha gente se paseaba con unas patas de pollo gigantes y marrones, qué pollo: pavo!! Cuántos pavos fueron sacrificados ese día para alimentar a esa masa de japoneses en disney?! Ya habré dicho alguna vez que desde hará un año no como pájaros (tras un artículo en The Guardian) y que jamás he comido patas así, con el hueso. Bueno, pues, vi a un bebé! Le estaban dando de esa pata!!! No tengo palabras...


Tenemos, por fin, Fast Track para Space Mountain, pero hay que hacer tiempo y acabamos en unas canoas que recorren el río, y en teoría tenemos que remar. Os ahorraré los detalles. Luego la montaña rusa nocturna, en la que podríamos pasarnos todo el día, es una chulada. Tiramisús, Cocacola y patatas fritas, y entonces pasa la cabalgata, para la que la gente pilla sitio como con más de una hora de antelación. La música es pegadiza y me recuerda a la maid de la noche anterior.



De allí vamos a "Splash Mountain", el tronco ese que va por un río y acaba con una bajada desde lo alto prácticamente vertical. En LA subimos dos veces y nos encantó. Aquí llegamos y hay... dos horas y 20 minutos de espera. Yo, que siempre digo que no hago una cola para casi nada (fuera de este maldito parque temático, es obvio) digo que paso, pero Mini insiste. Y la realidad es que si no esperas allí, ahora que ya es la tarde y no hay Fasta Track de nada, tendrás que esperar en otra o irte a las atracciones infantiles aburridas. Las montañas rusas son ya territorio tomado. Yo fantaseo, sintiendo mucha pena de mí misma, con que ese tiempo es más que un vuelo Londinium-Vetusta, o que un tren entre las propias Vetustas, o que... pero entonces descubro que tengo mi móvil y que puedo dedicarme a divagar!!! Y eso hago (debería haber divagado en presente, sobre aquel día, en lugar de hacerlo hoy, más de un mes más allá).




Por fin llegamos y ... uuuuuu....aaaa.... finito. Como es el día del hambre (no sé qué me ha dado), me como una salchicha a la salida y nos vamos hacia Tomorrowland, donde hacemos una medio fila para una cosa desconocida en LA "Buzz Lighteyears Astro BLasters", un rollo de disparar con pistolitas de láser a simpáticos alienigenas (a la abuelika con pistolikas de agua). Oh, nueva cabalgata al salir! Es de noche y es la parade de luz y sonido. La luz es espectacular.




Ya estoy muy cansada, medio pido clemencia a Mini: déjanos ya ir a casa, Miniiiiii. Pero venga, Space Mountain, una vez más. En fin, me pongo la manta a la cabeza (en concreto las medias) y ale, vamos a chuparnos esta otra gran fila para la úl-ti-ma ride. Jugamos a cosas, divago, veo la vida pasar delante mía y por fin: se acaba.




Volvemos en metro a Akihabara, piltrafas humanas. Entramos a comer ramen y gyoza y arroz frito a un chiringuito frente a la estación. Nos suben arriba: jefe, pero usted ha visto nuestro estado? No se cómo trastabillamos a casa. Prueba conseguida. Mini: dos disneys en menos de dos años, espero que nos elijas una buena residencia de ancianos.

2 comentarios:

  1. Di, eres de los mías: yo NO hago cola ni pa’ cobrar.

    Las colas en museos, exposiciones, teatros y cines me impacientan a más no poder.

    Por eso, también cuando toca pagar en los súper lo paso mal. Y lo mismo en las ventanillas de la administración, especialmente en Hacienda. Aunque, precisamente, hace muy poco me reí hasta llorar guardando cola en Hacienda. ¡Qué arte!

    Verás, llevaba yo un buen rato de plantón procurando que la lentitud y el soporífero runrún propio de esos sitios no me hicieran pegar una ridícula cabezadita de pie, cuando, de repente, alguien soltó un sonoro, sonorísimo, y quejumbroso balido (como éste, más o menos) que provocó un silencio momentáneo seguido de imitaciones a coro (como éstas, más o menos) y, como colofón, cerrado aplauso por parte de los allí estabulados.

    ¿Flashmob mínimo, conceptual, casero…? Bueno, guasa sin más. Pero, oye, ¡la cola se aceleró! ¿Casualidad?

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  2. Entiendo que lo Disney gusta y eso, màs que nada a niños, pero ni loca entro a uno, ni gratis...colas menos que menos, me pasa como a vos, empiezo a comparar tiempos de espera con viajes, la vida pasar,etc...Sigo leyendo lo que sigue. Un beso

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