*Nota: como vengo diciendo, lo más fascinante de Japón son sus habitantes, así que en este divague, las fotos van a ser de gente, en lugar del castillo de la Bella Durmiente, que ya lo tenéis muy visto...
Todos los Disneyland deben ser más o menos parecidos en todo el mundo. El divagante que quiera una descripción detallada de nuestro paso por el de Anaheim, Los Angeles, puede seguir el enlace. Le dediqué dos divagues! Hoy más bien quiero dedicarle medio, porque necesito ya acabar esta serie de Japón y este es nuestro ante-penúltimo día.
Por la mañana comenzamos por "Automóviles Torregrosa" (gracias, Marisa), lo que en Disney equivocadamente llaman "It's a small world", porque "es tradición" , como dice Mini. Aquí es donde empezamos, sin saber muy bien dónde nos metíamos en Los Angeles, y tenía ser aquí: se trata de unas barquitas que recorren los distintos continentes, con muñequitos vestidos de holandesas, sevillanas, e incluso salen Quijote y Sancho! La música se te pega irremediablemente para el resto del día: es tradición.
Lo mejor de este día en Disney (que, por cierto, el Peda que lleva las cuentas afirma que es el que más gastamos en comida-luego cuento) fue poder hacer infinidad de fotos a gente rara, en concreto chicas de aquellas otaku, lolitas, cosplay... de todas aquellas tribus extrañas. Las había por doquier, disfrutando a tope en ese mundo infantil. Lo peor fue la comida, como digo: por alguna razón teníamos mucha hambre y había, claro, filas para hacerte con lo que fuera. Para tres trozos de pizza esperamos un buen rato (ataques de hambre, no). Un pequeño trauma particular es que mucha gente se paseaba con unas patas de pollo gigantes y marrones, qué pollo: pavo!! Cuántos pavos fueron sacrificados ese día para alimentar a esa masa de japoneses en disney?! Ya habré dicho alguna vez que desde hará un año no como pájaros (tras un artículo en The Guardian) y que jamás he comido patas así, con el hueso. Bueno, pues, vi a un bebé! Le estaban dando de esa pata!!! No tengo palabras...
Tenemos, por fin, Fast Track para Space Mountain, pero hay que hacer tiempo y acabamos en unas canoas que recorren el río, y en teoría tenemos que remar. Os ahorraré los detalles. Luego la montaña rusa nocturna, en la que podríamos pasarnos todo el día, es una chulada. Tiramisús, Cocacola y patatas fritas, y entonces pasa la cabalgata, para la que la gente pilla sitio como con más de una hora de antelación. La música es pegadiza y me recuerda a la maid de la noche anterior.
De allí vamos a "Splash Mountain", el tronco ese que va por un río y acaba con una bajada desde lo alto prácticamente vertical. En LA subimos dos veces y nos encantó. Aquí llegamos y hay... dos horas y 20 minutos de espera. Yo, que siempre digo que no hago una cola para casi nada (fuera de este maldito parque temático, es obvio) digo que paso, pero Mini insiste. Y la realidad es que si no esperas allí, ahora que ya es la tarde y no hay Fasta Track de nada, tendrás que esperar en otra o irte a las atracciones infantiles aburridas. Las montañas rusas son ya territorio tomado. Yo fantaseo, sintiendo mucha pena de mí misma, con que ese tiempo es más que un vuelo Londinium-Vetusta, o que un tren entre las propias Vetustas, o que... pero entonces descubro que tengo mi móvil y que puedo dedicarme a divagar!!! Y eso hago (debería haber divagado en presente, sobre aquel día, en lugar de hacerlo hoy, más de un mes más allá).
Por fin llegamos y ... uuuuuu....aaaa.... finito. Como es el día del hambre (no sé qué me ha dado), me como una salchicha a la salida y nos vamos hacia Tomorrowland, donde hacemos una medio fila para una cosa desconocida en LA "Buzz Lighteyears Astro BLasters", un rollo de disparar con pistolitas de láser a simpáticos alienigenas (a la abuelika con pistolikas de agua). Oh, nueva cabalgata al salir! Es de noche y es la parade de luz y sonido. La luz es espectacular.
Ya estoy muy cansada, medio pido clemencia a Mini: déjanos ya ir a casa, Miniiiiii. Pero venga, Space Mountain, una vez más. En fin, me pongo la manta a la cabeza (en concreto las medias) y ale, vamos a chuparnos esta otra gran fila para la úl-ti-ma ride. Jugamos a cosas, divago, veo la vida pasar delante mía y por fin: se acaba.
Volvemos en metro a Akihabara, piltrafas humanas. Entramos a comer ramen y gyoza y arroz frito a un chiringuito frente a la estación. Nos suben arriba: jefe, pero usted ha visto nuestro estado? No se cómo trastabillamos a casa. Prueba conseguida. Mini: dos disneys en menos de dos años, espero que nos elijas una buena residencia de ancianos.
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ResponderEliminarEntiendo que lo Disney gusta y eso, màs que nada a niños, pero ni loca entro a uno, ni gratis...colas menos que menos, me pasa como a vos, empiezo a comparar tiempos de espera con viajes, la vida pasar,etc...Sigo leyendo lo que sigue. Un beso
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