Quiero curarme de esto mío. Así que lean este divague como mira el analista a su víctima en el diván: es una botella lanzada al mar en busca de ayuda, una versión del "Oiga doctor" de Sabina. Todo empezó hace ya mucho tiempo, pero mostró su fea cara hace unas semanas, con Richard Hamilton, y hoy, con Henri Matisse.
Hubo un tiempo, hace muchos muchos años, en los que a mí el "Arte" (nótese las comillas porque ahí esta el tema) me emocionaba. Literalmente. Cuando estaba en el colegio decidí que mi amor eterno en pintura, mi corazón todo rojo de esa época se lo iba a dar a Francisco de Goya, y no solo porque había nacido en un pueblo cerca de Vetustilla de la Torre, al que fui una vez en bici con tres amigas y corrimos una Gran Aventura, tal vez para otro divague. Hubo más: lo que podría haber sido un amor juvenil, acabó siendo -gracias a que realmente estamos hablando del mayor pintor de la historia-una pasión que aún conservo, y la suya, una de las expresiones artíticas que más me han conmovido. La impresión que recibí al ver "Los fusilamientos del 3 de Mayo" la primera vez en El Prado fue supongo lo que Goya esperaba cuando preparaba sus pinceles. Cuando vi las pinturas negras fue bajar a otro nivel, al que nadie me ha sabido llevar con esa claridad, paradójicamente.
Luego he vivido experiences similares con otras obras de arte. La Victoria de Samotracia: tenía 18 años y me quedé clavada en el centro de la sala, que daba vueltas alrededor mía. El Guernica, tan enorme, con tanta carga emocional para el que ha crecido en esa península. Las Meninas: lo había visto tantas veces en los libros del cole, y entras en la sala y nadie tiene que explicarte nada, el cuadro sale a tu encuentro. Y así.
Pero últimante, nada me deja en ese estado de shock, nada me inyecta esa euforia que afortunadamente aún me da la literatura o el cine, o incluso la fotografía. Cada vez que voy a una exposición, o bien salgo totalmente cabreada (véase el divague del atracador Damien Hirst), o ni fu ni fa. Y no me gusta... quiero, como a Sabina en la canción, que un cuadro me vuelva a dar alas en los pies.
De Hamilton ni me puse a hacer divague, el sintagma "el mal del famoso" me retumbaba en la cabeza demasiado. La exposición de Matisse hoy en la Tate Modern está bien, no me malinterpreten. A ver, "está bien" no quiere decir absolutamente nada más que a ratos me ha gustado: el del caracol, por ejemplo, y los que no me hacían sentir que estaba buscando una lámpara en esa cámara de los horrores llamada Ikea. Se tiene que entender que cualquier cosa que sugiere un mínimo flashback al espanto sueco, por condicionamiento clásico/pauloviano ya tiene mucho que perder.
No "entiendo" de arte, y "divagantes entendidos tiene el divlog" podrán diagnosticar lo mío... supongo que debe haber unos parámetros para separar "lo que es bueno" de lo que es bazofia. Así ocurre en mi mundo profesional: yo leo un informe de lo mío y lo sé, lo puedo incluso puntuar. Como no tengo estos parámetros, yo solo sé si "me gusta" o no. Habrá gente que sabrá porqué Pollock "es" bueno. Yo solo sé que a mí Pollock no.
No "entiendo" de arte, y "divagantes entendidos tiene el divlog" podrán diagnosticar lo mío... supongo que debe haber unos parámetros para separar "lo que es bueno" de lo que es bazofia. Así ocurre en mi mundo profesional: yo leo un informe de lo mío y lo sé, lo puedo incluso puntuar. Como no tengo estos parámetros, yo solo sé si "me gusta" o no. Habrá gente que sabrá porqué Pollock "es" bueno. Yo solo sé que a mí Pollock no.
Pero es que luego no hacen nada para ayudar: la Tate va a hacer más pasta en la tienda de recuerdos de la exposición (paraguas, cuadernos, pañuelos, yoquesé, todo lo que puedan pensar con motivo Matisse, vuelta a Ikea) que en la propia exposición. El documental del famoso Banksy "Salida por la tienda de regalos" ("Exit through the gift shop") lo cuenta perfectamente: el "arte" es un maldito objeto de consumo más, y una se plantea cosas que no debería cuando está frente a los cuadros, y lo único que acaba teniendo claro es que pasará por la tienda de regalos con la nariz tapada hasta la calle donde tal vez se pueda respirar el viento que nos trae el Támesis, lleno de mierda, pero otra, tal vez preferible. La Tate se está expandiendo, el edificio de al lado ya está muy avanzado. Y va a tener más exposiciones temporales, como esta (las permanentes son gratis en este país), una brasserie y, aunque no lo pone en los planes... mucho espacio para tiendas donde comprar más y más paraguas de colores, un centro comercial del "arte". Entren, coman y pasen por la tienda de regalos.














